Evaluaciones - Rebeca Anijovich - E-Book

Evaluaciones E-Book

Rebeca Anijovich

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Beschreibung

Un manual 100% actualizado con lo que los docentes necesitan saber sobre la evaluación en el aula, escrito por dos especialistas con amplísima experiencia. 29 preguntas auténticas formuladas por docentes de diferentes niveles educativos, desde el inicial hasta el superior, en el marco del campo de la evaluación formativa. Se revisan los modos de evaluar, las calificaciones, el diseño de instrumentos, y se indaga cómo ofrecer retroalimentación para acompañar las trayectorias de cada estudiante, en recorridos presenciales, virtuales y mixtos. En definitiva, se trata de buscar nuevos sentidos a la evaluación para que sea más democrática, transparente y participativa.

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Seitenzahl: 65

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Agradecimientos

Estamos muy agradecidas con todos las maestras y los maestros, las profesoras y los profesores que se formulan preguntas acerca de la enseñanza y de la evaluación, y que nos permitieron llevar adelante diálogos profundos desafiando nuestras biografías escolares, creencias y conocimientos.

Gracias, Elena Luchetti, por acompañarnos en esta tarea desde la edición a través de sus comentarios y sugerencias.

Introducción

Compartimos en este texto preguntas auténticas formuladas por docentes de diferentes niveles educativos, en el marco de nuestro trabajo en el campo de la evaluación formativa.

Las preguntas surgen de los desafíos de abordar la evaluación desde una perspectiva diferente de la concepción tradicional. En nuestros recorridos por las aulas y por las escuelas, presenciales y virtuales, es habitual que escuchemos cuestionamientos acerca de los modos de evaluar, de las calificaciones, del diseño de instrumentos. También, preguntas acerca de cómo ofrecer retroalimentación para acompañar las trayectorias de los estudiantes.

Sabemos que cambiar un paradigma educativo no es sencillo y que requiere mucho trabajo de reflexión, de revisión de nuestras prácticas, de conversaciones y acuerdos con distintos integrantes de la comunidad educativa. No se trata de un recorrido individual, sino de un camino que requiere de acuerdos institucionales. Encontramos aquí un desafío complejo pero valioso, porque al volver a mirar cómo evaluamos, necesariamente nos referimos a cómo enseñamos.

Es por eso que este libro está estructurado en tres ejes de preguntas. Uno, sobre las concepciones acerca de la evaluación, que hace foco en el paradigma de la evaluación formativa. El segundo eje de preguntas reúne las que refieren a decisiones técnicas respecto del diseño de situaciones de evaluación. El tercer eje recupera preguntas que profundizan el abordaje de las prácticas de evaluación formativa en el aula.

Las respuestas que ofrecemos intentan un primer abordaje a los temas y de ninguna manera como verdades únicas o absolutas. Cada una de las temáticas referidas puede ser profundizada. En definitiva, se trata de buscar nuevos sentidos a la evaluación para que sea más democrática, transparente y participativa.

1

¿Qué conceptos de evaluación de los aprendizajes coexisten en la actualidad?

Referir a la evaluación implica recuperar cierto recorrido histórico de su conformación. Específicamente, el sentido de evaluar que está instalado en nuestras sociedades en mayor medida, y que se presenta en el marco del “sentido común de la evaluación”, es lo que se conoce como el enfoque tradicional. Partimos de describir y valorar el enfoque tradicional de evaluación identificando las prácticas que se llevan adelante poniendo foco en:

La verificación de los aprendizajes: ¿el estudiante sabe o no sabe? Se trata fundamentalmente de medir.

Lo que se denomina cultura del examen, que desplaza el eje de la enseñanza y el aprendizaje al eje de la evaluación. Es decir, se aprende (y se estudia) para aprobar un examen.

La selección y clasificación de los estudiantes: “Aprueban los más capaces, los que más estudian”. Es el examen y su aprobación el que legitima la pertenencia a un determinado grupo. En muchas oportunidades, las familias coinciden con esta apreciación, dado que han sido formadas con estas mismas ideas acerca de qué significa evaluar.

La arbitrariedad y opacidad al calificar: “¿Por qué me pusieron un 5?” es una de las preguntas que un estudiante se formula, dado que habitualmente no comprende cuáles son los criterios en el marco de los cuales ha sido evaluado.

El ocultamiento de los criterios: falta de transparencia acerca de qué importa mirar de la producción o el desempeño de los estudiantes.

La nota de “concepto”, que involucra criterios no siempre visibles, y, por lo general, muy diversos y mezclados: conducta, aprendizaje, situación familiar, trayectoria, entre otras.

El uso de instrumentos de evaluación como castigo: el conocido “saquen una hoja”.

Las evidencias declarativas de aprendizaje: requieren solo evocar información de memoria y repetirla para dar cuenta de que se la posee, sin necesariamente comprenderla, contribuyendo al aprendizaje superficial.

La división entre enseñar y evaluar: se enseña primero, y se evalúa solo al final.

La mirada homogénea a la diversidad de los estudiantes: se evalúa siempre a todos de la misma manera y con los mismos instrumentos.

Este enfoque tradicional promueve el “enfoque de evaluación del aprendizaje”, haciendo foco en los resultados. Un enfoque alternativo al modo tradicional es considerar la evaluación “para el aprendizaje” o “evaluación como aprendizaje”.

El sentido que se le atribuye a la evaluación para el aprendizaje, propuesta por una red internacional de investigadores en Londres en 2006 y en Nueva Zelanda (Klenowski, 2009), es que tiene que formar parte de la práctica cotidiana de los estudiantes, profesores y entre pares, buscando mejorar los aprendizajes a través del diálogo, la observación, la reflexión.

Se trata, como plantean Dylan Wiliam, inglés (2011), y Susan Brookhart, estadounidense (2013), de ir formando mientras se aprende, ofreciendo retroalimentaciones para que cada estudiante avance, reconociendo sus fortalezas y debilidades, promoviendo situaciones en las que se dé cuenta no solo qué aprende, sino cómo lo hace, y de eso se trata lo que reconocemos como metacognición.

La evaluación para el aprendizaje enfatiza en lo situacional: centra el valor de lo que se está aprendiendo en contexto y en la calidad de las interacciones y los vínculos en el aula.

Podemos caracterizar a la evaluación para el aprendizaje considerando:

La necesidad de compartir con los estudiantes los objetivos de aprendizaje y los criterios de evaluación. No alcanza con comunicarlos al comienzo del año escolar y compartirlos con las familias para que se notifiquen, sino que es necesario avanzar unos pasos más: lograr que los estudiantes se apropien de los objetivos y criterios, los expliquen con sus propias palabras, los usen como referentes de sus aprendizajes.

La coherencia con la propuesta de enseñanza.

La necesidad de utilizar variedad de instrumentos de recolección de evidencias de aprendizajes, acorde con la complejidad de los aprendizajes y la heterogeneidad de los estudiantes.

El diálogo, que promueve una práctica metacognitiva (aprender a aprender) para los estudiantes, y que permite que identifiquen dónde se encuentran en su proceso de aprendizaje, en qué han avanzado, qué han logrado y que necesitan alcanzar aún.

Prácticas de autoevaluación para lograr la autorregulación.

Prácticas de retroalimentación entre pares que promueven relaciones horizontales e instalan una cultura democrática y prácticas de retroalimentación ofrecidas por los docentes.

La evaluación para el aprendizaje es formativa para los estudiantes, pero también para los profesores: al mirar las producciones y desempeños de sus estudiantes pueden reorientar sus propuestas de enseñanza.

El propósito específico de la evaluación formativa es el apoyo al aprendizaje de los estudiantes, a través de darles la oportunidad para que visibilicen sus logros y reconozcan sus debilidades y fortalezas, contribuyendo así a la regulación y corregulación de sus aprendizajes.

Sumamos también los aportes de Dany Laveault, canadiense, y Linda Allal, suiza y estadounidense, quienes identifican en sus trabajos una sinergia entre la evaluación formativa y sumativa (2016). La investigación de los procesos de evaluación en el aula muestra que algunos profesores hacen un uso formativo de los datos recopilados con un propósito sumativo. Por ejemplo, analizan con los estudiantes los resultados de un examen para comprender el tipo de respuestas, las dificultades encontradas y las estrategias para mejorar esos aprendizajes.

Nos interesa aquí resaltar un aporte valioso de Alicia Camilloni (2010), referente en el campo de la evaluación en la Argentina, quien plantea la necesidad de coherencia entre la enseñanza y la evaluación, que la evaluación esté alineada con el currículo y con la programación didáctica, que los nuevos aprendizajes se apoyen en los anteriores, que lo que se enseña y se aprende sea interesante y desafiante, y que procuremos que todos los estudiantes aprendan: “Es en la congruencia de estas relaciones donde reside la ‘honestidad’ de la buena enseñanza y de la buena evaluación”.