El otro nombre . Septología I - Jon Fosse - E-Book

El otro nombre . Septología I E-Book

Jon Fosse

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"El otro nombre" es una novela contemporánea escrita desde la pulsión más clásica literaria: buscar aquellos aspectos de nuestra sociedad que no conocemos y que nos condicionan. Pero sobretodo, la escritura de Jon Fosse coloca al lector en un estado de meditación, no importa lo que cuenta, solo tiene que dejarse llevar por una voz que le mete en lo más profundo de la existencia humana. En ese sentido es una lectura apasionante, diferente a todas. El libro fue un lanzamiento mundial en la Feria de Fráncfort 2019 precisamente por la ilusión general ante un autor que puede representar la gran literatura europea. "El otro nombre" es la primera de las siete novelas de Septología, la gran obra del autor que ha ido publicaámdose en distintos tomos hasta 2023. La trama gira alrededor de una pregunta que nos mete en un conflicto existencial: ¿Cómo habría sido nuestra vida si hubiéramos tomado otro camino? "El otro nombre" es la novela que nos obliga a ser conscientes del poder de nuestras decisiones.

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Título: El otro nombre. Septología I

 

De esta edición:

© De Conatus Publicaciones S.L.

Casado del Alisal, 10

28014 Madrid

www.deconatus.com

 

© Copyright 2019 by Jon Fosse

Publicado con el permiso de Winje Agency A/S, Sklensgate, 12, 3912 Porsgrunn, Norway.

 

© De la traducción: Cristina Gómez-Baggethun y Kirsti Baggethun

La publicación de esta traducción ha recibido ayuda financiera de NORLA, Norwegian Literature Abroad.

Primera edición: septiembre de 2019

Diseño: Álvaro Reyero Pita

 

ISBN: 978-84-17375-29-4

 

 

Todos los derechos reservados.

Esta publicación no puede reproducirse total ni parcialmente, ni almacenarse en sistema recuperable o transmitido, en ninguna forma ni por ningún medio electrónico, mecánico, mediante fotocopia, grabación ni otra manera sin previo permiso de los editores.

 

La editorial agradece todos los comentarios y observaciones:

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Índice
Portada
Portadilla
Créditos
Cita
Dedicatoria
I

 

 

 

 

 

Y le daré una piedrecita blanca, y escrito en ella hay un nombre nuevo, que nadie conoce, salvo aquel que lo recibe.

Apocalipsis

 

Dona nobis pacem.

Agnus Dei

 

 

 

 

 

Para Anna

 

 

 

 

 

EL OTRO NOMBRE

SEPTOLOGÍA I

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

Y me veo de pie, mirando el cuadro con las dos rayas, una morada y una marrón, que se cruzan en el medio, un cuadro alargado, y veo que he trazado las rayas despacio y con un óleo espeso, y se ha corrido, y donde se cruzan la línea marrón y la morada el color ha producido un bella mezcla que corre hacia abajo y pienso que esto no es un cuadro, pero que al mismo tiempo el cuadro es como debe ser, está terminado, no cabe hacer más, pienso, y tengo que apartarlo, no quiero tenerlo más en el caballete, no quiero seguir mirándolo, pienso, y pienso que hoy es lunes y que tengo que dejar el cuadro con los otros cuadros en los que estoy trabajando, pero que aún no he terminado, los que tengo colocados con el bastidor hacia fuera entre la puerta de la alcoba y la de la entrada, debajo del gancho del que cuelga el bolso marrón de cuero, ese en el que guardo el lápiz y el cuaderno de bocetos, y luego miro las dos filas de cuadros terminados que tengo apoyados contra la pared junto a la puerta de la cocina, tengo terminados alrededor de una decena de cuadros grandes, además de cuatro o cinco pequeños, algo así, en total son catorce cuadros, y los tengo colocados en dos filas junto a la puerta de la cocina, porque dentro de poco tendré una exposición, la mayoría son más o menos cuadrados, que dicen, pienso, pero a veces pinto también cuadros alargados y estrechos, y el cuadro de las dos rayas que se cruzan es rectangular, que dicen, pero ese cuadro no lo quiero en mi próxima exposición, porque en el fondo no me gusta nada, y puede que ni siquiera sea un cuadro, quizá sean solo dos rayas ¿o tal vez quiera quedármelo y no venderlo? porque hay cuadros que quiero quedarme y no venderlos ¿y tal vez este sea uno de ellos pese a que no me gusta? ¿aunque quizá haya que decir que es un cuadro malogrado tal vez quiera quedármelo? y no sé por qué querré guardarlo junto con los otros pocos cuadros que tengo en el sobrado, en uno de los extremos, los cuadros de los que no quiero deshacerme, o quizá, bueno ¿quizá lo quiera Åsleik? ¿para regalárselo a la Hermana por Navidad? porque cada año, durante el Adviento, le doy un cuadro que luego él le regala a la Hermana por Navidad, y él me da a mí carne y pescado y leña y otras cosas, bueno, y tampoco hay que olvidar que en invierno también me quita la nieve del camino a la granja, como suele decir Åsleik, eso también, digamos, y cuando le cuento por cuánto se venden mis cuadros en Bjørgvin, Åsleik dice que le resulta incomprensible que la gente esté dispuesta a pagar tanto por un cuadro, la gente que lo hace debe de estar forrada, dice, y yo le digo que entiendo que le parezca mucho, porque a mí también me lo parece, y Åsleik dice que entonces, siendo así, en realidad está haciendo un buen negocio y que en ese caso todos los años le hace a la Hermana un regalo de Navidad demasiado caro, dice, y yo le digo bueno y se hace un silencio y luego le digo que la verdad es que a veces le doy algún billete por las costillas de cordero ahumadas y por el jamón y por el pescado seco y por la leña, y por quitar la nieve del camino, y quizá alguna bolsa con comida que traigo de Bjørgvin cuando voy allí de compras, le digo, y él dice algo molesto que sí, es verdad, dice, y yo pienso que no debería haberlo mencionado, porque Åsleik no quiere que le dé ni dinero ni ninguna otra cosa, pero cuando considero que tengo bastante para manejarme, que cubro mis necesidades, y él está más o menos sin blanca, pues le paso unos billetes, deprisa y a escondidas, digamos, como sin darnos cuenta, y lo mismo cuando voy de compras a Bjørgvin, siempre le traigo algo a Åsleik también, pienso, porque si yo gano poco, él apenas gana nada comparado con lo que gano yo, pienso, y miro las filas de cuadros terminados que tengo con los bastidores caseros hacia fuera, y cada cuadro tiene su título, pintado con un óleo espeso y negro en la parte superior del bastidor, y el cuadro que está más afuera, el que estoy mirando, se llama Y las olas baten lo suyo, sí, los títulos son importantes para mí, es como si formaran parte del propio cuadro, y siempre los pinto con óleo negro en la parte superior del bastidor, y los bastidores los hago yo mismo, siempre lo he hecho y mientras siga pintando seguiré haciéndolo, pienso, y pienso que en el fondo tengo quizá ya demasiados cuadros para una exposición, pero los llevaré todos a la Galería Beyer y ya que Beyer guarde algunos en la salita contigua a la propia galería, en el Banco, como llama él a ese cuarto en el que almacena los cuadros que no están expuestos, pienso, y voy a mirar de nuevo el cuadro de las dos rayas que se cruzan, ambas de trazo grueso, con empaste, que dicen, y la pintura se ha corrido un poco y se ha formado un color muy extraño en el lugar donde se cruzan las dos rayas, es un color bello y sin nombre, como es habitual, porque evidentemente no puede haber nombres para los incontables colores que hay, pienso y me alejo un par de metros del cuadro, y me quedo mirándolo y luego apago la luz y me quedo mirándolo en la oscuridad, porque afuera es de noche, en esta época del año es de noche, o casi de noche, a todas horas, pienso, y miro el cuadro y mis ojos se van acostumbrando a la oscuridad y veo las rayas, las veo cruzarse, y veo que hay mucha luz en el cuadro, sí, mucha luz invisible, de modo que quizá sea un buen cuadro a pesar de todo, pienso, y no quiero mirar más el cuadro, pienso, y aun así sigo mirándolo, y tengo que dejar de mirarlo ya, pienso, y miro hacia la mesa redonda que está ante la ventana, junto a la mesa hay dos sillones, en uno de ellos, el de la izquierda, me sentaba y me siento yo, y en el de la derecha se sentaba siempre Ales, sí, mientras vivió, pero Ales murió demasiado joven y no quiero pensar en eso, y la hermana Alida también murió demasiado joven y tampoco quiero pensar en eso, pienso, y me veo sentado en mi sillón, mirando el punto fijo que suelo mirar en el fiordo de Sygne, el punto por el que me oriento, la marca en la que la punta del pino a los pies de mi casa debe quedar en el centro del cristal central de la ventana de dos hojas, en la hoja de la derecha, porque la ventana está dividida en dos, y las dos hojas se pueden abrir, y cada hoja está dividida en tres cristales, y la punta del pino debe estar en el centro de la de la derecha y distingo el pino y en la marca veo las olas en la oscuridad y me veo a mí mismo ahí sentado mirando las olas y me veo andando hacia el coche que está aparcado delante de la Galería Beyer, con mi abrigo largo y negro, y al hombro el bolso de cuero marrón, y vengo del Café, pero hoy no tenía demasiado apetito, así que, como tantas otras veces, he terminado no pidiendo el menú, he pedido solo una rebanada de pan con una hamburguesa y cebolla encima, y ya está atardeciendo y ya he comprado todo lo que tenía pensado comprar en Bjørgvin, así que va siendo hora de que me meta en el coche y me vuelva a casa, a Dylgja, al fin y al cabo es un trecho, pienso, y me monto en el coche y dejo el bolso marrón en el asiento del copiloto y arranco y salgo de Bjørgvin por el camino que en su día me enseñó Beyer, sí, porque en su día me enseñó a entrar y a salir en coche de Bjørgvin, me enseñó a llegar a la Galería Beyer por un camino y a marcharme de la Galería Beyer por el mismo camino en sentido contrario, pienso, y salgo de Bjørgvin y me sumerjo en ese agradable sopor que puede producirse al conducir y veo que no tardaré en pasar por delante del bloque en el que vive Asle en Skutevika, está en la orilla del mar y tiene un pequeño muelle delante, pienso, y veo a Asle tirado en el sofá, temblando, le tiembla el cuerpo entero y Asle se pregunta si el temblor no va a parar ya y piensa que anoche se echó a dormir en el sofá porque le faltaron las fuerzas para levantarse, desvestirse e irse a la cama, y ni siquiera tuvo fuerzas para sacar al perro, Brage, de modo que debe de estar muy necesitado, piensa, y no puede seguir temblando así, porque le tiembla el cuerpo entero y no solo las manos, piensa Asle, y piensa que tiene que levantarse, ir a la cocina y tomar un trago de aguardiente para calmar los temblores, porque anoche ni se desvistió ni se fue a la cama, no, se quedó en el sofá y ahí durmió la mona, piensa, y ahora está ahí, mirando al vacío, y su cuerpo no deja de temblar, piensa, y todo es, bueno ¿qué es? ¿un vacío? ¿una nada? ¿una distancia? sí, quizá sí, quizá una distancia, piensa, y tiene que tomar ya algo de aguardiente para calmar un poco los temblores, piensa Asle y después, después saldrá y se meterá en el mar, sí, piensa Asle, lo único que desea, lo único que quiere, es marcharse, es desaparecer, igual que desapareció la hermana Alida cuando no era más que una niña, apareció muerta en la cama, la Hermana, piensa Asle, e igual que desapareció el chico del vecino, el que se llamaba Bård, que cayó al mar desde el barco de su padre y no sabía nadar y no logró subirse de nuevo al barco y no logró volver a tierra, piensa Asle, y piensa que ahora va a hacer un esfuerzo y se va a levantar y luego irá a la cocina y se servirá un buen vaso de aguardiente para calmar un poco los temblores y después recorrerá la casa apagando las luces, por la casa entera irá apagando las luces y comprobando que está todo en orden, y después saldrá de la casa, echará la llave y luego bajará al mar y luego se meterá en el mar y se adentrará en él y no dejará de adentrarse, piensa Asle, y lo piensa una y otra vez, es lo único en lo que consigue pensar, en meterse en el mar, piensa, y en desaparecer entre las olas, en la nada de las olas, piensa Asle, y la idea da vueltas y vueltas por su cabeza, una idea que no cesa, continúa, porque solo en esa idea, en esa única idea, hay cercanía, todo lo demás es distancia vacía, cercanía vacía, no, nada está vacío, y aun así está vacía en su oscuridad y es incapaz de pensar todos los demás pensamientos que trata de pensar, pesan demasiado, también la idea de levantar un brazo pesa demasiado, y nota que está temblando, aunque no se mueva en absoluto le tiembla el cuerpo entero ¿y por qué no soporta la idea de levantarse? ¿de levantar una mano? ¿y por qué lo único que logra pensar es que quiere meterse en el mar? beberá lo suficiente para calmar los temblores, luego apagará las luces de la casa, quizá la ordene si es necesario, porque todo tiene que estar en orden cuando se marche, piensa Asle, y piensa que quizá debería haber escrito al Niño, por muy adulto que sea, adulto ya desde hace tiempo, en realidad, ahora vive en Oslo ¿o quizá pueda llamarlo por teléfono? pero ni al Niño ni a él les gusta hablar por teléfono, piensa Asle ¿o quizá deba escribirle una carta a Liv? al fin y al cabo estuvieron casados varios años, pero hace ya tanto que se divorciaron que no quedan malos sentimientos entre ellos, tampoco puede desaparecer sin despedirse de nadie, digamos, no le parece bien, pero la otra con la que estuvo casado, Siv, en ella no puede ni pensar, Siv cogió al Niño Chico y a la Hija y se marchó, desapareció de pronto, él ni siquiera había pensado en la posibilidad del divorcio cuando ella le dijo que ya estaba bien y cogió al Niño Chico y a la Hija y se marchó, ya se había buscado una casa, dijo, y él no entendió nada, piensa Asle, y durante un tiempo el Niño Chico y la Hija pasaban con él un fin de semana sí y otro no, piensa, pero luego Siv se buscó otro marido y cogió al Niño Chico y a la Hija y se mudó a algún lugar de la provincia de Trøndelag, a casa del nuevo marido que se había buscado, cogió a los niños y se marchó y él se quedó solo y luego Siv le escribió para exigirle que pagara esto y aquello, y le pidiera lo que le pidiese, él pagaba siempre que tenía dinero, piensa ¿y por qué pensar en eso? piensa Asle, es cosa del pasado, porque ahora está todo ordenado, está todo preparado, todos los utensilios de pintura están en su sitio sobre la mesa, y los cuadros están alineados, con el bastidor hacia fuera, los pinceles colocados uno al lado del otro, ordenados por tamaño, y los ha limpiado todos bien con trementina, y también los tubos de óleo están colocados, ordenados según lo que queda en cada uno, cada tapón bien enroscado, y el caballete vacío, todo ordenado, todo organizado y en su sitio, y él está ahí, tirado y temblando, y luego no piensa nada, solo tiembla, y luego piensa de nuevo que se va a levantar y se va a marchar y luego echará la llave y luego saldrá y bajará al mar y se meterá en el mar, se adentrará en el mar, caminará hasta que lo cubran las olas y desaparezca en el mar, una y otra vez lo piensa, eso es todo, por lo demás solo está la oscuridad de la nada que, de tanto en tanto, en repentinos destellos, lo atraviesa como una iluminación y entonces, sí, entonces se colma de una especie de felicidad y piensa que quizá en algún sitio haya una nada vacía, una luz vacía ¿y si todo no fuera más que eso? piensa ¿si no fuera más que una luz vacía? ¿y si existiera un lugar así? ¿en su vacío, en su luminoso vacío? ¿en su nada? piensa Asle, y mientras piensa en un lugar así, un lugar que evidentemente no es un lugar, piensa, cae en una especie de sueño que no es un sueño, sino un movimiento del cuerpo en el que él está inmóvil, a pesar de todos sus temblores, pues sí, aunque tiemble sin parar, todo pesa, y ahí, en algún lugar, en la gran pesadumbre, está luego esa luz tan increíblemente ligera, sí, como una fe, piensa Asle, y lo veo ahí tirado en la sala, o en el taller, o cómo se llame, pienso, lo veo tirado en un sofá que está colocado debajo de la ventana que da al mar y junto al sofá hay una mesa y sobre ella unos cuadernos de bocetos olvidados y unos lápices, todo bien ordenado, una cosa al lado de la otra, es su habitación, la habitación de Asle, solo eso, pienso, y en su habitación está todo ordenado, y junto a una pared hay un gran lienzo con el bastidor hacia fuera y el cuadro cara a la pared y veo que Asle ha pintado Oscuridad luminosa en negro en la parte superior del bastidor, de modo que así se titula el cuadro, pienso, y en un rincón hay un rollo de lienzo, en otro rincón hay listones de madera para hacer bastidores, veo, y veo a Asle tumbado en el sofá, y le tiembla el cuerpo y piensa que tiene que tomar un poco de aguardiente para calmar los temblores y se incorpora y se queda sentado en el sofá y piensa que al menos podría echarse un cigarrillo, pero tiembla tanto que ni siquiera conseguirá liárselo, así que tendrá que coger uno prefabricado del paquete de cigarrillos que tiene sobre la mesa del sofá y consigue sacar un cigarrillo del paquete y consigue metérselo en la boca y consigue sacarse la caja de cerillas del bolsillo del pantalón y enciende una cerilla y de alguna manera consigue encenderse el cigarrillo y le da unas buenas caladas y piensa que no se va a sacar el cigarrillo de la boca, que le da igual que se le caiga la ceniza, y ahora sí que va a tener que tomarse un trago de aguardiente, piensa Asle, y tiembla sin parar y consigue meterse la caja de cerillas de nuevo en el bolsillo del pantalón y se inclina sobre el cenicero que está sobre la mesa del sofá y escupe el cigarro dentro del cenicero y yo conduzco hacia el norte y pienso que debería haberme parado para visitar a Asle, no debería haber pasado de largo su casa en Skutevika, pero si realmente lo desea, no puedo impedirle que baje al mar, ni que se meta en el mar, si quiere puede hacerlo, pienso, y me dirijo hacia el norte y me veo mirando el cuadro de las dos rayas que se cruzan, y me veo entrando en la cocina de mi vieja casa, porque la casa es vieja y la cocina es vieja, y veo que allí está todo en su sitio y que la encimera y la mesa están limpias, todo está limpio y ordenado, como debe ser, y me veo entrando en el cuarto de baño, encender la luz y también allí está todo ordenado y bien, el lavabo limpio, el inodoro limpio y me veo colocarme delante del espejo y me veo el pelo gris y ralo, la barba gris, y me paso la mano por el pelo y me quito la goma negra que me recoge el pelo en la nuca y entonces el pelo largo, gris y ralo me cae sobre los hombros, hasta el pecho me cae, y me paso los dedos por el pelo, me coloco el pelo detrás de las orejas y luego cojo la goma negra y me recojo el pelo en la nuca con ella y voy a la entrada y allí veo colgado mi abrigo negro ¿cuántos años lo habré tenido? pienso, nadie puede acusarme de comprar ropa nueva sin necesitarla, pienso, y veo muchas bufandas que cuelgan de un perchero y pienso que tengo muchas bufandas porque Ales me regalaba a menudo bufandas para Navidad o para mi cumpleaños, porque era lo que yo pedía, Ales me preguntaba qué quería de regalo y yo pedía una bufanda y eso es lo que me daba, pienso, y vuelvo a la sala, o al taller, o como se quiera llamar, porque es más bien las dos cosas, aunque yo lo llamo sala y veo el bolso marrón de cuero colgado del gancho sobre los cuadros que he apartado, esos que no me satisfacen del todo, los que tengo entre la puerta de la alcoba y la puerta de la entrada, y cuando salgo llevo siempre el bolso marrón y dentro llevo un cuaderno de bocetos y un lápiz, pienso, y veo que el bolso está en su sitio en el asiento del copiloto y me dirijo hacia el norte y pienso que va a ser un gusto llegar a mi vieja y querida casa de Dylgja y me veo de pie, mirando la mesa redonda junto a la ventana, y los dos sillones vacíos que están junto a la mesa, y sobre el respaldo de uno de ellos cuelga una chaqueta negra de pana, bueno, la que llevo puesta ahora, y ahí, en el sillón más cercano al banco, ahí solía sentarme siempre yo, y Ales se sentaba siempre en el sillón al lado, ese era su sillón, pienso, y de nuevo me veo de pie miran-do el cuadro de las dos rayas que se cruzan, no me gusta mirar ese cuadro, pero es como si tuviera que hacerlo, pienso, y sigo conduciendo hacia el norte en la oscuridad y veo a Asle sentado en el sofá, mirando algo y no mirando nada, y tiembla, vibra, todo el rato tiembla, vibra, y va vestido igual que yo, pantalón y jersey negros, y sobre el respaldo del sillón junto a la mesa del sofá cuelga una chaqueta de pana negra igual que la que llevo puesta yo y que suele estar colgada sobre el sillón junto a la mesa redonda, y tiene el pelo gris y al igual que yo lo lleva recogido con una goma negra en la nuca, y luego la barba gris, y también yo tengo la barba gris y me la recorto más o menos una vez a la semana, pienso, y veo a Asle sentado en el sofá, y todo él está temblando, y levanta un poco una mano ante él, un poco a un lado, y la mano tiembla y piensa que por alguna razón se siente más liviano, se siente mejor, y piensa que debería comer un poco, pero tiembla tanto que primero tendrá que ponerse de pie y luego echar un trago, piensa ahí sentado en el sofá y yo pienso que no puedo dejar a Asle solo en ese estado, no debería haber pasado de largo por su casa en Skutevika, porque algunas veces sí que entro a verlo, y ahora me necesita, pienso, pero ya he dejado muy atrás el bloque donde vive Asle, y no debería haberlo hecho ¿y quizá debería dar la vuelta y regresar? pero estoy muy cansado, pienso, y enfilo hacia el norte y a un lado de la carretera, en un alto, intuyo una vieja casa marrón en muy mal estado, y veo que le faltan un par de tejas, y ahí vivíamos en su día Ales y yo, pienso, y siento como si hiciera mucho tiempo de eso, bueno, como si hubiera sido en otra vida, pienso, y dejo atrás la casa y al cabo de un rato veo la salida y la tomo y paro el coche y me quedo sentado, simplemente me quedo sentado en el coche, y no pienso, no hago nada, simplemente me quedo sentado y luego pienso ¿por qué demonios habré pa-rado el coche en esta salida? creo que nunca antes he parado aquí y eso que he pasado muchísimas veces por delante, en fin, ya es hora de volver a casa, debería haber visitado a Asle, pero ya es demasiado tarde, pienso y me quedo sentado en el coche y pienso que tal vez debería pronunciar una oración y entonces pienso en esos que se llaman a sí mismos cristianos y creen, o al menos creían, que para que un niño se salve es necesario que esté bautizado, y al mismo tiempo creen que Dios es omnipotente, y entonces ¿por qué iba a ser necesario para la salvación? ¿no puede Dios hacer lo que le dé la gana? porque si es omnipotente, será su voluntad que unos estén bautizados y otros no ¿no? es necio creer que el bautizo es necesario para la salvación, es demasiado necio, pienso, y noto que me animo al pensarlo, al pensar en la necedad de algunos cristianos que creen que el bautismo es necesario para la salvación, sea lo que sea eso, es una idea tan tonta, tan obviamente tonta, que ni siquiera es para reírse de ella, porque la necedad obvia no es cosa de risa, tampoco la necedad de los que se llaman a sí mismos cristianos, la necedad de muchos de ellos, no de todos, claro, pienso, y pienso que quienes piensan así no deben de tener muy buena opinión de Dios, y pienso en Jesús, en cuánto amaba Él a los niños, en que decía que los niños son del reino de Dios, que pertenecen al reino de Dios, y esa es una idea bella y verdadera, pienso, así que ¿por qué iban a salvarse por medio del bautismo, si ya pertenecen al reino de Dios? pienso, y pienso que el bautismo, el bautismo de los niños, es una cosa buena, pero que está hecho para las personas, y no para Dios, que para las personas es o puede ser importante, o quizá más bien para la Iglesia, sí, sobre todo para la Iglesia, pero que para Dios no lo es, porque ellos, los niños, ya forman parte del reino de Dios, y hay que ser como ellos, como los niños chicos, para poder entrar en el reino de Dios, ya lo dicen las Escrituras, pienso y pienso que tengo que dejarme ya de tonterías, porque yo mismo pienso como un necio y luego me dedico a pensar en la necedad de los demás cuando mis propios pensamientos no son claros en absoluto, no son coherentes, porque evidentemente no es necesario que te bauticen con agua para estar bautizado, también puedes bautizarte en ti mismo, por el espíritu que tienes dentro, ese espíritu que eres y tienes, el espíritu que recibes al nacer como persona, pienso, y la gran mayoría de las personas, tanto las que vivieron antes como las que viven ahora, solo están bautizadas en sí mismas, no con agua en una iglesia, no por ningún cura, están bautizadas mediante el espíritu que han recibido y que tienen dentro, y quizá por medio de su lazo con otras personas, un lazo que está en el sentido, que está en el espíritu que tiene el sentido, bueno, que tiene el lenguaje, pienso, y pienso que algunas personas están bautizadas, ya sea de niñas o de adultas, sí, a algunas personas las ha limpiado el agua, el agua bendita, pienso, y eso está bien en sí mismo, pero tampoco es más que eso, y el bautismo del individuo, cada bautismo, eso pienso yo, es un bautismo para todos, para las personas, porque todas las personas están enlazadas, las que están vivas, las que están muertas, las que aún no han nacido, y lo que hace una persona en cierto sentido no puede separarse de lo que hace otra, pienso, sí, igual que Cristo vivió, murió y resucitó y era uno con Dios, porque era una persona, así están también todas las personas, dado que son personas en Cristo, quieran o no, unidas a Dios en y por medio de Jesucristo, por medio del Hijo del Hombre, lo sepan o no, crean en ello o no crean, es así, porque la verdad, pienso, es que el cristianismo también sabe algo, y lo cierto es que yo mismo me he convertido al catolicismo, algo que no creo que hubiera hecho nunca de no haber sido por Ales, puesto que ni siquiera en la visión sobre el bautismo estoy de acuerdo con la Iglesia católica, pero nunca me he arrepentido de haberme convertido, pienso, porque la fe católica me ha dado mucho, y al fin y al cabo me veo a mí mismo como un cristiano, bueno, un poco de la misma manera en la que me veo a mí mismo como un comunista, o al menos como un socialista, y a mi manera rezo el rosario todos los días, la verdad es que rezo varias veces al día, y siempre que puedo voy a misa, porque también la misa tiene su verdad, igual que el bautismo también tiene su verdad, también el bautismo participa de la verdad, también el bautismo puede conducirte hacia delante, bueno, conducirte a Dios, pienso, al menos a Dios tal como yo puedo pensarlo, pero también conducen a Dios las otras maneras de pensar y creer en la verdad, todo lo que se vuelve con seriedad hacia Dios, ya se use la palabra Dios o se sea tan sabio, o tan humilde, frente a la divinidad desconocida que no se use la palabra, todo conduce a Dios, y en ese sentido todas las religiones son una, pienso yo, y en ese sentido convergen también la religión y el arte, también porque tanto la Biblia como la liturgia son ficción, imágenes y poesía, son literatura, teatro y artes plásticas, y como tales tienen su verdad, porque evidentemente el arte también tiene su verdad, pienso, pero ahora tengo que dejar de perderme en mis pensamientos, de pensar pensamientos confusos, pienso, ahora tengo que arrancar y seguir camino hacia el norte y volver a mi casa en Dylgja, a mi querida y vieja casa, no debo quedarme aquí en el coche y coger frío, debo arrancar el motor y enfilar hacia Dylgja, porque me gusta conducir, me proporciona cierta calma, me deja un poco adormilado, bueno, la verdad es que me proporciona una especie de alegría, y la idea de volver a Dylgja, a mi vieja casa, también me proporciona alegría, pienso, aunque ahora, desde que murió Ales, vuelva siempre a una casa vacía, no, no es verdad, porque aunque haga mucho que Ales murió, ella sigue en la casa, pienso, y pienso que debería hacerme con un perro, porque siempre me han gustado los perros, y también los gatos, aunque preferiría un perro, porque con un perro puede haber más amistad, pienso, y lo he pensado con frecuencia, pero nunca he llegado a hacerme con un perro, no sé muy bien por qué ¿quizá porque al final prefiero estar a solas con Ales? porque aunque esté muerta, sigue ahí, pienso ¿o quizá debería hacerme ya con un perro? pienso, pero Asle sí tiene perro, ha tenido perro toda la vida, pienso, y pienso que no debería haber pasado de largo el bloque en el que vive Asle, estando así no puede estar solo, estando tan apesadumbrado, tan apesadumbrado por su propia piedra, por una piedra vibrante, una piedra que está a punto de hundirlo en la tierra, pienso, así que tengo que dar la vuelta y regresar a Bjørgvin, pienso, y luego tengo que subir a saludar a Asle, pienso, porque tengo que ayudarlo a alejarse de sí mismo, pienso, y veo a Asle sentado en el sofá, temblando sin parar, y debería regresar ya, Asle me necesita, pero estoy cansado y tengo muchas ganas de llegar a casa, de continuar hacia el norte, de llegar a casa, porque he estado en Bjørgvin y le he comprado lienzo al Marchante de Arte y he comprado listones para los bastidores en el Almacén de Maderas, y también he comprado mucha comida, y quiero volver enseguida a Dylgja, pienso, y en realidad tenía pensado quedarme en Bjørgvin para ir a la misa vespertina de la iglesia de San Pablo, pero estaba demasiado cansado, así que tal vez sea mejor que vuelva a Bjørgvin el próximo domingo y vaya a la misa matutina, hace mucho que no voy a misa y me sentaría bien comulgar de nuevo, y de paso podría visitar también a Asle, pienso, y lo veo sentado en el sofá, temblando sin parar ¿pero no va a sacar ya al perro? pienso, y veo a Brage tumbado junto a la puerta de la entrada, esperando a que lo saquen y lo veo levantarse y acercarse al sofá arrastrando los pies y luego se sube de un salto al sofá y se sienta en el regazo de Asle y ahí se queda tumbado y también el perro tiembla y Asle no tiene fuerzas ni para moverse, ni siquiera para levantar la mano tiene fuerzas, ni para decir una sola palabra, solo pronunciar una palabra le parece un esfuerzo enorme, es como si tuviera que forzarse a sí mismo a hacerlo, piensa, pero por alguna razón sus pensamientos no son ya tan fijos, no dan ya tantas vueltas por el mismo circuito, no, porque cuando el perro se le acercó y se tumbó en su regazo, sus pensamientos empezaron a moverse, piensa

Mi buen Brage, dice Asle

Qué bueno eres, Brage, dice

y Asle acaricia a Brage con su mano temblorosa y le hurga el pelo y piensa que cómo se le habrá ocurrido meterse en el mar ¿quién se habría ocupado entonces del perro? ¿cómo puede querer abandonar al perro? piensa Asle, y ya tiembla menos, aunque aún tiembla, le vibra el cuerpo, pienso, ay no, no quiero seguir pensando en Asle, no quiero seguir viéndolo ante mí, su pelo largo y gris, la barba gris, no quiero seguir pensando en él, no sirve de nada seguir pensando en él, no es más de uno de los muchos que hay como él, está solo, es uno de los muchos que están solos, no es más que uno de los muchos artistas que hay, uno de los muchos pintores que hay, solo es uno de los muchos pintores a los que no conoce casi nadie, salvo la familia más cercana y algún conocido de la época de estudiante, además de algunos colegas, Asle no es ni más ni menos que cualquier otro pintor, es uno entre millares, no, no quiero seguir pensando en él, pienso, y luego vuelvo a pensar que debería haber subido a verlo, está tan solo, está tan perdido, debería haber pasado a verlo y haberle propuesto que fuéramos a tomar un trago, sí, él podría haberse tomado una cerveza y un aguardiente, y yo una taza de café con leche, puesto que ya no bebo cerveza, puesto que ya no bebo ni cerveza ni vino ni aguardiente, puesto que me he hecho abstemio, eso debería haber hecho, porque si Asle bebiera algo se le facilitarían las cosas, dejaría de temblar, se tranquilizaría, si bebiera algo se le aliviaría la pesadumbre, la piedra se haría más ligera, sí, quizá la piedra se moviera un poco y dejara entrar algo de aire y de luz, así que debería haberlo llevado a un lugar donde hubiera más gente, donde los demás buscan algo de beber, donde los demás buscan compañía y consuelo para el alma, eso debería haber hecho, no pasar de largo por su casa, sino parar y llevármelo por ahí, adonde hubiera vida, para que se animara, pero seguí camino hacia el norte, como si Asle no me importara, como si quisiera alejarme de él lo antes posible, porque no era capaz, no tenía fuerzas para verlo ahí tirado, pienso, y pasé de largo el bloque en el que tiene su casa en Skutevika, como si Asle pesara demasiado, como si su dolor o su tormento, quizá esta palabra sea más acertada, me impulsaran a alejarme, no porque no quiera estar con él, sino porque, no, no sé, pero quise alejarme ¿y quizá pensara que de alguna manera podía llevarme su dolor y arrastrarlo conmigo, que podía alejar de él el tormento si continuaba mi camino? o al menos lo pienso ahora como una disculpa por no haberme parado a verlo, por haber pasado de largo, porque ¿por qué no lo he visitado? ¿por cobardía? ¿porque no era capaz de compartir su dolor con él? ¿de compartir su tormento con él? ¿pero qué quiero decir con eso? porque esto no son más que frases hechas, compartir el dolor, compartir el tormento, son frases hechas, como si fuera posible compartir el dolor, compartir el tormento, pienso, y me veo sentado en el coche y miro el pequeño parque infantil al otro lado de la salida de la carretera, y no hay niños, pero ahí, sí, ahí, en el columpio, hay una joven de melena larga y morena, y en un banco junto al columpio hay un joven de media melena castaña, lleva un abrigo negro, y lleva una bufanda, y es tarde por la tarde o temprano por la noche y él está sentado mirando a la que está en el columpio, y al hombro lleva un bolso marrón de cuero, y ella mira al frente, es otoño, algunas hojas están cambiando ya de color, esta es la mejor estación del año, pienso, la más bella, y más bella que nunca se muestra quizá al atardecer, cuando la luz está a punto de marcharse, cuando una oscuridad se ha metido en la luz, pero todavía hay luz suficiente para que pueda ver que algunas hojas ya han perdido el color verde, pienso, esta es mi estación, siempre lo ha sido, desde que tengo memoria el otoño es la estación que más me gusta, pienso, y miro al joven que está inmóvil en el banco, mirando al frente, como si no mirara a nada, y miro a la joven en el columpio, también ella mira al frente, como si no mirara a nada ¿y por qué estarán tan quietos? ¿por qué no se mueven? pienso, él en el banco, ella en el columpio, simplemente están ahí ¿y por qué están ahí? ¿por qué no se hablan? ¿por qué están inmóviles como si estuvieran en un cuadro? pienso, sí, justamente eso, como en un cuadro que yo podría pintar, pienso, y sé que justamente este rato, justamente esta imagen, se ha agarrado ya en mi memoria y no desaparecerá nunca, tengo muchas imágenes como esta agarradas en mi memoria, tengo millares, y al pensar en algo, al ver algo parecido, o por ellas mismas, a veces las imágenes reaparecen, a menudo en los lugares y momentos más extraños, una imagen, una imagen inmóvil que no obstante contiene una especie de movimiento, es como si cada una de estas imágenes, cada una de las miles de imágenes que tengo en la cabeza o donde sea que las tenga, dijeran algo, dijeran algo casi inequívoco, y sin embargo resulta imposible entender exactamente qué dicen, sin duda, puedo pensar que la imagen dice esto o aquello, claro que puedo, y claro que lo hago, y algo de lo que la imagen dice también soy capaz de pensarlo, pero nunca lo que dice realmente, porque la imagen no se deja comprender del todo, es como si no fuera del todo de este mundo, que dicen, y sí que resulta curioso, casi extraño, porque él y ella están ahí como si fueran uno de esos cuadros indecibles que veo dentro de mí, a pesar de que los estoy viendo en la realidad, él está en el banco, ella en el columpio, como si no pudieran moverse están y como si los sujetara algo que no puede verse, y llevan así mucho rato, parece, sí, están ahí como si siempre hubieran estado ahí, sí, siempre, eternamente, y ella lleva una falda, una falda morada, y la falda se ha puesto bastante oscura en la temprana penumbra, sí, lo morado vira a negro, y él está ahí con un abrigo largo y negro, con el bolso marrón al hombro, y su media melena castaña, y no se percibe barba en su cara, pero no puedo seguir aquí parado, pienso, y pienso que ellos, ella y él, están inmóviles, igual que lo estoy yo, exactamente igual que ellos estoy yo, inmóvil, y supongo que no puedo seguir aquí parado en el coche, porque la gente que pase se preguntará qué hago aquí en el coche, por qué no sigo mi camino, aunque la verdad es que no pasa nadie, y si pasara alguien a nadie le extrañaría que me haya tomado un descanso en una salida, en todo caso les extrañaría a los dos que están en el parque, si se hubieran fijado en mí, pero no creo que lo hayan hecho, al menos ninguno ha mirado hacia donde estoy en mi coche mientras comienza a oscurecer lentamente, sigue habiendo luz, pero la oscuridad se ha metido en el aire, despacio, despacio se va metiendo la oscuridad en el aire, pienso, mirando al joven del abrigo negro que está sentado en un banco con un bolso de cuero marrón al hombro y a la joven que está sentada en un columpio con una falda morada, porque ahí siguen los dos, inmóviles, sí, como si formaran parte de una pintura, eso también, aunque al pintar siempre trato de borrar pintando las imágenes que se han agarrado a mí, como esta imagen, de él y ella ahí sentados, como para deshacerme de ellos, para librarme de ellos, a veces pienso que por eso me hice pintor, a causa de las imágenes que llevo dentro, son tantas que resultan un agobio, porque me agobian cuando reaparecen una y otra vez, casi como visiones, y en cualquier contexto, y no puedo hacer nada para impedirlo, lo único que puedo hacer es pintar, pintar para tratar de borrar las imágenes que se han agarrado a mí, nada más, borrarlas una a una pintándolas, pero nunca pintando exactamente lo que he visto y se ha agarrado, no, eso lo he hecho muchas veces y en ese caso solo pinto lo que he visto y nada más, en ese caso me limito a doblar la imagen, digamos, y sale un mal cuadro, y tampoco me libro de la imagen que llevo dentro y que trato de borrar pintando, no, tengo que pintar el cuadro de una manera que haga que la imagen que se me ha agarrado se disuelva y desaparezca, como si se convirtiera en una parte invisible y olvidada de mí mismo, de mi imagen propia, de la única imagen que yo soy y que tengo, porque de eso estoy seguro, solo tengo una imagen, una única imagen, y todas las demás imágenes, incluso las que veo y que se me agarran y soy incapaz de olvidar, tienen algo que se parece a la única imagen que llevo dentro, y no es nada que pueda verse, sino algo que está en lo que veo, que hace que se agarre a mí, sí, como está ahora en lo que veo desde el coche al mirar a un joven y a una joven que simplemente miran al frente en vez de mirarse el uno al otro, y no se dicen nada el uno al otro, pero es como si fueran el uno del otro, como si fueran uno, porque es como si a él no se lo pudiera ver sin ella y a ella no se la pudiera ver sin él, el pelo moreno de ella, el pelo castaño de él, la melena larga de ella, la media melena de él, no se puede separar al uno del otro, y el que no se muevan no debe de ser más extraño que el que no me mueva yo, porque yo me limito a estar aquí en el coche, lo estoy sin ninguna razón especial para estarlo ¿y por qué lo hago? pienso, y entonces se me ocurre que puedo bajar hasta donde están ellos dos, salir del coche y simplemente bajar hasta donde están los dos del parque infantil, pero esas cosas no se pueden hacer, supongo, habrá que dejarlos en paz, se encuentran en una paz tan grande y tan lenta y tan frágil que no debo inquietarlos, pienso, para ellos sería un agobio que bajara ahora hasta ellos, porque están ahí tan tranquilos, tan apacibles, pienso, pero mira que estar aquí en el coche, como si no tuviera fuerzas para nada, como si no fuera capaz de más, como si me hubiera dejado agotado haber visto a Asle en su casa junto al mar en Skutevika, haber visto los temblores de su cuerpo, y como si me hubieran dejado agotado todos los recados que he hecho en Bjørgvin, pienso, tengo que irme ya a casa, a mi vieja casa en Dylgja, a mi buena casa, porque ya basta, pienso, y miro a la joven del columpio y al joven del banco y él piensa que cuando era niño pasaban cada año unas semanas en casa de sus abuelos, en casa de los padres de su madre, y esa casa estaba cerca de un parque infantil exactamente igual que este, un parque infantil pequeño, con un columpio, un banco, un balancín y un arenero, era una casa de cemento gris, no muy grande, y en la entrada de abajo había un suelo de baldosas, recuerda ahora, y luego había una letrina, en una caseta algo escondida detrás de la casa de cemento gris, rodeada de unos arbustos, y luego, junto a la casa, un poco más allá, había un parque infantil, y a ese parque iba él a menudo, piensa, y quizá debería decírselo a ella, pero seguramente a ella no le interesan esas cosas, y llevan ya mucho rato sin decir nada, y ahora no va a venir él a romper el silencio diciendo que de pequeño vivía a veces junto a un parque infantil como este, en una casa de cemento gris, piensa, porque tampoco pueden seguir así eternamente, sin decir nada, piensa

Cuando era pequeño, dice

y la mira

Sí, dice ella

y lo mira a él y en su voz hay un alivio y una expectación y luego él no dice más a pesar de todo y ella le pregunta qué iba a decir

Sí, cuando eras pequeño, dice ella

Pues a veces vivía en una casa junto a un parque infantil casi igual a este, dice él

Sí, dice ella

Es casi como si fuera el mismo parque, dice él

Es un poco raro, dice

Lo siento como si fuera el mismo parque, dice

Pero por aquí no hay ninguna casa de cemento gris ¿no? dice ella

No, no es el mismo parque, claro, dice él

¿Simplemente lo sientes así? dice ella

Sí, dice él

y luego no dicen más, y ella vuelve a mirar al frente, y él mira al frente

Era una casa pequeña, una casita de cemento gris, dice él