Dragontime y Cleopatra - Santiago García-Clairac - E-Book

Dragontime y Cleopatra E-Book

Santiago García-Clairac

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Beschreibung

Patrick Vernier descubrió en el pasado que sus padres crearon un doble suyo: Rick, un holograma que viaja en el tiempo con Dragontime, un satélite con forma de pájaro. La vida de Patrick transcurre con normalidad hasta que la pulsera Edit Explorer le muestra que Rick ha viajado a Egipto, en la época de Cleopatra. A partir de este momento, Patrick y sus compañeros de aventuras investigarán los motivos del misterioso viaje de Rick.

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Seitenzahl: 104

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Índice

El autor: Santiago García-Clairac

Para ti…

Patrick Vernier

1. El pájaro nocturno

2. La presentación

3. Ciudadano romano

4. El viaje

5. El juicio

6. En Alejandría

7. El escriba

8. La fortaleza

9. Infiltrados

10. La conexión

11. El doble

12. El pergamino

13. La reina

14. Peligro inminente

15. El incendio

16. Centurión

17. Alejandría en llamas

18. Rodeado

19. Fuego voraz

20. Sorpresa

Epílogo

Taller de lectura

Créditos

Santiago García-Clairac

El autor

•Nació en Francia en el año 1944 y, diez años después, se trasladó a España.

•Empezó a trabajar en publicidad en 1974 y publicó su primer libro infantil en 1994.

•Recibió el Premio Cervantes Chico en 2004.

•Hasta la fecha, ha publicado unos treinta libros dirigidos al público infantil y juvenil, entre los que destacan la saga de Maxi, el Aventurero, El Ejército Negro, El libro Invisible y Dragontime.

Para ti…

Los libros de viajes en el tiempo siempre me han fascinado. Consiguen que la imaginación se dispare.

Cuando me planteé escribir Dragontime, estaba cumpliendo un deseo oculto. Inventé una forma de viajar en el tiempo y un satélite con forma de dragón que transporta a un muchacho que, en la vida real, apenas puede caminar. Y lo mandé a una época subyugante: Egipto.

En el libro que tienes entre las manos, Patrick Vernier hace un viaje extraordinario a la Alejandría de Cleopatra, donde conocerá el famoso faro y la gran biblioteca que dieron fama a esta ciudad. Se encontrará con Julio César y la seductora reina de Egipto. Hubiera dado cualquier cosa por acompañarle… Espero que os guste y os haga soñar.

Patrick Vernier

ME llamo Patrick Vernier. Cuando tenía ocho años, sufrí un accidente de tráfico que me dejó encadenado a una silla de ruedas para toda la vida.

Ocurrió en las montañas Green, cerca de la frontera con Canadá, cuando mis padres y yo volvíamos de esquiar.

Mi padre conducía, pero él no tuvo la culpa.

No fue por las placas de hielo.

Fue la fatalidad.

Un accidente que nadie pudo evitar.

Cosas del destino.

Me trasladaron urgentemente, en helicóptero, a Nueva York, donde el doctor Keaton me operó varias veces y consiguió salvarme la vida.

Pero las cosas no salieron del todo bien.

Ya no podré caminar como antes.

La cicatriz que hay sobre mi ceja izquierda tampoco desaparecerá.

Algunas veces no respiro bien, me falta el aire, y esto me obliga a llevar siempre una bombona de oxígeno cerca.

Aprendí a resignarme.

Pasé mucho tiempo en la cama, leyendo libros, imaginando mundos lejanos y fantásticos, olvidando la realidad.

Mis padres se marcharon por trabajo y me quedé solo con tío Henry, en nuestra casa de Nueva York.

Está frente a Central Park, donde suelo pasear en silla de ruedas o con muletas cuando tengo fuerza suficiente para hacerlo.

He estado muchas horas en el gimnasio para poder andar con muletas y mejorar algo mi condición de vida.

He hecho un grandísimo esfuerzo para no depender siempre de la silla de ruedas.

Ahora la utilizo solo cuando estoy muy cansado.

Por suerte, tío Henry escribe novelas fantásticas y de aventuras y me animó a hacer algo que nunca había pensado: escribir.

Ahora, gracias a él, me he propuesto ser escritor.

Un buen motivo para vivir, ¿verdad?

Tengo mucho tiempo libre para inventar y escribir historias.

He empezado un libro de aventuras que se titula Dragontime.

Cuenta la historia de una máquina que viaja en el tiempo: un satélite con forma de dragón.

Es una fantasía literaria basada en hechos reales y secretos.

Tengo todo lo que necesito; tan solo echo de menos a mis padres, que viven en Cabo Cañaveral por culpa de un trabajo muy absorbente que les aleja de mí.

Mi vida ha transcurrido entre la rutina, el aburrimiento y las ensoñaciones hasta que cumplí quince años.

Entonces, pasó algo que la cambió por completo.

Fue algo asombroso e inesperado.

El episodio que os voy a contar solo es una muestra de mi vida actual…

Y aunque os parezca increíble, os aseguro que fue absolutamente real…

O eso me parece a mí…

A veces, miro por la ventana y me parece verlo, ahí, flotando en el espacio, buscando la forma de colarse por alguna rendija espacio-temporal para viajar al pasado.

Dragontime…

1El pájaro nocturno

AQUELLA noche del año 40 a. C., el mítico faro de Alejandría brillaba serenamente en la oscuridad del cielo.

El puerto estaba en silencio y los centinelas romanos y egipcios se sentían tranquilos y seguros. Había muchos barcos del ejército enemigo de Ptolomeo, pero no estaban preparados para atacar. Los hombres de Julio César y Cleopatra lo sabían. Por eso estaban confiados.

La noche era apacible.

—¿Alguna novedad, Cromis? –preguntó el jefe de la patrulla romana al oficial de los centinelas egipcios.

—Ninguna, Óptimo. Todo está en orden, bajo control –replicó Cromis, poniéndose en pie–. ¿Queréis probar nuestro vino egipcio?

—Claro que sí –dijo Óptimo, guiñando un ojo a sus hombres–. No creo que esta noche haya novedades.

—No se ve mucho movimiento en los barcos –dijo Cromis, alzando una jarra–. Creo que los hombres de Ptolomeo esperan la llegada de refuerzos–. ¿Hay algún plan para repeler el ataque cuando desembarquen?

—Eso está en manos de Julio César y de Cleopatra –dijo Óptimo, mientras alzaba la jarra, dispuesto a tomar un trago–. Ellos mandan ahora en Egipto. Nosotros solo tenemos que estar atentos a...

Se calló de repente.

—¿Qué es eso? –preguntó, alarmado, señalando al cielo–. ¿Qué es eso?

Cromis alzó la vista y su corazón se aceleró. Romanos y egipcios miraban el cielo perplejos.

Unas luces de colores parpadeaban arriba. Se adivinaba la forma oscura de un gran ser alado que, entre ondas parecidas a las que forman en el agua cuando se tira una piedra, se iba haciendo visible.

—¡Por Júpiter! –exclamó Óptimo–. ¿Qué es eso? ¿De dónde sale?

Cromis no podía articular palabra.

Los soldados tampoco eran capaces de hablar. La impresión les había paralizado.

La figura voladora mostró su forma definitiva, dejándose ver en todo su esplendor. Ahí estaba, majestuosa e inalcanzable, sobrevolando el faro.

—¡Es un pájaro! –exclamó Cromis–. ¡Es un pájaro ancestral! ¡Lo envían los dioses!

Había luces que vibraban en diversas partes del cuerpo del gigantesco pájaro volador y Óptimo las miraba embelesado.

Entonces, el pecho del pájaro se abrió y un cono de luz blanca se proyectó hasta el suelo, frente a la puerta del faro, a pocos metros del puesto de vigilancia. Algunos rayos azulados daban la sensación de que algo se movía en el interior del cono de luz… ¡Apareció un ser humano!

Apenas tuvieron tiempo de asimilar de dónde había salido aquella figura.

—¡Es un hombre! –bramó Cromis–. ¡Viene del inframundo!

El foco de luz desapareció y el individuo, que tenía los brazos en cruz y las piernas juntas, se quedó solo, a merced de los soldados, a pocos metros de ellos.

Óptimo desenfundó su gladius y apuntó al recién llegado:

—¡No te muevas! –le ordenó–. ¿Quién eres y cómo te llamas?

Al cabo de unos segundos, el desconocido dijo:

—Me llamo Rick y soy vuestro amigo.

—¿Quién te envía? –preguntó el romano, temblando de pánico–. ¿Qué quieres de nosotros?

—No quiero nada –dijo Rick, en tono amistoso–. Ya os he dicho que soy un amigo y vengo en son de paz.

Uno de los soldados romanos, que blandía una lanza, estaba muy nervioso y, sin pensarlo bien, con la vista nublada por el miedo, clavó la punta en el hombro de Rick.

¡Pero no le hizo daño! ¡Ni siquiera sangraba!

¡Era imposible que un pilum de acero se clavara en un hombre y permaneciera intacto!

Óptimo y sus hombres se dieron cuenta de que estaban ante algo inaudito y, quizá, peligroso. Ese Rick tenía que ser un dios o un hechicero.

Desde luego, no era humano. No era como ellos. No era de carne y hueso.

—¡Ahora veremos si también aguantas el acero de las espadas! –amenazó Óptimo que, en un inexplicable gesto de rabia, clavó su gladius hasta la empuñadura en el pecho de Rick.

Rick ni siquiera se inmutó.

¡Ahora no había dudas!

¡Ese individuo era inmortal!

Había que dar la voz de alarma y buscar ayuda.

—¡Es un diablo! –gritó Cromis.

Fue una señal inequívoca de que había que huir.

Rick les vio correr, empujándose unos a otros, gritando, haciendo aspavientos con los brazos.

Después, miró al cielo y vio que el gran pájaro desaparecía entre ondas.

Ahora solo le quedaba llevar a cabo su misión con eficacia.

Sabía que aquellos soldados volverían con refuerzos, así que le convenía desaparecer del lugar sin dejar rastro.

Sin pensarlo dos veces, se arrojó a las frías aguas del puerto; se zambulló, dispuesto a llegar a la ciudad que se extendía al otro lado.

Y se perdió en la noche.

2La presentación

TÍO Henry mira al público, toma aire y dice:

—La mejor manera de viajar en el tiempo es usar la imaginación. Ninguna máquina puede superar nuestra mente para conocer otros mundos.

El salón de la librería Bannister Books está repleto. Ha asistido mucha gente a la presentación del nuevo libro de tío Henry: La piedra prehistórica.

Bannister Books es una gran librería de la editorial Bannister, que publica los libros de tío Henry. Su propietaria es la señora Bannister, la mujer de un solo ojo.

—La piedra prehistórica es una novela de fantasía científica. Cuenta la historia de un explorador que encuentra casualmente una piedra muy antigua –añade tío Henry con enorme satisfacción–, con inscripciones mágicas que debe descifrar... Así empieza mi nueva novela…

—Henry Vernier escribe novelas de magia, aventuras y fantasía –interviene la señora Bannister, que está sentada a su lado–, pero esta novela se ha basado en una experiencia real.

—Hice un viaje a Polonia para seguir las huellas de una tribu prehistórica y acabé encontrando una auténtica piedra de hace quince mil años –continúa diciendo tío Henry–. Gracias a ello, pude escribir esta fantástica historia que hoy tengo el honor de presentarles; también, gracias a ello, he creado un nuevo personaje, llamado Pat Cassidy, que es un explorador.

Me mira y me hace un guiño.

—No quiero olvidar a los que me acompañaron en ese excitante viaje, que son los que me ayudaron a idear esta novela… En primer lugar, a mi sobrino, Patrick Vernier, que, a pesar de sus dificultades para caminar, no dudó en viajar hasta las montañas Cárpatos… Se portó valerosamente y estoy muy orgulloso de él.

Mi amiga Stefanie, que está sentada al lado, me aprieta la mano.

—Stefanie Bannister, que dejó la comodidad de su vida en Nueva York para acompañarnos… Vanessa Stillman, la historiadora que nos ayudó a descifrar todas las pistas… Y Ray, nuestro gran protector, que nos salvó de muchos peligros. A todos les doy mi más sincero agradecimiento… Y pido un aplauso para ellos.

El público nos dedica una enorme ovación.

Vanessa, Ray y Stefanie se levantan y yo alzo los brazos para que todos vean que respondo al extraordinario y emocionante homenaje de tío Henry.

—Mi hija Stefanie me convenció de que era muy importante que viajarais a Polonia –explica la señora Bannister–. Y me alegro muchísimo de que formara parte de esa extraordinaria expedición.

Mientras la señora Bannister explica cómo ocurrió todo, recuerdo el comienzo de esa fantástica historia. Mi memoria me lleva al día en que recibí una foto en la que yo estaba vestido de hombre prehistórico y… ¡Ahhhhh!

¿A qué ha venido este pinchazo en el hombro?

¿Qué ha sido este dolor?

Me siento inquieto.

Todavía tengo secuelas del accidente…

Esta vez he sentido un dolor muy agudo, atravesándome el hombro.

Intento recordar quien soy… Me llamo Patrick Vernier, tengo quince años, vivo en Nueva York y no puedo andar sin la ayuda de unas muletas por el accidente que sufrí hace siete años y que me dejó en esta silla de ruedas para siempre.

Los aplausos del público hacen que vuelvan a la presentación.

Ya ha terminado y tío Henry empieza a firmar libros.

—¿Qué te pasa? –me pregunta Stefanie–. Te veo nervioso.

—Estaba recordando el viaje a Polonia… Estaba recordando cosas… –digo con dificultad.

—Anda, vamos a saludar a Vanessa y a Ray.

Pero no necesitamos buscarlos porque los dos se han acercado.

—Hola, chicos –dice Vanessa–. ¿Os ha gustado la presentación?

—Nos ha hecho revivir muchas cosas –dice Stefanie, mirándome de reojo.

—Espero que el libro se venda bien –dice Ray–. Ha costado mucho trabajo… Hace poco, me han ofrecido algunos combates de lucha libre y me aburro tanto que me lo estoy pensado.