Entrar en la paz interior - Thomas Joanchim - E-Book

Entrar en la paz interior E-Book

Thomas Joanchim

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Beschreibung

Qué difícil es tener tranquilidad... Estamos expuestos a numerosas tensiones y problemas, que a veces nos originamos nosotros mismos. Sin la paz del corazón nos sentimos tristes e infelices, pues esa paz es componente esencial de nuestra felicidad. Este libro es para todos. Ofrece un antídoto espiritual contra la ansiedad, y un remedio sencillo y poderoso para liberarnos de las tensiones que nos acosan: el salmo del Buen Pastor. Saborear el más famoso de los salmos nos ayudará a entrar gradualmente en el misterio de la paz interior. Porque el Buen Pastor no ha venido a traernos un vago sentimiento de serenidad, sino a introducirnos en su Paz infinita.

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Seitenzahl: 135

Veröffentlichungsjahr: 2022

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THOMAS JOACHIM

ENTRAR EN LA PAZ INTERIOR

Meditación sobre el salmo del Buen Pastor

EDICIONES RIALP

MADRID

Título original: Entrer dans la paix intérieure

© 2021 Éditions des Béatitudes, S. O. C.

© 2022 de la versión española realizada por MIGUEL MARTÍN

by EDICIONES RIALP, S.A.,

Manuel Uribe 13-15, 28033 Madrid

(www.rialp.com)

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopias, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita reproducir, fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Preimpresión y realización eBook: produccioneditorial.com

ISBN (edición impresa): 978-84-321-6167-4

ISBN (edición digital): 978-84-321-6168-1

A mi hermano

ÍNDICE

PORTADA

PORTADA INTERIOR

CRÉDITOS

DEDICATORIA

INTRODUCCIÓN GRACIA Y PAZ A VOSOTROS

I. LA PAZ EN LA ABUNDANCIA

LA ALABANZA DEL BIEN AMADO

EL SEÑOR DE LA PAZ

EL BUEN PASTOR

EL SECRETO DE LA ABUNDANCIA

LA FUENTE DEL DESCANSO

LA CONVERSIÓN DEL ALMA

II. LA PAZ EN LA INTRANQUILIDAD

LA DOCILIDAD Y EL ABANDONO

DEL MIEDO A LA PAZ

EL FESTÍN DE LA PAZ

III. LA PAZ EN EL ENTUSIASMO

LA PERFECCIÓN DE LA ALEGRÍA

LA PAZ DE LA ESPERANZA

LA PAZ ETERNA

CONCLUSIÓN PARA UNA TEOLOGÍA DE LA PAZ INTERIOR

AUTOR

PATMOS, LIBROS DE ESPIRITUALIDAD

INTRODUCCIÓN GRACIA Y PAZ A VOSOTROS

«El santo Evangelio

trata casi en todas partes de la paz,

y como comienza por la paz,

del mismo modo termina por la paz

para enseñarnos que esta es la herencia

que el Señor Dios, nuestro amo, ha dejado a sus hijos»[1].

San Francisco de Sales

«¡GRACIA Y PAZ A VOSOTROS!». Comentando este saludo típico del Nuevo Testamento[2], santo Tomás de Aquino explica que entre la gracia y la paz están incluidos todos los dones que se pueden desear para alguien[3]. La gracia va primero, pues nos libera del pecado[4], y la paz va después, porque todo lo que deseamos, queremos gozarlo en paz[5]. La gracia es fundamental, pero la paz es lo último, pues tiene una razón de fin[6].

Este libro habla del don último de la paz interior. ¿En qué consiste esta paz? ¿Cómo recibirla? ¿Cómo conservarla y hacerla crecer? Cuando estamos tranquilos, contentos con nuestra situación y abordamos el porvenir con confianza, palpamos algo de esta paz del corazón, y la vida parece sencilla. Sin embargo, hoy los hombres parecen más bien estresados, frustrados e inquietos. El ritmo de nuestras vidas se acelera y se intensifica, las pandemias nos inquietan y nos complican la vida, estamos sobresaturados en el plano de la información, en lo profesional y emocional. Obligados a adaptarnos cuanto antes, nuestro nivel de ansiedad no cesa de aumentar.

Frente a esto, la literatura en materia de desarrollo personal florece y prospera, rivalizando en ingenio y en métodos concebidos para «aprender a gestionar su vida». Estas obras se reparten en dos tendencias. Una, de orientación voluntarista, «implica directa o indirectamente al lector, ya de por sí desesperado de ser el responsable de su propio surmenage, y le propone soluciones de éxito garantizado, a condición de que las adopte sin falta desde el día siguiente»[7]. La otra orientación, más pasiva, elogia los beneficios de «la desaceleración, la retirada de todo y el derecho a la pereza; afirma que el progreso tecnológico no es una solución, sino por el contrario la fuente de todo mal; y constata con resignación que la verdadera felicidad no se encuentra en otra parte que en el cultivo de las rosas y la elaboración artesanal del aceite de oliva»[8].

Estas proposiciones bienvenidas actúan como terapias breves. Pueden aliviar como la aspirina, pero no podrían resolver el problema de fondo, pues la angustia que padecemos no es solamente el resultado de los perjuicios de la posmodernidad o de una mala «gestión» de nuestras emociones. Nuestro malestar viene de más lejos: su origen se encuentra en el secreto de nuestra relación con Dios. Es en el misterio mismo de Dios donde la verdadera paz echa raíces, esta paz de la que san Pablo dice que «supera todo entendimiento»[9]. Se tratará en este libro de meditar sobre esta paz tan misteriosa.

La idea de esta obra viene de la escucha de una predicación del pastor Rick Warren, titulada From stressed to blessed. Este célebre pastor evangelista presentaba el salmo del Buen Pastor[10] como un antídoto contra la ansiedad[11]. Trabajando yo desde hace años sobre el tema de la paz interior y multiplicando las lecturas sobre ese asunto, sentía la necesidad de escribir mi propia síntesis de una manera que fuese a la vez satisfactoria desde el punto de vista intelectual, legible para la mayoría y verdaderamente útil en la vida ordinaria. Seguir el itinerario del Salmo 23 me ha parecido que permite alcanzar esos tres objetivos.

En apenas seis versículos, este cántico pone al alcance de todos una teología de excepcional densidad y produce con su sola lectura un efecto de paz[12]. En la Antigüedad, los catecúmenos lo aprendían de memoria y, una vez bautizados, lo recitaban como himno de acción de gracias[13], pues procura un sentimiento de plenitud, de seguridad y de gozosa esperanza.

Sentimiento de plenitud

«El Señor es mi pastor, nada me falta [v. 1]: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas [v. 2] y repara mis fuerzas [3a]».

Sentimiento de seguridad

«Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre [3b]. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan [v. 4]. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos [v. 5a]».

Sentimiento de alegría y de esperanza

«Me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa [v. 5b]. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término [v. 6]»[14].

Hay aquí tres momentos. En el Salmo 23, todo es al principio tranquilidad, y se ve al Buen Pastor velando para que su oveja se alimente, descanse, repare sus fuerzas (v. 1-3a). Luego hay que dejar esta «zona de confort» y seguir al pastor a pesar de los peligros del desierto, las cañadas oscuras y los enemigos (v. 3b-5a). Es entonces cuando el entusiasmo llega a su culmen y el salmista puede proclamar su plena confianza en el porvenir (v. 5b-6).

El comentario de este salmo va a seguir este ritmo ternario. La primera parte tratará de la paz en la abundancia: versará sobre comprender cómo pasar de la frustración al sentimiento de plenitud. La segunda parte abordará la cuestión de la paz en la intranquilidad, la manera de permanecer calmado en la prueba. La tercera parte desarrollará el tema de la paz gozosa de la esperanza, la manera de afrontar el porvenir con confianza. Finalmente, para concluir este comentario línea a línea, podremos analizar una breve teología de la paz interior.

[1] Sermón para el martes de Pascua.

[2] Se observa en distintos pasajes alguna variación en la expresión, pero el sentido en lo esencial es el mismo.

[3] En su estudio de las epístolas de san Pablo, comenta siempre así este saludo.

[4] Cf. Rm 3, 23-24.

[5] Cf. Suma Teológica, II-II, 29, c.

[6] «La paz divina es la causa final de toda cosa», afirma santo Tomás en el comentario a Dionisio Areopagita (cf. De divinis nominibus, cap. 11, l. 1).

[7] Kathrin Passig y Sascha Lobo, Demain c’est bien aussi, Anabet Éditions, 2010. p. 11-12.

[8] Idem.

[9] Flp 4, 7.

[10] Según la numeración hebraica es el Salmo 23, pero en los Setenta y la Vulgata es el 22.

[11] Se puede ver en YouTube su exposición.

[12] El filósofo Henri Bergson habría incluso dicho que ningún otro libro le había procurado tanta luz y consuelo.

[13] Cf. Henri Pérennès, Les Psaumes dans la liturgie romaine, Desclée 1923, p. 27.

[14] En la versión española utilizaremos la traducción de la Conferencia Episcopal española. El autor de este libro propondrá algunas modificaciones sobre la base del texto hebreo (masorético), de la traducción de los Setenta y de la Vulgata.

I. LA PAZ EN LA ABUNDANCIA

«El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas;

me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre».

v. 1-3

LA ALABANZA DEL BIEN AMADO

«Salmos, mis queridos salmos, pan cotidiano de mi esperanza. Aceptad que os resuma en dos palabras de las que se puede pronunciar con verdad la segunda cuando se ha dicho la primera: Amén. ¡Aleluya!»[1].

Yves Congar

Todo comienza por un encabezamiento un poco lacónico, pero muy significativo: «Salmo de David» (v. 1a). Aquí está el primer paso en el camino de la paz interior: reconocer el amor de Dios por nosotros y agradecérselo.

El Salmo 23 puede ser atribuido a David. Más allá de la verdad histórica de esta atribución[2], eso nos invita de entrada a identificarnos con David, cuyo nombre hebreo significa «el bien amado» (Daoud)[3]. Como él, nosotros somos este bien amado del Señor. Comprenderlo es capital para encontrar la paz del corazón, pues si dudamos ser amados, dudamos ser amables:

El hombre no puede amarse a sí mismo si no es amado antes por otro[…]. Es este ser tan particular que necesita para existir no solo el nacimiento físico, sino también de una aprobación[4].

El primer paso en el camino de la paz interior es la conciencia del amor infinito de Dios por nosotros, de ahí surge la alabanza.

La palabra Mizmor,traducida aquí por «Salmo», proviene del verbo Zamar que quiere decir «cantar, alabar, acompañarse de un instrumento». Acceder a la fuerza pacificadora del Salmo 23 supone entrar con todo nuestro corazón en la alabanza. Los Padres de la Iglesia lo habían percibido bien: «Los salmos recuperan en el modo de la alabanza todo lo que se contiene en la Sagrada Escritura»[5]. El Salmo 23, en particular, nos hace cantar el misterio del Buen Pastor.

Este cántico, en su totalidad, es un himno de acción de gracias. Alaba la solicitud del Señor, enumera sus beneficios y se goza en ellos: Me llenas de todo, me haces descansar, me quitas la sed, estás conmigo, me consuelas, preparas una mesa para mí, perfumas mi cabeza, me emborrachas de alegría, me acompañas con tu bondad, me introduces en tu presencia para siempre. ¿Por qué tantos beneficios? Porque «tú eres mi pastor» y yo soy tu oveja bienamada.

No es posible guardar la paz del corazón cuando se pasa el tiempo en rumiar ideas negras y refunfuñar. La alabanza es un remedio extraordinario contra la melancolía, nos libera de ella. En la Escritura, se ve incluso que, gracias a la alabanza, el rey Saúl se libera del espíritu que le atormentaba: «David cogía la cítara y tañía con su mano. Saúl se calmaba, quedaba tranquilo y el mal espíritu se retiraba de él»6. La alabanza tiene un efecto liberador y apaciguador. Era, gracias a ella, como el pueblo de Israel triunfaba muy a menudo. Piénsese en el episodio de la toma de Jericó o esa asombrosa batalla descrita en 2 Crónicas 20, cuando el rey Josafat dispuso que algunos fueran delante de los guerreros cantando alabanzas al Señor. Obtuvieron la victoria sin tener incluso que combatir. ¡Qué táctica maravillosa y singular! Dios ama nuestra alabanza y por eso le confiere una fuerza muy especial. Para entrar en el espíritu del Salmo 23, comenzamos por alabar al Señor y darle gracias. Es bueno hacerlo, de vez en cuando, muy concretamente, repasar la lista de sus beneficios, los que tenemos en la memoria, y agradeciéndoselos desde el fondo del corazón. Es una manera muy sencilla y gozosa de rezar.

EL SEÑOR DE LA PAZ

«El Dios tranquilo tranquiliza toda cosa»[6].

San Bernardo

La primera palabra del Salmo 23 es la palabra yhwh. Es el nombre más sagrado de Dios en la Biblia. Por respeto, se evita generalmente pronunciarlo y se dice mejor: «El Señor»[7]. La elección de este santo nombre en el comienzo del salmo nos invita a mirar a la paz como un misterio, y no como un simple sentimiento psicológico. Es algo de orden «teologal». Es el Señor quien es su fuente, porque él mismo es «océano de paz»[8].

En la Biblia, la palabra yhwh no está asociada más que una sola vez a la palabra Shalôm («la paz»)[9]. En una época en que los madianitas hacían dura la vida a los hebreos expoliándolos del fruto de sus cosechas, dejándolos en el hambre sin piedad, se ve a Gedeón ocultando su cosecha, cuando el ángel del Señor se le aparece:

«El Señor esté contigo, valiente guerrero». Gedeón respondió: «Perdón, mi señor; si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha sucedido todo esto? ¿Dónde están todos los prodigios que nos han narrado nuestros padres, diciendo: el Señor nos hizo subir de Egipto? En cambio, ahora, el Señor nos ha abandonado y nos ha entregado en manos de Madián» (Jue 6, 12-13).

La llegada del ángel de Dios apenas le gusta a Gedeón, que parece dudar de la presencia eficaz del Señor en su vida y en la del pueblo de Israel.

El Señor se volvió hacia él y le dijo: «Ve con esa fuerza tuya y salva a Israel de las manos de Madián. Yo te envío». Gedeón replicó: «Perdón, mi Señor, ¿con qué voy a salvar a Israel? Mi clan es el más pobre de Manasés y yo soy el menor de la casa de mi padre» (Jue 6, 14-15).

Dios da a Gedeón la misión de combatir contra los madianitas, Él estará con él, desplegará la fuerza que hay en él. Pero Gedeón sufre cierto complejo de inferioridad. Es sin embargo uno de los hombres más valientes de la Biblia, pero el valor languidece cuando la prueba perdura. Después de tantos años de calamidades y de opresión, Gedeón parece desesperado. En el plano espiritual, eso nos puede pasar a todos. A fuerza de sufrir la potencia del mal, nos convertimos en derrotistas. Ya no tenemos ganas de luchar, estamos cansados y bajamos los brazos.

Gedeón pide entonces una señal. Y, curiosamente, es cuando se le da ese signo cuando tiene verdaderamente miedo: «Cuando Gedeón reconoció que se trataba del ángel del Señor, dijo: “¡Ay, Señor mío, YHWH, que he visto cara a cara al ángel delSeñor!”».

Para calmar su espanto, Dios le dice: «La paz sea contigo, no temas, no vas a morir» (Jue 6, 22). E inmediatamente después, «Gedeón erigió allí un altar al Señor y lo llamó “el Señor paz” (YHWH-Shalôm)» (Jue 6, 24).

Lo que nos impacta particularmente aquí es constatar la eficacia de la palabra de Dios: apenas le ha hablado, Gedeón pasa del miedo a la paz. Ocultar su grano ya no es necesario, hay que prepararse para el combate. Gedeón construye entonces un altar al Señor, que él llama YHWH-Shalôm, «Señor de Paz». Este paso repentino del miedo a la paz hace pensar cómo Jesús calma con una palabra la tempestad[10]. Para nosotros también es así. Cualesquiera sean las angustias que tengamos, el Señor, con una sola palabra, puede depositar su inmensa paz en nuestros corazones. Cualesquiera sean las tempestades interiores que nos agitan, él puede ponerles fin, instantáneamente, porque él es YHWH-Shalôm.

Dios es paz. Es fuente de paz. Como dice san Pablo siguiendo a Gedeón, es el «Señor de la paz»[11]. Encontrar la verdadera serenidad supone unirnos a él: «Tanto como se haya penetrado en Dios, tanto se ha penetrado en la paz. El que tiene su yo en Dios tiene la paz; el que tiene su yo fuera de Dios no tiene la paz»[12].

Pero aquí puede plantearse una objeción: ¿Dios no es más bien para nosotros causa de angustia?[13]. La religión ¿no es, como pensaba Freud, una «neurosis obsesiva colectiva»[14]? Para responder a esta cuestión, busquemos la verdadera fuente de la angustia.