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El poeta que ha escrito estos versos se ha tirado a las vías en el momento en que el tren hacía su ingreso. Y lo ha hecho porque ha visto belleza y libertad en esa tragedia. A los seres, como él, que han visto más allá de toda la brujería virtual, más allá de toda la tragedia superior, que es el horror de la existencia, y que han comprobado que la tierra es para la muerte un teatro en incendio; no se les juzga, solo se les mira con los ojos del pensamiento barroco. El tren que se aproxima es una ninfa tiene la estructura de un psiquiátrico, al que hay que entrar como se entra al Infierno de Dante; hay que entrar considerando que es el laberinto eternamente presente de un hombre que todo lo que ha escrito lo ha visto, lo ha soñado, lo ha sentido, lo ha adivinado, lo ha conjurado, lo ha curado de su propia realidad y ha hecho de su muerte una viva revelación del dolor humano.
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Seitenzahl: 26
Veröffentlichungsjahr: 2023
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Adriano Ferrer López
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1181-898-8
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A ellos, los dueños de la casa, los forjadores
de esta magnífica desgracia.
A Dios que no sabe fin de sí mismo,
ni principio de su ser en los ojos del polvo.
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«De repente, se acordó del hombre que había muerto aplastado el día de su primer encuentro con Vronsky y comprendió lo que tenía que hacer. Con paso rápido, ligero, bajó las escaleras que iban del depósito de agua a la vía y se detuvo al lado mismo del tren que pasaba».
Ana Karenina, León Tolstói
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Aquel aquienlosdiosesquieren destruir,
primerolovuelven loco.
Proverbio antiguo, atribuido erróneamente a Eurípides
Lashorasmilocura lasesconde…
FranciscodeQuevedo
YonacíundíaenqueDiosestuvoenfermo…
CésarVallejo
Ponleal muerto en lospárpadosla palabra
PaulCelan
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Entremos, pues,almundodelospájarossinojos1…
A modo de prólogo
Quien pise este umbral tiene que saber que no se admite equipaje alguno de esperanza para entrar en el espacio poético de palabras inesperadas que le está esperando, que le ofrece Adriano Ferrer López. Tiene como límites blancas paredes de locura, y los versos están escritos con la desesperación y la lucidez del que ha remado en las aguas frías del río Lete. Se encontrará con la desolación en los verdes espacios del instante porque es un triste caminante sin sentido el que les ha dado belleza. Verá un sofá para recostar las palabras mientras vuelan los murciélagos del olvido, porque falta amor en los largos cabellos del reloj.
Después de la entrada principal y la recepción inevitable, recorrerá habitaciones o nido de cadáveres para llegar a la sala de espera color violeta. Tendrá que pasar luego por la sala de terapia grupal hasta llegar a la cafetería y alcanzar la puerta de salida. Y las palabras se le irán metiendo por los ojos hasta el alma: «Nombrar lo que no se debe / es evocar un doler del sentido de las cosas». Reconocerá a personajes, a Sísifo por ejemplo. Y esa voz que vive de la evidencia, de la soledad, el dolor y la muerte, le dirá algunas verdades: «No subir la montaña es inútil. / Tú mismo eres la piedra. / No la vida sino tu vida».
