El soldado y la muerte - Afanasiev - E-Book

El soldado y la muerte E-Book

Afanasiev

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Beschreibung

Es la historia de un soldado que retorna de la guerra y que, al compartir lo poco que le queda (unas galletas) con una serie de personajes necesitados, obtiene a cambio de ellos varios regalos, el más importante de los cuales es un saco mágico. Éste tiene la propiedad de encerrar en él cualquier cosa tras recibir la orden de su propietario, lo cual le será muy útil para librar a un castillo de unos fantasmas y coger fama en el reino del zar; pero cuando capturó a la muerte, las cosas en el mundo se complicaron. Ya nadie moría, ni siquiera aquellos que esperaban el descanso a causa de sus enfermedades y sufrimientos. Por ello, el soldado finalmente comprende que la muerte no puede estar apresada y la deja libre para que cumpla con su misión.

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Veröffentlichungsjahr: 2017

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El soldado y la muerte

Aleksandr Nikoalevich Afanasiev

1

Un soldado, después de haber cumplido su servicio durante veinticinco años, pidió ser licenciado y se fue a correr mundo.

Anduvo algún tiempo, y se encontró a un pobre que le pidió limosna. El soldado tenía sólo tres galletas y dio una al mendigo, quedándose él con dos. Siguió su camino, y a poco tropezó con otro pobre que también le pidió limosna saludándolo humildemente. El soldado repartió con él su provisión, dándole una galleta y quedándose él con la última.

Llevaba andando un buen rato cuando se encontró a un tercer mendigo. Era un anciano de pelo blanco como la nieve, que también lo saludó humildemente pidiéndole limosna. El soldado sacó su última galleta y reflexionó así:

«Si le doy la galleta entera me quedaré sin provisiones; pero si le doy la mitad y encuen-tra a los otros dos pobres, al ver que a ellos les he dado una galleta entera a cada uno se podrá ofender. Será mejor que le dé la galleta entera; yo me podré pasar sin ella.»

Le dio su última galleta, quedándose sin provisiones. Entonces el anciano le preguntó:

-Dime, hijo mío, ¿qué deseas y qué nece-sitas?

-Dios te bendiga -le contestó el soldado-.

¿Qué quieres que te pida a ti, abuelito, si eres tan pobre que nada puedes ofrecerme?

-No hagas caso de mi miseria y dime lo que deseas; quizá pueda recompensarte por tu buen corazón.

-No necesito nada; pero si tienes una baraja, dámela como recuerdo tuyo.

El anciano sacó de su bolsillo una baraja y se la dio al soldado, diciendo:

-Tómala, y puedes estar seguro de que, juegues con quien juegues, siempre ganarás.

Aquí tienes también una alforja; a quien en-cuentres en el camino, sea persona, sea ani-mal o sea cosa, si la abres y dices: «Entra aquí», en seguida se meterá en ella.

-Muchas gracias -le dijo el soldado.

Y sin dar importancia a lo que el anciano le había dicho, tomó la baraja y la alforja y siguió su camino.

Después de andar bastante tiempo llegó a la orilla de un lago y vio en él tres gansos que estaban nadando. Se le ocurrió al soldado ensayar su alforja; la abrió y exclamó:

-¡Ea, gansos, entren aquí!