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Escapando del laberinto del abuso espiritual no es solo una lectura importante, es vital. Durante el cuarto de siglo que fui vicario experimenté abuso espiritual a manos de otro lider cristiano, y luego de alguien de una de mis comunidades. El abuso espiritual es un fenómeno real y muy generalizado, como lo demuestran tan elocuentemente los autores de este volumen. Su propósito no es destruir a la iglesia, es sanarla o, más bien, ayudarla a "crear culturas sanas", algo que celebro. Este libro-que se basa en evidencia empírica, científicamente reunida-debería ser leído por todas las personas de todas las denominaciones religiosas y en todos los puestos de liderazgo. Debería convertirse en la regla de oro para el liderazgo de servicio en todas las organizaciones cristianas, y debería ser estudiado e implementado por todos aquellos que estén recibiendo formación sobre liderazgo espiritual, en la etapa más temprana posible. Mark Stibbe
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Seitenzahl: 341
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Escapando del laberinto del abuso espiritual
EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE
Vicerrectoría de Comunicaciones
Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago,Chile
www.ediciones.uc.cl
Escapando del laberinto del abuso espiritual.
Cómo crear culturas cristianas sanas.
Lisa Oakley y Justin Humphreys
Escaping the Maze of Spiritual Abuse: Creating Healthy Christian Cultures, London 2019 (spck.org.uk)
Versión española
© Inscripción Nº 2021-A-5024
Derechos reservados
Junio 2021
ISBN N° 978-956-14-2827-0
ISBN digital N° 978-956-14-2828-7
Portada: laberinto de la catedral de san Martín de Lucca, Italia
Diseño: Χάριτος γραφική
CIP-Pontificia Universidad Católica de Chile
Diagramación digital: ebooks [email protected]
Oakley, Lisa, autor.
Escapando del laberinto del abuso espiritual: cómo crear culturas cristianas sanas / Lisa Oakley y Justin Humphreys; edición española preparada por Samuel Fernández; traducción de Melissa Chávez Argandoña, English UC Language Center.
Incluye bibliografía.
1. Vida cristiana.
2. Autoridad – Aspectos religiosos – Cristianismo.
I. t.
II. Humphreys, Justin, autor.
III. Escaping the Maze of Spiritual Abuse: Creating Healthy Christian Cultures. Español
2021 248.4 + DDC23 RDA
Escapando del laberinto del abuso espiritual
Cómo crear culturas cristianas sanas
Lisa Oakley y Justin Humphreys
Contenidos
Prólogo a la edición en español
Presentación por Mark Stibbe
Introducción
1. El cuadro emergente del abuso espiritual
2. El problema de la definición, ¿de qué estamos hablando?
3. ¿Cuáles son las características del abuso espiritual?
4. ¿Cómo te hace sentir? El impacto del abuso espiritual
5. Responder bien al que cuenta su historia de abuso espiritual
6. El desafío de un liderazgo auténtico
7. Crear culturas más seguras y entornos más sanos
8. ¿Cuál es el siguiente paso?
Bibliografía
Siglas
LO Lisa Oakley, The Experience of Spiritual Abuse in the UK Christian Church. PhD, Manchester Metropolitan University, 2009.
O&K Lisa Oakley – Kathryn Kinmond, Church Experience Survey, investigación realizada entree 2021 y 2013.
O&HLisa Oakley – Justin Humphreys, Understanding Spiritual Abuse in Christian Communities, investigación realizada en 2017.
Prólogo a la edición en español
Lisa Oakley y Justin Humphreys han escrito un libro pionero y, a la vez, de alerta, análisis y reflexión sobre el abuso espiritual en ambientes religiosos. L. Oakley ya había publicado en conjunto con Kathryn Kinmond, Breaking the Silence on Spiritual Abuse (Palgrave Macmillan, 2013), una amplia investigación académica sobre abuso espiritual, pero se le había solicitado insistentemente que escribiera un libro similar al alcance del público general. Su coautor, J. Humphreys ha sido responsable de una plataforma de consejería, prevención y educación en abuso espiritual llamada thirtyone:eight, que hace referencia al versículo 31,8 del libro de los Proverbios, “abre tu boca en favor del que no tienen voz, por los derechos de todos los desvalidos”, que es un esfuerzo por construir ambientes eclesiales sanos y seguros. El resultado ha sido un libro fresco, ágil y accesible, de enorme utilidad para grupos religiosos de diferentes confesiones, educadores y líderes religiosos, y también terapeutas que deben lidiar con traumas asociados a la coerción espiritual.
El abuso espiritual es una forma del abuso emocional y psicológico que, no obstante, utiliza los recursos que provee la religión para ejercer coacción sobre personas y grupos. Ofrecer una definición precisa de abuso espiritual ha debido afronta una doble tensión. Por una parte, la que proviene de las iglesias, que le preocupa asociar ambos términos (puesto que el espíritu es el vehículo característico de la libertad) y que buscan trazar el límite respecto de una labor de la guía espiritual que implica muchas veces obediencia y resignación. ¿Dónde se trazan los límites para las exigencias de obediencia, mansedumbre y humildad que son propias de la vida religiosa? Y, por otra parte, los especialistas que no ven razón para agregar algo específico a las definiciones corrientes de abuso emocional y psicológico, y rara vez sopesan las particularidades de la coacción religiosamente motivada. En el desfiladero de ambas objeciones, los autores han logrado sacar adelante el concepto de abuso espiritual y han abierto un área de investigación, alerta e intervención que lleva consigo la promesa de crear ambientes de vida y de dirección espiritual más sanos para todas las obras religiosas, parroquias, conventos, colegios y residencias.
Tras una larga actividad de investigación empírica, este libro es capaz de identificar con cierta precisión los síntomas propios del control coercitivo. Algunos de estos síntomas se repiten por doquier: la presión del líder para proporcionar cada vez más tiempo y servicio para la obra (ojalá dedicación exclusiva), la exacerbación de la unidad de creencias del grupo (todos debemos pensar lo mismo), la intolerancia frente al disenso (no haga preguntas), la exigencia de guardar silencio sobre lo que sucede dentro del grupo (la ropa sucia se lava en casa), la petición de rendir cuentas sobre cada cosa, de manera frecuente y minuciosa, el sentimiento de pertenecer a un grupo selecto y exclusivo (portador de ideas y un modo de vida superior al del resto). Pero hay especificidades del abuso propiamente espiritual comenzando por el uso coercitivo de las Escrituras para fundamentar exigencias de obediencia y docilidad indebidas, hasta extremos como el uso de 2 Samuel 7,14: “Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Y si hace mal, le castigaré con vara de hombres y con golpes de hombres”. La invocación del nombre de Dios, el uso de la vocación ministerial para imponerse sobre los demás, o la amenaza de consecuencias espirituales para quienes disienten son diversas formas de presión que configuran propiamente el abuso espiritual. Este libro está basado casi enteramente en la experiencia de la iglesia anglicana, donde las Escrituras juegan un rol preponderante y la apelación del ministerio pastoral es menos apremiante para los fieles (aunque se previene respecto de la “adoración del pastor”). Por ello, este libro no ofrece una reflexión específica sobre las condiciones institucionales del abuso espiritual en ámbito católico, pero abre una línea de investigación fructífera que puede ser aprovechada para un análisis comprensivo y comparado en diversas confesiones religiosas.
Este libro muestra su principal fortaleza no solamente en la definición y delimitación cuidadosa del concepto de abuso espiritual, sino en su propuesta acerca de las condiciones para crear una cultura sana y segura en ambientes religiosos. En esto se aprovecha la vasta experiencia de consejería y prevención de thirtyone:eight. Una cultura organizacional debe promover conductas reflexivas, compartidas y sostenidas en el tiempo, que se vuelven una práctica corriente en los grupos religiosos. No basta con escribir manuales de prevención ni ofrecer recomendaciones de buenas prácticas. Un ambiente eclesial saludable debe animar a todas las personas a conservar su libertad de actuar y pensar (algo que se muestra en la posibilidad real de disentir en la organización), contar con mecanismos regulares de supervisión, brindar medios de apoyo para quienes experimentan problemas, exigir una formación adecuada para quienes ejercen posiciones de liderazgo (entre otras cosas, porque se ha visto que mucho del abuso se produce sin malicia ni premeditación) y propender hacia una toma de conciencia general acerca de la realidad del abuso espiritual que aumente la alerta y la capacidad de respuesta. Un amplio abanico de observaciones que provienen de la experiencia de muchísimos casos de abuso analizados por los autores y una miríada de consejos muy detallados sobre la manera de reconocer y actuar sobre los síntomas de abuso dan la tónica de un libro indispensable para abrir la reflexión sobre el abuso espiritual que también se ejerce en nuestros ambientes eclesiales y que necesitamos urgentemente evitar y prevenir.
Eduardo Valenzuela
Centro CUIDA
Pontificia Universidad Católica de Chile
Presentación por Mark Stibbe
Para mí el 2017 fue un año traumático. Justo antes de que comenzara, Cathy Newman de Channel 4 News me pidió que nos reuniéramos para conversar sobre John Smyth, consejero de la reina ya retirado al que estaba investigando. Cuando recibí su correo electrónico fue un shock escuchar su nombre de nuevo. John Smyth había sido un referente en los campamentos cristianos a los que asistí en Iwerne Minster, Dorset, a finales de los años 70 y principios de los 80. Mucha gente lo conocía por ser la mano derecha de la activista social Mary Whitehouse en la misma época, a quien ayudó a procesar a aquellos que consideraba culpables de blasfemia e inmoralidad. Algunas personas lo conocían como un orador cristiano popular y dinámico dentro del mundo anglicano-evangélico conservador. Otros, unos 20 de nosotros, lo conocíamos como un abusador de hombres jóvenes y niños durante nuestra época escolar y universitaria. Cuando Cathy me llamó, me fui a pique. Con el trauma ya enterrado, casi no había pensado en él durante 35 años y mucho menos hablado de lo que sucedió.
Si bien me tomó varios días recuperarme, acepté ver a Cathy extraoficialmente y nos reunimos en un Starbucks cerca de Londres en noviembre de 2016. Me dijo que sabía mucha de las cosas que Smyth había hecho y quería confirmar si yo era una de sus víctimas. Le dije que sí. En ese momento, no estaba preparado para hablar en cámara. Después de conversar con varias de sus víctimas –algunas todavía muy heridas como para hablar en público– sentí que tenía que ser la voz de aquellos cuyas vidas Smyth había dañado, y en algunos casos arruinado. En diciembre de ese año, permití que Cathy me grabara en cámara. La entrevista apareció en dos grandes titulares de noticias en el Reino Unido, a principios de febrero de 20171. Posteriormente, también hablé sobre el encubrimiento del abuso, y el maltrato de los sobrevivientes de Smyth en la BBC y otros medios de comunicación2.
Para los sobrevivientes del abuso de Smyth –que ahora estábamos conectados– comenzó un lento y doloroso proceso de lidiar no solo con una, sino con dos historias de nuestras vidas. En primer lugar, estaba la forma en que Smyth fue protegido descaradamente cuando Mark Ruston reveló sus actos por primera vez en 1982, y cómo los sobrevivientes fuimos descuidados vergonzosamente. Descubrir lo que realmente sucedió en aquel entonces y también más recientemente, implicó una investigación rigurosa. Todo esto sirvió para destapar un patrón familiar cuando se trata de abuso histórico: la tendencia de una institución u organización a protegerse a sí misma y su reputación en lugar de apoyar a aquellos que han quedado traumatizados.
En segundo lugar, estaba la historia del propio Smyth. Algunos nos preguntamos cómo es que más de 20 jóvenes supuestamente inteligentes fuimos engañados por él hasta el punto de creer que Dios quería que nos golpeara salvajemente con un bastón. En el caso de uno de mis amigos, 800 veces durante el transcurso de un día. ¿Cómo llegamos a aceptar un trato tan brutal? ¿Cómo se las arregló Smyth para obtener nuestro consentimiento?
Después de que se supo la noticia en 2017, me propuse tratar de responder esa pregunta y fue durante ese tiempo que encontré un libro de la Dra. Lisa Oakley y la Dra. Kathryn Kinmond, Breaking the Silence on Spiritual Abuse [Romper el silencio sobre el abuso espiritual]. Comprarlo me costó un ojo de la cara (¡una de las muchas razones por las que agradezco este nuevo volumen!), pero valió la pena cada peso. Al leerlo, me di cuenta de que las autoras estaban describiendo exactamente lo que nosotros vivimos en manos de Smyth. Sí, su abuso tenía un componente físico que eran las golpizas mismas. Sí, también tenía un componente psicológico y emocional. Pero lo que John Smyth nos hizo fue ante todo un abuso espiritual. Sin la dimensión espiritual de su comportamiento, no habría habido ningún abuso. Nunca habría logrado obtener nuestra cooperación a lo largo del tiempo.
En este nuevo libro que marca un hito, del que Lisa es coautora con Justin Humphreys, el abuso espiritual se define como “una forma de abuso emocional y psicológico, que se caracteriza por un patrón sistemático de comportamiento coercitivo y controlador en un contexto religioso. Este puede tener un impacto profundamente dañino en quienes lo experimentan”. He vivido el abuso espiritual en este sentido tres veces en mi vida, en primer lugar, a manos de John Smyth. Él me expuso a un patrón sistemático de control coercitivo en el contexto de los campamentos de Iwerne y en el foro cristiano en el que estos campamentos influyeron, a través de él, en mi escuela. Decir que su forma de abuso espiritual hizo un daño enorme sería quedarse corto.
En el capítulo 3, los autores describen 12 características del abuso espiritual. Podría escribir un libro completo sobre cómo estos rasgos eran visibles y tangibles dentro del grupo de jóvenes y niños de Smyth, pero me limitaré a hacer un resumen.
La coerción para amoldarse
Mientras era alumno en la escuela, y especialmente mientras estudiaba en la universidad, la presión que sentí para conformarme con la versión legalista del cristianismo de Smyth fue a veces abrumadora. Empleó tácticas clásicas de “interiorismo”, como las describió tan elocuentemente C. S. Lewis: “Era tan terrible ver la cara de ese otro hombre, ese rostro afable, reservado y deliciosamente sofisticado, volverse repentinamente frío y despectivo, al saber que has sido juzgado por el círculo interior y te ha rechazado”3. Leer eso ahora, especialmente la descripción del rostro de quien ejerce la coacción me pone la piel de gallina, porque describe perfectamente a Smyth. Como líder espiritual, me presentó un rostro cálido y afable mientras me adecuaba con su enseñanza. Yo sabía que rebelarse de cualquier forma contra sus puntos de vista significaría un rechazo. Jugaba con el miedo que todos teníamos que su rostro se volviera repentinamente “frío y despectivo”.
Aprovechamiento
Smyth se aprovechaba de los muchachos que necesitaban una figura paterna y una familia. Todos éramos alumnos de internado. Todos habíamos experimentado la ruptura de los lazos con los padres, la familia y el hogar. Todos estábamos abiertos a las preocupaciones paternas de Smyth y a la hospitalidad que él y su esposa, Anne, ofrecían en su casa de Hampshire. Smyth elegía a niños atractivos que tenían una necesidad desesperada de apego seguro. Hablaba de ser un “padre espiritual” para nosotros, usaba el lenguaje espiritual para apelar a nuestra necesidad psicológica de sentirnos dignos de amor y pertenencia.
Manipulación
Los métodos de manipulación de Smyth tomaron muchas formas, porque su “artimaña” (para citar a uno de los profesores de Winchester College) era extrema. Su principal táctica era convertir las Escrituras en un arma y usarlas para inducir una religión de miedo y obediencia. Al carecer de una teología sólida del Espíritu Santo – especialmente el ministerio de adopción del Espíritu– nos manipuló a todos para que volviéramos a recaer en el temor (Romanos 8,15). En lugar de convertirnos en hijos espirituales de un padre perfecto, nos convertimos en esclavos de un hombre que asumió el lugar y el papel de padre en nuestras vidas. El miedo se volvió una forma de vida.
Posición divina
Cuando el canónigo Mark Ruston escribió su informe en marzo de 1982 donde exponía la horrorosa y criminal escala de los abusos, planteó que Smyth había socavado los principios fundamentales de la Reforma al establecerse como mediador entre las víctimas y Dios, reduciendo así la eficacia de la expiación. Es cierto, pero fue peor que esto. Smyth nos dijo que “como Dios es tu padre en el cielo, no puede serlo en la tierra, por eso yo seré tu padre espiritual”4. Eso es peor que hacer el papel de mediador, es erigirse como Dios, asumiendo una posición divina.
Rendición de cuentas forzada
Como padre espiritual, Smyth insistió en una relación de despiadada rendición de cuentas entre sus víctimas y él mismo. Nos dijo que no solo teníamos que hablarle de nuestros planes, sino también de nuestros pecados. Recuerdo que era particularmente estricto con las películas. Consideraba que la mayoría de las películas eran del diablo, así que la única que vi en el cine durante mi época universitaria fue Carros de fuego, un film que mostraba la versión del “cristianismo musculoso” de Smyth. Sobre todo, estaba profundamente obsesionado con la masturbación, y con frecuencia nos preguntaba si habíamos caído en ella, lo que generó en todos nosotros una visión tortuosa de la sexualidad humana que, en algunos casos, todavía afecta a algunas de las víctimas.
El ejercicio de control a través del mal uso de las Escrituras
Apenas sé por dónde empezar. Como muestra gráficamente la película El libro de los secretos, la Biblia puede usarse para oprimir a la gente, así como para liberarla, dependiendo del carácter de quien la use. Smyth usaba y abusaba de los pasajes de las Escrituras todo el tiempo, y lo hacía para ejercer control espiritual sobre sus víctimas. Uno de sus versículos favoritos era “aún no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre” (Hebreos 12,4), que reinterpretó de manera sutil y siniestra, y luego empleó como una de las muchas justificaciones para golpearnos hasta que sangráramos. También usó pasajes de las Escrituras sobre los padres que no perdonan la vara y los padres que castigaban a sus hijos, incluso si esa disciplina no era agradable en ese momento (Hebreos 12,5-13).
Censura a la toma de decisiones
Recuerdo vívidamente a Smyth vigilando en forma constante mis decisiones de manera intrusa, especialmente mis elecciones sobre lo que estaba y no estaba permitido en la sexualidad humana y las relaciones. Una vez me dijo que no podía tomarle la mano a una chica hasta que tuviera 25 años. Este es un ejemplo típico de su obsesión de que mantuviéramos una vida de extrema pureza sexual. Insistía en que fuéramos despiadados con el pecado, especialmente el pecado sexual, citando pasajes como Colosenses 3,5-6: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia”. Usaba esta metáfora de “haced morir” para animarnos a clavar nuestros pecados en la cruz, especialmente la masturbación. Con el tiempo, esta metáfora se transformó en una aplicación física más literal, con crueles golpizas en el cobertizo de su jardín.
La exigencia de secreto y silencio
Fue solo después del reportaje de Cathy Newman en 2017 que comencé a reconectarme con otras víctimas de Smyth. Cuando lo hice, se volvió inquietantemente claro cómo todos habíamos ocultado secretos no solo a nuestros padres y profesores, sino también entre nosotros durante los años de nuestro abuso (desde 1977 hasta 1982 en mi caso). No cabe duda de que esto fue debido a Smyth.
La exigencia de obediencia al abusador
Smyth usaba su autoridad espiritual no solo para exigir nuestra obediencia, sino para insistir en ella. Usaba Hebreos 13,17 para justificar esta sumisión, como lo han hecho muchos otros líderes espiritualmente abusivos. “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta”. Esta obediencia debía ser total e incuestionable. Toda mi espiritualidad se centraba en complacer a Smyth.
El aislamiento como medio de castigo
Cuando me enamoré de una estudiante de la Universidad de Cambridge –una compañera inglesa y miembro de la Unión Cristiana– Smyth condujo hasta Cambridge y me pidió que eligiera entre ella y él. La elegí a ella.
Desde ese momento, no solo Smyth sino también mis amigos más cercanos (que también fueron víctimas de Smyth) me aislaron e intimidaron. El líder de la Unión Cristiana de mi universidad trató de protegerme durante esta fase, enfrentándose a Smyth y diciéndole que me dejara en paz. Recién el año pasado me confesó que quedó tan traumatizado por cómo lo había tratado él que no aprobó sus exámenes de segundo año. Estaré para siempre agradecido por la forma en que trató de intervenir y detener la coerción y el control que estaba presenciando. Nunca dejaré de horrorizarme por la intimidación espiritual a la que fue sometido.
Superioridad y elitismo
Smyth creía que solo aquellos que se habían convertido en sus hijos espirituales –y que formaban parte del grupo de víctimas que golpeaba en su cobertizo– estaban realmente transitando por el estrecho camino de la salvación. Él estaba especialmente interesado en los escritos de un hombre llamado S. D. Gordon, y su libro favorito era Quiet Talks on Power. En uno de los capítulos, el autor habla de “una bifurcación del camino”. Los que siguen un camino son cristianos que pactan. Los que siguen el otro son los verdaderamente comprometidos. Smyth y los miembros de su grupo eran los que habían elegido el camino correcto. El orgullo espiritual aquí es grotesco. Combinado con el elitismo ya incrustado en la cultura de los internados, este sentido de autoridad espiritual creó un cóctel letal.
A partir de estas breves experiencias, tal vez puedas ver por qué leer sobre el abuso espiritual brindó tal epifanía en mi lenta recuperación del trauma de todos estos recónditos recuerdos de John Smyth. El abuso de Smyth fue principalmente espiritual. Centrarse en las golpizas y reducir su abuso a algo simplemente físico no es simplemente intentar negar la existencia del abuso espiritual, es malinterpretar el proceso del abuso. Cuando Smyth abusó de mí, no fue solo el acto de golpearme, fue todo lo que me llevó a someterme a ese acto. Es también que me haya escogido y corrompido. Todo eso era abusivo, y se basaba en la creencia espiritual de que Dios es nuestro Padre en el cielo, pero no en la tierra, y por lo tanto él, Smyth, tenía que ser ese padre para nosotros. “Yo seré un padre para él, y él me será a mí hijo”, fue su declaración sobre mí (2 Samuel 7,14). Con el tiempo, empezó a citar el resto del versículo para justificar los golpes: “Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres” (2 Samuel 7,14). Decir que solo los azotes fueron abusivos es una simplificación excesiva.
Considero que el libro Escapando del laberinto del abuso espiritual: Cómo crear culturas cristianas sanas no es solo una lectura importante, es vital. Durante el cuarto de siglo que fui vicario, experimenté abuso espiritual a manos de otro líder cristiano, y luego de alguien de una de mis congregaciones5. El abuso espiritual es un fenómeno real y muy generalizado, como lo demuestran tan elocuentemente los dos autores de este volumen. Su propósito no es destruir la Iglesia, es sanarla o, más bien, ayudarla a “crear culturas sanas”, algo que celebro. A lo largo de los años, se le ha dado demasiada atención al crecimiento de la Iglesia y no suficiente atención a su salud. Las cosas sanas crecen, ese es el patrón divino dentro del mundo de la naturaleza y, de hecho, dentro del reino de los cielos.
Soy de la opinión que este libro –que se basa en amplia y convincente evidencia empírica, científicamente reunida– debería ser leído por todas las personas de todas las denominaciones religiosas y en todos los puestos de liderazgo. Debería convertirse en la regla de oro para el liderazgo de servicio en todas las organizaciones cristianas, y debería ser estudiado e implementado por todos aquellos que estén recibiendo formación sobre liderazgo espiritual, en la etapa más temprana posible.
El apóstol Pablo insistió en que todos deberíamos tener la mentalidad de Cristo y adoptar una actitud de humildad y una postura de servicio (Filipenses 2,5-11). Luego citó un himno conocido por su comunidad cristiana en Filipos, en el que se celebra y adora a Jesucristo por no aferrarse a la igualdad con Dios, sino por despojarse de sí mismo, eligiendo convertirse en ser humano. Este acto de vaciamento –en griego, kénosis– no lo hizo para someter a los seres humanos a abusos, como fue el caso de algunos de los dioses de la mitología griega, quienes vinieron a la tierra para abusar de las mujeres6. Fue para servirnos a través de su vida humilde y, finalmente, para morir por nosotros en la cruz.
Esto es lo opuesto al abuso espiritual. De hecho, este es el antídoto para el veneno del abuso espiritual, un veneno que ha debilitado, durante demasiado tiempo, el cuerpo de Cristo. En nuestro mundo post Weinstein, haríamos bien en prestar especial atención a este excelente, innovador e indispensable libro.
Jesucristo nunca parte la caña quebrada, ni apaga la mecha humeante (Isaías 42,3). Nunca es abusivo espiritualmente, y tampoco deberíamos serlo nosotros. Jesucristo trae justicia en la fidelidad (Isaías 42,3), y nosotros también deberíamos hacerlo, especialmente cuando se trata de aquellos que han sufrido abuso espiritual y por quienes nunca se ha hecho justicia. No podemos hacer menos.
John Smyth, quien murió en 2018, escapó de la justicia humana a la que pasó su vida representando, justo después de que la Fiscalía de la Corona decidiera que el caso que había armado la policía de Hampshire había superado con creces el umbral probatorio necesario y que era hora de que Smyth fuera interrogado. La justicia para los sobrevivientes de Smyth, como para tantas otras víctimas de abuso espiritual, no puede hacerse aquí en la tierra, pero podemos lograr algo más. Podemos trabajar para erradicar todas las formas de abuso dentro de la Iglesia, incluyendo el abuso espiritual. Podemos crear culturas sanas. Podemos establecer lugares seguros para que las personas más vulnerables encuentren el camino a casa en los brazos de amor del Padre.
Al embarcarnos en esa búsqueda, tendremos a Lisa Oakley y Justin Humphreys como mentores y guías preocupados. Y por eso debemos estar agradecidos.
Mark Stibbe
Escritor
1. Reportaje del Channel 4 News (Archbishop apologises for historic abuse: the full story). El New York Times ofrece un resumen de mi historia sobre los abusos de Smyth (Dozens Say Christian Leader Made British Boys “Bleed for Jesus”).
2. El reportaje de BBC 1 News, fue realizado por Fiona Lamdin.
3. C. S.Lewis, “The Inner Ring”. Se trata de una conferencia pronunciada en 1944,en el King’s College, Universidad de Londres.
4. Para más información, véase mi artículo sobre los “Savage Fathers” en el periódico Church of England Newspaper <www.churchnewspaper.com/52014/archives>.
5. N.E.Mark Stibbe fue ministro de la Iglesia de Inglaterra y vicario de St. Andrews, Chorleywood, por 12 años.
6. Queda mucho trabajo teológico por hacer acerca de cómo Jesús representa una alternativa a las divinidades abusivas de la religión y de la mitología antiguas, y cómo el mismo Jesús en la cruz se convierte en una víctima de abuso. En lo que respecta a las reflexiones sobre lo primero, estoy en deuda con mi amigo el Dr. Crispin Fletcher-Louis y su artículo inédito, “The Rare Word ἁρπαγμός (Philippians 2.6b): A Fresh Solution”.
Introducción
¿Por qué ahora es el momento adecuado para este libro? Hay otros en esta área (Blue, 1993; Enroth, 1994; Dupont, 2004; Johnson y VanVonderen, 2005; Davis-Weir, 2015; Diederich, 2017). Uno de esos fue coescrito por uno de los autores de este libro (Oakley y Kinmond, 2013). Si bien hay pocos textos que se basen en alguna investigación, gran parte del trabajo hasta la fecha se ha centrado en los Estados Unidos. Esas historias son importantes y, de hecho, parte de lo que hemos escrito aquí se basa en ese material.
Sin embargo, la historia británica es igualmente importante y rara vez se toma en cuenta. El libro Breaking the Silence on Spiritual Abuse se basó en una investigación en el Reino Unido (Oakley y Kinmond, 2013). Desde su publicación, muchos han pedido un libro que sea más fácil de entender. Para ser honesto, el tema clave ha sido a menudo: “¿No puedes escribir algo más barato?”. Además, es necesario considerar este tema dentro de una perspectiva cristiana. Por lo mismo, este volumen combina la investigación, la lectura, el trabajo de casos y las historias en lo que esperamos sea un libro fácil de leer, con un precio asequible.
Ambos autores contribuimos desde nuestra propia experiencia y comprensión personal y profesional y, aunque cada capítulo tuvo un autor principal, ambos aportamos a lo que ahora estás leyendo a través de un proceso de desafío mutuo y colaboración. Las citas que aparecen a lo largo de este libro son frases textuales de aquellas personas que se consideran a sí mismas víctimas de abuso espiritual, aunque sus nombres reales fueron cambiados. Estas citas se usan para destacar un punto o proporcionar un ejemplo de la experiencia vivida, y se recogieron a través de tres piezas clave de la investigación. En primer lugar, el doctorado de Lisa sobre el abuso espiritual en la fe cristiana en el Reino Unido7, que recogió historias detalladas de abuso espiritual de individuos de diversas denominaciones cristianas (las citas tomadas de este estudio se indican con la abreviatura LO). En segundo lugar, una encuesta sobre la experiencia de la Iglesia8 que se llevó a cabo entre 2012 y 2013, en la que 525 personas respondieron a preguntas relacionadas con las características clave del abuso espiritual (las citas tomadas de este estudio se indican con la sigla O&K). Finalmente, el material recopilado a partir de una investigación más reciente sobre este tema9, llevada a cabo por Lisa y Justin en 2017: en esta encuesta, 1.531 personas respondieron preguntas específicas sobre el abuso espiritual, de las cuales 1.002 indicaron haber tenido la experiencia personalmente (las citas tomadas de este estudio se indican con la sigla O&H). Por lo tanto, el libro tiene una clara base probatoria, pero está escrito de una manera que debería permitir un fácil acceso para entender los hallazgos y las implicaciones de nuestra investigación.
Vivimos en una época en la que se han descubierto muchas historias de abusos. El escándalo que rodea al productor de cine de Hollywood Harvey Weinstein ha llevado a un creciente reconocimiento del abuso como una experiencia a menudo oculta, algo más común de lo que se solía reconocer. Somos parte de un tiempo en que se presta cada vez más atención a la coacción y el control. En 2013, la definición británica de violencia y abuso doméstico cambió para incluir el control coercitivo como una forma de abuso y un factor en esta experiencia. Hasta la fecha, esto se refiere a los que están –o han estado– en una relación íntima o en una relación familiar entre sí. Sin embargo, muestra que se está comenzando a reconocer que la coacción y el control son dañinos, y que necesitamos saber más sobre ellos. Si bien muchas de las historias compartidas son externas al contexto de la fe cristiana, a medida que se cuentan más historias, existe una comprensión cada vez mayor de que el control coercitivo ocurre en estos contextos.
Por lo tanto, es oportuno e importante pensar en esta cuestión ahora. La Iglesia a menudo se encuentra en la posición de tener que responder a las acusaciones de abuso y, por lo tanto, con frecuencia es vista como reactiva, respondiendo a los testimonios a medida que aparecen. Nuestra esperanza es que este libro sea, al menos en parte, proactivo, que exponga los temas y nos ayude a pensar en ellos, para que la Iglesia pueda estar a la vanguardia en enfrentar el control coercitivo y ayudar a otros a hacerlo.
En ocasiones hemos recibido críticas porque nuestro trabajo se centra en la fe cristiana y la gente siente que al hacerlo podríamos estar dándole al mundo otra razón para criticar a la Iglesia. Pero nuestra investigación se centra en la fe cristiana porque es la que ambos compartimos. Es el contexto de fe en el que trabajamos, entendemos y nos sentimos más conectados. No estamos diciendo que el abuso espiritual solo ocurre dentro del contexto de la fe cristiana. En eventos multi-religiosos nos han dicho que nuestro trabajo es transversalmente relevante en las tradiciones religiosas, y en el futuro otros podrían escribir sobre el abuso espiritual en diferentes tradiciones. Si bien estamos centrados en la fe de la que somos parte, y en apoyar a la Iglesia Cristiana para prevenir y responder mejor al abuso espiritual, de ninguna manera estamos diciendo que el abuso espiritual solo ocurre en el contexto cristiano.
* * *
A Lisa le gustaría agradecer principalmente a los sobrevivientes que han compartido sus historias y a todos los participantes de las encuestas de manera que podamos entender mejor esta área. Para algunos esto significó un costo mayor, por lo que es importante comenzar dándoles las gracias. Palabras de Lisa:
No quisiera dejar de agradecer a mis directores del doctorado por su apoyo al comienzo de mi camino de investigación en esta área. Estoy muy agradecida de que la Dra. Kathryn Kinmond haya continuado trabajando conmigo y mejorando la calidad de la investigación y el trabajo en esta área, y por su infalible amistad. También agradezco el constante apoyo de la organización benéfica Thirtyone:eight en mi trabajo sobre el abuso espiritual. Es gracias a su estímulo y financiamiento que pudimos continuar este trabajo al punto de escribir un libro. En esta labor, Justin Humphreys ha sido una fuente de apoyo, un amigo crítico y un dedicado coautor. Su determinación de “hacer lo correcto” y de defender a los vulnerables es admirable.
También estoy agradecida de aquellos –demasiados para nombrarlos– que me han animado a lo largo de los años a seguir adelante. En este camino, he recibido apoyo de grupos religiosos, círculos académicos y organismos oficiales.
Pero nada de esto hubiera sido posible sin mi familia: mi marido, Tim, mis hijas y yernos, Bethan, Sarah, Jacob y Will, y mis increíbles padres John y Margaret. Ellos son mi mayor fuente de apoyo y mi mayor alegría. Aunque mi fe es central y profunda, no siempre hablo de ella, pero define quién soy. Mi esperanza es que este libro sea una herramienta que ayude a la Iglesia para que sea un lugar donde la gente esté segura y pueda florecer en todo lo que está destinada a ser.
Justin quiere agradecerles a todos aquellos que han compartido alguna parte de su camino hasta ahora, más recientemente, a sus amigos y colegas de Thirtyone:eight y al consejo directivo por su fiel apoyo y estímulo. Palabras de Justin:
Al tratar un tema tan emotivo y lleno de perspectivas divergentes, nunca dejan de sorprenderme las fuentes de apoyo que se han hecho evidentes a lo largo del camino. Igualmente, tengo el privilegio de mirar hacia atrás a lo largo de muchos años, en los que he podido ver personas y experiencias que han formado mi propio camino cristiano: desde ser alentado en mis propios dones y ministerio cuando era joven, recibir la confianza para compartirlos públicamente como adulto, hasta las tranquilas palabras de sabiduría compartidas por amigos y líderes de la Iglesia. Espero que todos sepan quiénes son y lo increíblemente agradecido que estoy.
Creo que Escapando del laberinto del abuso espiritual no existiría sin el trabajo de mi buena amiga y colega Lisa Oakley. Ha sido un privilegio compartir en este proyecto y en muchos otros en los últimos años. Me sigue inspirando tu persistencia, coraje y amor puro por la Iglesia. Sin tu fe en que este libro era posible, habría un permanente vacío en el que muchas personas seguirían luchando sin respuestas a sus experiencias y preocupaciones.
Finalmente –y como siempre– sin el amor, la fe y la dedicación de mi esposa Hayley, gran parte de lo que lo que soy y busco ser no sería posible. Para acuñar un término muy usado: ¡eres mi roca! Sabiendo que sigo siendo un valioso “trabajo en progreso” al servicio de mi Salvador, rezo para que este libro aporte algo positivo al cuerpo de Cristo en todo el mundo.
Lisa y Justin
7. N.E. Lisa Oakley, The Experience of Spiritual Abuse in the UK Christian Church, 2009. Tesis de Doctorado (PhD), Manchester Metropolitan University.
8. N.E. El nombre de la investigación es Church Experience Survey y parte de sus resultados están publicados en Lisa Oakley – Kathryn Kinmond, “Developing Safeguarding Policy and Practice for Spiritual Abuse”, The Journal of Adult Protection, 16 (2014) 87–95.
9. N.E. Lisa Oakley – Justin Humphreys, Understanding Spiritual Abuse in Christian Communities, 2017.
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El cuadro emergente del abuso espiritual
“Sería útil que este tema fuera más ampliamente reconocido, explicado y explorado en las iglesias de todas las denominaciones” (O&H).
Navegar por el laberinto
Cuando era niño o joven –dice Justin– recuerdo haber sentido emoción, miedo, y ganas de competir y colaborar cuando recorría laberintos en parques temáticos y casas de campo históricas. De niño entraba en ellos con una sensación de emoción porque quería ser el primero en encontrar el camino hacia la salida, antes que mis amigos o familia. En ocasiones, mi entusiasmo se convertía en miedo, ya que invariablemente volvía a los mismos puntos que ya había pasado varias veces antes y me preguntaba si alguna vez encontraría la salida. Llegar a callejones sin salida y entrar en caminos que eran solo vueltas de regreso al mismo lugar eran parte del desafío planteado por el diseñador del laberinto. La analogía del laberinto es una imagen poderosa del camino que emprenderás en este libro. Para llegar a explorar las características de las culturas cristianas sanas debemos primero navegar la difícil experiencia del abuso espiritual.
Puede parecer extraño pasar un tiempo considerable discutiendo el abuso espiritual en un libro que también busca explorar la creación de culturas cristianas sanas. Sin embargo, creemos que realmente no podemos explorar lo que es sano sin antes examinar lo que no lo es. Si realmente queremos construir culturas más sanas debemos entrar en el laberinto, mirar los callejones sin salida, investigar los caminos en círculo, explorar las múltiples rutas y finalmente encontrar la salida. Además de esto, también dedicaremos tiempo a considerar lo que es sano, ya que centrarse en lo que es bueno y sano es igualmente útil para evitar lo que no lo es. Así estaremos en una mejor posición para guiar a otros a través del laberinto e, idealmente, evitar que algunos entren en él.
¿Quién quiere estar en una Iglesia como esta?
“¡Eso me pasó a mí, y nunca nadie me creyó!” Los ojos de la mujer estaban llenos de lágrimas cuando se detuvo frente a mí en un salón repleto de gente –recuerda Lisa–. Estábamos tratando el tema del abuso espiritual y por primera vez ella escuchó su historia en voz alta. El impacto fue tan grande que en medio de la charla fue incapaz de permanecer en su asiento. Necesitaba hablar y ser escuchada. La imagen de ese momento está grabada en mi mente. Su dolor y alivio eran claramente visibles mientras hablaba: el sufrimiento de lo que había experimentado y el alivio de finalmente escucharlo en palabras. Estaba claro que su historia –y la de muchos otros– requería ser oída y respondida. Necesitábamos entender cómo la coerción y el control pueden desarrollarse en las relaciones cristianas, ya que “deja a la gente sintiéndose aplastada e indefensa” (LO). La Iglesia está lentamente aceptando el hecho de que el abuso sexual ocurre dentro de sus muros y que pasan cosas horribles en lugares donde no debería. Necesitamos alzar la mano sobre el abuso espiritual y reconocer que a veces las cosas han salido mal. Personas han sido controladas y han salido dañadas. Como dijo alguien, ella se sintió “insegura en un lugar que debería ser seguro” (LO).
Por otro lado, en una conferencia nacional que dirigió el CCPAS (ahora Thirtyone:eight) y que se celebró en 2017 en el Reino Unido para los coordinadores de prevención, hubo un debate sobre la cultura eclesiástica sana y sus características clave. Esta discusión incluía estar en una Iglesia donde podías hacer preguntas, estar en desacuerdo (¡con respeto!), trabajar en tu propio itinerario espiritual y ser nutrido mientras alimentabas a otros. Tras la conversación, se planteó la pregunta: “¿Quién quiere pertenecer a una Iglesia como esta?” La respuesta fue unánime: todos querían pertenecer a una institución sana. No fue una respuesta sorprendente, pero surgió dentro de una discusión sobre el abuso espiritual. Las personas que asistían a la conferencia habían estado en un itinerario, que comenzó con ellos explorando el abuso espiritual y que terminó con ellos enfocándose en la cultura sana de la Iglesia. Al principio de la charla se les animó a decir que “lo mejor estaba por venir”.
Para explorar el tema de la cultura sana de una manera equilibrada, debemos considerar qué tan buenas pueden ser las cosas y, al mismo tiempo, ser honestos cuando van mal. Este es el itinerario que nos gustaría emprender en este libro. Para ello, dedicaremos tiempo a comprender y explorar lo que es el abuso espiritual y lo que causa en la gente, y luego pasaremos a revisar lo que es un liderazgo sano y una cultura cristiana sana.
El desafío de explorar el abuso espiritual
“La verdad es que la gente no quiere que el mundo piense que la Iglesia que predica amor no puede vivirlo” (LO)
Explorar este tema es un desafío. Un encuestado declaró que el silencio sobre el abuso espiritual “a menudo deja a las víctimas transitando por un camino solitario e incomprendido, y el silencio nos impide darnos cuenta de la magnitud del problema en nuestras iglesias” (LO
