Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Descubran la biografía de una leyenda del fútbol
En un muro de Buenos Aires apareció un día escrita una llamada a la esperanza del retorno imposible de uno de los mayores referentes de la argentinidad: “Volvé, Cortázar, total, ¿qué te cuesta?”. Así nos sentimos durante años los que vemos el mundo en rojiblanco, con respecto a la ausencia palpitante de Fernando. Cada vez que subían las mareas le gritábamos al mundo: “Vuelve, Niño, total, ¿qué te cuesta?”. Pero los años pasaban y, al despertarnos, Fernando nunca estaba aquí.
¿Y tanto anhelo por qué? Porque Fernando nunca fue uno más. Desde que apareció en el primer equipo allá por 2001, lo tuvimos claro: si había esperanza en el futuro, si había un símbolo al que asirse, si había una imagen que vender o un nombre con el que honrar la camiseta, ese era Fernando Torres. Años oscuros en los que la única luz aparecía de los fogonazos que sus arrancadas, plenas de potencia y ganas de comerse el mundo, iban dejando a su paso. Fernando era el hombre.
El día que sus destinos se separaron, se lesionaron de pena muchos corazones y, el primero, el del propio Torres. Desde entonces, ambos, afición y jugador, vivieron esos años como un exilio con final a plazo fijo: Torres volvería algún día.
Y aquí está, de nuevo entre los suyos para, tras haberlo ganado absolutamente todo, lograr lo único que le queda por hacer en el fútbol: levantar un título con su equipo de siempre, ser campeón con el Atlético de Madrid.
EXTRACTO
No es sencillo escribir sobre Fernando Torres. No lo es porque nunca resulta fácil hablar de alguien al que uno realmente aprecia. Más bien, al contrario. Entraña cierta dificultad repasar y recordar ciertos momentos en los que uno ha compartido momentos con el Niño, un futbolista y una persona de la que pocos pueden decir nada malo. Mi primer acercamiento al Niño fue en su etapa juvenil, cuando despuntaba en las categorías inferiores del club rojiblanco, donde le tocó vivir alguna situación no precisamente muy positiva: Torres tuvo una grave lesión cuando estaba en el juvenil del Atlético y quien escribe esto se encontraba en Boadilla del Monte, cubriendo el entrenamiento del primer equipo. “Es Torres, el chaval del juvenil”, se apresuraron a decirnos cuando se llevaban al Niño en un coche camino del hospital. Torres tuvo un percance serio, pero lo superó. Como fue superando cada una de las pruebas que le pusieron en el camino.
SOBRE EL AUTOR
Francisco Javier Díaz nació en 1968, en Madrid. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y lleva desarrollando toda su carrera periodística en el diario As, en el que entró en 1989. Comenzó su andadura en la información diaria del Atlético de Madrid y desde principios de los noventa ha estado ligado al club rojiblanco, lo que le ha permitido vivir en primera persona los grandes acontecimientos de la entidad madrileña: el doblete, las Copas del Rey, los cuatro títulos europeos de estos últimos años, el triunfo copero en el Bernabéu, la inolvidable Liga ganada en el Camp Nou y el descenso. Ha colaborado en algunos programas de televisión y ha escrito los libros Falcao. Nacido para el gol, Villa. Un Guaje para la historia y Fernando Torres. Un Niño de leyenda, para esta misma colección. Actualmente es jefe de sección del Atlético de Madrid en As.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 232
Veröffentlichungsjahr: 2016
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Francisco Javier Díaz ‘Picu’
Nació en 1968, en Madrid. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y lleva desarrollando toda su carrera periodística en el diarioAs, en el que entró en 1989. Comenzó su andadura en la información diaria del Atlético de Madrid y desde principios de los noventa ha estado ligado al club rojiblanco, lo que le ha permitido vivir en primera persona los grandes acontecimientos de la entidad madrileña: el doblete, las Copas del Rey, los cuatro títulos europeos de estos últimos años, el triunfo copero en el Bernabéu, la inolvidable Liga ganada en el Camp Nou y el descenso. Ha colaborado en algunos programas de televisión y ha escrito los librosFalcao, nacido para el gol, Villa, un Guaje para la historiapara esta misma colección. Actualmente es jefe de sección del Atlético de Madrid enAs.
fernando torres
un niño de leyenda
Francisco Javier Díaz 'Picu'
Fernando Torres. Un Niño de leyenda
© Francisco Javier Díaz ‘Picu’, 2015
© Diseño de cubierta: Adrián López Viamonte
© Fotografías: Cordon Press y agencias
© Al Poste, 2015
Fuencarral, 70
28004 Madrid (España)
Tel.: 91 532 05 04
www.alposte.es
Primera edición: octubre 2015
IBIC: WSJA
ISBN: 978-84-15726-49-4
e-ISBN: 978-84-15726-56-2
Depósito legal: M-27.976-2015
Impreso en España -Printed in Spain
Reservados todos los derechos. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización escrita de los titulares delcopyright. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento
de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 - 93 272 04 47).
Ella fue la que más me animó a hacer algo bonito sobre Fernando Torres. Sin saber mucho de fútbol y sin apenas conocer al Niño, casi se volcó más que yo en hacer una semblanza amena y divertida del delantero del Atlético. “Se lo merece”. Gracias, Eva, por tu paciencia y comprensión. Y gracias a los dos pequeños por los que todo esto tiene sentido (Marina y Adrián). Y a F. Sotillo Oñoro, “Soti”, el maestro en la sombra y uno de los que más sabe del Atlético. Sin ellos todo hubiera sido más complicado.
Francisco Narváez, Kiko
La llegada de Fernando al primer equipo siempre olió a obligación más que a convicción. Parecía una maniobra del club para desviar la atención de un fracaso del equipo al no ascender a Primera tras vivir en el infierno de Segunda. Muy rápido nos dimos cuenta, sobre todo Hernández y “Superlópez”, que aquel canijo con pecas llegaba para quedarse. Sus desmarques al espacio, los choques ante dos centrales que habían hecho la mili en la legión disiparon cualquier duda de que era un chico con ángel.
Cierto es que pocos consejos le pude dar a Fer en ese vestuario en el que cayó de pie. Mi cabeza, mis ilusiones, mis sueños habían abandonado mi cuerpo tras una lesión de los dos tobillos y unas maniobras de desagradecimientos que a día de hoy están cicatrizadas. El Niño fue dejando el acné y su menudez con una entereza impropia de un crío de su edad. Rápidamente cogió la bandera rojiblanca sin temblarle el pulso. Creciendo y madurando obligado por las necesidades de un equipo que transmitía inestabilidad siendo él lo único y el único a lo que se agarraba la familia rojiblanca.
En su primera etapa en el Calderón hubo muchas demostraciones de lealtad absoluta y amor a unos colores. Torres esperó y aguantó años con muchas propuestas esperando un giro de su equipo, arriesgando una posible lesión que le dejara sin un traspaso. Cumplió holgadamente como sus números y currículum lo demuestran. A pesar de que muchos lo quieran codificar por su negativa a jugar en el eterno rival, el fútbol es pasión y Fernando en España solo jugó con el equipo que sentía.
Me llena de orgullo escribir estas líneas de alguien que me emocionó en momentos inolvidables. Me hizo el guiño del arquero en el Mundial 2006 y en la final de la Europa League que ganó con el Chelsea en Ámsterdam. Me agrada escribir de alguien que ha vuelto a su casa para demostrar, aunque sea en 10 minutos, que vive y siente en rojiblanco. Gracias Fer por demostrar con el tiempo que lo tuyo es amor y agradecimiento a unos colores. De tu siempre admirado admirador.
Bueno, vamos a leer con ganas, ilusión y atención el libro que ha escrito sobre ti el Picu, un pequeño gran hombre y un pedazo de periodista.
No es sencillo escribir sobre Fernando Torres. No lo es porque nunca resulta fácil hablar de alguien al que uno realmente aprecia. Más bien, al contrario. Entraña cierta dificultad repasar y recordar ciertos momentos en los que uno ha compartido momentos con el Niño, un futbolista y una persona de la que pocos pueden decir nada malo. Mi primer acercamiento al Niño fue en su etapa juvenil, cuando despuntaba en las categorías inferiores del club rojiblanco, donde le tocó vivir alguna situación no precisamente muy positiva: Torres tuvo una grave lesión cuando estaba en el juvenil del Atlético y quien escribe esto se encontraba en Boadilla del Monte, cubriendo el entrenamiento del primer equipo. “Es Torres, el chaval del juvenil”, se apresuraron a decirnos cuando se llevaban al Niño en un coche camino del hospital. Torres tuvo un percance serio, pero lo superó. Como fue superando cada una de las pruebas que le pusieron en el camino.
La semana de su debut entrevisté a Carlos Cantarero, el entrenador que le dio la posibilidad de jugar en el primer conjunto rojiblanco. Una entrevista a doble página en el diario Asen la que el técnico no dijo nada de que iba a contar con el chico que venía emergiendo en las inferiores del Atlético. Casi al día siguiente de salir la entrevista, Torres entrenaba con el primer equipo y jugó su primer partido oficial con el Atlético, ante el Leganés, en casa, a finales del mes de mayo de 2001. No guardo muy buen recuerdo de esos días, frustrado por no haber estado atento a un momento clave en la historia de Fernando Torres. Todo lo demás sí han sido alegrías con el Niño. Buenos momentos con su padre, que acercaba al chico a las instalaciones rojiblancas de El Cerro del Espino en Majadahonda cuando el canterano aún no tenía carnet de conducir. No todos los días uno asiste en directo a la explosión de un futbolista criado en casa, educado, rojiblanco hasta la médula… Todos los que vivimos el fenómeno de Fernando Torres en el Atlético presumiremos de ello.
Torres se hizo mayor en el club madrileño, tuvo que marcharse porque el equipo se le quedaba pequeño, algunos vivimos en primera persona el culebrón de su marcha al Liverpool con pena, con mucha pena y desde la lejanía disfrutamos de sus goles con el conjunto “red”, de la misma manera que luego lo hicimos con los tantos que marcó defendiendo la camiseta del Chelsea. De la misma forma que disfrutamos, más aún, con los goles de Fernando Torres con la selección española de fútbol. Ahora hay varios jugadores del Atleti defendiendo La Roja, pero hubo un momento en el que solo estaba Torres y él representaba al Atleti, aunque en ese momento no estuviera ya en el club del Manzanares. Uno tuvo que escuchar mil cosas del Niño y de su falta de calidad, de sus errores ante el gol, de que no era un crack, de que si tal y que si cual… Envidias. Un jugador no gana todos los días un Mundial, dos Eurocopas, una Champions, una Europa League, entre otros títulos… Un futbolista que no es una primera figura mundial no juega en España, Inglaterra e Italia y no es pretendido por los principales clubes del mundo. Pero Torres sí lo ha sido, le pesara a quien le pesara.
Por mi cabeza pasan los derbis jugados ante el Real Madrid y sus lamentos por no haber podido ganar al conjunto madridista (en su primera etapa de rojiblanco), sus tantos al Barcelona, al que le tenía cogida la moral, su marcha, su retorno ante un Calderón con 45.000 espectadores en las gradas, su emotivo saludo tras la vuelta y, sobre todo, su paciencia infinita a la hora de firmar y agradar a los aficionados. A sus aficionados. Porque Torres ha sido, ante todo, un hincha del Atlético que ha tenido la calidad futbolística, la valentía y determinación para jugar en el equipo en el que soñó hacerlo. Su historia podría haber sido la de cualquier otro niño sin tanta fortuna, y eso lo sabe Torres. Y lo ha comentado siempre. Esa humildad a la hora de reconocer que le tocó a él y le podía haber tocado a otros es lo que le hace grande. Más grande, quería decir.
Este libro no quiere ser un recapitulatorio de la vida de Fernando Torres, de la que nos sabemos casi todo. Sí pretende dar voz a personas que han sido alguien en la vida deportiva del jugador del Atlético, que le han conocido desde que era niño, que le han ayudado, que han compartido con él momentos buenos y otros no tanto… La voz de las peñas, de los aficionados que tanto le adoran y quieren a ese chico de Fuenlabrada que conquistó a los rojiblancos a base de cabalgadas y golazos. Y también la experiencia de compañeros periodistas que han estado en momentos puntuales de la carrera de Fernando Torres. La historia del Niño ya está escrita, pero aún se pueden contar muchas cosas más de un jugador podríamos decir que irrepetible.
El futbolista del Atlético siempre admitió que ha sido quien ha sido gracias a la familia. “Soy el hermano pequeño. Cuando mi padre no podía, mi hermana dejaba de estudiar y me llevaba a entrenar. Si no, era en autobús, en tren de cercanías… Casi dos horas para ir a los entrenamientos. Pero nunca he sentido la presión de que lo que hacían tenía que ser recompensado. Mi madre me decía que cuando no me compensase, me apuntase al equipo del barrio. Si no hubiera estado feliz, habría vuelto a Fuenlabrada. Mi ambición no era ser futbolista. Yo solo me lo pasaba bien”, reveló a Juan Luis Cano, la mitad de Goma Espuma.
Una persona normal, con una vida normal para ser una estrella del fútbol. Casado con su noviade siempre, Olalla Domínguez, con la que contrajo matrimonio el 27 de mayo de 2008 (un 27 de mayo, pero de 2001 debutó con el primer equipo rojiblanco, en el encuentro ante el Leganés). Con dos hijos (Nora y Leo), amante del cine y de la música (“siempre escucho música rock, soy rockero, Foo Fighters, Incubus, Red Hot Chili Peppers…”), el Atlético vivió una revolución social con su llegada a principios del mes de enero de 2015. El gran regalo de Reyes para muchos aficionados del Atlético. El 4 de enero es una fecha imposible de olvidar tanto para él como para los seguidores del club madrileño. Tres goles en Liga (Getafe, Villarreal y Levante) y otros tres en Copa (dos frente al Real Madrid y otro ante el Barcelona) es su balance en sus cinco primeros meses como nuevo jugador del Atlético. Al comienzo de esta campaña 2015/2016 ya ha marcado dos tantos en Liga, ante Barcelona y Eibar. Pero, por encima de todo, el club madrileño recuperó a uno de sus hijos pródigos, a una de sus señas de identidad de los últimos años. Su retorno al Atlético fue la mejor noticia en un club en continuo crecimiento. Ojalá que dentro de poco la entidad madrileña pueda tener más “Niños”, pero para muchos de nosotros nunca será igual.
Ahora sí, después de haber comenzado a escribir estas primeras líneas a modo de resumen, a uno le va a resultar mucho más sencillo hablar de Fernando Torres, el Niño del Atleti.
El 4 de enero de 2015 pasará a los anales de la historia del Atlético de Madrid. Fue un día inolvidable para Fernando Torres y para muchos de los que estuvieron esa mañana de invierno en el estadio Vicente Calderón. A las 13:50 horas de aquel soleado domingo, muchos seguidores del club madrileño vieron cómo se cumplía uno de sus grandes deseos. A esa hora, los más de 45.000 espectadores que llenaron el feudo madrileño aplaudieron a rabiar cuando vieron al Niño salir por el túnel de vestuarios con su camiseta rojiblanca (con el 19 a la espalda) y de la mano de sus dos hijos, Nora y Leo. El momento que prácticamente todos los seguidores del Atlético estaban esperando había llegado. Fernando José Torres Sanz, el Niño, volvía a enfundarse la camiseta rojiblanca siete años y medio después de su marcha, tras haber jugado en el Liverpool, Chelsea y Milan. En el fondo, Torres ya sabía en el verano de 2007 que su marcha no era un adiós sino un hasta luego, y así lo comentó aquel triste 4 de julio que anunció su fichaje por el Liverpool en una abarrotada sala de prensa del club madrileño, acompañado por Enrique Cerezo y Jesús García Pitarch, presidente y director deportivo de la entidad del Manzanares. El Atlético había intentado antes su regreso, pero las condiciones no se habían dado y el Niño no había podido recalar en el club del Manzanares. Ahora sí, ahora el Niño estaba de vuelta.
Volvamos a ese 4 de enero de 2015 en el que el Calderón, Torres y el Atlético fueron noticia mundial. Algunos pueden pensar que el autor de este libro exagera, pero 200 periodistas cubrieron el acto y muchos medios conectaron en directo con el recinto donde juega el Atlético. El Niño es un jugador con un enorme tirón mediático, no solo en España. Fuera de nuestro país lo es aún más: en Inglaterra, en Alemania, en los países asiáticos… Torres colapsó la actualidad deportiva de esa jornada.
Pocos momentos después de salir por el túnel de vestuarios, Fernando Torres, visiblemente emocionado, se dirigió al centro del terreno de juego para saludar a una afición que nunca dejó de ser la suya. Sus primeras palabras así lo pusieron de manifiesto: “Qué bonito volver a casa. Algún día me tendréis que decir qué he hecho yo para merecer todo esto”. El Calderón se vino abajo y aplaudió estas palabras como si hubiera marcado un gol Gabi o hubiese dado una asistencia Koke, otros dos ejemplos de amor y fidelidad a lo rojiblanco.
Cuando Torres saltó al césped, la mayoría de los aficionados llevaban ya varias horas abarrotando el Calderón, desde primeras horas de la mañana. El futbolista había cumplido antes que nada con su obligación y se había entrenado en las instalaciones de Majadahonda, a las órdenes de Simeone, al que conocía bien de su etapa de futbolista. Simeone y Torres compartieron vestuario cuando el Niño comenzó su andadura en el conjunto rojiblanco y con ese punto a favor iniciaba el futbolista su nueva etapa en el Atlético. Eso, no obstante, no significaba que nadie le fuera a regalar el puesto, tal y como ya había dicho el Cholo tras el fichaje del delantero y como demostró luego durante la segunda parte de la temporada.
Desde primera hora de ese 4 de enero hubo colas en el Manzanares, esperando para entrar en el campo. El club había anunciado que los seguidores podrían entrar por un determinado número de puertas, algo habitual en este tipo de presentaciones, pero las previsiones de los dirigentes de la entidad se vieron desbordadas ante la avalancha de hinchas y, finalmente, las puertas se tuvieron que abrir antes de tiempo y hubo que habilitar muchos más accesos para que nadie se quedara fuera. Hubo carreras, gritos, nervios… Muchos pensaron por un instante que se iban a quedar fuera en el día grande del retorno del Niño. No fue así. Se llenaron los dos fondos, la grada lateral y parte del segundo anfiteatro de la zona de preferencia. El ambiente que se vivió en el estadio fue muy parecido al de un día de fútbol, al de un encuentro de competición oficial. La media en los partidos que el Atlético disputó durante toda esa temporada fue de 48.000 espectadores y Torres, por sí mismo, había congregado casi a ese número de personas. Nunca antes en el Atlético se había vivido algo igual. Y muchos creen que será casi imposible que vuelva a suceder lo mismo con cualquier otro futbolista. El listón había quedado muy alto en años anteriores con las presentaciones de Radamel Falcao y de David Villa, dos jugadores que fueron recibidos por la afición madrileña con gran júbilo. Pero la del Niño batió lo anteriormente visto y destrozó las previsiones. A partir de ahora, cuando el Atlético presente a algún jugador de gran nivel, seguro que lo compararán con ese 4 de enero de 2015. El que venga, casi seguro que perderá en esa posible comparación.
La gente esperó pacientemente la salida de su ídolo viendo sus goles por los videomarcadores y cantando, también acordándose del eterno rival, al que el Atlético se iba a enfrentar tres días después. El momento más importante de toda la mañana llegó cuando el Niño se dirigió a todos los presentes, jóvenes, mayores, niños y niñas que estaban deseando escuchar al jugador del Atlético. Algunos de ellos no habían podido ver en acción al delantero rojiblanco, pero sí habían escuchado de boca de sus padres o de otros aficionados cómo jugaba al fútbol el delantero rojiblanco: “Llevo mucho tiempo esperando este momento. Es un placer volver a este estadio vestido de rojiblanco”, comentó el delantero ante la locura general de una grada que no paraba de corear su nombre e interrumpirle en su discurso. Pero el Niño siguió hablando ante su gente. Y lo hizo prometiendo alegrías para esa afición incansable, esa hinchada que desde el primer día se alineó al lado de su futbolista. “El Atleti es un equipo campeón, a la altura de su historia y de su afición. Vamos a disfrutar todos juntos de esta etapa. El año pasado fue maravilloso, pero es un paso más. Seguís siendo la mejor afición del mundo”, dijo el delantero entre los aplausos de la grada.
Torres saboreó ese momento como pocos antes, quizá consciente de que estaba viviendo una jornada única en su vida. En el club entendían que habían fichado un gran futbolista y también un jugador bandera, uno de esoscracksque por sí solos son capaces de llenar estadios, vender miles y miles de camisetas y aunar esfuerzos colectivos. Cerezo y Gil Marín disfrutaron también con ese retorno.
El Niño se lo pasó en grande. Dio una vuelta al campo regalando balones a una grada llena de familias enteras de aficionados rojiblancos, muchos de los cuales ya llevaban su camiseta con el 19 a la espalda. El 19 que antes había portado Kiko, uno de los ídolos del delantero rojiblanco. Torres nunca pudo jugar al lado del jerezano. De hecho, el día que Torres debutó, ese 27 de mayo de 2001, lo hizo sustituyendo a Luque, y Kiko, otro símbolo para muchos de los aficionados rojiblancos, no jugó ese encuentro en elCalderón. Kiko sí jugó el fin de semana siguiente, 3de junio, en Albacete. El jerezano lo hizo hasta el minuto 75 de partido cuando entró en su lugar Fernando Torres, quien cinco minutos más tarde anotó de cabeza su primer gol como jugador rojiblanco. Ese tanto le lanzó al estrellato. Había nacido una figura. Kiko, casi sin quererlo, había dado el relevo a una leyenda del Atleti.
Pero aún quedaban emociones fuertes en esa mañana de invierno en el Vicente Calderón. La gente le pidió al delantero del Atlético que se besara el escudo, si bien un poco antes el futbolista quiso señalar lo siguiente: “El amor a unos colores se demuestra dejándose la vida en el campo. El miércoles (partido en el que el Atlético jugó ante el Real Madrid en Copa del Rey, con victoria rojiblanca por 2-0) nos vemos otra vez y espero que sea por mucho tiempo”. Torres, como no podía ser de otra manera, se besó el escudo de su camiseta. Tocaba la hora de despedirse de esos 45.000 aficionados que se habían congregado en el Vicente Calderón. Sonó el himno del Atlético de fondo y el Niño, desde el primer momento pensando en el “partido a partido” del Cholo Simeone, no paró de citar a su gente para el choque copero del miércoles. Nadie se quiso perder su presentación como rojiblanco.
Poco antes de salir al terreno de juego vestido de corto, el delantero rojiblanco había atendido a los medios de comunicación en una abarrotada sala vip del Manzanares. Igual que había sucedido siete años y medio antes con su marcha, Torres acaparó toda la atención informativa. “A nivel personal soy más maduro y feliz. Tengo a mi familia y eso para mí es fundamental. A nivel deportivo me fui siendo un chico de 24 años que comprendió a esa edad tan temprana algo muy duro. Necesitaba marcharme para que el club y yo pudiéramos crecer. Fue el momento más duro de mi carrera, pero gracias a Dios el tiempo nos ha dado la razón. Hemos crecido, el club ha ganado títulos, ha construido un equipo sólido y por mi parte he conseguido los títulos que buscaba. Estoy deseando ganarlos aquí porque me quedan muchas cosas por ganar. Ojalá lo consiga y si no, el esfuerzo habrá merecido la pena”.
Efectivamente. Fernando Torres se fue del Atlético, porque el equipo se le había quedado pequeño. Un Atlético que peleaba por entrar en Europa y nunca lo conseguía. Un Atlético que penaba el haber estado dos años en Segunda División. Siete años y medio después, y en parte gracias al dinero que el club ingresó por su traspaso, el club madrileño está entre los ocho mejores del continente. El Atlético ganó en ese tiempo una Liga, una Copa del Rey, una Supercopa de España, dos Europa League y dos Supercopa de Europa. Y jugó la final de la Champions que se le escapó al equipo rojiblanco por unos segundos. Ese era el Atleti que soñó el Niño cuando estaba en las inferiores del club y en el que tanto ansiaba jugar.
A Torres, por su parte, tampoco le había ido mal en esos años fuera de Madrid. Figura indiscutible del Liverpool, donde la afición le adoró como si fuera uno de los suyos de siempre, ganó posteriormente títulos en el Chelsea, ahora el club más importante de la Premier y uno de los más fuertes del continente. Torres ganó una Champions y una Europa League con la entidad londinense y también una FA Cup. Tampoco son títulos que se ganen todos los años. Tanto al jugador como al club les había ido bien por separado, habían aprovechado esas temporadas en las que habían permanecido separados. Pero tocaba volver a juntarse.
“Este equipo es muy competitivo. He sufrido desde fuera, me he emocionado con las victorias y he sufrido con las derrotas. El año pasado es un ejemplo de lo que es este club. Estoy encantado de estar de vuelta porque siempre es bonito volver a casa y quisiera dar las gracias a todas las personas que han hecho posible que esté aquí: a Enrique Cerezo, a Miguel Ángel Gil, a Caminero, a Simeone y al Profe Ortega, que me han hecho ver que me querían, que era un jugador muy importante, y a mis compañeros por el recibimiento. Desde el primer día he sido uno más y me van a ayudar a entender a un equipo campeón que he visto desde fuera y que quiero disfrutar desde dentro”. Disfrutar. Quizá esa fue la palabra clave para entender el regreso del Niño. Disfrutar del equipo como antes no había podido hacerlo. Disfrutar de una hinchada más que nunca orgullosa de los suyos. Disfrutar al ver a tantos y tantos niños y niñas vestidos con la camiseta rojiblanca. Cada vez más. Disfrutar. Fernando Torres sabe, a sus 31 años, que la carrera profesional de un futbolista no se estira así como así. Sin necesidades económicas, con un gran prestigio (quizá más fuera de nuestro país que en España), Torres venía al Atlético a disfrutar.
Lo que se siguió viviendo en los días posteriores a su presentación fue digno casi de un estudio sociológico. El retorno del Niño coincidió con las vacaciones escolares por las fiestas de Navidad. Incluso másde alguno se tomó este hecho como el verdadero regalo de Reyes. Antes de ser presentado, Torres ya supo lo que le iba a esperar. En sus dos primeros días como jugador rojiblanco, estuvo firmando autógrafos durante tres cuartos de hora. Más de 250 hinchas se pasaron cada día por las instalaciones de Majadahonda esperando una firma, una foto, un saludo, un beso… Cualquier cosa con tal de estar apenas unos segundos al lado de su jugador favorito. Tres cuartos de hora sin moverse del sitio saludando a unos y otros, regalando sonrisas y prometiendo dejarse todo por el bien del Atlético.
En sus primeros entrenamientos se dieron muchas anécdotas. El club tuvo que pedir refuerzos a la Guardia Civil para acordonar la zona donde se habían congregado los aficionados del club madrileño. Y al final de las sesiones de autógrafos, los propios efectivos de la Guardia Civil le pidieron al Niño hacerse una foto con él. Algunos hinchas le hicieron al jugador del Atlético una petición muy especial: “Fernando, por favor, hazle dos goles al Real Madrid en Copa”, le rogaron los seguidores. En el partido copero de ida celebrado en el Calderón, lleno hasta la bandera, el conjunto del Cholo ganó 2-0, tal y como ya ha quedado dicho. Torres no marcó, pero pudo, por fin, festejar un triunfo ante el eterno rival. En su anterior etapa como rojiblanco se quedó con las ganas de celebrar alguna victoria frente al Real Madrid. En sus nueve derbis anteriores ante el equipo madridista, no había podido ganar ninguno y en esta ocasión se llevó una doble alegría: debutó con el Atlético en su nueva etapa como futbolista rojiblanco y contribuyó a la victoria, por fin, ante los blancos.
En el partido de vuelta, el 15 de enero, jugado en un estadio Santiago Bernabéu con lleno hasta la bandera, el Atlético empató a dos goles y pasó a la siguiente ronda. El autor de los dos goles fue el Niño, quien, de esta manera, pudo satisfacer la petición que le habían hecho algunos aficionados del conjunto madrileño nada más llegar al Atlético. Torres hizo un doblete en el minuto inicial de cada tiempo ante la desesperación de la hinchada madridista que se las prometía muy felices. Además, esa doble diana sirvió para romper otra maldición que llevaba encima desde su anterior etapa como rojiblanco: nunca antes había marcado en el Bernabéu.
Ahora, a su regreso, sí lo hizo. Dos goles que valieron para tumbar al Real Madrid en la Copa del Rey. Definitivamente, ese mes de enero de 2015 no lo podrá olvidar nunca Fernando Torres. El Niño había regresado a su casa. Y lo hizo a lo grande. Como le corresponde a un futbolista de su talla y a un ídolo para siempre de la familia rojiblanca.
