El socorrista - Vanessa Salt - E-Book

El socorrista E-Book

Vanessa Salt

0,0

Beschreibung

"El agua del Atlántico le cubrió los dedos de los pies y le puso la piel de gallina. En el horizonte, el agua tocaba el cielo. No se podía observar ninguna nube. Kiara estaba sudando, por lo que el agua fría le vendría bien, solo tenía que encontrar un buen lugar donde dejar su toalla y el bolso." Kiara es una chica mitad sueca mitad canaria. Después de una temporada difícil en su Sueca natal, decide tomar un vuelo barato de última hora a las Islas Canarias, el lugar de nacimiento de su padre, para relajarse y disfrutar de la soledad y la playa. Sin embargo, un atractivo socorrista llamado Alejandro intervendrá en sus planes de disfrutar del agua sola…

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 32

Veröffentlichungsjahr: 2020

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Vanessa Salt

El socorrista

LUST

El socorrista

Original title:

Badvakten

 

Translated by Adrián Vico

Copyright © 2019 Vanessa Salt, 2020 LUST, Copenhagen.

All rights reserved ISBN 9788726318791

 

1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0

 

No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

El socorrista

 

¡Por fin vacaciones!

Kiara enterró los dedos de los pies en la arena de la playa de las Burras y dejó que el sol pintara su cara de color dorado. Había muy pocos turistas en Gran Canaria en esa época del año, especialmente en San Agustín. Había tumbonas blancas dispuestas en filas a lo largo de la playa, y las sombrillas de color naranja pálido no combinaban muy bien con los colchones verdes desgastados. Además, la pintura de las mesas estaba bastante desgastada. Cuando abría un poco los ojos podía ver a tres turistas en las tumbonas y otros dos caminando entre los acantilados del lado izquierdo de la playa. No había nadie en el agua. No era la época para conocer a alguien, sino para relajarse. Además, todavía no sabía si quería conocer a alguien; realmente, no sabía qué quería. Por un instante, pensó en la estética de la isla. Su padre era de allí, así que se sentía bien cada vez que volvía. Al ver un billete de avión de última hora, no se lo pensó dos veces.

Una brisa cálida proveniente del océano sopló por su cabello, por lo que se colocó la toalla alrededor de cuerpo. El sonido de las olas era terapéutico, al igual que el aroma de las algas. Cuanto más se acercaba hacia el agua, más escalofríos sentía. Necesitaba sentir el agua fría en su piel. Era lo único que necesitaba después de un año tan duro en Suecia. No necesitaba un hombre que le diera amor, solo quería centrarse en ella misma. Su objetivo era relajarse en el agua durante el día y disfrutar de una buena comida por la noche. Ya era hora de aprender a estar sola.

El agua del Atlántico le cubrió los dedos de los pies y le puso la piel de gallina. En el horizonte, el agua tocaba el cielo. No se podía observar ninguna nube. Kiara estaba sudando, por lo que el agua fría le vendría bien, solo tenía que encontrar un buen lugar donde dejar su toalla y el bolso.

Miró a su alrededor y se fijó en un hombre que caminaba hacia ella, levantando la arena a su paso. Al verlo, sintió mariposas en el estómago. Llevaba una camiseta roja tan apretada que podía ver los músculos de su pecho a través de ella. Además, llevaba un silbato colgado alrededor del cuello y unas gafas de sol oscuras, por lo que no podía ver sus ojos a través de ellas. Probablemente era un socorrista, ya que la torre de vigilancia detrás de él estaba vacía. Estaba descalzo, como ella. Estaba listo para lanzarse al agua y salvar la vida de alguna mujer en apuros...

La idea hizo reír a Kiara, a pesar de que sabía que era un asunto serio. Todos los años, varios turistas pierden la vida en las islas Canarias y si los socorristas no estuvieran vigilando desde sus torres, morirían muchos más. A menudo, Kiara se preguntaba qué miraban cuando observaban la playa con sus prismáticos. ¿Estaban vigilando que no se produjera ninguna situación peligrosa o caían en la tentación de ver culos y senos mojados debajo de los pequeños bikinis? Lo cierto era que a Kiara no le importaba si aquel socorrista que se dirigía hacia ella la miraba.