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Pausanias recorrió gran parte de la Hélade para darla a conocer en sus características geográficas y su patrimonio cultural. La Descripción es la mejor guía para el viajero ilustrado por la Grecia antigua. La obra de Pausanias (siglo II d.C.) es la mejor guía para el viajero ilustrado por la Grecia antigua. Este viajero y geógrafo griego describe sólo aquello que ha visto con sus propios ojos, y no es poco, porque recorrió gran parte de la Hélade (centro y sur del continente, aunque no las zonas más septentrionales y occidentales) con afán de conocerla a fondo, y registró en sus escritos edificios, obras de arte, monumentos conmemorativos y accidentes geográficos. Pero no se contentó con hacer un inventario de objetos y monumentos espectaculares, sino que acompaña a cada elemento consignado con toda la información que pueda resultar útil para su comprensión cabal: mitos e historias, héroes y hazañas relacionados, etc., en una rica maraña de digresiones y referencias que logra evocar la densidad de la historia y permite entender las ruinas de Grecia. Así surgen con fuerza en la imaginación del lector las grandes ciudades de la antigüedad helena (Atenas, Corinto, Esparta, Olimpo, Delfos, Tebas) con todos sus rasgos geográficos, conjuntos monumentales, edificios públicos, centros sociales y cultuales (santuarios, templos, imágenes de divinidades y de héroes ancestrales...), obras de arte con descripciones de estilos y autores (las pinturas de Polignoto, las estatuas de Mirón, Fidias y Praxíteles), y todo cuanto pueda desear el viajero curioso. El rigor de Pausanias ha quedado atestiguado por centenares de excavaciones arqueológicas modernas, que han demostrado la solidez de sus informaciones topográficas. Si bien el autor no declara la aspiración que le movió a emprender tamaña empresa, pues la Descripción carece de un prólogo programático, hay que imaginar que le impulsó el simple deseo de conocimiento y el encanto de la aventura. El principio conductor es de índole topográfico (lugares y monumentos), y al hilo del desplazamiento, de cada libro dedicado a una región, se enhebran las explicaciones acerca de mitos e historias, cultos y religiones. El planteamiento habitual es referirse primero a la historia y la topografía de las ciudades y después a los cultos religiosos y de la mitología. El libro I está dedicado a Ática y Mégara; el II, a Corinto y Argólide.
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Seitenzahl: 534
Veröffentlichungsjahr: 2016
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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 196
Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por FRANCISCO JAVIER GÓMEZ ESPELOSÍN .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008
López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.www.editorialgredos.com
REF. GEBO299
ISBN 9788424932282.
Pausanias vivió y escribió durante el s. II de nuestra Era, una época en que Grecia y todos los países que él conoció formaban parte del Imperio Romano. En esta época, la de los Antoninos, Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio, que ha sido considerada como uno de los periodos más felices de la historia romana, había paz, prosperidad y seguridad. Grecia continental, al contrario de la Grecia periférica, estaba arruinada. Muchos tesoros griegos habían desaparecido ya, cientos de estatuas llevadas a Italia, otras destruidas en sus lugares de origen, muchos lugares convertidos en ruinas: de la famosa Tirinte quedan unas murallas ciclópeas (Pausanias, II 25, 8; VIII 33, 3); de Tebas, la acrópolis (VIII 33, 2; IX 7, 6); Delos y Micenas ya no son nada (II 16, 5, y VIII 33, 2). Pero Grecia, por su pasado, era un testimonio imperecedero de una cultura superior y universal, y el griego, la lengua de esa cultura elevadísima por la que sienten gran entusiasmo los emperadores, que fueron grandes protectores de la cultura griega, fundaron y fomentaron escuelas y bibliotecas, emprendiéndose así la restauración del clasicismo griego.
Así pues, en esta época que mira hacia el pasado, que quiere conservar la civilización griega que desaparece, encaja perfectamente una Descripción de Grecia , como la que Pausanias nos ha legado, con sus monumentos, su historia, sus leyendas, una Descripción que pretende transmitir, como otras obras de otros autores, la cultura helénica.
Sobre la fecha en que vivió y compuso su obra, la Helládos Periḗgēsis , título que aparece en Esteban de Bizancio y la en mayoría de los manuscritos, tenemos en el propio Pausanias no pocos datos e indicaciones. Pausanias escribió los diez libros de que consta su obra probablemente entre el 160 (al menos después del 143) y el 180 (al menos después del 175), por tanto casi enteramente en el reinado de Marco Aurelio, en contra de la opinión del siglo pasado que daba las fechas 117-138, basada en los pasajes en los que Pausanias se refiere al año 125 con las expresiones kat’emé, ep’emoû, kath’hēmâs, eph’hēmôn , “en mi tiempo” : así la institución en Atenas de la phylḗ de Adriano (I 5, 5) o la olimpiada 226.a (V 21, 15), que tuvieron lugar en dicho año 125. Pero ahora se está de acuerdo en que Pausanias se refiere no a lo que estaba escribiendo entonces, sino a que había nacido por entonces. Esas expresiones cubren toda la vida del autor1 .
Alusiones importantes en su obra a fechas son las siguientes: en I 19, 6, hace referencia al Estadio de Atenas, reedificado en mármol blanco por Herodes Ático en el 143; en consecuencia, el libro I debió de ser escrito después del 143. El Odeón de Herodes en Atenas aún no estaba construido cuando comienza el libro I : si la mujer de Herodes, en cuya memoria fue construido el Odeón, murió en el 160, el edificio sería más tardío. Para el libro V tenemos una fecha significativa: el 173 d. C., pues afirma (V 1, 2) que han pasado 217 años desde la restauración de Corinto, que tuvo lugar en el 44 a. C. El libro VIII (43, 6) menciona la campaña de Marco Aurelio contra los germanos y los sármatas (167-176). El último libro, el X, es exactamente datado por la mención de la invasión de los costobocos (X 34, 5) en el año 1702 .
El mundo griego periférico, a diferencia de la Grecia Madre, especialmente la provincia de Asia, que era una de las más prósperas de Oriente, conoce un renacimiento artístico y literario, además del económico, y las clases más cultas y ricas vuelven su mirada a la madre patria, que es la cuna de la cultura de la que ellos se alimentan. De ese mundo periférico proceden, con excepciones como Plutarco y Herodes Ático, originarios de la Grecia Madre, muchos de los grandes autores de la época, como Dión Crisóstomo, Dión de Prusa, Elio Arístides, Luciano, Antonino Polemón, y también Pausanias, por lo que podemos deducir de su obra.
El conocimiento detallado de Lidia así como las referencias a leyendas, monumentos de allí, que él mismo ha visto, en particular la región del monte Sípilo, a la que se asocia la leyenda de Tántalo y de sus hijos, apuntan a esta región como lugar de origen. Su patria pudo ser la ciudad de Magnesia del Sípilo, que menciona varias veces en su trabajo. Pausanias dice expresamente que quedan todavía vestigios de que Pélope y Tántalo vivieron par’hēmîn “entre nosotros” (V 13, 7).
Algunos filólogos han interpretado este pasaje en el sentido de que Pausanias vivió allí durante algún tiempo, dado que los hombres de letras viajaban mucho en el s. II3 .
Aunque no se puede afirmar con seguridad, sí se puede conjeturar que es originario de esta región de Lidia, concretamente de Magnesia del Sípilo, porque dice explícitamente “entre nosotros” cuando se refiere a la región del monte Sípilo, porque sus descripciones de esta región son exactas y su conocimiento demasiado preciso como para que no se trate de su país de origen, y, en definitiva, por ese amor a la tierra que manifiesta al hablar de la zona.
También menciona muy frecuentemente a Pérgamo y sus monumentos, famosa por su gran biblioteca y sus santuarios, especialmente el de Asclepio; conoce lo relativo a las ciudades de Asia Menor occidental, su estado actual, su historia, su mitología; y en el libro VII trata extensamente la colonización jónica, con grandes alabanzas a su clima, sus santuarios y otras maravillas (cf. especialmente VII 5, 4 y 10).
Como de Pausanias solamente sabemos lo que él mismo nos dice, y no se habla nada de él ni en su época ni posteriormente, incluido el periodo bizantino, algunos eruditos lo han identificado con escritores de su tiempo que tienen el mismo nombre.
La única mención de Pausanias, el pasaje VIII 27, 14, está en un contemporáneo suyo, Eliano (Varia Historia XII 61), pero ha sido considerada una interpolación por Diller4 . El primer signo de que ha sido leído viene, unos 350 años después de la muerte del autor, con Esteban de Bizancio, que lo utilizó para tomar de él nombres de ciudades griegas y sus étnicos.
La hipótesis de que no era otro que el sofista Pausanias de Cesarea de Capadocia, discípulo de Herodes Ático, citado por Filóstrato (Vidas de los Sofistas II 13) fue hecha en el 1506 por Xilander-Sylburg en su edición de Pausanias y se mantuvo hasta 1766, en que fue puesta en duda por Goldhagen y Siebelis. A esta identificación se han hecho las siguientes objeciones: la comarca de Capadocia es ignorada en la larga lista de “autopsias” atestiguadas en la Periegesis ; el periegeta menciona varias veces a Herodes Ático sin decir que es discípulo suyo; ni Filóstrato ni La Suda, que mencionan trabajos del sofista, citan la Descripción de Grecia como obra del sofista Pausanias.
Otros han optado por un Pausanias de Antioquía junto al Orontes, autor de una obra histórica sobre Siria, al cual hace referencia Esteban de Bizancio, sin duda el mismo que el cronógrafo citado por Malalas, pero el estilo y las intenciones de ambos autores son diferentes5 .
Galeno (de locis affectis III 14), por su parte, conoce a un sofista llamado Pausanias, venido de Siria, que había vivido en Roma, pero no dice que sea de Siria. La referencia es insuficiente para sacar conclusiones.
Otro Pausanias del s. II es el autor del léxico ático conocido por Focio, Bibl . 153, y numerosas citas en los comentarios de Eustacio, un léxico similar al de Elio Dionisio de la época de Adriano. De este Pausanias nada se sabe.
La tesis del origen damasceno de Pausanias, al que menciona Constantino Porfirogéneta, en el s. X , entre los más famosos escritores de geografía, ha sido particularmente defendida por Robert y tomada en consideración por Pasquali y Regenbogen6 basándose en las referencias de la Periegesis , que muestran un cierto conocimiento de Siria y Palestina, sin duda mucho menos numerosas que las consagradas a Lidia o a Jonia. Pero Diller7 ha demostrado que Pausanias de Damasco es un contemporáneo y colega de Menipo, geógrafo menor del s. I a. C., y autor de un periplo en trímetros cómicos comúnmente conocido como Pseudo-Scymnus .
Parece, pues, que lo mejor, a falta de datos decisivos, es no identificarlo con ningún otro escritor del mismo nombre y atenernos a la opinión tradicional de considerar a nuestro autor un griego nacido sin duda no lejos de Magnesia del Sípilo.
La paz y la seguridad de que disfrutaba el Imperio Romano durante el s. II d. C. permitía viajar con relativa seguridad, por negocios o por placer, y sin trabas de lengua, ya que con el latín y el griego el viajero podía hacerse entender en todo el imperio. De la obra de Pausanias se deduce, unas veces porque lo dice expresamente, otras porque su descripción detallada así lo demuestra, que viajó por muchos países. Conoce gran parte de la zona occidental y central de Asia (Tróade, Misia, Jonia, Caria, Galacia, Frigia). Nos habla de Jordania, del lago Tiberíades, del Mar Muerto, de Antioquía, Siria, Palestina. Estuvo en Egipto, donde vio las pirámides, el coloso de Memnón en Tebas, el oasis de Amón. Conoce también Bizancio, Tasos, Rodas, Delos, Andros, Egina. Estuvo en Italia, en Roma, en las ciudades de Campania, pero probablemente no en Sicilia: su descripción del estrecho de Mesina no está de acuerdo con la realidad. Nos ha descrito bien Cerdeña, aunque no pretende haberla visto. De Grecia continental, aunque no ha descrito la parte norte, conoce Tesalia, fue a Macedonia y tal vez al Epiro (por lo menos habla con cierta familiaridad de Dodona, de su oráculo, de los ríos de la Tesprótide). Es probable, pues, aunque no necesario, que haya viajado por todos estos lugares que demuestra conocer.
Aunque no sabemos cuándo, por qué y de qué modo viajó Pausanias, evidentemente estos viajes eran muy costosos, lo que quiere decir que Pausanias disponía de abundantes medios económicos, necesarios para realizar estos viajes. Su contemporáneo Apuleyo gastó en viajes la mayoría de la fortuna que heredó, y Pausanias viajó todavía más que él. Probablemente procede de alguna familia rica que puede proporcionar a su hijo una sólida educación. Desde luego, no hubiera podido realizar estos viajes siendo un hombre de escasos recursos económicos.
La Helládos Periḗgēsis consta de diez libros, en los que describe la región del Ática, Mégara, Corinto, la Argólide, las restantes regiones del Peloponeso, Beocia, Fócide y parte de la Lócride. Es, pues, una descripción solamente de la Grecia continental, pero no de las islas, ni de Asia Menor, ni de las colonias occidentales, sino de la Grecia madre. Y dentro de la Grecia continental falta parte de la Lócride, la Dóride, Etolia, Acarnania, Epiro y Tesalia. Lo descrito es aproximadamente la provincia de Acaya del Imperio Romano, aunque ésta incluía también Etolia. En VII 16, 10, cuando habla de Hellás parece efectivamente referirse a la provincia de Acaya, que en su tiempo representaba lo que se llama comúnmente Grecia. Excluía el Epiro (que incluía Acarnania) y Macedonia (que incluía Tesalia). Etolia, sin embargo, sí pertenecía a la provincia de Acaya. Las comarcas de Etolia, Acarnania, Tesalia, tenían poco interés para Pausanias desde el punto de vista histórico, artístico y cultural, además de que las dos últimas no pertenecían a Grecia. No describe tampoco Eubea, aunque ha leído historias locales de allí (VIII 14, 12) y describe el camino de Tebas hacia Calcis (IX 18 ss.). Finalmente, de la Dóride y de la Lócride oriental no trata en absoluto, y de la Lócride occidental, muy brevemente al final del libro X.
Como la obra carece de una introducción o prefacio y de un epílogo, e incluso Pausanias nunca le da un título, ya que, como hemos dicho, el de Helládos Periḗgēsis es el que le da Esteban de Bizancio y es el de la mayoría de los manuscritos (otros la llaman Historíai ), no sabemos si la intención del autor era la descripción de toda Grecia, aunque ello se puede deducir de I 26, 4, cuando dice que tiene que describir pánta tà Hellēniká , “toda Grecia” o más literalmente “todos los asuntos griegos”, pero de una manera selectiva, “eligiendo lo más digno de mención” (III 11, 1). A decir verdad, lo indefinido de pánta tà Hellēniká abre la puerta a todas las posibilidades. La obra podría extenderse indefinidamente.
Dado el final un tanto brusco, se ha planteado la cuestión de si se ha perdido una parte de su obra o si Pausanias tenía la intención de escribir más y no lo hizo. El caso es que la falta de un epílogo no prueba de por sí que la obra hubiera quedado sin concluir o que se perdiese parte de ella, dado que también falta una introducción. Existen además otros datos: la cita de Esteban de Bizancio de un libro 11 de la Periegesis en su artículo “Tamina”, nombre de una ciudad de Eubea, ha llevado a suponer a algunos eruditos un libro 11 dedicado a Eubea que se habría perdido. La referencia ha sido explicada por A. Meineke (en su edición de E. de Bizancio, ad loc .) como un error de 11 en lugar de 1 (IA’ en lugar de A’), y de hecho pertenece no a “Tamina”, sino a “Tanagra”, citada en I 34, 1, que es la entrada siguiente a “Tamina”. En la obra no aparece semejante topónimo y del libro XI no hay rastros.
Las muchas referencias cruzadas atestiguan también que Pausanias escribió los libros en el orden en que los conservamos y que la división actual también se debe a él10 . Un argumento a favor de esto es el hecho de que Pausanias haya construido el comienzo de los libros de modo parecido. La distribución en libros corresponde, con la excepción del I (Ática y Megáride) a las divisiones geográficas y su sucesión corresponde exactamente al itinerario tomado por un viajero metódico.
En cuanto al libro I , algunos eruditos son de la opinión de que fue publicado separadamente bastante tiempo antes que los otros11 . La prueba que aducen es que en los otros libros hay añadidos al libro I , correcciones o rectificaciones a sus aserciones y descripciones, que implicarían que éste había sido ya publicado, pues de lo contrario habría podido intercalar estos addenda en el lugar de su manuscrito que hubiera querido. Así, en VII 20, 6, Pausanias dice que no ha hecho mención en su descripción del Ática del Odeón construido en Atenas por Herodes Ático, porque la había elaborado antes de que comenzase su construcción; y en VIII 5, 1, rectifica su aserción de I 41, 2, a propósito de la época en que Hilo intentó regresar al Peloponeso.
Lo que es evidente es que el libro I se diferencia claramente de los restantes libros: la descripción de Atenas es mucho más breve e incompleta que las descripciones de ciudades de los libros posteriores. En Atenas falta una introducción histórica, que después es de regla. Pero, sobre todo, el orden topográfico de la descripción en el libro I es mucho menos observado que en los libros posteriores: hay frecuentemente grandes saltos y la descripción incompleta está dispuesta por agrupaciones de cosas, no siguiendo la sucesión de lugares en el terreno. Probablemente cuando compuso este libro no había establecido bien su método, ya claramente fijado en los siguientes.
Los diez libros describen lugares, monumentos, obras de arte y relatan mitos, leyendas, hechos históricos, hechos maravillosos. Hay, pues, que distinguir dos elementos de los que él mismo habla en I 39, 3: los lógoi y los theōrḗmata , distinción especialmente puesta de relieve por Robert12 . Los lógoi son los mitos, la historia, las reflexiones. Los theōrḗmata son las cosas que se pueden ver, las descripciones de los lugares y sus monumentos, de los que es guía y testigo, mientras de los 16-goi es sólo transmisor, dependiendo de las fuentes escritas u orales a su disposición.
α) Theōrḗmata . Con Pausanias recorremos casi todas las regiones de Grecia hasta sus más alejados rincones. Junto a las grandes ciudades y santuarios, como la ciudad de Atenas o el santuario de Apolo en Delfos, que contienen una gran cantidad de importantes edificios, monumentos y obras de arte, a los que Pausanias dedica muchas páginas, tenemos los medianos y los pequeños pueblos o templos, algunos de ellos en ruinas, en los que su relato es breve. Son varios cientos de sitios los que describe.
La exactitud de estas descripciones está asegurada por la comparación de su relato con el resultado de las excavaciones modernas. Numerosos sitios descritos por Pausanias han sido excavados y numerosos monumentos mencionados por él han sido identificados. Gracias a sus informaciones podemos dar nombre a un gran número de lugares antiguos en ruinas y a gran parte de los edificios y templos hallados en las excavaciones. Sin su libro no sabríamos muchas veces qué divinidad fue venerada en este o en aquel templo, qué utilidad tendría éste o aquel edificio, cómo se llamaba el lugar cuyos restos se han encontrado.
Así, el pasaje de Pausanias II 16, donde nos describe las ruinas de Micenas, dio pie a Schliemann para sus excavaciones en la acrópolis y el descubrimiento de las tumbas de los Atridas con sus tesoros.
Los resultados de las recientes excavaciones de la ciudad de Calípolis13 confirman lo que Pausanias dice acerca de la destrucción (X 22) y su información es necesaria para entender la causa del fuego y fijar su fecha exacta.
El relato de la descripción de Mesenia (IV 31, 4-33, 3) está lleno de detalles que han sido ampliamente confirmados por los restos de los sitios excavados, trabajos de arte, inscripciones y monedas, y esos detalles, a su vez, han servido como llave para importantes descubrimientos y conclusiones14 . Es un trabajo cuidadoso y concienzudo. Está demostrado que, cuando hay alguna contradicción, por lo general son los eruditos modernos los que están equivocados y no Pausanias.
A veces, aunque no muy frecuentemente, también describe el paisaje o los productos naturales del país. En general, las montañas, los ríos, las fuentes (algunos de los cuales pueden ser nombrados gracias a Pausanias) por donde pasa sólo existen en cuanto evocan un recuerdo del pasado, una historia de amor: así, lo que le interesa del río Iliso es que Bóreas arrastró a Oritía lejos de sus orillas y la hizo su esposa (I 19, 5); del río Selemno recuerda que fue un pastor enamorado de una ninfa y murió de amor (VII 23, 1 y ss.); el enamorado Alfeo continúa su curso a través del Adriático para reunirse con su amada en Siracusa (V 7, 2-3). Quizá en el libro VIII, dedicado a Arcadia, se puede apreciar más que en otros la capacidad del autor de sentir y representar la naturaleza y el paisaje, aunque siempre filtrado a través de la mitología y del pasado.
A veces habla también de los productos naturales: las palmeras de Áulide (IX 19, 8), los mirlos blancos del Cilene (VIII 17, 3), las conchas que pescan en Bulis para el tinte de púrpura (X 37, 3), la miel del Himeto (I 32, 1), las diversas clases de encinas arcadias (VIII 12, 1), las dos clases de gallos de Tanagra (IX 22, 4), los ungüentos de Queronea (IX 41, 7), etc.
β) Lógoi . Son de contenido histórico, mitológico, paradoxográfico. Los relatos históricos , al igual que los de otro tipo, aparecen inspirados por un determinado lugar, un monumento, etc. Los introduce para dar vida con hechos históricos a las descripciones de regiones, ciudades y monumentos. No parece que busque las causas de los últimos acontecimientos ni que haya intentado ser un historiador, por lo que no debería ser juzgado con los criterios aplicados a los historiadores. Tampoco está tan claro el que haya un plan histórico en la obra de Pausanias, como Ebeling ha querido ver15 . Los pasajes históricos sirven para introducir una determinada región o ciudad, o para explicar el contexto histórico de un monumento (estatua honorífica, dedicación a los dioses, monumento público de los que cayeron en la guerra). Pero mientras sus descripciones se ha probado que son cuidadas y fidedignas, hay un gran número de errores y defectos en su narrativa histórica: así, en II 8, 4, cita al rey Antígono Gonatas como tutor de Filipo V, y en VII 74 a Antígono Dosón, esta última vez correctamente; en I 6, 8 identifica erróneamente al Ptolomeo honrado con la creación de la tribu Ptolemais en Atenas con Ptolomeo II en lugar de Ptolomeo III; también vio un trofeo en Mantinea de una batalla, en la que dice que luchó y murió el rey espartano Agis (VIII 10, 5-10): o el espartano no era un rey, o su nombre no era Agis, o no murió aquí; tal vez vio un trofeo de la batalla del 418 a. C. en Mantinea donde un rey espartano Agis luchó, pero resultó victorioso. Hay muchos pasajes como éste que plantean dificultades16 . Otro error más grave lo comete en IX 32, 5 y X 35, 2, cuando habla de que Haliarto fue incendiada por los persas en lugar de en la guerra contra Perseo, que es lo correcto. Puede haber tergiversado una frase o confundido varios acontecimientos. Hay que tener en cuenta que, salvo cuando se trata de un monumento que ha visto o una inscripción, en que es testigo ocular, en el tema histórico tiene que depender de otros historiadores o informadores, puestoque la mayoría de lo que refiere es un pasado antiguo siempre para Pausanias, y es un problema difícil identificar sus fuentes.
En cuanto a los relatos míticos y religiosos , nos habla de cultos de diversas divinidades y héroes, sobrenombres de muchos dioses, sacrificios de distinta clase y de los más diversos tiempos, de las fiestas y procesiones, de las más diversas celebraciones y costumbres consagradas a través de la tradición. Tenemos cuentos populares, como los que hay en el folklore de muchos países: así, el del joven que vence al león y gana la mano de la princesa (Alcátoo de Mégara) (I 41, 3 ss.); el de Trofonio y Agamedes, que construyeron el tesoro de Hirieo y fueron pillados robando el tesoro (IX 37, 5 ss.); o el de la defensa que hace la serpiente del niño en Anficlea (X 33, 9 ss.). Recoge Pausanias muchos mitos, entre los que cabe destacar por su singularidad el de los amores de Posidón y Deméter bajo la forma de caballo y yegua (VIII 25, 5 ss.) o el de Atis y Agdistis (VII 17, 9 y ss.). Hay leyendas heroicas que sólo transmite Pausanias, como la del parricida Orestes en delirio que, acosado por las Furias, se come un dedo, a consecuencia de lo cual las Furias se convierten de negras en blancas, porque consideran este hecho como una expiación (VIII 34, 2 ss.); o la leyenda trágica de la muerte de Hirneto (II 28, 3 ss.). Asimismo nos narra costumbres como la de las vírgenes de Trecén que antes de su matrimonio dedicaban un bucle de sus cabellos en el templo de Hipólito (II 32, 2); o las muchachas de Mégara, que hacen libaciones antes de casarse en la tumba de Ifínoe y le ofrecen las primicias de su cabello (I 43, 4); o la de quemar las piernas de las víctimas sobre leño de álamo blanco en los sacrificios a Zeus en Olimpia (V 14, 2). Cuenta supersticiones como la creencia de que en cada sacrificio ofrecido a Zeus en el monte Liceo un hombre se metamorfoseaba en lobo, pero podía recobrar su forma primitiva si se abstenía durante nueve años de comer carne humana (VIII 2, 6); o la de que el agua de tal fuente cura la rabia (VIII 192-3). Percibimos, pues, algo de la abundancia multicolor de mitos, sagas e historias que se contaban en todas las ciudades griegas.
Los thaýmata o mirabilia son las cosas o fenómenos que producen asombro, que habían sido contenido de un género literario particular durante la época helenística, que también se cultivaba en la época imperial. Así nos cuenta que en el Orontes se halló un cadáver de gran tamaño, de más de once codos, que era de Orontes, de la raza de los indios (VIII 29, 4), y en IV 35, 10-13 hace una digresión sobre fuentes maravillosas, y nos habla de terremotos y de corrientes del océano, de animales y plantas extraños, de costumbres y objetos particulares.
En cada región tratada, con excepción del Ática, que fue la primera que describió y cuando no tenía todavía fijado su método, el orden que sigue en su exposición es estrictamente topográfico. Esto supone en Pausanias la suficiente capacidad para ordenar y estructurar de una manera unitaria todo el material que recoge. Comienza los libros, con excepción del primero, con una introducción general sobre la historia de la región, sus mitos, sus migraciones, sus héroes. También suele hacer este tipo de introducción a las ciudades importantes, e inserta pasajes históricos a propósito de determinados monumentos. Desde la frontera va por el camino más corto a la capital, anotando todo lo que le parece interesante, digno de mención. Ya en la capital, describe sus edificios, monumentos y obras de arte, y después se dirige por un camino hasta las fronteras, vuelve a la capital y emprende otro camino, y así hasta que, después de recorrer todos los caminos principales hasta las fronteras, pasa a la región vecina, que describe de la misma manera. En realidad, más que describir, pues no es esto lo que quiere aportar al lector, explica los lugares que visita, que son testimonios de una tradición valiosísima, y lo hace con toda objetividad. De esta disposición parece desprenderse que el trabajo fue concebido como una guía para viajeros.
Ahora bien, dada la abundancia del material de que dispone, tiene forzosamente que seleccionar, y en esta selección se manifiesta el gusto del autor, sus preferencias, y el gusto de la época. Está generalmente reconocido que tiene dos principios de selección: sus gustos de anticuario y su curiosidad religiosa.
Los monumentos descritos son casi siempre antiguos (desprecia todo lo que es moderno, de acuerdo con la tendencia de su época hacia lo arcaico), de carácter sagrado y sólo secundariamente profano. Cuanto más antiguo es un monumento, mayor es la veneración del autor hacia él. Los tres monumentos tratados con mayor detalle son el arca de Cípselo en Olimpia, el trono del Apolo de Amiclas y las pinturas de Polignoto en Delfos. Las obras de arquitectura le inspiran devoción particular. Las obras que prefiere describir son las de los siglos V -VI a. C. y primera mitad del III . En Delfos, por ejemplo, todas las ofrendas citadas por Pausanias son seguramente, o muy probablemente, anteriores al 260 a. C. En el ágora de Atenas incluye edificios antiguos modestos, pero omite el magnífico pórtico de Átalo del s. II a. C. y el pórtico de Éumenes o el monumento de Agripa. En Olimpia ignora la Exedra de Herodes Ático (cuando menciona los edificios de este contemporáneo suyo con gran admiración y alabanza). A pesar de su preferencia por las obras arcaicas, no falta en su obra la mención de trabajos de época helenística y romana, y así, por ejemplo, admira mucho a Damofonte de Mesenia (s. II a. C.), siendo el único escritor antiguo que lo menciona.
Se nota que se encuentra más a gusto cuando trata los templos, santuarios, estatuas, altares, exvotos, es decir el arte y la arquitectura religiosa, de la que nos da toda clase de detalles, que cuando describe edificios y estatuas profanas. Templos y santuarios son mencionados de una manera bastante completa, aunque sean pequeños. No pasa en silencio ningún templo, ningún santuario, por pequeño que sea, incluso aquellos de los que no quedan más que ruinas. En los lugares más pequeños, Pausanias señala regularmente sólo los santuarios. A los edificios profanos, por el contrario, les presta muy poca atención y faltan la mayor parte de las veces.
También es de destacar, tanto en lo relativo a los monumentos como a las tradiciones, su preferencia por lo raro, por lo menos conocido, por las curiosidades, siguiendo en esto la línea de erudición helenística, que coleccionaba las tradiciones locales o los cultos raros. Prefiere las tradiciones menos conocidas, tal vez porque las supone más antiguas y verdaderas (I 27, 4), o porque escribe para una élite que se distingue por su conocimiento sobre las cosas griegas
Además, Pausanias es un anticuario, no un artista. Las viejas obras de arte tienen para él un valor de recuerdo y de símbolo. Sobre su sentido artístico no están de acuerdo sus críticos, pero lo cierto es que distingue las obras de arte clásico de las más tardías (III 16, 1) y pudo de hecho identificar al artista por su estilo: “Deducimos que (la imagen de Atenea Políade en Eritras) es obra de Endeo, entre otros datos, por el estilo de la imagen” (VII 5, 9); o lo deduce por comparación con otras: “Ninguno del lugar pudo decir quién fue el autor, pero el que ha visto el Heracles de Sición podría concluir que el Apolo de Egira es obra del mismo Láfaes de Fliunte” (VII 26, 6); “La imagen (del Apolo Ismenio) es del mismo tamaño que la que está en Bránquidas y su forma no es diferente en nada. Quien ha visto una de estas imágenes y ha sabido quién es su autor no precisa de mucho ingenio para, al ver la otra, saber que es una obra de Cánaco” (IX 10, 2).
Con estos criterios mencionados Pausanias se ha esforzado por incluir en su guía todos los lugares que tuvieran algo digno de mención, sin regatear esfuerzos, aunque estuvieran despoblados o costara mucho llegar a ellos. De este modo nos ha permitido recuperar mediante excavaciones importantes monumentos y obras de arte que se habrían perdido irremediablemente si no hubiera sido por sus noticias.
Esa predilección por el pasado frente al presente, común a sus contemporáneos, tiene también una correspondencia en su predilección por la historia de la Grecia de la gran época, la de la independencia. El presente inmediato carece de acontecimientos y los tres o cuatro siglos que preceden son obscuros e insignificantes. Trata acontecimientos diseminados a través de siete siglos desde el periodo arcaico tardío, cuando la historia suplanta a la mitología, hasta su propio tiempo, pero refiere poco de su tiempo, el s. II , y en general poco de la historia del Imperio Romano, los doscientos años desde la batalla de Actium hasta la invasión de Grecia por los costobocos y la guerra danubiana en el 170. El interés de Pausanias en la historia de Grecia parece detenerse en la guerra aquea del 146 a. C. y la destrucción de Corinto por los romanos, con la excepción de la catástrofe que aconteció a Atenas en el 86 a. C., cuando el ejército de Sila saqueó la ciudad.
No trata todos los periodos por igual. Del s. V escribe en su mayor parte de las Guerras Médicas, muy poco de la Pentecontecia y casi nada de la Guerra del Peloponeso. Dice bastante del s. IV : la hegemonía de Tebas, Filipo de Macedonia y Alejandro, sus sucesores, y mucho más del s. III y de la primera mitad del II (hasta el 146 a. C.). Los factores que causan esta desproporción pueden ser varios17 : a) los monumentos que impulsan a Pausanias a hacer narraciones históricas son más numerosos de época helenística que de época clásica; b) no sintió la necesidad de volver a contar lo que ya había sido contado por Heródoto y Tucídides (s. V ) y Jenofonte (parte del s. IV ). Así, dice en I 23, 10: “Lo referente a Hermólico, el luchador del pancracio, y a Formión, el hijo de Asópico, lo dejo de lado, porque ya han escrito otros sobre ello”; c) a veces pretende completar o corregir tradiciones consolidadas: “estas cosas las contó Heródoto una a una con verosimilitud, y no tengo intención de escribirlas, pues ya han sido bien contadas anteriormente, pero sí añadir …” (II 30, 4); d) quiere llenar las lagunas de la época posterior a Alejandro Magno. En I 6, 1 dice: “Las hazañas de Átalo y Ptolomeo son tan antiguas que no subsiste ya su fama, y los que estuvieron con los reyes para escribir las hazañas han sido olvidados todavía antes. Por esto se me ocurrió escribir las acciones que llevaron a cabo…”.
A pesar de esta selección, el trabajo de Pausanias contiene una buena cantidad de información histórica y es asimismo una fuente de información preciosa para los estudiosos de la religión griega.
Según se dé primacía a uno u otro componente de la obra de Pausanias, ésta se entiende de una forma u otra. C. Robert18 concede la mayor estimación a los lógoi . Según él, la obra de Pausanias no es concebida como una descripción geográfica y turística, sino como una colección de lógoi en primer lugar; la periegesis no sería más que una excusa literaria, como el banquete en Ateneo, el marco exterior de la narración para poder unir a los monumentos excursos de todo tipo. El total sería una historia multicolor, como las que se escribían entonces frecuentemente, una mescolanza de historias interesantes. Si así fuera, Pausanias no habría necesitado citar gran cantidad de monumentos que no sugieren ninguna explicación ni excursos particulares.
Robert se basaba esencialmente en que la Periegesis de Pausanias no merecía crédito como guía. Pero desde el momento en que los resultados de las excavaciones arqueológicas no dejan dudas sobre la “autopsia” de Pausanias, su obra es considerada primariamente como una guía19 para viajeros. La descripción de Grecia no es un medio, sino el fin principal del trabajo. El elemento topográfico, basado en una lista de monumentos, sería la médula espinal. Los lógoi ilustrarían una descripción que sin ellos podría ser monótona. El elemento topográfico es continuo y claramente sistemático, basado en el empirismo que caracteriza el andar del paseante. La elaboración en cuanto a la forma de las digresiones mitológicas e históricas es más ocasional y fortuita, carece en mayor medida de sistema y sentido de la proporción. Dice Casson20 que, si imprimiésemos el texto de Pausanias a modo de una guía moderna, con las introducciones históricas y las largas descripciones en tipo pequeño y los asuntos subordinados relegados a notas y apéndices, se vería claramente que el corazón de la obra es una descripción de monumentos y lugares que visitó en persona y observó cuidadosamente. De hecho, desde la Antigüedad ha sido utilizado como guía, tuviese él o no intenciones topográficas.
En lugar de largas descripciones con datos exactos de lugar, lo que hay son breves indicaciones destinadas al lector que ve ante sí los monumentos descritos. Expresiones como “Cruzando el Anigro en dirección a Olimpia por el camino recto, no muy lejos, a la derecha del camino, hay un lugar elevado…” (V 6, 4), “Bajando del ágora por el camino llamado Eutea hay un santuario de Apolo a la derecha del Prostaterio. Éste se encuentra apartándose un poco del camino” (I 44, 2), “El Apolo que está más cerca del león es de los masaliotas” (X 18, 7), “El hombre junto al que están los niños dicen que es Ptolomeo, hijo de Lago” (VI 15, 10), sólo tienen sentido si se piensa que el lector está ante el monumento mismo. Cuando se desvía de la secuencia topográfica, por regla general, lo advierte expresamente, aunque hay excepciones, como la descripción de Atenas, que es interrumpida varias veces e introducida de nuevo en otras partes. Pero en el libro I ya hemos dicho que se explica porque no había encontrado todavía un método oportuno de tratar su materia. Tampoco se sigue la secuencia topográfica en los lugares pequeños, en los que había poco que mencionar y era innecesario un riguroso cumplimiento del principio topográfico. También en Olimpia se apartó del principio topográfico, pues en Olimpia en un espacio relativamente pequeño están juntas una cantidad enorme de los monumentos más diversos. Describir estos monumentos en agrupación local supondría grandes dificultades. Entonces los distribuye por objetos: edificios más importantes, altares, ofrendas, primero las estatuas de Zeus, luego las otras ofrendas y, finalmente, las estatuas de vencedores, en las que domina en general el principio topográfico, con excepciones puestas de relieve por Pausanias (V 14, 4; 14, 10).
Sin embargo, recientemente se ha llegado a una estimación más equilibrada: así se ha puesto de relieve que los lógoi son parte integral, son esenciales, y no digresiones de los theōrḗmata21 . Son tan importantes los unos como los otros. La igualdad intencionada de ambos componentes lo muestra, por ejemplo, I 39, 3, que forma el cierre de la descripción del Ática: “Esto es, en mi opinión, lo más notable del Ática por lo que respecta a las tradiciones y monumentos…”. Ambos conceptos son realzados por Pausanias, y en ningún lugar de su trabajo nos dice que conceda preferencia a los theōrḗmata frente a los lógoi . Lo que le importa es “lo más notable”, y con esto se refiere tanto a uno como a otro componente. Además, los lógoi , el componente mitológico e histórico, no deben entenderse como digresiones entre otras razones porque formaban parte de la materia que atraía al “turista”, y que de hecho eran objeto de explicación por parte de los guías. Noticias de escritores antiguos nos muestran que los “turistas” de la época tenían predilección por los monumentos del pasado, y especialmente por los de tipo sagrado, al mismo tiempo que gustaban de la historia y de la mitología22 . De modo que, al seleccionar su material, Pausanias no sólo dejaba allí reflejados sus gustos, sino que intentaba complacer al “turista”.
Pero es tan extenso el material de los lógoi , y a veces tan accesorio, que da la impresión de que Pausanias lo incluyó con la esperanza de interesar a un círculo más amplio de lectores que no fueran precisamente “turistas” (que poco después de la muerte de Pausanias desaparecieron, cuando ya estaba totalmente arruinada la cultura antigua) y que pudieran encontrar entretenimiento e información en la lectura, tal vez hombres instruidos en el pasado y en la religión griega, eruditos amigos de curiosidades y de relatos extraños, sofistas, y ello tanto por la variedad de temas tratados como cuidando su estilo, según veremos, para que resultase una obra literaria. Evidentemente, Pausanias tenía intenciones literarias. Pero no se pueden separar los dos motivos, ni intentar averiguar si uno u otro predominó en la intención de Pausanias. Podemos decir con Reardon23 que las intenciones de Pausanias no son ni exclusivamente literarias ni exclusivamente históricas o periegéticas, sino culturales, en el sentido que el siglo II daba a este concepto. Pausanias quiere complacer recordando la herencia de la tradición, y lo hace emprendiendo y describiendo una periegesis auténtica, que al mismo tiempo es ya una obra literaria. Tiene intenciones literarias, quiere instruir y agradar, lo mismo que Arriano, Ateneo, Diógenes Laercio, Polieno, pues la paideia que informa las obras de todos ellos y todo el periodo es el mundo griego, la historia, la vida griega. Precisamente Reardon, teniendo como precedentes los estudios de Marrou y de Bompaire, nos ofrece una interesante visión de conjunto de la literatura y la cultura de los siglos II y III d. C. y pone de relieve su capacidad de conservar y transmitir las ideas de fondo de la civilización griega; y en este sentido no hay siglo que sea más consciente, respetuoso y afianzador de esa tradición que el s. II . Así se explicaría “el arte por el arte” como una consecuencia natural de la fidelidad a la tradición literaria, y también la mimesis, expresión literaria del concepto de “educación”, de la paideia .
El título de la obra de Pausanias parece haber sido, según hemos visto, Helládos Periḗgēsis , y a él se le ha llamado el “Periegeta” y el “Guía”. Periegetas se llama a los cicerones o guías que existían en muchas ciudades desde antiguo. Sin duda, en el siglo II hubo un florecimiento del turismo porque existían las condiciones adecuadas, y había guías en muchos lugares interesantes, dispuestos a acompañar al turista y enseñarle todas las curiosidades y a contarle todas las anécdotas a cambio de una retribución24 . La actividad de los periegetas aparece muy bien caracterizada en Plutarco (de Pyth. or . 395a). La actividad de los periegetas se llama periḗgēsis y el verbo empleado es periēgéomai “llevar alrededor”, “hacer ver en detalle”, o su equivalente perieltheîn , y antes en Platón (Fedro 230c) tenemos xenageîn “conducir a extranjeros, servirles de guía”. Pero la periḗgēsis designará también un trabajo de literatura, que es una descripción o explicación detallada de tipo anticuario, histórico, mitológico, de regiones, ciudades, santuarios, grupos de monumentos.
El género de la literatura periegética había comenzado en el s. III a. C. Por lo tanto, llevaba varios siglos de andadura y se cierra con Pausanias, autor de la única obra completa del género que ha llegado a nosotros. Tiene puntos de contacto con otros géneros literarios, como la geografía, la historia local, la mitología. Ha sido utilizado a veces como sinónimo del periplo o del periodo de los geógrafos, pero aunque se relaciona con éstos es un género independiente. Sus orígenes hay que buscarlos en Hecateo de Mileto, en las Genealogíai (estudios étnicos) y en la Períodos gês (descripción geográfica), salidos de la poesía épica, en los Períploi (circumnavegaciones o descripciones de las costas), escritos para uso de los navegantes, en las Historias de Heródoto, donde se describen países y pueblos no griegos.
Su época de surgimiento como género independiente y de florecimiento fue la helenística en relación con los esfuerzos de entonces por reunir la herencia del pasado y explotarla científicamente, y se acepta que el estímulo para ello remonta a Aristóteles. No ha sobrevivido apenas nada de la abundante literatura periegética, excepto citas de fragmentos, nombres de varios autores y unos cuantos títulos. Bischoff25 da una lista de 68 nombres que la tradición transmite como periegetas, o bien que a la vista de sus fragmentos se pueden incluir entre los periegetas, de los cuales se pueden utilizar para una historia de la Periegesis apenas unos diez, y no con seguridad. Los gramáticos se han interesado bastante en este tipo de literatura. De los escasos restos de la literatura periegética que ha llegado a nosotros se pueden sacar algunas conclusiones, no muchas, sobre el contenido, forma y fin de este género literario.
Se suele distinguir26 entre una periegesis geográfica, que remontaría a Hecateo y Heródoto, aunque limitada a un espacio más reducido, comarcas o ciudades individuales, con mezcla de intereses eruditos y prácticos, y una periegesis histórica o anticuaria, que no tiene un interés geográfico y que va expresamente a las antigüedades, especialmente los monumentos. La periegesis geográfica puede tomar material de la periegesis anticuaria (sería el caso de Pausanias). La histórica o anticuaria trata detalladamente los monumentos, bien en grupos del mismo tipo, bien todos los monumentos de un determinado lugar o santuario, o bien se mezclan estos dos principios. Conservamos títulos como éstos: Descripción de Siracusa, Descripción de Troya, Descripción de los tesoros de Delfos, Descripción de los tesoros de Atenas , etc. Se pretende hacer una descripción lo más completa posible del tema que se elige, y no solamente el emplazamiento y el aspecto, sino su historia, su valor anticuario, aspectos mitológicos o anecdóticos en relación con ellos. Esto, evidentemente, lleva a extensos excursos, que pueden apartarse mucho del tema principal. La limitación topográfica permite un mayor detalle y exactitud en los comentarios sobre los monumentos. La explicación es fundamentalmente histórico-anticuaria, pero no artística. No cabe duda de que estos eruditos reunían un inmenso material para explicar los monumentos de manera cuidadosa y exacta.
Los autores más famosos son Diodoro (de la segunda mitad del s. IV o del s. III a. C.), Heliodoro de Atenas (del s. II a. C.) y, sobre todo, Polemón de Troya (del s. II a. C.), escritor culto, que busca lo raro con un sentido genuinamente científico, que en su abundante producción expuso su cuidadosa investigación personal y que tocó muchos temas de la cultura griega: tradiciones mitológicas, problemas gramaticales, formas de culto, ciencias naturales, geografía, historia. No despreció el hacer una descripción interesante por medio de todo tipo de anécdotas e historias, pero en general estos autores pertenecen al campo de la literatura propiamente científica, no prestan demasiada atención a la forma estilística y son designados expresamente como periēgētaí , representando la Periegesis en su forma más pura.
El tránsito entre Hecateo y la logografía jónica a la periégesis de Polemón (s. II a. C.) lo representan el papiro de Hawara, publicado por Wilcken en el Genethliakon für Robert (Berlín, 1910), y Heraclides Crítico. La periegesis de Hawara es un ejemplo temprano de una guía de viajeros. Su autor vivió en el s. III a. C., y los fragmentos conservados en el papiro de alrededor del 100 d. C., muy breves, contienen una periegesis de Atenas que va en orden topográfico del Pireo a Atenas. El autor señala un par de edificios que le llaman la atención y distingue entre lógoi y theōrḗmata .
Por lo que respecta a Heraclides, autor en el s. III a. C. de un trabajo perì tôn tês Helládos póleōn , del que se conservan fragmentos bajo el nombre de Dicearco, no tiene interés ni anticuario ni artístico. Su obra, a juzgar por lo que conservamos, es una periegesis del Ática y de Beocia, impresiones de viaje compuestas a la manera de una guía turística, y basadas en la observación de la vida presente, de la fauna y de la flora, sin lógoi con un estilo cuidado.
Parece, pues, que hay una gran diferencia entre Pausanias y sus predecesores: éstos escribían monografías sobre lugares concretos, incluso monumentos concretos, para un círculo más restringido de lectores instruidos, mientras que el fin de Pausanias es de mayor envergadura y para un público más extenso: escribir un libro-guía de los lugares y monumentos dignos de mención de toda Grecia, un libro que instruyese y complaciera al mismo tiempo.
Pausanias habla muy poco de las fuentes que ha utilizado, no cita obras que ha debido de consultar, y las que cita, en su mayor parte, se han perdido o no quedan de ellas más que fragmentos. De manera que es tarea dificilísima y poco fructífera intentar identificar los autores no citados, pero utilizados, y las obras desaparecidas. Por otro lado, no hay que olvidar que Pausanias era un hombre culto, con amplio conocimiento literario, y que gran parte de los datos que nos transmite son lugares comunes, aprendidos en las escuelas, que se repetían en todas partes, y que no podría precisar de dónde procedían.
En este aspecto hay que distinguir entre la parte histórica o explicativa y la periegética o descriptiva. Para la primera ha tenido que depender necesariamente (salvo para los acontecimientos que sucedieron durante su vida) de documentos escritos o de relatos orales. Para la parte periegética o descriptiva no ha necesitado de otros, le han bastado sus ojos, aunque haya podido consultar también otros autores.
A) En cuanto a la parte histórica, ha utilizado muchas fuentes literarias , en primer lugar los poetas épicos, sobre todo para sus relatos de época mítica y heroica. Entre los poetas, el que le merece más confianza es Homero (II 21, 10): es una autoridad en cuestiones mitológicas y leyendas y lo cita numerosísimas veces. Pero también utiliza otros poemas cíclicos y épicos como la Naupactia , los Cantos Ciprios , la Iliupersis , la Pequeña Ilíada , la Miníada , la Edipodia , la Tesprótide , los Nostos , la Tebaida , colocando esta última inmediatamente después de las dos grandes epopeyas de Homero, ya que para él es también obra suya. De Hesíodo no habla muy bien, y aunque no tiene duda sobre su paternidad de los Trabajos , la tiene sobre la de la Teogonía y la de las Grandes Eeas . Cita a Asio de Samos, Cinetón de Esparta, Aristeas de Proconeso, Paniasis. De Eumelo de Corinto sólo cree que es auténtica una de las obras que se le atribuyen. También desconfía de la atribución de algunos versos a un antiquísimo Filamón de Argos. Cita las Argonáuticas de Apolonio y conoce al poeta alejandrino Euforión de Calcis. Cita los himnos de Panfo y de Olén, que le interesa por su participación en los ritos de Ilitía, así como por el papel que juega en los comienzos de los cultos de Delos y Delfos. De Museo tiene sólo por auténtico el Himno a Deméter . Los Himnos Órficos los tiene en gran estima, son para él casi equiparables a los homéricos, pero no todo lo que se atribuye a Orfeo es auténtico, parte de ello es atribuible a Onomácrito. Es consciente de que hay muchas obras tardías que circulan con nombres que no les corresponden (cf. I 14, 3; 22, 7; II 37, 3; VI 18, 6, etc.).
De entre los líricos conoce los poemas de Alceo, Alcmán, Arquíloco, Safo, Píndaro, Estesícoro, Telesila de Argos, Praxila de Sición. Al que más cita es a Píndaro.
Tiene poco interés en los trágicos. Con el que más simpatiza es con Esquilo. No cita jamás a Eurípides como fuente, una sola vez a Sófocles, otra a Aristófanes.
En cuanto a los historiadores, parece haber utilizado mucho a Heródoto (para la historia griega hasta las Guerras Médicas), a Tucídides, en menor medida, para la Pentecontecia, y a Jenofonte, junto con Tucídides, para la Guerra del Peloponeso, aunque a estos dos últimos apenas los cita. Pausanias presupone que los grandes trabajos de historia son conocidos y renuncia a explicaciones con la advertencia de que son generalmente conocidos (I 23, 10; II 30, 4).
Otros historiadores que nombra expresamente Pausanias son Hecateo, Helánico, Filisto, Jerónimo de Cardia, Carón de Lámpsaco, Antíoco de Siracusa, Ctesias, Teopompo, Anaxímenes de Lámpsaco, Mirón de Priene. La actividad historiográfica de Polibio es recordada solamente en VIII 30, 8.
Aparecen citadas también historias locales, que suelen ser transmisoras de cuentos raros, de tradiciones singulares y anómalas: la obra en verso de Liceas de Argos, la Historia de Corinto atribuida a Eumelo, la de los atidógrafos Androción y Clitodemo, la Atthís en verso de Hegesínoo, la Historia de Orcómeno de Calipo, la de Hipéroco de Cumas y otros autores poco conocidos.
Apenas son utilizados los oradores, y falta casi totalmente la literatura helenística, con unas pocas citas de poetas y muy poco de historiadores. En cambio, sí utiliza la literatura de su tiempo.
No quiere decir que tenga que haber leído todos los autores que cita, sino que puede citarlos de segunda mano, pues muy probablemente la mayor parte de sus conocimientos procede de florilegios y manuales que había en gran número en su tiempo.
Pero, naturalmente, las fuentes citadas constituyen sólo una parte de las utilizadas. Es probable que utilizara, por ejemplo, a Plutarco para la biografía de Epaminondas, a Polibio para la historia acaica o la biografía de Filopemen, a Diodoro, a quien no cita.
En el terreno de la mitología, probablemente la fuente más importante es la Biblioteca de Apolodoro y también la obra de Filón de Biblos.
En el terreno de la taumasiología son posibles fuentes Filostéfano de Cirene e Isígono de Nicea, aunque aquí además de sus lecturas, hay que contar con la experiencia directa de Pausanias, en la que, naturalmente, cabe la exageración.
Ejerce una cierta crítica en relación con estas fuentes: cuando los relatos se contradicen, los sopesa y opta por el que le parece más verosímil o menos problemático. Así, cuando va a contar las guerras de Mesenia, cita expresamente sus fuentes: una historia en prosa de la primera guerra, obra de Mirón de Priene, y una en verso de la segunda, obra del megarense Riano de Bene. Y a propósito de una divergencia de estos autores acerca de la fecha de Aristómenes (IV 6, 4), prefiere el testimonio de Riano al de Mirón, pues, en su opinión, la verdad y la verosimilitud no son cualidades de éste. Ha visto los prejuicios que quitan objetividad a la obra de algunos historiadores, como, por ejemplo, la de Jerónimo de Cardia (I 9, 5), fuente para la primera época de la historia de los Diádocos, llena de parcialidad en favor de Antígono y de hostilidad hacia Lisímaco por haber destruido éste su ciudad natal; o la de Filisto en favor de Dionisio (I 13, 9), porque espera obtener la autorización de entrar en Siracusa.
Ha utilizado amplia y excelentemente el registro eleo de los vencedores olímpicos, que cita numerosísimas veces, quizá no los documentos originales depositados en los archivos de Élide, sino los publicados por el sofista Hipias de Élide, de los que seguramente circulaban varias copias.
Otra fuente de información son las tradiciones locales, orales u escritas, y los guías locales, a los que frecuentemente se refiere como anticuarios hoi tà archaía mnemōneúontes o exegēgētaí , o con expresiones similares (I 31, 5; 35, 8; 41, 2), que se encuentran en la mayor parte de los lugares importantes y de los que sin duda tomó tradiciones locales, medidas de edificios, información valiosa y datos interesantes, pero igualmente con espíritu crítico. No puede dudarse de que en cada lugar de Grecia había multitud de relatos orales sobre su historia, sus monumentos, su culto, que al menos conocían los instruidos del lugar o los sacerdotes.
La mayor parte de las veces es imposible distinguir la clase de fuente de la que proceden los datos de Pausanias. Las expresiones que pertenecen a la esfera de “decir” u “oír”, como légein, phánai, homologeîn, onomázein, kaleîn, akoúein, pynthánesthai , no siempre pueden referirse a tradiciones orales, pues las mismas expresiones son empleadas para las citas literarias. Es un modo antiguo general de citar. Algunas expresiones del tipo de légousi se consideran como arcaísmos imitados de Heródoto.
Otra fuente importante, que vale tanto para la parte histórica como para la periegética, y de la que Pausanias ha sacado numerosísimos datos, son las inscripciones. Las que conservamos prueban que Pausanias las ha interpretado correctamente cuando nos transmite su contenido o un resumen, pero también con espíritu crítico. Así, en el gimnasio de Anticira ve la estatua en bronce del atleta Jenodamo de esta ciudad (X 36, 9), ganador del premio del pancracio en Olimpia; pero Pausanias no encuentra el nombre en el registro de los Juegos Olímpicos, deficiencia de la que deduce que la victoria de Jenodamo debió de tener lugar en la 211.a olimpiada, que es la única que falta en el registro.
Pausanias ha transcrito numerosas inscripciones, principalmente métricas, palabra por palabra, y ha resumido un buen número de ellas a lo largo de todos sus libros, pero especialmente en el V y en el VI, en el V las que están grabadas en los monumentos de Olimpia, y en el VI las de las basas de las estatuas de los vencedores. Pausanias describe unas doscientas estatuas de vencedores. Cada inscripción de este tipo incluye habitualmente el nombre del atleta, su patronímico, su étnico, la prueba en la que fue vencedor y el escultor que hizo la estatua, y frecuentemente la fecha de la victoria y otros datos que pudieran ser interesantes. Pausanias toma los datos que le interesan y pone buen cuidado al expresarse en distinguir lo que está en el texto de la inscripción en cuestión y lo que, dado el caso, es añadido como explicación del autor a través de un “parece”, o “se dice” o giros parecidos, lo cual demuestra su esmerada honradez.
Unas ciento cincuenta basas con inscripción de estatuas de vencedores han sido encontradas. En unos treinta y tantos casos se puede comparar la inscripción original con el resumen de Pausanias. Y entonces se nos muestra que copió lo esencial de las inscripciones, que lo hizo con el mayor cuidado y que tuvo que saber leer varios alfabetos antiguos, distintos dialectos, y que frecuentemente ha superado las dificultades que las piedras desgastadas presentaban. También se da el caso de que aparezcan errores y fallos en el informe de los hechos verdaderos o conclusiones falsas. Es particularmente notorio el caso del pórtico de los atenienses, construido, según Pausanias (X 11, 6), con las riquezas ganadas en la Guerra del Peloponeso, pero que en realidad lo fue con ocasión de las dos batallas del Euripo en el 506, en que los atenienses vencieron a los beocios y a los calcidios. En el pórtico hay una inscripción de alrededor del 500 a. C. (BCH 1881, 700) que alude a esta victoria. La inscripción que enumera las ciudades vencidas y a la que se refiere Pausanias era la que estaba dentro del pórtico y hace referencia a trofeos marítimos y a escudos consagrados durante la guerra del Peloponeso (la campaña de Formión tuvo lugar en el 429 a. C.). Tal vez no se dio cuenta de la diferencia de caracteres gráficos entre ambas dedicatorias, separadas casi por un siglo. Sus datos son fidedignos, aunque sus interpretaciones alguna vez puedan fallar.
Cabe preguntarse hasta qué punto es fiel a las formas dialectales que encontró Pausanias en las inscripciones cuando las transcribe palabra por palabra, si copió las inscripciones tal y como las leyó o bien las modificó, si introdujo cambios por formas dialectales más conocidas para él y sus posibles lectores, porque sería de esperar que, dados la precisión de sus descripciones y su interés por la conservación del pasado, también pusiese el máximo interés en mantenerse lo más fiel posible a los documentos de ese pasado, que sin duda ninguna vio. Son muy escasas las inscripciones citadas textualmente por Pausanias cuyo original ha sido encontrado. Son muchas, en cambio, las citadas textualmente, en su mayoría métricas, pero no encontradas. Las tres inscripciones citadas textualmente que han sido encontradas, pero en un estado muy fragmentario, son V 10, 4; V 22, 3 y V 24, 3. Observamos en este sentido una modernización de grafías en el texto de Pausanias y la sustitución de una forma dialectal por otra más docta. Por lo demás, el texto de Pausanias es fiel al de las inscripciones en cuestión. Los cambios observados pueden deberse al propio Pausanias o a la transmisión27 .
Por lo que respecta a las inscripciones métricas citadas textualmente, pero no encontradas, en total 28, hemos observado en nuestra investigación unas características lingüísticas semejantes a las que poseen las inscripciones en verso de las distintas regiones de Grecia, que han sido estudiadas por K. Mickey28 . En la lengua de estas inscripciones existe una gran uniformidad: se tiende a evitar las formas características de los dialectos locales y se encuentran en ellas un buen número de formas no locales, especialmente sacadas de las lenguas literarias. Teniendo en cuenta esta tesis, quizá no habría que esperar grandes diferencias entre los originales y la forma que nos ha llegado de Pausanias, dado que la transmisión del texto, según veremos, presenta muy pocas variantes, especialmente por lo que a la lengua respecta. Su fidelidad a estos documentos antiguos, no sólo de contenido, sino de la forma, creemos que es patente, aunque no se pueda demostrar en detalle si la modernización de la grafía o la sustitución de alguna forma dialectal por otra más docta se debe a él o a la transmisión. En cualquier caso, es evidente que Pausanias hace observaciones de tipo lingüístico y nos da noticias sobre la historia y la prehistoria de la lengua griega: “antes de que los Heraclidas retornaran al Peloponeso, los argivos hablaban el mismo dialecto que los atenienses” (II 3, 7); o sobre el cambio o permanencia de un determinado dialecto: “los megarenses cambiaron tanto sus costumbres y su lengua que se convirtieron en dorios” (de atenienses que eran) (I 39, 5); “los mesenios anduvieron errantes fuera del Peloponeso aproximadamente trescientos años, en los cuales no abandonaron ninguna de sus costumbres patrias ni olvidaron el dialecto dorio, sino que conservaron, incluso hasta nuestros días, el dorio más puro del Peloponeso” (IV 27, 11); nos habla de diferencias dialectales en el vocabulario y en la fonética: por ejemplo, que llaman Badi al río en dialecto local (V 3, 2), que las imágenes de Zeus son llamadas Zanes por los nativos (V 21, 2), y otras (II 32, 10; V 17, 5; VIII 23, 3; 25, 6; etc.); o hace sus observaciones sobre el modo de escritura de las inscripciones: habla del bustrofedón, de inscripciones en vueltas difíciles de seguir (V 17, 6), en letras antiguas (V 22, 3), con las letras de derecha a izquierda (V 25, 9), escritas en dórico (II 27, 3)29 .
B) Por lo que respecta a la parte descriptiva o topográfica, también podríamos preguntarnos si el conocimiento de los lugares y de los monumentos que describe se debe a su propia observación o a los libros, o a las dos cosas a la vez. Pausanias nunca confiesa haber tomado en préstamo ninguna de las descripciones a autores anteriores, y a veces afirma haber visto lo que describe explícitamente, idṑn oîda “conozco porque lo he visto” (V 12, 3; 20, 8; IX 39, 14), o implícitamente, théas áxios
