En marcha misionera - Fernando Redondo Benito - E-Book

En marcha misionera E-Book

Fernando Redondo Benito

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El Mes Misionero Extraordinario (octubre de 2019), convocado por el papa Francisco, sirve de excusa a Fernando Redondo para recordarnos con esta obra la naturaleza misionera de la Iglesia, que no se circunscribe a un mes ni a un año. El autor pone el énfasis pastoral en la misión como paradigma de la vida cotidiana de cada creyente y de cada acción de la Iglesia y ofrece testimonios actuales. El libro es, pues, una invitación a asumir el discipulado misionero y a vivirlo en las diócesis, parroquias, movimientos y grupos eclesiales. Acercarse a estas páginas, llenas de pistas y propuestas concretas, nos ayudará a abordar con esperanza, alegría y entusiasmo el desafío misionero de vivir y anunciar lo esencial: el Evangelio. Con prólogo del P. Fabrizio Meroni (Secretario General de la Pontificia Unión Misional y Director del Centro Internacional de Animación Misionera y de la Agencia Fides), el libro incluye la oración del papa Francisco para el Mes Misionero Extraordinario y el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Misiones 2019. Los beneficios obtenidos por los derechos de autor de la difusión de esta obra serán destinados a las Obras Misionales Pontificias de España.

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Seitenzahl: 161

Veröffentlichungsjahr: 2019

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Índice

Portada

Portadilla

Créditos

Oración

Prefacio

Introducción

I. Evangelio en movimiento

II. Cambio de actitud

III. Ante la única misión de la Iglesia

IV. Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma

V. Contribuyan a evangelizar sobre todo a la Iglesia

VI. La pastoral, expansiva y abierta

VII. Abrirnos a la gozosa novedad del Evangelio

VIII. Desde la Pascua de Jesucristo: renovar el corazón, renovar las obras, renovar las organizacion

IX. Oración y acción

X. La animación misionera: actualizar, renovar, vivir

XI. Las OMP y el tiempo es superior al espacio

XII. Siempre discípulos misioneros

XIII. María, discípula misionera

TESTIMONIOS EN CLAVE MISIONERA

«Jirafear»: claves para una pastoral con corazón

Paciencia y complicidad de Jesús con sus misioneros

Iglesia misionera, tatuada por la universalidad

Mi vocación misionera a la luz del Mes Misionero Extraordinario

Japón: el rostro de la esperanza

Anexo I. Mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2019

Anexo II. La revolución misionera

Epílogo. La Iglesia de Cristo en misión en el mundo

Bibliografía

Los beneficios obtenidos por los derechos de autor de la difusión de esta obra serán destinados a las Obras Misionales Pontificias de España.

© SAN PABLO 2019 (Protasio Gómez, 11-15. 28027 Madrid)

Tel. 917 425 113

E-mail: [email protected] - www.sanpablo.es

© Fernando Redondo Benito, 2019

Distribución: SAN PABLO. División Comercial

Resina, 1. 28021 Madrid

Tel. 917 987 375

E-mail: [email protected]

ISBN: 9788428561495

Depósito legal: M. 24.999-2019

Impreso en Artes Gráficas Gar.Vi. 28970 Humanes (Madrid)

Printed in Spain. Impreso en España

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio sin permiso previo y por escrito del editor, salvo excepción prevista por la ley. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la Ley de propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). Si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos – www.conlicencia.com).

A mi familia, Amparo, Fernando,

Elena y Marta, por acompañar el camino

de mi discipulado misionero.

En recuerdo del misionero

Padre Manuel Arranz Sierra,

fallecido en Chile, ministro del Bautismo

que recibí el 31 de agosto de 1980.

Oración

Oración del papa Francisco para el

Mes Misionero Extraordinario (octubre 2019)

Padre nuestro,

tu Hijo Unigénito Jesucristo

resucitado de entre los muertos

encomendó a sus discípulos el mandato

de «id y haced discípulos a todas las gentes».

Tú nos recuerdas que a través de nuestro Bautismo

somos partícipes de la misión de la Iglesia.

Por los dones de tu Santo Espíritu,

concédenos la gracia de ser testigos del Evangelio,

valientes y tenaces,

para que la misión encomendada a la Iglesia,

que aún está lejos de ser completada,

pueda encontrar manifestaciones nuevas y eficaces

que traigan vida y luz al mundo.

Ayúdanos a hacer que todos los pueblos

puedan experimentar el amor salvífico

y la misericordia de Jesucristo,

Él que es Dios y vive y reina contigo,

en la unidad del Espíritu Santo,

por los siglos de los siglos.

Amén.

Prefacio

Mes Misionero Extraordinario (octubre 2019)

Una gran oportunidad para la conversión a Cristo y la misión en el mundo

El Mes Misionero Extraordinario, anunciado por el Santo Padre Francisco el 22 de octubre de 2017, con el lema «Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo», constituye un momento providencial para un diagnóstico positivamente proposicional, cuya insistencia central es la conversión misionera de la propia fe y de la estructura eclesial.

La celebración del centenario de la Maximum illud, una importante carta apostólica sobre la misión de la Iglesia del papa Benedicto XV (30 de noviembre de 1919), convenció al papa Francisco de la oportunidad providencial de orar, reflexionar y testimoniar juntos para que la Iglesia se sienta cada vez más en estado de misión en el mundo. Renovando evangélicamente la misión, convirtiéndola en el paradigma de todo lo que somos, actuando como misioneros discípulos de Jesucristo y reavivando el ardor y la pasión por Jesús y su misión en el mundo cumpliremos el deseo del Santo Padre Francisco para este Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019. Los santos de la fe, los mártires de la misión, los testigos son nuestros compañeros de viaje y nuestros intercesores en el cielo para la misión.

Se trata de poner el Bautismo y la fe en el centro de nuestra vida cristiana, de nuestra vida como Iglesia, como un encuentro personal y cada vez más profundo con Jesucristo. La misión es empujada y es salida de esta profunda amistad de comunión con Jesús crucificado y resucitado. Esta amistad con Él es la Iglesia de los apóstoles. La misión coloca a la Iglesia en un estado de permanente deseo de orar y actuar para la salvación de todo el mundo. Somos empujados al mundo por el Espíritu Santo. La familia fundada en el matrimonio sacramental y el trabajo representan las áreas seculares primarias y ordinarias de la misión de la Iglesia. La vocación de cada uno es llamada a transformar el mundo en Cristo. La misión es envío para la salvación que opera la conversión de los enviados y del destinatario.

La certeza de que la misión no solo representa la propia naturaleza de la Iglesia, sino que es su origen, propósito y vida, nos obliga a repensar su raíz trinitaria y su origen en Jesucristo y en el Espíritu Santo. La Iglesia es misionera por naturaleza porque nace y se funda en la Pascua de la muerte y la resurrección de Jesús. La missio ad gentes es la forma original, el paradigma y el modelo que configura toda la misión evangelizadora de la Iglesia porque expresa el primer anuncio del Evangelio y la transformación sacramental del mundo, haciendo de todos los pueblos discípulos misioneros del Señor Jesús. La missio ad gentes está dirigida a aquellos que no están marcados históricamente por el sacramento del Bautismo, aún no participan en la fe cristiana y no pertenecen ahora a la Iglesia de Jesucristo, la familia peregrina de Dios en la historia. La missio ad gentes corresponde, aunque no se reduce a ella, a la necesidad natural inscrita en el corazón de cada hombre para ser salvado, o para experimentar la plenitud de la vida en la victoria sobre el pecado, sobre la enfermedad y sobre la muerte (cf Evangelii gaudium, 265).

Si la crisis de la misión es una crisis de fe (Redemptoris missio, 2), la madurez de la fe de la Iglesia se manifiesta valientemente en su misión de atraer a todos y todo a Cristo, sabiendo que todo le pertenece desde el principio. Si el drama de nuestro tiempo consiste en la ruptura entre el Evangelio y la cultura, como nos recordó el papa san Pablo VI (cf Evangelii nuntiandi, 20), la crisis de la misión indica la incapacidad eclesial de ver las implicaciones antropológicas en el mandato misionero de Jesús, las aperturas escatológicas, culturales y universales de la proclamación del Evangelio y el testimonio de la fe cristiana.

Ponerse en movimiento a causa de la fe y el Bautismo, emprender un viaje conducido por el amor a Jesús y por la humanidad necesitada de salvación, manifestada en forma de oración y sacrificio, es lo que la misión constantemente trae a la vida para toda la Iglesia. Si uno ama y es amado, se mueve, crea relaciones, busca al otro, está lleno de la alegría de poder conocerlo, de poder orar por él y con él. El movimiento misionero nos hace ser la verdadera Iglesia en el mundo, al servicio de su salvación y nuestra conversión. Avanzamos hacia el destino común del amor de Jesús que nos salva para la vida eterna, que nos envía constantemente en una misión preocupada por el destino de cada uno y la salvación de todos.

La Guía para el Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019 y todo lo que ofrecemos desde la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y desde las Secretarías Internacionales de las Obras Misionales Pontificias en el Vaticano tiene como objetivo estimular la creatividad de todos y de las Iglesias locales para despertar su espíritu misionero y la propia fe a partir de los concretos contextos sociales y culturales específicos. Además, invito a todos los interesados a visitar el sitio web del Mes Misionero Extraordinario: www.october2019.va/es.

¡Buen trabajo, buena misión!

Roma, 9 de junio de 2019

Solemnidad de Pentecostés

P. F ABRIZIO MERONI

Secretario General de la Pontificia

Unión Misional

Director del Centro Internacional

de Animación Misionera

y de la Agencia Fides

Introducción

No podemos permanecer dormidos ante la situación actual de la Iglesia. No podemos cerrar los ojos y taparnos los oídos para dejar de ver y escuchar el clamor incesante del Pueblo de Dios, el susurro constante del Espíritu Santo. No podemos permanecer impasibles, como estatuas, ante las periferias que nos reclaman. No podemos dejar de ser discípulos misioneros.

Vivimos una época diferente, una situación cambiante, que ha hecho caer estructuras en todos los ámbitos, como los económicos y políticos, los sociales y también los religiosos. Ante esta situación, en la mayoría de los casos, se ha emprendido una «huida hacia delante», que conlleva no hacer para parecer que todo sigue igual.

Eso ha acontecido también en la Iglesia. En muchos lugares se han agarrado a los últimos vestigios de la «cristiandad» o de la «vieja cristiandad» para dar la apariencia de que poco había cambiado. Intentamos parecer lo que ya no somos. Intentamos dar imagen de normalidad, cuando todo y también todos están cambiando.

Solo permanece la novedad y frescura del Evangelio, solo permanece la centralidad de la Pascua, solo nos ayuda la naturaleza misionera de la Iglesia: desde la misión, desde la paradigmática missio ad gentes, podremos encontrar claves para poder vivir la conversión misionera, la conversión pastoral.

No nos traumaticemos. No intentemos culpabilizar a otros. Asumamos nuestra responsabilidad y vocación como discípulos misioneros.

Todos los miembros de la Iglesia, convocados por el papa Francisco, estamos llamados a vivir el Mes Misionero Extraordinario, con el lema «Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo» (octubre de 2019). Esta oportunidad nos ayudará a dos cuestiones: reconocernos como discípulos misioneros y sentirnos enviados, como vivencia plena de nuestro Bautismo.

De ese modo podremos asumir que estamos llamados a vivir un periodo de mayor intensidad y necesidad misionera. La Iglesia necesita del espíritu misionero porque si no lo reconoce estaría muriendo, al dejar de lado su esencial naturaleza.

Nos encontramos ante una importante oportunidad para poner en su sitio a la pastoral misionera, haciéndola verdadera pastoral ordinaria de la Iglesia, en todas las diócesis y en todas las comunidades parroquiales.

Recuperemos la centralidad de la Pascua, que es el corazón de toda acción misionera, como lo es de manera particular para la missio ad gentes. Hagamos más misionera a la Iglesia, especialmente a las pequeñas comunidades, para que no olviden su responsabilidad ni la visión universal.

Hoy hablar de Iglesia en salida no es un uso retórico más, sino la convicción de salir con la fuerza y la alegría del Evangelio a todos los lugares del mundo. Nos sentimos movidos por el Espíritu, protagonista de la misión, y a Él le pedimos que nos ponga en movimiento misionero, en marcha misionera, para hacer que toda la Iglesia reconozca lo que es y para lo que es: la evangelización misionera.

No olvidemos que la misión es el paradigma de la vida cotidiana, de cada acción de la Iglesia; la misión es el paradigma de la vida cristiana, de la acción del discípulo misionero.

El papa Francisco nos alienta para celebrar el Mes Misionero Extraordinario y este es un «momento propicio para involucrar a todos los bautizados en asumir, con mayor responsabilidad y coraje creativo, el desafío que nos presenta la misión de hoy: convertirnos en el paradigma y la forma de la vida ordinaria de la Iglesia y de toda su actividad pastoral» (Mensaje del papa Francisco con ocasión de la Asamblea General de Directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias, mayo de 2019).

Que Jesucristo, primer misionero, nos acompañe en este camino, donde todos tenemos que participar, donde todos estamos llamados por nuestro Bautismo. ¡Seamos discípulos misioneros, entusiasmados y apasionados por nuestro pueblo misionero!

I

Evangelio en movimiento

«Juan Pablo II nos invitó a reconocer que “es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio” a los que están alejados de Cristo, “porque esta es la tarea primordial de la Iglesia”. La actividad misionera “representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia” y “la causa misionera debe ser la primera”. ¿Qué sucedería si nos tomáramos realmente en serio esas palabras? Simplemente reconoceríamos que la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia. En esta línea, los Obispos latinoamericanos afirmaron que ya “no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos” y que hace falta pasar “de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera”. Esta tarea sigue siendo la fuente de las mayores alegrías para la Iglesia: “Habrá más gozo en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (Lc 15,7)».

(PAPA FRANCISCO, Evangelii gaudium, 15)

De Nazaret a Belén. De Belén a Jerusalén. De Jerusalén al mundo: id y anunciad el Evangelio a toda la creación.

El Evangelio siempre está en «movimiento». No queda anclado a ningún lugar, no está reducido a unas paredes, no está encerrado en solitario. El Evangelio lo encontramos siempre en actitud de movimiento. El Evangelio es «Iglesia en salida», el Evangelio es movimiento misionero, el Evangelio siempre está en marcha misionera.

Estamos ante una llamada de atención y prioridad. Hemos sido convocados para vivir el Mes Misionero Extraordinario, pero no se comprime a esta circunstancia, sino que va más allá. Habrá personas que quieran reducir el adjetivo misionero solo al octubre misionero, pero lo supera, lo hace salir, nos hace vivir.

La conversión misionera no puede ser demorada más. Ya no vale la reiteración de excusas constantes, la repetición de los mismos «lemas», la constante programática del «siempre se ha hecho así». Es el momento de recordarnos y reconocernos como «discípulos misioneros», para constituir a todas las regiones de la tierra en «estado permanente de misión» (Evangelii gaudium, 25).

Erramos si pensamos que podemos estar aislados en la «pastoral del confort», que reduce nuestras acciones pastorales a aquello en lo que nos encontramos más seguros o más cómodos, olvidando, por un lado, las periferias y, por otro, el sentido evangélico que debemos poseer: la evangelización, base y horizonte de la Iglesia.

La pastoral del confort es reductiva y acomplejada. Se cierra para no tener necesidad de vivir el Evangelio. Queda anclada en los mismos modelos, en las mismas estructuras y en las mismas personas.

Es más fácil estar rodeado por los de siempre, esos feligreses de «vieja cristiandad» que no provocan problemas ni tampoco lanzan interpelaciones e interrogantes. Es más resolutivo estar siempre rodeados de «los mismos», los que simplemente ejecutan las decisiones.

Qué bien nos encontramos con esos actos tan numerosos, con palabras engrandecidas, pero que tocan poco a los corazones de cada persona que sigue teniendo hambre de Dios, deseos de vivir y avanzar con decisión misionera.

La crítica es sencilla. El acomodo es constante. Mirar hacia otro lado puede ser una respuesta corta y de pequeño alcance. Debemos preguntarnos: ¿dónde está la creatividad y la imaginación?, ¿dónde encontramos a los evangelizados con Espíritu dispuestos a salir de sus comunidades parroquiales para afrontar la situación de aturdimiento pastoral?, ¿dónde estamos en la pastoral misionera?, ¿cómo vivimos la conversión misionera en toda la Iglesia, en nuestra diócesis, en nuestras comunidades parroquiales?

Necesitamos emprender un camino misionero sin excusas. Tenemos que saber interpretar los signos de los tiempos porque vivimos una época nueva que está provocando dudas y miedos sobre cómo afrontar nuestras acciones pastorales. Cuando nos abordan esos momentos, ¿no deberíamos recordar la Alegría del Evangelio?, ¿no podríamos centrar nuestra mirada en todo lo que conlleva ser bautizados y enviados, por tanto, ser discípulos misioneros?

Es un desafío lleno de interrogantes. Pero un desafío que es central para la Iglesia. No se admiten más respuestas alternativas, porque la causa misionera debe ser la primera.

El papa Francisco ya tomaba el pulso a esta cuestión con la Exhortación apostólica Evangelii gaudium. Nos presentaba la necesidad y urgencia de pasar a una «pastoral decididamente misionera». Ahora, con la celebración del Mes Misionero Extraordinario, se vuelve a poner en el centro de nuestra vida pastoral a la constante misionera, al entusiasmo misionero, a la vocación misionera.

Estamos en movimiento, pero con diferentes ritmos. Vivimos diversidad, aunque algunos quieren usar «el rodillo unificador». Estamos en salida, para festejar la oportunidad misionera que tenemos, la responsabilidad misionera que poseemos, la alegría misionera que contagia y que contagiará a todo el mundo.

Es nuestro desafío y tarea central: pongámonos en marcha misionera.

II

Cambio de actitud

«Acogiendo la propuesta de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, convoco un Mes Misionero Extraordinario en octubre de 2019, con el fin de despertar aún más la conciencia misionera de la missio ad gentes y de retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral. Nos podremos disponer para ello, también durante el Mes Misionero de octubre del próximo año, para que todos los fieles lleven en su corazón el anuncio del Evangelio y la conversión misionera y evangelizadora de las propias comunidades; para que crezca el amor por la misión, que “es una pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo”».

(PAPA FRANCISCO,

Carta con ocasión del centenario de la promulgación

de la Carta apostólica Maximum illud

sobre la actividad desarrollada por los misioneros en el mundo)

Mes Misionero Extraordinario, octubre misionero. Una convocatoria extraordinaria, por lo que no nos encontramos ante un apunte más en nuestra agenda.

El papa Francisco nos pone ante nosotros mismos, ante nuestra dejación misionera, ante un cierto punto de desánimo existente tanto en el clero como en los laicos, que se encuentran un poco perdidos, con un GPS deslocalizado y un sistema operativo pendiente de «parche» y solución.

Lo hace volviendo la mirada a lo esencial, el Evangelio, y poniendo luz sobre nuestra vocación misionera, teniendo en cuenta que todos somos discípulos misioneros. Volver a lo esencial es remover y trastocar; es dejar cargas inútiles para poder vivir con más intensidad y coherencia.

Recuperar lo original del Evangelio, que siempre es nuevo, atractivo y atrayente, debe ser nuestra principal acción para el Mes Misionero Extraordinario. Desde ahí sentiremos la necesidad de vivir la missio ad gentes y de incorporarla como dinámica constante de nuestra pastoral.

Debemos ser astutos, para evitar confusiones en el ámbito pastoral. Todavía andamos en ese falso debate situado entre la pastoral misionera y la pastoral ordinaria. Esta dicotomía es estéril e innecesaria, solo provoca más errores y dudas.