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Berlín, 6 de junio de 2015. El Barça ha vivido su enésima alegría de la que es su mejor etapa deportiva
La conquista de la quinta Champions barcelonista ha supuesto su segundo triplete, algo que ningún otro club había conseguido en toda la historia del fútbol. A lomos de Leo Messi, el mejor jugador de todos los tiempos, el Barça ha logrado recuperar el cetro europeo. Este libro de Ángel Iturriaga nos cuenta la brillante temporada del equipo azulgrana con todo tipo de detalles futbolísticos, anécdotas y testimonios de sus protagonistas.
En este volumen colaboran culés del prestigio de Salvador Sadurní, el legendario portero del Barça, que firma un emotivo prólogo. No menos emotivo y brillante es el epílogo de Frederic Porta, que pone el broche de oro al libro. Igualmente colaboran periodistas y socios blaugranas como David Valero Carreras, Jordi Pascual, Josep Bobé, Lucas Resende, Nacho Ovejero, Ismael Ledesma o Rafael Hernández. Todos ellos han colaborado en la disección de esta temporada triunfal del Barça en Champions.
En suma, este libro es un repaso a la trayectoria del Barça de Messi y Luis Enrique, de las noches de Manchester, París y, cómo no, Berlín. Estamos ante una obra fundamental que todo aficionado al fútbol en general y al Barça en particular debe tener en su biblioteca
SOBRE EL AUTOR
Ángel Iturriaga (Logroño, 1974) es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de La Rioja y miembro del GIHNT (Grupo de Investigación de Historia de Nuestro Tiempo). Ha publicado diversidad de artículos científicos relacionados con la historia actual tanto en su vertiente social como política. Asimismo ha participado en ciclos de conferencias y comunicaciones en diversos seminarios y congresos nacionales e internacionales de Historia Contemporánea. En los últimos años ha centrado gran parte de sus investigaciones en la Historia del fútbol, lo que ha concretado en sus últimas publicaciones: Diccionario de jugadores del FC Barcelona y Diccionario de técnicos y directivos del FC Barcelona, ambos publicados por la Editorial Baseb. En 2013 publicó junto a David Valero su primera novela: Paulino. Asimismo acaba de publicar el Diccionario de jugadores de la selección española con la editorial madrileña T&B. Colabora con diversos medios escritos y radiofónicos, tanto nacionales como sudamericanos así como con diversas revistas de ámbito deportivo y divulgativo.
EXTRACTO
Durante décadas, la relación del Fútbol Club Barcelona con la Copa de Europa se puede resumir en una palabra: frustración. Hasta la final de Wembley ante la Sampdoria en 1992, el gran objetivo barcelonista a nivel deportivo había acabado con derrotas dolorosas y en ocasiones inexplicables que dieron a esta competición el halo de maldita. Fueron varias las generaciones de barcelonistas que vivieron el mayor torneo europeo a nivel de clubes desde la frustración y con la convicción de que en cada edición ocurriría algo más perverso que haría que el club no lograra conquistar este título.
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Seitenzahl: 210
Veröffentlichungsjahr: 2015
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ÁNGEL ITURRIAGA BARCO
Logroño, 1974. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de La Rioja y miembro del GIHNT (Grupo de Investigación de Historia de Nuestro Tiempo). Ha publicado diversidad de artículos científicos relacionados con la historia actual tanto en su vertiente social como política. Asimismo ha participado en ciclos de conferencias y comunicaciones en diversos seminarios y congresos nacionales e internacionales de historia contemporánea. En los últimos años ha centrado gran parte de sus investigaciones en la historia del fútbol, lo que ha concretado en sus últimas publicaciones:Diccionario de jugadores del FC BarcelonayDiccionario de técnicos y directivos del FC Barcelona, ambos publicados por la Editorial Baseb. En 2013 publicó junto a David Valero su primera novela:Paulino. Asimismo acaba de publicar elDiccionario de jugadores de la selección españolacon la editorial madrileña T&B. Colabora con diversos medios escritos y radiofónicos, tanto nacionales como sudamericanos, así como con diversas revistas de ámbito deportivo y divulgativo.
El Barça, rey de Europa
© Ángel Iturriaga Barco, 2015
© Diseño de cubierta: Adrián López Viamonte
© Fotografías: Cordon Press y agencias
© Al Poste, 2015
Fuencarral, 70
28004 Madrid (España)
Tel.: 91 532 05 04
www.alposte.es
Primera edición: junio de 2015
IBIC: WSJA
ISBN: 978-84-15726-47-0
e-ISBN: 978-84-15726-51-7
Depósito legal: M-19.569-2015
Impreso en España -Printed in Spain
Reservados todos los derechos. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización escrita de los titulares delcopyright. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento
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A la memoria de Jordi Sirera.
Salvador Sadurní i Urpí
Exguardameta internacional del Fútbol Club Barcelona
Cuando me pidieron hacer el prólogo de este libro me vinieron a la memoria decenas de momentos que viví como portero del Fútbol Club Barcelona. Fueron 500 partidos vistiendo con orgullo la camiseta del equipo de mi vida, del que sigo disfrutando en estos tiempos de grandes éxitos. Solo quienes tuvimos el inmenso honor de defender esta camiseta sabemos lo que significa y la responsabilidad que implica defender en el césped el sentimiento de millones de personas unidas por una identidad y por unos colores.
Este libro trata acerca del título que todos los culés soñábamos con conseguir durante mi juventud. La Champions actual, la Copa de Europa para todos los que tenemos una edad, fue el objetivo contra el que nos estrellamos muchas generaciones. Yo tuve el privilegio de jugar la de la temporada 1974/1975, tras haber ganado la Liga con aquel once que se recordó durante décadas: Sadurní, Rifé, Torres, Costas, De la Cruz, Juan Carlos, Rexach, Asensi, Cruyff, Sotil y Marcial. Del 1 al 11, como funcionaban los dorsales en mi época. Para reforzarnos de cara a la Copa de Europa, el míster Rinus Michels fichó a Johan Neeskens, con lo que todavía nos convertíamos en un equipo más potente. Para los expertos partíamos como uno de los favoritos para ganar aunque delante hubiera equipos tan buenos como el Bayern de Beckenbauer. Pasamos la primera eliminatoria ante el VOEST Linz austriaco y la segunda ante el potente Feyenoord, en el que jugaban muchos jugadores de la selección holandesa. En los cuartos de final eliminamos con facilidad al Atvidaberg sueco, tras lo que se desató la confianza y muchos nos veían como favoritos en semifinales. Sin embargo, en esa ronda nos tocó el Leeds inglés, que nos superó a base de juego directo y de una intensidad en el juego desconocida para nosotros. Ahí supe cómo se las gastaban los ingleses. Su delantero centro fue con todo a rematar un centro y lo que hizo fue golpear mi cabeza, lo que me dejó mareado durante un rato. Tras el 2-1 de la ida en Inglaterra solo pudimos empatar en la vuelta y vimos cómo se nos escapaban las ilusiones. Yo ya tenía 34 años, sabía que era mi última oportunidad.
Afortunadamente, en 1992 el Barça fue capaz de romper con la maldición de la Copa de Europa. Desde entonces, hemos sido privilegiados de ver a un equipo maravilloso que nos ha dado muchas alegrías a los culés. Este año ha llegado la última. He disfrutado mucho viendo a Luis Enrique y a sus chicos. Creo que este título europeo es la confirmación de que el Barça vuelve a ser el mejor equipo del mundo. Tenemos que seguir disfrutando de esta generación que nos ha dado tantas alegrías. Xavi, Iniesta, Messi, Piqué o Busquets han sido la base de este equipo y la demostración de lo bien que se ha trabajado en La Masía. La mayoría de ellos todavía están en edad de darnos g alegrías.
El libro que tienen ante ustedes explica a la perfección y con todo tipo de detalles la temporada del Barça en esta Champions. Los momentos felices y las dificultades que hubo que superar. Es un libro ideal para conocer con detalle a todos los jugadores y al cuerpo técnico que ha vuelto a hacer feliz a los culés tras unos años complicados. Quiero desear la mayor de las suertes a este libro, que estoy seguro de que será un éxito, así como a su autor, el historiador y culé Ángel Iturriaga Barco. Espero que disfruten con su lectura.
Durante décadas, la relación del Fútbol Club Barcelona con la Copa de Europa se puede resumir en una palabra: frustración. Hasta la final de Wembley ante la Sampdoria en 1992, el gran objetivo barcelonista a nivel deportivo había acabado con derrotas dolorosas y en ocasiones inexplicables que dieron a esta competición el halo de maldita. Fueron varias las generaciones de barcelonistas que vivieron el mayor torneo europeo a nivel de clubes desde la frustración y con la convicción de que en cada edición ocurriría algo más perverso que haría que el club no lograra conquistar este título.
Remontándonos en el tiempo, el club renunció a la invitación de jugar la primera edición de la Copa de Europa en 1955. Fue un error estratégico, ya que como se demostró con el tiempo, esta competición se terminó convirtiendo en la más prestigiosa a nivel continental. La primera participación del equipo azulgrana en la misma llegó en la temporada 1959/1960 de la mano de Helenio Herrera. ElMagohabía llegado al Barcelona para acabar con la supremacía madridista. Logró hacerlo en la competición doméstica con dos Ligas consecutivas pero la contundente derrota en semifinales derivó en una crisis deportiva e institucional que finalizó con la destitución del controvertido técnico franco-argentino. Una temporada después llegó la final que dio inicio a un ciclo perverso de tres décadas de fracasos.
la final de los postes
Kubala, Kocsis, Evaristo, Luis Suárez, Czibor. Esa fue la lujosa delantera que alineó Enrique Orizaola en la legendaria final de la Copa de Europa de 1961, recordada por la aficiónculécomo “la de los postes”. En teoría esa delantera, de haber estado en su mejor momento de forma, hubiera sido argumento más que sólido para que el mayor título continental hubiera pasado a engrosar las vitrinas barcelonistas por primera vez en la historia. Pero las circunstancias, la mala suerte, el clima que se respiraba en el club y otros factores se juntaron para que comenzara a hablarse de la maldición del Barça con esta competición.
Para contextualizar las circunstancias que envolvieron aquel encuentro, hay que remontarse a los inicios de la temporada 1960/1961. La entidad azulgrana estaba inmersa en un grave problema económico debido a que los costes de la construccióndel Camp Nou, inaugurado en 1957, habían superado con creces los presupuestos iniciales. Los problemasfinancieros se arrastraron durante bastante tiempo, y obligaron al club a tener que hacer ciertos ajustes en el capítulo deportivo. La plantilla seguía plagada de internacionales y contaba con una línea delantera con un fondo de armario que no se ha conocido en la historia del club. Eran hasta diez los jugadores de nivel europeo que podían formar en las líneas atacantes de cinco hombres (dos extremos, dos interiores y un ariete), que se utilizaban en la época. Desde Tejada a Villaverde, pasando por Luis Suárez, Kubala, Evaristo, Eulogio Martínez, Kocsis, Ribelles, Czibor y Coll. Una nómina con la que se podían hacer dos ataques de nivel para cualquier aspirante a la Copa de Europa. Sin embargo, este exceso escondía a una plantilla castigada por las lesiones y un tanto avejentada en posiciones clave. Ramallets ya tenía 36 años, Kubala, el capitán Segarra 33 y los Czibor, Kocsis, Pinto y Garay ya superaban la treintena.
Para dirigir la nave, el club había contratado al técnico yugoslavo Ljubisa Brocic, un trotamundos del fútbol, que tenía la difícil misión de hacer olvidar a Helenio Herrera, que había sido cesado por el presidente Miró Sans durante la temporada anterior, con el fin de solucionar el conflicto entre Kubala y el técnico. El técnico balcánico, que provenía del PSV, tenía la difícil tarea de conjuntar un equipo lleno de estrellas, en el que jugadores de talla mundial debían quedarse sin vestir en cada partido. Además, se le había encomendado la labor de acabar con la hegemonía europea del Real Madrid, que llevaba cinco Copas de Europa consecutivas. Aquella temporada, el FC Barcelona tenía derecho a jugar la máxima competición europea por haber sido campeón de Liga, mientras que el equipo blanco lo hacía como detentador del título europeo.
La temporada comenzó bien, con pleno de victorias en la pretemporada y en los primeros partidos del campeonato. Sin embargo, el equipo comenzó a mostrarse ciclotímico y experimentó una caída libre en el torneo liguero difícil de explicar. Los partidos comenzaron a contarse por derrotas en el torneo doméstico y los nervios comenzaron a cundir en las altas instancias del club. Mientras la situación en Liga era lamentable, los jugadores parecían motivarse en la ansiada Copa de Europa. Los azulgranas lograron la victoria en la ronda preliminar ante el Lierse belga por un contundente 5-0, computando los dos encuentros. En la primera ronda, tocó el gordo. Real Madrid y FC Barcelona tenían que verse las caras, en un duelo que fue planteado en Barcelona como la oportunidad de acabar con el reinado merengue. En el encuentro de ida, disputado en Chamartín, se registró un empate a dos en el marcador. Mateos y Gento marcaron para los blancos, mientras que un genial Luis Suárez anotó los dos goles azulgranas. En el encuentro de vuelta, disputado en el Camp Nou, Vergés adelantó al Barcelona y Evaristo, de un soberbio cabezazo en plancha, dio el gol de la tranquilidad para los azulgranas, logrando uno de los tantos más recordados de la historiablaugrana. El Real Madrid acortó distancias en las postrimerías del encuentro, por mediación de Canario, pero ese gol no valdría para nada.
El Barça había eliminado al equipo blanco. Todavía era noviembre, pero la euforia se había instalado entre la hinchada culé, que veía en su equipo al gran favorito para conseguir el título europeo. La Copa de Europa se interrumpió durante todo el invierno, y entre medio, fue cesado Brocic, tras un empate en casa ante el Athletic de Bilbao. El equipo era un barco a la deriva y terminó cayendo el entrenador balcánico, al que no le sirvió el crédito de haber eliminado al eterno rival. Su sustituto fue Enrique Orizaola, que hasta entonces era el segundo entrenador. El cántabro no logró enderezar al equipo en el campeonato de Liga, aunque sí fue capaz de guiarlo hacia la final de la Copa de Europa, tras eliminar en los cuartos de final al Spartak Hradec Králové checoslovaco y al Hamburgo en semifinales con otro gol decisivo de Evaristo en el desempate.
La gran final se disputó el 31 de mayo en el Wankdorf Stadium de Berna, el lugar en el que siete años antes Kocsis y Czibor habían sucumbido en la del Mundial de Suiza, en el que se conoció como elMilagro de Berna. El granCabeza de Orotenía malos presagios antes del partido y señaló a los más cercanos que ese estadio estaba maldito y que volverían a perder. Así ocurrió.
La final era ante el Benfica de Bela Guttmann, enel que todavía no jugaba Eusebio y que estaba liderado por el gran Mario Coluna. Era un once totalmente portugués formado por la columna vertebral de la selección lusa. La teoría decía que el equipo azulgrana tenía que ser favorito. Sin embargo, el Barça no llegaba en su mejor momento. Luis Suárez, gran estrella de la temporada, disputó el encuentro sabiéndose traspasado al Inter de Milán, mientras Kubala andaba renqueante y jugó casi por decreto.Laszicomenzó el encuentro como extremo derecho, pero terminó jugando por el centro por detrás de los delanteros para poder entrar en contacto con el balón.
El Barça comenzó la contienda con un ritmo incontenible y Kocsis marcó el primer gol en uno de los primeros ataques. Sin embargo, en dos minutos se vino todo abajo, tras el empate de José Águas y un gol en propia puerta de Ramallets, que se vio deslumbrado por el sol. El equipo de Orizaola siguió con su dominio y se topó con la madera hasta en cuatro ocasiones, una de ellas, en un disparo de Kubala que tocó en ambos palos antes de salir la pelota despedida. En una jugada aislada, Coluna marcó el 3-1, que hacía la remontada poco menos que imposible. Czibor lograría el gol que pondría el definitivo 3-2 en el marcador.
Ese encuentro supuso el fin de un ciclo, de una gloriosa era del Fútbol Club Barcelona, que había estado marcada por Ladislao Kubala. El húngaro se retiró tras la maldita final, aunque después volvería al fútbol. Czibor cambiaría de acera para fichar por el Espanyol, mientras Luis Suárez hacía las maletas camino de Milán para ganar la Copa de Europa con Helenio Herrera. Por si esto fuera poco, el mejor portero azulgrana de todos los tiempos, Ramallets, colgaba los guantes, dejando un vacío muy difícil de llenar. Muchos años tardaría la afición culé en volver a sonreír y en volver a ilusionarse, como lo iba a hacer con aquella generación. Tuvo que esperar más de una década para que aterrizara un holandés con pinta de estrella derockque respondía al nombre de Johan Cruyff.
la travesía del desierto
La llegada de la estrella neerlandesa a Barcelona no tuvo nada que ver con la de un simple deportista. Era el hombre que llegaba para resolver las urgencias históricas del club. Este se ponía en sus manos para conquistar la Liga y, posteriormente, la tan ansiada Copa de Europa. Pero más allá de eso, su llegada supuso una revolución dentro del barcelonismo, que vivía con un pie en la pesadumbre de la falta de éxitos y con el otro en el victimismo de culpar de la falta de éxitos a los arbitrajes. La llegada del futbolista holandés, envuelto en un halo más propio de una estrella derockque de un futbolista, fue un soplo de aire fresco para una afición que acudía año tras año al trofeo Gamper en busca de unos brotes verdes que siempre terminaban marchitándose. Más allá de lo deportivo, la llegada del jugador holandés y del resto de extranjeros a la Ligaespañola parecía ser un indicador más de la cercanía del final del régimenfranquista, que no tenía otro remedio que ir abriendo sus puertas a Europa y al mundo. En el caso de Cruyff, su impacto fue tan sociológico como mediático, la melena que lucía, su forma de vestir y de comportarse tenían poco que ver con la España gris de principios de los setenta, el choque cultural con la cosmopolita Holanda de la época era evidente.
Tras ser el actor principal en la conquista de la Liga 1973/1974, la estrella holandesa tenía como objetivo conquistar la Copa de Europa de la siguiente edición. Tras unas plácidas eliminatorias previas en las que Vost Linz, Feyenoord y Atvidabergs no fueron rivales para el cuadro azulgrana, el Leeds de Billy Bremner y Peter Lorimer se convirtió en un escollo insalvable. El equipo estaba lejos del nivel demostrado la temporada anterior y no fue capaz de competir con el maduro plantel de Elland Road. Comenzaba de esta forma otra travesía del desierto sin disputar, la Copa de Europa, hasta que llegó la ansiada cuarta.
El FC Barcelona había realizado una Copa de Europa impecable para llegar a la final, disputada en Sevilla ante el Steaua de Bucarest. El estadio Sánchez Pizjuán estaba lleno de banderas catalanas y azulgranas frente a un rival sin afición. En el palco estaban presentes dirigentes políticos de todo tipo, desde el presidente Jordi Pujol y elconsellerMacià Alavedra, hasta Fraga, Maragall y toda la directiva azulgrana, con Núñez y Casaus a la cabeza, dispuestos a inmortalizarse en la foto de un equipo que parecía destinado a ser campeón. Sin embargo, el encuentro terminó con empate y un portero gigante que respondía al nombre de Helmuth Duckadam acabó con las esperanzas barcelonistas en la tanda de penaltis. Fue posiblemente la mayor decepción deportiva de la historia del barcelonismo. La ansiada Copa de Europa parecía maldita para las huestes barcelonistas y la decepción no podía ser mayor con las caras llorosas de los aficionados en la grada. “Es un drama”, dijo el vicepresidente Mussons, mientras Jordi Pujol apuntó: “La decepción es muy grande pero la vida no acaba aquí”. Mientras tanto, Manuel Fraga señaló: “Se ha notado en el Steaua su disciplina militar”, un comentario propio de quien relacionaba al equipo rumano con Ceaușescu, pero alejado de la de un experto en fútbol que conociera la anarquía futbolística de jugadores como Böloni, Piturca o Lacatus. Ante la gran catástrofe y para evitar la rebelión del público contra su persona, José Luis Núñez volvió a desviar la atención de la derrota con fichajes mediáticos que intentaran tapar la falta de planificación. Los fuegos de artificio no sirvieron de nada y hubo que esperar seis años para volver a disputar una final.
koeman, wembley y el final del victimismo
En verano de 1988 Núñez sacó el último conejo de la chistera en la desesperada búsqueda por un técnico que le llevara a conquistar la ansiada Copa de Europa. De nuevo fue Johan Cruyff, que en esta ocasión venía como técnico pero con el mismo halo de mesías con el que llegó en su etapa como jugador. Los primeros cinco años de Cruyff al mando del departamento deportivo fueron los más tranquilos para Núñez, ya que la afición estaba orgullosa del fútbol del equipo, con lo que la gestión quedaba en un segundo plano para el aficionado medio, algo que ha sucedido a lo largo de toda la historia. Los problemas más graves que tuvo Núñez durante ese primer lustro del holandés fueron personales, por el fuerte carácter de ambos. Cruyff no permitía ningún tipo de injerencia en el capítulo deportivo, incluyendo la forma de hacer los desplazamientos o las concentraciones de pretemporada, siempre realizadas en los Países Bajos.
Cruyff diseñó una plantilla a su gusto, incorporando futbolistas que conocía bien, como Koeman, Stoichkov, Witschge o Laudrup, para dar el salto de calidad definitivo en busca de la ansiada Copa de Europa. A las estrellas extranjeras había que añadir su confianza en los futbolistas criados en La Masía. Fue dando paso sucesivamente a Amor, Cristóbal, Milla, Guardiola, Ferrer o Sergi, que se consolidaron en el primer equipo aprovechando que conocían el método de juego aprendido en las categorías inferiores. El juego espectacular y el valor añadido de la presencia de canteranos hicieron que el público tuviera paciencia con los resultados, ya que en las dos primeras campañas del holandés consiguió una Recopa y una Copa del Rey. Sin embargo, no llegaba la Liga, preceptiva en aquella época para poder optar a la Copa de Europa. El método futbolístico de Cruyff era una revolución para los futbolistas, que tuvieron que reaprender a jugar, ya que a partir de su llegada al Barcelona tenían que manejar un lenguaje futbolístico nuevo. En esta ocasión, Núñez y su junta directiva tuvieron paciencia y a partir de la tercera temporada de Cruyff llegaron los grandes éxitos. El equipo encadenó cuatro Ligas consecutivas, logrando acabar con la hegemonía de los años ochenta del Real Madrid de laQuinta del Buitre. A partir de los éxitos, el liderazgo de Cruyff fue incuestionable. Bernd Schuster, exjugador azulgrana que tuvo serios problemas con Núñez, señaló: “Cruyff tiene más poder en Barcelona que Jordi Pujol. Dice y hace lo que quiere”. Tras conseguir el título de Liga en la temporada 1990/1991, el gran objetivo durante la siguiente temporada era la conquista de la Copa de Europa. El equipo consiguió llegar a la final del torneo, en una temporada de ensueño en la que también ganó la Liga. Tres días antes del acontecimiento que llevaban toda la vida esperando los culés, Josep Lluís Núñez desvió la atención del gran evento con una entrevista en TV3, en la que anunciaba entre lágrimas que no se presentaría a las próximas elecciones a la presidencia del club. El presidente hablaba de razones familiares para dejar el cargo, algo en lo que se ratificaría los días siguientes, realizando un discurso en el que quería dejar claro su superioridad en las decisiones respecto a Cruyff y la importancia de su gestión para llegar hasta la final de la Copa de Europa.
El 20 de mayo de 1992 fue la fecha que marcó un antes y un después en la historia azulgrana. Un zapatazo de Ronald Koeman en el minuto 111 de aquella final contra la Sampdoria ponía fin a medio siglo de urgencias históricas, a dos generaciones de culés que creían que iban a morir sin ver a su equipo ganando el título más importante del fútbol a nivel de clubes. Hasta el mítico estadio de Wembley habían llegado 25.000 culés, a los que acompañaron las máximas autoridades políticas catalanas: Jordi Pujol, presidentde la Generalitat, Pasqual Maragall, alcalde de la ciudad, y Juan Antonio Samaranch, que ocupó varios cargos políticos durante el franquismo y que se recicló durante la democracia para llegar a ser presidente del COI (Comité Olímpico Internacional). Tras el partido, todos los dirigentes realizaron declaraciones eufóricas. Jordi Pujol aprovechó el momento para identificar al mejor Barça de la historia con la región que él presidía: “El Barça tiene una identificación tan grande con Cataluña, que crea ilusión y alegría”. Ese mismo día, el vicepresidente Gaspart afirmó: “Creo que soy muy forofo y no podría ser presidente”. Al día siguiente, el equipo celebró el título con un paseo en autobús por toda la ciudad y los tradicionales saludos desde el balcón del Palau de la Generalitat con una euforia desmedida, propia del título más importante de la historia del club. Los parlamentos de los jugadores ante la afición fueron previsibles, todos acabando con el tradicional “Visca el Barça y visca Catalunya”. El único de los jugadores que subió al balcón con una bandera catalana fue Pep Guardiola, el por entonces joven cerebro de la cantera, que emulando a Josep Tarradellas exclamó: “Ciutadans de Catalunya, ja la tenim aquí”. La de la temporada 1991/1992 fue la última edición de la competición con el nombre de Copa de Europa. A partir de entonces empezaríamos a hablar de la Champions League.
trilogía europea
Si bien no hay triunfos tan celebrados como los primeros, las tresCopas de Europa siguientes tienen un hueco importante en el corazoncito de todos los culés. Entre 2006 y 2011, el club logró tres títulos de una competición que se había mostrado esquiva durante décadas. La excepción se tornó en normalidad y el tradicional victimismo había pasado a ser una euforia incontenible, que hacía que las nuevas generaciones de culés pensaran que ganar una Champions era tan fácil como comer un chupa-chups de aquellos que devoraba Johan Cruyff durante los partidos. Esta trilogía de triunfos tuvieron lugar en tres de las grandes capitales europeas: París, Roma y Londres, que fueron los escenarios perfectos para tres triunfos que colocaron al Barça definitivamente en el olimpo futbolístico.
El primero de estos tres títulos se disputó en Saint Denis el 17 de mayo de 2006. Fue un encuentro que se complicó de inicio con un gol de Sol Campbell, y en el que tuvo que intervenir el técnico, Frank Rijkaard, para dar la vuelta al tanteador. Iniesta, Larsson y Belletti saltaron al campo sustituyendo a Edmilson, Van Bommel y Oleguer. Los cambios dieron otro aire a un equipo que parecía apocado en el primer tiempo. Un golazo de raza de Eto´o, tras asistencia de Larsson, metió al cuadro azulgrana en el partido. Finalmente, el protagonista inesperado. Juliano Belletti, un lateral derecho de corte ofensivo y con graves dificultades defensivas desde el punto de vista táctico, se convertía en cuestión de segundos en un referente en el santoral culé tras el gol que batía a Lehmann.
Tres años después, el Barça logró su tercera Copa de Europa y la primera de Guardiola como entrenador. Elnoi de Santpedorhabía sido ascendido por Laporta al primer equipo para suceder a Frank Rijkaard. A pesar de su inexperiencia como técnico de primer nivel tomó decisiones desde la primera rueda de prensa, en la que abrió la puerta a Deco, Ronaldinho y Eto´o, si bien el camerunés permaneció una temporada más en el club. Su impacto como técnico fue inmediato, logró sublimar el modelo de juego de posición de Johan Cruyff con revoluciones tácticas que supusieron un antes y un después en la forma de concebir el fútbol. Acabó con debates absurdos como la presunta mala coexistencia de Xavi e Iniesta sobre el campo y apostó por una serie de jóvenes (Busquets, Pedro, Piqué), que se convirtieron en imprescindibles de un equipo que probablemente es el mejor de la historia del fútbol por juego y cantidad de títulos conseguidos.
