El rostro real de Dios - Ricardo L. Mártensen - E-Book

El rostro real de Dios E-Book

Ricardo L. Mártensen

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Beschreibung

Al emprender un camino de fe vamos tomando conciencia de las veces que nos vinculamos con Dios desde la imagen previa que tenemos de Él, y no desde su propia identidad. A veces nos vinculamos con Él como un Juez castigador (debo cumplir por temor al castigo), como un Dios negociante («te doy para que me des»), como un Dios lejano (a Dios no le interesa lo que vivo). De este modo nos perdemos la riqueza de encontrarnos con el rostro real de Dios. Seguir a Dios implica evangelizar la imagen que tenemos de Él. En un lenguaje claro y ameno, el autor describe distintas caricaturas que podemos tener de Dios, los diversos modos de vincularnos con Él, para finalmente presentarnos el rostro real de Dios que es el Amor. Además de sus numerosas ediciones en castellano, el libro fue editado y traducido al italiano con el título "Scopri il Dio dell'Amore".

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Seitenzahl: 60

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Padre Ricardo, MPD

El rostro real de Dios / Padre Ricardo, MPD. - 1a ed. - Ciudad AutÛnoma de Buenos Aires : De la Palabra de Dios, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-48292-9-0

1. Espiritualidad Cristiana. I. TÌtulo.

CDD 248.4

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Este libro tiene una: VERSIÓN PAPEL

Diseño: Cristian Chaives

© Editorial de la Palabra de Dios

24 de Noviembre 1212 - C1242AAB – Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Tel/Fax: (5411) – 49318388 / Email:[email protected]

www.cristovive.org.ar

Queda hecho el depósito que establece la ley 11.723. Todos los derechos

reservados. Impreso en Argentina. Printed in Argentina.

Presentación

Todo hombre alguna vez pronuncia la palabra Dios: para decir que existe o no existe; para reconocerlo como Padre, ignorarlo o negarlo; para pedirle o quejarse; para agradecerle o injuriarlo... Pero, ¿cuál es el “dios” con el que nos vinculamos?

El Dios Vivo y Verdadero del Evangelio, no es un dios hecho a la medida de cada uno. A veces nos relacionamos con una imagen irreal de Dios, que corresponde a estados interiores, historias personales, procesos psicológicos, etcétera. Por eso, tomar conciencia de las diferentes imágenes que aún inconscientemente conservamos de Dios, abre la puerta de nuestra propia evangelización y la de los hermanos.

Estas páginas, tuvieron su borrador inicial en el año 1974 como fruto del trabajo pastoral del Padre Ricardo, fundador del Movimiento de la Palabra de Dios. Con la experiencia recogida a través del tiempo, su contenido se fue ampliando y corrigiendo a fin de agregar nuevos aportes a la publicación.

Con un lenguaje claro, concreto y pastoral, el autor describe las “caricaturas” que se pueden tener de Dios y presenta tres actitudes con las que el hombre se relaciona con Él. En los últimos capítulos nos acerca cuatro novedades que comporta El Rostro Real de Dios, para concluir con la propuesta de evangelizar la imagen que tenemos de Él y renovar nuestro vínculo filial con el Dios Vivo y Verdadero del Evangelio.

Un tema que es objeto de enseñanza y reflexión para los creyentes de todas las edades.

Editorial de la Palabra de Dios

Diciembre 2019

Prólogo de la 1° edición

El anuncio y proclamación de una imagen más auténtica y evangélica de Dios para los creyentes, está en los mismos orígenes del Movimiento de la Palabra de Dios y de su mensaje evangelizador. Es más, el Movimiento surge de la proclamación de un Dios que es revelación, realidad, vida, conversión, compromiso y testimonio.

“El Rostro Real de Dios”, antes de ser un tema de meditación, fue observación y descubrimiento pastoral. Surgió de mirar, a través de las palabras, interpretaciones y actitudes de vida, qué imagen “preconsciente” de Dios tiene el hombre de todos los días.

El hacer tomar conciencia a una persona de cuál era su “caricatura” de Dios le abría la puerta para recibir el rostro del Dios bíblicamente revelado. Por eso también, la imagen de Dios fue y es objeto de predicación de retiros y jornadas a jóvenes y adultos. De enseñanza en la catequesis y en la teología dada a los laicos.

Al redactarlo, en mayo de 1974, añadí lo concerniente a las “tres actitudes del hombre” que expresan motivo de preocupación pastoral en la Iglesia renovada por el Concilio Vaticano II.

Los hermanos de la naciente Editorial de la Palabra de Dios han sacado del borrador este capítulo de un libro inacabado: “El Camino del Evangelio”. Como en el Movimiento sigue teniendo vigencia la evangelización de la imagen de Dios, lo ofrezco con el deseo de que nos acerque más al Dios que nos ama y nos lleva a su testimonio salvador.”

Padre Ricardo, MPD

Agosto de 1981

I Caricaturas de Dios

¡Cuántas veces pronunciamos la palabra Dios! ¡Cuántas veces! Todo hombre alguna vez la pronuncia. Para decir que existe o que no existe; para pedirle o para quejarse; para agradecerle o para injuriarlo...

Dios está en la boca, en la mente o en el corazón de todos. Lo reconocemos, lo ignoramos o lo negamos, pero Dios es una realidad de la vida humana que Él mismo nos ha dado. En Él –consciente o inconscientemente– “vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17, 28).

En tiempos de tanto ateísmo ideológico y práctico, de tanto materialismo, el ambiente invita a hacerse esta pregunta: ¿Dios existe o no? Si existe, ¿cómo saberlo con seguridad?; ¿Dios es real o un invento nuestro para consolarnos frente a cosas y situaciones que nos superan?, ¿no es una evasión al problema de la convivencia humana, del hambre, de la injusticia, de la guerra...?

A este planteo, los cristianos respondemos desde la fe. Proclamamos la dicha de creer (Cf. Jn 20, 29) y llamamos a que otros crean. La fe nos ha dado una nueva dimensión de vida que no se puede apreciar fuera de ella. Es necesario creer con autenticidad. Y en esto los cristianos no estamos libres de pecado.

Porque sabemos que no basta pronunciar la palabra Dios para que sea una expresión verdadera, realmente portadora de fe. Hay una palabra “dios” que esconde una irrealidad, un vacío de Dios. Un Dios deformado, recortado y hecho a semejanza del hombre empobrecido por el pecado.

“De papel me hice un dios, a mi gusto lo pinté;

de mis manos él salió, lo colgué de la pared”,

dice el canto.

Esto nos parece más grave que el ateísmo ideológico y que el consumismo. Porque es una especie de ateísmo desde adentro de la persona misma, aún de quien se considera creyente. ¡Qué complicada y sutil es la posibilidad de alienación humana! ¡Qué ingenuos pueden ser en creer como creen, algunos creyentes!

La imagen alienada de Dios favorece el ateísmo teórico de los incrédulos y alienta el ateísmo práctico de los mismos “creyentes”. Porque es un ateísmo disfrazado. Es un llamado silencioso y eficaz a la incredulidad. ¿Cuántos al leer o hablar de la fe piensan en el Evangelio y no en su idea de Dios?

Hay algunas formas vulgarmente comunes de vaciamiento o de deformación de la palabra “Dios”. Formas en que ese vocablo no contiene la realidad que sus sonidos pretenden expresar. Son como sonidos-garabatos de Dios, maniquíes o caricaturas de Dios. Veamos a continuación algunas deformaciones de lo que se cree cuando se habla de “dios”.

1. El dios-amuleto

Hay gente que por la palabra “Dios” traduce “amuleto”. Una superstición que algunos dicen que sirve para librar de la “mala suerte”. Es el amuleto de una credulidad primitiva, prácticamente mágica. Hay gente que cree en el dios-de-la-buena-suerte. No en el Dios-de-la-Salvación. Recurren a él cuando temen que les pueda ocurrir algún mal.

Me encontré una vez con un hombre que había dejado de creer años atrás. Él no había sido un practicante pero “creía”. Su madre, ya mayor, iba todos los días a misa. Un día, camino del templo, la atropelló un vehículo y murió. Su hijo, entonces, se dio cuenta de que Dios “no valía para nada” y dejó de “creer”. El amuleto que protegía a su madre había dejado de funcionar. El diálogo pastoral le permitió acercarse nuevamente a Dios, por medio de una imagen más real de Él y entender de otro modo el accidente de su madre.

Esa actitud religiosa de credulidad mágica es espiritualmente deformada y deformante. Impide una verdadera relación con Dios. Por eso, este dios-amuleto