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Cuatro sacerdotes comenzaron una web y un programa de televisión que fue seguido pronto por miles de personas, también en redes sociales. Proponen un camino espiritual, con pocas palabras, mensajes claros y respuestas sencillas. Las preguntas no tardan en llegar. Manifiestan curiosidad y un anhelo humano o una pesadumbre común a muchos: cansancio, adicción, falta de esperanza o duda. Pero también una necesidad de respuestas: ¿Qué? ¿Por qué? ¿Para qué? Las 70 preguntas seleccionadas, muy concretas y actuales, se reúnen en siete capítulos: lo que hay que creer, la vida tras la muerte, la dificultad para rezar, la Iglesia, el encuentro con Jesús, la afectividad y la fe en el día a día.
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Seitenzahl: 192
Veröffentlichungsjahr: 2022
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PIERRE-HERVÉ GROSJEAN - PIERRE AMAR
JEAN-BAPTISTE BIENVENU - GAUTIER DE CHAILLÉ
GODFULNESS
Respuestas actuales a preguntas actuales sobre Dios y la vida cristiana
EDICIONES RIALP
MADRID
Título original: Pourquoi Padre? (escrito por Les prêtes de Padreblog)
© 2022 Groupe Elidia. Éditions Artège
© 2022 de la versión española, realizada por MIGUEL MARTÍN
by EDICIONES RIALP, S. A.,
Manuel Uribe 13-15 - 28033 Madrid
(www.rialp.com)
Preimpresión y realización eBook: produccioneditorial.com
ISBN (versión impresa): 978-84-321-6260-2
ISBN (versión digital): 978-84-321-6261-9
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita reproducir, fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
ÍNDICE
PORTADA
PORTADA INTERIOR
CRÉDITOS
NOTA DEL EDITOR A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
1. NO ENTIENDO NADA DEL CREDO
1. ¿Qué significa la señal de la cruz?
2. ¿Qué significa la palabra «Amén»?
3. ¿Cómo comprender la Trinidad?
4. ¿Cómo puede Dios dejarse crucificar por los hombres?
5. ¿Qué son las indulgencias?
6. ¿Qué significa la expresión: «María concebida sin pecado»?
7. ¿Cuál es el rol de María en la Encarnación?
8. ¿Hay que pasar por María para llegar al Señor?
9. ¿Por qué el Dios del Antiguo Testamento y el del Nuevo son tan diferentes?
10. ¿Por qué los judíos, pueblo elegido de Dios, han sufrido la Shoá?
11. ¿Por qué Dios no castiga ya hoy como en el Antiguo Testamento?
12. ¿Cómo conciliar la fe cristiana y teoría de la evolución?
13. ¿Por qué se habla aún de Providencia?
14. ¿Son las religiones fuente de intolerancia y de guerra?
2. HÁBLEME DE LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE
1. ¿Por qué personas buenas mueren precozmente?
2. ¿Encontraremos a nuestra familia en la vida eterna?
3. ¿De dónde viene la noción de purgatorio?
4. Cuando se rechaza creer en Dios, ¿se va al infierno?
5. ¿Qué les sucede a los no creyentes después de su muerte?
6. En la resurrección de la carne, ¿en qué estado nos encontraremos?
7. ¿Está la Iglesia contra la incineración?
8. ¿Por qué permite Dios la muerte de tantos inocentes?
3. ME CUESTA REZAR
1. No siento nada cuando rezo, ¿es eso normal?
2. ¿Cómo no dormirme cuando rezo?
3. ¿Se deber orar siempre de la misma manera?
4. ¿Qué lugar ocupa el ayuno en la vida cristiana?
5. En la enfermedad grave, ¿por qué permite Dios que la oración sea tan difícil?
6. ¿Quiénes son los santos y cuál es su lugar en la oración?
7. ¿Se puede rezar ante una imagen?
8. ¿Cuál es la misión de los ángeles custodios y cómo rezarles?
9. ¿Qué don especial ha concedido Dios a san José?
4. EL FUNCIONAMIENTO DE LA IGLESIA
1. ¿Se puede comulgar sin estar bautizado?
2. ¿Por qué un no bautizado no puede ser padrino?
3. ¿Por qué no puedo comulgar en un culto protestante?
4. ¿Una celebración penitencial es lo mismo que el sacramento del perdón?
5. ¿Puede comulgar y recibir los sacramentos un masón?
6. Rito ordinario, extraordinario y divina liturgia
7. ¿Es necesario arrodillarse durante la consagración en la misa?
8. ¿Por qué algunos sacerdotes llevan un cuello romano?
9. ¿Por qué un hombre casado no puede ser sacerdote?
10. ¿Por qué hay diferentes formas de vida consagrada?
5. ENCONTRAR A JESÚS Y DARLO A CONOCER
1. Yo dudo en llamar a la puerta de un presbítero
2. ¿Qué significa tener un encuentro con Jesús?
3. Cuando se tiene la fe, ¿se es más feliz?
4. Siento la necesidad de volver a Dios
5. ¿Se puede explicar racionalmente la fe en Dios?
6. No me atrevo a decir que soy católico. ¿Eso es grave?
7. ¿Cómo podemos evangelizar el mundo actual que rechaza a Cristo?
8. ¿Cómo dar testimonio del Evangelio a los musulmanes?
9. ¿Cómo comprender la parábola del Evangelio sobre la puerta angosta?
6. LA AFECTIVIDAD
1. Soy adicto a la pornografía, ¿cómo salir de esto?
2. Es difícil no tener relaciones sexuales antes del matrimonio
3. ¿Se puede decir que el celibato no elegido es una vocación?
4. ¿Cómo encontrar el alma gemela con la que casarse?
5. ¿Puede sustituir el matrimonio religioso al matrimonio civil?
6. ¿Perdonar a mi marido infiel depende de su arrepentimiento?
7. ¿Cómo continuar viviendo mi vocación de esposo ante el divorcio?
8. ¿Cómo portarme cuando mi madre divorciada se vuelve a casar?
7. MI FE EN EL DÍA A DÍA
1. La misa me aburre. ¿Está hecha para mi edad?
2. Mi hija no se está quieta en misa, ¿qué hacer?
3. Mis nietos no están bautizados
4. ¿Qué decir a mi nieto que rechaza la confirmación?
5. ¿Tiene en cuenta la Iglesia a la juventud?
6. ¿Cómo discernir una vocación religiosa?
7. ¿Puedo vivir mi fe sola, sin acompañamiento espiritual?
8. ¿Cuáles son los pecados que nos impiden la comunión con Dios?
9. ¿Qué pensar de un cuadro de Buda en una familia católica?
10. ¿Tienen los animales alma y espíritu?
AUTOR
NOTA DEL EDITOR A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
El sacerdote Pierre-Hervé Grosjean creó hace años la web francesa Padreblog, con la ayuda de otros sacerdotes. Comenzaron también a emitir un programa (Pourquoi, Padre?) en una televisión católica francesa, seguido por miles de personas cada martes por la tarde, y con una enorme difusión en redes sociales. Cada episodio de tres minutos es empleado luego por parroquias, movimientos juveniles, capellanías, catequistas y familias católicas, que lo utilizan como instrumento de diálogo, reflexión y formación.
¿Cómo se explica el éxito de su iniciativa? Desde 2007, sus responsables usan palabras breves, directas y atinadas sobre contenidos muy variados. «Conectados a lo esencial» (es el lema de su plataforma), muy activos en redes sociales y en YouTube, proponen a todos un camino espiritual, pistas para profundizar en la actualidad, y contenidos que saltan las fronteras de su país.
Por ese motivo, Ediciones Rialp ofrece ahora la edición en español, con una referencia posterior a textos del Magisterio y una cita de la Biblia: 70 preguntas con una breve documentación, que ayuden al lector a alcanzar una mayor plenitud en su conocimiento de Dios y en su trato personal con Él.
1
¿Qué significa la señal de la cruz?
Hago la señal de la cruz desde que era chica, pero nadie me ha explicado nunca su sentido profundo. ¿Puede decirme qué significa?
Esta pregunta nos permite profundizar en un símbolo que está en la base de nuestra oración.
Lo primero es preguntarse lo que decimos al hacer la señal de la cruz: «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Cada vez que lo decimos proclamamos lo esencial de nuestra fe cristiana: creemos en un Dios único, pero que no es solitario, un Dios Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un Dios que es comunión de amor.
La relación del Padre que engendra al Hijo, la relación del Hijo que se ofrece en respuesta todo entero al Padre, y el Espíritu Santo, el amor del Padre y del Hijo. Por tanto, cada vez que hacemos la señal de la cruz, nombramos este amor que es Dios. Y también marcamos nuestro cuerpo con la señal del más grande amor de Dios por nosotros, es decir, la cruz de Jesús, este momento último de su vida en que, de manera inmensa, nos ama hasta el fin. Cada vez que hacemos la señal de la cruz, nos sumergimos de nuevo en este amor que es fuente para nuestra vida. Marcándola en nuestro cuerpo, decimos al mismo tiempo que deseamos ser testigos de este amor por el mundo. Queremos ser como un reflejo del amor de Cristo que recibimos.
Al hacer la señal de la cruz, que termina por ser rutinaria, pero que es inmensa, llegamos a la raíz más profunda de lo que constituye nuestro ser de cristianos.
La señal de la cruz no es simplemente un pequeño gesto para comenzar a rezar. Es ya una oración. En las apariciones de la Virgen María en Île-Bouchard en 1947, la Virgen enseña a las pequeñas videntes a hacer la señal de la cruz. Y cuando la vidente la hacía ante los peregrinos que estaban en Île-Bouchard, la realizaba con una lentitud, una dignidad y una concentración impresionantes. Como si mostrase que en la señal de la cruz estuviesen contenidos íntegramente todos los misterios de nuestra salvación.
Catecismo 2157 El cristiano comienza su jornada, sus oraciones y sus acciones con la señal de la cruz, «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén». El bautizado consagra la jornada a la gloria de Dios e invoca la gracia del Señor que le permite actuar en el Espíritu como hijo del Padre. La señal de la cruz nos fortalece en las tentaciones y en las dificultades.
Lucas 23, 39-43 Uno de los malhechores crucificados le injuriaba diciendo: «¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro le reprendía: «¿Ni siquiera tú, que estás en el mismo suplicio, temes a Dios? Nosotros estamos aquí justamente, porque recibimos lo merecido por lo que hemos hecho; pero este no ha hecho ningún mal». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Y le respondió: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso».
2
¿Qué significa la palabra «Amén»?
Entre los cristianos, la palabra Amén aparece por todas partes y, sin embargo, no sé lo que significa… Explíquemelo.
Decir amén es hacer un acto de fe. La palabra viene del hebreo y quiere decir «así sea» o «que eso sea verdad». Los judíos utilizan también esta fórmula.
Por eso es una expresión que nos recuerda que hemos salido del judaísmo, de este pueblo a quien Dios habló primero. Como decía Juan Pablo II los judíos son «nuestros hermanos mayores en la fe». Jesús habrá dicho miles de veces «Amén», la Virgen María también, y los apóstoles y todos los cristianos antes de nosotros y todos los cristianos en la tierra: somos hoy algo más de dos mil millones los que terminamos así nuestras oraciones.
Decir «amén» es pues un hermoso acto de voluntad, algo así como un acto de amor. Cuando dos enamorados se dicen «te quiero», no hacen más que declarar sus sentimientos el uno por el otro. También se dicen: «Yo te quiero amar». Nunca se cansan de decir «te quiero». Nuestro amén dice todo eso: a la vez, «creo en ti» y también «quiero creer en ti». No solo es un sentimiento, es también una afirmación. Por eso los cristianos no se cansan nunca de decir «amén».
Veamos dos ejemplos. El primero es el de la comunión eucarística. Cuando el sacerdote nos dice: «El cuerpo de Cristo», respondemos: «Amén». Nuestros ojos no ven más que un poco de pan, pero diciendo «amén» afirmamos que estamos viendo otra cosa: el cuerpo de Jesús, entregado por nosotros, que se da a nosotros. Otro «amén» es el que termina nuestra señal de la cruz: después de la afirmación de la Trinidad, de un Dios único en tres personas, al concluir nuestro gesto diciendo «amén», ratificamos lo que acabamos de decir. Afirmamos que creemos en eso a pesar del misterio insondable que supone para nosotros.
Gracias por esta pregunta que permite redescubrir el valor de esa corta palabra de apenas cuatro letras. Se dice muy a menudo maquinalmente, por costumbre. Y la costumbre, todo el mundo lo sabe, puede matar el amor. Gracias por esta pregunta que viene a despertarnos.
Catecismo 1062-1064 En hebreo, Amén pertenece a la misma raíz que la palabra «creer». Esta raíz expresa la solidez, la fiabilidad, la fidelidad. Así se comprende por qué el «Amén» puede expresar tanto la fidelidad de Dios hacia nosotros como nuestra confianza en Él.
En el profeta Isaías se encuentra la expresión «Dios de verdad», literalmente «Dios del Amén», es decir, el Dios fiel a sus promesas: «Quien desee ser bendecido en la tierra, deseará serlo en el Dios del Amén» (Is 65, 16). Nuestro Señor emplea con frecuencia el término «Amén» (cf. Mt 6, 2.5.16), a veces en forma duplicada (cf. Jn 5, 19), para subrayar la fiabilidad de su enseñanza, su Autoridad fundada en la Verdad de Dios.
Así pues, el «Amén» final del Credo recoge y confirma su primera palabra: «Creo». Creer es decir «Amén» a las palabras, a las promesas, a los mandamientos de Dios, es fiarse totalmente de Él, que es el Amén de amor infinito y de perfecta fidelidad. La vida cristiana de cada día será también el «Amén» al «Creo» de la Profesión de fe de nuestro Bautismo.
2 Corintios 1, 19-22 Porque Jesucristo, el Hijo de Dios […] no fue sí y no, sino que en él se ha hecho realidad el sí. Porque cuantas promesas hay de Dios, en él tienen su sí; por eso también decimos por su mediación el Amén a Dios para su gloria. Y es Dios quien nos confirma con vosotros en Cristo, y quien nos ungió, y quien nos marcó con su sello, y nos dio como arras el Espíritu en nuestros corazones.
3
¿Cómo comprender la Trinidad?
Me intereso mucho por la religión católica, pero confieso que me cuesta comprender cómo un Dios único puede ser a la vez tres personas. ¿Puede explicarnos la Trinidad y el rol del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?
Es este un misterio inmenso que nos supera a todos y que da un poco de vértigo. Los cristianos creen en efecto que Dios es único, pero que no es solitario. Creen que Dios es todopoderoso, pero que esta omnipotencia es ante todo una omnipotencia de amor.
Está primero el Padre que ama. Luego el Hijo que es amado por el Padre antes de todos los siglos. Finalmente, el Espíritu Santo, relación de amor entre el Padre y el Hijo. Así se describe el misterio de la santa Trinidad. Se tiene la impresión de comprender, pero más bien hay que temblar y pensar en lo que escribía un día san Agustín: «¡Cuidado! Si lo comprendes, eso no es Dios». De hecho, es incomprensible porque esta omnipotencia de amor sigue siendo un misterio: 1+1+1, eso debería ser igual a 3. Y, sin embargo, desde hace dos mil años, creemos los cristianos que 1+1+1=1. Somos decididamente monoteístas.
Más allá de este aspecto misterioso que se encuentra en muchos otros aspectos de la vida, ¿qué interés tiene creer esto? El interés es que, en el corazón mismo de Dios, en su ser más íntimo, hay una verdad magnífica a la que somos todos llamados: el amor en la unidad, el amor en la comunión de personas, el amor en la relación.
En la vida de todos los días, ya sea en la de una pareja, de una familia, de un grupo de amigos, de una empresa, de un país, de una parroquia, de la Iglesia, ¿qué es lo que nos une sin disolver lo que cada uno somos? El simple deseo de vivir juntos y de hacer cosas juntos. Una comunidad de destino que se realiza en la comunión de personas: somos diferentes, pero deseosos de estar juntos.
¿Qué puede fundamentar esta unidad o ayudarnos a reconstruirla cuando está amenazada o debilitada, si no es precisamente este Dios de amor? Los cristianos creen que estamos todos enviados los unos a los otros para reproducir la comunión de personas que existe en Dios. Juan Pablo II añadía incluso que el matrimonio, en cierta manera, expresa todo eso. Pues el matrimonio es también una comunión de personas, una comunión entre un hombre y una mujer que se aman y que desean no ser más que un solo corazón y una sola carne.
Con todo, la Trinidad sigue siendo un gran misterio que no se puede explicar completamente, o más bien, que existe de un modo tal que nos supera. Eso nos ciega, un poco como el sol que no llegamos a mirar bien de frente.
Catecismo 253 La Trinidad es una. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: «la Trinidad consubstancial» (concilio de Constantinopla II, en 553). Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios: «El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza» (concilio de Toledo XI, en 675). «Cada una de las tres personas es esta realidad, es decir, la substancia, la esencia o la naturaleza divina» (concilio de Letrán IV, en 1215).
Lucas 10, 21 En aquel mismo momento, Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo y dijo: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien».
4
¿Cómo puede Dios dejarse crucificar por los hombres?
En la Pasión y muerte de Cristo: ¿quién fue crucificado, Cristo-Dios o Cristo-hombre y por qué? Sé que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre. ¿Cómo puede Dios dejarse crucificar por los hombres?
Es muy interesante preguntarse sobre este gran misterio «escándalo para los judíos, locura para los paganos», como dice san Pablo: Cristo que acepta morir, que se entrega para morir y para salvar a todos los hombres.
Viendo que este verdadero hombre es también verdadero Dios, nos decimos que su divinidad no puede morir, que tiene que ser su humanidad la que muere. Y, sin embargo, en Cristo hay una doble naturaleza tan unida que no se puede en verdad separar la una de la otra. No se puede decir, pues, que muere Dios o que muere el hombre. Es Cristo quien muere, es Jesús quien vino a dar su vida y es Dios quien se entrega plenamente para salvar a todos los hombres.
¿Por qué debe hacerlo así? Porque quiere. Dios quiere salvar a todos los hombres por este medio de amor. Hubiera podido salvar a todos los hombres diciendo simplemente: «Quiero que los hombres se salven, sean liberados del pecado original». Podría haber elegido otro camino, pero ha elegido el camino del don perfecto de sí mismo porque deseaba mostrarnos cuánto nos ama y hasta dónde era capaz de ir por amor a nosotros.
Quiere darnos este ejemplo a fin de que, a nuestra vez, pudiésemos amar a nuestros hermanos entregándonos plenamente. Y así comprendemos mejor lo que Jesús dijo a sus discípulos: «Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros como yo os he amado». Comprendemos que hay una renovación total de la fe. No estamos ya en el amor al prójimo como a nosotros mismos, como decía el Antiguo Testamento, sino en el ejemplo del don total que llega hasta la muerte.
La Madre Teresa decía: «Amar es darlo todo, hasta que duela».
Dios lo vivió en la cruz y nos muestra que es el camino que conduce plenamente a la vida.
Catecismo 599 y 609 La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica san Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: «Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios» (Hch 2, 23). Este lenguaje bíblico no significa que los que han «entregado a Jesús» (Hch 3, 13) fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios.
Jesús, al aceptar en su corazón humano el amor del Padre hacia los hombres, «los amó hasta el extremo» (Jn 15, 13). Tanto en el sufrimiento como en la muerte, su humanidad se hizo el instrumento libre y perfecto de su amor divino que quiere la salvación de los hombres (cf. Hb 2, 10.17-18; 4, 15; 5, 7-9). En efecto, aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: «Nadie me quita [la vida]; yo la doy voluntariamente» (Jn 10, 18). De aquí la soberana libertad del Hijo de Dios cuando Él mismo se encamina hacia la muerte (cf. Jn 18, 4-6; Mt 26, 53).
Juan 12, 24.27-28 «En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no muere al caer en tierra, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. […] Ahora mi alma está turbada; y ¿qué voy a decir?: “¿Padre, líbrame de esta hora?”. ¡Pero si para esto he venido a esta hora! ¡Padre, glorifica tu nombre!». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré».
4
¿Qué son las indulgencias?
Quisiera saber si las indulgencias siguen estando en vigor y en qué condiciones. ¿Para qué sirven? ¿Se pueden obtener? ¿Y por quién?
Sí, las indulgencias existen y podríamos decir que han vuelto a lo grande. Por ejemplo, el papa Francisco ha concedido indulgencias en el Jubileo de la Misericordia, en 2015-2016, para celebrar el cincuentenario de la clausura del Concilio Vaticano II.
A los grandes santuarios, pero también a las parroquias, se puede acudir con ocasión de tal o cual indulgencia plenaria. En Roma, es la Penitenciaría apostólica la que lleva estos asuntos particulares en nombre del papa: recibe varios miles de peticiones al año.
Es cierto que la doctrina de las indulgencias sigue siendo bastante oscura. La misma historia de la Iglesia conoció abusos que llegaron hasta la simonía, es decir (y es escandaloso), que se pudieron vender indulgencias.
¿De qué se trata? La indulgencia remite la pena temporal que ha causado el pecado. Pues el pecado produce dos cosas a la vez: una ofensa a Dios y un desorden. La ofensa a Dios se perdona por el arrepentimiento y el sacramento de reconciliación. Pero, una vez recibido el perdón, el desorden sigue estando ahí. Hay que reparar. Un poco como si se lamentase haber roto algo: está bien pedir perdón… pero luego hay que reparar.
Esta reparación la tenemos que cumplir nosotros y la Iglesia puede ayudarnos, a condición, por supuesto, de que ya hemos obtenido el perdón. Para eso, la Iglesia entra en el tesoro de las indulgencias del que tiene la llave. Es el papa quien lo administra, en el espíritu de lo que dijo Cristo a san Pedro: «Todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos». ¿Cuáles son las condiciones? Ante todo, hay que renunciar a todo afecto al pecado, incluso venial; luego confesarse en un plazo razonable (en los días que preceden o siguen a haber recibido la indulgencia). También hay que recibir la eucaristía y rezar por las intenciones del Santo Padre: por ejemplo, rezar el Credo, un Padrenuestro y un Avemaría.
Por supuesto, habrá que cumplir la condición para obtener la indulgencia, ir al sitio en que se concede, rezar la oración prevista o realizar lo que se propone. En el Jubileo de la Misericordia, del papa Francisco, había que pasar por una de las puertas santas.
La indulgencia es en verdad una buena nueva: el Señor es capaz de reiniciar todo en nosotros. Puede, por una indulgencia plenaria, recrearnos y renovar nuestro corazón para proseguir nuestra peregrinación hacia el Cielo. El cumplimiento de la indulgencia es de hecho un acto de fe en la victoria del Señor sobre la muerte, sobre el pecado, pero también un nuevo punto de partida en la gracia de nuestro bautismo.
Catecismo 1473
