Gracias a Dios por bitcoin - Lyle Pratt - E-Book

Gracias a Dios por bitcoin E-Book

Lyle Pratt

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Beschreibung

El dinero es un hecho cotidiano. Lo ganamos, lo gastamos y lo ahorramos. Tenemos la tentación de adorarlo y de confiar en que cubrirá nuestras necesidades. Aunque se ha escrito mucho sobre el poder, el peligro y la administración del dinero, poco se ha escrito sobre lo que es realmente y sobre si el dinero en sí es moral o no. Este vacío de información ha sido aprovechado para enriquecer a unos pocos privilegiados, esclavizar a millones y sembrar la confusión y la división en todo el mundo. ¿Cómo ha sucedido esto y qué podemos hacer al respecto? Gracias Dios por Bitcoin explora las fallas del actual sistema monetario y lo que se puede hacer para arreglarlo. Aborda la creación del dinero, su corrupción y su posible redención. Examina cómo bitcoin está redimiendo los males de nuestro corrupto sistema monetario y cómo la transición en curso hacia el dinero sólido es una fuente de esperanza para un mundo roto.

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Seitenzahl: 220

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Gracias a Dios por bitcoin

La creación, corrupción y redención del dinero

Traducción y edición María Josefina Alonso @drjonesklaus

Konsensus Network

© Trabajo original: Bitcoin and Bible Group – Lyle Pratt, George Mekhail, Jimmy Song, Gabe Higgins, Julia Tourianski, Derek Waltchack, Robert Breedlove, J.M. Bush.

Thank God for Bitcoin: The Creation, Corruption and Redemption of Money

© Traducción: María Josefina Alonso, @drjonesklaus, Konsensus Network

Todos los derechos reservados. Esta traducción se publica con el permiso de los autores.

Déjenos sus comentarios : [email protected]

ISBN

978-9916-723-28-9 Tapa dura

978-9916-723-29-6 Tapa blanda

978-9916-723-30-2 Ebook

Diseño de la tapa: Niko Laamanen

Composición tipográfica: Niko Laamanen, María Josefina Alonso

Impresión y distribución: Konsensus Network

Version 1.0.0

https://konsensus.network

Prólogo

“Los hombres pragmáticos, que creen estar libres de toda influencia intelectual, generalmente son esclavos de algún economista muerto”.

— John Maynard Keynes

Dos hombres construyeron sus casas, uno la hizo sobre una base de piedra y el otro sobre arena. Ambas casas fueron construidas con maestría para soportar los elementos, pensadas para ser robustas y seguras. Por su apariencia externa, ambas casas irradiaban calidad, fueron diseñadas con elegancia y materiales de la más alta calidad. Las elaboraron cuidando hasta el último detalle, ambas se establecieron como obras de arte. Estas dos moradas, similares en términos estructurales, eran casi réplicas la una de la otra.

Fue entonces cuando llegó una inmensa inundación. Las aguas se elevaron. Las viviendas se sacudieron por la calamidad del viento fuerte y el estruendo. Las casas cuyos cimientos descansaban sobre arena, se desplazaron. Una sutil inclinación del parapeto. La edificación que en algún momento pareció firme con una estructura robusta, ahora estaba hundida y rota mientras la arena era arrastrada por la inundación. Los cimientos se derrumbaron.

En cambio, la casa construida sobre piedra se mantuvo firme frente la tempestad que arremetía contra ella. A diferencia de la otra casa, esta edificación se mantuvo en pie. Sólida. La vivienda resistió la intensa corriente de la naturaleza. No importó la intención de ambos constructores, la permanencia de la casa no descansaba en su exterior, sino en la profundidad de sus cimientos. La diferencia estaba en el lugar dónde fueron construidas.

Ni la lujosa fachada ni la calidad del material utilizado para construir las casas importaban. La diferencia simplemente fue más evidente cuando llegaron las tormentas; en ese momento los cimientos se pusieron a prueba.

La diferencia entre las bases donde se construyeron ambas casas fue determinada por los hombres que las construyeron: uno sabio y el otro necio. El resultado de la visión del hombre sabio fue el de una vivienda resiliente, capaz de soportar las inevitables tormentas del tiempo. La consecuencia de la elección del hombre necio fue la de una casa que se derrumbó. El aspecto externo probó ser irrelevante, a pesar de que ambas casas se parecían por fuera, la base era completamente débil. Ninguno de nosotros quiere ser aquella persona a la que la tormenta le destruye su casa; sin embargo, muchos actuamos de formas que producen ese resultado.

Existen múltiples analogías en este ejemplo que son sinónimos de las situaciones de nuestra vida diaria. Matrimonios, relaciones personales y profesionales, e incluso las economías mundiales. Una base firme y fuerte es el fundamento para cualquier logro humano y con seguridad, de cualquier estructura imponente que haya aguantado la prueba del tiempo. La verdadera excelencia solo se consigue mediante la intención de construirla para durar.

La parábola original no aborda la experiencia previa de cada constructor. Lo único que se sabe es que uno era sabio y el otro necio. Si alguna vez has construido una casa o estás familiarizado con el proceso, sabrás que hay mucho que hacer antes de poner los cimientos. Primero, quién construye debe buscar un terreno. Una vez encuentra un sitio potencial, debe contratar a los expertos adecuados como topógrafos y especialistas ambientales. Si esta fase es exitosa, entonces el futuro constructor debe contactar a un arquitecto, un electricista, un plomero, y una serie de contratistas especializados.

Cada día tomamos decisiones sobre los cimientos que utilizamos para construir nuestra propia vida. Quizás la distinción entre sabiduría y la locura se entienda mejor en nuestro contexto moderno si nos preguntamos si nosotros, como constructores, reconocemos nuestras propias habilidades, y más importante aún, nuestras limitaciones. Si has notado que nuestra sociedad tiene elementos estropeados, también podrás reconocer con facilidad qué trivial y tonto resultaría el intentar descifrar todo lo que ocurre confiando solo en tu propio conocimiento. Sería peor apoyarse en la interpretacion que “el mundo” tiene de las circunstancias actuales; interpretaciones convenientemente servidas por los medios, los políticos de carrera e incluso, por los líderes religiosos.

Amigos, se está preparando una tormenta económica que amenaza los cimientos arenosos de nuestro sistema monetario. Las sociedades que hemos construido enfrentan un diluvio que continúa cambiando de manera fundamental la naturaleza del dinero en sí. Estos eventos inminentes van a reorganizar cómo la humanidad realiza transacciones, interactúa y coopera. Esta inundación de génesis —de proporciones sísmicas— está dejando sacudidos a países como Zimbabue y Venezuela, les ha robado a sus ciudadanos los recursos y el tiempo que con esfuerzo ganaron y que nunca recuperarán.

Este libro contiene una serie de revelaciones que animan al lector a evitar construir una vida sobre la arena..Tu vida debe tener unos cimientos fuertes y estables para poder apoyar tus sueños. Para que cualquier sueño se convierta en una estructura sólida, debe tener una base sólida. El acoger bitcoin es como construir una economía sobre una estructura sólida. Es un mejor dinero con una gama de utilidades ilimitadas.

Gracias a Dios por bitcoin revela el futuro. Mi deseo y oración es que todos lleguemos a entender la liberación del conocimiento que ofrece este libro. Aprender y experimentar bitcoin puede ser una experiencia de inmersión. El mundo de posibilidades del dinero en internet no tiene fin.

A medida que te sumerjas en esta lectura, te invito a preguntarte dos cosas: “¿Qué es el dinero?” y “¿Cómo puede el dinero trabajar para mi?”. Nadie más puede responderlas por ti y después de leer este libro, no vas a querer que nadie lo haga.

Noviembre 2020 — Russell Okung

Prefacio

El dinero es profundamente espiritual. Después de todo, las relaciones son espirituales y el dinero juega un papel importante en nuestras relaciones. El dinero define las relaciones de negocios. El dinero frecuentemente ejerce cierta influencia sobre nuestras relaciones familiares y personales. Incluso, el dinero relaciona a extraños por medio de intercambios económicos.

Existen muy pocas relaciones que no tienen asociación alguna con el dinero. El dinero desempeña un papel importante en cómo encajamos en la sociedad. 1 Timoteo 6:10 dice: “Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males”. El amor al dinero es motivo para cometer todo tipo de pecados: asesinato, robo, engaño y resentimiento. Cuando el dinero se usa para esclavizar, lo llamamos usura. Sin embargo, el dinero también se puede usar para hacer el bien. Nos permite llevar a cabo obras de caridad, bondad y expresiones de amor. Empodera, motiva y recompensa la creación de cosas beneficiosas. El dinero es la herramienta con la que podemos almacenar los frutos de nuestro trabajo para los días más lluviosos. El dinero es vital y está presente en casi todo lo que hacemos.

A pesar del significado espiritual del dinero, muchos cristianos lo tratan como algo banal, vulgar, mundano o incluso peor. Esta actitud no es consistente con lo que nos enseña la Biblia, donde se resalta la importancia de abordar el dinero de forma justa, correcta y sabia.

La Biblia tiene muchas metáforas monetarias. Hasta el relato de la salvación descrita a lo largo de todas las Escrituras utiliza vocabulario relacionado al dinero: pago, deuda, perdón y redención.

Debido a que el dinero es plenamente relacional, las repercusiones espirituales del dinero son extensas. La avaricia, la envidia y la codicia de poder son solo algunas de las consecuencias negativas que conlleva la idolatría al dinero. Aunque estos pecados son explícitamente condenados, se discute muy poco sobre el sistema que los potencia.

Este libro trata sobre el sistema monetario en el que vivimos y sus implicaciones morales y espirituales. El sistema monetario es para el dinero lo que el sistema de producción alimentaria es para la comida. Ocurren muchas cosas detrás de cámaras que afectan la calidad del producto final. Este libro no trata sobre finanzas personales ni administración financiera. En estas páginas vamos a describir las implicaciones morales y espirituales del proceso en sí. En términos metafóricos, nos vamos a enfocar en como funciona realmente.

El objetivo de este libro es describir los conceptos básicos del dinero, examinar los problemas reales de nuestro sistema monetario moderno y proponer una alternativa moral y esperanzadora para las aguas económicas en las que nadamos todos los días. La dominante influencia del dinero es consecuente con lo que somos colectivamente, y el fruto de nuestro sistema monetario es reflejo de nuestros valores. Teniendo esto en cuenta, a continuación se describe cómo está organizado este libro.

Los capítulos 1 y 2 responden a la pregunta ¿Qué es el dinero? El capítulo 1 describe el dinero desde un punto de vista teológico. Específicamente, se aborda el rol que juega el dinero en nuestras vidas y por consiguiente, la situación espiritual en la que nos encontramos. El capítulo 2 describe el dinero desde una perspectiva histórica. En este capítulo repasa la historia describiendo todas las innovaciones y las fallas morales subsecuentes del dinero, comenzando por los lingotes de metal hasta el sistema monetario fíat basado en la deuda actual.

Los capítulos 3 y 4 describen las herramientas con las que nuestro sistema monetario moderno ha corrompido al resto de la sociedad. El capítulo 3 analiza la inflación. Se describe este fenómeno y cómo ha destruido a muchos países. El capítulo 4 analiza el dinero fíat. Explicamos cómo éste funciona y cómo se utiliza como herramienta para robar.

Los capítulos 5, 6 y 7 examinan las consecuencias morales del sistema actual. El capítulo 5 describe cómo nuestro sistema monetario ha corrompido los sistemas políticos. El capítulo 6 se enfoca en las consecuencias individuales, mientras que el capítulo 7 se centra en la Iglesia en general.

Los capítulos 8 y 9 exploran qué podemos hacer para afrontar estos problemas. El capítulo 8 propone a bitcoin como una alternativa moralmente superior. El capítulo 9 concluye el libro con las formas en que bitcoin redime el dinero política, individual y espiritualmente.

El plano espiritual es donde encontramos significado. Nuestro tiempo, relaciones y creencias no se ven, pero están siempre presentes en nuestra experiencia. El estado del mundo es la suma de nuestras relaciones, y éstas están determinadas en gran medida por nuestro sistema monetario. Si entendemos el sistema monetario, podemos trabajar para conseguir un mundo mejor.

Sin embargo, este cambio debe empezar por nosotros mismos. La Biblia le llama a esto sabiduría, algo que es mejor que el dinero:

“¡Cuánto mejor es conseguir sabiduría que oro, conseguir entendimiento más que plata!”

— Proverbios 16:16

En las siguientes páginas esperamos transmitir mucha información y sabiduría sobre el dinero. Empecemos, entonces, con una pregunta básica: “¿Qué es el dinero?”

Entendiendo el dinero

“Mi pueblo perece por falta de conocimiento”

— Oseas 4:6

Dinero.

¿Qué viene a tu mente cuando escuchas esa palabra? ¿Cómo te hace sentir? ¿Ambicioso? ¿Abrumado? ¿Bajo presión? ¿Por qué crees que el dinero te hace sentir así?

Tus respuestas a estas preguntas revelan el poder que tiene el dinero sobre ti. Y no eres el único. Para millones de personas alrededor del mundo, el dinero conlleva sentimientos de ansiedad, alegría, angustia, estrés y humildad. El dinero ha provocado el suicidio y ha sacado a países enteros de la pobreza. Ha destruido matrimonios y ha permitido que grandes familias prosperen durante generaciones. Grandes guerras se han financiado con dinero y se han librado por él. Los efectos del dinero constituyen una parte integral de la experiencia humana. Hoy en día, esos efectos son inevitables, sin importar cuál sea tu estilo de vida o tu visión particular sobre el sistema monetario actual.

El Nuevo Testamento está lleno de términos y analogías que provienen del dinero, pero el tema es a menudo tabú entre los Cristianos. Si se habla del dinero, suele ser durante un sermón cuando se habla sobre la importancia del diezmo o en un estudio bíblico sobre la administración financiera. Pero estos temas tienen que ver con el uso del dinero y no con la comprensión del dinero en sí.

Tendemos a enfocarnos en lo que podemos comprar con dinero, dónde podemos hacer más dinero o cómo podemos gastar menos dinero. Puede que hayamos aprendido de la economía que el dinero es un depósito de valor, un medio de intercambio y una unidad de cuenta. Reconocemos que el dinero es un hecho de la vida, pero rara vez pensamos en cuestionar nuestros supuestos básicos sobre el mismo.

Tal vez nunca te has hecho estas preguntas:

¿Qué es el dinero?

¿Por qué existe?

¿Para qué sirve?

¿Cómo funciona?

Pocas personas tienen hoy en día una comprensión clara de cómo se origina el dinero, los distintos tipos de dinero que existen y las diferentes formas en que influye en la moral social.

¿Por qué?

¿No tendría sentido priorizar la educación sobre algo que es tan fundamental para las relaciones humanas? Charles Munger, Vicepresidente de Berkshire Hathaway, dijo, “Muéstrame el incentivo y te mostraré el resultado”. La razón de la falta de comprensión básica de la naturaleza del dinero es sencilla: existen incentivos enormes para mantener el concepto del dinero como algo oscuro, complejo y aparentemente imposible de entender.

El profeta Oseas, cuando hablaba en nombre de Dios, increpó a los gobernantes de Israel por no liderar ni enseñar correctamente a su pueblo. Dios explica que donde falta la comprensión básica en una sociedad, la opresión, la injusticia y el sufrimiento, no estarán muy lejos. Los pocos realmente poderosos utilizan la falta de conocimiento para explotar a la mayoría. Hoy, la falta generalizada de conocimiento es un síntoma de la explotación oculta que ocurre detrás de la oscuridad establecida por aquellos en el poder. El objetivo de este libro es iluminar esa oscuridad. Este libro pretende explicar qué es el dinero, cómo se corrompe a menudo y qué se puede hacer para solucionar los problemas existentes.

El rol del dinero

“Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

— Mateo 6:21

El dinero nos permite tomar lo que ya tenemos e intercambiarlo por lo que necesitamos.

El dinero es una fuente de poder. Puede ayudar a superar las limitaciones de la vida. No es de extrañar que muchos lo respeten, lo amen, vivan por él y hagan lo que sea para obtenerlo.

La manera en que usamos el dinero demuestra lo que creemos que es real, bueno, correcto e importante. Cuando gastamos dinero en algo, estamos afirmando en efecto: “Necesito esto y es útil para mí”. La manera en que gastamos el dinero revela lo que amamos y lo que tememos. El dinero, en otras palabras, expresa los valores de quien lo gasta.

Nuestra sociedad estadounidense moderna valora el dinero de la misma forma en que la mayoría de las sociedades veneran a sus dioses. Tendemos a verlo como un bien incuestionable que trae paz, seguridad, libertad y alegría en donde sea que esté.

Como la mayoría de los dioses, el dinero es un dios que requiere sacrificios. Y estos sacrificios se hacen en forma de trabajo. En nuestra búsqueda del dinero, sacrificamos a nuestras familias, nuestro tiempo y nuestras horas de sueño. Trabajar para adquirir dinero no es intrínsecamente malo o inmoral, pero debemos ser conscientes del peligro de considerar la ganancia monetaria como el premio final.

Es útil tener en cuenta algunos factores que a menudo se pasan por alto.

Primero, el tipo de trabajo que ejerce una persona es importante. Los sicarios pueden ganar mucho dinero, pero el hecho de que podamos lucrar haciendo algo no significa que debamos hacerlo. 

Segundo, nuestra motivación para ganar dinero es importante. El dinero no puede garantizar la seguridad, la longevidad o la felicidad. Muchas personas ricas enferman, mueren o se quitan la vida trágicamente. Muchas de las personas más miserables en la Tierra son obscenamente ricas. El dinero puede comprar casas, aviones privados y hasta equipos deportivos, pero no puede comprar la felicidad. El dinero, como medio para la realización final, promete demasiado y no cumple. Por el contrario, el apóstol Pablo le dijo a Timoteo que “la piedad con satisfacción es una gran ganancia”. El dinero puede resolver muchos problemas físicos que enfrentamos, pero hay que recordar que este fue creado como una herramienta para ayudarnos a amar a Dios y al prójimo; no para buscar la autoestima, la identidad y la felicidad.

Tercero, el tipo de dinero que utilizamos tiene tremendas consecuencias para quienes lo manejan. No todo el dinero fue creado igual. El dinero es una herramienta, y las herramientas son diseñadas y producidas únicamente después de que se identifica una necesidad u objetivo. Si una herramienta tiene un mal diseño, o si los objetivos y las metas de la herramienta son para fines inmorales, entonces aquellos que lo usan se verán afectados.

Este tercer factor es el que investigaremos en este libro. Entender para qué fue diseñado originalmente el dinero y cómo se ha corrompido con el paso del tiempo esclarecerá algunos de los problemas de la actualidad.

¿Qué tiene el dinero que causa tanto miedo e incomodidad en muchas comunidades, especialmente en la comunidad cristiana? Como creyentes, ¿cómo podemos afrontar los desafíos del dinero o apreciar su potencial para hacer el bien, si ni siquiera entendemos qué es el dinero?

El dinero, en su nivel más fundamental, es un regalo de Dios.

Creado a la imagen de Dios

“Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, a imagen de Dios lo creó”.

— Génesis 1:27

Una de las ventajas de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios es que Él nos otorgó la autoridad divina para crear cosas útiles con nuestras manos. Tener esta habilidad significa que podemos convertir el caos en orden, lo cual es una enorme responsabilidad. Como dijo G.K. Chesterton, “Las cosas muertas pueden ser arrastradas por la corriente; solo algo vivo puede ir contra ella”. Expresamos este principio —somos imagen y semejanza de Dios— principalmente en nuestro trabajo diario y en los intercambios voluntarios que hacemos. Al intercambiar unos con otros, una comunidad puede trabajar colectivamente para producir más de lo que los individuos podrían hacer aisladamente. Al colaborar, somos capaces de crear mucho más debido a que compartimos un sentido de propósito, de pertenencia y de comunidad. A esto se le conoce como el principio antientrópico. El dinero es el activo más fácilmente negociable en cualquier sociedad. Es la herramienta principal para la acción colaborativa humana —es un medio de intercambio que tiene el potencial de expandir y profundizar la naturaleza de nuestro trabajo. Una herramienta así de primordial para la prosperidad de nuestra civilización claramente es un regalo de Dios. Sin embargo, la antigua tentación de desear más que nuestro pan de cada día y codiciar riqueza nos ha planteado un dilema sobre el objeto de nuestra adoración.

El culto al dinero

“Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas”.

— Mateo 6:24

Constantemente nos enfrentamos ante la tentación de adorar a la creación en lugar del Creador. Nos seduce centrarnos más en los dones que en el Dador. Pero como dijo Jesús, este es un conflicto insostenible. Tomaremos forma de siervo, ya sea amando a Dios o adorando al dinero. 

Aunque el dinero no se entiende bien y rara vez se discute en profundidad, nuestra devoción por él es a menudo abierta y descarada. Esta devoción va más allá de las demostraciones de riquezas de la cultura pop y de nuestros intentos de tener lo mismo o más que nuestros vecinos. Asociamos al dinero con libertad, felicidad y autoestima. La cantidad de dinero que tenemos influye directamente no sólo en la forma en que nos ven los demás, sino también en cómo nos vemos a nosotros mismos.

Nuestra obsesión por el dinero no discrimina entre clases. Ricos, pobres o de clase media, muchos de nosotros parece que tenemos la misma obsesión: determinar qué podemos hacer para ganar, ahorrar, gastar e invertir dinero. ¿Será que todos somos codiciosos por naturaleza? ¿Por qué tantas personas anteponen las ganancias económicas sobre el bienestar de otros o incluso de sí mismos? La realidad es que el velar por nuestro interés propio está arraigado en nuestra existencia terrenal. Sólo podemos aspirar a crear sistemas que no conviertan el interés propio en codicia.

Comprender verdaderamente lo que es el dinero reducirá el poder que éste tiene sobre nosotros. El dinero se corrompe y por lo tanto agrava cualquier tentación, robándonos nuestra libertad. Lamentablemente, en las iglesias no se enseña mucho sobre qué es el dinero o cómo funciona. Muchos líderes religiosos tienen la misma confusión sobre qué es el dinero y se enfrentan con las mismas influencias negativas con respecto a éste, así que no es de extrañar que no prediquen sobre él.

El dinero no tiene que gobernar nuestras vidas. No tiene que ser una obsesión, y no tiene que ser una fuente de dolor en el mundo. Podemos recibir dinero con agradecimiento y verlo como un regalo que nos sirve a nosotros, en lugar de nosotros servirle a él. Hay que entender que no todo el dinero es creado igual. A lo largo de la historia, ha existido el dinero moral y el dinero inmoral. Una vez que comprendamos los cambios negativos de nuestro dinero, podremos evitar los incentivos inmorales inherentes al dinero insano que tenemos hoy. Pero antes de entender cómo el dinero de hoy nos está fallando, tenemos que tomar un paso atrás y entender qué es el trabajo y su relación con el dinero.

La ley de la siembra y la cosecha

“No se engañen: Dios no puede ser burlado. Cada uno cosecha lo que siembra.“

— Gálatas 6:7

Dios pudo haber creado cualquier tipo de mundo. Dios pudo haber hecho un mundo en donde lo único que necesitamos es pensar en algo e inmediatamente lo recibimos. Dios podría haber instituido un mundo en el que la oración es la base para lograr todo en el mundo y cada petición que se le hace es concedida.

Dios podría haber servido de mayordomo de la humanidad, creando directamente todo lo que se haría.

¿Tienes hambre?» —puf, — «Aquí hay un sándwich». «¿Tienes sed?» —puf,— «Aquí hay limonada».

Sin embargo, tenemos un Dios que desea compartir esta responsabilidad con toda su creación. Aunque creó las cosas milagrosamente en el principio, nos diseñó para ser colaboradores en el mundo y nos dio autonomía. La creación sucesiva implica la perpetuación natural. 

Es decir, Dios le da a los seres vivos la voluntad y la habilidad para sustentarse y multiplicarse. La tierra en donde se plantará una semilla tiene que ser arada para que la semilla tenga la mejor probabilidad de producir frutos. Sin esta semilla no puede haber siembra. Sin siembra, no puede haber cosecha. El trabajo precede al crecimiento. 

Como dijo Pablo en su carta a los Gálatas, la relación entre el trabajo y la recompensa es fija e inmutable. Sembrar y cosechar es un fundamento enraizado en nuestro mundo. Las inversiones y sus rendimientos son parte del diseño de Dios, lo que hace que el trabajo sea una parte integral del ser humano.

Trabajo versus robo

“El que robaba, que no robe más, sino que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados”.

— Efesios 4:28

No podemos entender el dinero sin entender el trabajo. El dinero es una parte integral de la vida porque el trabajo es una parte integral de la vida. El trabajo es lo que hacemos para crear algo de valor para nosotros y para los demás. Robar es lo opuesto; significa quitarle algo de valor a los demás. 

Los economistas dirían que robar es un juego de suma cero, es decir, que no hay beneficio neto para la colectividad. El ladrón gana únicamente a expensas de los demás. En otras palabras, trabajar es crear y robar es destruir. 

El octavo mandamiento indica que robar es malo. Incluso el mundo laico sabe que robar está en contra de la Ley Natural porque cuando nos roban, nos ofenden a un nivel primario. Robar es disolver la confianza interpersonal necesaria para una cooperación fructífera. Las emociones que resultan debido a la injusticia del robo son innatas y pueden observarse incluso en niños muy pequeños. Se han reportado sentimientos similares entre los primates y otros mamíferos. Hasta el comunista más ferviente, aquel que asegura que no cree en la propiedad privada y que odia el dinero, se molesta mucho cuando alguien le roba.

El trabajo es difícil. Implica crear algo de la nada -el conocido “fruto del trabajo”. El trabajo agrega valor, beneficiando a personas, comunidades y países mediante la creación de nuevos bienes y servicios que mejoran la vida de la gente. El trabajo que agrega valor debe ser recompensado. Robar debe ser castigado porque destruye valor. Robar daña la gloria de la imagen de Dios que poseemos y, por lo tanto, es deshumanizante e inmoral.

¿Dónde encaja el dinero?

“Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados”.

— Lucas 6:31

Jesús dijo que podemos resumir el diseño de Dios para la humanidad en dos mandamientos: amar a Dios y amar al prójimo. Desde el principio, el deseo de Dios para la humanidad fue crear un mundo en donde podamos amarnos los unos a los otros voluntariamente.

La mayoría de las personas viven en comunidades porque los humanos somos interdependientes y necesitamos cooperar con otros para prosperar. Tener una comunidad permite a los individuos desarrollar habilidades especializadas e intercambiar el fruto de su trabajo. Esto puede estar controlado de forma centralizada por un órgano de gobierno o ser voluntario en función de la demanda. En el capítulo 5 hablaremos de la “cooperación” controlada centralmente, pero la principal manera en que las comunidades han funcionado a lo largo de la historia ha sido el intercambio voluntario.

Aquí es donde entra el dinero.

El dinero actúa como una herramienta poderosa para medir el valor del trabajo. Uno de los beneficios principales de las comunidades es la capacidad de especialización. Sería muy difícil para cualquier persona moderna tener que cultivar sus propios alimentos, construir su propia casa y confeccionar su propia ropa. La especialización significa que cada persona produce distintos bienes y servicios. ¿Cuánto vale cultivar trigo? ¿Cuánto valor tiene construir una casa? ¿O fabricar una camiseta? El dinero nos da una herramienta para intercambiar y calcular el valor de todas estas cosas.