Ecos de Eco - Beatriz Elena Acosta Ríos - E-Book

Ecos de Eco E-Book

Beatriz Elena Acosta Ríos

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Beschreibung

La prolífica producción de Umberto Eco es un escollo no menor al aproximarnos a su pensamiento. Semiótica, filosofía, lingüística, crítica, literatura, historia, participan de su descomunal obra . Eco fue capaz de vincular los conceptos filosóficos más crípticos con producciones de consumo masivo. Este libro aborda su pensamiento e impronta cultural enfatizando en sus aportes a los estudios semióticos para vincularlos con la discusión estética contemporánea. Cada capítulo propone una aproximación polifónica y expandida que va desde los conceptos cardinales de su pensamiento, provenientes especialmente de la semiótica, hasta sus exitosas aventuras literarias en el gran mercado, algo que consiguió sin ceder un ápice en su frenética búsqueda enciclopédica. Les presentamos, así , una breve relación de los ecos de Eco. Umberto Eco's prolific output is no small stumbling block when approaching his thought. Semiotics, philosophy, linguistics, criticism, literature, and history are part of his extraordinary work. Eco was able to link the most cryptic philosophical concepts with mass consumption publications. This book explores his thought and cultural imprint emphasizing his contributions to the semiotic studies to link them with the contemporary aesthetic discussion. Each chapter proposes a polyphonic and expanded approach ranging from the cardinal concepts of his thought (especially from semiotics) to his successful literary adventures in the big market—something he achieved without compromising an inch in his relentless encyclopedic search. This is a brief account of Eco's echoes.

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Seitenzahl: 237

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Ecos de Eco. Aproximaciones semioestéticas al pensamiento de Umberto Eco

© Instituto Tecnológico Metropolitano

Hechos todos los depósitos legales

Edición: agosto de 2021

ISBN: 978-958-5122-45-1 (ePub)

ISBN: 978-958-5122-44-4 (PDF)

ISBN: 978-958-5122-43-7 (Impreso)

Compiladores: Beatriz Elena Acosta Ríos y Juan Diego Parra Valencia

Directora editorial: Juliana Cardona Quiros

Asistente editorial: Viviana Díaz

Correctora de textos: María Fernanda Aristizabal Arango

Diseño y diagramación: Mauricio Raigosa Álvarez

Sello Fondo Editorial ITM

Calle 73 No. 76A 354 / Tel.: (574) 440 5100 exts. 5197-5382

Editado en Medellín, Colombia por el Instituto Tecnológico Metropolitano

catalogo.itm.edu.co - fondoeditorial.itm.edu.co

www.itm.edu.co

Ecos de Eco: aproximaciones semioestéticas al pensamiento de Umberto Eco / Compiladores

Beatriz Elena Acosta Ríos y Juan Diego Parra Valencia. -- 1a ed. -- Medellín: Instituto Tecnológico Metropolitano, 2021.

(Litterae)

Incluye referencias bibliográficas

ISBN 978-958-5122-45-1

1. Umberto, Eco, 1932-2016. 2. Crítica literaria. 3. Semiótica. 4. Estética. 5. Arte y literatura. I. Acosta Ríos, Beatriz Elena, comp. II. Parra Valencia, Juan Diego, comp. III. Echavarría, Jorge Iván. IV. Soto, Gonzalo. V. Moreno Velásquez, Juan Gonzalo. VI. Montoya Gómez, José Jairo. VII. Serie

Catalogación en la publicación - Biblioteca ITM

Este libro es producto del proyecto «Transversalidades estéticas en la esfera semiótica. Elementos para un análisis semioestético de las artes» del grupo de investigación Artes y Humanidades en la línea Arte y Nuevos Medios del Instituto Tecnológico Metropolitano. Esta obra se inscribe en la gran área de las Humanidades, en las áreas del Arte y de Lenguas y Literatura, y en las disciplinas de Arte, Historia del arte, Estudios de literatura general, Teoría literaria y Filosofía.

Las opiniones expresadas en el presente texto no representan la posición oficial del ITM, por lo tanto, es responsabilidad de los autores quienes son igualmente responsables de las citaciones realizadas y de la originalidad de su obra. En consecuencia, el ITM no será responsable ante terceros por el contenido técnico o ideológico expresado en el texto, ni asume responsabilidad alguna por las infracciones a las normas de propiedad intelectual.

Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 1 Eco semiótico

Juan Diego Parra Valencia

DE UNA LÓGICA DE LA CULTURA A LA ABDUCCIÓN CREATIVA

Eco y la teoría de la mentira. Tensiones entre semiótica y semiología

La abducción. Investigación, creación, conocimiento

Eco abductivo y la tipologización de la creatividad

Primer tipo. Hipótesis o abducción hipercodificada

Segundo tipo. Abducción hipocodificada

Tercer tipo. Abducción creativa

BIBLIOGRAFÍA

CAPÍTULO 2 Eco estético

José Jairo Montoya Gómez

UMBERTO ECO Y EL ARCHIPIÉLAGO DE LA ESTÉTICA

Primer islote: la teoría del arte como estética

Segundo islote: Eco y las teorías del arte

Tercer islote: Eco y la historia del arte

Cuarto islote: Eco y una semiótica estética

Coda

BIBLIOGRAFÍA

CAPÍTULO 3 Eco kitsch

Beatriz Elena Acosta Ríos

ECOS DELKITSCHEN ECO

Una breve introducción

El comienzo

El gusto de las masas

Un caso para una conclusión parcial

BIBLIOGRAFÍA

CAPÍTULO 4 Eco literario

Jorge Iván Echavarría Carvajal

UMBERTO ECO, ESCRITOR O UMBERTO ECO, ORNITORRINCO

A modo de presentación

Los ecos de la infancia

El Grupo 63

Eco y la postnovela

La dietrología

Los territorios

Los guiños

El proceso

El bibliófilo

Umberto Eco superstar: el intelectual pop

Eco, periodista crítico del nuevo entorno electrónico

BIBLIOGRAFÍA

CAPÍTULO 5 Eco medieval

Gonzalo Soto Posada

Parte I. Baudolino o la vía láctea de Eco

Parte II. El hereje y la cultura de la risa

Parte III. Baudolino y el diferir de las diferencias

CONCLUSIONES

BIBLIOGRAFÍA

CAPÍTULO 6 Eco enciclopédico

Juan Gonzalo Moreno Velásquez

Antecedentes lejanos

Antecedentes cercanos

Encuentros cercanos

Código, diccionario, enciclopedia

BIBLIOGRAFÍA

NOTAS AL PIE

INTRODUCCIÓN

El libro que presentamos hoy a los lectores forma parte de los productos de la investigación «Transversalidades estéticas en la esfera semiótica. Elementos para un análisis semioestético de las artes», llevado a cabo por investigadores del Instituto Tecnológico Metropolitano y la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. El propósito fundamental del proyecto fue establecer una relación entre la estética filosófica y la semiótica para buscar una comprensión holística de la situación actual del arte y una concreta de obras artísticas que pueden considerarse epítomes de esa situación. El proyecto se enfocó, así, en la aplicación de los hallazgos más importantes de la semiótica y sus aportes a los estudios estéticos en la revisión de obras, cuyos contenidos vinculen elementos paradigmáticos de la manera como hoy se construyen y se reciben las imágenes, en todas sus dimensiones. La metodología de trabajo consistió en mesas de discusión y la planificación de actividades académicas que permitieran la unificación conceptual para el despliegue de análisis propios de cada investigador.

Entre los productos derivados, y que tuvieron que ver con las estrategias metodológicas, se puede destacar la organización de varios eventos nacionales e internacionales, de los cuales mencionaremos el ciclo de conferencias «Superficies de contacto» (agosto-noviembre de 2017), el «Seminario Internacional de Semioestética», impartido por el profesor catalán Pere Salabert Solé (abril de 2018); el «IV Encuentro Internacional de Estética y Filosofía del Arte» (agosto de 2018), el «III Encuentro Internacional de Estética y Nuevos Medios» (agosto de 2018) y el ciclo de conferencias «Los ecos de Eco» (septiembre-noviembre de 2016), como homenaje al pensador italiano, recién muerto. Los temas tratados a lo largo de aquellos meses fueron el germen de este texto, con el que pretendemos acercarnos a algunas de las cuestiones que atraviesan toda su obra, conscientes de que su magnitud y complejidad supera los alcances de estas páginas.

El presente libro, en consonancia con los objetivos de la investigación, y acopiando el material producido en los debates, se enfoca, pues, en la figura cardinal de Umberto Eco, representante de excepción del análisis semiótico de la cultura, que permea la discusión estético-filosófica contemporánea. El propósito principal es rastrear distintos modos en que Eco ha hecho eco en los escritores que aquí han sido convocados, por los intereses particulares y que constituyen las razones por las que han participado del proyecto, ya que todos confluyen en la pregunta por las relaciones entre la estética y la semiótica y en las posibles alternativas que, a partir de esas transversalidades, puedan proponerse para efectos de los análisis actuales sobre las experiencias artísticas. Todos los autores han utilizado en sus indagaciones personales la caja de herramientas legada por Eco, de ahí que sus miradas hayan contribuido de manera sustancial a crear una suerte de polifonía en la que resuenan las preocupaciones fundamentales del escritor italiano. Así, hemos organizado los diferentes capítulos con base en los temas tratados, de tal modo que el lector encuentre una continuidad entre ellos, aunque también puedan leerse de forma independiente. Lo dicho aquí no se circunscribe entonces a la historiografía del arte ni a la crítica, ni tampoco a la estética en su sentido moderno de estudio sobre la belleza, el gusto y las bellas artes, sino que proponemos múltiples cruces bajo lo que nombramos como semioestético, es decir, buscamos elementos de la semiótica (en su comprensión no solo simbólica o estructural, sino incluso geológica y paleontológica del desciframiento de los signos) que nos sirvan para comprender ciertos aspectos de la aisthesis (entendiendo entonces la estética desde su sentido primigenio y expandido de estudio filosófico sobre la percepción, de ahí que acudamos a la semiótica y no a la semiología) y viceversa.

En el primer capítulo, «Eco semiótico», Juan Diego Parra Valencia despliega el concepto de semiótica y sus convergencias y divergencias con la semiología, mostrando cómo la primera proviene del pragmatismo y concibe un signo triádico, en tanto la segunda se desprende la lingüística y concibe un signo diádico o binario opositivo. Además, en este sentido, el autor analiza in extenso el trabajo de Eco a propósito de lo que puede denominarse una semiótica unificada y que toma elementos de ambas vertientes, pero se decanta al final por la línea de los estudios semióticos iniciada por Peirce. Desde la perspectiva peirceana, más que un análisis del signo como factor representacional, se trata de establecer su funcionalidad dentro de la cultura, como eje constitutivo del pensamiento, más en el campo de la producción de sentido que en su adopción subjetivada y, por ende, naturalizada.

Al no hacer énfasis en la representación, sino en la producción de sentido, la semiótica se expande más allá de la lingüística y del logocentrismo saussuriano. Estos elementos son perfectamente tratados por Eco y se permite ampliar el campo de acción semiótico hasta las dimensiones creativas a través del concepto peirceano de abducción, que Eco desarrolla en algunas obras teóricas y que pone en acción en sus novelas. La abducción es un tipo de inferencia lógica alternativa a la deducción y a la inducción y sin la cual estas últimas, de hecho, no serían posibles, ya que ella contiene el principio de la creatividad. La abducción es conjetural, casualista y en ella juega un papel principal el aparato sensorial completo, de tal manera que se constituye en una forma de razonamiento en la que se recrea aquello que se infiere. El autor propone el desarrollo conceptual de la abducción como uno de los conceptos más importantes en el corpus semiótico de Umberto Eco.

Habiéndose planteado el territorio semiótico de la creatividad, gracias al concepto de abducción, el segundo capítulo, llamado «Eco estético» y desarrollado por Jairo Montoya, revisa el pensamiento de Umberto Eco en el contexto de las artes, en clave de una semiótica estética. Para dicho propósito, la estructura misma del texto nos sitúa en el carácter topológico y geológico de la experiencia estética y, en consecuencia, de los estudios estéticos que él plantea desde su expansión respecto a las reflexiones modernas. Nos encontramos con un texto compuesto por islotes que el profesor nombra a partir de la idea de Eco en lo que respecta al mar de la sensibilidad como un magma del continuum sensible. Así, el primer islote se refiere a la teoría del arte como estética; el segundo, a la relación de Eco con las teorías sobre el arte; el tercero, a las relaciones entre Eco y la historia del arte; y el cuarto, a la propuesta como tal de una semioestética de Umberto Eco. Para ello, el autor retoma los textos del semiótico italiano referidos al tema, dejando claro que para él, como se anunció en el primer capítulo sobre el «Eco semiótico», las obras de arte son indicios susceptibles de generar procesos de significación, lo que lo llevó a no emitir los juicios valorativos respecto de ellas, sino a tratar de comprenderlas como parte de ese mar de la sensibilidad al que también Eco se va a dedicar a propósito de la cultura de masas y de otras producciones no artísticas.

La estética para Eco vista así, es comprendida como semiosis o campo sígnico activo en la producción de sentido cultural. Dicha semiosis se expresa en «la enciclopedia» (concepto de Eco que se abordará en el último capítulo) y que configura la cultura como base de constitución e institucionalización del arte. Por ello, es posible considerar que la aproximación a la noción de obra artística, por parte de Eco, más allá de una teoría sobre el gusto y la belleza, se da en el orden mismo de la cultura como eje productor de sentido que deriva en lógicas, tanto de expresión como de recepción, dentro de las cuales deben considerarse los productos de consumo masivo en la era de la reproductibilidad.

Precisamente, como una consecuencia de las líneas abiertas por el asunto estético desde Eco, en el tercer capítulo, titulado «Eco kitsch», Beatriz Elena Acosta propone una lectura actual a la que podríamos denominar «semioestética del gusto», según Umberto Eco. Partiendo de una revisión de las formas en que el concepto kitsch logró insertarse en la cultura como sinónimo de mal gusto, Acosta se interna en las argumentaciones de Eco a partir de sus precedentes inmediatos y del contexto socio cultural en el que habitaba cuando se preocupó por el concepto. En la revisión que hizo el pensador italiano de la estructura del mal gusto, enmarcada en su acercamiento a las producciones de la cultura de masas, la autora observa, más que una crítica a las producciones, una herramienta analítica del fenómeno en cualquier momento de su historia, pues al concebir los productos kitsch en términos de mensaje y revisarlos desde los componentes de su estructura es posible inferir sus relaciones con los entramados técnicos y discursivos de cada época que, a la postre, impiden la separación sustancialista entre alta y baja cultura.

Precisamente el caso de Eco como autor literario y las consecuencias del impacto comercial de su obra, llevada de hecho al cine, y cuya influencia generó no poca producción literaria de best sellers que lo imitaban, permiten a la autora elaborar un panorama crítico de la producción cultural contemporánea en la que ya lo kitsch se aprecia no solo en la dimensión de la artisticidad, sino en los mecanismos de adopción, consumo y producción sígnica de la cultura. Y es justo esta versátil imagen de Eco como crítico de la cultura de masas y a la vez creador de obras de consumo, lo que permite internarse en su condición de autor literario y lector, que se abordará en el siguiente apartado.

El cuarto capítulo, «Eco literario», desarrollado por Jorge Echavarría, da cuenta del recorrido de Umberto Eco en su dimensión de escritor-creador a través de la literatura, no solo en términos de erudición, sino de producción de sentido, alternando universos fabulados con intereses históricos y archivísticos. Partiendo de lo que el autor denomina ecos de la infancia, Echavarría emprende un viaje por la experiencia creadora del escritor italiano, quien desbordó lo que se entiende por géneros literarios, cultivando muchos de ellos e incluso mezclando, componiendo así una obra inconmensurable. Su vasto conocimiento en lingüística, estética, semiótica, historia del arte, teoría de los medios de comunicación, obras de arte tradicionales, obras de arte populares, fruslerías de todo tipo, Edad Media, y demás, permitió a Eco acercarse con tranquilidad a formas de escritura que no hubiera conocido si no fuese por esa enciclopedia cultural.

El autor del capítulo despliega entonces esa multiplicidad de formas creadas por el pensador italiano a lo largo de su vida, pasando por novelas de largo aliento e incluso por escritos periodísticos y por reflexiones sobre los intercambios culturales en el contexto de las nuevas tecnologías de la información y de internet. En su inconmensurable capacidad de producción, Eco supo trasladarse de ámbitos académicos, con todo el rigor teórico, hacia el territorio propiamente artístico de la literatura, donde, además, consigue presentar de manera ficcionada su bagaje filosófico, destacando especialmente su interés por el mundo medieval, al cual supo dedicarle dos de sus más grandiosas novelas: El nombre de la Rosa y Baudolino. Sobre este tema capital en la producción de Eco versará la siguiente sección.

El quinto capítulo, «Eco medieval», corresponde a la conferencia dictada por el profesor Gonzalo Soto,1 en la que continúa la exploración de las profundas relaciones que Umberto Eco sostuvo con la literatura, pero centrándose en su extraordinario conocimiento sobre la Edad Media, la que casi podríamos pensar como uno de sus tiempos. El profesor Soto se centra en la novela Baudolino (2000), a través de la que despliega su revisión de las propuestas fundamentales del pensador respecto a la Edad Media. En el análisis, dividido en tres partes, revisa en primer lugar las Cruzadas, en las diferencias de significación que estas tuvieron para la cultura occidental cristiana y para la árabe; en un segundo momento, se detiene en el lugar que ocupa el hereje en medio de las tensiones entre una cultura impuesta de la seriedad y una cultura resistente de la risa y, en tercer lugar, el autor analiza Baudolino en términos del diferir de las diferencias, puesto que el hereje siempre habla desde lo otro.

Todo lo anterior sobrevolado por la semiosis, pues el profesor Soto hace énfasis, desde el principio, en el paso dado por Eco desde una poética del autor a una poética del lector, situando su obra en la perspectiva de una obra abierta, inacabada, infinita, en la que el personaje (en este caso Baudolino, pero en El nombre de la rosa, por ejemplo, Guillermo de Basquerville y el mismo Adso de Melk) interpreta (descifra) signos en el territorio diegético, acompañado por el lector, quien desde su lugar y con base en su enciclopedia cultural, completa a su manera la obra que le deja el escritor con intersticios en blanco. El concepto de hermeneusis aquí coincide con el de semiosis, según la condición estratigráfica de ambos gestos interpretativos; de ahí que el último fragmento del capítulo, citado por el autor, haga alusión al manuscrito que escribe Baudolino sobre las borraduras de un escrito que subyace, dentro de una gran red de conexiones rizomáticas soportada en la estructura del palimpsesto. El semiótico hurga en las capas de múltiples signos, del mismo modo que el hermeneuta lo hace en las capas del texto, atravesando regiones del tiempo y el pensamiento.

El sexto capítulo, que presentamos como cierre conclusivo del libro, tiene por nombre «Eco enciclopédico», y sintetiza lo tratado en la conferencia dictada por el profesor Juan Gonzalo Moreno,2 en la cual se ubica el concepto de enciclopedia como el eje fundamental del pensamiento de Umberto Eco, toda vez que expresa su espíritu ilustrado de erudición creadora. El profesor Moreno se remonta a los orígenes del concepto y a su trasegar por la tradición occidental, hasta configurarse definitivamente como lo conocemos hoy a finales del siglo XIX, coincidiendo ese proceso de consolidación conceptual con otros en los terrenos de las ciencias exactas y de las ciencias humanas; todos los que luego recogerá Eco para construir su propia y unificada teoría semiótica.

En este capítulo resuenan elementos de todos los anteriores, del mismo modo que se continúa el trabajo por delimitar el objeto de estudio de la semiótica respecto del de otras disciplinas e incluso del de la semiología, dando un efecto circular al encontrarse con el primer capítulo. El autor concede especial atención al paralelismo entre las vidas de Saussure y de Peirce, los dos troncos axiales de los estudios sobre los signos, al mismo tiempo que señala las diferencias en sus concepciones, que determinarán las dos líneas de pensamiento en lo que a ellos respecta para llegar a la idea de la semiosis infinita, desde la cual se articula su empresa intelectual de análisis de la cultura como máquina productora de sentido. En esta indagación, que intercala el pensamiento de Eco con las tradiciones teóricas del siglo XX, Moreno completa la indagación, iniciada en el primer capítulo por Juan Diego Parra y continuada por los demás autores, sobre las posibilidades que abre para los estudios estéticos contemporáneos la inclusión de los instrumentos semióticos en sus investigaciones. Es ese, tal vez, uno de los ecos que más nos siguen resonando de Umberto Eco, hasta ahora.

Los compiladores

CAPÍTULO I

ECO SEMIÓTICO

Juan Diego Parra Valencia

DE UNA LÓGICA DE LA CULTURA A LA ABDUCCIÓN CREATIVA

Si bien este capítulo parte de la idea del eco semiótico, tratando de reconocer las bases del trabajo específico de Umberto Eco en esta disciplina del saber, consideramos que, por razones que se explorarán más adelante, sería mucho más pertinente resaltar la novedad que, en términos teóricos, él supo darle a un término escurridizo proveniente de las teorías semióticas de Charles Sanders Peirce, denominado «abducción». Este término fue, incluso para Peirce, un elemento ambiguo dentro de su propia producción y solo adquirió valor conceptual al final de su vida en la primera década del siglo XX. De hecho, en el saber popular la palabra abducción tiene un significado muy diferente a su origen semiótico: se le relaciona con la ufología y el mundo paranormal de las experiencias con extraterrestres. Más allá de este contexto cultural, Eco, en colaboración con el lingüista norteamericano Thomas Sebeok, logró establecer, a partir de la década de los años 80, un juicioso análisis de las implicaciones de la abducción en los ámbitos de la ciencia, la filosofía y el arte como formas paralelas de investigación y creación, las cuales dotan de sentido la experiencia de lo real.

Eco y Sebeok lograron trazar una ruta causal que lleva al modelo semiótico de Peirce hasta la constitución de un ethos analítico que ha permeado la cultura popular y la sociedad de consumo a través del personaje de Sherlock Holmes y sus estrategias de investigación, las cuales resuenan en la narrativa policíaca que tendrá fuerte influencia en los relatos de cine y televisión contemporáneos. Uno de los estudios más destacados en este ámbito fue el libro compilatorio, coordinado por ambos, El signo de los tres (1983). Es en este libro donde veremos la poderosa contribución de Eco al que fuera uno de los elementos más innovadores de la propuesta peirceana, al análisis semiótico de la realidad desde una perspectiva lógica y no solo lingüística. Antes de explorar el sentido de la «abducción» es preciso demarcar un poco el campo de estudio que involucra a Eco dentro de la tradición semiótica, toda vez que su trabajo en el área ha pretendido ser una transversal entre la semiología estructuralista de Ferdinand de Saussure y la semiótica de Peirce.

Varias son las obras que Eco dedica directamente a las lides de los signos y los significados: aparte de una significativa cantidad de artículos y capítulos, destacaremos los libros Obra abierta (1962), La estructura ausente (1968), Signo (1973) y Tratado de semiótica general (1976). Vistos en retrospectiva, dichos ensayos dan cuenta de la evolución en sus abordajes teóricos y, sobre todo, de su paulatino acercamiento a la corriente semiótica anglosajona, cuyo eje se sostiene en el filósofo y lógico-matemático norteamericano C. S. Peirce. La semiótica de Peirce es diferente a la tradición semiológico-estructuralista proveniente de Ferdinand de Saussure. Mientras que esta es de carácter dual-opositivo, aquella se formula desde la relación tríadica de elementos. El trabajo de Eco en el ámbito semiótico ha buscado establecer una relación entre Peirce y Saussure para configurar un estado general unificado del estudio de los signos, lo cual puede verse claramente en su libro Tratado de semiótica general, que debe entenderse como una suerte de suma semiótica, incluso un «estado del arte» acerca de los estudios sobre los signos que para entonces (años 70) se llevaban a cabo. Este trabajo le permitió a Eco depurar algunos aspectos concretos en las formas de pensamiento analítico acerca de la realidad y sistematizar plausiblemente el marco referencial para trazar lo que podría entenderse como la «teoría unificada de los signos».

Es importante anotar también que, en la descomunal obra de Umberto Eco, que comprende los estudios medievales, las teorías de la comunicación, la filosofía del lenguaje, los estudios estéticos y de la cultura popular, la semiótica es el eje sobre el cual podemos identificar las formas de aproximación y las metodologías de trabajo para todos estos temas. El sentido que adquiere la semiótica en la obra de Eco, como haremos notar más adelante, tendrá también implicaciones directas, tanto en sus formas de análisis como en su producción literaria. Por lo tanto, Eco no solo debe ser considerado un teórico de la semiótica, sino un activista de la forma de pensamiento sustentada en la semiosis general del mundo, que implica, además de reconocer las significaciones de lo real, posibilitar la construcción de estados alternativos de experiencia. De allí su especial interés en la literatura y las características propias de la obra en sentido ampliado («obra abierta»). Veamos primero la perspectiva desde la cual puede plantearse una semiótica ecosiana.

Eco y la teoría de la mentira. Tensiones entre semiótica y semiología

En general, los estudios semióticos han sido abordados desde dos perspectivas que podemos considerar fundacionales: el modelo lingüístico estructuralista saussureano y el pragmaticista de C. S. Peirce. Cada uno de los enfoques implica especificidades y características que, en cierta medida, los podrían hacer parecer antagónicos; sin embargo, en un análisis más riguroso, aunque evidentemente no son equivalentes, pueden complementarse. Justo esta fue la pretensión de Eco en su Tratado de semiótica general. El trabajo de Eco es, en alguna medida, similar al que desarrolla el lingüista ruso Yuri Lotman (1996), y de hecho nos será útil recurrir a un término acuñado por este para encontrar las implicaciones teóricas del Tratado de Eco. Lotman usa el término semiosfera para hablar de las implicaciones culturales provenientes de la mezcla de estas dos corrientes teóricas (la saussuriana y la peirceana) en el análisis e interpretación de la realidad (tanto en términos perceptivo-biológicos (como) simbólico-culturales). Lotman entiende en «todo el espacio semiótico como un mecanismo único (sino como un organismo) […] fuera del cual es imposible la existencia de la semiosis» (Lotman, 1996, p. 24).

Para Lotman, en sintonía con Peirce, la semiosis no es solo una instancia de significación o representación, sino un proceso de producción de sentido, una suerte de sistema abierto en el que el todo siempre es mayor que la suma de sus partes y, por lo tanto, existe una prevalencia de las relaciones con respecto a las cosas. Lo que importa no solo es el contenido significativo de las cosas, sino el valor existencial que se deriva de las relaciones entre las cosas; esto quiere decir que la instancia sustancial del mundo, o sea, su significado, se modula conforme se establecen tipos relacionales que generan nuevas instancias de significado. Por lo tanto, siempre será necesario considerar las propiedades emergentes en el sistema de relaciones, las cuales determinan cualidades más complejas en la definición de bordes o fronteras de un proceso de organización funcional, sea orgánica o social.

La semiosfera que conceptualiza Lotman (heredada de la idea de biósfera de Vladimir Vernadski),3 apunta al reconocimiento de los procesos dinámicos, más allá de las generalizaciones lingüísticas, que permiten reconocer los campos de percepción divergente, desde los cuales se da la organización parcial de la cultura, en sentido amplio, y la adaptación a escenarios de construcción simbólica. Desde una perspectiva saussureana podemos entender la semiosfera como un estado de convenciones sociales en el que se almacenan códigos culturales que atraviesan las épocas de manera diacrónica. La semiosfera, además, integra el campo de percepciones que se consideran hábitos o regularidades funcionales en la constitución de una idea acerca de la realidad inmediata. En esta medida, la semiosfera también puede considerarse como un punto de inflexión que logra emparentarse con la propuesta semiótica peirceana, según una dirección pragmaticista, que entiende la realidad desde la efectuación y las consecuencias, más que desde un modelo causal. Así, la idea de Lotman, emparentada con la de Eco en su Tratado, buscaría congeniar los campos bidimensionales del signo saussureano con el sistema triádico de Peirce en la comprensión de un diagrama amplio, que siempre remita a la idea de signo como eje del flujo informacional (no solo comunicacional) en nuestra comprensión de la realidad.

Es en esta medida que el trabajo de Eco se mueve a partir de una crítica general de la cultura (es decir, de la producción simbólica) para llegar a lo que él denomina la «producción de signos» en el plano perceptivo (Eco, 1977). El marco general de este análisis es evidentemente lo que Lotman entiende como «semiosfera» y que, como veremos, Eco describe como «campo semántico» y que derivará en una curiosa definición de la semiótica como «teoría de la mentira» (1977, p. 31), la cual veremos un poco más adelante. Para Eco, sin embargo, el sentido general del análisis debe promover una expansión del sentido a través de la propia producción simbólica; por lo tanto, es en las obras culturales (arte, ciencia y filosofía) donde se fomenta e incrementa el sentido de lo real. De allí que sea indispensable reconocer los distintos campos productivos del universo simbólico, a partir de los cuales también se gestan nuevas formas de percepción, lo cual expande el valor de lo real. Por ello, en su Tratado