El alma - Ann Rodd - E-Book

El alma E-Book

Ann Rodd

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Beschreibung

Zack y Zoey están juntos en todo, quizás incluso en la muerte. Zoey es la nueva portadora de un dije maldito que ha llevado ya a numerosas muertes. Sin ir más lejos, hace apenas algunos meses Zack fue asesinado por Jude, un hechicero que quería arrebatárselo. Ahora es el turno de ella para recorrer los sinuosos caminos que el collar le tiene preparados. Jude está todavía al acecho, Adam aún camina sobre la delgada línea que separa a los amigos de los enemigos y las sombras se presentan como un augurio desconocido. El dije esconde numerosos secretos. Y, tal vez, sería mejor que nunca vieran la luz.

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Seitenzahl: 501

Veröffentlichungsjahr: 2018

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Publicado por:

www.novacasaeditorial.com

[email protected]

© 2018, Andrea Rodríguez Salas

© 2018, de esta edición: Nova Casa Editorial

Editor

Joan Adell i Lavé

Coordinación

Daniel García P.

Portada

Vasco Lopes

Maquetación

María Alejandra Domínguez

Revisión

Nathalia Tórtora

Primera edición: septiembre de 2018

ISBN: 978-84-17589-31-8

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 917021970/932720447).

Índice
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34

«Ubi concordia, ibi victoria»

«Donde está la unidad, está la victoria».

Publilio Siro

«Ut desint vires, tamen est laudanda voluntas»

«Aunque el poder es deficiente,

«Vive, y cumple con tu deber. Muere, por quienes amas y por quienes merecen seguir coexistiendo con este hermoso planeta.

Muere para salvarlo,

porque él va a destruirlo si el dije queda en sus manos.»

Capítulo 1

Zoey estaba acostumbrada a que la gente señalara su cabello. Cuando la humedad era insoportable, no había peine que lo dominara. Por fortuna, más allá de las habladurías, a ella tan solo le importaba su propia opinión: ya sabía que era horrible.

Correteó por los pasillos, rumbo al aula de Química, mientras renegaba mentalmente con Jessica por no haberla despertado antes de marcharse. Se ajustó la mochila al hombro y apresuró el paso. En el fondo, muy en el fondo, sabía que no era culpa de su amiga, sino suya. Pero a veces era más fácil pasarle la carga a alguien más.

Después de regresar de la casa de la abuela de Zackary Collins, se quedó despierta hasta la madrugada, incapaz de dormir. Había obtenido información valiosa que ahora estaba guardada en una carpeta debajo del colchón de su cama.

—Te juro que intenté despertarte —dijo el conejo blanco de peluche[1], que asomaba la cabeza por una abertura de su mochila.

Cualquiera se hubiera aterrorizado ante la situación, pero Zoey estaba acostumbrada a que Zack tomara aquella forma para que no lo vieran.

—Ni siquiera te sentí —admitió ella, con los labios fruncidos mientras saltaba los últimos escalones para llegar al primer piso.

—Estabas cansada. ¿Qué esperabas?

El conejo escondió la cabeza justo a tiempo, cuando un grupo de estudiantes de octavo grado salía del aula de Música justo frente a ellos, a pocos pasos de la escalera. Zoey no quería ni imaginarse lo que habría pasado si los alumnos hubieran visto la escena. Recordaba que, la primera vez que ella se topó con el chico en forma de conejo, estuvo a punto de vomitar y de desmayarse al mismo tiempo, porque no se supone que los animales de felpa puedan hablar o moverse. Además, Zack debería estar muerto y esa era la razón principal para esconderse tras la imagen de un conejito blanco.

Y lo estaba, realmente estaba muerto, solo que por culpa del collar que colgaba ahora del cuello de Zoey, él había vuelto del otro lado para cuidarla; era como una misión por cumplir antes de llegar al cielo: Zack tenía que proteger a la nueva portadora del dije de quienes deseaban matarla para apoderarse del objeto. Estarían unidos hasta que ella falleciera.

Zoey alcanzó el aula a tiempo, apenas unos segundos antes de que la profesora cerrara la puerta en su cara.

—Buenos días, Scott —saludó la docente con una sonrisa.

La joven supo enseguida que se trataba de una indirecta por llegar tarde. Cabizbaja, fue derecho a su lugar en el fondo, contra la ventana, junto a Jessica.

—Voy a matarte —le espetó a su amiga—, deberías haberme despertado.

Jess frunció los labios.

—Lo intenté, pero no funcionó.

—Tendrías que haberme golpeando con el palo de hockey, o con cualquier otra cosa —contestó Zoey, antes de que la profesora comenzara a hablar sobre el tema del día.

Ella no era muy buena en Matemáticas ni en ninguna materia que llevara números, por lo que Química era un verdadero karma; prestar atención era de suma importancia si es que no quería reprobar. En el trimestre anterior había sacado buenas notas gracias a Zackary, su profesor particular del más allá, y esperaba que él la ayudara también durante los meses siguientes.

Pero si bien la escuela era importante, Zoey tenía otros asuntos con mayor grado de prioridad de los que preocuparse. Ya lo había discutido con Zack la noche anterior, cuando se sentaron a conversar en la azotea del instituto al regresar de la casa de la abuela Collins. Ahora, su mente se dividía entre la clase y lo que recordaba de la madrugada.

—Es un algoritmo que opera sobre las letras de forma individual —había dicho Zack mientras blandía las hojas del código de cifrado ante los ojos azules de Zoey—. ¡Tal y como lo habíamos pensado!

—Claro, el problema era que no teníamos el código correcto —había concluido ella.

—Y resulta que es más simple de lo que imaginábamos.

—A mí me parece que es bastante rebuscado —contradijo la chica.

—Creo que tenemos tiempo para descifrarlo por completo.

—¿También tenemos tiempo para todo lo demás? —inquirió ella entre bostezos—. Recuerda que los exámenes comenzarán pronto —murmuró—. Me gustaría mantener mis buenas notas, si es que estás dispuesto a ayudarme una vez más.

Él asintió.

—Por supuesto que sí, boba. Ya verás cómo nos organizamos con todo. Por el momento, lo más importante es descifrar el libro para esclarecer el asunto del dije. Averiguar qué sucede con los otros templos, qué son o para qué eran, no tanto. No pienso abrir el túnel para comprobar si de esa forma se desbloquea una puerta espiritual al colegio o no.

Ella se acurrucó.

—Pues, tu abuela tiene razón en algo: antes, el túnel estaba cerrado y Jude pudo asesinarte de todas formas.

Zack suspiró.

—Lo he pensado. Jude no estaba ahí cuando morí, aunque sí estaba el hechizo que me empujó a la muerte.

—Pero él entró.

—En realidad —el chico se pasó una mano por el cabello—, puede que él no haya entrado. ¿Y si encontró una forma de implantar su magia en el sótano sin necesidad de ingresar?

Eso es lo único que tenían: conjeturas incompletas.

En medio de su clase, Zoey solo podía continuar con sus deducciones. Le irritaba pensar que nunca obtenían información específica en las historias que giraban alrededor del dije.

El código era una nueva esperanza. La chica confiaba en que, lo que fuese que dijera el cuaderno de la logia, podría ayudarlos a entender el objeto y que, quizás, hubiera alguna cura para la maldición que suponía ser su portador. Si existía una manera para quitarse el collar sin perder la vida, ellos tenían que encontrarla cuanto antes.

La clase de Química finalizó sin que Zoey entendiera siquiera un poco. Enseguida supo que lo mismo ocurriría con las siguientes materias. No podría concentrarse hasta desayunar. Necesitaba café y se encargó de conseguirlo antes del siguiente período, junto con pequeño sándwich que comería de camino a la próxima aula.

Jessica intentó mantenerla atenta con pellizcos regulares en el brazo durante toda la mañana, pero fue recién a la hora del almuerzo que Zoey pudo despejarse un poco.

Después de que las clases del día llegaran a su fin, la chica tuvo tiempo de recostarse y descansar la cabeza. Todo mejoró pronto. Se despertó un par de horas más tarde, ansiosa por empezar con las tareas cometidas; aprovechó el horario para ir con Zack a la biblioteca donde creía que nadie los molestaría.

Con todo listo para comenzar, ambos se pusieron a trabajar, pero, a pesar de la emoción, tardaron alrededor de una hora y media en obtener los primeros resultados.

—R… A… Aquí va una C…

—Raciocinio, ra-cio-ci-nio —repitió Zack en voz alta—. Hasta ahora tiene sentido.

Sosteniendo la hoja en alto, Zoey releyó la primera oración traducida.

—«Es el primer objeto inanimado que tiene un verdadero raciocinio».

—Chocolate por la noticia[2] —bufó el conejo mientras caminaba por encima de los libros de la biblioteca que la encargada todavía no había ordenado.

—Ya, es solo el principio.

—Creo que es una introducción. Tú simplemente adelanta hojas —conjeturó él, apurado.

Zoey negó y, con cuidado, continuó por la siguiente oración. El proceso le resultaba lento, en especial porque no estaba familiarizada con el código de traducción de ese extraño idioma. Supuso que mientras más se entretuviera con ello, más rápido terminaría de hacerlo.

Sin embargo, no era tan fácil y lo descubrió con el paso de las horas. A cada rato, tenía que volver a chequear las mismas palabras, las mismas letras, regresar para intentar comprender por qué tal código significaba una «A» y tal otro una «Á».

La cabeza le daba tumbos, incluso cuando se turnaron para realizar la tarea en las noches y Zack aprovechaba sus horas de sueño para seguir. Después de dos largos días de traducción de la primera página, descubrieron que, como habían predicho, el libro era más bien un diario

—«Ninguno de nosotros sabe de dónde obtuvo su poder, qué es, cómo se creó, incluso si lo creó Dios o si se creó a sí mismo. A sabiendas de cuán peligrosa es su tenencia y del porqué muchos se enfrentan por obtenerlo, nos comprometimos a su cuidado y ocultamiento. Elegimos a un portador, a un desinteresado portador al que intentamos proteger de los externos a nosotros. Pero incluso los internos han demostrado ser corruptos en alma» —leyó Zoey, ya cansada de una larga tarde de trabajo, sentada en la biblioteca tal y como el día que iniciaron.

—Se refiere a que miembros de la misma logia han querido el dije para sí mismos.

—«Por eso, mantuvimos en secreto esta vez a quién hemos elegido. Solo tres personas sabemos quién tiene el dije y hemos jurado con nuestra sangre guardar el secreto. Las amenazas son constantes. A veces, el portador no puede confiar en nadie, ni siquiera en mí».

—Entonces, hubo dos portadores. El primero fue traicionado —concluyó Zack—. Sigue.

—«Como organización, es vital no pretender poseer la magia del objeto. El portador tiene pleno conocimiento de nuestras políticas y compromete su vida a eso. No por el riesgo a morir asesinado, sino por el riesgo que presupone utilizar el dije contra su voluntad. La carne humana no está hecha para manejar tal poder espiritual. El dije es un objeto que no pertenece a este mundo y algunos de nosotros lo hemos comprobado de la peor forma posible, movidos por la avaricia». —Zoey suspiró, dejó la hoja, cerró el libro y apoyó la cabeza en la mesa.

—Genial, una hoja llena de charlatanería. Perdimos el tiempo en esta parte.

—¡No podemos omitir nada! —insistió ella—. ¿Qué tal si nos perdemos algo importante?

Zack bajó las orejas.

—De acuerdo, de acuerdo. Yo traduciré la página siguiente esta noche, creo que ya le agarré la mano.

Salieron de la biblioteca justo a tiempo para la cena. Encontraron a Jessica a medio camino, se veía bastante emocionada, casi que parecía estar a punto de brincar.

—¡Adivina qué! —le gritó a Zoey en la cara, antes de que pudieran entrar al comedor.

—Eh, ¿qué?

—Habrá una súper fiesta en el aula magna. Los de tercero pidieron permiso para hacerlo. Si bien algunos han objetado porque la muerte de Zack y la desaparición de Adam todavía son recientes, los chicos convencieron a la directora diciéndole que habíamos pasado por demasiados asuntos complicados y que necesitábamos ser felices por un rato, y que merecemos al menos una noche para relajarnos.

—¿Una fiesta? —terció Zoey, no muy segura—. No me parece.

—Incluso decidieron hacer un homenaje a Zackary, puesto que se acerca la fecha de lo que hubiera sido su cumpleaños número dieciocho.

Zoey dejó caer la mandíbula. ¡Cuánta razón tenía su amiga! Recién empezaba septiembre, y con él se acercaban la primavera y las alergias, pero con todo lo que había pasado en los últimos tiempos, se había olvidado que el cumpleaños de Zack estaba también muy cerca.

—No puede ser —se quejó.

Su amor muerto cumpliría dieciocho años en veintiún días. ¿Qué se suponía que debía regalarle? Por supuesto que él se merecía un obsequio. Había fallecido, pero aún estaba allí y eso era motivo suficiente para seguir festejándole la fecha.

—¡Sí! La fiesta la harán el viernes previo. ¡Y el código de vestimenta será formal! Ya sabes, vestidos, tacones…

—Oh, no. —Ante eso, no pudo evitar bajar la cabeza. No es que no le gustara usar vestidos, pero lo cierto era que no tenía ni uno. Eran caros y, como todos en su pueblo, su familia ni realizaba ni asistía a fiestas de grandes dimensiones, nunca se había dado el gusto.

—No te preocupes, tenemos tiempo de comprarlos por internet. Y en el peor de los casos, ¡conseguiremos faldas!

—¿Estás loca, Jess? No tengo dinero para gastar en algo así. Además, ¿cuál sería el objetivo de ir, si fuera?

Jessica puso los ojos en blanco.

—¿Objetivo? ¿Capturar a algún chico lindo? Hay más de cien chicos que todavía no conocemos bien. —En la mochila azul de Zoey, Zack rechinó los dientes—. ¿Y cómo que «si fueras»?

—No estoy interesada en chicos. —Zoey suspiró y su amiga puso cara de horror.

—No hablarás en serio.

—No me refiero a que soy lesbiana —aclaró ella, ante el tono indignado de Jessica—. Igual, si lo fuera, ¿qué?

—No estoy diciendo eso, ya sé que no. Y no tendría problemas —aclaró—. A lo que me refiero es a que ya sé que Zack era el amor de tu vida, Zo, pero no puedes pasarte la vida lamentando su muerte. Mereces buscar alguien más en quien centrar tu obsesión platónica. Alguien que, además, te corresponda.

—No necesito eso.

—Sí, sí lo necesitas. Ambas lo necesitamos. No digo que olvides a Zack, pero simplemente date la oportunidad de pasarla bien por un rato. —Jessica se estiró para acariciarle el brazo.

Zoey hizo una mueca llena de inseguridades, mitad conmovida por el cariño de su amiga y mitad contrariada por las razones que había detrás. ¿Cómo explicarle a Jess que ella solo quería a Zack, aunque todo estuviese en su contra? A ella, los chicos vivos le interesaban tan poco como las matemáticas.

—Oh, Zo…

—Da igual, Jess —cortó ella, no quería explayarse más. Lo cierto era que tenía muchas otras preocupaciones además de lo que sentía por Zack. No tenía tiempo para pensar en conquistar chicos—. No tengo dinero para malgastar en un vestido.

Jessica bufó, pero no dijo más nada, por suerte. Juntas, se dirigieron al comedor en silencio, donde ya la mayoría de los alumnos cenaban y conversaban sobre la fiesta. Los ánimos estaban por las nubes y Zoey comprendió que el alumnado necesitaba del evento.

—Estúpida fiesta. —Se quejó en voz baja mientras se sentaba a esperar a Jess, que había ido por la comida.

—¿Por qué? Será divertido —dijo Zack, sin salir de la mochila.

—No me interesa buscar chicos y, por como es Jess, temo que me obligue a hablar con alguno.

—Pero Jessica tiene razón en eso —murmuró él—. Deberías buscar a alguien…

—No —lo interrumpió Zoey con sequedad—. Creí que tú, más que nadie, lo entenderías.

—No voy a ofenderme si un chico te invita a salir y tú aceptas.

—No se trata de ti, se trata de mí.

Zack guardó silencio y al comprender que ella tenía razón. Él no era nadie para decidir sobre sus sentimientos. ¡Y por supuesto que esto no se trataba de él! Sino de lo que ella tenía ganas de hacer.

«Según propias palabras del portador, el dije puede tomarse como un ser intachable. El portador bromea, dice que siempre se comporta delante de los invitados. Pero el humor tan solo es signo de su cansancio.

El día de ayer tuvo que admitir que no se sentía bien, a pesar de que se encontraba en perfecta salud. Haciendo hincapié en lo sucedido la pasada semana, el actuar del portador se vuelve sospechoso. No creo que pretenda priorizar sus deseos por encima de los objetivos de la logia. Simplemente, su actuar es extraño.

La semana pasada fue el inicio de todo esto. Decir que fue inesperado es poco. Pasadas las tres de la tarde, el portador salió de su casa en total soledad (algo que normalmente no acostumbra) y caminó sin detenerse hacia el bosque norte. Ignoró a su prima, a quien cruzó en el camino, como si no la hubiese oído. Se detuvo solo cuando un miembro de la logia lo sacudió. Lo cierto es que parecía estar en trance y, al entrar en razón, solo se limitó a decir que quería ver los árboles.

No creo que los demás miembros, incluido el joven que despertó al portador de su trance, vean lo que yo; especialmente porque ellos no saben quién tiene el dije».

Zoey bostezó. En los últimos días habían traducido varias hojas del libro. Ahora algunos dibujos tenían más sentido. Uno de los primeros bocetos se correspondía con posiciones dentro de la logia, pero con nombres en clave como «Interno 1», «Interno 2», «Portador», etc. En los gráficos, el portador no estaba dentro del círculo, algo que los llevó a creer que no tenía una posición real dentro de la logia. Era una persona que utilizaban y nada más.

Pero, por lo demás, avanzaban con lentitud. Notaban que el escritor se esforzaba por comprender la naturaleza del objeto y, según todo lo que faltaba, era posible que hubiera descubierto muchísimo al respecto.

Zoey suspiró.

—Trance… —dijo en voz alta, y pasó las hojas hasta aquella que tenía escrito en un margen «J.D. Clarence» y «Posesión»—. Posesión…

¿Y si, en realidad, a lo que se refería eso era a que el dije podía controlar a las personas? Sí, ella lo sabía porque lo había experimentado. El objeto introducía sus propios deseos dentro de una persona, pero ¿era capaz de controlar a alguien por completo?

—¡Ya estoy aquí! —chilló Zack, abriendo la ventana de un golpe.

Zoey brincó en su asiento.

—¿Eres idiota? Jessica aún podría estar aquí.

—Pero no lo está, la fiesta ya comenzó.

—Apenas —contestó ella, volviendo su atención al libro.

Zack puso los ojos en blanco y entró al cuarto, acarreando dos grandes bolsas de compras.

—Ahora ven aquí.

Ella se giró a verlo.

—¿Qué es eso?

—Un regalo de mi parte —sonrió—. Estoy seguro de que te quedará genial.

Zoey parpadeó.

—¿Zack?

—¡Te he comprado un vestidoin-cre-í-ble!

[1]Peluche: felpa. Muchas veces se llama así a los juguetes creados con dicho material.

[2]Chocolate por la noticia: frase común en Argentina que se usa como sarcasmo o ironía cuando se ha dicho algo demasiado obvio.

Capítulo 2

—No estarás hablando en serio.

Zack sonrió.

—Claro que sí. No te vas a perder esto.

—Pero, ¿cómo? ¿Cómo se te ocurre comprarme un…? —exclamó ella, dejando caer algunas hojas del escritorio—. ¿Con qué dinero?

—Robé tus ahorros —dijo él y, cuando Zoey se puso pálida a causa de la ira, se echó a reír—. ¡Claro que no, boba! Le pedí dinero a mi abuela.

Esta vez, la chica pegó un verdadero chillido.

—Tú, ¡¿qué?!

—Ya, no hagas un escándalo. —Zack suspiró—. Como se llevaron de la escuela todas mis cosas después de mi muerte, mis ahorros, que ya no me sirven, no están a mi alcance. Fui hasta lo de mi abuela para pedirle dinero prestado. Cuando le dije que era para ti se mostró encantada de colaborar.

—¿Gastaste el dinero de tu abuela en un vestido para mí? ¡Realmente te has vuelto loco!

—No. —Zack abrió una de las bolsas—. Esto te va a quedar genial.

Del paquete sacó una bella caja de color rosa anudada con una cinta. A pesar de su enojo, Zoey se inclinó hacia delante, llena de curiosidad.

Dentro había un vestido de chiffon color aguamarina. Cuando él lo estiró frente a ella, Zoey se sorprendió. Era incluso más hermoso de lo que había imaginado en un comienzo. Sin embargo, la emoción duró poco. Volvió a indignarse cuando se dio cuenta de un pequeño detalle:

—¿Cómo crees que me pondré eso? —chilló, señalándolo—. ¡No tiene tirantes!

—¡Lo sé! —contestó él, con sorna—. ¡Por Dios, Zoey! Que si no te lo pones tú, te lo pongo yo.

—Estás loco.

—Ni creas, ¡y mira esto! —Con cuidado, Zack dejó el vestido sobre la cama. De la misma bolsa, sacó una caja mucho más pequeña—. Un corpiño[3] para vestidos sin tirantes. Hará que se sostengan por sí mismas, ¿lo ves? —le mostró, poniéndoselo sobre el pecho para mostrar cómo funcionaba.

Zoey enrojeció. ¿Le había comprado un sostén también?

—Eres un monstruo —susurró ella, sonrojada—. ¿Te atreviste a comprarme ropa interior?

—Vamos, ver tu talle no es difícil. —Él se encogió de hombros—. La vendedora dijo que sujeta muy bien y que es como usar uno común.

—Bromeas —negó ella.

—¡Y aún no termino! —Zack abrió la siguiente bolsa, que contenía una caja de calzado.

—¡Oh, no! —exclamó Zoey, ya muerta de los nervios. Empezaba a sentirse mal—. ¿Zapatos?

—Por supuesto, y tengo muy buen gusto —se jactó Zackary al tiempo que le mostraba un par de bellos zapatos en color blanco perlado—. Combinan muy bien con este vestido.

—¡Zack! ¡Has gastado una fortuna! ¡Para una boba fiesta escolar! Pareceré una idiota. Nadie va a estar tan elegante.

—Es un baile, Zoey —respondió él, dejando los zapatos en el suelo—, puedes jugar a ser princesa por un día. Y conociendo a la organizadora de este evento, yo diría que sí van a estar todos muy elegantes. Sabes que Mariska puede arrojar dinero al techo y que su amiga Sara hará lo que sea para imitarla.

—La verdad es que no lo sabía —retrucó la muchacha, cruzándose de brazos. Hacía tiempo que no le prestaba atención a Mariska—. Pero… —Tragó saliva. No era que no quisiera ponerse esas cosas tan bonitas, la cuestión era que le daba pena—. Debió salir muy caro y no me parece justo gastar los…

—¡Da igual! —Zack la levantó de la silla, le puso el vestido en las manos y la empujó al baño—. ¡Y no olvides el «agarra bubis» nuevo! —Se lo lanzó, antes de cerrar la puerta.

Ella se quedó dura, parada junto a la puerta del baño con el vestido en las manos. Era muy bonito aunque también exagerado. Iba a desentonar. Pensó en quedarse allí, refugiada, pero Zack asomó la cabeza para amenazarla.

Entre suspiros, Zoey se quitó el pijama y el corpiño que traía puesto, para reemplazarlo por el strapless. Luego, se colocó el vestido. Estiró las manos hacia su espalda para subir el cierre[4] y, cuando se miró al espejo, pensó que ese atuendo era realmente revelador.

—¿Lista?

—Zack —susurró ella—. Aunque tenga un vestido, todavía estoy despeinada y no tengo puesto maquillaje. Se hará tarde.

Él abrió la puerta.

—Tonterías. Jessica se fue justo antes de que yo volviera, ¿no? La fiesta acaba de comenzar, aún tienes tiempo para peinar esos rizos y colocarte algo de labial y además… ¡Mierda! ¡Sabía que te verías sexy! —Zack abrió la boca y la miró, anonadado—. Oh, vamos, por favor, péinate ya y maquíllate un poco. Todos morirán por ti —la halagó.

Zoey frunció los labios.

—Me tardaré —insistió.

—Tienes quince minutos para hacerlo o te llevaré a rastras al salón estés como estés.

La dejó sola otra vez y, nerviosa, ella abrió las gavetas del mueble del baño donde guardaban el rizador y los maquillajes.

Tembló. Quince malditos minutos.

Tomó varios mechones de cabello hasta poder domar las partes más rebeldes. Soltó el rizador caliente y vació el cajón de sombras y labiales sobre la mesada.

¿Qué color podría usar para un vestido como ese? Rebuscó entre algunas cosas de Jessica hasta decidirse por algo simple: marrón y negro, eso resaltaría sus ojos. Luego de hacer malabares y de aplicarse un poco de brillo labial, salió del baño a las corridas y Zack se rio cuando aterrizó frente a la cama.

—Trece minutos —canturreó—. Ahora ponte los zapatos.

Se colocó los tacones, que eran más altos de lo que había usado jamás, y miró a Zack con disgusto para demostrarle qué tan incómoda se sentía.

—Me caeré con esto —dijo, preocupada—. Se reirán de mí.

—Procura no hacerlo —le advirtió él—. Por cierto, mi abuela te presta esto. Ella lo usó cuando tenía quince[5], en su fiesta de cumpleaños.

Le abrochó a la muñeca una linda pulsera[6] de plata y brillantes blancos.

—Vaya, me siento Cenicienta —murmuró Zoey con la mirada puesta en el maravilloso accesorio—. Es muy bonita, me da cosa usarla.

—No es nada. —Zack se levantó—. Solo no la pierdas.

Conmovida por el gesto de la abuela Collins, Zoey sonrió. Se estiró para abrazar a su mejor amigo, aquel chico que estaba muerto y, aun así, hacía todo por ella.

—Gracias —dijo en su oído.

—De nada.

Zack tenía razón en que la fiesta recién había comenzado. Pocos bailaban, la mayoría solo comía y reía con sus amigos. Todos los estudiantes del secundario estaban allí, era una verdadera multitud, o al menos eso parecía en el mediano salón de la planta baja. No era un sitio muy grande, pero alcanzaba para hacer un baile escolar entre unos pocos cursos.

Muerta de vergüenza por cómo la miraron un par de alumnos más jóvenes, se movió entre los chicos en busca a Jessica, con cuidado de no pisar a nadie ni tropezar en el camino.

Vislumbró a Mariska Sullivan en un ceñido vestido rosa con una falda de tul. Se reía con sus amigas y posaba con sensualidad cada vez que un chico caminaba cerca de ella. A Zoey la actuación le pareció ridícula, pero ahogó su risa con un buen logrado disimulo.

—Ups —dijo un chico de tercero que chocó con ella. Zoey apenas si lo miró. ¿Davenson? Podía ser. Se había puesto un saco de vestir encima de una remera[7] estampada.

—No es nada —le respondió con una sonrisa, e intentó seguir avanzado.

—Oye —la llamó Davenson, pero Zoey acababa de ver a Jess, que tomaba un sándwich pequeño de la mesa al fondo del salón.

—¡Jess! —llamó a su amiga mientras agitaba una mano.

Jessica miró hacia todos lados en busca la voz de su compañera, hasta que al final centró sus ojos en la delgada rubia de largos rizos que llevaba un vestido que resaltaba entre el montón.

—¡Oh, por Dios! —Dejó caer su aperitivo—. ¿Zoey Corinne Scott? ¿Estás jugando conmigo?

Zoey se detuvo frente a ella.

—No, ¿por qué lo haría?

—¿Qué diablos traes puesto? ¿No se supone que no tenías nada que ponerte? ¡Oh, vamos! ¡Te ves increíble! ¿Por qué nunca te has vestido de esta forma? Tienes la apariencia de una rubia hueca de revista.

Aquello la dejó dura.

—No estarás hablando en serio —dijo, Zoey, ofendida.

—No es para mal. —Jessica giró alrededor de ella—. Te ves muy bien, este color te favorece y también el vestido. Es lo más provocativo y tierno que alguna vez he visto.

Zoey suspiró, con las mejillas encendidas.

—Sí, es muy exagerado. ¿No brilla mucho?

—¡Pero te sienta bien, tonta! Con esto será difícil que algún chico no se te acerque. Me gustan los brillos.

—Vamos. —Ella se encogió de hombros—. Nuestros compañeros ya nos conocen de antes, ¿por qué se me acercarían justo ahora?

—Oh, no sé. —Jessica puso los ojos en blanco—. ¿Tal vez porque te ves sexy?

—No me veo sexy —replicó Zoey, indignada.

—Ahora, dime de dónde sacaste todo esto. Decías que no tenías dinero, ¡y mierda! ¡Esos zapatos son la gloria! —Jessica se agachó para ver mejor el regalo de Zack—. ¿Cómo te atreviste a ocultarlo de mí?

—Fue un regalo inesperado, Jess. Mi tía abuela me lo envió. Llegó justo después de que te fueras —mintió, no muy convencida. Cualquiera sabría que la tía abuela no gastaría en eso jamás. Y que el correo no llegaba a altas horas de la noche de un viernes.

Jessica no era estúpida.

—Zo…

Zoey, mordiéndose el labio inferior, dijo de nuevo lo primero que se le vino a la cabeza.

—¡De acuerdo! Me llegó hace tres días, lo oculté porque quería darte una sorpresa.

Jess arqueó una ceja, pero se relajó enseguida.

—Eres una muy buena actriz —terció—. ¡En serio pensé que te ibas a quedar a estudiar en el cuarto!

Zoey sonrió, aliviada, y se estiró para tomar algo de comer. Ahora que lo pensaba bien, tenía mucha hambre. Se encogió cuando alguien pasó cerca de ellas; el vestido no cubría demasiada piel y hasta la más suave brisa le hacía sentir frío. Lamentó no haber traído una chaqueta.

Un hit de la temporada comenzó a sonar y Jessica insistió en que bailaran. Sus demás compañeros también colmaron poco a poco la pista cuando las luces bajaron.

—¿Sabes? Creo que nunca me había fijado en lo lindo que puede ser Alan —murmuró Jess, mirando hacia su costado.

Zoey, que procuraba no caerse, siguió la línea de su mirada.

—¿Alan? ¿Alan de primer año?

—El único Alan que hay en esta escuela —se rio Jessica, y ella frunció los labios.

—Pero es de primero—le recordó Zoey. Durante el año anterior varios chicos que ahora estaban en primer año habían invitado a salir a Jess, y ella los rechazó por ser demasiado pequeños. La ironía estuvo a punto de hacer que Zoey escupiera el sándwich que todavía masticaba.

—Solo es un año menor.

Dejó a Jessica parlotear mientras miraba a Alan desde la distancia. Sí, podía ser lindo, pero su expresión era tan dulce que se veía todavía más pequeño de lo que era. Sí que los gustos de su amiga eran raros: había pasado de la extraña belleza dura y fría de Adam a uno que parecía del kínder.

Bailaron un poco más y cuando James, un compañero de segundo año, se acercó amablemente a invitar a Jessica a bailar, Zoey se alejó para buscar un vaso con agua.

—¡Te ves bien, Zoey! —le dijo James con una sonrisa sincera antes de apartarse con Jess.

Encontrar un vaso limpio fue verdaderamente una batalla. Tuvo que inclinarse sobre la mesa para alcanzar unos que estaban apilados detrás de una bandeja de comida. Se sirvió un poco de gaseosa[8] de lima y bebió despacio para no atorarse con el gas.

Mariska se detuvo junto a ella en la mesa y la ignoró mientras alcanzaba un vaso. Zoey la miró de reojo.

—¿Nunca te has contactado con una agencia de modelaje? —le preguntó sin pensar.

Mariska se detuvo y giró la cabeza hacia ella.

—¿Me hablas a mí? —preguntó, sin sonar maleducada. Más bien, estaba bastante sorprendida de que interactuaran.

—Pues sí. —Zoey había dejado de preocuparse por ella hacía tiempo—. Me preguntaba si se te había ocurrido ser modelo.

La chica estrechó los ojos, bastante confundida por el tono amable que Zoey usaba con ella. Seguro que también se preguntaba dónde estaba el fantasma de Zack en ese momento.

—No me interesa el modelaje —respondió, sin más.

—Vaya, podrías hacerlo sin ningún problema.

—¿Por qué me halagas? ¿O esta es una forma de insultarme, tal vez?

Zoey parpadeó y negó con suavidad.

—La verdad es que solo era una pregunta. Tal vez no me caigas muy bien, pero sería estúpida si no admitiera que ese vestido te queda genial.

Mariska se quedó callada por unos segundos.

—Claro —dijo al final—. También es lindo el tuyo. —Se alejó con indiferencia.

Con un encogimiento de hombros, Zoey se giró hacia la pista de baile. Jessica se reía con James, que de seguro hacía chistes estúpidos. Al verla tan feliz, pensó que ellos hacían una bonita pareja.

Observó cómo chico le tendía la mano a su amiga para llevarla al centro de la pista. ¿Podía ser que él hubiera estado esperando tener esa oportunidad por mucho tiempo? Si Jessica aceptaba algo más de él, seguro que el chico iba a soñar con matrimonios esa noche.

—¿Me pasas un vaso? —pidió un muchacho junto a ella. Zoey lo miró. Él podía alcanzar los vasos perfectamente, pero en ese momento no fue capaz de notarlo. Se estiró sobre la mesa para darle uno—. Gracias —dijo él, a quien ahora reconocía como Davenson otra vez.

—De nada. —Volvió a cruzarse de brazos y a fijarse en Jess y James.

—¿Tú eres Zoey Scott? —preguntó Davenson, a pesar de que la chica ni lo miraba. Zoey asintió, justo cuando James hacía girar a Jessica—. Te ves muy bien.

—Ah, gracias.

—Sabes quién soy, ¿no? —insistió él. Ella lo miró y trató de no mostrarse maleducada.

—En realidad no. Conozco tu cara, pero no tu nombre.

—Soy Rick Davenson —contestó, y ella sonrió al darse cuenta de que había tenido razón al adivinar el apellido del chico. Pero él pensó que le sonreía por otra cosa—. Entonces, ¿quieres bailar conmigo?

Aquella era una pregunta muy sencilla, pero Zoey sintió un repentino nudo en el estómago.

Negó y trató de sonreírle otra vez, a modo de disculpa.

—Lo siento, acabo de comer.

—Oh, vamos —se rio Rick—. ¿Cuánto podrías haber comido? —dijo, acercándose a ella y pellizcándole la cintura. Sobresaltada por ese gesto de extrema confianza, ella retrocedió dos pasos—. Si estás bien delgada.

—No hagas eso —le reprendió—. Ni siquiera te conozco bien como para que…

Davenson alzó las manos en el aire.

—Oh, lo siento. No esperaba que te molestara —dijo con amabilidad—. Solo resaltaba que eres delgada.

—Está bien, pero no pongas tus manos en mí.

—¿Entonces eso significa que no bailarás conmigo? Prometo no tocarte.

—No, gracias —repitió ella, deseando cada vez más alejarse de Davenson.

Él puso mala cara y, a pesar de que Zoey creyó que se iba a marchar, el chico no se movió.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Vas a quedarte aquí toda la noche? ¿O esperas que te invite alguien en especial? Si es eso, conmigo podrías causarle celos.

Ante la última táctica de Rick, Zoey puso los ojos en blanco.

—No hay aquí nadie que me interese —se limitó a responder.

Rick suspiró antes de alejarse de ella. Se sintió muy aliviada y no pudo evitar pensar que Zack estaba solo en su cuarto.

De seguro él anhelaba estar en esa fiesta como todos los demás. Se preguntó también cuántos de aquellos chicos en ese momento pensaban en él. Tal vez era la única. Todos se veían felices, divirtiéndose tanto como podían. Era difícil creer que alguno recordara a su compañero muerto como ella lo hacía.

Jessica no regresó al terminar la siguiente canción tampoco. Y a pesar de que se sentía algo sola y totalmente aburrida, Zoey no la culpó. Estaba contenta por ella, por verla disfrutar con alguien más.

Caminó por el borde del salón en busca de un lugar donde sentarse. El único que encontró estaba junto a un grupo de niñas de primero que parloteaban excesivamente alto. Entre lo que escuchó, la frase «Mariska se ve tan zorra» le provocó una risa, seguida de un instintivo sentimiento de culpabilidad. Ninguna de ellas conocía a Mariska de verdad. Ni siquiera ella misma lo hacía.

Se reclinó en la silla y cerró los ojos. Se prometió nunca volver a juzgarla, a menos que ella la tratarla mal, claro.

—¿Hola? ¿Quién es esta hermosa sirena que duerme sobre la costa?

Abrió los ojos de pronto, completamente sorprendida. Frente a ella, con un pantalón de vestir negro y una simple camisa blanca, estaba Zackary Collins. El muerto Zackary Collins.

—¿Qué diablos estás haciendo aquí? ¡Zack! —chilló, brincando de la silla.

Él se abalanzó sobre ella para taparle la boca con la mano.

—Si gritas mi nombre se darán cuenta de que soy yo —susurró—. Está oscuro, no hay de qué preocuparse.

Pasando una mano por su cintura, la llevó hacia la pista.

—Hey, aguarda un minuto —soltó ella.

Zack se detuvo, sujetó la mano de Zoey y, con un rápido movimiento, la pegó a su pecho. En lo que duró una fracción de segundo, ambos se miraron a los ojos.

—Tu príncipe ha llegado, Cenicienta —sonrió él.

[3]Corpiño: Término utilizado en Argentina para referirse a un sostén o brassier.

[4]Cierre: Término utilizado en reemplazo de “cremallera” en algunas zonas de Sudamérica.

[5]Quince años: En algunos países se celebra el quinceavo cumpleaños de las mujeres como ocasión especial con una gran fiesta.

[6]Pulsera: brazalete.

[7]Remera: Término utilizado en Argentina para hacer referencia a una camiseta.

[8]Gaseosa: Término utilizado en algunos países como sinónimo de “soda”

Capítulo 3

Tal vez debería haberle dado una explicación más exacta a Rick Davenson. El chico que a ella le interesaba estaba ahí, pero no entre los vivos. Miró a Zack y se reafirmó que estaba enamorada de él y que eso no iba a cambiar por más que lo intentara. ¿Cuándo iba a aceptarlo? Él ya no era su amor platónico, era su amor en todas las expresiones que podía utilizarse en ese mundo.

Y ahora también era su mejor amigo. Le resultaba imposible separar las dos cosas. En un comienzo ella había pensado en convertirse en solo su amiga, pero la vida le demostraba que eso no era posible. La relación entre ellos era apenas la punta del iceberg e iba de la mano de sus más profundos sentimientos.

—¿Sabes? —dijo Zack, sonriente—. Me puse un poco celoso cuando te vi salir así vestida a una fiesta llena de mortales hormonales, porque te veías muy linda y pensé que yo no podría bailar contigo y otros sí, que no tendría mi oportunidad como todos los demás.

Con eso, ella rio.

—No es para tanto —le dijo—. Sigo siendo yo.

—Pero te ves sexy —aclaró él, riendo también.

—Jessica dijo lo mismo, pero eso no cambia lo que soy. Estoy igual que siempre, Zack.

—Pero sí cambia lo que yo siento cuando te veo partir —le explicó el muchacho, bajando la cabeza—. Me gustaría poder participar de estas cosas contigo. Y si quieres insistir en lo de la ropa, ya que parece que te preocupa tanto, te diré que Jessica y yo estamos emocionados porque nunca te vimos con tanto brillo. Siempre estás un poco más relajada.

Ella frunció el ceño mientras él la hacía girar entre las personas que ni se percataban de la cara del chico.

—Oye, ¿estás diciendo que me visto simplona o qué?

Él negó.

—Te vistes normal. Por ejemplo, Mariska hace uso de su dinero para verse como estrella pop todos los días del año. Por eso tiene tanta atención de los muchachos. Tú no lo haces a menudo, y por eso es que hoy de seguro tienes a miles de personas muriendo por ti —aclaró, batiendo sus gruesas pestañas.

—¿Miles? —contestó ella, riendo sin control. Le dio unas palmadas en el brazo.

—Hablo en serio —dijo Zack, estrechando los ojos para acentuar su falta de humor al respecto.

Pero Zoey no podía evitar reírse de sus comparaciones. Para ella, nada había cambiado por usar tacones Acomodó mejor los brazos sobre los hombros de Zack y le devolvió la mirada. No seguían ningún ritmo en particular, se movían poco.

—Bien, de acuerdo —aceptó—. Me veo sexy según tú, Jessica y Davenson, lo que no es mucho. No son miles, ¿ves?

Zack se irguió de pronto.

—¿Davenson? —repitió.

—Me invitó a bailar y le dije que no.

Zackary frunció el ceño y miró a su alrededor, tal vez buscando a Rick, pero cuando Mariska enfiló hacia ellos, volvió a girar la cabeza.

Se movieron con disimulo hacia el otro lado, justo cuando la chica pasó por detrás de Zoey. Siguió su camino sin mirarlos y ambos se relajaron en cuanto comenzó otra canción de moda que llevó a la mayoría de nuevo a la pista de baile.

—¿No te molesta que estén haciendo una fiesta tan cercana a la fecha de tu cumpleaños? —le preguntó Zoey. Zack bajó la mirada, sonrió y negó—. Es pasado mañana, ¿sabes? Y lo irónico es que tú trajiste regalos para mí y yo pasé semanas pensando qué darte.

—No tienes que darme nada —le contestó él, estirando la mano para apretarle los cachetes—. Eres todo lo que tengo. Eso es bastante para mí. Y por lo otro… Es como si esta fuera mi fiesta de cumpleaños —reflexionó Zackary, mirando la bola de espejos—. Yo lo veo así. Apenas faltan dos días y es extraño pensar en el asunto porque en verdad no voy a crecer. Por más que mi cumpleaños llegue, nunca voy a tener dieciocho.

Zoey suspiró.

—Para mí sí.

—Para ti soy muchas cosas —rio él—. Tu amigo, tu no-novio, tu peluche, tu protector. Para ti estoy vivo —suspiró también, y Zoey tuvo que bajar la cabeza para ocultar con sus rizos las mejillas rojas.

«Tu no-novio», se repitió. ¿Qué significaba eso?

—No es gracioso.

—No —admitió Zack, mientras tomaba su mano y la hacía girar—. La verdad es que no lo es. Pero si seguimos pensando en la tristeza, lloraríamos toda la vida.

Cuando volvió a quedar delante de él, Zoey frunció los labios.

—No me refiero a eso —dijo, tan bajo que creyó que él no la había escuchado.

—¿A qué entonces?

Zack la abrazó con sutileza, como si estuvieran bailando un tema lento. Obviamente, ella había olvidado que él podía oírla por encima de toda esa música con facilidad. Apoyó la cara en su pecho y pensó en lo que iba a decir.

—Que no es gracioso tener que luchar contra esto —dijo con suavidad. Zack se quedó callado y al final, ella siguió hablando—. Todo el tiempo lucho contra lo que dices que eres para mí: mi «no-novio», —repitió con una expresión de angustia.

Él deslizó las manos por su espalda, pensativo.

—No eres la única que lucha contra eso. A veces pienso que es tu culpa —dijo, y la sostuvo pegada a él cuando Zoey quiso protestar por lo último—. Tal vez si tú creyeras que estoy muerto de verdad y no me quisieras, yo no tendría que lidiar con lo que siento cada vez que te tengo así. —Bajó el tono de su voz—. Entendería a la muerte como debe ser. Entonces, comienzo a pensar que la culpa es mía y de nadie más.

Guardaron silencio mientras la música cambiaba. Fue casi irónico cuando una melodía lenta y dulce llenó el ambiente. Los que tenían pareja se pusieron románticos, y los que estaban solos, a tontear.

Pero Zack y Zoey se quedaron congelados. No supieron qué hacer durante los primeros compases, hasta que él tomó la determinación de bailar como correspondía. Alejó a la chica unos centímetros de él, puso ambas manos en su cintura y la incitó a colocar los brazos alrededor de su cuello.

Zoey evitó mirarlo, avergonzada.

—¿Alguna vez… —Zack se inclinó un poco hacia ella— soñaste con bailar algo así conmigo?

No había rastro de burla en su pregunta, así que ella se animó a mirarlo. Zack tenía sus ojos grises clavados en los de ella, esperando ansioso por una respuesta.

—Creo que sí. Creo que sí lo soñé.

—¿Me creerías si te dijera que yo también lo he soñado? En todo este tiempo que he pasado contigo, he soñado con compartir muchas cosas así.

Se miraron a los ojos, presos de aquello que había en sus corazones, un sentimiento tan fuerte que no distinguía entre vida o muerte, entre carne o espíritu. Rozaron sus labios, con el pensamiento concreto de que ya no valía la pena seguir negándolo: no tenía sentido. Sus existencias ya eran lo suficientemente extrañas como para huir de una de las pocas certezas.

—Creo que los dos tenemos la culpa —susurró Zoey.

Pusieron fin a la charla con un beso intenso, ignorando al resto del mundo. En ese instante, los dos estuvieron de acuerdo en que ninguna otra cosa valía la pena. El contacto de sus labios era suave y dulce, tibio y placentero como la mejor de las delicias. Y es que, cuando se ama a alguien de esa forma, hay pocas cosas que no saben a gloria.

De pronto la música se esfumó, las luces volvieron a subir y ambos se detuvieron, nerviosos.

—¡Hola! —dijo la voz de Mariska, amplificada por el micrófono—. Sé que todos la están pasando muy bien, espero que hayan disfrutado del tema lento —agregó con picardía. En medio de su confusión, Zoey miró a Zack. ¿El lento había terminado? ¿Se habían besado sin parar todo ese tiempo? —. Pero a decir verdad, quiero hacer una pausa para decir algo importante. —Los chicos se agacharon un poco, ocultándose entre sus compañeros. Si alguien miraba demasiado a su alrededor, reconocería a Zack con facilidad—. Este domingo, Zackary Collins estaría cumpliendo dieciocho años, de estar con nosotros. Muchos lo conocieron, muchos quisieron conocerlo; y siendo esa una fecha importante para sus amigos, en especial para mí…

Dicho esto, Zoey rechinó los dientes, a pesar de todo lo que había dicho sobre no juzgarla.

—Voy a golpearla —gruñó—. ¿Por qué siempre se pone en el papel de víctima?

Zack se encogió de hombros.

—Tiene un complejo con la atención, ya te lo dije.

—… Quiero pedirles que guardemos un minuto de silencio en donde recordemos sus mejores momentos. Tengámoslo siempre presente en nuestros corazones —finalizó Mariska.

En ese instante Zoey tuvo que admitir que lo último lo había dicho con sinceridad. Mariska podía tener muchos defectos, pero había querido a Zack. Él sonrió y negó con la cabeza.

—Viniendo de ella, es algo tierno.

—Algo —concedió Zoey.

Todos se quedaron en silencio, pero los que menos habían conocido a Zack susurraron cosas entre ellos, se distrajeron y miraron a su alrededor con tedio.

—Mejor salgo de aquí.

—Y yo me voy contigo.

Esperaron bien encogidos a que Mariska agradeciera por el momento, a que la música volviera; y cuando las luces bajaron otra vez, ambos se escabulleron entre la gente.

—¡Oh, espera! Déjame buscar a Jessica.

Zack se escondió detrás de ella cuando Davenson pasó a su lado. Zoey ignoró totalmente la mirada desconcertada y ofendida que él le dirigió al verla con un chico rubio sujeto a su cintura.

Jessica seguía con James, solo que ya no bailaban. Conversaban animadamente como dos mejores amigos. Zackary se pegó a la pared, de espaldas a la gente, fingiendo que tomaba algo de la mesa.

—¡Ah, Zoey! —exclamó Jessica, radiante al verla llegar.

—Te buscaba, creo que me iré a la cama. No me siento muy bien.

Jess dejó caer la mandíbula.

—¡No! ¡No puedes hacer eso! ¿Qué hay del rubio con el que te estabas besuqueando? ¿Vas a dejarlo así nomás? ¿Quién es? ¿Es de tercero o es de primero?

Ante esa pregunta, ella se quedó petrificada. De entre todas las personas, Jessica tenía que verla.

—No me siento bien, Jess —repitió, con expresión dura.

La morocha bufó y James soltó una risa.

—Déjala ir, no la obligues a estar aquí si se siente enferma.

—¡No está enferma! —Jess puso los brazos en jarra—. Solo quiere huir del rubio, ¿verdad?

—¡Que no! Él ya se fue. Además, tengo ganas de vomitar —mintió. Confiaba en que su amiga se lo pensaría mejor de esa forma; no querría que Zoey se humillara a sí misma al vomitarle en la boca a quien supuestamente le había dado su primer beso. Al menos, eso serviría de momento hasta que pudiera inventarle de quién se trataba.

Jessica estrechó los ojos, pero aceptó.

—Bien, vete ya.

Con una sonrisa, Zoey se despidió de ambos. Salió del salón, seguida de cerca por Zack que, en medio del tumulto, se convirtió en conejo. Aquello fue una buena idea. En los pasillos cercanos al salón merodeaban algunos alumnos del baile y otros profesores que hacían rondas periódicas para controlar también que niños menores no salieran de sus cuartos. Además, la gran mayoría del alumnado, que no vivía en el colegio sino en el mismo pueblo, debía abandonar el edificio a la una de la mañana, hora en que finalizaba la fiesta, por lo que los adultos debían coordinar que los chicos fueran recogidos por sus padres.

Zoey llegó al cuarto descalza. No hubiera podido hacer todo ese camino con los tacones. Se congeló los dedos de los pies con el frío piso de cerámica.

Apenas eran las doce de la noche cuando cerró la puerta de la habitación. Suspiró, cansada como si hubiera bailado una eternidad. Zack brincó sobre su cama y tomó forma humana al caer al suelo.

—Uf, si estuviera vivo, me hubiera quedado allí contigo, besándote toda la noche —dijo tranquilamente, como si la frase no fuera un flechazo en el corazón de la chica, que estuvo a punto de derretirse.

—Claro —asintió Zoey—. Creo que la próxima vez haremos eso y olvidaré que Jessica existe.

Zack puso los ojos en blanco.

—De verdad es que te preocupas mucho por ella. Estaba tranquila con James.

—Me pareció injusto irme sin avisarle. Hemos tenido problemas antes —replicó Zoey mientras dejaba los zapatos en el rincón—. Pensé que, si no le decía nada, nuestra amistad podría hacerse más débil.

—A veces parece que todavía le pides permiso para hacer las cosas —indicó él mientras se recostaba—. Es como que esperas su aceptación.

Ella se irguió al darse cuenta de que en verdad era así. Pero no parecía estar segura de si eso estaba bien o mal. Se quitó la pulsera de la abuela de Zack y buscó la cajita en la que él la había traído. Luego de guardarla, se giró a verlo.

—Tienes razón. No necesito que Jessica me diga qué hacer. Ella es así por naturaleza, pero yo estoy mal al permitir que su naturaleza también me domine.

Zackary sonrió y estiró una mano. La llamó con un dedo y con una sonrisa pícara grabada en el rostro.

—Podemos seguir aquí sin problemas, ¿no? Jessica y toda su naturaleza de seguro se quedarán con James hasta la una, ¿verdad?

En un rápido movimiento, se pegó a ella hasta dejarla con la espalda contra la puerta, de la que Zoey no se había alejado demasiado. Con una de sus manos giró la llave y trabó la cerradura.

—Ah, ¡Zack! —soltó ella, sonrojada otra vez.

—¿Puedo ponerme un poco intenso? —le preguntó Zackary, con cara de cachorro, pegando los labios a su mentón.

Ella se quedó muda, sin saber qué decir.

«No tienes que pensar demasiado, boba», se recriminó.

Zack pareció leer sus pensamientos, porque ensanchó la sonrisa y se inclinó para besarla con lentitud y pasión. Ella se relajó por completo en sus brazos y suspiró en su boca. Devolvió el beso, pasando los brazos por sus hombros.

—Eres realmente bonita —le dijo él, despegándose por apenas un segundo—. Y te quiero.

—Gracias —dijo ella, con un suspiro—. Y yo también te quiero.

Zack volvió a besarla.

Efectivamente, había algo en eso que los hacía volar. Cuando sus labios se tocaban nacía una electricidad que los hacía sentir fuera de este mundo. Zackary, por su lado, no se sentía vivo, se sentía más que vivo, como si no hubiera un cuerpo que lo sujetara al planeta, como si su alma pudiera despegar de placer con cada toque.

—Quiero… ir ahí —rogó Zoey de pronto mientras señalaba la cama. Él la miro durante unos segundos en un intento por comprender la intención reflejada en sus ojos, pero Zoey los tenía cerrados y todavía se apretaba a él.

—Zoey —susurró Zack justo antes de que ella lo jalara hacia su cama. Cayó sobre su cuerpo mientras luchaba con el deseo. Zoey abrió los ojos apenas unos segundos y alzó la cabeza, buscando ser besada otra vez—. Mierda, Zo, ¿en verdad quieres que me propase contigo?

Ella abrió la boca y él aprovechó para morder su labio inferior.

—Creo… creo que me gustaría eso. En verdad.

Zack jadeó, tal vez estaba soñando.

—Recuerda que las cosas pueden ser muy diferentes a partir de…

—Cállate —le espetó ella con cierta rudeza—. ¿Cuál sería la diferencia? Me besaste como un loco y eso también cambia las cosas.

—La diferencia es que estaremos juntos por primera vez, Zoey. Será tu primera vez con alguien. Y no estoy vivo —dijo él, inclinándose hacia ella. Moría por besarla otra vez.

—¿Y qué? No eres un cadáver como para preocuparme por mis problemas mentales —le recriminó ella—. Tú estás vivo para mí.

Parecía determinada. Estaba determinada. No había titubeos ni dudas, sus ojos demostraban firmeza. Eso era algo que quería que él también notara. No había vuelta atrás desde que se habían besado por primera vez.

—No quiero hacerte daño.

—No vas a hacerme daño —replicó ella, animándolo.

Zack se volvió a concentrar en sus ojos azules. Miles de cosas pasaban por su cabeza y ella casi que podía leerlas. ¿Ser egoísta y salvarlos ambos? ¿O darle lo que quería y destruir todo?

Pero para él, la situación una nueva dimensión. Zoey era más importante que cualquier cosa material o sexual: era lo único que tenía, lo único que de verdad valoraba. Había perdido su familia, su futuro, su vida. No tenía nada por lo que luchar. Solo ella lo mantenía todavía en la tierra. Ella era algo por lo que volvería a morir.

—Zoey —susurró—, eres todo lo que tengo. Esto sí va a lastimarte luego y no puedo permitirlo.

Ella frunció el ceño, automáticamente.

—¿Qué es lo que prefieres? ¿Seguir pensando en lo que podría haber sido o luego arrepentirte por lo que hiciste? ¿No has ya pasado por eso? ¡Estás muerto y te la pasas pensando en todo lo que podrías haber hecho, arrepintiéndote por lo que no lograste! —terció ella, mirándolo con tanta tristeza contenida que él se fue hacia atrás—. ¿No es lo mismo ahora? ¿Vas a seguir arrepintiéndote por lo que no hiciste?

Se miraron a los ojos durante lo que pudo ser una eternidad. Zack no dijo nada y ella esperó su respuesta paciente y serena, pero también resuelta y decidida.

—No quiero arrepentirme —murmuró.

—Entonces, bésame —pidió ella, con los ojos brillantes.

Él no perdió un segundo más. La besó con tanta fuerza que sus cuerpos se hundieron en el colchón. Zack estaba abrumado por todo lo que sentía por Zoey y, sin duda alguna, nunca iba a arrepentirse de ello. Besó su cuello, acarició sus piernas desnudas y, al final, metió la mano por debajo de su espalda buscando el cierre del vestido. Se lo iba a quitar tan rápido que iba a parecer tragado por un agujero negro.

No dejó de besar su boca ni un solo instante, aun cuando le tocó saldar sus posibles temores. Zoey, sin dudar de sus sentimientos, lo abrazó fuerte y confió en que lo que fuese que pasara, iba a estar bien si ambos se encontraban en la misma sintonía.

Lo miró una vez más, antes de pedirle que le sujetara fuerte la mano porque nunca había hecho algo así y tampoco había pensado en lo que sentiría al vivirlo.

—No te quedes callada —le respondió Zackary, besándole la nariz con dulzura—. Cualquier cosa que me pidas, yo la haré. Incluso si deseas que me aleje.

—Nunca voy a pedirte eso —contestó Zoey, sacándole un mechón de cabello de la frente—. Siempre querré que estés conmigo.

Zack volvió a besarla. Ese «siempre» podría todavía cavar hondo en sus fortalezas. Pero lo cierto era que, en ese momento, la eternidad sí se definía para ellos. Siempre, sería siempre.

Capítulo 4

Por la mañana Zoey era un estropajo. O así se sentía porque su cabello estaba revuelto, pajoso y horrible; los pies le dolían y el maquillaje negro que debía estar en los ojos se había pegado a sus mejillas. Además, estaba agotada; cansada como si hubiera montado a caballo. Sí, eso, montado a caballo.

Abrió los ojos y apretó el acolchado contra su pecho. No sería bueno que Jessica le preguntara por qué estaba desnuda debajo de las sábanas, no quería responder a eso. Pero, aunque esperaba estar como Dios la trajo al mundo, se descubrió a sí misma vestida con una camiseta fina de tirantes y shorts con dibujos de estrellitas.

Giró el rostro hacia el costado, donde el conejo Zackary Collins tenía las rayas bordadas de los ojos bien estiradas.

—Me vestiste —susurró Zoey.

Él se encogió de hombros.

—¿Preferías que te dejara desnuda?

—No —contestó ella. Entonces, se dio cuenta de que no había ropa interior debajo del pijama. Miró a Zack por unos segundos más antes de sentir que los glóbulos rojos se le agolpaban en los cachetes.

—¿Dormiste bien? —preguntó él, y ella asintió con la cabeza—. ¿Te duele? Anoche dijiste que te dolía un poco.

Zoey hizo una mueca. No se acordaba de eso hasta que él lo nombró. Apretó las piernas y muy en el fondo pudo sentir un leve ardor.

—Estaré bien.

—Sé que lo estarás —rio él.

Jessica hizo ruidos desde su cama, por lo que Zoey se volteó hacia ella para vigilarla. Su amiga estaba mitad despierta, mitad dormida y, por un segundo, le aterró que hubiera podido oír a Zack.

—¿Qué hora es? —preguntó Jess, volviendo a cerrar los ojos.

—No sé —le respondió Zoey al tiempo que se quitaba el acolchado de encima—, pero hace calor.

Salió de la cama y fue directo al baño. Necesitaba una buena ducha. Se detuvo al verse en el espejo. Los labios de Zack habían dejado numerosas marcas. Necesitaría también una buena capa de maquillaje.

Después de asearse, Zoey se plantó con cepillo en mano delante de la mesada del baño y raspó su piel con la esperanza de que las cerdas dispersaran el hematoma. El método no funcionó, más bien se dejó la piel hecha un desastre.

Molesta, comenzó a ponerse capas de corrector de ojeras y base. Sabía que, sin importar lo que hiciera, Jessica lo notaría igual —y haría preguntas que ella no sabría responder— pero, al menos, tenía hasta el lunes para que el color se aclarase un poco. Que lo vieran sus compañeros sería incluso peor.

Zoey salió del baño con el cabello recogido en una coleta. Jessica estaba a medio levantarse, con las piernas fuera del colchón pero la cara aún contra la almohada.

—Si quieres, puedes seguir durmiendo —le dijo Zoey—. Es sábado.

—¡No! —Jessica se giró hasta quedar boca abajo—. Tengo que salir.

—¿Salir? —Zack le dirigió una mirada confundida y ambos alzaron las cejas—. ¿De qué estás hablando?

—Quedé con James. Vamos a pasear por el patio y a comer chocolates.

Zoey dejó caer la mandíbula. Luego, esbozó una sonrisa. Saltó sobre el trasero de su amiga, aplastándola contra la cama.

—¿En serio? ¿Con James? ¡Wow! Y qué rico, chocolates. Me parece una de las mejores citas de las que he escuchado en mi vida —le dijo, con verdadera sinceridad.

—¡Zo! —protestó Jessica, empujándola fuera—. Que me aplastas.

—¡Pero cuéntame! ¿Cómo pasó?, ¿cómo te invitó?, ¿qué marca de chocolates?

—No. —Jess levantó por fin la cabeza de la almohada—. No te diré nada porque eres la peor amiga del mundo.

Ante eso, Zoey borró la sonrisa.

—¿Qué?

—¡Tú no me dices nada a mí del chico rubio! Y… —Los ojos de su amiga se clavaron en los manchones tapados con maquillaje—, ¡hasta esto te estás guardando! —gritó—. ¡Habla ya!

—No hay nada que decir —respondió ella con prisa. No iba a contarle que había tenido sexo con alguien, en especial cuando ese chico estaba muerto—. No me di cuenta de lo que hacía.

—¿Segura? —rio Jessica—. Porque son enormes.

—Cállate —le dijo Zoey, alejándose de ella. Si era necesario, volvería a darse otra ducha para escapar de sus preguntas.