Enseñar a nativos digitales - Marc Prensky - E-Book

Enseñar a nativos digitales E-Book

Marc Prensky

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Beschreibung

"Marc Prensky, que acuñó los términos "nativos digitales" e "inmigrantes digitales", presenta un intuitivo e innovador modelo de pedagogía de la coasociación, en el que los alumnos, nativos digitales, se especializan en la búsqueda y presentación de contenidos a través de la tecnología. Y los profesores, inmigrantes digitales, se especializan en guiar a los estudiantes, proporcionándoles preguntas y contextos, diseñando el proceso de aprendizaje y garantizando su calidad".

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Veröffentlichungsjahr: 2011

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Para Jim Gee, por su sabiduría, ideas y generosidad de espíritu. 

A mi mujer, Rie, por su amor y apoyo, y para Sky, y para los niños en cualquier lugar, con la esperanza de una educación del siglo XXI que merezca la pena. 

Lo que queremos es ver al niño tras el conocimiento, y no el conocimiento tras el niño. 

George Bernard Shaw 

Prólogo 

Qué siglo más notable para el aprendizaje está resultando ser este. Por todo el mundo, profesores, centros educativos, familias e incluso los responsables de crear políticas están tomando conciencia de que construir aprendizaje en el siglo XXI, usando las estructuras y las restricciones del siglo xx, es una apuesta absurda y temeraria que con demasiada frecuencia fracasa. Pero lamentablemente, a muchos de ellos, explorar y verificar nuevas ideas en su propio contexto les hace sentirse solos, valientes y bastante expuestos. Resulta curioso y tranquilizador que, estando aislados, muchos hayan llegado a conclusiones muy parecidas sobre lo efectivas que pueden resultar las estrategias de aprendizaje del siglo XXI. ¡Piensa en el progreso que pueden lograr juntos! 

Marc Prensky ha realizado una contribución fundamental para construir ese carácter conjunto. Por medio de escritos y colaboraciones previas, Marc ya ha hecho un trabajo notable conduciendo al mundo hacia un nuevo vocabulario compartido; vocabulario que nos ayuda a todos a ver las nuevas oportunidades que este siglo ofrece a sus jóvenes ciudadanos. Este vocabulario compartido ha dado a los innovadores solos, valientes y expuestos cierta colegiación, incluso camaradería. De repente, forman parte de algo grande, algo consensuado. 

Y una vez más, en este nuevo libro, Marc se presenta con la contribución precisa en el momento justo. Su resuelta e incontestable defensa de la necesidad de hacer que el aprendizaje avance está expuesta de forma clara y accesible. Mucho de este libro será la base para argumentos triunfadores en debates en la escuela o en los fórums sobre políticas. 

Marc ha añadido esto, un cofre del tesoro de práctica efectiva y reconfortante. La sensación palpable de una revolución de arriba abajo en el aprendizaje (construido por los niños, maestros y comunidades que realmente se preocupan por él), llega hasta nosotros alta, clara y reconfortante. La posibilidad de ojear el libro rápidamente en busca de ideas probadas, efectivas y alcanzables, hará que haya un ejemplar muy usado en todas las salas de profesores. 

Últimamente, los Estados han parecido despertar de nuevo. Hay algo en las palabras “Yes, we can” (Sí, podemos) que ha llegado a una nueva generación, mucho más allá de Estados Unidos, para expresar un nuevo optimismo. Necesitamos que ese optimismo se centre decididamente en el aprendizaje. Nuestros antepasados empezaron una revolución médica que cambió la vida de continentes enteros y transformó las oportunidades potenciales de vida de generaciones. No se conformaron con las aparentes certezas de sus propios antepasados, sino que fueron más allá para crear una revolución de la medicina moderna, y al hacerlo cambiaron su mundo. 

Hoy el mundo es un caos y muchos de nosotros hemos visto el impacto que el aprendizaje puede tener para reparar ese desastre. Hemos visto a niños vacunarse contra la pobreza a través de un gran aprendizaje, cómo los desvinculados se vinculan, sanar las grietas de la comunidad, que problemas sin solución se pueden superar y dejar atrás con ingenio, y que los niños que aprenden juntos con alegría es simplemente menos probable que crezcan para matarse unos a otros. Nuestra generación puede tener un impacto notable y duradero, además, a través del aprendizaje. Nuestra contribución puede ser una revolución del aprendizaje. 

“Sí, podemos”, por supuesto. Y lo que Marc ha hecho aquí es mostrar precisamente por qué y cómo podemos. Solo añado a este prólogo que, dadas todas las oportunidades que tenemos ahora para marcar la diferencia a nivel local y global a través del aprendizaje, y dadas las necesidades del mundo, entonces, seguramente “Sí, por supuesto, que deberíamos poder”. 

Este libro nos ayudará y ayudará a que ayudemos a otros.

Profesor Stephen Heppell 

Centro de Excelencia en Medios de Comunicación Práctica 

Universidad de Bournemouth 

Resumen

Este libro une tres aspectos de la discusión educativa actual que raramente se han tratado juntos. 

Primero, que los alumnos de nuestras aulas están cambiando, en gran medida como resultado de sus experiencias con la tecnología fuera de la escuela, y ya no están satisfechos con una educación que no se dirige de forma inmediata al mundo real en el que viven. 

Segundo, que la pedagogía consistente en “contar y hacer exámenes” que mayoritariamente hemos estado usando en nuestras escuelas se ha vuelto cada vez menos efectiva con los alumnos. Hace falta una pedagogía mejor, y la buena noticia es que está disponible y se puede utilizar hoy. 

Tercero, que la tecnología digital que está entrando ahora, más o menos rápidamente en nuestras aulas, usada correctamente, puede ayudar a volver el aprendizaje de nuestros alumnos conectado con la realidad, atractivo y útil para su futuro. 

Irónicamente es la generación criada en la expectativa de la interacción la que está por fin madura para los métodos de enseñanza basados en las habilidades y en el “hacer” que los expertos del pasado han indicado siempre que son los mejores para aprender, pero que fueron ampliamente rechazados por las altas esferas educativas al considerarlos demasiado difíciles de implementar. 

El feliz hilo que ata estos tres aspectos es que la misma tecnología digital que produjo los cambios en nuestros estudiantes también proporciona las herramientas para implementar por fin las formas de aprender más efectivas y reales.

Agradecimientos 

Ha habido muchas contribuciones tanto a la formulación de mis ideas como específicamente a este libro. La gente que ha influido en mi pensamiento incluye a (por orden alfabético y con disculpas por cualquier omisión) Mark Anderson, Jessica Braithwait, Milton Chen, Chris Dede, David Engle, Howard Gardner, James Paul Gee, Lynnette Guastaferro, Stephen Heppell, Ian Jukes, Liz Kolb, Juliette LaMontagne, Kip Leland, Nicholas Negroponte, Lisa Nielsen, Alan November, Will Richardson, Phil Schlechty, David Warlick, Tom Welch, el numeroso público de mis presentaciones y muchos corresponsales por correo electrónico que amablemente me han ofrecido su retroalimentación. 

El pensamiento original para este libro vino de mi editor, Deb Stollenwerk, quien a lo largo del proceso de escritura del libro sugirió amablemente, empujó suavemente y dio forma al libro hasta que se convirtió en lo que es. También fue de enorme beneficio el gran tallado de la versión original realizado por Dan Richcreek, de la editorial Corwin. 

Entre las personas que leyeron y comentaron las primeras versiones del libro se encuentran Jessica Braithwait, Chris Dede, Jim Gee, Lynnette Guastaferro y Stephen Heppell. 

Aunque asumo la responsabilidad única y final de lo que aquí está escrito, es importante que los lectores comprendan que muchas de las ideas que adopto las comparten un número creciente de profesores de pensamiento avanzado, miembros de la dirección de los centros, oradores y especialistas. De hecho, es su consenso creciente, como yo lo percibo, lo que motivó la escritura de este libro. 

¡Gracias a todos, y que vuestras buenas ideas consigan cada vez más aceptación!

Introducción

Nuestro mundo cambiante 

Tecnología y sociedad global

Preguntas-guía 

1. ¿Los alumnos de hoy son diferentes? ¿Tienen déficit de atención? ¿Qué es lo que quieren? 

2. ¿Cómo podemos motivar y enganchar a los alumnos actuales? 

3. ¿Hay una forma mejor de ayudar a aprender a los alumnos de hoy? ¿Cómo podemos llegar a ella?

En el siglo XXI, muchas de nuestras viejas suposiciones e ideas muy consolidadas se han dado la vuelta, y muchos otros cambios bruscos vienen de camino. Este es sin duda un lugar diferente donde están creciendo nuestros hijos. Tres tercios de la gente del planeta posee un teléfono móvil. Un nuevo mundo virtual (por ejemplo, en línea) ha surgido de la nada y se ha convertido en el foco de atención de muchos de nuestros chicos. Los ingenieros están poniendo un trillón de transistores en un solo chip de ordenador. Los científicos manipulan átomos individuales para crear máquinas a nanoescala que ni siquiera podemos ver. El volumen de información del mundo pronto se duplicará cada pocas horas. Los concursos de la televisión ya no te ponen en una cabina aislada para probar que nadie te ayuda, sino que te estimulan para que telefonees a un amigo o sondees al público.

En un entorno así es inevitable que el cambio llegue finalmente a la educación de nuestros jóvenes, y lo ha hecho. Pero hay una enorme paradoja para los educadores: el lugar donde se han producido los mayores cambios educativos no es en nuestras escuelas, es en cualquier lugar menos en nuestros colegios. Los mismos jóvenes que vemos aburridos y reacios en nuestros centros educativos con frecuencia trabajan duro aprendiendo después de la escuela (expresión que empleo para abarcar conocimiento informal entre iguales, internet, YouTube, televisión, juegos, teléfonos móviles y otras muchas oportunidades emergentes, así como a través de programas organizados como FIRST Robotics). Es en el mundo fuera de la escuela, más que en la propia escuela, donde muchos de nuestros chicos se enseñan a sí mismos y a los demás todo tipo de experiencias importantes y realmente útiles sobre su presente real y futuro. Existe un gran número de herramientas poderosas para ellos con este fin, y estas herramientas (y nuestros chicos al usarlas) se están haciendo más y más poderosas día tras día. Tras la escuela nadie dice a los chicos qué aprender o hacer. Siguen sus pasiones e intereses, convirtiéndose en expertos durante el proceso. 

¿PROBLEMAS DE ATENCIÓN? 

Pese a lo que puedas haber oído, o incluso observado, hoy día los alumnos no tienen el pequeño margen de atención o la incapacidad de concentrarse de que se les acusa. Muchos de los alumnos que no se concentran en el colegio se sientan horas, por ejemplo, completamente centrados en una película o en videojuegos. Así pues, no es la capacidad de atención de nuestros estudiantes lo que ha cambiado, sino más bien su tolerancia y sus necesidades. Hoy los jóvenes tienen que elegir continuamente entre una plétora de reclamos a su atención producidos de forma muy costosa: música, películas, anuncios, televisión, internet y muchos más. Han aprendido a centrarse solo en lo que les interesa y en las cosas que les tratan como individuos más que como parte de un grupo o clase (como nosotros hacemos con frecuencia en la escuela). En un mundo cada vez más poblado, la elección, diferenciación, personalización e individualización se han convertido para los jóvenes de hoy no solo en una realidad, sino en una necesidad. 

Más y más gente joven ha mejorado profunda y permanentemente en cuanto al uso de la tecnología, conectando con sus iguales y el mundo como ninguna generación anterior lo había hecho. Ríos de información les llegan las veinticuatro horas del día de los siete días de la semana. Cada vez en mayor medida lo que quieren y necesitan está disponible en su bolsillo bajo demanda. “Si pierdo mi móvil, pierdo la mitad de mi cerebro”, comenta un alumno. 

¿Necesitan chicos así el centro educativo? Cada vez más chavales (casi un tercio a nivel nacional y la mitad en las ciudades) creen que no, y abandonan. Pero los adultos, especialmente los educadores, saben que eso es un enorme error, porque hay muchas cosas que los jóvenes de hoy pueden y deben aprender de nosotros. El problema, sin embargo, es que (de nuevo en palabras de un alumno): “Hay tanta diferencia entre cómo piensan los alumnos y cómo piensan los profesores…”. Estamos fracasando cada vez más a la hora de dar a los alumnos lo que necesitan, en las formas que lo necesitan. Para lo que sí tienen poco margen de atención los chicos de hoy es para nuestros viejos métodos de enseñanza. 

QUÉ QUIEREN LOS ALUMNOS DE HOY 

¿Qué es lo que quieren estos alumnos de la escuela? A través de entrevistas a casi mil alumnos actuales de todos los estratos económicos, sociales, intelectuales y de edad, en todo el mundo, he encontrado que lo que dicen es notablemente coherente: 

No quieren charlas teóricas. 

Quieren que se les respete, se confíe en ellos, y que sus opiniones se valoren y se tengan en cuenta. 

Quieren seguir sus pasiones e intereses. 

Quieren crear, usando las herramientas de su tiempo. 

Quieren trabajar con sus compañeros (iguales) en trabajos de grupo y proyectos (y evitar que los vagos viajen gratis). 

Quieren tomar decisiones y compartir el control. 

Quieren conectar con sus iguales para expresar y compartir sus opiniones, en clase y alrededor del mundo. 

Quieren cooperar y competir entre sí. 

Quieren una educación que no sea únicamente relevante, sino conectada con la realidad.

Naturalmente es posible ver esta lista como un conjunto de expectativas narcisistas o irreales por parte de los estudiantes. Pero hacerlo sería un gran error. A algunos les puede parecer que esta serie de expectativas es incompatible con impartir el curriculum obligatorio o con conseguir mejores resultados en los exámenes. Esta también sería una conclusión equivocada. 

Los alumnos de hoy quieren aprender de manera diferente al pasado. Quieren formas de aprender que tengan significado para ellos, métodos que les hagan ver (de inmediato) que el tiempo que pasan en su educación formal tiene valor, y formas que hagan buen uso de la tecnología que saben que es su derecho de nacimiento. 

Nuestros alumnos ven que viene un nuevo mundo (su mundo), un mundo en el que lo que ellos creen que debería ser importante lo es realmente. El mundo al que se encaminan es diferente e importante para ellos, y ya saben más sobre algunos aspectos de él que nosotros. Pero el mundo del que vienen también es importante para ellos, y nosotros sabemos más de él que ellos. Necesitamos enseñar a los chicos a respetar el pasado, pero a vivir en el futuro. 

Y por eso necesitamos ser socios[1]. El cambio clave y el reto para todos los maestros del siglo XXI es conseguir estar cómodos, no con los detalles de la nueva tecnología, sino más bien con un nuevo y mejor tipo de pedagogía: la coasociación. 

LA COASOCIACIÓN Y LA TECNOLOGÍA DEL SIGLOXXI

Todos los profesores actuales saben que la tecnología digital se está convirtiendo en una parte importante de la educación de los estudiantes. Pero aún no está completamente claro cómo usarla en la escuela, y la mayoría de los educadores está en algún punto del proceso de imaginar (o preocuparse ante la idea de) cómo usar la tecnología para enseñar de forma significativa. Y esos docentes están en lo cierto al estar preocupados dado que en función de cómo se use la tecnología puede o bien ayudar, o bien entorpecer el proceso educativo. 

Los profesores preocupados están pidiendo continuamente más formación y desarrollo profesional adicional sobre el uso de la tecnología. Pero de nuevo esto es una paradoja porque para tener más éxito en el uso de tecnologías en sus aulas los profesores no necesitan aprender a usarlas ellos mismos (aunque si quieren pueden hacerlo). Lo que los profesores sí necesitan saber es cómo la tecnología puede y debe ser usada por los estudiantes para mejorar su propio aprendizaje. 

En la pedagogía de la coasociación, usar la tecnología es tarea de los alumnos. El trabajo del profesor consiste en actuar como orientador y guía del uso de la tecnología para el aprendizaje efectivo. Para hacer esto, los profesores necesitan centrarse y volverse incluso más expertos en cosas que ya forman parte de su trabajo, incluido hacer buenas preguntas, proporcionar contexto, garantizar el rigor y evaluar la calidad del trabajo de los alumnos. 

REAL, NO SOLO RELEVANTE 

Un resultado importante de la introducción de tecnología en la educación de nuestros niños es una reducción del margen entre aprendizaje y acción significativa. Los alumnos de hoy saben que cuando aprenden algo después de la escuela, lo pueden aplicar de forma inmediata a una situación real. Cuando aprenden a jugar un juego, pueden colaborar y competir con otros alrededor del mundo. Cuando aprenden a descargar, mandar SMS y tweets, pueden participar inmediatamente en profundas revoluciones sociales, como cambiar la industria de la música e influir en políticas del gobierno. Mientras aprenden a publicar en línea sus creaciones e ideas, toman conciencia de que incluso como jóvenes pueden influir verdaderamente y cambiar el mundo. Esto da nueva urgencia y significado a “¿Por qué debería aprender esto?”, pregunta que nuestros alumnos plantean sin cesar, y demanda de la que más nos valdría tener una mejor respuesta que “Algún día lo necesitarás”. Los alumnos de hoy esperan lo mismo de su educación formal que del resto de sus vidas: que no sea solo relevante, sino aplicable a la realidad. 

LA MOTIVACIÓN A TRAVÉS DE LA PASIÓN 

Los profesores han sabido desde siempre que la implicación y la motivación son lo que causa que los alumnos hagan el esfuerzo para aprender bien. Y ese esfuerzo no es trivial. Tanto estudiosos como Howard Gardner (en Five Minds for the Future [Cinco mentes para el futuro]), y escritores famosos como Malcolm Gladwell (en Outliers) señalan a un gran cuerpo de investigación que muestra que se necesitan aproximadamente diez mil horas (algunos dicen diez años) para convertirse en alguien verdaderamente experto en algo, cualquier cosa. Los profesores de hoy, por supuesto, con frecuencia no pueden hacer que sus alumnos hagan deberes de una hora. Una razón es que en el siglo XXI el camino hacia la implicación ha cambiado. 

La perspectiva de la educación para motivar a los alumnos ha sido tradicionalmente el palo, es decir, la disciplina. El palo ha sido usado tanto literalmente como en sentido figurado (como deméritos, castigos, repetición de curso). En algunos ámbitos, la disciplina incluso está regresando como un remedio para nuestro sistema, que fracasa con frecuencia. 

Pero los expertos en educación y los profesores que realmente conocen a los jóvenes cada vez señalan más la necesidad de un mejor enfoque hacia la motivación de los alumnos, que funciona mucho más eficazmente tanto a corto como a largo plazo. Esa forma mejor de enseñar consiste en motivar a cada estudiante a que aprenda a través de su propia pasión. La pasión hace que la gente aprenda (y rinda) mucho más allá de sus y de nuestras expectativas. Y aquello que se aprende a través de la motivación y la pasión raramente se olvida. 

Como veremos, además de abrir las mentes de los alumnos a nuevas ideas, los profesores actuales necesitan asegurarse de averiguar y comprender la pasión que cada alumno tiene ya por alguna cosa en particular, tema o idea (o tendrá, si todavía no la ha encontrado). Estas pasiones son, o pueden ser, la clave para que los alumnos aprendan casi cualquier cosa. Si un profesor realmente estimula a cada estudiante para que descubra su propia pasión y comprende en profundidad cuál es la pasión de cada uno, ese profesor puede proporcionar un camino beneficioso al máximo para cada alumno y puede permitirle llegar tan lejos como sea capaz. 

Y ese, por lo que yo sé, es nuestro objetivo como educadores.

ENSEÑAR PARA EL FUTURO 

Los estudiantes de hoy no vivirán en un mundo en el que las cosas cambien relativamente despacio (como nos ocurrió a muchos de nosotros), sino en uno en el que las cosas cambian extremadamente rápido, a diario y de manera exponencial. De forma que los profesores de hoy deben estar seguros de que, sin importar qué asignatura enseñan, la enseñan con el futuro en mente. Aunque hay mucho que no sabemos acerca de ese futuro, sabemos lo suficiente para comprender que los alumnos de las asignaturas de Lengua en la actualidad deben publicar artículos en blogs, y comunicar con el mundo en los múltiples medios de hoy y mañana; que los estudiantes actuales de la asignatura de Ciencias deben estudiar lo que está pasando en la frontera (no solo de las disciplinas, sino de sus propios intersticios), que es donde está teniendo lugar todo el trabajo realmente interesante; que los estudiantes de las asignaturas de Matemáticas deben entender los órdenes de las magnitudes, la estimación de cantidades desconocidas y las matemáticas que sustentan las encuestas y las estadísticas que nos lanzan en nuestras vidas políticas; y que los alumnos de Ciencias Sociales deben aprender a manejar un mundo cada vez más superpoblado, caótico y peligroso, y a producir cambios en él. 

Sabemos que debemos respetar el pasado y aprender de él. Pero si no dedicamos un tiempo semejante al futuro en nuestra educación, estaremos haciendo una gestión ruinosa de nuestros estudiantes.

ASÍ QUE, ¿CÓMO MANEJAMOS ESTO? 

Si eres un profesor experimentado, casi seguro que los alumnos que llenan tus clases serán en muchos sentidos diferentes de los del pasado. Probablemente sientes una necesidad o la presión de hacer algo diferente por ellos (e incluso puede que hayas empezado). Es probable que también te sientas presionado para mejorar las notas de los alumnos en los exámenes y conseguir o aumentar el adecuado progreso anual. Aunque muchas de las técnicas de enseñanza que has usado alguna vez con éxito no parecen funcionar con los estudiantes de hoy. Tal vez le has dado vueltas a la posibilidad de introducir cambios en la forma en que enseñabas anteriormente y quizá incluso ya has empezado a hacerlo. 

Si eres nuevo en la profesión, un profesor que acaba de empezar, puede que hayas comenzado tu primer día con muchas ideas nuevas sobre cómo enseñar y llegar a alumnos que están todavía muy cerca de tu edad. Pero puedes haber recibido presión por parte de los administradores de tu centro para hacer las cosas de la forma antigua y tradicional, con el fin de conservar las notas altas y no revolver las aguas. 

Si eres un nuevo profesor que viene de otra profesión, como muchos en estos tiempos, puede que no sepas mucho sobre enseñanza, salvo cómo te enseñaron a ti y lo que hayas retenido de un breve curso de formación. Como resultado, puede que tengas una idea muy tradicional de lo que es enseñar. Pero puede que estés buscando formas más efectivas de enseñar a esta nueva generación, especialmente una vez que te hayas encontrado con los chavales. 

Y si eres un estudiante de Educación, que piensa en enseñar o se está preparando para ello cuando aún está en la escuela, puede que te estés preguntando qué harás, bien porque te emociona hacer las cosas de una forma nueva, o bien porque algunas de las antiguas ideas que estás oyendo sobre la forma de enseñar entran en conflicto con tus experiencias pasadas o actuales como alumno del siglo XXI. 

Sea cual sea tu caso, no estás solo. Actualmente hay un gran número de profesores que sienten la necesidad de enseñar de un modo diferente y están buscando una orientación específica para realizar ese cambio.

UN NUEVO ENFOQUE 

¿Cómo te ayudará este libro? 

Este libro está dirigido a profesores y directores de centros educativos, y se centra principalmente en la pedagogía: una pedagogía de la coasociación que afronta las necesidades de los alumnos del siglo XXI. Naturalmente el libro incorpora tecnología del siglo XXI, así como el papel clave que desempeña la tecnología en la pedagogía de la coasociación. Dado que muchos maestros están preocupados por lo que supone el uso de tecnología actualizada en su docencia, este libro ofrece información específica sobre la tecnología y sobre formas de calmar los miedos respecto a la tecnología que tienen muchos profesores. El libro propone formas de trabajar con cualquier nivel de tecnología, disponible o no disponible en tu escuela y aula, y plantea dónde y cuándo los maestros deberían y no deberían usar ellos mismos la tecnología. Finalmente, hace hincapié en que maximizar el uso de la tecnología por parte de los estudiantes les beneficiará más. 

Además, se ocupa de la importante cuestión preguntada a menudo por los educadores acerca de cómo conservar lo que es importante del pasado (y de la educación en términos generales) mientras se adoptan las herramientas del futuro. Hago la distinción útil entre “verbos” y “sustantivos”, en la que los verbos son las habilidades que los estudiantes deberían conocer (como comprender y comunicar), que cambian poco o nada en absoluto, y los sustantivos, que son las herramientas que empleamos para aprender, practicar y usar estas habilidades (como PowerPoint, correo electrónico, Wikipedia, YouTube, etc.), que cambian con velocidad cada vez mayor. Animo a los profesores a pensar en los verbos como en la parte que es fundamental, y en los sustantivos como en algo que continuará cambiando continuamente a lo largo de nuestras vidas. 

Los cambios pedagógicos debatidos en este libro ya se han iniciado en varios lugares del mundo. Miles de profesores, tanto nuevos como experimentados, ya están utilizando la pedagogía de la coasociación de una forma u otra. Esta es tu oportunidad de sumarte a esa corriente mundial positiva, un movimiento que os beneficiará tanto a tus alumnos como a ti. Este libro te mostrará el camino para hacer los cambios necesarios para pasar de ser un profesor teórico, que controla con firmeza el aprendizaje de sus alumnos mediante la disciplina y los exámenes, a ser un orientador, socio y guía de los estudiantes que, llevados por su propia pasión, se están enseñando a sí mismos y aprendiendo por sí mismos con tu ayuda. 

Dado que una abrumadora mayoría de profesores quiere a los chicos a los que enseña y desea ayudarlos, la mayoría tiene también el valor necesario para sentir el miedo real asociado a poner en práctica estos cambios y, pese a ello, hacerlo de todas formas. Todo cambio requiere valor, valor para empezar y (quizá más importante) valor para continuar incluso cuando las cosas no salen como se esperaba. Venga de donde venga este valor (sea del deseo de los profesores de ayudar a sus chicos, del respeto de los profesores por sí mismos y el deseo de hacer el mejor trabajo posible o preferiblemente de ambos) es crucial para el éxito.

EL CAMINO HACIA UNA PEDAGOGÍA DE LA COASOCIACIÓN 

Este libro proporciona una hoja de ruta para los educadores a los que les gustaría empezar (o continuar aplicando) una pedagogía de la coasociación con sus alumnos, con el fin de prepararles para vivir y trabajar en el siglo XXI. El enfoque que propugno realmente recibe diversas denominaciones. Prefiero (por razones que explicaré a lo largo del libro) la coasociación. Pero el nombre que se use es menos importante que los pasos que se den. 

En este libro encontrarás estrategias, ideas y ejemplos de cómo hacer la transición a la coasociación. Hay propuestas sobre cómo pensar en enseñar de una forma diferente. Hay ejemplos y sugerencias para encontrar otros ejemplos que pueden ser mejores para ti. Hay instrucciones sobre cómo aplicar el enfoque de la coasociación, tanto con compañeros como con alumnos, crear y compartir buenos ejemplos propios. Porque no todo el mundo es un principiante en esto, hay formas de valorar si actualmente has recorrido parte del camino hacia la nueva pedagogía. Y hay ayuda para avanzar más. 

Espero de veras que este libro te resulte útil. Espero que te inyecte una nueva dosis de energía y fuerza creativa con la que enfocar tu trabajo, exigente pero potencialmente maravilloso. 

Estaré encantado de recibir información sobre tus éxitos en [email protected].

ORGANIZACIÓN

Este libro está estructurado para llevarte de forma lógica desde una comprensión más profunda del problema (¿Por qué tantos chicos están hoy desvinculados de la enseñanza?), pasando por una solución que funciona (la coasociación), hasta la puesta en práctica diaria de esta solución en tu aula. 

El capítulo 1 comienza ofreciendo una nueva forma más positiva de mirar a los alumnos del siglo XXI y describe la pedagogía de la coasociación, incluidos los nuevos roles del profesor, los alumnos y todos los demás implicados. El capítulo 2 añade más detalles sobre cómo trasladarse a la pedagogía de la coasociación y cómo implementarla, incluyendo cómo organizar la clase de otra forma, dejar la tarima, elegir el mejor tipo de coasociación para ti y tus alumnos, entender la diferencia entre verbo y sustantivo y relacionar la coasociación con el currículum actual. Los capítulos del 3 al 6 se dedican a cuestiones claves de la coasociación. El capítulo 3 versa sobre cómo usar las pasiones personales de los estudiantes para motivarles a aprender. El capítulo 4 trata sobre cómo hacer que el aprendizaje de los estudiantes sea real y no solo relevante. El capítulo 5 aborda cómo traducir el contenido en preguntas-guía y acentuar los verbos o habilidades. El capítulo 6 se centra en cómo usar la tecnología en la coasociación. El capítulo 7 es una lista comentada de más de 130 tecnologías disponibles para que las usen los estudiantes hoy. El capítulo 8 pone el acento sobre las creaciones de los alumnos. El capítulo 9 aborda la mejora continua, especialmente a través del compartir. El capítulo 10 se ocupa de la cuestión de la evaluación en la coasociación. En la conclusión vislumbro formas futuras en las que podemos mejorar, aún más, la educación de los nativos digitales. 

Además de estos análisis, a lo largo de este libro hay características especiales destinadas a ayudarte y a servir como referencia. Entre ellas están:

Muchas propuestas prácticas, con el título “consejos de coasociación”, recogidas en cuadros. 

Una serie de estrategias y opciones para hacer más exitosa la coasociación en tu entorno concreto. 

Numerosos comentarios de casi 1000 alumnos a los que he entrevistado. 

Un esquema con más de cincuenta verbos de aprendizaje. 

Una lista comentada de más de ciento treinta sustantivos (herramientas) que tus alumnos pueden usar mientras aplican la coasociación, junto con los verbos para los que son apropiados.

Espero que le saques partido, disfrutes usándolo y recurras a estas herramientas y sus características. 

Finalmente, para hacer más fácil el uso de este libro como una guía de estudio, he seguido mi propio consejo respecto a las preguntas-guía, y he situado una serie de estas preguntas al principio de cada capítulo. Tienen como objetivo proporcionar contexto y ayudarte a reflexionar mientras lees. Espero que te resulten útiles.

Capítulo uno

La coasociación

Una pedagogía para el nuevo panorama educativo

Preguntas-guía

1. ¿Qué funciona en las aulas de hoy día? ¿Qué hay que cambiar? 

2. ¿Podemos ver a los alumnos de una forma diferente? ¿Podemos lograr un respeto mutuo? 

3. ¿Qué es la coasociación? ¿Cuáles son los papeles de los profesores y los alumnos?

De forma consciente o no consciente, todos los profesores de hoy están preparando a sus alumnos no solo para el mundo al que se enfrentarán cuando dejen la escuela (un mundo que conocemos), sino también para un futuro en el que durante la vida laboral de los alumnos, la tecnología se habrá vuelto un trillón de veces más poderosa (un mundo que difícilmente podemos imaginar). Cada año de las vidas de estos estudiantes, el mundo de la información se expandirá de nuevo: las herramientas se volverán más pequeñas, más rápidas, mejores y más baratas; la gente tendrá acceso a más de estas herramientas (y cambiará su comportamiento a causa de ellas), y los centros educativos y los profesores sin duda se esforzarán por mantenerse al día. Dados todos estos cambios, y las nuevas realidades del entorno extraescolar de los estudiantes, ¿cómo pueden los profesores preparar mejor a los estudiantes para su futuro a largo plazo (así como para mañana) mientras al mismo tiempo preservan el importante legado del pasado? No es una cuestión fácil. 

Pero hay un claro consenso[2] entre los expertos. La forma de que tengamos éxito en tales condiciones no consiste en centrarse únicamente en la tecnología cambiante, sino en conceptualizar el aprendizaje de una manera nueva, con adultos y jóvenes asumiendo cada uno papeles nuevos, distintos de los del pasado. 

Los jóvenes (alumnos) necesitan centrarse en usar nuevas herramientas, encontrar información, dar sentido y crear. Los adultos (profesores) deben centrarse en preguntar, orientar y guiar, proporcionar contexto, garantizar el rigor y el sentido, y asegurar resultados de calidad. 

La forma de trabajar juntos en el siglo XXI para producir y asegurar el aprendizaje por parte de los alumnos es lo que llamo la coasociación. Aprender a hacerlo es el tema de este libro.

AVANZANDO

La desbordante (y en muchos sentidos, desfasada) división de funciones en el sistema educativo actual consiste en que los profesores den clases teóricas, hablen y expliquen, y que los estudiantes escuchen, tomen notas, lean el texto y memoricen. Esto, a menudo, se conoce como instrucción directa. Lamentablemente, la instrucción directa cada vez surte menos efecto; la queja número uno de los estudiantes de hoy es que muchos de sus profesores simplemente hablan y hablan y hablan. Y, desafortunadamente, la respuesta de los alumnos es casi siempre desconectar. 

Así que la era en que este tipo de enseñanza (clase teórica, presentar, explicar a toda la clase, o “contar”) funcionaba ha llegado a su fin. En la medida en que los profesores son una herramienta de aprendizaje, aquellos que enseñan principalmente mediante clases teóricas se están convirtiendo en una herramienta menos eficaz en el siglo XXI. 

No obstante, a la mayoría de los profesores se les formó para contar. La mayor parte de ellos aprendieron (y aprendieron bien) mediante clases teóricas. A muchos profesores les gusta explicar y creen que son buenos en ello. Y de hecho es posible que muchos lo hagan bien. Pero este método ya no es relevante, porque los estudiantes ya no escuchan. Con frecuencia lo comparo con el servicio postal Federal Express: puedes tener el mejor sistema de entrega del mundo, pero si no hay nadie en casa para recibir el paquete, no importa demasiado. Generalmente, los estudiantes no están allí para recibir lo que los profesores entregan[3]. Están en otra parte, con frecuencia en el mundo electrónico de la música del siglo XXI, interactuando con otros, o explorando. El objetivo de este libro es ayudar a los profesores a traerlos de vuelta. 

¿Qué está funcionando? 

La mayoría de los alumnos reconoce y aplaude a sus profesores creativos y llenos de energía (especialmente a los que les respetan y se preocupan por sus opiniones). Pero cuando pregunto a los alumnos: “¿Qué te ha parecido más atractivo de toda tu experiencia escolar?”, la respuesta que recibo con más frecuencia es: “Las excursiones con la escuela”. Aunque los viajes siempre han tenido éxito, creo que esta respuesta refleja la urgencia que sienten los alumnos actuales de conectar con el mundo real. ¿Por qué? Porque otra respuesta frecuente es: “Relacionarse con otros chicos de nuestra edad en otros lugares electrónicamente” (por ejemplo, por medio de un sistema seguro de correo electrónico como ePals).

Dentro de sus clases, lo que los alumnos dicen encontrar más atractivo es el trabajo en equipo (salvo cuando se permite que los vagos no aporten nada), debatir, compartir sus ideas y oír las ideas de sus compañeros de clase (y del profesor cuando las expresa como ideas de un igual). 

Aunque normalmente dicen que disfrutan usando tecnología, la única cosa más valorada por los alumnos es que sus profesores los respeten como individuos y no los traten como a niños que no saben mucho y, por tanto, tienen que aprender. “No somos estúpidos”, es una queja universal.

Ver a los alumnos de una forma diferente

Algunos profesores se quejan de las habilidades de los alumnos actuales, comparadas con los estudiantes del pasado. Pero hay otra forma de ver a los alumnos, una forma mejor y más positiva para el siglo XXI. También solemos tratar a los chavales como si todavía fueran (usando una metáfora del siglo xix) trenes que circulan sobre vías, cuando en realidad los chicos de hoy se parecen mucho más a cohetes (una metáfora mucho más actualizada). 

Cosa que, por cierto, ¡convierte a los educadores (metafóricamente) en científicos espaciales! (¿Quién lo iba a saber?). 

¿Por qué deberíamos pensar en los chicos de hoy como en cohetes? A primera vista, por su velocidad: operan a mayor velocidad que ninguna generación previa. Aunque puede que haya cambiado poco la tasa de crecimiento emocional de los chicos, ha habido un cambio enorme en cuanto a lo que aprenden y saben en etapas tempranas, y, por tanto, muchos creen, en su tasa de crecimiento intelectual[4]. Muchos niños empiezan a usar internet con dos o tres años. Recientemente me di cuenta de que una simulación lunar de la NASA, que yo usaba en un centro de posgrado, hoy funciona igual de bien con alumnos de nueve y diez años. Aunque los padres y educadores se esfuerzan en conseguir que los niños aprendan con los métodos antiguos, el combustible que le ofrecen hoy a los chicos (es decir, el curriculum y los materiales) está muy por detrás de lo que necesitan los chicos actuales. La expresión “Apropiado para su edad” nos ha dejado completamente atrás. Hasta los alumnos de Piaget sugieren que es momento para una nueva mirada[5]. Mientras que algunos quieren que los niños se tranquilicen y “sean simplemente niños”, como antes, está claro que la velocidad es una realidad para los jóvenes del siglo XXI.

Pero espera…, hay más 

Lo que hace de los chicos de hoy cohetes no es solo este incremento de velocidad. También se dirigen hacia destinos alejados, lugares que quienes los lanzan hacia ellos no pueden ni siquiera ver. Han sido diseñados por su formación del siglo XXI (especialmente por internet y los complejos juegos que muchos de ellos usan) para explorar y encontrar por ellos mismos lo que funciona. Como a los cohetes, con frecuencia no se les puede controlar todo el tiempo, pero inicialmente apuntan lo más lejos posible, en la dirección correcta, y se pueden hacer correcciones de rumbo sobre la marcha, si es necesario. Y como tanto en el caso de los chicos como en el de los cohetes es difícil corregir su funcionamiento durante el vuelo, se deben “construir” tan autosuficientes como sea posible. 

Como ocurre con todos los cohetes, el combustible de los chicos es volátil. Algunos van más rápido y más lejos que otros. Algunos pierden su sistema de guiado o su habilidad para seguir una dirección. Algunos pierden el rumbo o dejan de funcionar inesperadamente. Algunos incluso explotan. Pero según mejoramos en la forma de construirlos, muchos más alcanzan su objetivo, y es nuestro trabajo como científicos espaciales ayudarles a hacerlo.

Enorme potencial

Algo quizá más importante es que los cohetes (y los niños) de hoy pueden ir potencialmente mucho más lejos y hacer cosas muy por delante de lo que ningún viajero podía hacer en el pasado. Con la llegada de herramientas digitales, ampliamente distribuidas y fáciles de usar, los chicos ya logran a diario cosas que a muchos de los adultos nos parecen ciencia ficción remota. Se comunican instantáneamente con iguales, juegan a juegos complejos con chavales de su edad, y aprenden de ellos a lo largo del mundo; ePals, un sitio de intercambio electrónico seguro para chicos, alcanza todos los países y territorios. Hacen vídeos regularmente y los publican para que los vea la gente y comente sobre ellos. Se organizan a sí mismos social y políticamente a lo largo y ancho del planeta.

Los educadores como científicos espaciales

¿Qué implica esta metáfora para aquellos cuyo trabajo consiste en educar a los jóvenes de hoy? Nos dice que tenemos que concebir lo que hacen los educadores de una forma nueva (no solo como profesores, sino como ingenieros de cohetes), construir y lanzar los mejores cohetes que podamos. Esto implica no poner a los alumnos el combustible educativo del pasado, porque ese combustible no hace funcionar a los chicos de ahora. Necesitamos nuevos combustibles, nuevos diseños, nuevos aceleradores, nuevas cargas. Los científicos espaciales entienden que sus cohetes probablemente encuentren muchos eventos imprevistos y pruebas, así que trabajan duro, con el fin de dar a los cohetes suficiente inteligencia para conseguir que se haga el trabajo con la menor ayuda externa. Integran en los cohetes la habilidad de monitorizarse a sí mismos, autoevaluarse y autocorregirse tantas veces como les sea posible. Dotan a los cohetes de la capacidad para usar cualesquiera dispositivos e instrumentos que estén disponibles para tomar datos regularmente y después analizarlos, incluso cuando viajan a toda velocidad. Realizan un control de calidad rígido, no de lo que saben los cerebros de los cohetes (eso se puede actualizar durante el vuelo), sino de lo que pueden hacer con la información que encuentran. Y aunque los científicos pueden preprogramar un objetivo, saben que es posible que el objetivo cambie a mitad de la travesía y que también es probable que haya otros cambios durante la vida del cohete. 

Una perspectiva útil

Ver a nuestros alumnos y a nosotros mismos de esta nueva forma fomenta que los educadores pongan muy alto el listón de los resultados de los alumnos, mucho más de lo que solemos hacerlo. Con cierta frecuencia he oído decir a los educadores que “están alucinados” por lo que han logrado sus alumnos. No deberíamos sorprendernos por los logros de nuestros alumnos; deberíamos esperar incluso más de ellos.

Naturalmente, los cohetes necesitan un mantenimiento costoso y requieren más esfuerzo por parte de los diseñadores y más habilidad para construirlos y mantenerlos. Además, resultan inútiles en tierra, así que no deberíamos prepararles para quedarse ahí (muchas de las “habilidades sobre el terreno” han sido reemplazadas por las máquinas y ya no son necesarias).

¿Exploración o destrucción?

Dependiendo de la carga instalada al principio del viaje, los estudiantes (como verdaderos cohetes) pueden ser poderosas fuerzas de exploración y cambio o potenciales armas de destrucción. Los educadores instalan las cargas junto con los padres y los colegas. Después los lanzan para que vuelen hacia el futuro, deseando haberles preparado bien para lo que se van a encontrar. Para hacer positiva la carga, debería ser nuestra preocupación número uno instalar un comportamiento ético (la capacidad de discernir la acción correcta y cómo conseguir que se haga). Debemos configurar mejor los cerebros de nuestros alumnos para que constantemente puedan aprender, crear, programar, adoptar, adaptar y relacionarse positivamente con lo que o con quien se encuentren, y de la forma en que se encuentren con ellos, que cada vez más será por medio de la tecnología.

Cambios conceptuales, no técnicos

Con esta visión positiva de los alumnos del siglo XXI en mente es con la que tenemos que volvernos hacia la coasociación. Queremos que los jóvenes, como los cohetes, “vayan audazmente donde nadie fue antes”, y la coasociación ofrece las mejores posibilidades para hacerlos llegar allí. Sorprendentemente, quizá, los cambios más importantes requeridos de los educadores no son tecnológicos, sino más bien un pensamiento conceptual, dejando de actuar como guardianes del pasado y ejerciendo de socios, guiando sus “cohetes” que viven y respiran hacia el futuro. Nadie propone abandonar completamente el pasado. Pero si no empezamos a preparar a nuestros alumnos para volar mucho más lejos que antes y aterrizar con seguridad, no les haremos ningún favor. Si no empezamos pronto a poner nuevo combustible y nuevas cargas en los cohetes que están a nuestro cargo, estos nunca podrán despegar.

CÓMO FUNCIONA LA COASOCIACIÓN

El término coasociación puede significar diferentes cosas para personas distintas. Después de todo, un profesor que habla mientras los alumnos escuchan es una forma de relación de socios. Pero esto no es en absoluto el tipo de sociedad del que estoy hablando aquí. Dejadme que especifique lo que significa la coasociación en el contexto de este libro: dejar que los alumnos se centren en la parte del proceso de aprendizaje que pueden hacer mejor, y dejar a los profesores que se centren en la parte del proceso de aprendizaje que pueden hacer mejor. 

Dejar que los alumnos hagan lo que pueden hacer mejor significa dar a los estudiantes responsabilidad principal para lo siguiente:

Encontrar y seguir sus pasiones. 

Usar cualesquiera tecnologías que haya disponibles. 

Investigar y recopilar información. 

Responder a preguntas y compartir sus ideas y opiniones. 

Practicar, cuando estén correctamente motivados (por ejemplo a través de juegos). 

Crear presentaciones en texto y multimedia.

Dejar que los profesores hagan lo que pueden hacer mejor significa dar a los profesores la responsabilidad principal para lo siguiente:

Elaborar y hacer las preguntas correctas. 

Asesorar a los alumnos. 

Poner el material curricular en su contexto. 

Explicar de forma individual. 

Crear rigor. 

Asegurar la calidad.

La coasociación es la forma totalmente opuesta a la enseñanza teórica. De hecho, en la pedagogía de la coasociación el objetivo del profesor es no dar ninguna teoría (al menos a toda la clase). Más que dar una clase magistral o incluso explicar, el profesor solo necesita dar a los alumnos, en una amplia gama de formas interesantes, preguntas que responder, y en algunos casos, sugerencias de posibles herramientas y lugares para empezar y proceder. En la coasociación la responsabilidad entonces está completamente en que los estudiantes (solos o en grupos) busquen, hagan hipótesis, encuentren respuestas y creen presentaciones que después el profesor y la clase valorarán y examinarán por su corrección, contexto, rigor y calidad. Se cubre el curriculum obligatorio porque las preguntas que responden los alumnos son las que necesitan conocer. Y, como veremos, existen diversos niveles de coasociación para adaptarse a distintos tipos de alumnos, situaciones y contextos.

Consejo coasociativo 

Cómo puedes eliminar las clases de teoría, o instrucción directa (y con qué sustituirlas), es un gran tema para que lo discutas con tu clase, en un tiempo específico que establezcas. Pregunta a la clase si cree que hablas demasiado o más de lo necesario. Luego pídeles sugerencias sobre cómo podrías reducir la cantidad de tiempo que das clase teórica. Seguramente te sorprendan sus respuestas.

Es evidente que un salto tan grande en la pedagogía (del contar a la coasociación) no es un cambio que ni profesores ni estudiantes vayan a hacer de la noche a la mañana. Se trata en realidad de un cambio gradual que puede llevar años perfeccionar. Pero, como miles de profesores pueden atestiguar, se puede hacer. Y debe realizarse para que los alumnos del siglo XXI tengan la educación que necesitan y merecen. La buena noticia es que actualmente hay una gran cantidad de profesores (en todas las asignaturas y niveles) que están aplicando la coasociación feliz y eficazmente todos los días con sus alumnos, y los puedes tomar como modelo.

Elementos básicos de la coasociación: un ejemplo sencillo

El mejor ejemplo de la coasociación del que jamás he oído hablar vino de un profesor durante uno de mis paneles con estudiantes. El profesor preguntó a los estudiantes del panel esta cuestión: “Imaginad que existen tres razones por las que ocurrió algo que vosotros, estudiantes, tenéis que aprender. ¿Qué preferiríais que yo dijera: “Hubo tres causas de [lo que sea]. Ahora os voy a contar la teoría de cuáles fueron, por favor tomad apuntes”, o que dijera: “Hubo tres razones principales de [lo que sea]. Tenéis quince minutos para descubrir cuáles fueron y después discutiremos lo que hayáis encontrado?”.

De forma poco sorprendente, siempre que se hace a los alumnos estas preguntas, casi universalmente prefieren la segunda alternativa. La mayoría de los alumnos de hoy, sin importar su edad ni su nivel escolar, prefieren asumir un papel activo y encontrar las respuestas por ellos mismos en lugar de que se las cuente un profesor.

¿Algunas materias requieren clases teóricas?

Pese a todo, cada vez que digo “sin clases de teoría” hay gente que me responde: “Algunos contenidos requieren clases de teoría”. Así que tómate un minuto ahora mismo para reflexionar sobre qué, en tu área temática, crees que no sería posible enseñar sin una exposición de teoría, o una explicación frente a toda la clase. Ahora pregúntate esto: “¿Puedo volver a reestructurar este tema o esta información, en lugar de en una serie de respuestas, en un conjunto de preguntas, preguntas que puede que yo haga, digamos, en un examen para ver si los alumnos han entendido el tema o el material curricular?”.

En su forma más simple, la coasociación es solo dar a los alumnos las preguntas para que investiguen, exploren y les encuentren respuesta, y después para que la clase las debata y revise. Creo que la coasociación se puede hacer en cualquier campo y con cualquier material curricular. Pero lo que sí requiere es una nueva perspectiva.

¿Es nueva la coasociación?

Llegados a este punto es posible que te estés diciendo a ti mismo: “La coasociación no es nada nuevo. Es solo lo que se solía llamar [pon aquí tu respuesta]”. Si es así, tienes toda la razón. En gran medida, la coasociación se inscribe dentro de la gran tradición pedagógica conocida de las siguientes formas:

Aprendizaje centrado en el alumno. 

Aprendizaje basado en problemas. 

Aprendizaje basado en proyectos. 

Aprendizaje basado en estudio de casos. 

Aprendizaje basado en investigación. 

Aprendizaje activo. 

Aprendizaje constructivista o construir de forma cooperativa. 

Aprender haciendo.

John Dewey adoptó de forma célebre esta manera de pedagogía a principios del siglo xx[6], y se ha utilizado probablemente de una forma u otra desde Sócrates. (Un lector temprano de este libro señaló cortésmente la línea sucesoria desde Pestalozzi a Frances Parker y desde Dewey a Bruner). También existen otras denominaciones para esta pedagogía. El Instituto Tecnológico de Massachusetts llama a su versión Aprendizaje activo potenciado por la tecnología (Technology-Enhanced Active Learning [TEAL]). Un profesor me escribió hace poco sobre el aprendizaje de búsqueda guiada orientada a procesos (Process-Oriented Guided Inquiry Learning [POGIL]). Aprendizaje basado en retos es otra variedad de Apple que se describió recientemente en un informe de New Media Consortium[7]. El aprendizaje basado en búsquedas se está probando en una escuela experimental de la ciudad de Nueva York. Y todas ellas se revisan y actualizan continuamente[8]. 

Pero mientras que cada una de estas pedagogías tienen sus propios defensores, principios y peculiaridades, todas son, en su núcleo, muy similares. En cierto sentido, si se quiere, son simplemente ramas del mismo tipo general de aprendizaje. El rasgo común es que los alumnos aprenden por sí mismos, solos o en grupos, contestando preguntas y resolviendo problemas con la ayuda, la orientación y la guía de su profesor. 

Prefiero el término coasociación a cualquiera de los otros porque pone el acento en que los roles de cada grupo, profesores y estudiantes, son diferentes pero iguales. La palabra coasociación subraya que cada parte debe aportar sus propias fortalezas para mejorar el aprendizaje en conjunto. También me gusta lo que la coasociación dice sobre el papel de la tecnología: que usarla es tarea de los alumnos, y no del profesor, y que corresponde a este último valorar la calidad de ese uso. Pero esto puede solo reflejar que la tecnología digital no existía cuando se establecieron algunas de las otras metodologías. Creo que la coasociación es aplicable a todas ellas. 

De nuevo, lo que importa no es el nombre o rama de la coasociación que elijas; eso dependerá de ti, tus alumnos y tu contexto, es decir, la escuela y el estado en los que enseñas, etc. Lo que realmente importa es que vayas hacia la coasociación. La tabla 1.1 señala algunas de las formas en las que se divide el trabajo en la pedagogía de la coasociación.

La coasociación y el curriculum

Una preocupación que los profesores manifiestan con frecuencia es que están coaccionados por un curriculum obligatorio, que de alguna forma entra en conflicto con la coasociación. Ciertamente, al menos en los colegios públicos, para cada materia y cada nivel hay una serie de estándares (cada vez más basados en habilidades) que hay que enseñar. Pero recuerda que aquellos estándares especifican solo qué enseñar, no cómo hacerlo. 

La coasociación puede funcionar con los curricula obligatorios actuales (y de hecho lo hace). Pero requiere volver a pensar esos curricula por parte de los profesores desde el enfoque del libro de texto tipo “este es el material curricular que hay que aprender” hacia un enfoque de “preguntas-guía a las que los alumnos tienen que encontrar respuesta”. Es curioso ver que los libros de texto (la mayoría de los cuales refleja la pedagogía antigua, basada en las clases teóricas) han llevado la pedagogía completamente hacia atrás desde el punto de vista de la coasociación (y generalmente también en lo que respecta al interés de los alumnos). Los libros sitúan las respuestas (es decir, el contenido) al principio y las preguntas al final. La coasociación invierte esta configuración, colocando las preguntas primero, que como se viene demostrando es más motivador para el alumno. Preguntar “¿Por qué?” al inicio (¿Por qué hay estaciones? ¿Por qué los contrarios se atraen? ¿Por qué la lengua inglesa tiene tantas formas verbales en pasado que se salen de la norma? ¿Por qué olvidamos o tomamos malas decisiones? ¿Por qué vinieron los europeos a América?) es mucho más probable que haga pensar a los chicos, en lugar de las charlas sobre las estaciones, la polaridad, los verbos irregulares, la psicología, el descubrimiento o la inmigración. 

Pero, pese a la pedagogía, lo que los estudiantes tienen que saber (y sobre lo que se les examinará en los test normalizados) sigue siendo lo mismo. Los profesores de la coasociación encuentran que el proceso consistente en que los alumnos contesten de forma activa a las preguntas conduce casi universalmente a un mayor compromiso (nunca he oído a un profesor de coasociación decir que sus alumnos estén menos comprometidos). El compromiso creciente, por su parte, normalmente produce mejor retención de los contenidos y mayores puntuaciones en los exámenes, como en el caso del profesor de Primaria que vio que las capacidades de descripción por escrito de sus alumnos alcanzaron un nivel superior en los test de evaluación[9]. Muchos profesores describen fenómenos parecidos.

Tabla 1.1 Cómo se comparte el trabajo en la coasociación

ProfesorAlumno¡No cuenta, pregunta! Propone tema y herramientas. Aprende de los alumnos sobre tecnología. Evalúa los resultados de los alumnos en cuanto a rigor y calidad; proporciona contexto.¡No toma notas, descubre! Investiga y crea resultados. Aprende del profesor sobre calidad y rigor. Refina y mejora los resultados, añade rigor, contexto y calidad.

La tecnología en la coasociación: el posibilitador y el personalizador

Y en la pedagogía de la coasociación, ¿cuál es el papel de la tecnología? El papel de la tecnología es dar soporte a la pedagogía de la coasociación y permitir que cada alumno personalice su proceso de aprendizaje. Todos los alumnos y profesores saben que los estudiantes consiguen las mayores recompensas por su trabajo cuando las cosas se personalizan y se adaptan a cada uno de ellos. Lo que siempre ha sido necesario en nuestras aulas es tratar individualmente a cada alumno, o al menos en grupos lo más pequeños posibles, de una forma que sea realmente viable y eficaz. Hasta hoy, sin embargo, la combinación de clases con muchos alumnos y los pocos recursos más allá de los libros de texto, los libros de referencia desfasados y el tiempo limitado de biblioteca y del profesor han hecho que para la mayoría de los profesores sea difícil (si no imposible) emprender la personalización completa y la diferenciación.

La mayor de las aportaciones específicas de la llegada (aunque lenta y de forma inconstante) de la tecnología a nuestras escuelas es que a largo plazo permitirá a los profesores y alumnos ser socios de esta forma mucho más personal e individual, es decir, que cada alumno aprenda solo o sola con la orientación de los profesores y su guía. Eso permitirá a los alumnos no solo “aprender a su propio ritmo”, como se suele decir, sino aprender más o menos de la forma que quieran, mientras vayan tras los objetivos necesarios y obligatorios. 

Sin embargo, limitarse a añadir tecnología no hará que esto ocurra. De hecho, en algunos casos, los portátiles se han añadido y retirado por haber “fracasado”[10]. Pero el fracaso en estos casos no era ni de los estudiantes ni de la tecnología, sino de la pedagogía. Para usar la tecnología con éxito en las aulas se debe combinar con un nuevo tipo de pedagogía, la de coasociación. La coasociación funciona con la tecnología porque permite que esta se use, especialmente por parte de los estudiantes, en toda su extensión. 

Más que los profesores interrumpan su clase teórica para un “ejercicio” de tecnología, la coasociación permite a los alumnos estar implicados, desde el principio de cada clase, en descubrir solos (y compartir con los demás) cuál es el material curricular y cómo funciona, encontrar ejemplos a través de múltiples medios, crear y compartir sus propios ejemplos, y comunicar con iguales y autores alrededor del globo.

ESTABLECER PAPELES Y RESPETO MUTUO