Yo es otro. Septología III-V - Jon Fosse - E-Book

Yo es otro. Septología III-V E-Book

Jon Fosse

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Beschreibung

En esta tercera entrega de la Septología de Jon Fosse, según Hai Kunzru, la obra de ficción más importante de la literatura escandinava, los dos Asles se encuentran por primera vez en su juventud. Son increíblemente parecidos, visten de la misma forma y los dos quieren ser pintores. En la escuela de artes de Bjørgvin, Asle se enamora de su futura esposa, Ales. Escrita en la melódica y lenta prosa típica de Jon Fosse, Yo es otro: Septología III_V es una exquisita novela metafísica sobre el amor, Dios, la amistad y el paso del tiempo. ¿Cómo se relacionan la religión el arte y el alcohol? Fosse es capaz de hacer sentir al lector el temblor adolescente de la entrada en el mundo. En una época en la que la búsqueda de trascendencia vuelve a estar de actualidad en el arte, Septología no juega, muestra la experiencia mística en un personaje que no la busca, que la encuentra en la duda consubstancial a la vida, en el miedo sin objeto, en la oscuridad luminosa. "Jon Fosse es uno de lo grandes escritores europeos". Karl Ove Knausgaard "Jon Fosse es uno de los pocos escritores que ha conseguido inventar una nueva forma literaria". Nordic Council Literary Prize "Sin duda una de las voces literarias más importantes y versátiles del mundo". Irish Examiner

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Título:

Yo es otro. Septología III-V

Título original:

Eg er ein annan. Septologien III – V, Det Norske Samlaget

De esta edición:

© De Conatus Publicaciones S.L.

Casado del Alisal, 10

28014 Madrid

www.deconatus.com

© Copyright 2020 by Jon Fosse

Publicado con el permiso de Winje Agency A/S, Skiensgate 12, 3912 Porsgrunn, Norway

© De la traducción: Cristina Gómez-Baggethun y Kirsti Baggethun

La publicación de esta traducción ha recibido ayuda financiera de NORLA, Norwegian Literature Abroad

Esta obra ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura y Deporte

Primera edición: 02/2022

Diseño de la colección: Álvaro Reyero Pita

ISBN: 978-84-17375-49-2

Producción del ePub: booqlab

Todos los derechos reservados.

Esta publicación no puede reproducirse total ni parcialmente, ni almacenarse en sistema recuperable o transmitido, en ninguna forma ni por ningún medio electrónico, mecánico, mediante fotocopia, grabación ni otra manera sin previo permiso de los editores.

La editorial agradece todos los comentarios y observaciones:

[email protected]

Je est un autre.

ARTHUR RIMBAUD

III

Y me veo de pie, mirando el cuadro con las dos rayas que se cruzan por el medio, una morada y otra marrón, y pienso que hace mucho frío en la sala y, sea la hora que sea, es demasiado pronto para levantarse, así que ¿por qué me habré levantado? pienso, y apago la luz de la sala y regreso a la alcoba y apago la luz de la alcoba y vuelvo a meterme en la cama y me arropo bien con el edredón y Brage se acurruca junto a mí y pienso que esta noche algo he dormido, aunque no mucho, y que hoy es miércoles y debe de ser muy temprano ¿tal vez sea aún de noche? pienso, y hace tanto frío en la sala que no he querido levantarme, pienso, y le acaricio el lomo a Brage y luego miro la oscuridad y veo a Asle sentado en el columpio del patio de su casa, y no se columpia ¿estará pensando en qué hacer? y se columpia despacio, adelante y atrás, y en ese momento la Madre sale al porche y está enfadada y Asle no entiende por qué está tan enfadada

Ven aquí, dice la Madre

Qué pasa, dice Asle

Ven, dice ella

Voy, dice él

y se baja del columpio y se acerca a la Madre, que está ahí, en el porche, mirándolo de frente, y Asle sube la escalera

Sí, dice

Conque aquí estás, dice ella

y Asle no entiende por qué la Madre suena tan enfadada ¿qué le pasará? ¿qué habrá hecho él para enfadarla tanto? piensa

Mira, dice la Madre

y abre una mano y Asle ve tres monedas de una corona en la palma de la mano de la Madre y la Madre se queda parada con la mano extendida con las tres monedas y no dice nada y Asle piensa ¿cómo habrá encontrado la Madre las tres monedas? y él tenía pensado un buen escondrijo, tenía pensado meterlas debajo de una de las losas del patio, y luego se le ha olvidado, simplemente se le ha ido de la cabeza y ahora tiene a la Madre ahí plantada con las tres monedas extendidas hacia él ¿y cómo las habrá encontrado? piensa Asle, y luego piensa que evidentemente las ha encontrado en el bolsillo de su pantalón, porque a él se le ha olvidado sacárselas del bolsillo y esconderlas

¿De dónde has sacado esto? dice la Madre

y Asle piensa que no puede decir que se las ha dado el Calavera, que se las dio cuando se montó en su coche, y que en ningún caso puede decir por qué se las dio

Contesta, dice la Madre

y Asle piensa que en ningún caso puede decir la verdad, que se las ha dado el Calavera, y que se las dio para que no le dijera a nadie que se ha dado una vuelta con él en coche, y que el Calavera le ha puesto una mano en el muslo y que él se la ha apartado, por lo menos dos veces le puso la mano en el muslo el Calavera, piensa

¿De dónde has sacado estas monedas? dice la Madre

Contesta, dice

No te quedes ahí parado con la boca abierta, dice

y lo coge por el hombro y lo zarandea y le dice que tiene que contestar cuando le habla y casi está gritando

Contesta, dice la Madre

algo tendrá que decir, piensa Asle

Me las he encontrado, dice

¿Te las has encontrado? dice la Madre

¿Dónde te las has encontrado? dice

Contesta, dime dónde te las has encontrado, dice

y Asle no dice nada y la Madre le suelta el hombro

En la carretera, dice Asle

Conque en la carretera, dice la Madre

Sí, en la carretera, dice él

Dónde, dice ella

Delante de la Panadería, dice él

¿Te las has encontrado delante de la Panadería? dice la Madre

y le pregunta si pretende que se lo crea, que se crea que las ha encontrado, que se las ha encontrado delante de la Panadería

Las has robado, dice la Madre

Yo no he robado nada, dice Asle

Sí que las has robado, dice ella

No, dice él

Sí, dice ella

y la Madre dice que ha comprobado su monedero porque ella tenía ahí unas monedas, no es que tenga mucho dinero, pero unas monedas sí que tenía, y no recuerda cuántas, pero algunas sí que eran, y bien podría ser que Asle se las haya robado a ella, dice la Madre, aunque no está segura, porque ahora tiene cinco monedas en el monedero, pero no recuerda exactamente si tenía más, aunque bien podría ser que tuviera ocho en lugar de cinco

¿Me has robado las monedas a mí? dice la Madre

y Asle dice que no ha robado las monedas, que se las ha encontrado, ya lo ha dicho, delante de la Panadería, dice

Serás mentiroso, dice la Madre

No estoy mintiendo, dice Asle

y se quedan parados y ninguno de los dos dice nada y luego la Madre dice que iba a lavar los pantalones de Asle y antes siempre comprueba los bolsillos, y qué no se encontrará ella en los bolsillos de sus pantalones, siempre se encuentra cosas, piedras, piñas, clavos, canicas, trozos de cuerda, en fin, que ni sabe lo que se encuentra, pero nunca antes se había encontrado tres brillantes monedas de una corona, y no es que ella sepa de dónde las ha sacado Asle, pero de modo honrado no habrá sido

Me las he encontrado, dice Asle

Sí, eso has dicho, dice la Madre

y se quedan callados y entonces ven llegar al Padre por detrás de la esquina de la Casa Vieja en la que viven la Abuela y el Abuelo, y la Madre grita al Padre que menos mal que ha venido y el Padre se acerca tranquilamente

¿Qué pasa? dice

y mira a la Madre

Pues, dice ella

A ti te pasa algo, dice el Padre

Sí, dice la Madre

y se hace un momento de silencio

Pues dime lo que pasa, dice el Padre

Mira, dice la Madre

y extiende la mano con las tres monedas

Sí, tres monedas de una corona, dice el Padre

Exacto, dice la Madre

¿Y eso es para ponerse así? dice él

Es que, dice la Madre

y se interrumpe

Es que, dice el Padre

Es que estaban en el bolsillo de su pantalón, dice la Madre

y mira a Asle y entonces el Padre no dice nada y se quedan callados

¿De dónde las has sacado? dice el Padre

y Asle dice que se las ha encontrado

Dice que se las ha encontrado delante de la Panadería, dice la Madre

Bueno, puede ser ¿no? dice el Padre

¿Tú crees? dice la Madre

y el Padre no dice nada

Pues mira en tu monedero, a ver si te falta algo, dice la Madre

y el padre saca el monedero y mira dentro y dice que no recuerda muy bien cuántas monedas llevaba, así que no puede saber si alguien le ha cogido alguna moneda del monedero ¿pero por qué iba Asle a hacer algo así? Asle no roba ¿no? dice el Padre y mira a Asle

No robo, dice Asle

No he robado nunca, dice

No, dice el Padre

y luego dice que Asle puede haberse encontrado las monedas delante de la Panadería, pero entonces será que alguien las ha perdido y tal vez las eche en falta, dice el Padre, y puede pensar que quizá se le han caído delante la Panadería, al comprar el pan, o tal vez piense que se las ha dejado en el mostrador al pagar con una moneda de cinco coronas y recibir tres coronas de vuelta, y tal vez regrese y le pregunte al Panadero o la Panadera si se ha dejado allí la monedas o si quizá se le han caído delante de la Panadería y tal vez el Panadero o la Panadera las haya encontrado, dice el Padre, y dice que lo mejor es que Asle vuelva a la Panadería y le dé las monedas al Panadero o a la Panadera, por si alguien las ha perdido y vuelve preguntando por ellas, dice el Padre, y la Madre dice que ella estaba segura de que Asle había robado las monedas y el Padre dice que eso no está tan claro ¿no? dice

Me alegro, dice la Madre

Me alegro de que pienses así, dice

y mira a Asle y dice que si realmente se ha encontrado las monedas le pide perdón, porque lo que ella pensaba era que las había robado, pero en realidad puede habérselas encontrado y a ella no se le había ocurrido, dice

Claro que puedes haberte encontrado las monedas, dice la Madre

Y en ese caso te pido perdón, dice

No debería haberte acusado de robar, de ser un ladrón, dice

y el Padre dice que dejen ya de hablar de eso y tú, Asle, te vas a la Panadería y le das las monedas al que salga cuando llames con la campanilla, se las das al Panadero o a la Panadera, y le dices que te las has encontrado delante de la Panadería y luego, si resulta que nadie ha ido a preguntarle al Panadero o a la Panadera por el dinero, pues supongo que podrás quedártelo tú ¿no? dice el Padre

Y en tal caso no veas qué suerte, qué suerte encontrarte tres coronas, dice

Ya lo creo, dice la Madre

Ahora mismo voy para allá, dice Asle

y baja corriendo por el camino de la granja y corre hacia la Panadería por la carretera y entra por la puerta y se acerca al mostrador y coge la campanilla que está sobre el mostrador y la agita y suena y sale el Panadero y el Panadero se apuesta detrás del mostrador y Asle dice que se ha encontrado estas tres monedas delante de la Panadería, y ahora, ahora sí que miente de verdad, y eso está feo, se avergüenza, piensa Asle, y resulta que está tartamudeando y el Panadero lo mira y dice bueno, dice

Bueno, dice el Panadero

y mira a Asle

Si te has encontrado las monedas, pues te las has encontrado, esa suerte que has tenido, Asle, dice el Panadero

Pero quizá se le hayan perdido a alguien ¿a alguien que ha comprado el pan y luego las haya perdido? dice Asle

Que yo recuerde, a esa hora no le he devuelto tres monedas de una corona a nadie, dice el Panadero

Quédatelas Asle, dice

Te las has encontrado tú y el dinero es tuyo, dice

y Asle mira al Panadero

Eso es lo que pienso, dice el Panadero

y aunque el Panadero huela a aguardiente y se esté agarrando al mostrador, puede que el Panadero tenga razón, piensa Asle

Tienes suerte, Asle, de encontrarte tres coronas, dice el Panadero

Y además eres honrado, quieres devolverlas, dice

y el Panadero dice que aún le queda un bollo, uno solo le queda de los que ha hecho hoy, y como ya va siendo hora de cerrar la tienda, bueno, en realidad debería estar cerrada hace rato, pues le va a dar el bollo a Asle, que es un niño tan bueno y tan honrado, dice el Panadero, y coge un bollo, el único que le queda, y lo envuelve en papel de estraza y se lo tiende a Asle y Asle piensa que aquello está mal, está mintiendo y encima le regalan un bollo, y menos mal que nunca le han gustado estos bollos con crema de vainilla y azúcar glasé y coco encima, un asco todo, un asco el azúcar glasé o como se llame, y un asco el coco, que así se llama, pero a la Hermana sí que le gustan estos bollos, así que puede dárselo a ella, y la Hermana se va a poner contentísima, piensa Asle

Gracias, muchas gracias, dice

y el Panadero le da el bollo y Asle se queda un momento mirando al Panadero y el Panadero se lleva una taza de café a la boca y le da un trago y dice mira que has tenido suerte, Asle, encontrarte tres coronas, no está nada mal, dice

Y encima me llevo un bollo, dice Asle

Bueno, eso no tiene importancia, dice el Panadero

y se mete por la puerta a su espalda, y Asle sabe que la puerta da a la sala de estar del Panadero y la Panadera, y Asle vuelve corriendo a su casa y cuenta lo que le ha dicho el Panadero, que si él se ha encontrado el dinero, el dinero es suyo, y que él, el Panadero, no recuerda haberle devuelto tres monedas de una corona a nadie a esa hora, ni en todo el día, dice Asle, y el Panadero ha dicho que si él se las ha encontrado, las monedas son suyas, que simplemente ha tenido suerte, ha dicho el Panadero, y la Madre dice que quizá tenga razón y el Padre dice que sí, que el Panadero debe de tener razón, pensándolo bien, las monedas son suyas, dice el Padre, y la Madre pregunta si se ha comprado un bollo ahora que el dinero es suyo, dice, y Asle dice que el bollo se lo ha dado el Panadero, era el último que le quedaba y como Asle ha sido honrado y ha intentado devolver el dinero y como el Panadero estaba a punto de cerrar, quería darle el bollo que le quedaba, eso ha dicho el Panadero, dice Asle, y la Madre dice que el Panadero ha sido muy amable, pero que a Asle nunca le han gustado esos bollos, ni los bollos en general, ni las tartas, ni nada de eso, dice

Nunca le han gustado, dice el Padre

No, dice la Madre

y la Madre se ríe y el Padre dice que a ella en cambio sí, a ella sí que le gustan esos bollos, si a alguien le gustan esos bollos es a ella, dice

Y a la Hermana, dice Asle

Sí sí esos bollos están muy ricos, dice la Hermana

y de pronto Asle ve que la Hermana está junto a la Madre, y él ni se había dado cuenta, piensa

Pero a mí tampoco me gustan mucho, dice el Padre

y entonces la Madre dice que será mejor que se coman el bollo recién hecho ¿no? dice, y el Padre asiente con la cabeza y dice que a él no le apetece y Asle dice que a él tampoco le apetece y entonces la Madre se va a la cocina y vuelve con dos platitos con medio bollo en cada uno y le tiende uno a la Hermana, que está en el sofá, y luego la Madre se sienta al lado de la Hermana y ahí se quedan las dos comiéndose el bollo y Asle las mira y piensa ¿qué le pasará al Calavera? ¿por qué le habrá tocado el muslo así? trató de subir la mano más arriba, y Asle se la quitó, piensa, y la Madre le ha llamado ladrón, y él no es un ladrón, pero un mentiroso sí que es, piensa, porque hoy le ha mentido a la Madre y al Padre y al Panadero y encima el Panadero le ha dado un bollo por su honradez, piensa Asle, y piensa que va a salir a darse una vuelta

Voy a salir un rato, dice Asle

Pero no te alejes de casa, dice la Madre

Pensaba pasarme por casa de Per Olav, dice Asle

Claro, ibais a construir un coche de madera, dice el Padre

Eso nos contaste, dice

Sí, dice Asle

Pero no vengas tarde, dice la Madre

y Asle sale de la casa y piensa que ha estado muy feo por parte del Calavera tocarle el muslo, y eso que él le ha quitado la mano, varias veces se la ha quitado, o al menos dos, piensa, y ahora no puede contárselo a nadie, porque le da vergüenza, le da corte, y como alguien se entere será aun peor, así que no puede contárselo a nadie, al menos a ningún adulto, porque entonces la cosa sí que se pondría fea, piensa, por ahora está solo un poco fea y, bueno, un poco emocionante, en cierto sentido, sí, también está emocionante, aunque no le ha gustado que el Calavera le tocara el muslo, piensa Asle, y no piensa darse nunca más una vuelta en el coche del Calavera, eso está claro, y no piensa ir nunca a su casa, eso también está claro, piensa Asle, y avanza por la carretera y luego ve un tractor a lo lejos acercándose y el tractor es viejo y se mueve despacio y el motor hace un ruido increíble y Asle sigue andando, y a lo lejos el tractor se va acercando, pero despacio, y él no tardará en cruzar la carretera, y subirá por el camino de la granja de Per Olav y llamará a la puerta y preguntará por Per Olav, y si Per Olav está en casa y le apetece, quizá puedan empezar a construir el coche de madera, o hacer alguna cosa, piensa Asle, y cruza la carretera y hay que ver el ruido que hace el tractor que se acerca a lo lejos, un chirrido espantoso, piensa Asle, y sube por el camino de la casa de Per Olav y los suyos, y llama a la puerta y abre Per Olav y Asle dice hola y pregunta si quiere que hagan algo y Per Olav dice que encantado, porque tiene algo que enseñarle a Asle, dice en voz baja, y luego Per Olav se pone los zapatos y una chaqueta

Tenemos que ir a un sitio donde no nos vea nadie, dice

y Asle asiente con la cabeza

Y vamos a hacer algo que nunca hemos hecho, dice

¿Y si vamos al Cobertizo de la Barca? dice Asle

¿A vuestro Cobertizo? dice Per Olav

Sí, dice Asle

y Per Olav dice que es muy buena idea y bajan hasta la Playa, queda por debajo de la carretera, y caminan por la Playa y llegan al Cobertizo y luego rodean el Cobertizo porque la puerta trasera, que más bien es un portón, solo está cerrada con un gancho oxidado y Asle abre la puerta y Per Olav entra y Asle lo sigue y el Cobertizo está casi a oscuras a pesar de que Asle deja el portón entornado y Per Olav saca una caja de cerillas y enciende una

¿Tienes cerillas? dice Asle

Sí, dice Per Olav

Y tengo algo más, dice

y Per Olav saca un paquete de cigarrillos

¿De dónde has sacado ese paquete? pregunta Asle

Se lo he cogido al Abuelo, dice Per Olav

Tiene muchos guardados en un armario del salón, dice

y Per Olav enciende otra cerilla

¿Has fumado alguna vez? dice

No, dice Asle

¿Y tú? dice

Tampoco, dice Per Olav

y la cerilla se consume y Per Olav dice que ahora va a abrir el paquete de cigarrillos y luego se van a encender uno cada uno, pero son fuertes, así que Asle tiene que procurar no tragarse el humo porque entonces vomitará, dice, bueno, eso le han dicho, se lo ha dicho uno que fumó y al tragarse el humo vomitó enseguida, pero debió de ser porque se tragó el humo, dice Per Olav, y ya se les han acostumbrado los ojos a la oscuridad del Cobertizo así que ya ven más o menos bien y Asle ve a Per Olav abrir el paquete de cigarrillos y Per Olav le pasa un cigarrillo y luego se lleva otro a la boca y dice que Asle tiene que tomar aire en cuanto le acerque la cerilla al cigarrillo y Per Olav enciende una cerilla y la acerca al cigarrillo blanco y Asle toma aire y el cigarrillo se enciende y Asle lo tiene cogido entre el índice y el corazón y ve la brasa y ve que de la brasa sube humo y es bonito mirarlo y luego se lleva el cigarrillo de nuevo a los labios y toma aire y le entra algo de humo en la boca y suelta el humo y huele bien

Los cigarrillos huelen bien, dice Asle

y le da otra calada, y suelta el humo despacio, y ve el humo desaparecer en la oscuridad, y luego le da otra calada y mantiene el humo más tiempo en la boca antes de soltarlo y Asle nota que le gusta fumar, así que acabará siendo fumador, piensa Asle, y le da otra calada y deja que el humo baje un poco por la garganta y oye que Per Olav empieza a toser

Qué asco, dice

y Per Olav suelta el cigarrillo en el suelo de tierra del Cobertizo y lo pisa

Me he mareado enseguida, dice

y Asle se mete el humo aun más en la garganta y nota como un cosquilleo agradable por todo el cuerpo, bueno, es como si se tranquilizara y se sintiera mejor en todos los sentidos, piensa

¿Entonces a ti te gusta fumar? dice Per Olav

Sí, dice Asle

¿De verdad? dice Per Olav

Sí, dice Asle

y dice que cuando tenga edad suficiente seguro que empezará a fumar, y Per Olav dice que él desde luego no, y luego dice que Asle puede quedarse con el paquete de cigarrillos y con la caja de cerillas y Asle pregunta si no quiere quedárselas él y Per Olav dice que no, para nada, y luego Asle le da las gracias y se mete el paquete de cigarrillos y la caja de cerillas en el bolsillo y luego piensa que el mejor sitio para esconder el paquete de cigarrillos y la caja de cerillas debe de ser el Cobertizo y hay allí unas vigas cruzadas bajo el techo de las que cuelgan unas redes y algunas de las redes están tan podridas que se desmenuzan en cuanto las tocas y Asle piensa que puede dejar el paquete de cigarrillos y la caja de cerillas sobre una de las vigas, una de la que cuelga una red vieja y podrida, piensa, y se sube a unas cajas de pescado y deja el paquete de cigarrillos y la caja de cerillas sobre la viga

Creo que me voy a casa, estoy un poco mareado, dice Per Olav

y Asle asiente con la cabeza y Per Olav sale y Asle sale y echa el gancho y suben por el camino hasta la carretera y una vez en la carretera se dicen adiós y Per Olav se aleja por la carretera y Asle la cruza y sube por el camino hasta su casa y entra y cuelga la chaqueta en la entrada y se quita los zapatos y entonces sale la Madre y dice hueles a tabaco

¿Has fumado? dice

¿Tienes edad para fumar? dice

Échame el aliento, dice

y Asle le echa el aliento y la Madre pregunta de dónde ha sacado el tabaco y quién se lo ha dado y Asle solo dice que se lo ha dado alguien y ella pregunta quién y Asle dice que eso no se lo dirá por nada en el mundo, ni aunque lo mate, dice, y entonces ve a la Madre subir la escalera y yo estoy tumbado en la cama y me pregunto si no estaré oyendo el ruido de un motor y un sonido rasposo, un ruido silbante, pues sí, a lo lejos está sonando el motor de un tractor y oigo el raspar de un arado y tengo frío incluso en la cama cubierto con el edredón, así que tendré que levantarme, tengo que ponerme en pie, pienso, y me levanto y enciendo la luz de la alcoba y veo la ropa sobre la silla y luego me visto rápidamente y la ropa está fría, y entro en la sala y enciendo la luz de la sala y hace frío en la sala y pienso que debería hacer fuego en la estufa en vez de quedarme mirando al vacío, pero prefiero volver a la alcoba y quedarme otro rato en la cama, pues igual que hace Brage, con mucha razón, pienso, porque es muy temprano por la mañana, pienso, pero no quiero saber qué hora es, pienso, y hay que ver el ruido que hace ese tractor, pienso, y miro el cuadro en el que se cruzan las dos rayas, lo tengo ahí delante, en el caballete, y veo que he firmado el cuadro con una gran A en el rincón inferior derecho y eso quiere decir que lo doy por terminado, lo esté o no, pienso, y miro las dos rayas que se cruzan, una morada y otra marrón, y veo a Asle bajar corriendo al sótano de su casa, han comido albóndigas de patata y la Madre le ha mandado a buscar una botella de zumo y Asle baja corriendo al sótano con sus pequeños pies y luego entra en la despensa, y allí hay botes de cristal con ciruelas y manzanas y peras en almíbar, y muchas botellas de zumo, porque en otoño la Madre hace zumo con todas las grosellas que recogen, y en una caja enorme hay patatas, y Asle coge una botella de zumo y sale corriendo, y no, no tengo fuerzas para pensar en eso, pienso, y de pronto tengo a Ales muy cerca y Ales me pone una mano en la espalda y se queda conmigo y resulta tan agradable sentir su mano en la espalda, pienso, y veo a Asle sentado en un coche y un hombre le sujeta un trapo alrededor de la muñeca y se dirigen al Médico y Asle está fuera de sí mismo y mira las casas de la familia, la Casa Nueva y la Casa Vieja, y piensa que debe de ser la última vez que ve las casas y todo está dentro de un resplandor claro, de una luz incomprensible de la que él también forma parte y que es mucho más grande que él, bueno, que es todo lo que existe, y de esta luz, que está compuesta por puntitos de oro rutilante, bueno, que es como una nube de polvo de oro, y desde la nube de oro resplandeciente se ve a sí mismo en el coche con la mano ensangrentada, porque Asle se ha caído en el hielo y la botella de zumo se ha roto y un cristal le ha cortado la arteria de la muñeca, y Asle se siente muy débil y está dentro de esa luminosa nube de polvo de oro rutilante y traslúcido, y no tiene miedo, siente una especie de felicidad, una gran paz, no, no hay palabras para lo que siente y cómo lo siente, para cómo lo ve, piensa Asle, y miro el cuadro que tengo delante y Ales me acaricia la espalda y veo a Asle en el coche con la mano ensangrentada y Ales me acaricia y me acaricia la espalda, y su mano me resulta tan agradable, tan reconfortante, pienso, y veo a Asle con la mano ensangrentada y no quiero pensar más en eso, tendré que dejarlo estar en mis cuadros como buenamente pueda, pienso, y también está en el cuadro de las dos rayas que se cruzan, pienso, y entonces noto que Ales retira la mano y desaparece y yo me quedo mirando el cuadro aunque hace frío en la sala y debería hacer fuego en la estufa y veo a Asle parado en el patio de su casa, mirando al Padre, que a su vez mira casi con incredulidad un flamante coche nuevo, que es gris, y da la impresión de que el Padre casi no se atreve a tocar el coche, y mucho menos a montarse, y ahí está la Madre y la Madre dice que es increíble, ya tienen coche ellos también, dice, increíble pero cierto, dice, y el Padre dice que en realidad no es suyo, porque el coche entero es propiedad del banco, dice, y la Madre dice que aun así el coche es suyo y el Padre dice bueno y luego dice mirad, mirad ahí abajo, el Calavera está en la parada del autobús y ese no coge mucho el autobús, solo las pocas veces que va a Bjørgvin, dice el Padre, y Asle mira hacia donde está el Calavera y hace mucho frío en la sala, y tengo que hacer fuego en la estufa, pienso, pero lo que más me apetece es meterme debajo del edredón con Brage, pienso, igual puedo volverme otro ratito a la cama, coger un poco de calor, pienso, y vuelvo a la alcoba y me acuesto completamente vestido y en la cama está Brage y se acerca a mí y yo nos cubro a los dos con el edredón y noto que Ales se acurruca junto a mí, a un lado tengo a Brage y al otro tengo a Ales, y ella me da calor y seguridad, y pienso que es un placer volver al calor bajo el edredón en vez de quedarme ahí afuera en el frío de la sala, pienso, y Ales me pregunta si estoy bien y le digo que estoy perfectamente, como siempre, bueno, ya lo sabe ella, digo, y Ales no dice nada y me quedo ahí tumbado y pienso que debería haber apagado la luz tanto de la sala como de la alcoba, pero qué le vamos a hacer, pienso, y oigo a Ales decir que nosotros dos estamos siempre juntos y miro al vacío y veo a Asle y otros niños sentados debajo de un saliente de la montaña, allí están a resguardo aunque está lloviendo, y son tres niños y tres niñas y han subido un poco por la cuesta por encima de la carretera, porque el saliente no queda muy lejos, y luego se han metido debajo del saliente y allí tienen siempre unas velas y una caja de cerillas y encienden las velas y hace bastante frío así que están muy juntos y Asle rodea con el brazo la cintura de la niña que está a su lado y ella se inclina sobre él y le pone una mano en el muslo y luego Asle nota la boca de la niña en su mejilla y luego la niña le busca la boca y se besan y ella abre la boca y él abre la suya y en ese momento las puntas de las lenguas se rozan y es como si sus bocas se fundieran y Asle nota que se le endurece el pito y pone una mano sobre uno de los pechos de ella y aunque es pequeño es un pecho, y a ella se le acelera la respiración y él le acaricia el pecho, por encima del jersey, y entonces ella le coge la mano y se la lleva por debajo del jersey hasta el pecho y entonces Asle tiene su pecho en la mano y le cabe entero en la mano y entonces nota que la chica tiene el pezón duro y coge el pezón entre el pulgar y el índice y a ella se le acelera aun más la respiración y desliza la mano por el muslo de Asle, por encima del pantalón, hasta su pito tieso, y allí deja la mano y luego mueve la palma de la mano lentamente, arriba y abajo, y todo el rato siguen besándose y entonces Per Olav dice anda mira, mira estos dos y ellos se separan y Per Olav dice que no sabía que fueran novios pero ahora ya lo sabe, dice Per Olav, y yo miro al vacío y noto que Ales ya no está a mi lado y pienso que debe de ser muy temprano ¿quizá sea aún de noche? pero no quiero saber qué hora es, pienso, y debería dormir más, porque noto que tengo sueño, pienso, y nos tapo mejor a mí y a Brage con el edredón, aunque debe de ser ya por la mañana porque oigo el ruido de un tractor viejo, y un ruido rasposo, como de un arado ¿o me lo estaré imaginando? no, lo estoy oyendo, un ruido silbante, pienso, y pienso que menos mal que volví a Bjørgvin, y que encontré a Asle en la nieve, porque con el frío que está haciendo podría haberse muerto congelado, pienso ¿pero cómo estará? se lo llevaron directamente de Urgencias al Hospital y hoy tengo que coger el coche e ir al Hospital a visitarlo, pienso, y hoy tengo que llevar los cuadros a Bjørgvin y entregarlos en la Galería Beyer, no me he citado con Beyer, pero aunque él no esté puedo llevar los cuadros y dejarlos en ese cuarto que Beyer llama el Banco, porque la galería estará abierta y siempre hay allí alguna chica cuando el propio Beyer no está, y las chicas cambian constantemente, estudiantes, dice Beyer, son estudiantes que quieren sacarse un dinero, dice, pero nunca se quedan mucho tiempo, porque cada dos por tres aparecen caras nuevas, así que Beyer debe de pagarles mal, seguro, y luego tiene que contratar chicas nuevas todo el rato, pienso, porque Beyer no es de los que tiran el dinero, y será por eso por lo que ha acabado siendo un hombre tan acaudalado, pienso, y en ese momento oigo que el ruido del viejo tractor se apaga y pienso que entonces será que ha llegado Åsleik, ha parado el tractor en el patio, porque la verdad es que iba a venir hoy, pero no pensaba que fuera a llegar tan temprano, pienso, y oigo que llaman a la puerta y pienso que si no abro Åsleik entrará igualmente y me levanto y hace tanto frío en la alcoba que me gustaría quedarme en la cama todo el día, pienso, y tengo tanto frío que empiezo a calentarme con los brazos y Brage sigue en la cama, debajo del edredón, y me mira con ojos asombrados

Tú quédate ahí, digo

Quédate ahí y disfruta del calor, digo

y oigo pasos y una puerta que se abre y voy a la sala y allí está Åsleik, mirando el cuadro de las dos rayas que se cruzan, con el traje de nieve y la gorra de piel y las botas puestas mira el cuadro y dice que hay que ver lo tarde que me levanto, está ya muy entrada la mañana, dice

¿No te habías levantado? dice

Sí, digo

Solo que te has echado otro rato, dice

Sí, digo

Son por lo menos las diez, dice

Sí, digo

y pienso que nunca habría creído que fuera tan tarde

Tú sueles levantarte sobre las cinco o a las seis, dice

¿Te pasa algo? dice

No, digo

Estarías más cansado que de costumbre, dice

Es comprensible, dice

y luego dice que eso de conducir ida y vuelta a Bjørgvin en un solo día y luego volver de nuevo a Bjørgvin en el mismo día, y con el tiempo que hace, con nieve y con viento y con la carretera helada, bueno, lo que hice yo antes de ayer, vamos, y luego, ayer, conducir una vez más de Bjørgvin a Dylgja, en fin, que eso agota a cualquiera, él seguramente no habría sobrevivido, dice Åsleik, y luego dice que la sala está tan fría que hace más calor fuera que dentro y va a tener que encenderme la estufa otra vez, igual que tuvo que hacer ayer, y antes de ayer, así que ha pasado a ser responsabilidad suya, casi, dice ¿pero entonces igual yo podría preparar un café? dice Åsleik y yo digo que sí

Fíjate, haberme quedado en la cama hasta media mañana, digo

Creo que hace años que no lo hago, digo

Yo, desde luego, no recuerdo la última vez que lo hice, dice Åsleik

y se acerca a la estufa y echa dentro viruta y leña menuda y un leño y consigue prender la viruta y luego se queda mirando las llamas y dice que la viruta es buena y está seca, así que prende enseguida, dice ¿y a quién puedo agradecerle la viruta? ¿y la leña? ¿y que la sala enseguida esté caldeada? pues a él, dice Åsleik, y yo no digo nada, porque eso, eso se lo he oído decir muchas veces, demasiadas veces, pienso, y Åsleik dice que hoy ha venido a pedir algo a cambio de la viruta, la leña menuda y los leños, de esa leña de abedul tan seca, dice, y lo que quiere, lo que quiere a cambio, ya se sabe, es un cuadro para regalárselo a la Hermana por Navidad, y otros años siempre le he dado a elegir entre los cuadros pequeños, pero ayer acordamos que este año podría elegir uno de los grandes, o de los que son algo mayores, porque la verdad es que muy grandes no son ninguno de los cuadros que pinto yo, dice Åsleik, y dice que quiere elegirlo antes de que yo vuelva a Bjørgvin y entregue los cuadros a la Galería Beyer, y por eso mismo ha venido tan temprano, bueno, lo de temprano es un decir, porque si no me entendió mal yo tenía pensado volver hoy mismo a Bjørgvin con los cuadros y entregárselos a ese Beyer, ese tipo al que le tengo tanta fe, y en quien confío tanto, a pesar de que, como a toda la gente de Bjørgvin, lo único que le interesa es el dinero, ganar dinero, sí, dinero, dinero, ganar dinero comprando barato y vendiendo caro, eso es lo único que le interesaba a la gente de Bjørgvin, da igual que compren o vendan pescado o que sean cuadros, así ha sido toda la vida, y así sigue siendo, dice Åsleik, y esto se lo he oído decir tantas veces ya, claro que se lo he oído, porque ni Åsleik ni yo tenemos muchas novedades que contarnos y por eso nos decimos lo mismo una y otra vez, porque algo hay que decir

Bueno, ya arde bien la estufa, dice Åsleik

y se queda mirando las llamas

Lo dejo arder otro poco con el tiro abierto, y luego le echo otro leño, dice

Mira que tenías fría la sala, dice

Pero no tardará en caldearse, dice

Al menos lo suficiente para que se pueda estar aquí sin traje de nieve y gorra de piel y botas, dice

y me acerco a la estufa y me paro y estiro los brazos por encima de la estufa y me reconforta sentir cómo llega el calor a las manos, a los brazos, en fin, al cuerpo entero, pienso, y Åsleik está parado a mi lado

Ahora calienta bien, dice

Sí, digo

¿Pero qué has hecho con el perro? dice Åsleik

Está dormido, digo

¿En tu cama en la alcoba? dice

Sí, digo

y nos quedamos callados

Se llama Brage ¿no? dice Åsleik

Sí, digo

y de nuevo se hace un silencio

Has hablado a menudo de hacerte con un perro, y parece que por fin lo has logrado, dice

y yo no contesto y entonces Åsleik se acerca al caballete donde está el cuadro de las dos rayas que se cruzan y dice cruz de San Andrés, ya estamos, pienso, cruz de San Andrés repite Åsleik y pone énfasis en la palabra, como si fuera una palabra importante, y lo que se supone que está diciendo es que él sabe muchas cosas, digamos, no me vengas con esas, pienso, y entonces Åsleik dice que aunque el cuadro quizá esté inacabado este es el que quiere, y yo me sobresalto porque este cuadro lo quiero para mí, no quiero venderlo, así que no quiero dárselo a Åsleik no

Pero no está acabado, digo

No importa, dice él

Está bien como está, dice

¿Pero no quieres ver primero los otros cuadros, los que tengo ahí, en esa fila, los grandes? digo

y señalo la fila de cuadros apoyados contra la pared junto a la puerta de la cocina

Ya he elegido un cuadro, dice Åsleik

Pero ese cuadro no lo he acabado, digo

Da igual, dice Åsleik

Ya te lo he dicho, dice

Pero yo lo quiero acabar, digo

Bueno, pero de cierto modo está acabado tal como está, dice

Y además ya lo has firmado, dice

Y la última vez que lo vi no estaba firmado, dice

¿Y no significa eso que lo das por terminado? dice

y yo no digo nada y pienso que a este Åsleik no es nada fácil engañarlo, porque siempre elige los mejores cuadros para dárselos a la Hermana, a menudo, bueno, por regla general, elige cuadros que me estaba pensando quedarme yo, para la colección que tengo en el desván, pero este cuadro en concreto no se lo voy a dar a Åsleik, diga lo que diga, piense lo que piense, porque quiero quedármelo yo

Pero mira primero los otros cuadros terminados, digo

Los grandes, digo

y señalo la fila de cuadros grandes que tengo apoyados contra la pared junto a la puerta de la cocina y Åsleik dice que tendrá que mirarlos, bueno, lo hará si le traigo pronto una taza de café humeante, bueno, si le preparo una taza de café mientras él mira los cuadros, dice, y entonces Åsleik se acerca a la fila de cuadros y yo me voy a la cocina y enciendo la luz y pongo el café en la cafetera eléctrica y luego miro afuera, y hay que ver cómo ha nevado esta noche, tengo el coche totalmente nevado, menos mal que Åsleik ha despejado la nieve del patio, pienso ¿y realmente tengo que llevar los cuadros a Bjørgvin hoy? ¿ahora que ha nevado tanto y las carreteras están tan peligrosas? ¿y por qué no me los llevaría ayer? qué raro que no se me ocurriera, no lo entiendo, pienso, pero la primera vez fui a Bjørgvin a hacer la compra, y la segunda porque quería ver cómo estaba Asle, y en el fondo será por eso por lo que hoy quiero volver a Bjørgvin, porque quiero ir a visitar a Asle en el Hospital, y tal vez comprarle algo, o ir a buscarle algo a su casa, si hace falta, será más bien por eso, pienso, y miro afuera, a la nieve blanca, y veo a Asle acostado en la cama y tiene todo tipo de tubos y cosas enganchados al cuerpo y cuelgan de un soporte y está dormido y su cuerpo se sacude, todo el rato tiembla su cuerpo y Asle se despierta y abre los ojos y mira a un lado y ve que hay otras tres personas tumbadas en camas en la misma habitación en la que está él

Así que te has despertado, dice uno de ellos

y Asle no contesta

Te has despertado, mira que has dormido, no entiendo cómo puedes dormir con el ruido que viene de la calle, es un tractor o algo así, dice

y Asle no contesta, simplemente cierra los ojos, y luego vuelve a temblar con más fuerza y entonces llegan un médico y un enfermero y el Médico dice que hay que vigilarlo a todas horas, así que hay que trasladarlo, y Asle yace sin saber muy bien dónde está ni dónde no y todo es confuso y tiembla y luego llegan dos hombres y sacan al pasillo la cama y el soporte y a Asle y él cierra los ojos y le tiembla el cuerpo entero, le dan espasmos, y entonces lo meten en un ascensor y yo estoy en la cocina mirando la nieve de afuera y veo que se llevan a Asle por un pasillo y luego abren la puerta de una habitación y allí hay una cama y en la cama yace un hombre con el pelo completamente gris, y la cara completamente gris, y a su vera dormita otro hombre en una silla, debe de estar al cuidado de los que se encuentran allí puesto que están tan enfermos, pienso, y veo que meten la cama de Asle en la habitación y la colocan junto a la pared, frente a la otra cama, y el que está sentado en la silla se levanta y mira algo que cuelga de la cama de Asle y luego vuelve a sentarse y al cabo de un rato se levanta y se acerca a la cama y toca levemente el hombro de Asle

Asle, dice

Sí, dice Asle

y entonces veo que el que le ha tocado el hombro a Asle y que de alguna forma está de guardia, vuelve a sentarse en su silla y miro la nieve y pienso que tengo que llevar hoy los cuadros a Bjørgvin y luego tengo que visitar a Asle en el Hospital, porque está muy mal, pienso, y me vuelvo y veo que el café está listo y lo sirvo en dos tazas y regreso a la sala y veo que Åsleik ha colocado cuatro o cinco de los cuadros grandes a lo largo de la pared que da a la cocina y está mirando uno de ellos y me acerco y le doy una taza y él dice gracias

Últimamente has pintado muchos cuadros buenos, dice

Gracias, digo

y ahí nos quedamos los dos, bebiendo el café a pequeños sorbos, y entonces voy y me coloco y miro el cuadro de las dos rayas que se cruzan y Åsleik dice que ese es el cuadro que prefiere, el que estoy mirando, pero si ese quiero quedármelo yo hay varios otros cuadros que también son muy buenos, dice Åsleik, y ya se ha fijado en uno, dice, y me pregunta si soy capaz de adivinar de qué cuadro se trata y yo digo que puedo intentarlo y me acerco a un cuadro de algo que tal vez sea una especie de barca flotante, y el cuadro es morado y marrón, un poco como el brezo, vamos, como tantos otros cuadros míos, pero lo que realmente le da luz al cuadro es algo blanco y delgado que le he pintado en algunos sitios al mirarlo en la oscuridad, son movimientos claros, son estos movimientos blancos, y algunos negros, los que hacen que el cuadro luzca, bueno, al menos intensifican la luz, de una manera muy particular, y ahora que veo el cuadro pienso que también este me gustaría quedármelo, pero si tengo que elegir prefiero el cuadro de las dos rayas que se cruzan y Åsleik me pregunta si recuerdo el título que le puse a este cuadro

Porque se te da bien poner títulos a los cuadros, dice

Los cuadros necesitan títulos, digo

Sí eso lo entiendo, dice Åsleik

y nos quedamos callados y pienso que yo siempre le he puesto título a mis cuadros, y eso no lo hacen todos los pintores, pero yo sí que lo hago siempre, porque cuando doy por terminado un cuadro, al final, siempre uso un óleo negro y espeso y pinto una gran A en el rincón inferior derecho del cuadro, de modo que resulte fácil ver que hay allí una A, y en el bastidor, en la parte alta, pinto el título del cuadro, también con un óleo negro y espeso, y ahora Åsleik me pregunta cómo se llama el cuadro que quiere él y yo creo que me acuerdo, no estoy seguro del todo, pero creo que el cuadro se llama Barca quieta, vaya título para un cuadro, pienso, es más bien malo como título, y no sé yo lo que quise decir con eso, pienso, y digo que creo que el cuadro se llama Barca quieta, pero él puede comprobarlo, digo, y Åsleik dice que obviamente ya lo ha comprobado y va y levanta en el aire el cuadro y le da la vuelta y en la parte alta del bastidor, en el centro, pone Barca quieta, pintado con un óleo negro y espeso

Así que te acordabas, dice Åsleik

Me quedo con este cuadro, dice

De acuerdo, digo

y Åsleik vuelve a dejar el cuadro en el suelo, pero esta vez lo apoya contra el caballete y se aleja un poco para mirarlo y yo me acerco a él y veo que es un buen cuadro, tal vez uno de los mejores que he pintado en mucho tiempo, pero si Åsleik lo quiere para regalárselo a la Hermana que se lo quede, por mí está bien, pienso, pero el cuadro que está en el caballete y que lleva el título de Cruz de San Andrés no se lo lleva, joder, ese lo quiero para mí, y Åsleik debe de haberlo entendido, pienso, y me acerco al cuadro y veo que ya lo he firmado con una A en el rincón inferior derecho y luego le doy la vuelta al cuadro y veo que he pintado Cruz de San Andrés en la parte superior del bastidor y pienso que eso debí de hacerlo anoche, seguramente, mira que tengo mala memoria, a mediodía se me han olvidado las cosas de las doce de la mañana, como se suele decir, pienso

Cruz de San Andrés, digo

Sí supongo que ese cuadro no podría titularse de otra manera, dice Åsleik

y por suerte no dice cruz de San Andrés más veces

¿Ese cuadro está acabado? dice Åsleik

¿Así que intentabas engañarme? dice

Bueno, la verdad es que creo que sí está acabado, digo

y Åsleik dice que puede entender que el cuadro esté acabado, aunque tenga pinta de no acabado, sí está acabado, es seguro, dice, y tomamos café y Åsleik pregunta si verdaderamente quiero ir hoy a Bjørgvin con todo lo que ha nevado y dice que no me entiende, el otro día fui y volví de Bjørgvin, y luego incluso volví una vez más a Bjørgvin en el mismo día, y eso sin llevarme los cuadros para la Galería Beyer, y ahora quiero ir a Bjørgvin de nuevo, es casi demasiado, dice, y yo pienso que tengo que visitar a Asle en el Hospital, pero eso no tengo ganas de decírselo a Åsleik

Hoy voy a llevar los cuadros, así lo dejo hecho, digo

¿No es solo por los cuadros por lo que quieres ir a Bjørgvin? dice Åsleik

Quizá no, digo

Querrás ir a misa, dice

y noto desdén en su voz, porque la verdad es que de vez en cuando, y en verano prácticamente cada domingo, cojo el coche y voy a Bjørgvin para ir a misa en la iglesia de San Pablo

Menudo papista estás hecho, dice Åsleik

y me pregunto si Åsleik no se cansará nunca de esa palabra, de pronunciar esa palabra, tengo la impresión de que es otra palabra que se ha aprendido y que está orgulloso de conocer, papista, cruz de San Andrés, es como si se diera importancia con ese tipo de palabras

Papista, sí, dice

y pienso que la verdad es que me sentaría bien ir a misa, aunque no tengo pensando hacerlo, en realidad solo tengo pensado visitar a Asle en el hospital y de paso entregar estos cuadros que de todos modos tengo que entregarle a Beyer dentro de poco

¿O es por una mujer? dice Åsleik

y dice que mira que es tonto, cómo no se le habrá ocurrido antes, dice, y yo pienso que no entiendo a Åsleik, a veces me irrita más de lo que me conviene, pero hago como si nada, simplemente dejo que sus tonterías se pierdan en el aire, pienso

No, digo

Bueno, dice él

y nos quedamos callados

Pero sí que piensas ir a misa dentro de poco ¿no? dice

y yo digo que quizá sí y Åsleik pregunta si no me bastó con ir a misa ayer cuando fui a Bjørgvin a hacer la compra y yo digo que ayer no fui a misa y Åsleik dice que qué raro, siempre suelo ir a misa cuando voy a Bjørgvin a hacer la compra, dice, y yo tengo que decir algo y entonces digo que tendré que empezar a preparar los cuadros y meterlos en el coche

Los envuelves en mantas, dice Åsleik

Sí eso siempre, digo

Has usado mucho esas mantas, dice él

Sí las tengo desde hace muchos años, digo

y callo y espero que Åsleik no me pregunte de dónde saqué las mantas, y que no tenga que contarle una vez más que las compré en la Tienda de Segunda Mano de Skutevika, no todas de una vez, sino una un día y otra otro día, siempre que me pasaba por la Tienda de Segunda Mano buscaba mantas y cuando no veía ninguna preguntaba si tenían mantas y entonces ellos siempre me preguntaban qué quería decir y yo decía mantas de lana y a veces sí que tenían una manta o dos en el almacén, otras veces no, pero con el tiempo fui juntando una buena colección de mantas y ahora tengo las mantas apiladas en un rincón de la habitación del desván donde guardo todo lo que necesito para pintar, los tubos de pintura al óleo, los lienzos, y también los listones para hacer los bastidores, claro, los listones los tengo allí secándose, pienso, y Åsleik dice que puede ayudarme a envolver los cuadros y cargarlos en el coche y yo le doy las gracias y él me pasa la taza y me da las gracias por el café y veo que solo me he bebido un poquito de mi café, y así cada mañana, me sirvo una gran taza de café y luego solo bebo un poco, pienso, y voy a la cocina y dejo las tazas en la pila y subo al desván y cojo todo el montón de mantas tiradas en el rincón y bajo y suelto el montón en el suelo, delante de los cuadros, y veo que Åsleik está mirando el cuadro que ha elegido de regalo de Navidad para la Hermana y que ahora está en el suelo, apoyado contra el caballete, y entonces Åsleik me mira

Bueno, pues entonces quiero este cuadro, dice

Tenemos un acuerdo, digo

y cojo una manta y un cuadro de la fila de cuadros grandes acabados y lo envuelvo bien con la manta y lo dejo en el suelo y entonces Åsleik coge una manta y un cuadro y lo envuelve y lo pone encima del que yo ya he dejado en el suelo y así seguimos, envolviendo un cuadro tras otro, y el último cuadro es Åsleik quien lo coge y luego todos los cuadros grandes quedan apilados en un bonito montón en el suelo y entonces cojo una manta y envuelvo uno de los cuadros pequeños y Åsleik hace lo propio y en total no hay más que cuatro cuadros pequeños

En total trece cuadros, dice Åsleik

Sí, digo

Es un número de mala suerte, dice él

Puede ser tanto de buena suerte como de mala, para mí por lo menos, digo

y Åsleik dice que eso nunca lo había oído y yo digo que esa es al menos mi experiencia

Pues así será también, dice él

y entonces Åsleik dice que no entiende por qué quiero volver a Bjørgvin hoy mismo, y yo digo que ya se lo he dicho, voy para entregar los cuadros en la Galería Beyer, para dejarlo hecho, digo, y Åsleik dice que tiene que haber otra razón y yo digo que puede ser y Åsleik dice que me abrigue bien, que me ponga ese abrigo que tengo, y ahora tenemos que llevar los cuadros al coche, dice, y yo asiento con la cabeza y se hace un silencio

Tú siempre has hecho lo que has querido, Asle, dice Åsleik

y envuelve en una manta el cuadro que ha elegido y lo vuelve a dejar apoyado contra el caballete

Como siempre, te devolveré la manta cuando le haya dado el cuadro a la Hermana, dice