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Así como, en la actualidad, algunas personas practican fitness para ponerse o mantenerse en forma, otras echan en falta algún método para hacer nacer o desarrollar su vida espiritual. Los ejercicios que propone este libro solo requieren unos minutos cada día, aunque se pueden prolongar lo que se precise; en principio, con cinco o siete minutos, cuando más diez o doce, por la mañana o al final del día, son suficientes. El intervalo que separa un ejercicio del siguiente, es decir, un día, no debe de ser entendido solo temporalmente, sino más bien como un espacio de atención flotante, es decir, como una actitud de escucha y de acogida hacia todo lo que nos sobrevenga, incluso lo que pudiera parecer de menor importancia. El libro está pensado para todo tipo de personas: jóvenes, mayores, casados, célibes, mujeres, varones…, solo es necesario que, como buenos deportistas, estén dispuestos a hacer algún pequeño sacrificio para llegar a la meta que en este caso es el encuentro con Jesús.
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Seitenzahl: 137
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Guy Jonquières
Fitness espiritual
Ejercicios paraestar en forma
NARCEA, S.A. DE EDICIONES
Índice
INTRODUCCIÓN
Algunas indicaciones prácticas
Consejos para un posible acompañante
Para empezar
1. ¡SILENCIO!
Esta mañana
Esta noche
2. TU TEMPERAMENTO
SI ERES TACITURNO Y SILENCIOSO
Durante la jornada
SI MÁS BIEN ERES HABLADOR
Durante la jornada
Durante un momento libre o por la noche
TANTO SI ERES HABLADOR COMO TACITURNO
Por la noche
3. TUS MIRADAS
A la hora de levantarse o al salir de casa
Mientras pasan las horas
A mediodía, en una pausa o por la noche
De vuelta a casa
4. PENSAR EN DIOS
Cuando tengas un momento libre
Al final de la jornada
5. DIOS, TU COMPAÑERO
Por la mañana
Durante la jornada
Por la noche
6. HACER A LOS DEMÁS LO QUE QUIERAS QUE TE HAGAN
Durante la jornada
Por la noche
7. TU MEMORIA
Durante el día
A mediodía, o en un momento de descanso en tus actividades, o por la noche al acostarte.
8. TUS MANOS
Por la mañana
Durante el día
Por la noche
9. HABLAR CON DIOS
Durante el día
Haz lo mismo por la noche
10. PERDONAR
Durante el día
Por la noche
11. JESÚS NOS HABLA
Durante la jornada
Por la noche
12. ESTAR CON JESÚS
Hoy
Por la noche
13. NUESTROS PESARES
Hoy
Al final de la jornada
14. EL AMOR DE DIOS
Durante la jornada
Por la noche
15. AMAR
Amar, una gran palabra
Hoy
Por la noche
16. ¡AUMENTA MI FE!
Hoy
Por la noche
17. HOMBRE Y MUJER
Para los hombres
Para las mujeres
Hoy
Por la noche
18. TUS SUFRIMIENTOS
Durante la jornada
Por la noche
19. AMISTAD
Durante el día
Por la noche o en un momento de tiempo libre
20. ENEMISTAD
Durante el día
Por la noche
21. ¿TUS OPINIONES?
Durante la jornada
Por la noche
22. ORAR LAS PALABRAS
Durante la jornada
Por la noche
23. FIJARSE EN JESÚS
Durante el día
Por la noche
24. NO CONDENAR
Durante el día
Por la noche o durante un momento de pausa
25. LIBERTAD DE CORAZÓN
Durante el día (quizás incluso durante dos o tres días)
Por la noche
26. EL PECADO
Hoy
Por la noche
27. PEDIR PERDÓN
Hoy
Por la noche
28. YO CREO EN DIOS
Hoy
Por la noche
29. MARÍA, NUESTRA SEÑORA
Hoy
Por la noche
30. LA IGLESIA
Hoy
Esta noche
31. LA MISA
El domingo próximo
Después de tu próxima misa
Ordenar mi vida
32. CÓMO UTILIZAR MI IMAGINACIÓN
33. MI RELACIÓN CON EL DINERO
Por la mañana
Por la noche
34. CUANDO VAS DE COMPRAS
Por la mañana
Por la noche
35. ENTRE DESEO Y CAPRICHOS
Por la mañana
Por la noche
36. TRABAJO Y DESCANSO
Por la mañana
Por la noche
37. DISFRUTAR Y SABOREAR
Hoy
Por la noche
38. MI SER EN RELACIÓN
Por la mañana
Por la noche
39. OTRAS RELACIONES
Por la mañana
Por la tarde o por la noche
40. MI ACTITUD ANTE EL TRABAJO
Por la noche
41. MI MANERA DE ESCUCHAR Y DE HABLAR
Por la mañana
Por la noche
42. MIS IRAS Y MIS RESIGNACIONES
Por la mañana
Por la noche
43. VERDAD Y MENTIRA
Por la mañana
Por la noche
44. LA LIBERTAD
Por la mañana
Al final del día
45. ¿PIENSAS EN TU MUERTE?
Por la mañana
Seguir a Jesús
46. ¿CREO EN EL DIOS DE JESUCRISTO?
47. “HÁGASE TU VOLUNTAD”
48. CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA
49. PETICIÓN Y AGRADECIMIENTO
50. DAR Y RECIBIR
Por la mañana
Por la noche
51. PENITENCIA, RENUNCIA, POBREZA
52. NO JUZGAR, NO JUSTIFICARSE
Por la noche
53. MI FE
54. MI ESPERANZA
Por la mañana
Por la noche
55. MI AMOR COMO CARIDAD
Por la mañana
Por la noche
56. AYUDAR, SERVIR
Por la mañana
Por la noche
57. ACOGER Y VISITAR
Por la noche
58. ADORAR EN ESPÍRITU Y VERDAD
59. “HACED ESTO EN MEMORIA MÍA”
Por la mañana
RESUMEN FINAL
¿CÓMO CONTINUAR?
Colección espiritualidad
Créditos
INTRODUCCIÓN
Al igual que practicamos ejercicios físicos o intelectuales como el cálculo o el aprendizaje de lenguas, del mismo modo podemos entregarnos a los ejercicios espirituales.
Los ejercicios que propone este libro son una apertura, un comienzo, un inicio sólido; solo requieren unos minutos cada día, aunque quien quiera puede prolongarlos. En principio, con cinco o siete minutos, cuando más, diez o doce, por la mañana (o al final del día) es suficiente. El intervalo que separa un ejercicio del siguiente, es decir, un día, no debe de ser tomado como una cuestión de tiempo, sino más bien como una cuestión de atención flotante, es decir, como una actitud de escucha y de acogida hacia todo lo que nos sobrevenga, incluso lo que pudiera parecer de menor importancia. Esta atención supone una gran libertad de espíritu y no puede ser asimilada a cualquier forma de activismo.
El mayor riesgo es el de no ser perseverantes, no mantener la constancia del esfuerzo continuo. Para los que no puedan comprometerse a hacer un ejercicio cotidiano, bastará con que se comprometan a hacer cuatro o cinco ejercicios por semana.
Si hay que interrumpir el curso de los ejercicios, conviene que no sea por más de una semana. En caso contrario, resultará difícil constatar los progresos y el interés se desvanecerá rápidamente.
Es aconsejable encontrar a alguien que haga de guía a lo largo de esta experiencia, ya que el provecho será mucho mayor; además el acompañante podrá indicar la manera más oportuna de avanzar y ayudar al ejercitante a volver sobre un ejercicio importante. Cada encuentro, que puede ser semanal, será un estímulo para no dejarse vencer por el posible desánimo.
A falta de guía y con un mínimo de voluntad, podemos aventurarnos en soledad. Hará falta descubrir el ritmo más conveniente. Normalmente no es necesario desviarse de las dificultades o problemas que sobrevendrán; será mucho mejor retomar el ejercicio que ha resultado más complicado u otro parecido.
Si fuera necesario, se podría hablar con alguien competente, de igual modo que pedimos opinión al experto cuando notamos dolor al hacer un ejercicio físico.
Cualquier cristiano que tenga una experiencia de vida espiritual y haya reflexionado mínimamente sobre ella puede ser un guía competente. De todos modos, es preferible que esa persona conozca el camino ignaciano y la práctica de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola.
Algunas indicaciones prácticas
Los momentos más oportunos para hacer estos ejercicios varían según la persona. En principio, sobre todo para quien trabaja o estudia fuera de casa, debe buscar un momento seguro que puede ser:
A primera hora: antes de salir de casa o incluso la noche anterior, retomándolo brevemente por la mañana antes de partir.
A última hora: a la vuelta a casa (incluso en el coche, si el ambiente de casa no es tranquilo), o antes de acostarse. Aunque quizá para ello haya que sacrificar algunos minutos de televisión.
Es muy posible tener que retomar un ejercicio ya hecho para profundizar en él o para asegurar su beneficio. En este sentido nunca hay que tener prisa: ¿qué más da si se necesitan algunos días para poder alcanzar la finalidad de cada ejercicio? Dios es paciente. Cada fruto llegará en su momento.
Las personas casadas pueden hacer los ejercicios al mismo tiempo que su cónyuge siempre que cada uno tenga el deseo de hacerlos de manera independiente y acepte respetar el ritmo personal del otro. Es bueno compartir la experiencia sin caer jamás en la crítica mutua.
Cuando llegue el momento de desencanto o de pesadez, el “momento de desolación”, será necesario reaccionar y resistir. Este tipo de tentaciones no son duraderas si se afrontan cara a cara.
¡Ánimo pues! ¡Dios te acompaña! Su Espíritu trabaja en ti para tu mayor provecho. Si se diera el caso de que sintieras que te equivocas o que te encallas, relee esta introducción y continua adelante.
Consejos para un posible acompañante
¿De dónde provienen los ejercicios espirituales que aquí presentamos? Quien conozca los Ejercicios Espirituales de san Ignacio, fácilmente reconocerá el modelo. San Ignacio hace hincapié en no proponer a nadie “cosas que no pueda descansadamente llevar y aprovechar con ellas” (nº 18). En efecto, la experiencia muestra que muchas de las exigencias de los ejercicios, incluso en la primera etapa, a muchos les parecen desmesuradas, quizá por exceso de preocupaciones o de interés, por falta de preparación o por insuficiencia de aptitudes incluso aunque estén deseosos de crecimiento espiritual.
Este libro aspira a ser un entrenamiento eficaz para aquellos que no se sienten con fuerzas para acometer los ejercicios ignacianos, pero que quieren formarse y profundizar en los elementos fundamentales de la vida de fe y que desean “satisfacer su alma”.
Los ejercicios que proponemos están pensados para la vida ordinaria. La indicación de cada ejercicio, que siempre va un poco más lejos que el propio contenido del ejercicio en sí mismo, facilitará el modo de utilizarlo por parte del acompañante.
No es estrictamente necesario seguir el orden establecido, aunque el recorrido es progresivo: descubrimiento de uno mismo; manera de orar; integración de la forma cristiana de vivir; inserción en la Iglesia.
El acompañante deberá conocer bien a la persona que acompaña, ya que en un momento dado tendrá que decidir si su acompañado tiene capacidad para acometer los Ejercicios ignacianos, ya sea por deseo de la persona o porque crea que le puede ser provechoso continuar profundizando.
¿A quién se le pueden proponer estos ejercicios?
• A jóvenes adultos que se preparan para la confirmación o el matrimonio, así como a catecúmenos.
• A los católicos que se encuentran en una situación de irregularidad pero que desean vivir una auténtica vida espiritual (cf. Ejercicios Espirituales, nº 172). En este caso, normalmente, el acceso a los sacramentos no les estará permitido.
• A ministros laicos (responsables de jóvenes, catequistas, etc.) sobre todo durante su período de formación.
• A cualquier cristiano (incluso religiosos, religiosas o sacerdotes) que, en un momento dado, desea reavivar su vida espiritual desde lo cotidiano sin necesidad de dejar sus ocupaciones.
Aceptaré de muy buen grado cualquier observación proveniente de la práctica que ayude a mejorar este intento.
Para empezar
¡SILENCIO!
Para iniciar estos ejercicios que casi siempre conllevan un momento de oración, es necesario aprender o reaprender a acogerte en silencio, a concentrarte al menos por un pequeño instante, a recogerte.
Al principio, evita hacerlo en plena agitación. Esfuérzate por encontrar un momento y un sitio de más calma. No es necesario llegar a un silencio absoluto. Curiosamente, una manera de olvidarse del ruido exterior consiste en escucharlo vivamente por un instante hasta que pierda importancia y desaparezca. Haz la experiencia si te ayuda.
Lo más difícil es el silencio interior: parar la “película” que desfila sin cesar dentro de nuestro cerebro. No busques hacer el vacío; sería en vano.
1. Fija tu atención en una sola imagen, en un solo sentimiento, o en un solo pensamiento o en una sola palabra durante unos instantes. Por ejemplo, céntrate en la cara de una persona a la que quieres mucho, en una frase o en una palabra que alguien te dijo y que te gustó, en un recuerdo que conservas muy vivo. Intenta hacer esto ahora o durante el próximo momento de tranquilidad.
2. Si esto te resulta difícil, intenta algo todavía más simple: llévate a la boca algo que te guste y en lugar de devorarlo, saboréalo conscientemente durante algunos segundos. En esta misma línea, también podrías acercarte a la nariz algo que exhale un delicioso perfume y olerlo atentamente. Después vuelves sobre una imagen interior, una palabra o un pensamiento.
3. Al cabo de un momento, otro pensamiento te llega y reemplaza el primero; otra imagen te sobreviene y toma el lugar de la precedente. Si hay continuidad entre los momentos, no te dispersarás.
Si los momentos son discontinuos, es una distracción. Pacientemente, vuelve sobre el primer pensamiento e intenta saborearlo de nuevo, sin dispersión…
¿Va bien? Entonces estamos avanzando y podemos dar paso a la tarea para el día de hoy.
Esta mañana
Repite dos o tres veces el ejercicio que acabas de hacer.
En los próximos días siempre habrá un punto o un tema sobre el que tendrás que fijar la atención por un momento. Insiste y vuelve sobre ello. Poco a poco irás progresando; si no, retoma este primer ejercicio cuantas veces te sea necesario.
Esta noche
Verifica si has intentado repetidamente hacer este primer ejercicio.
Aunque el resultado no haya sido extraordinario, acuéstate feliz y satisfecho, y disponte a recomenzar o a continuar mañana.
TU TEMPERAMENTO
SI ERES TACITURNO Y SILENCIOSO
Saborea esta frase de la Biblia: La boca amable multiplica sus amigos, la lengua que habla bien multiplica las afabilidades (Eclo 6, 5).
Recógete un momento, déjate impregnar por este pensamiento y disponte a hacer lo siguiente:
Durante la jornada
Di algo útil o agradable que desde hace tiempo desees decir a tu pareja, a uno de tus hijos, a tu madre, a un compañero, a un vecino o cualquier otra persona.
Después y durante un momento que estés libre, toma conciencia de la repercusión que esto ha tenido en ti.
Si esto te ha hecho feliz, pregúntate ¿por qué? Si continúas insatisfecho, ¿por qué? ¿Cómo lo harías en otra ocasión?
SI MÁS BIEN ERES HABLADOR
Gusta de esta frase de la Biblia: Sé pronto en escuchar y tardo en responder (Eclo 5, 11).
Recógete del mismo modo que ayer o que anteayer y déjate inundar por este pensamiento. A continuación, disponte a hacer lo siguiente:
Durante la jornada
Guarda voluntariamente para ti alguna cosa que no sea realmente necesaria decir. Por ejemplo, no cuentes una conversación que hayas oído, no te justifiques si alguien te hace un pequeño reproche, no grites a un niño que te exaspere, etc. Es posible que permanezcas en silencio varias veces durante el día, sin hacer un esfuerzo y por tanto, sin que nadie piense que estás callado porque te sientes disgustado o irritado.
Durante un momento libre o por la noche
Toma conciencia de tu reacción. ¿Te ha hecho bien este silencio? ¿Has evitado de este modo llevar a error a otros o provocar un incidente?
TANTO SI ERES HABLADOR COMO TACITURNO
Por la noche
Revisa la jornada. Si tienes conciencia de un comportamiento correcto, no te enorgullezcas; más bien, disponte a recomenzar los días siguientes, hasta que esto se convierta en algo natural… o casi natural.
TUs miradas
A la hora de levantarse o al salir de casa
Decide ser consciente del uso que haces de tus ojos.
De este modo vas poner en tela de juicio tu mirada.
Mientras pasan las horas
Revisa tu comportamiento. ¿Cómo miras? ¿A quién o qué miras? Hazlo principalmente cuando te desplaces en coche, en metro, en tren, en bus o a pie, por la calle o por el campo.
Pregúntate lo mismo cuando estés sin hacer nada.
A mediodía, en una pausa o por la noche
¿Tus miradas te dan paz y felicidad? ¿Te han dado más paz y apertura, o te han perturbado? ¿Sientes vergüenza por alguna de ellas?
¿Has sacado provecho de tus observaciones? ¿Han favorecido pensamientos o acciones positivas?
De vuelta a casa
¿Cuánto tiempo has pasado delante de la televisión? ¿Con que finalidad: reposo, relajación, cultura…?
¿Has desviado tu atención de tu familia o de un asunto urgente?
¿Crees que debes continuar con las mismas miradas o crees que debes cambiar algo en la manera de utilizar tu mirada? ¿Qué, en qué sentido?
PENSAR EN DIOS
En los ejercicios precedentes, no hemos hecho referencia a Dios. Quizá hayas pensado en Él y hayas revisado tu día en su presencia, o tal vez, no hayas pensado en Él para nada.
Habitúate en pensar en Dios en algún momento del día. Inténtalo hoy, por ejemplo, al comienzo y al final de tu trabajo.
Toma conciencia de aquél que te habita cuando piensas en Dios.
¿Sientes paz, dinamismo, alegría, o bien percibes a Dios como alguien tajante, represivo y lleno de reproches?
¿Quizás te estás avergonzando de ti mismo?
¿Quizás tienes algo en contra de Dios?
¿Experimentas interiormente algún otro sentimiento?
Cuando tengas un momento libre
Reflexiona sobre si tus actos son reflejo de tu manera de ver a Dios.
¿Para ti es alguien lleno de bondad, indulgente, indiferente? ¿Es exigente, frío, lleno de reproches, incluso odioso…?
Intenta responderte a ti mismo o díselo a alguien de confianza.
Por qué no decírselo a Dios mismo, como quien le habla a un amigo.
