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El pasado me condena reúne los poemas de una adolescente que no encontró otro refugio más que sus cuadernos. En ellos llora, ríe, come y vive el minuto a minuto de un mundo que baila entre la realidad y lo imaginario. Desde la pubertad hasta la universidad, cada una de esas reflexiones fueron construyendo el pasado, que hoy la condena, pero le ofrece una nueva pregunta: ¿Quién le quita lo vivido?
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Seitenzahl: 72
Veröffentlichungsjahr: 2020
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Revori, Anaclara del Rosario
El pasado me condena : ¿quién me quita lo vivido? / Anaclara del Rosario Revori. - 1a ed.- Córdoba : Tinta Libre, 2020.
98 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-536-5
1. Poesía Argentina Contemporánea. 2. Prosa Literaria. 3. Autobiografías. I. Título.
CDD A861
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2020. Revori, Anaclara del Rosario
© 2020. Tinta Libre Ediciones
A mi vieja y mis hermanos. Son mi patria, mi bandera.
A María. Esa familia que te acerca la vida.
A Juan. Que es mi amigo, mi compañero, mi consejero
y el mejor novio del mundo.
A Meli, Ami, Caro y Cande, por esta amistad de hierro.
Al Stand Up que me presenta noche a noche gente hermosa.
A vos, viejo, que te extraño en todo momento,pero que me dejaste la herencia más hermosa del mundo: ser incondicional, amar y reír por sobre todas las cosas.La tierra te extraña, Negrito, pero el cieloganó una hermosa estrella. Te amo la eternidad.
A vos, dueñx de este libro, por leerme.
Gracias por sumarte a esta locura.
Buenos días,
buenas tardes,
buenas noches.
MUCHAS GRACIAS
¿Quién soy?
Hola, soy Anaclara del Rosario, pero pueden decirme Anaclara. A Rosario no respondo ni respondería jamás, aunque me parece un hermoso nombre. Por otro lado, Ana me parece demasiado serio al igual que Clara, y los diminutivos siento que me hacen ser más tonta de lo que en realidad soy. Anita, Anuchi, Clari, Clarita. Asqueroso. Pero si me dicen Anaclara, siento que me van a retar así que lo mejor sería que no me llamen, no me busquen, no me escriban, ni me hablen.
Y, sí, Anaclara es todo junto, nunca lo escriban separado. Y no, todo junto no es mi apellido, odio ese chiste. Así como detesto el chiste, detesto que me comparen con otros nombres, como Maria Clara o que el cajero del supermercado me diga: “Yo tengo una tía que se llama Ana Clara, pero separado, todo junto nunca lo vi”. Y, obvio, el separado me lo aclara con las manos, no sea cosa que no logre descifrar semejante incógnita.
¿Y cómo te dicen? ¿Ana? ¿Ani? ¿Anita? ¿Clara? ¿Clari? ¿Clarita? ¿Querés la verdad? Como quieras, si no me vas a dar bola, tampoco me vas a decir cómo me gusta que me llamen.
Hubo una época en la que sí era feliz con mi nombre. Todo gracias a mi mejor amiga, que comenzó a decirme Anech; era un buen apodo, mejor que gordi, gordita, gor, panzuqueta, morronga o los estúpidos diminutivos de los que ya hablamos. Algunos se los soportaba a mi viejo, pero a nadie más: papá es papá y se le soporta todo.
A mamá no tanto y menos los de gordi, gordita o gor, porque, por si no lo saben, tengo sobrepeso prácticamente desde que nací; digamos que soy una gorda bulímica, a dieta. Sí, vomito todo lo que como y si no, prefiero no comer. Eso sí: siempre sigo gorda.
Si quieren vamos a mi historia y les cuento un poco de lo que se van a tratar estos escritos. Así que, sin más preámbulos, primero lo primero. Con todo lo que se encontrarán, no busco herir a nadie, dejo en claro en la primera hoja que a todas las personas que aparecerán incógnitas —y no tanto— en estas páginas, las respeto, a mi manera claro, las admiro, a mi manera, y las quiero, a mi manera. A mi familia y amigos, los amo, según mi forma de amar, pero los amo, son los mejores, aunque nadie es perfecto, ni siquiera yo y los errores que cometieron conmigo son parte de lo que hoy soy, de mi soledad, de mi realidad, de mí. Esto es una especie de sacar los trapitos al sol, pero con las heridas ya cerradas, selladas, sanadas y curadas, porque todos hacemos daño y, mientras sepamos pedir perdón, cualquier edificio que destruyamos puede reconstruirse y, aunque no será igual que antes, será otro diferente, pero las bases serán las mismas, aunque habrá algo genuino, nuevo, pero con los mismos cimientos.
Las nanitas son marcas invisibles de las que solo saben unos pocos, hay nuevas que se quedan lo mismo que el vapor después de la ducha, se tiene que ver muy bien el vidrio del espejo para notar los jeroglíficos de un corazón roto.
Lo que espero de estas hojas es una reconstrucción de mí, que estoy tocando fondo —ya les contaré por qué— y un poco de todo lo que me pasó para llegar a esto.
Por eso, hoja a hoja, les hablaré de personajes emblemáticos de mi vida, amigos y amigas, familia, psicólogos, endocrinólogos, nutricionistas, anécdotas de verano, amores y desamores.
Todos los tratamientos que me sugirieron para que yo sea una persona feliz fueron en vano, porque yo sé que no lo soy, pero hay un dejo de esperanza que anima al resto a decirme: “Vos podés ser feliz y vas a salir de ese oscuro pozo en el cual te estás manteniendo de manera masoquista”.
Si no lo mencioné, soy adoptada y, conforme fui creciendo, mi tendencia suicida fue aumentando. En la actualidad estoy en tratamiento psiquiátrico y psicológico, bien. Tomo un cóctel arcoíris para echarle color a mis días, pero no importa cuántas mezclas haga, todas terminan en negros y grises.
Tengo ataques de pánico (¡chocolate por la noticia!) y tengo una tendencia a olvidar las cosas o me invento cosas que nunca sucedieron.
Sentir es difícil cuando se tiene la dificultad de no estar seguro de estar viviendo en la realidad. Las nanitas aparecen para recordarme que estoy acá, aunque veces parece que soy solo una respiración mirando al techo de no importa qué habitación.
Esa basura que soy, que me refleja el espejo, que ya no es persona, porque no siente, para eliminarla parcialmente tengo que someterme a la autoflagelación de mi cuerpo. Lo más temible es que, al día de hoy, enero 2018, no me jode, me gusta.
¿Alguna vez te tatuaste? Las nanitas son como los falsos tatuajes de los chicles Bazooka, en el tiempo quedan pegadas algunas que otras partecitas, imperceptibles para el resto, pero muy presentes para uno.
Con los defectos no pasa lo mismo, están ahí y por más agua y jabón que uses para borrarlos, pareciera que hasta la molécula más chiquita tuviera un millón de reproducciones en los muros internos de los ojos ajenos. Hice de todo para borrar mis marquitas defectuosas, pero acá están reluciéndose, posando en la alfombra roja de las vergüenzas propias, haciéndose más y más famosas, aunque al principio las odié… no voy a adelantarles el final.
¡Ojo! También entreno con personal trainer tres veces por semana, me castiga por mi grasa corporal y me hace transpirar mucho, llego muerta, directo a pesarme y a la ducha. Bien, bajé 100 gramos. Aunque quisiera bajar 100 kilos, pero de a poco, de a poco con la bulimia, de a poco con la anorexia, de a poco con todo, porque las cosas en exceso hacen mal y si bien yo quiero hacerme mal, no me gustan los excesos.
Sí, soy así, muy contradictoria conmigo misma. A veces me gusta el tomate y lo amo y otras veces me da náuseas y repulsión.
Los biológicos
Entonces empecemos por las personas que me arruinaron la vida, mis biológicos.
El puto que violó a la puta que me parió (¡ja!, perdón que me salga una leve risa, pero es gracioso, al menos para mí que llevo 26 años con este karma de la adopción).
Vamos a decirles biológicos, mi biológica y mi biológico, para no llamarlos papá y mamá biológicos. Primero porque papá y mamá les queda grande y segundo porque solo se molestaron en parirme, además es muy largo de escribir, no quiero que se aburran, esto recién empieza.
Todavía no nacía, pero los que serían mis biológicos ya estaban casados, muy jóvenes y felices por la vida a la espera de su primera hija, reconocida, soñada, amada.
Ella era... ni idea qué hacía, y él era un milico, policía, maltratador, violento o por lo menos la biológica me contó esto; además, tenía otra/s familia/s, pero la biológica se lo bancaba, por amor se lo bancaba, esa parte la saqué de ella, esa Drama Queen que llevo adentro, amante de las telenovelas de las tres de la tarde donde sufrir por amor es el karma de la protagonista.
