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Taylor Dawson pasa sus días ensuciándose como mecánica en el garaje de su padre, en vez de hacerlo con un tipo caliente. A los diecinueve, ella está lista para deshacerse de su virginidad, pero no ha encontrado todavía al hombre indicado. Recogiendo a su compañera de cuarto de su trabajo en el bar del Club V, Taylor se encuentra con el dueño del club, Jake Mesa, y él le dará una lección sobre la sumisión cuando Tay observe accidentalmente cómo obedece la mujer del collar que está a su merced.
Sin embargo, la grabación de seguridad de Jake atrapó a la hermosa joven en su oficina y ahora ella tiene toda su atención. Cuando el papá de Taylor enfrente un desastre en su empresa que puede terminar no solo con su garaje, sino también con su vida, ella no sabrá a dónde acudir. Y Jake le hará una arriesgada oferta… ¿Podrá Tay resistirla o terminará totalmente desatada?
Si las historias con héroes hermosos, amor instantáneo y momentos sexys te atrapan, sigue leyendo…
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Veröffentlichungsjahr: 2019
Desatada: Copyright © 2018 Por Jessa James
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida en ninguna forma o por ningún medio electrónico, digital o mecánico incluyendo, pero no limitado a fotocopias, grabaciones, escaneos o cualquier tipo de almacenamiento de datos y sistema de recuperación sin el permiso expreso y escrito de la autora.
Publicado por Jessa James
James, Jessa
Desatada
Diseño de portada copyright 2020 por Jessa James, Autora
Imágenes/Crédito de la foto: depositPhotos: HayDmitriy
Nota del editor:
Este libro fue escrito para una audiencia adulta. El libro puede contener contenido sexual explicito. Las actividades sexuales incluidas en este libro son fantasías estrictamente destinadas a los adultos y cualquier actividad o riesgo realizado por los personajes ficticios de la historia no son aprobados o alentados por la autora o el editor.
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Otras Obras de Jessa James
Also By Jessa James (English)
Hoja informativa
Acerca del Autor
Agarré un trapo del gancho y limpié la grasa de mis manos con el sucio pedazo de tela. Limpié el sudor de mi ceja con la parte trasera de mi antebrazo para evitar que cayera en mis ojos y me picara. Las puertas del garaje estaban abiertas y dejaban entrar una pequeña brisa, pero en el calor de verano, no ayudaba mucho para enfriar el lugar.
Miré el reloj que estaba colgado en la pared, justo encima del calendario andrajoso de Miss Marzo que uno de los empleados de papá había colgado hacía años y nunca habían quitado. Aparentemente, todos estaban tan satisfechos con la apariencia de Miss Marzo que estaban contentos de dejarla en Dawson Brother’s Garage por la última década.
Faltaban diez para las cinco, todavía teníamos tres coches en espera y sabía que no saldría de aquí por horas. Mi papá me necesitaba y yo odiaba irme temprano, especialmente los días cuando no había muchos otros chicos trabajando en el garaje. El negocio era exitoso, pero como muchos otros negocios, este había recibido un duro golpe cuando la economía anduvo mal. Las personas continuaban haciendo el mantenimiento de sus coches, por lo general, pero a veces esperaban un poco más entre cambios de aceite y quizás no vinieran a la primera señal de algún problema. Eso resultó en más actividad para nosotros, sin embargo, no era el tipo de trabajo que queríamos. Mi papá adhería más a mantener el coche que a repararlo y yo había aprendido de él.
“Si quieres que ronronee como un gatito, tienes que acariciarlo detrás de las orejas de vez en cuando”, me decía él a menudo. Lo había escuchado repetirlo, más veces de las que podía contar, a varios clientes con el paso de los años. Desde que mi madre falleció dándome a luz, yo había pasado todo el tiempo con mi papá. Nosotros teníamos una conexión que parecía muy diferente de las de mis contemporáneos y sus padres, quizás porque yo pasaba todo mi tiempo con mi papá, pero también porque él me respetaba como una igual en el garaje.
Él hizo lo que pudo para enseñarme, desde que era pequeña, todo lo que sabía de lo que ocurría debajo del capó de un coche. Para cuando tenía diez años, yo ya podía escuchar una correa de distribución desplazada a una milla de distancia. Mientras fui creciendo, yo pasaba más y más tiempo en el garaje, terminando los días después de la escuela entre todos los gases y el aceite. Era buen dinero extra que gastaba saliendo con amigos, y había podido ahorrar un poco. Una vez que llegó mi graduación, pude trabajar a tiempo completo, y era fácilmente la mejor empleada de papá.
Miré a Rodrigo que estaba actualmente de espaldas debajo de un Mustang que necesitaba urgente una nueva pintura. Viendo sus muslos gruesos y musculosos saliendo del vehículo me hizo recordar las veces que habíamos jugado en la habitación trasera y la vez que lo había llevado arriba en mi cumpleaños número dieciocho. Rodrigo era un muy buen tipo, pero él trabajaba aquí, y estaba claro que no había nada entre nosotros, excepto química sexual. Y si mi papá se enterara de lo que había sucedido entre Rodrigo y yo… bueno, no quería pensar cuáles serían las consecuencias para él.
Ser hija única era una cosa. Ser hija única con un solo padre que me crió solo desde el primer día era algo totalmente diferente. Nunca nada era simple. Aunque él confiaba en mí y en mi juicio en general, él no confiaba en el mundo fuera del garaje, mucho menos en los chicos que pudieran llegar y romperme el corazón. Yo había salido con chicos de vez en cuando, pero la mayoría de los chicos de la escuela estaban demasiado aterrorizados de mi papá y no hicieron el esfuerzo para salir en una verdadera cita conmigo. De alguna forma, fui a mi fiesta de graduación sin ningún drama, pero desde que había acabado la secundaria hacía un año, yo me encontaba en una “sequía”. Era algo que me preocupaba un poco, incluso sabiendo que podía tener sexo cuando quisiera y con quien quisiera, lo único que tenía que hacer era decir la palabra.
Había chicos que venían con sus coches deportivos mejorados, los que tenían carreras los fines de semana, y aquellos que habían heredado algo de un familiar lejano. Este último grupo rara vez tenía idea sobre cómo funcionaban sus coches, y usualmente eran los más impresionados por mi talento bajo el capó. Hubo muchos a los que podría haber seducido en uno de los closets del garaje y con quienes pude haber tenido algo, pero yo mantuve mi virginidad por tanto tiempo que no la desperdiciaría con uno de esos pequeños idiotas que apenas podían mantener sus penes en sus pantalones cuando me veían en mi overol y en mi top apretado.
Yo los observaba cómo miraban como sanguijuelas mis tetas 36C, que apenas entraban en mi sujetador y en mi top. Mis tops favoritos eran los pequeños para asegurarme de que se viera un poco de la tela de mi sujetador por arriba. Siempre de un color que fuera a juego con el top que estuviera utilizando. Llamaba más la atención de esta forma, claro que no era que yo necesitara la atención. Era obvio que estos tipos me deseaban y harían cualquier cosa por meterse en mis pantalones o, al menos, poder ver lo que se escondía debajo del capó. Había visto a más de uno arreglarse los pantalones en mi presencia cuando creían que no los estaba mirando. Hubo uno que fue lo suficientemente valiente para lamerse los labios, acercarse, respirar en mi cuello y hacerme saber directamente lo que quería hacerme en ese momento en su Chrysler 300G Coupe de 1961 que había heredado. Ese casi me hizo considerarlo, pero solo porque estaba demasiado caliente esa tarde en particular, y como estaba muy sucia en apariencia, no solo en mi mente, rechacé la oportunidad. Eso no me detuvo de agarrar mi vibrador apenas llegué a casa y jugar con mi clítoris hasta que un orgasmo me hizo gemir y agitarme en mi cama.
—Demonios —dije, sintiendo mi vagina responder al recuerdo. Miré el reloj de nuevo. Tendría que irme pronto si quería llegar a casa a tiempo para ducharme, cambiarme e ir al trabajo de Samantha para recogerla. El Club V estaba un poco lejos de nuestro apartamento, pero yo le había prometido llevarla a casa para que no tuviera que irse sola a mitad de la noche. Si me fuera un poco temprano, quizás tendría algo de tiempo para deshacerme de esta frustración.
Mis ojos se enfocaron en Miss Marzo y en sus manos que agarraban sus senos, los levantaban y hacían que sus pezones apuntaran a la cámara. Ella era muy caliente, y si no me iba pronto del garaje me encontraría masturbándome detrás de una pila de llantas mientras imaginaba a Miss Marzo presionando sus grandes tetas en mi cara. No era que fuera lesbiana o algo parecido, pero hey, yo era humana.
—¿Hey, papá? —dije mientras me asomaba en su oficina, ansiosa de irme del garaje y regresar a mi apartamento lo más rápido posible.
—¿Hmm? —Respuestas monosilábicas eran algo normal en él.
—Me estoy yendo ahora. Tengo que recoger más tarde a Sam.
Él asintió sin levantar la vista de su pila de recibos.
—Está bien, Tay. Te veo mañana.
Me apuré a ir a mi coche y entré una vez que me aseguré de que mi trasero no estuviera cubierto de grasa. Tenía una ducha y un vibrador que me esperaban en casa.
Las perillas de la ducha sonaron mientras las giraba y las tuberías se sacudieron debajo de las paredes del antiguo apartamento. Tomaría unos cinco minutos para que el agua se calentara a una temperatura agradable, y yo me desvestí, sacudí mi cabello y lo peiné con un cepillo mientras esperaba.
Mi largo cabello oscuro caía como cascada en suaves ondas, y las puntas apenas tocaban las puntas de mis senos alegres. Mis pezones se endurecieron cuando les pegó el aire.
El espejo de cuerpo completo me daba una gran vista de mi cuerpo tonificado. Yo medía un metro setenta, era la definición de promedio si hablábamos de números. Sonreí al ver mi reflejo. Debí de haber heredado algo de esto de mi madre, pensé mientras me giraba para ver mi trasero redondo y curvilíneo. Sin duda, era una de mis mejores partes. Firme, pero suave y curvilíneo. Mis caderas salían de mi pequeña cintura. Sabía que mi cuerpo era del tipo con que fantaseaban los hombres. Demonios, incluso mujeres fantaseaban conmigo. Me había encontrado con varias personas, hombres y mujeres, durante mis años en el garaje y, ahora que yo era legal, las personas no dudaban en mostrar su interés cuando estaban cerca de mí.
Suspiré, podría tener a quien yo quisiera y, aun así, no había nada en el radar para mí. Sin importar lo mucho que buscara, no encontraba a nadie que me atrajera. Era cierto, había tipos que me dejaban caliente y mojada, y fantaseaba luego cómo se sentiría que me follaran sobre el capó de sus coches. Pero en el fondo, sabía que deseaba algo más. Yo quería que la primera vez fuera especial, no de una forma tonta tipo “debe ser amor”. No, yo quería una buena follada. Del tipo que subiría mis expectativas.
Girándome de nuevo, miré mis senos. Apuntando hacia arriba y redondos sobre mi pecho, mis pezones estaban en el centro, del tamaño de monedas de veinticinco centavos, de un rosado oscuro, y estaban duros como las rocas que yo recolectaba de la playa en verano. Apreté mis pezones con mis dedos como tijeras, exhalé y presioné mis piernas. Pinchando mis pezones con mis pulgares y dedos índice, me miré al espejo. Era caliente y me estaba excitando todavía más al verme. Estaba lista para ser follada, pero mi vibrador tendría que bastar.
Cuando el vapor comenzó a llenar el baño, supe que el agua ya estaba suficientemente caliente y entré cerrando la cortina detrás de mí. Dejé el vibrador al borde de la bañera, diciéndome que tenía que limpiarme primero antes de tener ese momento. Eso fue suficiente para inspirarme a lavar mi cabello y lavarme toda rápidamente. Cuando mi mano pasó por encima de mi vagina y luego por mis duros pezones, jadeé por esa sensación eléctrica y agarré mi vibrador favorito.
Era rosado y dorado, curvado perfectamente para encajarme, con dos dedos pequeños de silicona que acariciaban mi clítoris. Me encajaba como un guante, y tenía que usarlo con algo de moderación. Sabía dónde colocarlo exactamente para lograr el orgasmo en menos de un minuto, pero tenía algo de tiempo extra y quería disfrutar uno de esos raros momentos en que tenía el apartamento para mí sola.
Lo puse en el primer nivel; la gentil vibración hizo eco contra las paredes de la ducha. Recostándome sobre las baldosas, cerré mis ojos y pellizqué mi pezón izquierdo mientras guiaba el vibrador hacia mi clítoris con mi otra mano. Rebuscando los recuerdos que tenía en mi memoria, pensé en una de las mejores escenas porno que había visto recientemente, una que era tan deliciosa que resultaba casi doloroso verla. Un tipo hermoso con un duro pene estaba de espaldas siendo masajeado sensualmente por su chica. Ella estaba rodeando su pene por casi diez minutos antes de tocarlo finalmente, tocando la punta con su lengua. Él casi saltó de la cama cuando ella lo hizo, pero aguantó, y al final, eso le dio resultado. Mientras tanto, ella era comida por él con ganas, mientras jadeaba y deseaba colocar su pene en su boca.
Yo no hubiera podido aguantar. Su pene era largo y grueso, y parecía una escultura perfecta. Lo imaginé entrando hasta el fondo de mi boca mientras mi vagina estaba en su lengua. Mi espalda se arqueó, y yo presioné el vibrador en mí con más firmeza, aumentando la velocidad por un nivel. No muy alto… no. Eso sería demasiado rápido.
Imaginé esa lengua entrando en mí, probando lo mojada que estaba y bebiendo cada gota. Acariciándome con sus dedos y luego metiendo dos en mi vagina mientras esos labios chupaban mi clítoris, haciéndome gemir. Cambié a mi pezón derecho y lo jalé, estirándolo un poco y luego soltándolo. Luego regresé con mis dedos cálidos y jabonosos, lo apreté y lo sobé, sintiendo el glorioso peso en mi mano, mi duro pezón estaba en mi palma.
—Fóllame —gemí en voz alta, aunque tenía vecinos y las paredes eran delgadas, pero no me importaba una mierda lo que escucharan.
Encendí el vibrador de nuevo y lo moví con ritmo en mi clítoris. Sí, así era. Yo estaba surfeando la ola que me llevaría exactamente a donde deseaba llegar. Podía sentir la calidez recorriendo mis piernas, pasando por mis muslos y deslizándose por toda mi columna. Este sería muy bueno…
Limpia y satisfecha, salí de la ducha con una sonrisa en mi cara y me tapé con una toalla fresca. El espejo estaba muy empañado para ver algo, pero podía notar lo satisfecha que me veía.
—¿Quién necesita a un hombre? —dije en voz alta a mi reflejo borroso mientras agarraba una botella de loción y comenzaba a aplicar crema hidratante en mi piel ligeramente bronceada.
Pero la verdad era que seguramente lo necesitara. Bueno, no necesitaba a un hombre, pero el pensar en tener uno cerca era atractivo. Yo nunca había tenido un novio serio, gracias a lo involucrado que estaba mi papá en mi vida. Claro, probablemente me había evitado muchas angustias al asustar a los perdedores con los que iba a la escuela. Pero no podía eludir preguntarme si evitar esas angustias me habría impedido experimentar algunas cosas que eran cruciales durante el crecimiento y tener experiencias románticas saludables y formativas.
