El genio - Vanessa Salt - E-Book

El genio E-Book

Vanessa Salt

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Beschreibung

«El genio me observa. El contorno de su cuerpo luce borroso, es como si dejara de crecer. Me mira directamente con unos ojos luminosos, son como la luz blanca cuando uno se queda mirando una bombilla. Además, su forma de moverse es muy… sensual.» Amanda encuentra una botella misteriosa en el parque, junto al río. Al llegar a casa y abrirla, nada más y nada menos que un fornido genio brota de ella. ¿Es un sueño o es realidad? ¿Acaso alguien sabía que deseaba un hombre con todas sus fuerzas? ¿Qué le espera a Amanda?

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Seitenzahl: 39

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Vanessa Salt

El genio

LUST

El genio

Original title:

Anden

 

Translated by Javier Orozco

Copyright © 2019 Vanessa Salt, 2020 LUST, Copenhagen.

All rights reserved ISBN 9788726321029

 

1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0

 

No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

El genio

 

Otra balsa se vuelca y yo río tanto que la soda se me sale por la nariz. No es que quiera estar aquí; de hecho hace una hora que me quería ir a casa.

—¿Tienes que regodearte de esa manera? —Elvira menea su cabeza dramáticamente alisando la manta para picnics sobre la cual estamos sentadas—. ¡El que se cayó esta vez era mi hermano!

—Seguro que sobrevivirá.

Es treinta de abril y en Upsala, nuestra ciudad, se celebra la carrera anual de balsas. Los estudiantes de ingeniería de la universidad alardean de sus creaciones y simultáneamente hacen el ridículo. Sí, algunos logran recorrer el río sin caerse, pero son pocos y no pasa a menudo.

Al menos no este año.

El aire aún se siente frío, sin embargo los participantes visten solo chalecos salvavidas o disfraces absurdos al navegar sobre sus balsas caseras. Una receta para el desastre, en mi opinión. Si uno vive en esta ciudad, no hay alternativa, es obligatorio ver la carrera. Al menos si uno conoce a alguno de los participantes y ese es mi caso. Desafortunadamente.

El público observa la carrera desde el barandal junto a las leves cascadas, los niños ondean globos en forma de pene (sí, no es una errata, tienen forma de pene) y las adolescentes se arreglan con la intención de encontrar a su siguiente ligue de una noche. No encontramos un buen lugar junto a las cascadas, por lo tanto Elvira y yo nos vimos en la necesidad de instalarnos sobre el césped, al lado del río. Aquí no está tan concurrido. Las balsas aparecen esporádicamente por debajo del puente situado a la derecha, pero en realidad la acción sucede en las cascadas, desde aquí apenas vemos el revés de las balsas al voltearse. A Elvira no le inoportuna, a ella le gusta tomar fotos de las balsas mientras flotan. De vez en cuando vitorea y aplaude cuando una balsa navega frente a nosotras, como esa con forma de verga que acaba de pasar por aquí.

Todas las concursantes que pasan son mujeres semidesnudas, con senos bronceados bien apretados dentro de unos diminutos chalecos salvavidas. Ahora solo puedo verlas de espaldas, pero al pasar, sus brazos resplandecían por el agua. Todo mundo dejó de hablar. Alguien se rio, pero la mayoría de nosotros no pudimos hacer otra cosa que observar fijamente a esas mujeres sonrientes con sus sexys colas de caballo. Cuellos largos y piernas esbeltas, probablemente con la piel de gallina.

A veces no puedo dejar de mirar cuando pasan mujeres de ese tipo, hermosas, perfectas como modelos. Sé que no debo compararme con ellas, pero es difícil no hacerlo. Yo luzco bastante normal con mi piel blanca y mi cabello negro. Del montón. Si no me tiñera el cabello cada tres meses, mi cabello sería rubio oscuro y sería del montón aún más. A lo mejor hasta desaparecería completamente. ¿Acaso algún día algún hombre me verá igual que a esas mujeres?

—Amanda, ¿qué es eso? —Elvira apunta hacia las escaleras de piedra que conducen al agua. Su cabello rubio y rizado asoma bajo el gorro y su rostro está encendido con una sonrisa emocionada.

—¿Qué?

—Había algo brillante. Ah, probablemente no era nada —dirige su atención de nuevo a las balsas y exclama—: ¡Mira! ¡Ahí va una con forma de dragón!

Unos segundos después veo lo que había señalado, algo pequeño y brillante en el agua. ¿A lo mejor se le cayó a alguna de las balsas? Sea lo que sea, parece interesante.

Mientras Elvira sigue ocupada observando las balsas, me pongo de pie y empiezo a caminar entre las personas que observan la carrera desde el césped. No tardo en llegar a las escaleras. El aire se siente más y más frío en mi cara al aproximarme al agua, pero no me detengo, tengo que saber qué es eso que centellea bajo la superficie.

Mi corazón palpita cuando meto la mano agua. Elvira me llama, creo, pero su voz parece distante. Todo parece muy distante. Es como si estuviese dentro de una burbuja, sola con ese objeto resplandeciente.