Educación White - Maijo Roth - E-Book

Educación White E-Book

Maijo Roth

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Beschreibung

Educación White es una síntesis práctica y divulgativa de los principios y valores que Dios reveló a Elena G. White con relación a cómo educar. No se trata de una compilación de citas textuales, sino que es un conjunto de reflexiones, conceptos y consejos prácticos, así como algunas experiencias personales vividas por la autora, tras leer y estudiar por años los libros de Elena G. White y buscar la forma de aplicarlos en su experiencia como madre homeschooler. Este libro presenta más que los conceptos defendidos por Elena G. White sobre educación. Analiza al Maestro de los maestros y su método, basado en educar cultivando relaciones. Algo que no es de extrañar, ya que el aspecto relacional es fundamental como parte de su identidad y como Dios triuno que se revela a la humanidad. Educación White propone una educación tanto centrada en la relación como apoyada en la revelación bíblica del amor relacional. Su lectura no solo contribuirá a ampliar tus conocimientos, sino que te desafiará a buscar la excelencia en la educación. ¿Te animas a experimentarlo?

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Seitenzahl: 143

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Colección: Semillas de Esperanza

Título: Educación White

Autor: Maijo Roth

Edición, diseño y desarrollo del proyecto: Equipo de Editorial Safeliz

© Editorial Safeliz, S. L.

Copyright by © Editorial Safeliz, S. L.

Pradillo, 6 · Pol. Ind. La Mina

E-28770 · Colmenar Viejo, Madrid (España)

Tel.: [+34] 91 845 98 77 · Fax: [+34] 91 845 98 65

[email protected] · www.safeliz.com

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro (texto, imágenes y diseño), ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros medios, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del ‘Copyright’.

A menos que se indique otra cosa todas las citas bíblicas

han sido tomadas de la versión Reina-Valera 95®

© Sociedades Bíblicas Unidas, 1995.

ISBN: 978-84-7208-953-2

Abril 2022: 1ª edición

Índice

Introducción 5

Qué es la Educación White 6

Primera parte: el ABC de la Educación White 10

1. Primer escalón: el ‘espíritu’ de la Educación White 12

2. Segundo escalón: los pilares de la Educación White 16

3. Tercer escalón: bajada a la práctica 20

Segunda parte: herramientas para calar más hondo 36

4. La Palabra 37

5. Las historias: cuenta historias para enseñar contenidos y verdades 51

6. El diálogo 63

7. Las preguntas 70

8. Pensamiento reflexivo 76

9. Pensamiento creativo 80

10. Pensamiento cuidadoso 82

11. LIBI - Laboratorio de Investigación Bíblica 84

12. Educar en movimiento 92

Despedida 104

Anexo 105

Introducción

La educación tiene el desafío de preparar a las personas para afrontar el futuro, que es cada vez más incierto por los rápidos cambios tecnológicos y sociales. Por ello la educación está hoy en entredicho. Hay muchas propuestas educativas que tratan de proponer soluciones adecuadas a los tiempos actuales. Pero en muchas ocasiones no son más que una ideología que aprovecha estos momentos de crisis de referentes para disfrazarse de propuesta educativa.

Educación White es una síntesis práctica y divulgativa de los principios, pistas y valores que Dios mismo inspiró a Elena G. White con relación a cómo educar. No se trata de una compilación de citas textuales, sino que es un conjunto de reflexiones, conceptos y consejos prácticos, así como algunas experiencias personales. Todo esto es el producto de leer por años los libros de Elena G. White y buscar la forma de aplicarlos en mi experiencia como madre homeschooler.

En este libro se ofrece una combinación del ejemplo que Jesús deja al educar a sus discípulos, con los excelentes y detallados consejos sobre educación que Elena G. White recibe y transmite en sus libros. A pesar de su nombre, este libro trata, más que sobre Elena G. White, sobre el Maestro de los maestros. Y estudia su método, que se basó en educar cultivando relaciones. Algo que no es de extrañar, ya que el aspecto relacional es fundamental en su identidad como Dios triuno que se revela a la humanidad.

En esencia, Educación White propone una educación centrada en la relación, y basada en la revelación bíblica del amor relacional. Entiendo que un buen educador debe plantearse este reto en todos sus propósitos, aunque eso implique una reeducación personal.

Por todo esto, deseo de corazón que este libro te resulte tan valioso como a mí en el gran reto de educar como el Maestro.

Qué es la Educación White

No me preguntes cómo lo supe, pero crecí, desde niña, convencida de que la educación era mi única esperanza para un cambio de vida, un cambio de realidad y de destino.

Siempre vi a la educación como una búsqueda sincera del ideal, que luchaba por no radicalizarse en el camino. En realidad, crecí cerca de los escritos que nos enseñan sobre la Educación White y de personas que los aplicaban de forma literal. Sin embargo, no vi sabiduría ni inspiración en la mayoría de ellos. Sí pude ver, en cambio, sólidos ejemplos de lo que no quería repetir ni en mi vida, ni en la familia que soñaba formar.

Pasé muchos años sin tener claro lo que necesitaba hacer. Caminé en una intensa búsqueda diaria por comprender qué quería decirme Dios sobre la educación a través de Elena G. White. Tuve que aprender a leer sus textos en nuestros contextos y a abrir mi mente para escuchar más opiniones, valorar más estudios y considerar otras posibilidades. Y un día, de repente, se encendió una llama que arde hasta hoy y que me empuja a compartir todo lo que he ido comprendiendo sobre la Educación White.

He llamado a esta propuesta Educación White no solo porque es una educación inspirada en una persona con ese apellido: White, sino y a propósito de eso, buscando despersonalizarla, ampliarla como un concepto y no como un conjunto de párrafos escritos por una mujer del 1800, que habría que tomar al pie de la letra y seguir como un manual. Realmente la Educación White implica más que hablar de un método de estudio, implica hablar de un legado profético muy específico que Dios inspiró a Elena G. White. Su mensaje completo abarca una revelación distintiva doctrinal, que nos lleva a una verdad espiritual preciosa y, también, a una estructura y organización muy precisa y efectiva para que el movimiento adventista perdurase en el tiempo. Pero Dios inspira también en ella un legado en el ámbito de la salud y el estilo de vida, que nos lleva a tener instituciones médicas y sanitarias reconocidas internacionalmente, así como también una de las redes educativas cristianas más grandes del mundo.

Estamos hablando de algo mucho más profundo que un currículum, podemos decir que estamos ante una educación blanca [‘White’ quiere decir ‘blanco’ en inglés] en el sentido de pura, sin mancha. Educación White, por lo tanto, implica una educación que trasciende el aula y los contenidos académicos, trasciende los métodos o estrategias pedagógicas. La Educación White implica una espiritualidad muy definida, con un día de descanso como requisito imprescindible para educar un estilo de vida y con claros consejos sobre alimentación, que no responden solo al estado del cuerpo, sino a la habilidad de la mente. Una educación que comienza y termina en la familia, en el contexto familiar y de ahí se potencia al mundo.

Por eso, la Educación White implica hablar de padres indefectiblemente presentes, llenos de afecto y confianza, lo que permite encauzar la obediencia y disciplina de los primeros años, como años claves para dejar una impronta irremplazable; años donde el dominio propio, el autocontrol, a través del aprendizaje de un estilo de vida, será uno de los aprendizajes más importantes para el resto de la vida.

Por eso, cuando en esos primeros años (como mínimo hasta los siete años, pero idealmente hasta los diez) estamos presentes, mostramos que somos conscientes y coherentes con lo que decimos creer. Mejor aún si nos esforzamos por educar en un estilo de vida adecuado y en obediencia, y les llenamos de certezas sobre nuestro afecto hacia ellos y sobre nuestra genuina relación con un Dios Creador; si logramos reflejar su mirada amorosa, que encuentra siempre lo mejor en los demás, habremos educado las emociones, el autocontrol, la autonomía, el pensamiento crítico, la espiritualidad, los hábitos de meditación y el valor del sábado. Todo esto es la Educación White.

Podría decir que todos estos descubrimientos se ordenaron cuando me convertí en madre, en un intento por recordar lo importante. Convencida de que la inspiración que recibió Elena G. White en todos sus libros, a veces difíciles de leer en nuestra época, le permitía revelar principios educativos que la trascendían a ella, a mí y a todas las personas. Aquella búsqueda que había iniciado en mi adolescencia, deseosa de aprender a vivir de forma diferente a mi familia de origen, se terminó de concretar durante mi maternidad.

Estos descubrimientos no están cerrados. Sé que apenas comienzan. Pero he encontrado algunas cosas esenciales que he experimentado ya con mis hijas, así que las comparto con la certeza de que pueden marcar una diferencia en la educación de cualquier niño.

Prácticamente todas las ideas que mencionaré sobre la Educación White han sido tomadas de los libros referentes de Elena G. White sobre educación: Educación Cristiana, La Educación, Consejos para Maestros, Conducción del Niño, Camino a Cristo y El Deseado de Todas las Gentes. No encontrarás aquí una estructura exacta de esos libros, pero sí algunas citas directas y muchas aplicaciones y citas indirectas. He navegado decenas de veces en esos libros, intentando comprender qué era lo que hacía una diferencia entre nuestra propuesta y las de otros sistemas educativos. No trato de realizar una argumentación repleta de citas, sino de compartirte aquí ‘el espíritu’ de la Educación White. Para encontrar las citas exactas que lo inspiraron, te invito a leer tú mismo aquellos libros.

En toda esta búsqueda he estudiado también de cerca varios métodos y colegios que son referentes en la actualidad. Y así comenzó mi entusiasmo por compartir la Educación White, cuando vi que aquellos métodos educativos transmitían algo que me sonaba familiar. Tenía la sensación de que todo lo que contaban ya lo había oído antes. Efectivamente. Todas esas ideas esenciales de una educación que transforma o cambia al mundo, están en los escritos de educación que Elena G. White presenta. Pero, por alguna razón, nuestros ámbitos educativos se parecen muy poco a esas ideas originales ¿Qué nos ha pasado?

Tengo la impresión de que, en lo que respecta a la educación, cada generación ha ido menospreciando un poco más esa luz. Y así ha ido perdiendo sus virtudes y valores distintivos. Por eso comparto aquí mi esfuerzo por comprender y explicar el espíritu con el que fue escrito. Intentando rescatar y sistematizar los principios educativos más importantes que puedan hacer una diferencia en la experiencia del aprendizaje. Buscando clarificar algunos pilares exportables tanto para una familia como para una institución educativa. Puede parecer algo pretencioso, lo sé. Pero serás más justo conmigo si lo ves, en cambio, como algo apasionado.

Así que ven, acompáñame en este viaje al mundo de la Educación White y permite que esta búsqueda apasionada encienda también algo nuevo en ti.

Primera parte:

el ABC de la Educación White

Como te decía al inicio ‘White’ significa ‘blanco’. Me gusta este juego de palabras para aquellos que no conocen las creencias adventistas. Muchos de ellos, al leer “Educación White” en las redes, piensan que se trata de una ‘Educación Blanca’ en el sentido de pura, limpia, y eso me gusta. Después de todo, no se trata solo de Elena, o de ninguno de nosotros, y me gusta la idea de que, en nuestras mentes, cuando hablemos de la Educación White a lo largo del libro, nos quitemos la idea de que se trata de una mujer de la época victoriana diciéndonos qué hacer en el siglo XXI. Será mejor que asociemos Educación White a una educación pura, por ejemplo. Una educación más parecida al ideal. Una educación inspirada por el mismo Creador.

Me propongo, entonces, ofrecerte esta primera parte avanzando de mínimos a máximos. Es decir, quisiera proponerte que ajustes tus metas para aplicar la Educación White con expectativas realistas, intentando subir un escalón, luego otro y otro. Poco a poco. Para no renunciar a la primera que veamos un ideal demasiado alto (esto es lo que suele ocurrir al leer los libros de Elena G. White) Ojalá, por el contrario, se despierte tu deseo de leer sus escritos con otros ojos. ¡Vamos a intentarlo!

El primer escalón que te propondré es conquistar, como mínimo, ‘el espíritu’ de la Educación White en nuestras actitudes.

El siguiente escalón será clarificar e interiorizar ‘los pilares de la Educación White descritos en el libro La Educación.

Y el tercer escalón a subir, en esta primera parte, será ser capaces de traducir en la vida práctica de nuestros niños y niñas lo que implica adherirse al modelo de la Educación White en los primeros años. Es decir, tener vidas que contagien y vivan la disciplina, rutinas y un estilo de vida ‘White’.

Después de que hayamos leído, releído y —ojalá— comenzado a aplicar esto en esos primeros años, podremos avanzar a los siguientes capítulos que presentan, ya en profundidad, herramientas que podrían transformar la experiencia educativa primaria y adolescente en una experiencia de Educación White.

Quizá un día el Señor también pueda decir de nosotros:

«¡Excelente! Eres un empleado bueno, y se puede confiar en ti. Ya que cuidaste bien lo poco que te di, ahora voy a encargarte cosas más importantes. Vamos a celebrarlo». Mateo 25: 23 (TLA)

1

Primer escalón: el ‘espíritu’ de la Educación White

Me gusta clarificar ideas, teorías, conceptos. Me gusta llevar las cosas al campo de la práctica. Sé que hacen falta todo tipo de personas, desde luego. Pero yo no soy de las que teoriza. Así que, para empezar, si de todo este libro te tienes que quedar con alguna idea simple y básica, sería la siguiente: si quieres transmitir una educación cristiana, comienza por conquistar el ABC de ‘hAblar, Buscar y Contagiar’.

A de hAblar

Para los peritos ortográficos, sé que esta regla mnemotécnica les hará tanto daño a la vista que no podrán olvidarla. Mejor para ellos.

La primera idea que tenemos que interiorizar, es que para educar necesitamos saber hablar. Hablar, no desde la grandilocuencia. Hablar de lo cotidiano. Hablar de nuestros sentimientos. Hablar de lo que pensamos. Dialogar. Establecer continuamente puentes, y dejarlos abiertos para que las personas pasen de un lado al otro.

El diálogo es la base de toda relación, de todo vínculo. Y para educar necesitamos crear esos lazos. Necesitamos ofrecerle al niño o al adolescente la seguridad de nuestro interés por él o ella. El diálogo es la herramienta más básica para demostrarle al otro que nos importa.

Los padres y maestros tenemos esa responsabilidad obligada. Hablar, conscientes del poder para modelar que tienen nuestras palabras. Hablar creando realidades, pronosticando siempre lo mejor para nuestros alumnos, aunque sean nuestros hijos.

Se trata de algo tan sencillo y básico, pero que muchas veces no utilizamos con sabiduría. A través de las palabras Dios mismo creó (Génesis 1: 1). No podemos, por tanto, menospreciar el poder que tiene el lenguaje. Profundizaremos sobre esto en el capítulo dos.

B de buscar

Nací con un instinto muy fuerte de búsqueda de algo más. Mi marido ha pasado por épocas en las que le ‘desesperaba’ mi incansable indagación. Decía que era insaciable. Me apuntaba en un curso, luego en otro. Terminaba una carrera y empezaba otra. Investigaba sobre un área, luego sobre otra. Exploraba una manualidad, otra. Y no sé por qué me expreso en pasado…

Seguramente te preguntarás: ¿Qué es lo que tanto buscabas? Hay quién le llamaría una búsqueda existencial. Otros la búsqueda del propósito divino para una vida. Quizá para otros es la necesidad de encontrar tu lugar en el mundo. Para mí, era una continua sensación de que me estaba perdiendo de algo. Sí. Me parecía que no tenía sentido existir sin más. Me parecía que había algo que debía hacer y que no había descubierto. Sin embargo, esta búsqueda no siempre era tan trascendente. Muchas veces se resumía en mejorar el trabajo práctico de la Universidad, o darle una vuelta para que fuese útil de verdad. Otras veces se resumía en comprender cómo prepararme mejor para el sábado, sin que se tornara en una carga. Cómo ser útil en la iglesia y asistir con sincero interés.

Hasta que fui madre. Y toda búsqueda interior se canalizó en comprender cómo hacerlo. Cómo no repetir esas cosas que no me gustaron. Cómo disciplinar, como alimentar a mis hijas, cómo inculcarles buenos hábitos, cómo hacer que me quisieran y cómo quererlas yo. Pero ¿eso se busca? No se supone que sale así, sin más, por el simple hecho de volverse madre o padre. Pues no.

Todo lo bueno que deseamos en esta tierra se tiene que buscar. No llega solo. Se busca el bienestar, se busca sostener una pareja en el tiempo, se busca hacer amigos, se busca disfrutar, se busca ser buen padre, se busca la espiritualidad, se busca la dignidad. Se busca a Dios.

«Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas».

Mateo 6: 33 (NVI).

«Busqué al Señor, y él me respondió;

me libró de todos mis temores».

Salmo 34: 4 (NVI).

«Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón».

Jeremías 29: 13 (NVI).

«Busquen el bien y no el mal, y vivirán;

y así estará con ustedes el Señor Dios Todopoderoso, tal como ustedes lo afirman».

Amós 5: 14 (NVI).

«Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá».

Mateo 7: 7, 8 (NVI).

«Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra».

2 Crónicas 7: 14 (NVI).

Y así llegué a una conclusión. Hay dos tipos de personas en el mundo: los buscadores y los que no saben que lo son.