Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Descansa en la soberanía de Dios, suena tan fácil. Sin embargo, nada significa más para nuestro Padre celestial que cuando entregamos nuestras vidas por completo a Él y elegimos creer que tiene lo mejor en mente para nosotros. David modeló ese tipo de dependencia deliberada: como un pastorcillo, como un hombre que corre por su vida, como un rey que cometió graves errores. Tanto en el triunfo como en el fracaso, David miró a Dios más que a sí mismo. En Descansa en la soberanía de Dios, Joanna Weaver, autora superventas del gran éxito Tener un corazón de María en un mundo de Martha, comparte historias personales, consejos prácticos y principios transformadores extraídos de las Escrituras. Si luchas con la decepción del pasado, la frustración del presente o el miedo al futuro, Joanna te invita a confiar en el Señor con todo tu corazón. Renunciar al control y poner tu esperanza en un Padre fiel para siempre: ese es el hermoso secreto de la fe inquebrantable. Temas incluidos en el estudio bíblbico: PRIMERA PARTE Confiar en Dios 1. El viaje hacia la confianza 2. Rendición total 3. Fe inquebrantable SEGUNDA PARTE Soltar el control 4. Entregar las hojas de higuera 5. Expectativas no tan grandes 6. El reino del revés 7. Derribar ídolos 8. Un corazón que no se ofende 9. Vivir más allá de tus sueños TERCERA PARTE Resistir 10. Creer en Dios 11. Contentamiento en su amor 12. El regalo de la disciplina 13. Fe sobre el temor 14. Oraciones del tamaño de Dios CUARTA PARTE Una fe viva 15. Descansando en la soberanía de Dios 16. Dejar un legado de confianza
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 461
Veröffentlichungsjahr: 2023
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
«En este hermoso libro, Joanna nos revela el regalo de una confianza que nos cambia la vida. Cuando sentimos que nuestro mundo parece abrumador y fuera de control, ella nos recuerda desde las Escrituras y desde su propia historia que nunca hemos estado realmente en control, sino que Dios es el que siempre tuvo, tiene y tendrá el control».
Sheila Walsh, autora de Holding On When You Want to Let Go
«Joanna Weaver lo ha hecho de nuevo, ha escrito un libro que comparte la verdad bíblica familiar de una manera nueva y transformadora. Sus palabras animarán tu corazón, profundizarán tu fe y te mostrarán cómo abrazar lo mejor de Dios para ti como nunca lo has hecho».
Holley Gerth, autora del bestseller What YourHeart Needs for the Hard Days
«Si no tienes problemas para amar a Dios, pero descubres que confiar en él continuamente en medio de tus circunstancias es mucho más difícil de hacer, ¡este recurso inspirador fue escrito justo para ti! Descansa en la soberanía de Dios por Joanna Weaver te equipará de forma hermosa y práctica para vivir una vida de esperanza segura. Aprenderás a calmar tus temores con fe a medida que reemplaces tus dudas con la determinación de ver la mano de Dios en cada detalle de tu vida. ¡Muy recomendable!».
Karen Ehman, autora de los bestsellers del New York Times Trusting God in All the Things y Make Their Day; conferencista de Proverbs 31 Ministries; esposa y madre de cinco hijos
«Joanna me ha impulsado personalmente como hija de Dios y como escritora durante los últimos quince años, ¡así que estoy muy contenta de que nos haya regalado esta contribución tan necesaria y esperada! Descansa en la soberanía de Dios es una invitación y una hoja de ruta para vivir en la plenitud y libertad que proviene de confiar verdaderamente en Dios. ¡Deseo que mientras leas, puedas descubrir su paz sin igual a medida que aprendes a aferrarte a Él en fe, en cada temporada y circunstancia!».
Christy Nockels, líder de adoración, compositora,autora de The Life You Long For
«Confiar en Dios es fundamental para la fe, pero muy pocas de nosotras abrazamos esta confianza con todas sus ramificaciones para nuestra vida diaria. Joanna Weaver nos ha dado una guía práctica para ayudarnos a adoptar la confianza que cambia la vida. ¡He sido convencida, desafiada y alentada!».
Ruth Graham, autora de Transforming Loneliness
«Joanna Weaver comparte historias que calman el alma y palabras que hablan de asuntos del corazón. Amable, gentil, tiernamente, ella nos lleva a ver la verdad acerca de Dios y a confiar en su amor por nosotros. Si estás cansada de luchar por la perfección, la paz y el control, este libro te guiará a soltar el pasado y abrazar el don de la gracia, así como al Dios que la da gratuitamente».
Rachel Marie Kang, autora de Let There Be Art
«Al igual que con todos sus excelentes libros, Joanna Weaver escribe desde lo más profundo de su corazón. ¿Tienes una chispa de descontento rondando por tu alma? Entonces este libro es para ti. Dentro de estas páginas aprenderás la belleza de confiar en Aquel que diseñó nuestros corazones. Yo pude sentir el amor de Dios en estas páginas. Descansa en la soberanía de Dios va más allá de la inspiración y la satisfacción de la transformación propia. ¡Es perfecto para compartir con una amiga o con un grupo!».
Tricia Goyer, autora de más de 80 libros, incluyendo Heart Happy
«Si has luchado con el miedo, la incertidumbre, la decepción, el desaliento o la duda, lee este libro. Joanna Weaver ha escrito una obra maestra. Cada capítulo es una obra de arte que reconoce nuestros desafíos y luego proporciona pasos de acción para edificar la fe, que nos ayudarán a reconstruir la confianza en nuestro Dios siempre fiel. ¿Estás buscando un libro para estudiar con amigas? ¡Aquí está! La profundidad bíblica de Joanna, las historias de la vida real, las aplicaciones prácticas y las pepitas de verdad encenderán una fe fresca y una firme confianza en Aquel que nunca cambia».
Carol Kent, Directora Ejecutiva de Speak Up Ministries, autora de He Holds My Hand
«¿Alguna vez has leído un libro que te atraviesa por completo, pero de alguna manera a la vez sana tu alma, y ambas cosas a la perfección? Acabo de terminar de leer Descansa en la soberanía de Dios: La plenitud de confiar solo en Él de Joanna Weaver, y admito que me abrí paso a través de sus páginas bellamente escritas y florecientes con la verdad. En las conmovedoras historias personales de Joanna (la suya y la de otros) y las metáforas con las que me puedo identificar, reconocí mi propia tendencia a vagar por el laberinto de la desconfianza humana hacia Dios, especialmente cuando la vida arrebata toda esperanza y las circunstancias no tienen absolutamente ningún sentido. (¡Qué dolor!) Pero luego mi sabia amiga de la vida real, Joanna, entrelaza sólidas verdades bíblicas con nuevas perspectivas sobre por qué confiar genuinamente en Dios, tiene todo el sentido del mundo, por qué es lógico y liberador para aquellas de nosotras con almas desconfiadas y cansadas. (¡Qué alivio!) Este es un libro lo suficientemente sólido como para desafiar tus dudas y ayudarte a lidiar con ellas mientras nutre tu capacidad de abrazarte apasionadamente a la confianza en un Dios siempre fiel. Prepárate para que te atraviese y te sane mientras aprendes a abandonarte y aferrarte. Esta es tu próxima lectura que te cambiará la vida».
Dr. Jodi Detrick, autora de Mujer al estilo de Jesús y El alma estable
«Joanna se sumergió profundamente cuando escribió con ternura este libro. También tú te sumergirás profundamente, a medida que pases cada página y te encuentres creciendo en tu confianza y tu amor por Dios. Ideal para un estudio grupal».
Robin Jones Gunn, autora de más de cien libros, incluyendo Victim of Grace
Descansa en la soberanía de Dios: La plenitud de confiar solo en Él© 2023 by Joanna Weaver
Publicado por Editorial Patmos, Miramar, FL 33027
Todos los derechos reservados.
Publicado originalmente en inglés por Revell, una división de Baker Publishing Group, PO Box 6287, Grand Rapids, MI 49516-6287, con el título Embracing trust: the art of letting go and holding on to a forever-faithful God. © 2022 por Joanna Weaver.
A menos que se indique lo contrario, el texto bíblico ha sido tomado de la Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015 por Bíblica, Inc.® Usadas con permiso de Bíblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.
El texto bíblico indicado con «RVR1995» ha sido tomado de la versión Reina-Valera 1995 Reina-Valera 95® © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizado con permiso.
El texto bíblico indicado con «rvr1960» ha sido tomado de la versión Reina-Valera 1960® © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso.
El texto bíblico indicado con «ntv» ha sido tomado de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Usada con permiso de Tyndale House Publishers, Inc., 351 Executive Dr., Carol Stream, IL 60188, Estados Unidos de América. Todos los derechos reservados.
El texto bíblico indicado con «NBLA» ha sido tomado de la Nueva Biblia de las Américas™ NBLA™ Copyright © 2005 por The Lockman Foundation Usada con permiso.
El texto bíblico indicado con «rvc» ha sido tomado de la Reina Valera Contemporánea® © Sociedades Bíblicas Unidas, 2009, 2011. Usada con permiso.
Traducido por Carina Valerga
Diseño de portada e interior por Adrián Romano.
ISBN: 978-1-64691-288-9
Categoría: Mujeres / Estudios bíblicos
Este documento digital fue realizada por Nord Compo.
A mi esposo, JohnGracias por tu amor apasionado por Jesús.Dado que Él tiene el primer lugar en tu vida,mi corazón descansa seguro en tu amor.Debido a que confías en Dios tanplenamente, he aprendido a confiar enÉl en una medida más profunda.Por esa y mil otras razones, estoymuy agradecida de ser tu esposa.A mi hijo, Josué¡Oh, mi dulce niño, mi regalo del cielo!Desde el momento en que naciste,me has enseñado cómo es confiar en Dios.Gracias por permitirme compartir tu historia.Sigue amando a Jesús y compartiendosu amor con los demás, lo hacesincreíblemente bien.Soy tan bendecida de ser tu madre.
El libro que tienes en tus manos es un libro que he querido escribir durante más de veinte años. Desde el momento en que terminé de escribir Cómo tener un corazón de María en un mundo de Marta, este fue el mensaje que estaba segura de que Dios quería que escribiera. Sin embargo, Dios seguía pidiéndome que lo dejara de lado para trabajar en otros libros. (Irónico cuando consideras mi título provisional: Soltar el control y confiar en Dios).
Cuando el Señor finalmente me dio el visto bueno, el tema había crecido más allá de la rendición para incluir la importancia de aferrarse a la fe. Con el mensaje todavía claro y fuerte en mi corazón, estaba segura de que el «nacimiento» del libro sería relativamente fácil. Unas cuantas contracciones, pujar y ¡voilà! Saldría completamente formado, vestido y listo para afeitarse. Por el contrario, Dios me llevó en un viaje de confianza que tomó cuatro años hasta dar a luz este libro, pero que también cambió radicalmente mi vida.
Nunca me ha resultado fácil escribir, pero la inmensidad de este mensaje se sentía paralizante.
Con los plazos que se acercaban y las palabras aún distantes, lo único que detenía mi temor era repetir: «Confío en Ti, Señor. Confío en Ti, confío en Ti, confío en Ti». Sin embargo, en medio de la lucha por escribir, Dios me bendijo con tantos descubrimientos personales que casi me sentí culpable.
«Estoy trabajando mucho más en mi corazón que en las páginas», le dije a mi madre mientras trataba de explicar cómo las verdades simples de la Biblia estaban explotando en mi alma, despojándome de las mentiras que me habían mantenido atada durante años. En mi desesperada necesidad de Jesús, lo estaba experimentando de maneras que nunca antes había conocido.
En ese momento, nada de esto parecía estar relacionado con el libro, de ahí la culpa. Pero ahora, mirando hacia atrás, estoy convencida de que fue mi total dependencia de Dios y la elección momento a momento de confiar en Él, lo que abrió mi corazón a esas revelaciones que cambiaron mi vida y derivaron en el libro que tienes en tus manos.
Más que nunca, estoy convencida de que confiar en Dios es la clave para una vida cristiana victoriosa. Así como confiamos en Jesús para nuestra salvación, necesitamos confiar en Él para nuestra transformación, ¡y para todos los demás aspectos de nuestras vidas!
Ruego que el Espíritu Santo se encuentre contigo en estas páginas y te hable a través de cada línea mientras te da revelaciones personales que vienen directamente del corazón de Dios. A medida que sueltas el control y te rindes a Él, te dará el poder para aferrarte con fe a Él, de modo que ya no estés dominada por el miedo ni por la duda. Porque al abrazar la confianza, abrazamos a Dios, y somos transformados para siempre.
En la parte posterior de este libro, encontrarás un estudio bíblico de diez semanas y un recurso para ayudarte a estar más cerca de Dios y fortalecer tu fe. Puedes adquirir los videos de enseñanza en JoannaWeaverBooks.com.
¿Estás lista para construir una confianza inquebrantable? ¡No puedo esperar para comenzar!
Joanna
«Confía en Mí, hija Mía», dice. «Confía en Mí con un abandono más pleno que nunca. Confía en Mí, como transcurre un minuto tras otro, todos los días de tu vida, mientras vivas. Y si descubres cualquier cosa que obstaculice nuestra relación, no me lastimes alejándote de Mí. Acércate todo lo posible a Mí, ven, corre hacia Mí. Permíteme esconderte, protegerte, incluso de ti misma. Dime tus preocupaciones más profundas, cada uno de tus problemas. Confía en que Mi mano está puesta sobre ti. Nunca te dejaré. Te moldearé, te transformaré y te perfeccionaré. No temas, oh hija de Mi amor, no temas. Te amo».
Amy Carmichael1
En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, SEÑOR, jamás abandonas a los que te buscan.
No es de sorprender que todos lleguemos a la vida con algún tipo de problema de confianza. Después de todo, el nacimiento en sí es bastante traumático.
En un momento estamos seguros y calentitos, flotando en suaves ondas de líquido amniótico, acunados cerca del útero de nuestra madre. Cada necesidad es satisfecha sin que lo pidamos. Nada que hacer excepto dar volteretas lentas, chuparnos el pulgar y patear las costillas de mamá. ¡Ah, qué vida!
Pero luego, de repente, somos expulsados a un mundo desconocido. Rodeados de luces brillantes, caras extrañas y la bofetada de aire frío contra nuestra piel, comenzamos a gritar y patear. Nuestros brazos se agitan. Nuestras manos se aprietan, luego se abren, agarrando, buscando algo que nos diga que no estamos solos. Que no estamos tan indefensos como nos sentimos.
En algún lugar un dedo acaricia nuestra mano, y aunque es extraño para nosotros, lo agarramos y nos negamos a soltarlo. Finalmente. Un punto de anclaje. Algo más grande y sólido que nosotros. Una fuente. Algo o alguien, no estamos del todo seguros de qué se trata, que responda a nuestros gritos con comida, tacto y, lo mejor de todo, pañales limpios. Y por un momento estamos satisfechos, hasta que el ciclo se repite.
Hasta que finalmente crecemos.
Al menos así es como se supone que debe funcionar. Pero me pregunto. Como adulto, todavía me encuentro a tientas y agarrándome, buscando algo más. Anhelando que mis necesidades sean satisfechas y mis deseos sean cumplidos.
Desafortunadamente, cuando lo que quiero y lo que obtengo no coinciden, llego a la conclusión inconsciente: estoy sola en el mundo y no hay nadie en quien pueda confiar. Al menos así es como se siente.
Sin embargo, nada podría estar más lejos de la verdad.
Desde el principio de los tiempos, Dios ha anhelado un pueblo al cual amar y llamar como suyo propio. Un pueblo sobre el que pudiera derramar abundantemente de su provisión y protección, así como de su presencia. Al igual que Adán y Eva, tú y yo estábamos destinadas a vivir como niñas mimadas disfrutando de la dulce comunión con nuestro Padre. Caminando juntos por la vida. Tiernamente cuidadas y protegidas por su amor. Todas las necesidades suplidas. Cada anhelo satisfecho.
Pero entonces ocurrió el pecado, y todo cambió.
Tal vez comenzó con una semilla de duda que había acechado en el corazón de Eva por un tiempo. Una desconfianza de la bondad de Dios que la llevó a anhelar algo más de lo que tenía. ¿De qué otra manera explicar la habilidad de Satanás para tentarla tan fácilmente con lo prohibido y llevarla por mal camino?
Después de todo, había muchos, muchos árboles en el jardín del Edén. Génesis 2:9 nos dice: «Dios el SEÑOR hizo que creciera toda clase de árboles atractivos a la vista y buenos para comer». De todos esos árboles, había dos que eran especialmente importantes: «el árbol del conocimiento del bien y del mal» y «el árbol de la vida» (v. 9). Y de estos dos, solo uno había sido marcado como prohibido por Dios (v. 17).
Considera lo que eso significa. Cuando Dios dijo no a un árbol, Él estaba diciendo sí a cientos de otros, incluyendo el súper especial árbol de la vida. Pero entonces vino una serpiente que sembraba dudas, trayendo un siseo de descontento.
«Dios se está quedando con lo mejor», le dijo el diablo a Eva, atacando el carácter de Dios. Come este fruto y «se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal», le prometió en Génesis 3:5.
Dudando de las intenciones amorosas de Dios, Eva tomó el fruto, y tanto ella como su esposo lo comieron (v. 6). Y por ese acto, el Paraíso se perdió. Forzados a salir del Edén debido a la desobediencia, Adán y Eva se encontraron solos, confinados a una vida fuera de la cobertura de la protección y provisión de Dios. Su rebelión les afectaría no solo a ellos, sino a las generaciones venideras, incluyéndonos a ti y a mí. Todo porque nuestros tatarabuelos no tan geniales eligieron comer del árbol equivocado.
Si te pones a pensar, fue la mayor de las estafas. Adán y Eva fueron engañados para cambiar la perfección del jardín por algo que ya tenían. Hechos a imagen de su Hacedor, ya eran «como Dios». Rodeados de una belleza impecable, la pareja tenía conocimiento de primera mano de todo lo bueno. Pero el conocimiento del mal fue el mayor engaño de Satanás. En lugar de dar a Adán y Eva el control sobre sus vidas, los dejó indefensos, atormentados por el miedo, esclavizados a la tentación y susceptibles al sufrimiento.
Con la puerta abierta a la oscuridad, la maldad se precipitó, dejando a la pareja aterrorizada e incapaz de detenerla. Tal como nos sucede cuando tratamos de vivir la vida separados de nuestro Dios en quien podemos confiar.
Es interesante que Satanás tentara a Adán y Eva con la misma cosa que lo expulsó del cielo. Lucifer, como era conocido, parecía haber recibido un papel prominente como líder de adoración del cielo (véase Ezequiel 28:13). Pero evidentemente, se cansó de adorar a Dios y quiso ser adorado en su lugar.
Isaías 14:13-14 registra sus pensamientos orgullosos:
«Subiré hasta los cielos. ¡Levant aré mi trono por encima de las estrellas de Dios! […] seré semejante al Altísimo».
Por supuesto, el intento del diablo de apoderarse del cielo fracasó. Tal vez por eso está tan decidido a apoderarse del corazón humano. Él siembra sospechas y dudas en nuestras mentes atacando el carácter de Dios y tratando de socavar nuestro sentido de Su amor:
¿Por qué Dios prohibiría algo que necesitas? Él solo está tratando de controlarte.
Si Dios fuera verdaderamente bueno, no permitiría que sucedieran cosas malas.
Si Él realmente te amara, no te permitiría sentir tanto dolor.
Al vivir en un mundo estropeado por el pecado, somos especialmente vulnerables a sus mentiras. Porque la vida es impredecible y, a veces, terriblemente dura. Todos los días encontramos razones para dudar, razones para temer. Y aunque desearía que no fuera así, ser cristiano no nos exime de problemas. Las tragedias ocurren. La gente nos decepciona. No importa cuánto ejercicio hagamos o qué tan sano comamos, nuestra salud eventualmente se verá afectada. En resumen, esta vida es fatal.
No debemos sorprendernos por nada de eso, porque Jesús nos dijo claramente: «En este mundo afrontarán aflicciones» (Juan 16:33). Esto no es el cielo, después de todo. Sin embargo, en ocasiones, reconciliar las bendiciones prometidas por ser cristianos con las dificultades que enfrentamos en la vida, puede parecer confuso. No es de extrañar que todos luchemos por confiar en Dios cuando las cosas son difíciles.
Lysa TerKeurst habla de esto en su libro Uninvited. «Anhelo que la vida tenga sentido. Me estremezco cuando no es así», escribe, y continúa explicando:
Quiero que la vida sea tan estable como un problema de matemáticas. Dos más dos siempre es igual a cuatro. Será igual a cuatro hoy, mañana y en los años futuros a partir de ahora…
[Pero] la vida no cuadra. La gente no cuadra. Y en los momentos más crudos de genuino dolor, Dios tampoco cuadra. Todo eso nos hace mantener nuestra confianza guardada en nuestro interior hasta que se vuelve más ligada a nuestros miedos que a nuestra fe.2
¿A qué está ligada tu confianza, me pregunto? Me gusta pensar que soy una mujer de fe, pero con demasiada frecuencia, soy una mujer de miedo. La gente toma decisiones que me hieren. Las esperanzas y los sueños no siempre se hacen realidad. A veces, las responsabilidades y preocupaciones diarias de la vida se sienten tan abrumadoras que es más probable que me preocupe a que dedique tiempo para orar.
Me ayuda recordar una cita que escuché hace años: «El cristianismo no es la ausencia de problemas. Es la promesa de la presencia de Dios».3 Pero para ser honesta, incluso ese concepto puede ser difícil de entender, especialmente para aquellos de nosotros con una visión americanizada del cristianismo.
De alguna manera hemos llegado a esperar bendiciones continuas y tangibles como nuestro derecho de nacimiento espiritual, olvidando el mundo caído en el que vivimos. Cuando Adán y Eva rechazaron la perfección de Dios, nos dejaron con esta mezcla llamada vida, con algunas cosas buenas, otras no tan buenas, y otras francamente malas.
Pero estas son las buenas noticias. Aunque Adán y Eva comieron del árbol equivocado, Jesús colgó de otro árbol para que tú y yo pudiéramos reconciliarnos con nuestro Padre celestial. A través del sacrificio de Cristo, el árbol de la vida se nos ofrece una vez más. En lugar de vagar por la vida confundidas y solas, tú y yo somos invitadas a regresar a la intimidad del Edén y a la hermosa seguridad de pertenecer al Señor.
«Les anunciamos lo que hemos visto y oído», escribe Juan en 1 Juan 1:3, «para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo». El hombre que disfrutó de una estrecha amistad con Jesús como parte de su círculo íntimo, el que apoyó su cabeza sobre el pecho del Salvador, nos ofrece que nosotras también seamos bienvenidas a tener intimidad con Dios.
No es fácil tener confianza en este mundo quebrantado. La gente nos ha herido. La vida nos ha defraudado. Si no tenemos cuidado, podemos llegar a proyectar esos problemas de confianza en Dios. Estos son algunos síntomas:
1.Mantienes a Dios a distancia. Se siente más seguro de esa manera. Rara vez pasas tiempo a solas con Él o haces preguntas directas, porque no estás segura de querer escuchar lo que Él podría decir.
2.Permaneces en el asiento del conductor. Cuando dices: «Dios es mi copiloto», lo dices en serio. No puedes imaginarte dándole el volante por temor a dónde te pueda llevar.
3.Tu vida de oración tiende a ser sin vida o inexistente. Repites oraciones de memoria si es que oras en absoluto. Dices que no quieres molestar a Dios con tus problemas, pero en realidad, no quieres sufrir una decepción.
4.Limitas a Dios por tus limitaciones. Tal vez creas que Dios puede hacer cualquier cosa, pero no crees que pueda hacerlo a través de ti. Especialmente cuando la situación parece imposible.
5.No sientes el amor de Dios. Aunque crees que Jesús murió por tus pecados, secretamente piensas que debes ganarte su favor. Parece imposible que Él pueda aceptarte y amarte plenamente tal como eres.
6.Tienes dificultades para adorar. Tus palabras parecen no tener sentido. Mientras que una parte de ti quiere expresarle tu amor a Dios, la otra parte se siente indiferente, vacía y seca.
7.Rara vez te conectas con la Palabra de Dios. Quizás leas la Biblia como un deber, pero luchas por identificarte con lo que has leído. Las tiernas palabras del Padre pocas veces llegan a tu corazón.
8.Dudas de la bondad de Dios. Debido a que la vida es difícil, luchas por creer que Dios está de tu lado y trabajando a tu favor. Cuando Él bendice a otros, a veces te molesta el hecho de que no seas tú.
9.Secretamente crees que Dios está enojado contigo. Cuando algo sale mal, asumes que Dios te está castigando. Incluso cuando te arrepientes, luchas por aceptar su perdón.
10.Te sientes atascada. Los reproches del pasado, el resentimiento del presente y el temor del futuro te impiden confiar plenamente en Dios. Te cuesta imaginar una forma de vida diferente.
Si te sientes identificada con alguna de estas descripciones, lleva tu problema de confianza a Jesús y trabajen juntos. Él quiere sanar tu corazón y liberarte del miedo y la incredulidad.
«No temas, porque yo estoy contigo […] Te fortaleceré y te ayudaré».
Pero esta dulce comunión requiere una elección. ¿Rendiremos nuestras vidas y seguiremos sin reservas a Jesús, o mantendremos el control y le seguiremos desde la distancia? ¿Comeremos del árbol que ofrece conocimiento y autosuficiencia, o participaremos del árbol que nos da vida?
Elegir el árbol correcto no garantiza que escaparemos de las consecuencias de este mundo caído. Seguir a Jesús no necesariamente responderá a todas nuestras preguntas. Pero cuando comemos del árbol correcto, esas preguntas no parecen tan importantes. En lugar de tratar de entender los misterios de la vida y por qué el mal parece ganar más a menudo que el bien, nuestros corazones podrán descansar en el amor del Padre. Confiando en su carácter, sabiduría y poder.
Experimentaremos la libertad que está disponible cuando le damos a Dios el control de nuestras vidas incontrolables.
No sé tú, pero si yo hubiera sido Dios y Adán y Eva me hubieran rechazado, habría presionado el botón de reinicio y comenzado de nuevo con la creación. Un cielo y una tierra nuevos. Un hombre y una mujer diferentes. Y ninguna serpiente en el camino.
Pero en lugar de permitir que el pecado arruinara su plan, Dios inmediatamente comenzó el proceso de redención. En su misericordia Dios cubrió la desnudez de la pareja. Su amor los siguió fuera del jardín y los ayudó a navegar por el mundo cruel. Y su amor y misericordia todavía nos alcanzan hoy. Nos atraen de nuevo a una relación con Aquel que nos conoce, pero a pesar de eso nos ama tanto.
Me desconcierta que tan a menudo rechacemos la iniciativa de nuestro Padre celestial y elijamos vivir por nuestra cuenta. Porque hay una hermosa lógica en confiar en Dios, junto con múltiples razones por las que Él merece nuestra fe:
Dios nos hizo. Él nos formó en el vientre de nuestra madre y está íntimamente familiarizado con todos nuestros caminos (Salmos 139:3-13). Tiene todo el sentido que nuestro Creador conozca la mejor manera de vivir para nosotras.
Dios nos ama. No importa por lo que estemos pasando, podemos estar seguras de que Él está de nuestro lado, no contra nosotras (Romanos 8:31). Dios siempre está trabajando a nuestro favor, y quiere que experimentemos su amor de forma real en nuestros corazones.
Dios nos redimió. Él compró nuestra libertad a través de la muerte de su Hijo y nos restauró a una relación correcta con Él (Tito 2:13-14). Le encanta redimir todo lo que el enemigo pretende para el mal y convertirlo en algo bueno.
Dios nos da poder. Debido a que no podemos vivir una vida piadosa por nuestra cuenta, Él nos da el Espíritu Santo para guiarnos y enseñarnos, y nos enviste del poder que necesitamos para convertirnos en todo lo que Dios quiere que seamos (2 Corintios 3:18).
Pero hay otra razón poderosa para confiar en el Señor que, en mi mente, reemplaza todas las demás razones. Reside en lo que significa nuestra dependencia para el corazón de nuestro Padre. Brennan Manning lo expresa maravillosamente en su libro Ruthless Trust:
¿Por qué nuestra confianza ofrece un placer tan inmenso a Dios? Porque la confianza es la expresión preeminente del amor. Por lo tanto, puede significar más para Jesús cuando decimos: «Confío en ti», que cuando decimos: «Te amo».4
En un sentido muy real, la confianza es el lenguaje de amor de Dios. Nada le trae más gozo que cuando ponemos nuestra esperanza plenamente en Él. Tú y yo no somos un experimento cósmico destinado a mantener el cielo ocupado. La humanidad no es parte de un proyecto de ciencia celestial que rastrea cómo ocho mil millones de ratones interactúan en un laboratorio llamado planeta Tierra. Somos hijos de Dios, cada uno de nosotros amado y querido de manera única. Intrincadamente diseñados para un lugar especial en el corazón del Padre.
Pero para hablar el lenguaje de amor de Dios y acceder a la vida que estamos destinados a vivir, debemos abrazar la confianza, soltar el control mediante la rendición y aferrarnos a la fe. Porque conformarnos con algo menor afectará todas las áreas de nuestras vidas.
Cuando no confiamos en Dios, somos rápidas para preocuparnos y lentas para orar.
Cuando no confiamos en Dios, nos resulta difícil perdonar.
Cuando no confiamos en Dios, rezongamos y nos quejamos.
Cuando no confiamos en Dios, construimos muros de autoprotección.
Cuando no confiamos en Dios, intentamos micro gestionar nuestro mundo.
Cuando no confiamos en Dios, reaccionamos mal en lugar de responder sabiamente.
Cuando no confiamos en Dios, vivimos como huérfanas en lugar de como hijas amadas.
Cuando no confiamos en Dios, perdemos la alegría y la libertad de pertenecer a Él.
Por el contrario, caminamos con una etiquetadora incorporada, definiendo la vida desde nuestra comprensión limitada y, por lo general, de manera equivocada.
¿Alguna vez has usado uno de esos pequeños dispositivos de mano que producen etiquetas adhesivas para ayudarte a organizar tu vida? Con unos pocos giros del dial alfabético o unos pocos golpes en el teclado incorporado, puedes etiquetar tu cajón de calcetines y encontrar cualquier cosa en tu despensa con un solo vistazo. Pero hay que tener cuidado de poner las etiquetas correctas en los artículos pertinentes. De lo contrario, ¡podrías terminar agregándole chile en polvo en lugar de canela a tu pastel de durazno!
Eso es exactamente lo que sucede cuando usamos nuestra etiquetadora interna que nos fue instalada en la Caída. Comer del árbol del conocimiento en lugar del árbol de la vida ha sesgado nuestra perspectiva, lo que nos ha hecho etiquetar mal las cosas, tal como lo hace el mundo, llamando «a lo malo bueno y a lo bueno malo» (Isaías 5:20). Debido a que nuestro entendimiento humano es limitado, nos hace marcar a las bendiciones como «buenas» y a las pruebas como «malas», sin darnos cuenta de que Dios está obrando en ambas.
Una fábula popular describe a un granjero cuyo caballo se escapó. Sus vecinos fueron a expresarle sus condolencias. «Lamentamos escuchar sobre su caballo. ¡Qué desafortunado!», le dijeron. Pero el granjero simplemente respondió: «Tal vez».
Al día siguiente, el caballo regresó con siete caballos salvajes. «¡Esto es tan afortunado! Ahora tienes ocho caballos», dijeron sus vecinos. Pero de nuevo, el granjero respondió: «Tal vez».
Cuando el hijo del granjero trató de domar a uno de los caballos, se cayó y se rompió la pierna. «Oh, eso es terrible», dijeron sus vecinos. Pero el viejo simplemente se encogió de hombros. «Tal vez».
Cuando los soldados llegaron a la aldea para reclutar combatientes, rechazaron al hijo del granjero debido a su pierna rota. «¡Qué suerte tienes!», gritaron los vecinos. Pero el granjero solo sonrió y dijo: «Tal vez».5
Hay mucha sabiduría en la respuesta del granjero, porque solo Dios sabe lo que es verdaderamente bueno y lo que es malo. Comer del árbol equivocado tiende a hacernos creer que nuestra sabiduría es irrefutable y que nuestra percepción de una situación es la última palabra, pero solo Dios sabe la verdad. Solo Él sabe el por qué detrás de cada situación y cómo va a resultar todo al final. Entonces, ¿no tiene más sentido dejar que las etiquetas las coloque Él?
Porque nuestro gran Redentor se especializa en redefinir lo bueno y lo malo, reorientando lo peor que el infierno arroja para que sirva a sus propósitos eternos. Tal como lo hizo en la vida de un joven pastor llamado David.
A lo largo de este libro, vamos a explorar la vida de David, porque él es un gran ejemplo de cómo es confiar en Dios en cada área de nuestras vidas. Afortunadamente, tenemos una gran cantidad de material del cual aprender. Con sesenta y seis capítulos dedicados a su historia en el Antiguo Testamento y cincuenta y nueve referencias a su vida en el Nuevo Testamento, se ha escrito más sobre David que sobre cualquier otro personaje de la Biblia.6
Aunque no siempre lo hizo bien, David trató de centrar su vida en conocer y agradar a Dios. A lo largo de Salmos, continuamente nos llama a confiar en Dios, haciendo uso de esa palabra cuarenta y nueve veces en la versión King James según mis cuentas.
Dichoso el que pone su confianza en el SEÑOR (40:4)
Oh, pueblo, confía en él siempre […] Dios es nuestro refugio. (62:8)
En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, SEÑOR, jamás abandonas a los que te buscan. (9:10)
Este último versículo es digno de mencionar, porque en el Antiguo Testamento, cada uno de los nombres de Dios revela un aspecto de su carácter. Lo cual es importante, porque solo confiamos en los que conocemos.7
Desde una edad temprana, David buscó conocer al Señor íntimamente. Esto resultó en una profunda amistad y dependencia de por vida en Dios que pudo haber sido cultivada durante los días y noches solitarios que pasó cuidando las ovejas de su padre. Cualquiera que sea la fuente, ciertamente estaba presente cuando era joven, momento en el que Dios lo eligió para ser rey.
Cuando Samuel fue enviado a ungir a uno de los hijos de Isaí para ser el próximo gobernante de Israel (1 Samuel 16:1-13), el profeta invitó a toda la familia a una ceremonia religiosa para que pudiera discernir la elección del Señor (v. 5). Pero por alguna razón, tal vez por ser el más joven y que se le necesitaba para cuidar las ovejas de la familia, David no fue incluido en la alineación. Después de que Samuel conoció a los hermanos mayores y más impresionantes de David, Dios impulsó al profeta a preguntar si había otros hijos. Isaí llamó a David de los campos, y Dios confirmó que él era «el indicado» (v. 12).
Mientras el aceite de la unción rodaba por la cara del joven, su mente debe haber corrido a mil revoluciones. Los sacerdotes y los reyes eran quienes recibían unciones, no los pastores insignificantes, aparentemente olvidados por sus padres. Aunque David no fue declarado rey públicamente en ese momento, el historiador del primer siglo Josefo ha afirmado que Samuel susurró el significado simbólico de la unción al oído del joven: «Tú serás el próximo rey».8
¿Por qué yo? David debe haberse preguntado. ¿Qué lo diferenciaba de los hombres mayores y más capaces? En Hechos 13:22, Dios revela la razón: «He encontrado en David, hijo de Isaí, un hombre conforme a mi corazón; él harátodo lo que yo quiera».
¡Oh, cómo deseo que Dios pueda decir eso de mí! Quiero ser conocida como una mujer que conoce a Dios tan íntimamente, que le obedece implícitamente, una mujer conforme al corazón de Dios. ¿No te pasa lo mismo?
Tener un corazón como ese requiere que renunciemos a crear etiquetas en nuestro entendimiento y que confiemos en Dios a fin de que defina y corrija todo lo referido a nuestras vidas, incluida nuestra visión de Él. Porque hasta que no lleguemos a conocer al Señor íntimamente y a ver la vida a través de la lente de quién es Él, no tendremos la perspectiva adecuada de lo que nos sucede, ni comprenderemos plenamente la profundidad de su amor.
Me encanta el consejo dado por el obispo Paternus del siglo vi:
Piensa magníficamente acerca de Dios. Magnifica su providencia: adora su poder; sé constante en su servicio; y ora a Él con frecuencia e incesantemente. Llévalo siempre en tu mente; instruye a tus pensamientos a reverenciarlo en todo lugar, porque no hay lugar donde Él no esté… Teme y adora, y ama a Dios; de principio a fin, piensa magníficamente acerca de Dios.9
Es mi oración que, al leer este libro, permitas que el Espíritu Santo amplíe tu comprensión de quién es Dios realmente: tu Padre confiable. Tu Salvador compasivo. Tu tierno Consolador. Tu fiel amigo. No dejes que las etiquetas creadas por vivencias previas o por falta de experiencia minimicen su obra en tu vida. Deja que Dios salga de la caja de tu pensamiento limitado, porque nuestra visión de Dios determina nuestro nivel de confianza.
«Si tengo un concepto bajo de Dios, mi religión solo puede ser un asunto barato y diluido», escribe A. W. Tozer. «Pero si mi concepto de Dios es digno de Dios… Puede ser reverente, profundo, hermoso».10 Para ayudarte a fortalecer tu comprensión de Dios, he incluido una lista de sus atributos en el Apéndice B. Elige uno para meditar durante esta semana y permite que tu concepto de Dios crezca.
Si seguimos ignorando el carácter y los propósitos de Dios en la tierra, constantemente etiquetaremos su obra de manera errónea y cuestionaremos sus motivos. Viviremos mirando a través del extremo equivocado de un telescopio. Dios parecerá pequeño, y nuestros problemas parecerán enormes.
Pero cuando «pensamos magníficamente» acerca de Dios, el Espíritu Santo gira el telescopio para que veamos a Dios correctamente. En consecuencia, nuestros problemas se reducen a sus proporciones adecuadas. Porque a la luz de su amor, vemos la vida, y nos vemos a nosotras mismas, a través de la lente correcta.
A lo largo de los años, Dios ha usado Proverbios 3:5-6 para recalibrar mi alma. Se ha vuelto tan precioso para mí que es el verso de mi vida y el tema de este libro:
Confía en el SEÑOR de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas.
Al comenzar este viaje juntas, me gustaría analizar de cerca cada línea de esta poderosa Escritura. Porque contiene pistas importantes sobre cómo podemos conocer a Dios, confiar en Él y convertirnos en personas conforme a su propio corazón.
«Confía en el Señor de todo corazón».
La confianza a medias no será suficiente. Tenemos que traer todo a la mesa, incluyendo todo lo que somos. No podemos confiar en Dios con todo nuestro ser si estamos haciendo planes de respaldo en caso de que Él no llegue. Dios está buscando una entrega sincera y una confianza continua en Él. Día a día. Minuto a minuto. Como David escribe en Salmos 62:5:
Solo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi esperanza.
«Y no en tu propia inteligencia».
Los residuos persistentes del árbol del conocimiento nos dificultan renunciar a nuestra necesidad de entender. Como expertas en arreglarlo todo, creemos que deberíamos ser capaces de descifrar la vida por nuestra propia cuenta. Pero nuestro intelecto humano siempre será limitado y a menudo defectuoso. Sin embargo, cuando invitamos a Dios a la ecuación, Él promete hacernos más sabias. Tal como dice Santiago 1:5: «Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie».
«Reconócelo en todos tus caminos».
Muy a menudo, en medio de los problemas, me olvido de reconocer conscientemente que Jesús está conmigo, que nada lo toma por sorpresa ni está más allá de su poder para salvar. He descubierto que cuando conscientemente «reconozco» que Él está presente conmigo en todos mis caminos, no solo en algunos de ellos, no caigo tan fácilmente en el temor. Por el contrario, soy capaz de ver a Dios en la situación, lo que me ayuda a someterme a Él para que su voluntad se cumpla en lugar de la mía.
«Y él allanará tus sendas».
Esta parte del versículo me recuerda a la alfombra del pasillo del apartamento de mi abuela. La larga tira de alfombra a menudo se amontonaba y creaba peligros de tropiezo, de los que ocasionalmente caía presa.
Aunque los dobleces de una alfombra son fáciles de alisar, cuando aparecen en mi vida, a menudo parecen montañas imposibles e infranqueables. Pero en Isaías 45:2, Dios nos dice:
«Marcharé al frente de ti, y allanaré las montañas».
Porque como dice el versículo 2 en la versión rvr1960, Él se especializa en «enderezar los lugares torcidos».
En lugar de ceder al miedo cuando surgen las dificultades, estoy aprendiendo a declarar mi fe en Jesús en voz alta: «Señor, confío en Ti con todo lo que soy y en todo lo que enfrento. Reconozco que Tú estás conmigo en esta situación, no estoy sola. Gracias por ir delante de mí y mostrarme el camino a seguir».
A veces tengo que repetir la declaración una y otra vez mientras me alejo del miedo y la incredulidad. Aunque pueda ser imperceptible para mí, mientras espero en Dios, Él comienza a tirar del borde de esa alfombra hacia Él. Doblez tras doblez, arruga por arruga, Él elimina los obstáculos y endereza mi camino.
El himno clásico «‹Tis So Sweet to Trust in Jesus» [Es tan dulce confiar en Jesús] fue escrito por Louisa M. R. Stead después de que su esposo muriera tratando de rescatar a un niño de ahogarse. Con poco dinero y una hija de cuatro años que criar, la joven viuda se enfrentaba a un futuro aterrador. Pero del crisol de su dolor surgieron estas palabras:
Jesús, Jesús, ¡cómo confío en él!
¡Cómo lo he probado una y otra vez!
¡Jesús, Jesús, precioso Jesús!
¡Oh, por gracia confiar más en él!11
Esa es mi oración por este libro. Que gracia fresca sea liberada en tu corazón y en el mío para confiar más en Jesús. Porque, así como Él ha demostrado ser fiel a innumerables generaciones, Él quiere demostrar que es digno de confianza para nosotras también. Cuando surge el miedo o la duda, necesitamos hacer la oración de Louisa: «Señor, dame gracia para confiar más en Ti».
Porque la gracia de Dios no solo nos salva, sino que también nos permite confiar en Dios en medio de los momentos más oscuros y desesperados de la vida. Especialmente durante esos momentos en que no podemos ver, y nuestros corazones simplemente no entienden.
Cuando mi hijo menor tenía cinco años, tuvieron que extirparle las amígdalas y las adenoides debido a problemas respiratorios. El médico me advirtió que el postoperatorio podría ser un poco difícil, pero no estaba preparada para la reacción de Josué al salir de la anestesia.
«¡Mami, mami!», gritó mi niño, normalmente equilibrado, cuando se despertó en la sala de recuperación. Con los ojos bien abiertos, frenéticamente arañaba el aire en un intento de encontrarme.
«Estoy aquí, cariño…», trataba de tranquilizarlo mientras lo tomaba en mis brazos. «Mami está aquí».
Pero él se apartaba de mí e intentaba alcanzar algo más allá. Cegado a mi presencia e incapaz de recibir mi amor, continuaba llamándome por mi nombre, sin darse cuenta de que yo estaba de pie frente a él. Sin darse cuenta de que estaba esperando para consolarlo si solo se relajaba en mi amor.
Me pregunto cuántas veces le hacemos eso a Dios. «¿Dónde estás, Señor?», clamamos durante situaciones difíciles. «¿No ves mi dolor? ¿No escuchas mi temor?»
Estoy aquí, hija mía. Susurra a nuestros corazones atribulados mientras intenta tomarnos en sus brazos. He estado contigo todo el tiempo.
Tal vez justo ahora estás pasando por un momento difícil. Quizás tomaste este libro porque sabes que necesitas un nivel más profundo de confianza. Tal vez, como Josué, estás buscando frenéticamente a Dios en tu situación. Ha pasado mucho tiempo desde que sentiste el amor del Padre. Han pasado años desde que experimentaste su presencia.
Bueno, tengo buenas noticias para ti, amiga mía. Jesús está contigo, justo en medio de tus circunstancias. Él te ama y quiere mostrarse poderoso. Él quiere abrir tus ojos a Su presencia y ayudarte a sacudir la anestesia de la duda, a ser fiel a la promesa que declaró a través del profeta Jeremías: «Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón. Me dejaré encontrar—afirma el SEÑOR» (Jeremías 29:13-14).
En lugar de andar a tientas, tratando de vivir la vida por tu cuenta, extiende la mano y recibe el amor que Jesús ofrece. A medida que te relajes en su amor, encontrarás todo lo que necesitas: fortaleza para tu día, esperanza para el mañana y gracia para confiar más en Él.
No importa lo que se te presente.
El que ama su vida la pierde; en cambio, el que aborrece su vida en este mundo la conserva para la vida eterna.
Dije que nunca lo haría. Después de todo, ¿quién en su sano juicio salta de un avión en perfectas condiciones?
Pero allí estaba yo, poniéndome el traje para mi primer salto en paracaídas. Mi primer descenso. Mientras me abrochaba el casco de aspecto gracioso, cuestioné la sabiduría de mi decisión. Después de todo, tenía terror a las alturas. Al crecer, mis peores pesadillas siempre tenían que ver con caer de lo alto. Caía en picada hacia un abismo, agitando los brazos, con la boca abierta en un grito silencioso e interminable. El hecho de que siempre me despertaba antes de estrellarme contra el suelo nunca había disminuido la intensidad de mi miedo.
Incluso el simple acto de subir una escalera hacía que se me subiera el corazón a la garganta. ¿Paracaidismo? Bueno, esa era la prueba definitiva de fe para mí. Supongo que por eso Dios lo escogió.
Quiero que confíes en Mí, Joanna, el Señor había estado susurrando a mi corazón durante meses.*1 No era solo mi miedo a las alturas a lo que Él se estaba refiriendo. Él me estaba pidiendo una mayor fe en cada área de mi vida, incluyendo a mis hijos. Aparentemente este desafío me ayudaría a crecer, así que finalmente dije que sí. John Michael y Jessica siempre habían querido saltar en paracaídas. Ahora que ambos se habían graduado de la escuela secundaria, mi esposo y yo decidimos que sería una buena manera de conmemorar este capítulo de la vida.
Les habíamos dado raíces a nuestros hijos. Ahora era el momento de darles alas.
De camino al aeródromo esa hermosa mañana de agosto, decidimos que John subiría con Jessica, y yo subiría con John Michael, en vuelos separados. De esa manera, en caso de que algo sucediera, quedaría alguien para criar a nuestro dulce hijo de cuatro años, Josué, quien más tarde comenzó a llorar mientras nos veía colocarnos nuestro equipo. Aparentemente, él también quería saltar de un avión en perfectas condiciones.
Atada de manera incómoda a un instructor bastante grande a cargo del salto en tándem, me encontré mirando por la ventana de un pequeño Cessna mientras ascendía al cielo. La emoción y el terror puro se arremolinaron en mi estómago mientras contemplaba hacia abajo el paisaje que se alejaba.
Finalmente, al llegar a la altitud indicada y rodeando el campo de aterrizaje, las parejas en tándem comenzaron a saltar del avión. En ese momento, estaba casi convencida de que esto era divertido y que, si me daban la opción, prefería saltar sola. Después de todo, ¿qué tan difícil podría ser? Nos dieron instrucciones claras antes de despegar, nos mostraron cómo usar el cordón de apertura del paracaídas y nos explicaron cómo aterrizar.
Pero luego llegó nuestro turno de saltar, y toda mi determinación se derritió cuando nos acercamos a la puerta del avión. Agarrando la barra por encima de nuestras cabezas, el instructor se asomó, dejándome colgando frente a él. Ignorando mis gritos de «¡No, no, no!», se impulsó desde el umbral del avión, y comenzamos a caer, abajo, abajo y más abajo, hasta la tierra.
Cuando el paracaídas finalmente se abrió y ralentizó nuestro descenso, dejé de gritar y comencé a disfrutar del proceso. La vista de abajo era hermosa, un mosaico de bosques y prados rodeados por las majestuosas montañas del noroeste de Montana.
Curiosamente, incluso cuando estaba en caída libre, nunca tuve la sensación de caída en picada que había experimentado en mis pesadillas. En lugar de la sensación de una montaña rusa, el aire parecía sostenernos, amortiguando nuestro descenso.
Aunque mi salto duró solo unos minutos, la experiencia de haberme lanzado en paracaídas ha durado toda la vida. Mirando otra vez el cielo desde la seguridad del suelo, me pregunté por qué había tenido tanto miedo. Por qué me había resistido a dar un salto de fe durante tanto tiempo. No solo en el paracaidismo, sino también en otras áreas de mi vida.
Porque, resulta que, cuando estás saltando en tándem con Jesús, no hay nada que temer.
Seamos realistas, todos somos fanáticos del control por naturaleza.
Algunas de nosotras somos expertas en mantener ocultas nuestras tendencias controladoras. Las escondemos detrás de sonrisas benignas, diciendo: «Como tú quieras», pero luego manipulamos sutilmente a las personas para que lo hagan a nuestra manera.
Otras estamos orgullosas del control remoto que sujetamos firmemente en nuestra mano. Convencidas de que sabemos lo que es mejor para todos, manejamos nuestras opiniones como una varita mágica. Al igual que Lorelai de The Gilmore Girls, no dudamos en proclamar: «Mientras todo sea exactamente como yo quiero, soy totalmente flexible».12
El control no es necesariamente algo malo. Es un tipo de instinto de supervivencia conectado al ADN humano. Renunciar al control en la situación equivocada puede ser peligroso, como cuando eres un alcohólico en recuperación que está considerando una bebida o un padre cuyo niño pequeño está decidido a salir corriendo a la calle.
Una cantidad adecuada de autocontrol, autosuficiencia y autocuidado es saludable e importante. El dominio propio incluso se enumera en Gálatas 5:23 como un fruto del Espíritu. Pero si no tenemos cuidado, nuestro impulso de controlar puede cruzar la línea y volverse delirante y dañino, no solo al lastimar nuestras relaciones interpersonales, sino hasta llegar tan lejos como para sabotear nuestra relación con Dios. El Señor del universo no será manejado ni manipulado, no importa cuánto lo intentemos.
Si vamos a ser verdaderos seguidores de Jesús, debemos estar dispuestos a ser guiados. Solo puede haber un líder en nuestra relación. Un solo Dios. Solo un rey. Lo que significa que debemos renunciar a la varita mágica y entregar el control remoto, junto con nuestros intentos pasivo-agresivos de hacer que Dios haga las cosas a nuestra manera.
«Puedes tener fe o puedes tener el control», señala el pastor Joel Schmidgall, «pero nunca puedes tener ambos».13
Jesús lo dejó claro cada vez que alguien expresó interés en ser su discípulo. En lugar de ofrecer incentivos o una presentación hábil de los beneficios de quienes lo siguieran, Jesús parecía hacer todo lo posible para desalentar a los seguidores al resaltar el costo. «Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga». (Lucas 9:23).
Los expertos en marketing dirían que no es la mejor estrategia. Tampoco la mejor metáfora, especialmente cuando las cruces eran utilizadas como instrumentos de tortura por los romanos, y estaban reservadas para los criminales, que colgaban desnudos y sangrando para que todo el mundo los viera. La crucifixión era considerada la peor manera de morir.
Pero en lugar de atenuar la imagen, Jesús continuó intensificándola. «Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará» (v. 24).
No es suficiente cargar tu cruz, Jesús les estaba diciendo a los ansiosos aspirantes a ser sus seguidores. Tienen que confiar tanto en Dios como para subir a esa cruz y elegir morir, porque es la única manera de vivir verdaderamente. Es un tema que Jesús repite a lo largo de su ministerio. Aparece cinco veces en los Evangelios14 y otra vez en una discusión de los eventos del tiempo del fin en Lucas 17:32-33, donde Jesús advierte: «¡Acuérdense de la esposa de Lot! El que procure conservar su vida la perderá; y el que la pierda la conservará».
No hay forma de evitarlo. Como cristianas, tú y yo estamos llamadas a rendirnos. Un compromiso total de nuestras vidas que va más allá de una bandera blanca débilmente ondeada en la dirección de Dios o de simplemente asentir con nuestra mirada que aceptamos seguir a Jesús, pero reservarnos el derecho de regresar si las cosas se ponen difíciles. Jesús requiere una rendición total, una entrega y sumisión absoluta de nuestras vidas a su gobierno. Cualquier esfuerzo menor resulta en un cristianismo diluido, como lo explica Mark Batterson:
[Tristemente] las personas pueden asistir a la iglesia todas las semanas de sus vidas y nunca rendirse plenamente a Jesucristo. Me temo que hemos abaratado el evangelio al permitir que la gente lo compre sin invertirse por la causa. Lo hemos hecho demasiado conveniente, demasiado cómodo. Le hemos dado a la gente suficiente Jesús como para aburrirse, pero no lo suficiente como para sentir la sobrecarga de adrenalina santa que corre por nuestras venas cuando decidimos seguirlo a pesar de todo, a donde sea y cuando sea.15
Algunas veces, en un afán de ser «sensibles al buscador», podemos eludir este tema de la entrega total como líderes ministeriales, endulzando el evangelio con la esperanza de hacerlo más aceptable. Pero la «adrenalina santa» que todos anhelamos, la vida abundante que necesitamos, se encuentra únicamente al confiar en Dios con todo nuestro corazón. Rendirlo todo a Jesús para que solo Él controle nuestras vidas.
Tal vez pienses que ser criada en un hogar lleno de gracia y en una iglesia llena de gracia me haya dado una ventaja en el cristianismo. Y en muchos sentidos así fue. Estoy eternamente agradecida por una herencia piadosa, y no cambiaría a mis padres, Cliff y Annette Gustafson, por nada en el mundo. Consistentemente me han mostrado «la forma de la piedad»16 al vivir su caminar con Dios de manera tangible.
Debido a que mi mamá y mi papá reflejaron a Jesús tan bien, siento que lo conozco desde que he llegado a este mundo. Sin embargo, llegó un momento en que descubrí que nacer en una familia piadosa no era suficiente. Necesitaba un Salvador. Así que en algún momento alrededor de los cuatro o cinco años, acepté a Jesús en mi corazón. Mi amor por Él era genuino, y quería servirle siempre.
