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Él y yo recoge la oración contemplativa de Gabrielle Bossis, una conversación centrada en el amor incondicional de Dios, la filiación divina, la santidad en la vida ordinaria y la búsqueda de unión con Jesucristo. Son anotaciones escritas entre 1936 y 1950, en un francés de alta calidad, sencillas en su estructura. Fueron publicadas inicialmente de manera anónima, dos años antes de su muerte, y desde el primer momento gozaron de enorme éxito entre los lectores. El texto ha sido publicado en varios idiomas, a menudo parcialmente, y se hacía necesaria una nueva traducción del texto original que pusiera al alcance de los lectores el formidable patrimonio espiritual completo de esta mujer corriente, laica y de notable talento artístico. Su proceso de beatificación está actualmente en curso.
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Seitenzahl: 934
Veröffentlichungsjahr: 2025
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GABRIELLE BOSSIS
ÉL Y YO
Prólogo y traducción deJosé Antonio Millán Alba
EDICIONES RIALP
MADRID
Título original: Lui et moi
© 2025 de la edición española traducida por José Antonio Millán Alba
by EDICIONES RIALP, S. A.,
Manuel Uribe 13-15 - 28033 Madrid
(www.rialp.com)
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita reproducir, fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Preimpresión: produccioneditorial.com
ISBN (edición impresa): 978-84-321-7241-0
ISBN (edición digital): 978-84-321-7242-7
ISBN (edición bajo demanda): 978-84-321-7243-4
ISNI: 0000 0001 0725 313X
Prólogo
Nota a la edición
1936
1937
1938
1939
1940
1941
1942
1943
1944
1945
1946
1947
1948
1949
1950
Cubierta
Portada
Créditos
Índice
Comenzar a leer
Notas
El libro que el lector tiene en sus manos recoge las locuciones del Señor a Gabrielle Bossis durante un período que va de 1936 a 1950. El primer volumen de esta obra, que se publicó anónimamente en vida de su autora y obtuvo inmediatamente un gran éxito, apareció en Francia en 1948 con un prólogo, el Imprimatur y el Nihil obstat del obispo de Nantes.
Personalmente, debo su conocimiento a una circunstancia fortuita. La presidente del Patronato de la Fundación de arte sacro Félix Granda, entidad que entonces iniciaba su andadura, me preguntó al salir de una de las reuniones si tenía noticia de esta obra, y como mi respuesta fuese negativa, me trajo al cabo de unos días una versión fragmentada de Él y yo en castellano, y luego otra, esta vez completa, publicada en México en edición no venal.
Lo que empecé a leer de aquel libro me impresionó vivamente y me captó de inmediato porque reconocía en él de forma natural la voz del Señor. De entonces acá he venido utilizando estos textos para mi meditación y oración personales, así como libro de lectura espiritual, pues hay en ellos una dimensión pedagógica que va en gradación creciente respecto de la vida de un alma y que resulta cautivadora, aunque sólo fuere como historia de Amor y como una aventura espiritual de gran intensidad.
Encargué, pues, los distintos volúmenes que componen esta obra en su lengua original, primero uno y, una vez leído, los seis siguientes, uno tras otro, porque lo que iba leyendo y rezando me producía como un modo de adicción y me pedía más, así como volver a empezar una vez concluido el último, pues estos textos pueden poner, según las personas, de forma inmediata en presencia de Dios. Me hice, así, el propósito de hacer algo con ellos cuando me jubilara de mi cátedra de Filología Francesa de la Universidad Complutense. Este propósito se fue concretando al encontrarme casualmente, unos años después, con el director de Producciones Goya, quien conocía y apreciaba mucho estos textos desde hacía largo tiempo y quería también hacer algo con ellos. Esta edición se debe en gran parte a su impulso.
Su estructura es muy simple. Escritos en un francés de gran calidad, sencillo, sobrio y natural a un tiempo, no exento en ciertos momentos de una fuerte intensidad poética a modo de fogonazos o iluminaciones, bien por la potencia de las imágenes, bien por el ritmo y la cadencia de las frases, responden a una Voz que habla en el interior de la persona y que pide ser puesta por escrito y difundida: «Sólo te pido esto: que escribas (…) este libro que estamos escribiendo entre los dos» (98-208). «Hazme el honor de leer un poco cada día —los cuadernos con sus palabras—» (916). «¿Podrás nunca saber las consecuencias de estas líneas leídas a través de mi Amor? Sí, pídeme que todos saquen de ellas alegría, luz y consuelos» (982).
«¿Por qué no habría de aparecer en vida tuya el libro Él y yo, nuestro libro? Porque es de los dos, como tu vida. ¿Por qué no? (…) Nuestro libro, que será un libro de vida, sin duda merece que dispongas todo aquello que pueda ayudar al lector» (1392). En los libros que tratan sobre vida interior no es frecuente encontrarse internamente con referencias al propio libro, como si lo escrito y la propia aventura interior fuesen a la par, como si palabra y vida se hiciesen el uno a la otra. En este libro he encontrado más de treinta referencias al respecto. Esto, que técnicamente se llama la función metadiscursiva del lenguaje, tiende a estructurarse en una historia de amor, a consolidar y reforzar la unidad entre lo dicho y lo vivido, la identificación entre Quien habla y quien transcribe, aquella («tú eres mi pequeña niña-esposa, mi otro Yo mismo») (1507) y aquellos a los que están dirigidas las palabras, «cada uno de mis amigos lectores» (1471).
La Voz, así, «nunca se retrasa. Tiene mucha prisa por hablar, pues conoce el bien que producirá y el mucho Amor que tiene por anunciar…». No obstante, como en toda relación amorosa, pide la correspondencia, «quiere que seas tú quien la llame. Entonces viene, llena de alegría. Vosotros decís: el estilo es el hombre. ¿Qué decís de la palabra sincera y recta? ¿No traduce vuestros sentimientos más profundos cuando os atrevéis a expresarlos al ser más querido para vosotros? Óyeme, hijita, en la traducción directa de mi Amor. Y que sea para ti un encantamiento siempre nuevo, como esos antiguos tesoros siempre nuevos de los que habla el Evangelio. Son estas las riquezas inagotables que el corazón de tu Señor ha querido: un incesante recomenzar de vuestra alegría al oírle. Y puesto que te acercas a la puerta de salida, puesto que quieres empezar a dejar este mundo exterior para vivir más y más silenciosa en mi intimidad, relee constantemente mis conversaciones contigo. Penétrate de ellas. Pide que alimenten a un gran número de almas, a todas» (1688).
¿De qué tratan estas «conversaciones»? Ante todo del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús: «El Amor y Yo somos lo mismo» (1317), de su infinita ternura y de su fuerza («Mi corazón no es sino un incendio de celo de amor por vosotros, de entrega») (1312). Amor que, con toda la delicadeza, exige la correspondencia («Ven a Mí. Déjate a ti misma») (1326); un Amor de tal naturaleza que pide todas las formas posibles de amar y ser amado. Sobre él se despliega la trama de estas conversaciones, a veces muy breves, otras no tanto, que no son sino maravillosas variaciones de un mismo tema.
No busque aquí el lector revelaciones extraordinarias, aunque en este libro todo lo sea, sino una oración contemplativa que está inserta en la vida ordinaria y la fecunda; oración que fluye ininterrumpidamente de corazón a corazón de forma natural, y en la que cabe apreciar como en muy pocos textos los sentimientos de Cristo. Eso hace de él un libro singular y único.
En estas páginas se habla de filiación divina, que es precisamente con lo que se inician («Hijita mía»), y se desarrolla posteriormente a todo lo largo de la obra. Hablan también de vida de infancia espiritual («Tu amor es sólo un balbuceo de niño pequeño. (…) Para hacerte muy pequeña no disminuyas tus cualidades; piensa solamente que todas vienen de Mí» (159-181). Hablan de santidad personal («os pido que seáis santos según vuestra naturaleza […] Vosotros no nacéis sino para la santidad» […] «Pide incesantemente que el Espíritu de santidad, el Espíritu Santo, venga a poseerte […], que te llene de amor») (151, 236, 300, 318). Y hablan del trabajo bien hecho como medio de santificación, del espíritu de perfección en lo ordinario («No te pido la perfección —sería difícil para ti—, sino el espíritu de perfección. Pon siempre la voluntad de hacerlo todo muy bien. Y eso con gran amor») (146), así como de las cosas pequeñas («¡Si supieses lo sensible que soy a las cosas pequeñas!…») (43) y de los deberes del propio estado («… Tu deber de estado bien hecho: tiende a unirte conmigo en él. Ahí te espero con todo mi amor») (1442).
Hablan también de la entrega al otro y del trabajo por el reino de Dios, de abandono en Él, de humildad, de ascesis y dominio del propio yo, de espíritu laical, de redención y reparación, de alegría («Recuerda: mi fuerza es la alegría. La alegría soy Yo») (460). Pero hablan sobre todo de unión («¿Es muy difícil lo que te pido? ¿Unir tus acciones a las Mías?») (265), pues el amor tiende continuamente a la unión en todas sus formas.
***
Tal vez el lector se pregunte sobre la persona a la que se dirigen estas locuciones del Señor. Gabrielle Bossis nació en Nantes en febrero de 1874, última de cuatro hermanos de una familia adinerada de Bretaña. Realizó sus estudios en la misma ciudad, destacando por su inteligencia y altas capacidades, pero, contrariamente a lo que sus superiores esperaban, no profesó como monja al carecer de vocación conventual («¿Por qué has de vivir en soledad si Yo te quiero en la vida pública?») (129), sino que decidió llevar una vida secular y permanecer célibe.
En esa época destaca por su capacidad para el bordado, la pintura, la escultura y la música, así como por una juventud de espíritu y una alegría que, según el testimonio de cuantos la conocieron, le acompañará durante toda su vida. A lo largo de cuatro años participa en la Primera Guerra Mundial como enfermera, primero en un hospital y luego en el frente cerca de Verdún.
A partir de 1923 empieza a escribir una obra de teatro para el patronato de Anjou a petición del párroco de Le Fresne sur Loire, lugar donde pasa los veranos, y luego otras muchas comedias y ballets que ella misma dirige, monta y en las que actúa, todo ello con notable éxito, de manera que, a partir de ese momento, su vida pasa a ser una continua itinerancia por diversas ciudades y localidades de Francia y de Europa, de Estados Unidos, Canadá, el norte de África y Palestina, sin que ello suponga ninguna merma en su intensa vida interior que, por el contrario, se intensifica.
El 22 de agosto de 1936, a la edad de 62 años, en el transatlántico que la lleva de gira a Canadá, Gabrielle Bossis escuchó por primera vez una voz interior que la llamaba «hijita mía» y que seguirá escuchando durante 14 años hasta dos semanas antes de su muerte. Como señala Daniel Rops en el prólogo que escribió para la publicación del segundo de estos volúmenes, «¿en qué medida podemos admitir que Cristo mismo haya hablado a esta persona de nuestro tiempo y que sus palabras contengan la verdad? Con frecuencia les sucede a los beneficiarios de esta clase de favores verse acometidos por la duda. (…) A esta pregunta, que se hacía Gabrielle, respondía la voz interior: «¿Dudas de que sea Yo? Haz como si fuera verdad» (247). Y en otra ocasión, ante esa duda repetida: «Pero, aun cuando esas palabras salieran de tu naturaleza humana, ¿no soy Yo quien ha creado esa naturaleza? ¿No debes referirlo todo a Mí?… A Mí, la raíz de tu ser, ¡mi pobre hijita!» (965). «Esta era, sin duda, la mejor de todas las respuestas».
En 1949 fue operada de un cáncer de mama que se extendía a las vías respiratorias. Murió en Nantes el 9 de junio de 1950. Sus restos reposan en el cementerio de Le Fresne sur Loire.
Actualmente está abierto su proceso de beatificación, impulsado por el obispado de Nantes.
José Antonio Millán Alba
Existen en francés varias ediciones completas de esta obra. La primera, a la que ya se ha aludido, corrió a cargo de Éditions Beauchesne y fue publicada en siete volúmenes, disposición que continúa hoy en día y, aunque actualmente lleva más de cincuenta ediciones, no todos los libros son fáciles de encontrar.
Posteriormente, en 2021, se hizo una edición cronológica de los trece cuadernos escritos por Gabrielle Bossis, en esta ocasión publicados en un solo volumen, a cargo de Rassemblement à Son Image, éditions.
Más recientemente ha aparecido una edición digital de Lui et moi, también en orden cronológico, que tiene la ventaja de ser completa, como la anterior, y de respetar esta vez la puntuación encontrada en los cuadernos, así como la disposición de los párrafos. Para esta edición en castellano se ha seguido esta última versión.
1. — 22 de agosto de 1936. — En el transatlántico. Durante el concierto de música clásica yo le ofrecía en ramilletes los sonidos y la suavidad que surgía de aquel. Él me dijo con toda dulzura, como en otra ocasión [en Le Fresne1]:
«Hijita mía».
2. — 23 de agosto. — Pusieron un altar sobre el piano; yo pensaba en las gaviotas, en los aviones que vienen a posarse en los barcos:
«Esta vez es Cristo».
3. — Yo Le decía en medio del balanceo:
«Sabes bien que todo es por ti, así que no te lo digo».
Él: «Hay que decírmelo, porque me gusta oírlo.
Dímelo con frecuencia: cuando sabes que alguien te quiere, estás contenta de que te lo diga».
4. — 24 de septiembre. Canadá — La capilla está junto a la puerta de mi cuarto; cada vez que paso, le sonrío. Él me dijo:
«Sonríe a todos. Yo uniré una gracia a tu sonrisa».
5. — Octubre. En Saskatchewan2. — Él:
«Enciérrame en tu corazón con la señal de la cruz como detrás de dos barrotes».
6. — Octubre. Montréal. — Él:
«Cuando no te recoges, el que sufre la privación soy Yo» (con una voz tan delicada).
7. — 25 de octubre. Cristo Rey. — Esta mañana, durante la misa, el sacerdote X me ha consagrado a Dios poniendo mi fórmula en la palia bajo la Hostia. Él me dijo:
«Ocúpate de mi Amor… no hay ningún huérfano tan abandonado como Yo».
8. — Octubre. Cerca de Québec. — Una vez que los niños hubieron terminado sus cantos, yo le decía: «Ya no te hablo más en música.» Él me respondió:
«Mi música es tu amor».
9. — Noviembre de 1936. — En el transatlántico que me traía de América. En la misa.
«Cree en la purificación infinita de mi Sangre».
10. — 3 de noviembre de 1936. Regreso en el transatlántico “Ile-de-France”.
«No te detengas en los pormenores. Ve con la mirada fija en mi amor. ¿Caes? Levántate y mírame de nuevo».
Yo ponía con el pensamiento mi cabeza en su hombro. Me dijo:
«¿Me la das para siempre?»
En otra ocasión me dijo: «Busco hambrientos».
Yo: «Señor, dame sed de martirio». Él:
«No tomes sino la vida que Yo pueda ofrecerte».
11. — 4 de noviembre. Volviendo. — Última misa en el puente. Distraída después de la comunión, oí la voz suave que decía:
«Espero».
12. — Diciembre. En Francia. — Por la calle.
Yo: «Camino a tu lado». Él (con dulzura):
«Pero no me hablas mucho…»
13. — diciembre de 1936. En Francia, Nantes. — Clausura de la novena a la Inmaculada, bajo la presidencia de monseñor Villepelet3. Durante la procesión, me dijo de nuevo:
«Hijita mía».
Y como reparé en que mi vecino de la avenida de Launay llevaba el palio, Le dije:
«Concédele gracias para mi casa». Inmediatamente me respondió:
«¿Es que no estoy en ella cada mañana?».
Y me acordé de que monseñor C… dice allí misa todas las mañanas, y le di las gracias.
14. — 14 de diciembre. —
«Procura ser para todos mi sonrisa, mi voz amable».
15. — [15] diciembre. — Esta mañana a las seis menos cinco, obligada a hacer rápidamente el Via Crucis antes de la misa. Me dijo:
«Piensa en la prisa que Yo mismo tenía en recorrer la Vía dolorosa para morir por vosotros».
16. — 15 de diciembre, en Francia.
Yo: «Te adoro».
Él: «Sobre todo, ¡ámame!».
17. — 16 de diciembre. —
«Sal de tus límites habituales. Ámame más».
18. — 17 de diciembre. —
«Comencemos el Cielo. Ámame sin cesar mientras Yo te amo».
19. — Una tarde. —
«Allí donde todo sea belleza y todo encanto, ahí estoy Yo».
20. — 18 de diciembre. 6 menos 10 de la mañana. — En la decimotercera Estación del Via Crucis, yo Le decía: «Dame Tu cuerpo, que fue depositado en las rodillas de la Santísima Virgen». Él me respondió:
«Helo ahí».
Y saliendo de la sacristía sonó la campanilla que precedía al Santísimo Sacramento que recibimos en la comunión.
21. — 19 de diciembre. —
«Tú a veces dudas de que sea Yo quien te habla, tan sencillo, y te parece como si procediera de ti misma.
Pero, tú y Yo, ¿no somos uno?».
22. — 21 de diciembre. — Al pedirle que nos diera, a mí y a los míos, todas las gracias que tantas almas rechazan, me dijo:
«Mis gracias son a la medida, pero Yo soy lo suficientemente rico como para darte otras. ¿No soy Yo el Infinito?».
23. — «Conmigo sé sencilla, como en familia».
24. — 24 de diciembre. —
«Sé dura contigo y suave son los demás».
25. — 25 de diciembre. —
«Escóndete en Mí. Alimenta al mundo con tus sufrimientos. Así es como serás mi esposa».
27. — 28 de diciembre. —
«Cuando me amas, te purificas».
28. — «Sé mi gracia para cada uno».
29. — «Vuelve a Mí como si nunca me hubieras dejado.
Me complacerás».
30. — «Yo cambio tus oraciones por las mías; pero si no rezas…
¿Voy a hacer florecer una planta si tú no la siembras?».
31. — 1 de enero de 1937. —
«Con pureza y sencillez, tu divisa para este año».
32. — 2 de enero. —
«Que te baste con ofrecerme el instante presente: así todo tu año será para Mí».
33. — 3 de enero de 1937. —
«Cuando estás de viaje Yo me las arreglo para sacar de ti otros sacrificios en lugar de los que me ofreces en tu casa».
34. — 4 de enero. —
«A ti que te agrada que tus amigos piensen en ti, ¿cómo no comprendes que Yo desee que mis criaturas piensen en Mí?».
35. — 5 de enero. —
«Haz actos de esperanza. Sal de ti. Entra en Mí».
36. — «No juzgues. ¿Acaso conoces su alma?».
37. — «Ponme delante de ti. Yo primero. Tú después».
38. — «Dales gusto para darme gusto a Mí».
39. — 26 de enero. —
«Una esposa que no mirase frecuentemente a los ojos a su esposo, ¿sería una esposa?».
40. — 29 de enero de 1937. —
«Comienza tu Via Crucis al salir de tu casa, uniéndote al camino que Yo hube de recorrer desde el jardín de mi agonía».
41. — 7 de febrero. —
«¿Es que puedes dudar de mi amor?» «Otros se harán célebres en el escenario, haciendo ruido; tú permanece oculta».
42. — 12 de febrero. —
«¡Por supuesto! ¡Yo conozco todas tus miserias, porque eres mi hijita!».
43. — «¡Si supieses lo sensible que soy a las cosas pequeñas…!».
44. — 14 de febrero. En un coche. —
«¿Has visto mi benevolencia a través del rostro de esa jovencita? Sé siempre así.
Si mis fieles fuesen buenos los unos con los otros, cambiaría la faz del mundo».
45. — «Tus deseos de amor son ya Amor».
46. — «Rodéame de amor».
47. — «En tu alma hay una puerta que se abre a la contemplación de Dios. Pero es necesario que la abras».
48. — 14 de febrero. En una capilla: «Señor, ¿quieres que nos quedemos aquí los dos?».
Él: «Dondequiera que estés podemos estar los dos. No te preocupes de lo que digan, haz lo que debes».
49. — 17 de febrero. —
«No me prives de tus sufrimientos, ayudan a los pecadores».
50. — 19 de febrero. En el castillo de C. —
«No puedes venir a verme durante estos tres días, tan lejos estás de una iglesia. Pero Yo te doy una cita: cada mañana al despertarte».
¡Ay!, a la mañana siguiente me iba a olvidar de la cita cuando un pajarillo vino a cantar a mi ventana con una voz tan penetrante e insistente que de repente me hizo recordarla…
51. — [?] febrero. En Angers, en la capilla, plaza del Ralliement, donde Él estaba expuesto. —
«Ya ves claramente que allí donde estés, estamos los dos.
Mi Amor está ahí: compenétrate conmigo».
52. — 1 de marzo. A orillas del Ródano. En la estación. —
«Tú miras fijamente en la dirección del tren que va a venir.
Del mismo modo, mis ojos están fijos en ti a la espera de que vengas a Mí».
53. — En el tren. —
«No estés nunca sin hacer nada. Me honrarás por ocuparme continuamente de vuestra salvación».
54. — Ante una inundación del Loira. —
«Mantén siempre la serenidad y la calma.
El río sólo refleja el cielo cuando está en calma».
55. — 3 de marzo. En el tren. —
«“Mis soles ponientes” son también amor.
Mis criaturas que los miran para alabarme por ellos no son muy numerosas… sin embargo, son Amor».
56. — «Si no sufrieras “pequeñas” pruebas, ¿cómo podría darte “grandes” recompensas?».
57. — 3 de marzo. —
«Yo soy el que más ama».
58. — Por la tarde. —
«Nada es pequeño para Mí».
59. — «Muestra con tu vida que en la tierra no hay descanso».
60. — 6 de marzo de 1937. El Havre. Como prueba de la verdad de su Palabra en mí, permitió que en el confesionario el Sacerdote A…, de San Francisco, me repitiera sus mismas palabras:
«Comience el Cielo.
Viva en familia con Él.
Vea a Cristo en el prójimo».
61. — A mitad de la Cuaresma. — Durante la procesión, entré en una iglesia para consolarle. Ante mi sorpresa, el órgano sonaba en las naves vacías. Sin duda un artista había aprovechado aquel silencio para ensayar. Era como una solemnidad inefable. Él me dijo sencillamente:
«Te esperaba».
62. — «Mírame en los demás. Eso te ayudará a ser más humilde».
63. — 9 de marzo. — Yo pensaba marcharme después de la consagración.
«No te vayas tan deprisa (con ternura).
No podría darte todas mis gracias…».
64. — 10 de marzo, al atravesar San Nicolás, en Nantes. —
«Yo ya no estoy en la vida de la tierra; así pues, reemplázame».
65. — 15 de marzo, volviendo de actuar en Brest, yo pensaba: «Si las circunstancias me hubiesen llevado a hacer cine, mi fama…», inmediatamente me interrumpió:
«Te guardo para Mí».
66. — 16 de marzo. En Notre Dame. —
«Sé tierna.
En la ternura, tu primer paso dalo hacia tu prójimo».
Por la tarde, en la bendición, me repitió:
«¡Da el primer paso!».
67. — «¡Y aunque lo que escribes no hiciera reflexionar más que a una sola alma!».
68. — En el tren. —
«No digas de forma tan vaga “Gloria al Padre, al Hijo”, sino desea esa gloria en tal o cual de tus actos».
69. — 17. Calle del Calvario. —
«Tengo algo que decirte, pero no puedo decírtelo en la calle».
Pensé que estaba muy distraída y entré en San Nicolás. Me dijo que mi deber era representar a todos el encanto, ser su encanto; el resto, éxito, fatiga, importa poco.
70. — 18 de marzo. — En el Puy-de-Dome, yo llevaba penosamente mis bultos tras una agitada noche en el tren, y decía en las escaleras del paso subterráneo: «Llevo contigo mi cruz, pero a Ti alguien vino a ayudarte». E inmediatamente un señor detrás de mí se ofreció a llevarme una maleta.
71. — Ayer en el dentista. — Me dijo:
«¡Yo he sufrido tanto por ti! ¿No puedes tú soportar eso…?».
72. — 20 de marzo. En la Lozère1. —
«Sé amable, buena, más allá de lo que acostumbras. La esposa se parece al Esposo».
«Escúchales hablar. Les hará bien hablar y ser escuchadas».
73. — 23 de marzo. — Génova, en medio de lenguas desconocidas:
«Esta semana únete a mis silencios».
74. — Sentada. — Yo: «Entonces, Señor, ¿podrías concederme esta gracia?». Él:
«Yo soy muy rico. Recuérdalo».
75. — Sentada. — En una bendición en la que estaba muy distraída, Él me dijo:
«¿Crees que esto es algo pequeño? Para Mí es grande».
76. — Roma. Pascua. Iglesia de la Minerva. —
Yo Le agradecía sus sufrimientos. Él:
«Tú nunca pondrás en tu gratitud tanto amor y alegría como puse Yo en sufrir para salvaros».
77. — Taormina, Sicilia. — Yo miraba a las mujeres que tienen maridos para ayudarles en las pequeñas dificultades de los viajes. Él me dijo:
«¿¡Pero acaso no estoy Yo aquí!?».
78. — 30 de marzo. Palermo. —
«Escucha y te hablaré. ¿Quieres ser mi confidente?».
79. — 30 de marzo. Palermo. —
«¿Te acuerdas de que, cuando eras pequeña, me dijiste: “Señor, inclina mi corazón a las palabras de tu boca”?».
En la iglesia de san José me dijo muy dulcemente la frase del primer acto de la Petite veilleuse de quatre sous2;
«Yo sé todo lo que hay en tu cabeza, porque tu cabeza es mía».
80. — Monreale de Palermo. —
«Yo estoy más en ti que tú misma».
81. — Monreale de Palermo, yo: «Señor, que no haya nada para mí en mi día».
Él me respondió: «Lo tomo todo».
82. — En el autocar, de Cairuán a Susa3. —
«Acuérdate de que, cuando eras pequeña, Yo te dije: “Cuéntame lo que has hecho hoy”.
Pero no creíste que fuera mi voz».
83. — En el autocar, de Cairuán a Susa:
«¿No me llevas contigo?». No pensaba en Él.
De nuevo en el autocar:
«Yo te he salvado… ¿Comprendes lo que eso quiere decir?».
84. — 8 de abril. Susa. —
«Devuelve bien por mal. No pierdas ninguna ocasión».
85. — 9 de abril. Túnez. —
«Yo seré tu sonrisa de hoy».
86. — Túnez, en la iglesia del Sagrado Corazón. —
«¿Por qué los hombres no quieren creer en mi amor?
¿Acaso he sido malvado?
¿Es que me he vengado cuando estaba en la tierra?
¿No he sido todo indulgencia?, ¿todo perdón?
¿No me he convertido en “el Dolor” por amor a vosotros?
¿Por qué los hombres no quieren creer en mi amor?».
87. — «No creas que un santo haya sido santo en todo momento…
Pero está mi gracia».
88. — Túnez. —
«No reposes».
89. — 11 de abril. Túnez, en la iglesia del Sagrado Corazón: —
«Permanece hoy todo el día apoyada en mi hombro», día de la representación de la Petite veilleuse de quatre sous.
«¿El secreto del Rey? El Rey ya no tiene secretos.
Quiere darse a todos».
90. — 12 de abril. Túnez. —
«Sal de tus medidas. Ámame».
Orán. En la capilla de las Hermanas Trinitarias me hicieron cambiar tres veces de sitio; yo pensaba: ¡qué mala oración!… Él me dijo:
«Me agradas lo mismo cuando, por caridad, interrumpes tu contemplación.
Gozo de ti cuando te hablo y cuando me escuchas.
Descúbreme en todas las cosas».
91. — Orán. En mi celda bajo la escalera. —
«Apunta a la perfección. Pero a la perfección de “tu naturaleza”».
Me hizo entender que la perfección de un alma no requiere el mismo trabajo que la de otra.
«Y me complacerás».
92. — En la capilla. —
«Espero que no tengas miedo de Mí».
«¿Tus pecados? Yo me hago cargo de ellos».
93. — 15 de abril. —
En la capilla de las Trinitarias, en Orán, me excusaba por haber llegado tarde a misa. Él, con afecto: «Pero has llegado antes que Yo». Era antes de la consagración.
En la capilla, después de la representación, Él:
«Mira mis pies clavados, ya nunca podrán andar».
Yo: «Caminaré por ti donde quieras enviarme…, por toda la tierra».
94. — 16 de abril. Argel. — En la iglesia de San Agustín en la que había podido comulgar al bajar del tren:
«Abrevia tu acción de gracias por espíritu de caridad».
Y al salir me encontré en la plaza con las religiosas que no me habían visto en la estación y me buscaban inquietas.
95. — Argel. —
«Estate atenta a no hablar mal. En cada alma hay siempre algo de bien, aunque sólo sea en germen».
«Ten con los otros el mismo cuidado delicado que Yo tengo contigo».
96. — 16 de abril. Argel. En casa de las Franciscanas Misioneras de María.
«Conserva tu primer entusiasmo, y el entusiasmo de los demás permanecerá».
97. — 18 de abril. Sala de un teatro. —
«¿Por qué hablas como si Yo estuviera muy lejos?
Estoy muy cerca… en tu corazón».
98. — 19 de abril. N.-S. de África. —
«Sólo te pido esto: que escribas. No es muy difícil, ¿no?… Yo estoy contigo.
Seme fiel. Yo soy tu fiel».
99. — 20 de abril. —
«No te entristezcas por una distracción, incluso prolongada: retoma tu contemplación amorosa donde la habías dejado».
100. — 21 de abril. — En el Parque de ensayos, ante esos árboles gigantescos cuyos filamentos, al caer, forman arcadas:
«Si mi providencia hace descender una raíz de una rama para sostenerla, ¿cómo no sostendré Yo la marcha progresiva de un alma?».
101. — 22 de abril. N.-D. de África, en misa. —
«Si estuvieses en el balcón de un gran y hermoso salón, ¿te atreverías a mostrarte con vestidos sucios y manchados? Pues si vives dentro de mi corazón revestirás cada una de tus acciones con un encanto amable, instintivamente sencillo, y dando la impresión de una espléndida morada».
102. — 23 de abril. Argel. —
«No te canses de Mí. Yo no me canso de ti».
103. — «Cuando no te hablo es porque te ha llegado el momento de la acción.
Habla a los demás como piensas que Yo te hablaría a ti.
Yo te ayudaré».
104. — 23 de abril. —
«Te embarcas mañana. Confíate. Abandono, como la otra vez en el hidroavión».
105. — 24 de abril. — Día de embarque en El Kantara, hacia Port-Vendres4. Partida a las 18 horas. Llegada mañana a las 15 horas. Esta mañana recibí la bendición de Mons. Leynaud, arzobispo de Argel, en su seminario tan bien situado bajo los olivos, por encima de Saint-Eugène y de N. D. des Ravins. Una partida entre cielo y mar tan dulce como Dios.
106. — 25 de abril. Port-Vendres. — En un café no lejos del embarcadero:
«Si al tomar algo que te refresque pensaras en aliviar mis labios resecos, cuántas alegrías me darías… Pero esto no se le pide a todos».
107. — 30 de abril. Regreso en el tren. —
«Cuando un objeto necesita reparación se pone en manos del obrero.
Pon, pues, tu alma, silenciosa e inmóvil, bajo mi mirada.
Yo reparo».
108. — En el campo. — Mientras yo plantaba unos geranios en la terraza y ponía guirnaldas en los arcos:
«¡Cuántas cosas hermosas haremos entre los dos! He querido hacer del hombre mi colaborador, con el fin de estrechar nuestra unión.
El amor tiende a la unión».
109. — En el tranvía. —
«Hay que dejar los amores por el Amor».
110. — Comoquiera que yo volviese a viajar. —
«Coge mi Evangelio. Tenlo siempre contigo. Me alegrarás».
111. — 1 de mayo de 1937, en el confesionario de Vierzon5: Crecer en Cristo por todos los medios, mediante mis correrías de vagabunda, por el eco de mis obras de teatro, por el que pueda ejercer sobre el prójimo y el prójimo sobre mí. Crecer en Cristo. Montrichard6, línea Nantes-Vierzon. —
«Habita en mis llagas. Penetra en la carne dolorida… Déjate lavar…, y no sólo los pies, sino la cabeza…».
«Quien deje su casa, a sus hermanos, a sus parientes, por amor del reino de Dios, recibirá el céntuplo en este siglo y en el siglo venidero la vida eterna».
112. — 3 de mayo de 1937. — Entre Vierzon y Tours, yo buscaba a Dios a través de la primavera. Había tanta riqueza en esa primavera.
Yo: «Señor, ¿por qué te escondes? ¿Tienes miedo de que te ame demasiado?»; Él:
«Tengo que poner a prueba tu fe».
113. — 5 de mayo. En un vagón. —
«Ya ves la diferencia entre el recuerdo de una frase leída y “mi palabra”».
114. — Capilla de Santa Ana. —
«¿Por qué no me reconoces en tu prójimo?».
115. — Durante una catequesis en el campo. —
«Sé más tierna con ellos. Los niños necesitan ternura».
116. — 5 de mayo. — Mientras yo meditaba sobre las llagas glorificadas de Cristo en el Cielo:
«Considera que el amor y la intención de amar son lo que da valor a las acciones».
117. — 7 de mayo. De Sablé a Fresne. —
«Mira bien mi primavera, y alábame, alábame, alábame…».
118. — 8 de mayo. Fresne. —
«Goza de Dios en ti. En el purgatorio habrá una pena especial para las almas que no hayan buscado ese gozo».
«Baja la lámpara del Amor hasta el fondo del alma».
«Cree más en mi Amor».
«Si has de juzgar, hazlo más a favor que en contra».
«No te tomes tanto trabajo en prever. Soy Yo quien piensa por ti».
119. — 12 de mayo. Nantes. — Al acordarme yo de todas las misas que se han celebrado en la casa de la avenida de Launay, me dijo:
«Me era muy fácil venir aquí, puesto que me habías dado esta casa» (Y recordé que un día le había dicho: «Es de los dos»).
Yo desconfiaba de mi influencia, temiendo incluso escandalizar por mi risa fácil, cuando una carta llegada de África vino a consolarme:
«Me parece que en ciertas criaturas la presencia de Cristo se refleja más que en otras. Y ese reflejo divino, como un imán invisible, atrae a las almas. ¿No es ese un poco su caso?».
Un día, en Orán, dudaba si debía escribir, y una Hermana vino a dejar en mi mesa tres pequeños cuadernos blancos en un estuche como una Respuesta.
120. — 12 de mayo. —
«Busco sufrimientos que quieran realmente unirse a los míos».
121. — 14 de mayo. Al pasar por la estación de Vannes. —
«Tú no eres sino un tejido de misericordias».
122. — 14 de mayo. En el tren hacia Quimper7. —
«¿Por qué limitas tus peticiones? ¿Es que no te he escuchado siempre?» (Y me recordó tantas cosas).
«Tú sabes que Yo te escucho siempre. Entonces, ¿por qué no pides?» (La paz, Francia, el purgatorio, conversiones, etc.).
123. — 16 de mayo. Kéryado8. — La gracia de comprender la infancia espiritual, el Padre, y de estar loca de confianza; que me elevará en sus brazos, y será y hará mi santidad.
En el Perdón de Santa Teresa9, yo pensaba que debía ofrecer mis momentos más insignificantes, y Él me dijo:
«Yo recojo las migajas, las partículas del tiempo».
124. — 19 de mayo. París. En el metro. —
«Yo soy la Hostia.
Tú, la custodia. Los rayos de oro son mis gracias que te atraviesan».
125. — 20 de mayo. Montmartre. — Como estaba yo pensando en el recogimiento, me dijo:
«El esposo no intenta acercarse a la esposa mientras ella está distraída mirando por la ventana… Espera a que se dirija al fondo de la cámara de los secretos».
126. — En mayo. En el campo. — Después de la comunión. Yo: «Señor, suple mis insuficiencias». Él:
«Estoy aquí para eso».
127. — Ante unas rosas marchitas. —
«Yo no cambio. Yo no me equivoco».
128. — 23 de mayo Gevray-Chambertin. Côte-d’Or10, en medio de un viñedo cercado. —
«Desarráigate de ti misma. Plántate en Mí».
129. — Rennes, en el tren. —
“«Por qué has de vivir en soledad si Yo te quiero en la vida pública?».
Luego me dijo tiernamente:
«Mi pequeña hija bien amada, llévame, llévame a los demás. Sobrenaturaliza».
130. — 27 de mayo. Le Fresne, [pensando] en el Corpus Christi. —
«Ponte enteramente bajo el blanco manto (la Hostia)».
131. — 28 de mayo. — Yo pensaba en su fiesta del Corpus y Él me dijo:
«Cuando Yo tenga toda la preferencia, toda la preferencia de todas las almas, eso será verdaderamente mi fiesta del Corpus Christi».
132. — «No temas gozar de Mí.
¿Ves ese pequeño insecto que sube derecho hacia el cielo? Haz como él.
Aprende a mirar, y aprenderás a verme, a Mí, el creador».
133. — «¿Sabes lo que es la bondad? La bondad es mi Madre».
134. — 28 de mayo, Le Fresne, después de comunión, yo: «Quiero ser una hostia, Señor, ven conmigo». Él:
«Yo estoy en todas las hostias de la tierra.
La paz… estar en el reino de la paz… ¿Sabes lo que esto quiere decir…?».
135. — 29 de mayo, tras haber recibido la sagrada hostia. —
«Yo estoy aquí».
Mientras cogía rosas de la terraza para la procesión:
«Todas las flores de la tierra son mías, pero las que tú me ofreces delante de tu casa para adornar mi paso son “un regalo” caro a mi corazón».
136. — 30 de mayo. Fiesta del Corpus Christi. — Después de la comunión:
«Yo no he dejado en el cielo nada de Mí. Me doy a ti todo entero: tú date a Mí toda entera».
137. — 30 de mayo, esperando el tren, Nantes, París, Lagny. —
«Tú serás la obra de mi misericordia».
138. — 31 de mayo. En Seine-et-Oise. —
«Cuando estás en la iglesia, despréndete de todo pensamiento, de toda preocupación cotidiana. Despréndete de eso como de un vestido. Y sé toda para Mí».
139. — En un vagón. — Tuve la tentación de ser hiriente con una viajera desagradable. Él me dijo suavemente:
«Cuanto más cristiana eres, es decir, mía, más amable has de ser: sé amable entre todas las mujeres».
140. — 27 de junio de 1937. Lagny11. —
Yo: «Dios mío, ¿es que todos mis pecados me impedirán ser santa?». Él:
«Vive de contrarios. Vive de tus humildades en lugar de vivir de tus orgullos. Vive de tus penitencias en lugar de tus cobardías. Vive de contrarios».
141. — 3 de junio. —
En la estación de Austerlitz yo miraba una mosquita que paseaba por el suelo, y decía a Dios: «También Tú me ves desde allá arriba». Él me respondió:
«No sólo te veo, sino que te amo».
142. — 4 de junio. Festividad del Sagrado Corazón. En una estación de tren. —
«Hoy me apropio de cada una de tus sonrisas».
Entonces decidí sonreír a todo y a todos.
143. — 4 de junio. Festividad del Sagrado Corazón. —
«Toma mi sangre: tengo sed de dártela para borrar tus faltas. Toma mi sangre en mi corazón».
Me hizo comprender unas palabras que me había dicho:
«No descanses».
Eso significaba:
«No busquéis el reposo, que no puede venir de vosotros, sino sólo de Mí».
144. — 8 de junio. En el campo. —
«No te detengas en los pequeños detalles de la vida. Piensa únicamente en el amor: en el que recibes de Mí. En el que tú me das».
145. — «Piensa caritativamente.
Los pensamientos engendran las palabras».
146. — Junio. En el campo. —
«No te pido la perfección —sería difícil para ti—, sino el espíritu de perfección.
Pon siempre la voluntad de hacerlo todo muy bien. Y eso con gran amor».
147. — Ante las rosas que trepan hasta la copa del gran cerezo, me dijo:
«Tu padre te había regalado una pequeña rosa del prado, y eso te conmovió vivamente.
Yo he hecho florecer para ti todos tus hermosos arriates. ¡Ámame aún más por eso!».
148. — 9 de junio. Le Fresne. —
«No te preocupes de lo que opinan unos u otros. Ocúpate sólo de agradarme».
«Tú decías: si los patrones hubieran tomado la iniciativa de aumentar los salarios habría habido paz y amor en lugar de huelgas y revoluciones. ¿Por qué no tomas la iniciativa de ofrecer tus ternuras y encantos a mi corazón sufriente? Eso me gustaría».
149. — 11 de junio. Le Fresne. Después de la comunión. —
«Yo soy el principio y el fin».
150. — 11 de junio. — Mientras sufría un dolor, escuché:
«Ahora eres tú la que ofreces».
151. — En la carretera. —
«No os pido que seáis ángeles.
Os pido que seáis santos según vuestra naturaleza».
152. — 12 de junio. —
«Divide tu jornada en tres partes:
Por la mañana, al despertar, date al Padre creador que te ofrece a su Hijo como alimento.
Después de la misa: date al Hijo que está en ti.
Duérmete en el Espíritu Santo, que es el amor».
153. — En la calle. —
«Tú, que has sido tan colmada, sé la más pequeña».
154. — «La música arrebata al hombre por encima de este mundo. ¿Por qué te asombras, pues, de que mi contemplación lleve al éxtasis?».
155. — «Considéralo todo a la luz de la eternidad».
156. — Yo: «¿¡Cómo puedes darme tanto amor, a mí, que soy tan miserable!?». Él:
«Por mi misericordia».
157. — Mientras recitaba los padrenuestros y avemarías, después de la oración «Oh mi buen Jesús».
«¿Puede tu corazón permanecer cerrado ante mis llagas abiertas?».
158. — En la calle. —
«Escúchame bien: no sólo con las palabras se puede hacer el bien: una mirada penetra en un alma y la toca».
159. — «Para hacerte muy pequeña no disminuyas tus cualidades; piensa solamente que todas vienen de Mí».
160. — 13 de junio. Nantes. —
«¿Dudarías del poder de mi sangre? Ya sabes que bastaría una gota para quitar los pecados del universo. Lávate en mi sangre».
161. — 14 de junio. Nantes. —
«Sabes perfectamente que a veces te pido que sacrifiques un sacrificio».
Tras una sesión exitosa: «Señor, ¡qué vida tan plena me has dado!… ¿Qué podré ofrecer a Dios como sufrimientos?».
Él: «Los míos».
162. — 15 de junio (ante una petición de dinero que me había hecho dudar):
«Si no hubieses dado nada me habrías entristecido… Has enviado un pequeño billete, y con eso me has agradado».
«Búscame mucho a Mí y muy poco a ti. Incluso en tus pensamientos no pienses en ti, sino en Mí. Piensa como si me habitaras».
«Sé de esas personas que, con los pies en la tierra, tienen el corazón y la cabeza en mi conversación».
«No te preocupes de las cosas de la tierra. Vive en Mí. Preocúpate de mi gloria, de las cosas del amor. Habita en Mí».
163. — 17 de junio. —
«En la naturaleza todo es imagen y emblemas. ¿No has sentido que el amante es la imagen de mi amor?».
164. — «Para oír es preciso escuchar. Escucha».
165. — «Nunca exagerarás en amarme».
166. — «Recibe sonriendo las pequeñas pruebas de cada día; con eso curas mis heridas».
167. — «Te he escogido porque eres más pequeña y más miserable».
168. — «¡Qué bien he ganado el pan de mis hijos!».
169. — En la casa vacía. —
«Pero estamos juntos».
170. — «¿Quién te ha amado como te he amado Yo? ¿Crees esto por lo menos?».
171. — «Sufre en tu carne en unión conmigo, como si me hubiesen escarnecido y flagelado esta mañana».
172. — 18 de junio. Le Fresne, después de la comunión. —
«Incluso en la aridez, no interrumpas “nuestra conversación”».
«¿Has admirado las alfombras multicolores que me hicieron, para el paso del Corpus Christi?
Prepárame otras más bellas a lo largo del día hechas de sacrificios y actos de virtud.
Yo paso» (en la comunión).
«Mis llagas… No te quedes sólo en la abertura. Entra.
Están abiertas de par en par. Mira la carne, los músculos rotos.
Bebe la sangre. Es para vosotros. Para ti. Entra».
173. — 21 de junio. —
«¿No te quedas muy asombrada cuando te dicen que has hecho el bien en tal o cual país…, a tal alma? Es porque no eres tú quien lo hace.
Soy Yo, por medio de ti.
¡Si supieses lo que pasa en tu alma cuando mi sangre la purifica!…
Mi gracia va más lejos que tu alma».
174. — Nantes. En el cine. —
«Dondequiera que estés, mantenme en tu amor.
¡Si vieras la belleza de un alma!».
175. — 24 de junio. —
«Ponte contenta cuando puedas ofrecerme un pequeño sacrificio, a Mí, el sufriente».
176. — 24 de junio. —
«Muy pocos honran y contemplan mi alma.
Los esposos, al sentirse ligados de por vida, terminan cayendo en cierta monotonía en el amor. Yo, en cambio, siento una alegría siempre nueva con vuestros actos y efusiones de amor, porque sois “seres libres”».
177. — 25 de junio. —
«Juan miraba sin cesar el horizonte del desierto para ver si Yo venía. Tú, igualmente, deséame, llámame».
«No veas faltas donde sólo hay debilidades de la naturaleza. Lo que me hace sufrir es la indiferencia».
(Mientras yo hacía los rizos de Las muñecas mecánicas12, pensando en mil cosas:)
«Creía que debías trabajar apoyada en mi corazón.
¿No es más fácil de escribir mi libro que tus comedias?».
(Yo estaba asombrada de que me hubiese colmado tanto durante toda mi vida, mientras que a otros… Entonces me dijo muy delicadamente:)
«¿Me perdonas por haberte amado así?
Toma en tus manos tu memoria y ofrécemela. Haz lo mismo con cada una de tus facultades».
«En la vida tenemos siempre una reserva interior de pequeñas preocupaciones y dificultades que pueden servir de expiación de los pecados: los nuestros y los de los demás».
178. — 26 de junio. —
«¿Crees que por ser Yo Dios no tengo necesidad de cariño?».
179. — «¿Crees tú que Yo me quedo en silencio con los que quieren hablar conmigo?».
«¡Habla conmigo!…».
180. — «Te envío estas pequeñas gracias para que te acerques a Mí. Son como el cordón de una campanilla ante la puerta de tu casa para que Yo tire de él».
181. — Un pequeño bebé balbuceaba en su cochecito mientras sus padres estaban en la ventanilla de correos. Me dijo:
«Tu amor es sólo un balbuceo de niño pequeño».
182. — 27 de junio. —
«Que tu vida sea un constante recogimiento, una incesante conversación con tu Señor».
183. — Yo: «¡Dame los medios para ser santa!» Él:
«Los tienes».
184. — «Te he pedido que te despiertes en los brazos del Padre porque cada una de tus mañanas es una nueva creación».
185. — 28 de junio. —
«Respeta mucho la piedad de los demás. Cada uno tiene su manera de venir a Mí».
186. — «Te he pedido que te duermas en el Espíritu Santo porque vuestro último suspiro debe ser en el Amor».
187. — 28 de junio. Yo: «Haz, Señor, que sea tu pobre apóstol». Él:
«Lo eres».
188. — 29 de junio. — Mientras ponía orden, le decía: «Señor, ¡no me hablas!» Me respondió con dulzura:
«Cuando estás ocupada tengo como miedo a molestarte».
189. — «Hay muchas maneras de hablarme: tú, sírvete de tu corazón».
190. — 30 de junio. —
«Tú me sientes más o menos, pero Yo no cambio».
191. — «Todos los días ofréceme con frecuencia tu muerte, como Yo ofrezco la mía a mi Padre todos los días» (en la misa).
192. — «¿Acaso Yo te doy unas margaritas sucias, o unas rosas marchitas?».
«Que tus acciones tengan siempre la frescura del entusiasmo, del amor. Y ofrécemelas».
193. — «Mira, este empleado de la caja te ha dicho que una vez le regalaste un pequeño y bonito lápiz, y lo habías olvidado: cuántas pequeñas cosas me has dado tú también, de las que no te acuerdas».
194. — Yo: «¿Voy a saber morir? ¡Enséñame a morir!». Me respondió como sonriendo:
«Haz con frecuencia ensayos generales».
195. — En el tranvía. Yo le decía: «Por favor, enciende de amor a todos los que van en este tranvía». Él me respondió con tristeza:
«No quieren».
196. — «Que no te sea fatigoso rezar. ¿Por qué te tomas tanto trabajo? Que te sea muy sencillo, muy natural, una charla de familia».
197. — 30 de junio. — Yo tenía expuesto ante mi mesa el rostro de Cristo del P. Bernard y, al ofrecerle mi comida, le decía: «¿Alivio tus sufrimientos?» Me contestó:
«Sólo con comprar y honrar mi rostro en la Cruz, y colgarlo en la pared de tu casa, me has aliviado».
198. — 1 de julio. Durante la comunión. —
«Si pudieras ver mi esplendor en este momento».
199. — «Dame sufrimientos; en el cielo no pueden dármelos».
«¡Dámelos!».
200. — «Mi misericordia y tu pequeñez».
201. — «Pon tu corazón en mi corazón, aspira. Bebe mi sufrimiento.
«Purificaos».
202. — 2 de julio. — En la iglesia, mientras daban la Comunión.
«¡Si pudieses ver mi esplendor en este momento!».
203. — 2 de julio, Primer viernes de mes. —
«Puedes llamarme tu Esposo. Te he desposado por mi humanidad crucificada.
Pues sí, tan sólo cuando desenredas un hilo, al hacerlo por amor, me honras grandemente».
(En una estación, mientras pensaba resignadamente: ¡vamos!, ¡ánimo!, vuelve a cargar tus pesados bultos, me contestó con viveza:)
«Nuestros bultos».
204. — 3 de julio. En el tren. —
«Tómalo todo de Mí y come».
205. — 4 de julio. —
«Ahora que me has ofrecido tus sufrimientos, considera los míos».
206. — «Tu vida está tan entrecortada que no te resulta difícil hacer el examen de conciencia sobre lo que ocurrió en cada lugar: ¿el bien? ¿El amor a Mí?».
207. — «A todo el que intentara oírme, Yo le hablaría.
A todo el que me deseara, Yo iría a él».
208. — 6 de julio. — Al dejar Le Fresne para ir a Brest, pensaba: «Ya no tendré este libro» (los escritos de P. de Foucauld). Me respondió con viveza:
«Tienes el tuyo» (lo decía por este que estábamos escribiendo entre los dos).
209. — 9 de julio. Brest. —
«Ven. Con la mirada fija en Mí: eso basta. ¡Qué importa todo lo demás!…».
210. — 10 de julio. En Saint-Pierre. — Mientras subía a la capilla del tercer piso, pensaba: «Voy a encontrarle en su aposento. Me dijo rápidamente:
«Mi aposento es el tuyo. Lo mío es tuyo».
211. — Yo Le dije. «¡Cómo puedes amar a una criatura tan vil!» Me respondió:
«No puedo hacer otra cosa».
212. — «No pretendas decir exactamente tantas palabras en la oración: simplemente, ámame.
Una mirada interior.
Una sonrisa de tierna amistad».
213. — 12 de julio. —
«¿Tu conversación conmigo? Pequeñas palabras breves, ¿comprendes? Sin esfuerzos. Mientras menor es el esfuerzo, mayor es el amor».
214. — 18 de julio. Le Fresne. — Al mostrarme los adornos del altar, me dijo:
«Sí, tú me has dado todo esto, pero no sería nada si, al mismo tiempo, no me hubiese dado tu corazón».
(Mientras hacía una mortificación corporal, me dijo:)
«La morada de mi reposo…».
215. — 15 de julio. —
«Date a Mí como Yo me doy a ti.
Si te guardas para ti misma, nuestra unión no es completa.
Date a Mí como Yo me doy a ti».
216. — «¿Tus éxitos? ¿Tu alegría? ¿Tu encanto? Refiéremelo todo.
Soy Yo quien te lo ha dado».
217. — [?] julio. — Yo había estado en la terraza ocupándome de las flores antes de hacer la oración. Como me retrasaba, me dijo:
«¿Cuándo me tocará a Mí?».
218. — 22 de julio. — Al ir a una estación. —
«Ejercítate en dirigirte a tu prójimo con la actitud de alguien inferior».
219. — Al pararse un tren. —
«Cuando tu vida se pare, ¡que sea por un grito de amor!».
220. — «¿Ves a esa niña pequeña? Mira a su padre sonriéndole. No le habla. ¡Pero qué feliz está el padre por esa sonrisa!».
221. — Estación de Paray-le-Monial13. — Como yo pensara que aquel no era el paisaje más hermoso de Francia para recibir al Sagrado Corazón, me dijo:
«No era el país lo que me atraía, sino el alma tan humilde de Margarita-María».
222. — «Cuando hablas, o incluso cuando piensas con altivez, eso proviene de tu bajeza.
Cuando te muestras como la servidora de los demás, eso te engrandece».
223. — 24 de julio. —
«Sonríe al prójimo como si me sonrieras a Mí.
Yo soy el prójimo».
224. — 24 de julio. Isère14. — Entre jóvenes ya grandes, pero tímidas:
«No les escatimes la bondad. Adelántate con una gracia amable.
¿Sabes lo que es “adelantarse”?
También en esto, adelántate a tus medidas habituales».
225. — 25 de julio. Iglesia de Saint-Pierre de Bressieux15. —
«Voy a enseñarte una nueva manera de rezar tus doce Padrenuestros, Avemarías y Glorias: los cuatro primeros, recítalos sobre cada una de las llagas de mis pies y de mis manos. Los cuatro segundos, honrando mi corazón, mis labios y mis ojos. Los últimos: contempla los cuatro lados de mi cabeza coronada de espinas sangrantes».
226. — 26 de julio en el Midi16. —
«Mira la hoja del árbol, tan verde y tan ancha: si su tallo no estuviese unido a la rama ligada al tronco, ¿qué sería de ella?».
227. — Nantes en Le Fresne. — El Señor volvió a decirme:
«Sal de tus límites habituales para pensar en Mí» (como si deseara que avanzásemos cada día un poco más).
228. — 18 de julio. —
«Apenas has cortado las rosas marchitas cuando el rosal da nuevas rosas: es un incesante movimiento hacia adelante, flores o frutos. Imita a tu Creador».
229. — «Mientras más te des a los demás, más me daré Yo a ti».
230. — 28 de julio. Le Fresne. — Como yo dudara en reconocer su voz:
«¿Acaso no crees en Mí?».
Desde la Hostia. —
«Yo soy el Dios indefenso.
¿Ves esos pajarillos que se posan en tu silla, en el jardín, en la mesa, en tu sombrero?… Ante alguien malo podrían escapar volando. Yo no me escapo».
231. — 29 de julio. — Después de la comunión, con tristeza:
«¡Ámame mucho!».
232. — 30 de julio. Yo estaba distraída después de la comunión. —
«Cuando en el salón hay alguien muy querido, uno no se va a la ventana a mirar a los que pasan».
233. — En las salinas. —
«Ya ves, hay sal en tus labios y, sin embargo, no has hecho, sencillamente, sino atravesar su atmósfera:
Cuando me recibes por la mañana, mi alegría permanece en ti durante toda la jornada».
234 — 4 de agosto. Esperando, bajo los árboles, al autobús. —
«Mira cómo el año avanza imperceptiblemente en el transcurso de las estaciones.
Ocurre lo mismo con el avance espiritual: ten paciencia con tus lentitudes».
235. — 9 de agosto. Le Havre. — Me hizo reparar que, en el Credo, passus, sufrió, está muy cerca del «nació», porque sufrió durante toda su vida.
236. — 10 de agosto. Lyon. —
«Para ser santo, “primero” hay que quererlo. Vosotros no nacéis sino para la santidad».
237. — 12 de agosto. En l’Ardèche17. — «¡Cómo puedes descender a ese poco de vino que hay en el cáliz!».
«¡Con tanta alegría!».
238. — 12 de agosto. La Louvesc, Ardèche. — El Padre B… me dijo en el confesionario lo mismo que Él:
«Usted es nada.
Que toda la gloria sea para Dios».
En los bastidores del teatro. Yo había extraviado una parte de mis cosas, y pensaba: «Nunca tengo lo que necesito». Él:
«Te basta con tener tu corazón para amarme».
239. — En la Basílica de Saint-François-Régis18vi el pequeño sendero tan estrecho, tan escarpado, de la santidad, y a la Madre del Amor Hermoso que ayudaba a subirlo.
240. — 16 de agosto. La Salette19. —
«Que la conciencia de tu nada te penetre hasta el fondo. Lleva tus cualidades y tus dones como joyas ofrecidas por tu Rey-Esposo».
241. — 16 de agosto La Salette. — Reconocí el pequeño y difícil sendero que vi en La Louvesc, así como la ayuda de la más tierna Madre. Peyraud. Desde el tren veía el campanario y decía: «Buenos días, querido Jesús, que tanto me has amado». Me respondió vivamente:
«Que siempre te ama».
242. — 20 de agosto — En el tren. —
«Da a los demás de lo que Yo pongo en tus manos».
243. — 20 de agosto. Le Fresne. — Durante la misa, mientras escuchaba los primeros ensayos de mis organistas principiantes:
«Lo que más me agrada no son las armonías exactas, sino el esfuerzo de la voluntad enamorada de mi gloria».
«Cuando mueras pondrás tu corazón herido sobre la herida del mío».
«En el Antiguo Testamento había corazones inflamados deseando la venida del Mesías. Únete a ellos para pedir que llegue el reino de Dios».
244. — 21 de agosto. —
«Cuando te tomas el tiempo de pararte ante Mí, te entregas y Yo puedo hablarte.
¡Tómate ese tiempo!».
245. — 21 de agosto. — ¿Por qué dedicas tantos pensamientos a esas pequeñas cosas? (la ruptura de una cañería).
«Míralas desde Arriba».
246. — 24 de agosto. —
«Continúame.
Pon una sonrisa en tu alma cuando me mires».
(A la mesa, desayunando ante el jardín:)
«¿Has reparado en que las mariposas amarillas vuelan a menudo de dos en dos? A ti, que te vean siempre conmigo».
247. — 25 de agosto. En la terraza. —
«¿Dudas de que sea Yo? Haz como si fuera verdad».
248. — «¿Calumniada? Es sin duda necesario que seas como tu esposo».
249. — 25 de agosto. —
«Acompáñame. Yo soy vuestro amigo íntimo. Cuando leas, no estés con el autor del libro, sino conmigo. Yo soy un Dios celoso».
«Ponme como un sello en tu corazón».
«No temas mirar mis heridas: son tuyas. Entra en tu casa.
Saca de Mí cosas antiguas y cosas nuevas. ¡No me dejes! ¡No me dejes nunca!».
«Háblame con suspiros. Yo oigo todos los gemidos.
Entra en la región del espejo de la Paz».
«Yo soy cosa tuya, Señor». Él:
«Cosa mía ¡no!, sino un alma salvada por Mí. Salvada…
¡Yo te he salvado…!».
Visita al Santísimo Sacramento:
«Aquí estoy».
250. — 26 de agosto. Después de la comunión. —
«Por ser Yo Dios, ¿no tengo derecho a hablar con mis criaturas?».
(Yo dudaba.)
251. — 30 de agosto. Daba yo hospitalidad a unos sirvientes. —
«Te vas a sentir muy humillada sirviéndoles…
Pero… es a Mí a quien sirves».
252. — 31 de agosto. —
«Mientras más luz des, más luz conservarás…».
253. — 1 de septiembre. —
«¿Oyes a esos jilgueros en los árboles? Hablan en voz baja y sin interrupción.
Ruidos de pájaros.
Habla conmigo en voz baja y sin interrupción.
Ruidos de almas».
254. — «Toma la sangre que corre de las espinas; lava el mundo con ella.
Escucha, oirás».
255. — «¿Qué te queda por hacer en la tierra sino amar a tu prójimo por Mí?».
256. — «Ve más allá de ti misma».
257. — «Sé la más humilde, la más sencilla».
258. — 2 de septiembre. —
«El amor de ayer te da más amor para hoy, y el amor de hoy prepara más amor para mañana».
259. — 2 de septiembre de 1937. Durante la oración. —
«Estos instantes son míos» (con el acento del propietario).
Yo estaba en su corazón e intentaba lavar en él mis faltas. Me dijo:
«Lava también a los demás».
«Señor, ¿Tu sangre sólo me lava en el momento del sacramento de la penitencia?». Él:
«Tus deseos de lavarte en mi corazón, o bajo la fuente de la Cruz, ya te purifican».
260. — 3 de septiembre. —
«Yo mantengo tu juventud, esposa mía.
El Esposo y la esposa, ¿no deben parecerse?».
«Pide, pide. A menudo sólo obtienes después de mucho tiempo».
«Haz como si tus ojos estuvieran detrás de los míos y lo vieses todo a través de Mí».
«¿Deseas, Señor, que haga la hora santa de 4:30 a 5:30 de la mañana?».
«Deseo poder recompensarte más tarde».
261. — 3 de septiembre. — «¿Y todos mis defectos?» Él:
«Ven con ellos.
¡Ven siempre!
Cree en Mí.
Cree en la fuerza de mi corazón».
262. — 1er viernes de septiembre. —
«No hables sin sonreír».
263. — 4 de septiembre. —
«Ponte ante Mí como una tierra sedienta de rocío.
Pero no todos los días cae el rocío».
264. — «Espera mi beneplácito».
265. — «¿Es muy difícil lo que te pido?
¿Unir tus acciones a las mías?».
266. — «Siembra en ti conversiones».
267. — 5 de septiembre. —
«Si las distracciones no vienen por tu culpa, te doy las mismas gracias que si no te hubieses distraído».
268. — 7 [de septiembre]. Lourdes, en las piscinas. —
«Que tu rostro refleje mi santidad».
269. — 8 de septiembre. Lourdes. — Durante la misa mayor con 40 000 peregrinos reunidos ante el cardenal Suhard de Reims yo pensaba en la alegría de la Madre de Dios.
Él me dijo: «Todas las mujeres son un poco mi Madre».
270. — Durante la procesión del Santísimo Sacramento yo no pensaba en rezar en nombre de sus méritos. Me dijo:
«Entonces, ¿de qué te sirvo Yo?».
271. — En la iglesia del Rosario. —
«Un día tendrás otro rostro. Yo te lo daré, sellado de humildad».
272. — En la Gruta. —
«Dirigirás tus esfuerzos a modificar tu naturaleza: un gesto, una palabra, tantas penitencias incesantes».
273. — De vuelta a casa. —
«Pon orden en todo lo que te rodea.
Eso es reflejar la santidad. Aplícate a ello».
274. — En la iglesia de Notre-Dame. —
«No mires a las personas que circulan. Haz esto por Mí».
275. — 12 de septiembre. En el autocar, yo le decía: «Mi Bienamado», y él respondía:
«Mi bienamada», como una letanía a lo largo del camino.
276. — 12 de septiembre. —
«Cuando te des algo a ti misma hazlo como si dieses a un pobre: por amor a Mí».
277. — Regreso en el autocar. —
«Conserva la naturaleza y modifícala».
278. — En la ofrenda del vino mezclado con agua. —
«Ponme contigo y ofrece a nuestro Padre».
Durante la cena en casa de X… fui poco caritativa con un ausente. Él me dijo: «¿Por qué has contado eso? Podías fácilmente contenerte».
279. — 14 de septiembre. En una iglesia. —
«Mira las vidrieras: unas están en sombra y han conservado todos sus colores.
Las otras están expuestas al sol y no guardan nada de ellas».
De regreso a la vieja casa, yo saboreaba la soledad junto a él:
«Pero tu objetivo no es ese. Hay que caminar, caminar, como yo caminé durante mi vida pública. Así te Me das mejor a ti misma».
280. — 15 de septiembre. —
«Incluso cuando no te hablo, me complaces intentando oírme.
Escucha.
¿Quién podría ser más feliz que vosotros, mis cristianos?».
«Un mismo Padre, el mío, una misma madre, la mía. Yo, vuestro hermano.
Así pues, comprended en la alegría».
281. — 17 de septiembre. En el tren hacia París. —
«Vive de lo que te he dicho.
Cuando vivas conmigo sencillamente, como con un único amigo invisible, pero siempre presente, habrás dado un paso».
282. — En el Buffet Austerlitz. —
«Te será pedido mucho porque has recibido mucho».
283. — Estación de Saint-Lazare. — Una niña pequeña le decía a su padre: «Dame la mano».
«Dime esto con frecuencia».
284. — En Seine-et-Oise. — Yo decía: «¡No comprendo cómo puedes amar tanto a pobres criaturas!». Él me respondió:
«¿Puedes tú comprender el corazón de un Dios?».
285. — En el hotel. Durante una emisión de radio. —
