Guatemala - Eduardo Galeano - E-Book

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Galeano Eduardo

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Una denuncia ignorada durante más de cincuenta años. Un antecedente directo de Las venas abiertas de América Latina. En 1967, un jovencísimo Eduardo Galeano emprendió un viaje que marcaría su carrera como periodista y su sensibilidad política para siempre: pasó varios meses en Guatemala con el objetivo de entrevistar a los líderes de los dos grupos guerrilleros –las FAR y el MR 13– que desafiaban a la elite político-militar en el poder desde 1954, cuando el derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz Guzmán había transparentado de manera inequívoca y brutal el intervencionismo estadounidense en América Latina. Este libro, publicado hace más de cincuenta años, es el relato de aquella experiencia, una crónica periodística fascinante que anticipa el estilo que luego consagraría a Galeano, y a la vez un riguroso análisis político internacional que, en conjunto, subrayan la idea central del autor: Guatemala fue en aquellos años de Guerra Fría el laboratorio de la barbarie y la violencia que en la década del setenta se extendería por todo el continente. La edición que presentamos –enriquecida con textos de especialistas que reponen aquel contexto político y su lugar en la obra de Galeano– permite acompañar al autor mientras comparte las condiciones de vida y riesgos de los guerrilleros y así regresar a un tiempo en el que era posible pensar la revolución como una salida. Mientras tanto, el lector contemporáneo puede encontrar en ese entonces ecos de las turbulencias e inestabilidad política que hoy se empeñan en regresar a nuestra región.

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Seitenzahl: 272

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Eduardo Galeano entrevista al comandante

César Montes, líder de las Fuerzas Armadas

Rebeldes (FAR) en la selva guatemalteca.

Siglo XXI / Biblioteca Eduardo Galeano

Eduardo Galeano

Guatemala

Ensayo general de la violencia política en América Latina

Cuidado de la edición y presentación de Pedro Daniel Weinberg

Posfacio de Roberto García

En 1967, un jovencísimo Eduardo Galeano emprendió un viaje que marcaría su carrera como periodista y su sensibilidad política para siempre: pasó varios meses en Guatemala con el objetivo de entrevistar a los líderes de los dos grupos guerrilleros –las FAR y el MR 13– que desafiaban a la elite político-militar en el poder desde 1954, cuando el derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz Guzmán había transparentado de manera inequívoca y brutal el intervencionismo estadounidense en América Latina.

Este libro –que Siglo XXI rescata más de cincuenta años después de su publicación original y que, de varias maneras, es un antecedente directo de Las venas abiertas de América Latina– es el relato de aquella experiencia, una fascinante crónica periodística y, a la vez, un riguroso análisis político internacional que subrayan la idea central del autor: Guatemala fue en aquellos años de Guerra Fría el laboratorio de la barbarie y la violencia que en la década del setenta se extendería por todo el continente.

La edición que presentamos –enriquecida con textos de especialistas que reponen aquel contexto político y su lugar en la obra de Galeano– permite acompañar al autor mientras comparte las condiciones de vida y los riesgos de los guerrilleros, y así regresar a un tiempo en el que era posible pensar la revolución como una salida. Mientras tanto, el lector actual puede encontrar en ese entonces numerosos ecos de las turbulencias y la inestabilidad política que se empeñan en regresar a la región.

Eduardo Galeanonació en Montevideo el 3 de septiembre de l940, aunque, desde principios de 1973, el exilio le llevó primero a Argentina y posteriormente a la costa catalana de España. A principios de 1985 regresó a Montevideo, donde vivió hasta su muerte el 13 de abril de 2015.

Autor de varios libros, traducidos a numerosas lenguas, en ellos llevó a cabo, sin remordimientos, una violación de las fronteras que separan los géneros literarios. A lo largo de una obra donde confluyen la narración y el ensayo, la poesía y la crónica, sus textos siempre trataron de recoger las voces del alma y de la calle, ofreciendo una síntesis de la realidad y su memoria.

En dos ocasiones fue premiado por la Casa de las Américas de Cuba y por el Ministerio de Cultura del Uruguay. Recibió el American Book Award de la Universidad de Washington, los premios italianos Mare Nostrum, Pellegrino Artusi y Grinzane Cavour, el premio Dagerman, en Suecia, y la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Fue elegido primer Ciudadano Ilustre de los países del Mercosur y fue también el primer galardonado con el premio Aloa, de los editores de Dinamarca, el Cultural Freedom Prize, otorgado por la Fundación Lannan, y el Premio a la Comunicación Solidaria, de la ciudad española de Córdoba.

Diseño de portada

RAG

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art. 270 del Código Penal, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes sin la preceptiva autorización reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte.

Nota a la edición digital:

Es posible que, por la propia naturaleza de la red, algunos de los vínculos a páginas web contenidos en el libro ya no sean accesibles en el momento de su consulta. No obstante, se mantienen las referencias por fidelidad a la edición original.

© Fideicomiso Eduardo Galeano

© de la presentación, Pedro Daniel Weinberg

© del posfacio, Roberto García

© Siglo XXI de España Editores, S. A., 2020

Sector Foresta, 1

28760 Tres Cantos

Madrid - España

Tel.: 918 061 996

Fax: 918 044 028

www.sigloxxieditores.com

ISBN: 978-84-323-1996-9

Nota del editor

Después de la muerte de Eduardo Galeano, en Siglo XXI nos propusimos poner en valor su obra y mantenerla cerca de sus lectores y lectoras. Así, publicamos El cazador de historias, su libro póstumo, en 2016 y Cerrado por fútbol en 2017. Con ese mismo espíritu, tra­ba­jamos para rescatar algunos de sus primeros libros, que tuvieron una circulación más marginal. Guatemala, que aquí presentamos en una edición enriquecida, es uno de esos casos. Fruto del riguroso trabajo periodístico de un muy joven Galeano, escrito y publicado en 1967 –un momento clave para el devenir de la política latinoamericana del siglo XX–, este libro permaneció agotado o circuló en ediciones militantes durante años.

Para que quienes hoy se encuentran con esta obra puedan ponerla en contexto, esta edición de Guatemala suma dos valiosos aportes. En primer lugar, una presentación de Pedro Daniel Weinberg, conocedor de primera mano de la obra de Galeano, que ubica el texto en el marco general de la producción intelectual y periodística del autor, y rastrea los orígenes y el devenir del interés por Guatemala que acompañó a Galeano toda su vida. En segundo lugar, un texto de Roberto ­García, historiador y especialista en temas de ­Guatemala y ­América Central, que enfoca los contenidos de este libro en las circunstancias de política internacional de aquellas décadas de Guerra Fría e intervenciones militares norteamericanas en América Latina. Más allá de ser un valioso documento de aquellos años, ­Guatemala mantiene toda su actualidad e interés como retrato de una región que fue y sigue siendo políticamente intensa.

­Guatemala en ­Galeano, ­Galeano en ­Guatemala

­Pedro ­Daniel ­Weinberg[1]

­A ­Guillermo ­Chifflet, por todo

­Actualidad y vigencia de un texto olvidado

­El lector tiene ante sí una obra importante, largamen­te añorada, de difícil acceso y limitada circulación edi­torial en nuestra región, aunque ampliamente difun­dida en ­Europa y los ­Estados ­Unidos. ­Un libro que recorrió un largo camino y que narra uno de los dramas más conmovedores de la historia de ­América ­Latina y el ­Caribe durante el siglo ­XX; drama que se vería esparcido a lo largo y ancho de muchos países de ­Nuestra ­América entre mediados de la década de 1960 y los primeros años ochenta del siglo pasado. ­Gracias a la sagacidad de la mirada y la pluma de ­Eduardo ­Galeano, por entonces un joven periodista, hoy en día todos reconocemos que ese fenómeno de represión y dolor originariamente circunscrito a ­Guatemala era, además, el laboratorio donde se experimentaba lo que sería el bárbaro modelo político imperante en casi toda la región durante los años siguientes.

­De ahí que uno de los principales méritos de Guat­e­mala, clave de ­Latinoamérica, título de su edición original, radica en que, tomando como punto de partida el estudio de ese “caso”, su autor supo anticipar el drama que empezaba a vivir la gran mayoría de las naciones americanas. ­El registro que ­Galeano hizo de la realidad política, económica y social del país centroamericano, y del significado de la activa, masiva y maciza presencia militar estadounidense en ese país –­sobre todo desde el derrocamiento del gobierno democrático de ­Jacobo ­Árbenz en 1954–­ le hizo abrir un panorama sombrío que sería costoso sobrellevar y superar.

­En primer lugar, debe reconocerse que el libro no es, ni pretende ser, un mero reportaje a un grupo de guerrilleros y sus líderes, activos en la ­Sierra de las ­Minas, en el ­oriente del país, ni tampoco ofrece sólo una visión de los movimientos levantados en armas: el volumen aquí reeditado traza un acabado retrato de la historia inmediata y de las condiciones de vida y de lucha del pueblo guatemalteco hace más de cincuenta años. ­Galeano buscaba aportar un análisis que autorizase entender tanto lo que ocurría en ese país en los años sesenta como admitir, desde el título mismo, que esas circunstancias eran “la clave” para anticipar el futuro inmediato de ­Nuestra ­América. ­Ese mismo enfoque es explícito en ­Días y noches de amor y de guerra, publicado en 1978: “­Hace diez años yo asistí al ensayo general de esta obra”, y ese texto subraya: “­Fue en ­Guatemala el primer laboratorio latinoamericano para la aplicación de la guerra sucia en gran escala”[2].

­Cuando apareció ­Guatemala, eran escasos los escritos sobre ese país que circulaban fuera de sus fronteras; mucho menos se conocían los acontecimientos que vivía su pueblo. ­Más allá de la obra narrativa de ­Miguel ­Ángel ­Asturias –­que marcó una época en el ámbito de lengua castellana y tuvo gran cantidad de traducciones–­, se contaba con pocas referencias acerca de la realidad guatemalteca. ­Los ya clásicos ensayos de ­Manuel ­Galich, ­Gerardo ­Toriello y ­Luis ­Cardoza y ­Aragón[3] no lograron la repercusión mundial que sí tuvieron los textos de ­Asturias, quien recibió el ­Premio ­Nobel de ­Literatura en 1967[4].

* * *

­Párrafo aparte merece el libro de ­Juan ­José ­Arévalo ­Guatemala, la democracia y el imperio, de 1954[5], que circu­ló ampliamente por ­Uruguay y al que sin duda tuvo acceso el inquieto joven ­Galeano, lector voraz desde su temprana adolescencia; como veremos más adelante, a esa lectura se sumará el contacto personal que tuvo con ­Arévalo y ­Árbenz en ­Montevideo en ocasión del exilio de ambos. ­Además de la uruguaya, circularon otras ediciones: una en ­México por ­editorial ­América y otra en ­Santiago de ­Chile, ambas en ese mismo año; ya en 1955 lo publicó ­editorial ­Renacimiento en ­Guatemala y también la versión definitiva en el sello ­Palestra –­animado por ­Gregorio ­Selser en ­Buenos ­Aires–­, que llegó a contar por lo menos con seis reimpresiones. ­Poco después, ­Palestra publicó otro libro de ­Arévalo, que influyó en la formación temprana de ­Galeano: ­AntiKomunismo en ­América ­Latina[6]. ­En él se enfocaba la realidad latinoamericana en sus aspectos dependientes de los intereses imperialistas de los ­Estados ­Unidos y se destacaban los diferentes mecanismos de explotación de las riquezas naturales de nuestros países mediante la intervención de monopolios amparados o sostenidos desde ­Washington.

* * *

­Más específicamente, la información y los análisis disponibles sobre los movimientos insurgentes eran más que escasos; por un lado, se había tendido un manto de ocultamiento luego del golpe contra ­Árbenz en 1954; pero, por otro, ­Guatemala era (y en alguna medida es aún hoy) un espacio distante de los intereses de analistas, académicos y la prensa en general. ­A comienzos de 1966, poco tiempo antes del ascenso de ­Galeano a la ­Sierra de las ­Minas, un semanario mexicano, ­Sucesos para ­Todos, publicó una serie de artículos (teñidos de cierto sensacionalismo, a mi modesto entender; retomaré este tema más adelante). ­En 1969 ­Giangiacomo ­Feltrinelli divulgó en su sello editorial un libro de ­Ricardo ­Ramírez, titulado ­Autobiografia di una guerriglia. ­Guatemala 1960-1968[7].

­Galeano tenía claro que el movimiento insurgente estaba signado por el ancestral conflicto social imperante en el país, situación que se vio recrudecida luego del ya mencionado golpe de ­Estado contra ­Jacobo ­Árbenz, que echó por tierra los avances experimentados, sobre todo en las zonas rurales, desde la asunción del gobierno de ­Arévalo en 1944. ­Además, no escapó a la perspicacia del joven autor que la confrontación no se circunscribía sólo a ­Guatemala; a lo largo de las páginas del libro se apunta, una y otra vez, a las condiciones de la ­Guerra ­Fría vigentes en el mundo por ese entonces, y al papel protagónico que los ­Estados ­Unidos desempeñaron en ese conflicto.

­El lector podrá comprobar que el texto fluye por dos senderos que muy a menudo coinciden: una exquisita narración periodística (anticipo del estilo que como escritor consagrará en su obra posterior) y un riguroso análisis político internacional; ello da actualidad y vigencia a la interpretación de la información desarrollada. ­Rehúye el facilismo expositivo panfletario; expone el drama de violencia, sangre y muerte de ­Guatemala en los años sesenta y, como ya señalamos, los prevé para las décadas venideras en muchos otros países de ­América ­Central y del ­Sur.

* * *

­Todo el tiempo, la perspectiva de ­Galeano va de lo nacional a lo regional. ­Así, por ejemplo, expresa:

­La presencia imperialista en el país resulta, por su crudeza, ejemplar: este es un descarnado modelo de la explotación que sufren las atormentadas tierras del sur del río ­Bravo. ­Guatemala es el rostro, torpemente enmascarado, de toda ­Latinoamérica; la faz que exhibe el sufrimiento y la esperanza de estas tierras nuestras despojadas de sus riquezas y del derecho de elegir su destino[8].

­Y más adelante agrega: “­Este país resume, con trágica claridad, la situación de ­Latinoamérica entera. ­En cuanto está ocurriendo en ­Guatemala, puede descubrirse el pulso presente de la larga y sufrida historia latinoamericana, con todo el peso de sus derrotas y la fuerza de sus esperanzas”[9]. ­En pocas palabras: cuanto acontece en ­Guatemala constituye el primer plan sistemático de homicidio colectivo, cruel, sin miramientos ni límites. ­O, como advertirá diez años después en un artículo publicado en ­Triunfo: “­Guatemala fue un ensayo general de una obra de dimensiones continentales”[10].

­Galeano plantea al lector dar un salto cualitativo en la interpretación de la presencia de los ­Estados ­Unidos en ­Guatemala. ­Para él, ya no se trata de una intervención en defensa exclusiva de los intereses económicos radicados en ese país (por ejemplo, los de la ­United ­Fruit y la consiguiente imagen o caricatura de “país bananero”). ­Galeano está convencido, y así lo dice, de que una intervención a gran escala de los ­Estados ­Unidos estaba por concretarse en el país. ­En la ­Guatemala de entonces, los boinas verdes, los rangers, los agentes del ­FBI y de la ­CIA prestaban asistencia en el entrenamiento para la represión a oficiales y suboficiales del ejército y de la policía, y también a grupos civiles que operaban en forma complementaria con las acciones represivas (a los que con los años se denominó “grupos paramilitares”)[11]. ­Esos mismos “asesores” colaboraron en la introducción del napalm en la guerra sin cuartel que libraban contra insurgentes y pobladores; como escribió ­Galeano, querían crear aquella tranquilidad enchastrada de sangre. “­Se busca una ‘quietud’ de los cementerios: típico caso de pax americana”[12]. ­Más aún: en palabras citadas por ­Galeano, el arzobispo de ­Guatemala señalaba que aquellos “asesores” eran “precisamente los gendarmes de esa realidad social y económica tremendamente injusta y desequilibrada”[13].

* * *

­En segundo lugar, y aunque obviamente el autor no se lo propuso explícitamente, este libro sobre ­Guatemala constituye un antecedente directo de ­Las venas abiertas de ­América ­Latina[14]. ­El enfoque latinoamericanista en el estudio de un país singular revela un estilo analítico presente en el libro citado y en toda la obra posterior. ­Si bien este abordaje aparece a lo largo del libro sobre ­Guatemala, se hace explícito en el capítulo titulado “­Ex presidentes o traidores”[15]: sus primeras cuartillas reseñan la situación vivida en ­Guatemala para derivar inmediatamente en una exposición de lo acontecido en ­República ­Dominicana, ­Ecuador, ­Bolivia, ­Brasil, la ­Argentina. ­Golpes militares que truncaron procesos democráticos, con presidentes civiles que habían sido nominados en procesos electorales amparados por las constituciones respectivas.

­No menos llamativo es que en las primeras páginas del libro Galeano describe el camino andado por la jungla guatemalteca para llegar al campamento donde entrevistaría a ­César ­Montes[16]. ­En un tramo se lee: “­Se le han abierto las venas, amanece”. ­Claramente esta idea, esta imagen, quedará dando vueltas en la cabeza del autor, que llegará a plasmarla en el título de uno de sus textos más célebres. ­Digo más: quien lee con cierto cuidado la obra de ­Galeano nota esta pauta anidada en su inconsciente; la mayoría de los títulos están registrados (escondidos) en textos anteriores, que le per­tenecen. ­Galeano nos toma desprevenidos y saca de su inagotable galera de mago alguna frase que hasta entonces había quedado fusionada al recuerdo y que recupera después de haberla masticado y rumiado, a veces durante años.

* * *

­La preocupación por los medios de comunicación dominantes y su papel en las sociedades latinoamericanas fue un tema que acompañó toda la vida a ­Galeano, desde sus pasos iniciales en ­El ­Sol de ­Montevideo. ­Esa conducta lo llevó a participar en la creación de medios alternati­vos, como ­Época e ­Izquierda. ­Nacional, ­Popular, ­Socialista en ­Montevideo, más ­Crisis en ­Buenos ­Aires; o a comprometerse en emprendimientos fundados por otros: ­Marcha, ­Cuadernos de ­Marcha y ­Brecha, en ­Montevideo, ­La ­Jornada en ­México, ­Che en ­Buenos ­Aires. (­No menos importan­te fue su intervención en agencias de noticias como ­Prensa ­Latina e ­Inter ­Press ­Service.) ­Desde su libro sobre Gua­temala, este imperativo de dar voz a otras voces lo ocupará y preocupará en el ejercicio de su profesión y como ciudadano hasta el último de sus días. Así lo consigna en 1967: “­Guatemala es víctima, como toda Latinoamé­rica, de una conspiración del silencio y la mentira. ­Los dueños de los medios de información, que fabrican la opinión pública, ocultan y deforman los hechos con arbitrariedad y eficacia: las noticias se contraen hasta desaparecer o se hinchan hasta el estallido, según convenga”[17].

­El lugar de ­Guatemala en la obra de ­Galeano

­El libro que hoy se reedita ocupa un lugar particular en el desarrollo de la producción de ­Eduardo ­Galeano, quien lo escribe a sus veintiséis años. ­Su confección es una síntesis de intrepidez personal y riguroso ejercicio profesional. ­En ese momento, ­Galeano ya se destacaba en el mundo del periodismo uruguayo: había sido ilustrador y periodista de ­El ­Sol en su adolescencia, guiado por la mano maestra de ­Guillermo ­Chifflet; además, años antes había alcanzado la posición de secretario de redacción del legendario semanario ­Marcha (1960-1964), que dirigía desde su fundación ­Carlos ­Quijano (1939); también había tenido a su cargo la dirección del diario ­Época de ­Montevideo (1964-1967). ­En esos años iniciales era asiduo colaborador de las prestigiosas ­Monthly ­Review. ­An ­Independent ­Socialist ­Magazine (­Nueva ­York, ­Estados ­Unidos), ­Revista de ­Política ­Internacional (­Belgrado, en la entonces ­Yugoslavia), ­Ramparts (­San ­Francisco, ­Estados ­Unidos), ­Mondo ­Nuovo y ­Problemi del ­Socialismo (­Italia). ­Por todos estos antecedentes, ­Galeano era reconocido en su país más por su labor periodística que por la de ficción. ­Como editor, se destacó en la titularidad del ­Departamento de ­Publicaciones de la ­Universidad de la ­República, cargo que asumió a su regreso de ­Guatemala y que ocupó hasta exiliarse en ­Buenos ­Aires en 1973: hasta su llegada, las prensas académicas uruguayas pocas veces habían publicado un caudal tan llamativo de textos, de títulos originales y rigurosamente seleccionados, de autores nacionales, y con una cuidada presentación gráfica. ­Menos conocido en nuestros días fue el prestigio que, como diagramador de tapas de libros, ­Galeano tenía ganado en el ­Uruguay en esos años sesenta de su despegue y consolidación en la industria editorial.

­Hasta ese momento, ­Galeano sólo había publicado dos obras literarias: una nouvelle y una colección de relatos; además, había editado una compilación de reportajes resultante de un dilatado viaje a ­China, que extendió a la ­Unión ­Soviética y ­Checoslovaquia.

­Los días siguientes apareció por el sello ­Alfa en 1963; se reimprimió años después (1967) por el mismo se­llo, en su colección “­Libros ­Populares ­Alfa”; el propio ­Galeano, en su prólogo a la segunda edición, la de­nomina “novelita”; y si bien la descubre “inmadura y vulnerable”, reconoce que le sigue gustando. ­La llama “pecado de infancia, quizás, pero querido pecado de infancia”. ­Meses antes de que apareciera su Guatemala, vio la luz una recopilación de cuentos suyos: ­Los fantasmas del día del león y otros fantasmas, en la colección “Narradores de ­Arca”,[18] con prólogo de ­Mario ­Benedetti. ­Según este, para muchos lectores de esa recopilación de relatos “su lado literario puede constituir una sorpresa”. ­De acuerdo con la apreciación del prologuista, los cuentos que integraban este libro permitían “la aproximación a un creador por cierto mucho más maduro que en su primera novela, más consciente de las posibilidades de los temas que maneja, y, sobre todo, más legítimamente osado en el ejercicio de su aventura”.

­En ­China 1964. ­Crónica de un desafío[19], comienza a darse a conocer fuera de las fronteras de su país el joven periodista político lúcido, incisivo, audaz, que despliega su producción a partir de una singular sagacidad en la selección de los temas, además de su personal abordaje de situaciones y protagonistas. ­A su legendario y decisivo editor argentino llega de la mano de uno de los más notables periodistas del país de la segunda mitad del siglo ­XX: ­Rogelio ­García ­Lupo, a quien había conocido en la redacción de ­Marcha. ­Galeano –­de apenas veintitrés años, “testigo de ojos abiertos y oídos atentos” como él mismo se definía–­ escribió en las páginas finales del libro mencionado: “­China: vibran los sismógrafos cuando se pronuncia la palabra. ­La gran nación asiática, sumergida durante tanto tiempo en la oscuridad, al margen del mundo civilizado, tradicional fuente de divisas, prostitutas, coolies y detectives para uso occidental, es hoy el centro resplandeciente de todas las miradas –­mitad pánico, mitad asombro–­”. ­Permítaseme señalar dos hechos, apenas, para subrayar la capacidad analítica y las dotes prospectivas, el olfato, del periodista uruguayo: en primer lugar, sólo ocho años después, en 1971, los ­Estados ­Unidos “descubrirán” la potencialidad de ­China por obra de la llamada “diplomacia del ping pong” impulsada por el entonces secretario de ­Estado ­Henry ­Kissinger; en segundo lugar, ese muchachón uruguayo llama la atención acerca de la existencia del emperador chino ­Tang ­Yeng; a él le dedica un largo capítulo de su obra, ¡quince años antes de que ­Bernardo ­Bertolucci lo inmortalizase en su película ­El ­último ­emperador, de 1987!

­La obra

­Guatemala fue escrito entre los meses de junio y agosto de 1967; el “trabajo de campo” se realizó en los meses de abril y mayo. ­La publicación salió a la luz en ­Uruguay, a finales de octubre de 1967, pocos días después de la ejecución de ­Ernesto ­Guevara en ­La ­Higuera, ­Bolivia, el 9 de ese mismo mes. ­Como se analizará, en castellano el libro sólo circuló en una versión mexicana y en la aludida uruguaya, ambas impresas en 1967. ­Desde entonces, y hasta el día de hoy, nunca hubo una reedición en nuestro idioma. ­En cambio, la versión en inglés auspiciada por ­Monthly ­Review ­Press (originalmente editada en 1967, como las anteriores) conoció reimpresiones en 1969 y 2008. (Mencionaremos las otras traducciones más adelante.)

­En los dos primeros capítulos se presentan los registros de las conversaciones con ­César ­Montes, alias “El ­Chiris” (apodo debido a su juventud: “chiris” significa “muchachito” en ­Guatemala), y el grupo de combatientes. ­Los capítulos restantes dan elementos de juicio, informaciones y análisis que permiten al lector contar con el contexto histórico, político, económico y social en ese país, en la región (­América ­Latina y el ­Caribe) e incluso en el mundo entero, y traen a colación la colosal y sanguinaria intervención estadounidense contra el heroico pueblo de ­Vietnam. ­Desde luego, a lo largo de los capítulos también se hacen alusiones permanentes a lo vivido y leído sobre ­Guatemala.

Estrictamente hablando, el viaje de Eduardo Galeano, en calidad de periodista que busca entrevistar al grupo guerrillero levantado en armas en el oriente de Guatemala, no fue el primero del cual se tiene registro. Pudimos detectar por lo menos otros dos, que realizaron por separado en 1966: Mario ­Menéndez, para una publicación mexicana, y ­Alan ­Howard, corresponsal de The ­New ­York ­Times. ­Veámoslo en detalle.

­Como anticipé, durante los primeros meses de 1966 la revista ­Sucesos para ­Todos, que aparecía en la ciudad de ­México, publicó una serie de reportajes fotográficos y de texto sobre el viaje del ambicioso periodista ­Mario ­Renato ­Menéndez ­Rodríguez, de veinticinco años de edad, y del fotorreportero ­Rodrigo ­Moya. ­La serie “­La lucha de los guerrilleros” se extendió entre el 19 de febrero y el 9 de abril de 1966 –­esto es, del n.º 1713 al 1719–­ y difundió informaciones sobre las operaciones de las guerrillas y el contexto territorial donde se desarrollaban. ­Según señala ­Mónica ­Morales ­Flores, cada una de las entregas ocupó la portada y veinte páginas, con profusa ilustración de fotos (ciento veinte imágenes), escogidas entre más de doscientas tomas obtenidas en el lugar[20].

­Más de cuarenta años después de aquellos hechos, el propio ­César ­Montes hizo un balance muy poco positivo de aquella incursión periodística:

­Se trataba de una guerra revolucionaria, yo creo que ­Mario no entendió lo que nosotros hacíamos, pero sí entendió que esa era la oportunidad brillante para figurar y pasar a la historia. ­Él no era un periodista reconocido antes de eso, él no era un gran periodista en ­México, ni muy popular. ­Yo creo […] que, a partir de estar aquí, de habernos fotografiado, de haber hablado unas pocas horas con nosotros y unas horas con ­Turcios y haber estado unos pocos días con nosotros[,] ya se volvió como una especie de licenciado en guerra de guerrillas y hasta se permitió opinar sobre las guerrillas de ­Colombia, las guerrillas de ­Venezuela, y no sé a cuenta de qué[21].

­Sin embargo, ­Montes reconoció el valor de aquellas publicaciones, al señalar que les permitieron a los insurgentes “mostrar que los guerrilleros éramos guatemaltecos, que estábamos vivos, porque se hacía una especie de mito, algo así como que muy poca gente del ejército nos había visto, decían que nos buscaban y no aparecíamos, de ahí el término que usaban en la montaña, que se desaparecen y son como fantasmas”. ­Más aún, la publicación mexicana también circulaba en ­Guatemala, de ahí en parte la apuesta por conceder la entrevista: “­La revista ­Sucesos en ­Guatemala entró de múltiples maneras, cada vez había más interés en ver el próximo número […] las primeras entregas habían tenido ya algunas fotos y […] hasta el ejército estaba esperando la revista. […] ­A mucha gente que consiguió la revista en ­México, en ­Tapachula o donde fuera[,] y la introdujo al país le significó la muerte”[22].

* * *

­A mediados de ese mismo año 1966, un artículo que el periodista estadounidense ­Alan ­Howard publicó en la revista semanal del prestigioso ­The ­New ­York ­Times dio testimonio de lo que estaba ocurriendo en ­Guatemala, en especial por obra de sus movimientos insurgentes[23]. ­En ese artículo se incluyeron entrevistas con líderes rebeldes, principalmente con ­Luis ­Augusto ­Turcios ­Lima y ­César ­Montes. ­Howard reconocía que, en su origen, la lucha emprendida era típica de oficiales nacionalistas; para él, muchos de los insurgentes eran oficiales provenientes de los cuadros del ejército regular, formados en la guerra antisubversiva en su país y en las bases estadounidenses situadas en la ­Zona del ­Canal de ­Panamá. ­Como muchos otros analistas, insinuaba un compromiso de carácter nacionalista en el proyecto que esos mismos combatientes se habían trazado: “­La presencia de exiliados cubanos en el entrenamiento (de los cuadros de oficiales y suboficiales del ejército [regular] guatemalteco) era una vergonzosa violación de nuestra soberanía nacional”. ­Según el periodista estadounidense, los motivos de ­Turcios ­Lima y otros miembros de la conducción de la guerrilla para ingresar en la insurgencia habían sido básicamente “las tradicionales de los jóvenes oficiales: acabar con la corrupción, el deseo del cambio de estructuras en el ejército; nada realmente diferente”. ­Señalaba ­Howard:

Aunque de repente se encontró en una posición de liderazgo político, Turcios es esen­cialmente un soldado que lucha por un nuevo código de honor. ­Si tuviese un alter ego, no sería ni ­Lenin ni ­Mao o aun ­Castro, cuyos trabajos él ha leído y admira, sino ­Augusto ­Sandino, el general nicaragüense que luchó contra los marines estadounidenses enviados a ­Nicaragua durante las administraciones de ­Coolidge y ­Hoover[24].

­Complementando una visión como la de ­Howard, un artículo de la revista ­Time dedicado a la presencia estadounidense en ­Guatemala recreó esos tiempos guatemaltecos. ­Señalaba que, a los pocos días de asumir el presidente ­Méndez ­Montenegro, llegaba al país el coronel ­John ­D. ­Webber, ­Jr., para hacerse cargo del comando de la misión militar estadounidense (julio de 1966). ­Según ese texto,

­Webber incrementó de inmediato las acciones de contrainsurgencia que efectuarían los cinco mil hombres miembros de las fuerzas armadas; trajo jeeps estadounidenses, camiones, equipo de comunicaciones y helicópteros para brindar un mayor poder de fuego y movilidad, y con eso, nuevos aires en el programa de acción cívica alentado por el ejército. ­Hacia finales de 1966, el ejército estaba en condiciones de lanzar una escalada de grandes proporciones contra las posiciones de la guerrilla. […] ­Para colaborar con esos movimientos, el ejército también reclutó y equipó militarmente a bandas locales de “colaboradores civiles” habilitados para matar a campesinos a los que considerasen “guerrilleros” o “potenciales guerrilleros”. ­Si bien existieron quienes dudaron y advirtieron sobre los riesgos de semejantes despliegues de violencia, ­Webber no se contaba entre ellos. “­Este es el país que es”, decía el coronel.

­Y el alto mando se justificaba: “­Los comunistas están usando todos los medios a su alcance, incluido el terror. ­Y nosotros nos enfrentaremos con ellos de la misma manera”[25].

­La época

­Si bien el volumen que aquí presentamos es singular en su concepción y escritura, no puede negarse que también es fruto de un “clima” de época; se une a un nuevo estilo de hacer periodismo. ­Por este motivo, ayuda a comprender mejor los entretelones de producción de esta obra la evocación de algunos trabajos que son parte de lo que, por esos tiempos, se convirtió en un innovador movimiento periodístico. ­Me animo a afirmar que por lo menos tres de esos trabajos seguramente estuvieron en la mesa de ­Galeano mientras preparaba su viaje y barruntaba las primeras líneas de análisis sobre ­Guatemala.

­En primer lugar, recordemos el célebre reportaje que ­Herbert ­L. ­Matthews le efectúa a ­Fidel ­Castro en la ­Sierra ­Maestra el 17 de febrero de 1957. ­Nos referimos a los tres artículos aparecidos en ­The ­New ­York ­Times a partir de la entrega del 24 de febrero de ese año, con el título general “­Cuban rebel is visited in hideout. ­Castro is still alive and still fighting in the mountains”.

­El segundo antecedente se relaciona con un colega y amigo de ­Galeano, con quien compartió la sala de redacción de ­Marcha largos años. ­Luego de avatares diversos, peripecias propias del oficio y llamados a la ponderación de funcionarios uruguayos sensatos, ­Carlos ­María ­Gutiérrez subió a la ­Sierra ­Maestra en febrero de 1958 para entrevistar a ­Fidel ­Castro; viajó junto con ­Homer ­Bigart, periodista de ­The ­New ­York ­Times. ­El uruguayo lo hizo en calidad de enviado de ­La ­Mañana de ­Montevideo y lo consignó en las entregas del 14 y el 18 de marzo de 1958. ­El relato describe por primera vez en lengua castellana la lucha del ­Movimiento 26 de ­Julio. ­Y, al igual que hará ­Galeano casi diez años después, ­Gutiérrez no sólo transcribió sus conversaciones con ­Fidel ­Castro, sino que ofreció al lector un panorama de quién gobernaba ­Cuba, la represión en las ciudades y de cómo era la vida en la ­Sierra[26].

­El tercer precedente que puede haber inspirado a ­Galeano a protagonizar esta verdadera aventura periodística se refiere a lo que ­Rodolfo ­Walsh calificó como “la mayor hazaña individual del periodismo argentino”: las entrevistas que ­Jorge ­Ricardo ­Masetti les había realizado a ­Fidel ­Castro, ­Camilo ­Cienfuegos, ­Ernesto Gue­va­ra y otros milicianos que dirigían el ­Movimiento 26 de ­Julio, también en la ­Sierra ­Maestra. ­Enviado por ­Radio ­El ­Mundo de ­Buenos ­Aires, ­Masetti conversó con la cúpula de comandantes un año después de que ­Matthews acometiera esa hazaña y cuando apenas habían transcurrido unos meses de la ida de ­Gutiérrez. ­En esos reportajes grabados, el pueblo cubano y latinoamericano pudo escuchar por primera vez la voz de quienes condu­cían la revolución contra el dictador ­Fulgencio ­Batista. ­El futuro director fundador de ­Prensa ­Latina debió per­manecer en ­Cuba casi tres meses para ver cristalizado su objetivo. ­Fue una estadía signada por todo tipo de vi­ci­situdes, traspiés de naturaleza diversa, obstáculos difíciles de superar. ­Dice ­Masetti en su prólogo:

­Salí de ­Buenos ­Aires lleno de dudas. [...] ­Pero había que averiguar quiénes eran los que trataban de voltearlo y a qué intereses respondían. ­La única forma de saberlo, de despejar los interrogantes que siempre dejaban abiertos los cables de las agencias noticiosas, de conocer si realmente la causa del ­Movimiento 26 de ­Julio merecía la adhesión de quienes querían la libertad de Latino­américa, era ir hasta ­Fidel ­Castro y plantearle claramente las preguntas que nos hacíamos aquí[27].

­En el fondo, ­Galeano se planteó un propósito similar cuando se decidió entrevistar a quienes conducían la lucha armada en ­Guatemala: se trataba de descorrer el velo que la prensa internacional había tendido para ocultar esa realidad.

­Hubo además otro aporte que ­Galeano supo aprovechar para conocer la historia reciente de ­Guatemala: evoco el libro ­El ­Guatemalazo[28], en particular por sus análisis vinculados con lo concerniente a la presencia estadounidense en ese país: las maniobras del Depar­tamento de ­Estado sobre otras naciones centro y su­da­mericanas, el uso de las conferencias internacionales regionales, los manejos de todo tipo que se hicieron por parte de la ­CIA para concretar, finalmente, el golpe contra ­Árbenz. ­Como todo lo que publicó ­Selser, este libro fue aplastante, documentado, iluminador. Galeano conocía muy bien la obra editada del periodista argentino, sobre todo la referida a ­Sandino y ­Nicaragua; pero, además, en la vida cotidiana, desde la redacción de ­Marcha que él conducía, era testigo, semana a semana, de las contribuciones de ­Selser, uno de los corresponsales estrella que tuvo esa icónica publicación a lo largo de su extensa historia (1939-1974). ­Sus envíos ponían especial cuidado en reflejar las nocivas consecuencias que las políticas de intervención de los ­Estados ­Unidos adquirían en las diferentes circunstancias nacionales, subregionales o regionales. ­Galeano valoraba en ­Selser un mérito periodístico en particular: le atribuía haber sido uno de los primeros analistas en comprender las actuaciones y maquinaciones desestabilizadoras de la ­CIA al sur del río ­Bravo. ­El periodista argentino ilustra de manera diáfana, apelando a documentación norteamericana principalmente, los acontecimientos que se sucedieron en ese decenio que corre entre 1944 (asunción de ­Arévalo) y 1954 (derro­camiento de ­Árbenz); y nos recuerda el papel que de­sempeñaron ­John ­Foster ­Dulles, secretario del Depar­tamento de ­Estado en el periodo 1953-1959 durante la administración ­Eisenhower, y su hermano ­Allen ­Dulles, el tristemente célebre fundador y director de la ­CIA durante más de veinte años.