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Este es un libro de poemas escritos en dos ciudades. Mientras trabajaba en ellos no hubo una búsqueda, un horizonte claro, se trataba sólo de hacer más llevadera la vida diaria… de los amores pasajeros con los que no necesitamos intercambiar palabra para alegrarnos el día, de la soledad, de las reflexiones a las que ella nos lleva. Luego observé que un lugar te lleva a escribir de una manera que no es posible en otro, los ritmos en los que se mueve la vida en La Paz o en Santiago también se traducen en los ritmos de la escritura. Cada ciudad tiene su manera de respirar. La introspección guiada por lo que se mueve en el mundo externo, se resuelve en el encuentro que puede darse en ambos lugares, el encuentro es el encuentro y trasciende el espacio.
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Veröffentlichungsjahr: 2017
Nos cuenta Charles Bukowski, entre copas de licor, y estos son poemas entre dos ciudades; La Paz, ciudad del aire, urbe de las nubes, y Santiago, ciudad del smog, urbe de la tierra. Poemas de discreta elegancia, que llaman a la sonrisa, pueblan este libro etéreo.
Eduardo, alfarero del lenguaje, paciente pastor de palabras, hijo del cielo y de la tierra, nos regala estos delicados poemas con el inconfundible sabor de lo vivido, pues "soy un testigo / de nubes pasajeras" nos confiesa.
Ayer en Santiago, hoy en La Paz, ¿mañana? Mañana de seguro estará en la otra ciudad que habita.
Juan Carlos Barroux R. Al Sur del Mundo, 1 de marzo 2014
Sin esperarlo, se me da la posibilidad de publicar este puñado de poemas. Cuando los corregía, hace casi dos años, estaba en el cielo de La Paz: no había terminado de aterrizar en la hoyada pese a estar de vuelta con la idea de quedarme. Ahora ha pasado esa metamorfosis que se dio atravesando Santiago en bicicleta, volviendo a La Paz, yendo, viniendo. El año pasado los estudios y el contrabando hormiga de ropa femenina me llevaron seis veces a Santiago. Motivos secretos, más allá de nuestro alcance, nos mueven pese a la ilusión de un trabajo con horarios. La sangre nos mueve: no importa lo que haya pasado, lo sabemos como un secreto que carga nuestro cuerpo. Hay que tomarse el tiempo que haga falta. La poesía siempre nos acompaña y por momentos hasta podemos escribirla. Diría que los poemas de Santiago son el dolor que se permite la risa, los de La Paz son hijos de la razón soberbia que de tanta posición incómoda acaba por someterse a algo más grande, y los de la tercera parte el otro lado de la moneda, la constancia de que se puede pertenecer a ésta y la otra ciudad, de que finalmente la vida triunfa y manda. Estoy feliz con el carnet de boliviano de treinta y tantos y el de chileno cuyo número corresponde al de un niño de diez años. A los amigos de un lugar siempre los invito a conocer la otra ciudad que habito.
Eduardo Alvarez Sánchez
