Hoy es tendencia - Jorge L. Rodríguez - E-Book

Hoy es tendencia E-Book

Jorge L. Rodríguez

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Cuando abres Instagram, TikTok u otra red social te encuentras con una inundación de noticias, publicaciones y videos. La firma de un contrato millonario por parte de un atleta famoso, el estreno de una nueva película de Marvel o los detalles sobre el último romance de algún famoso; estamos rodeados de un constante flujo de información. Es en este contexto dinámico que te invitamos a explorar las páginas de Hoy es tendencia. Aquí descubrirás cómo estos temas actuales ofrecen valiosas lecciones para llevar vidas plenas y conectarnos con Jesús cada mañana. Las tendencias contemporáneas no solo capturan nuestra atención, sino que también sirven como ilustraciones de las verdades eternas contenidas en la Palabra de Dios. ¡Sumérgete en estas páginas y prepárate para descubrir cómo los hechos que fueron tendencia pueden llevarnos a una relación más profunda con nuestro Salvador!

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Veröffentlichungsjahr: 2024

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Hoy es tendencia

Lecturas devocionales para jóvenes

Jorge L. Rodríguez

Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.

Tabla de contenidos
Tapa
Dedicatoria
Agradecimientos
Introducción
1º de enero
2 de enero
3 de enero
4 de enero
5 de enero
6 de enero
7 de enero
8 de enero
9 de enero
10 de enero
11 de enero
12 de enero
13 de enero
14 de enero
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27 de enero
28 de enero
29 de enero
30 de enero
31 de enero
1º de febrero
2 de febrero
3 de febrero
4 de febrero
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7 de febrero
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2 de abril
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2 de julio
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2 de diciembre
3 de diciembre
4 de diciembre
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6 de diciembre
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29 de diciembre
30 de diciembre
31 de diciembre
Guía para el año bíblico en orden bíblico

Hoy es tendencia

Jorge L. Rodríguez

Dirección: Eric E. Richter

Diseño de tapa: Giannina Osorio

Diseño del interior: Giannina Osorio

IMPRESO EN LA ARGENTINA

Printed in Argentina

Primera edición

MMXXIV - e-book

Es propiedad. © Inter-American Division Publishing Association, 2024. © Asociación Casa Editora Sudamericana, 2024.

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.

ISBN 978-631-305-136-6

Rodríguez, Jorge

Hoy es tendencia: Lecturas devocionales para jóvenes / Jorge Rodríguez. - 1ª ed. - Florida: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2024.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: online

ISBN 978-631-305-136-6

1. Crecimiento Espiritual. I. Título.

CDD 248.83

Publicado el 29 de noviembre de 2024 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).

Tel. (54-11) 5544-4848 (Opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)

E-mail: [email protected]

Web site: editorialaces.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.

Dedicatoria

A Gaby,

en ti encontré lo mejor:

“una muestra del favor de Dios” (Prov. 18:22).

Y a Joel David,

eres mi corazón latiendo fuera de mi cuerpo.

Agradecimientos

En su discurso de aceptación del premio Nobel de Literatura, el célebre escritor mexicano Octavio Paz dijo: “Si cada una de mis palabras fuese una gota de agua, ustedes podrían ver, a través de ellas, lo que siento: gratitud, reconocimiento”. Si pudieras ver a través de las palabras de Hoy es tendencia, observarías mi enorme deuda de gratitud y reconocimiento hacia tantas personas que hicieron posible que este libro viera la luz:

Al Pr. Saúl Ortiz, presidente de IADPA, por haber confiado en mí para la redacción de este libro y por brindarme su completo apoyo en todo momento.

A Vladimir Polanco, mi profesor, colega y amigo. Gracias por motivarme siempre a dar lo mejor de mí. Sin tu pericia editorial y consejos, este libro, y mucho más en mi vida, no hubiera sido posible (Dan. 12:3).

A Gaby, mi esposa y mejor amiga, por todo el apoyo que me brindaste, las ideas que me diste, la paciencia que tuviste conmigo mientras escribía este libro y por haber sido mi primera y más importante lectora.

A mi hijo Joel David, porque tu llegada me dio una nueva perspectiva de la vida, me enseñó más sobre el amor de Dios que todos los libros que he leído y me dio muchas ideas para esta obra.

A Kathy Hernández, gracias por estar siempre ahí. Tus consejos e ideas son siempre una bocanada de aire fresco. Además, gracias por verter toda tu creatividad en la portada de este libro.

A mis padres, Mercedes Santos y Jorge Luis Rodríguez, ustedes me hicieron quien soy y sembraron en mí desde muy temprana edad el amor por el Señor y por los libros.

A mis hermanos, Jorge Lewis y Louis, mis mejores amigos y cómplices. Dios no pudo haberme dado mejores hermanos.

A Moisés, Ismael, Neilyn, Misael, Radhamés, Dorian, Yoaly, Mónica y Tánifel, sus ideas y aportes enriquecieron este libro de forma extraordinaria.

A mi Dios y Salvador Jesucristo, gracias porque tu gracia siempre me ha sostenido. A ti sea toda la alabanza, la honra, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

Introducción

Si Jesús estuviera presente físicamente en nuestro mundo hoy, resultaría incierto qué vestimenta elegiría o qué medio de transporte preferiría. Sin embargo, lo que sí podemos afirmar con seguridad es el enfoque que emplearía para impartir sus enseñanzas.

A pesar de los cambios drásticos en el mundo contemporáneo, el método de enseñanza de Cristo sigue siendo relevante y práctico. ¿Cómo lograba conectar Jesús con las personas de su época? En una palabra: tendencias. El Maestro utilizaba situaciones cotidianas, como el acto de sembrar (Mat. 13:3-9) o el amasado de harina (Mat. 13:33), para ilustrar el reino de los cielos. Asimismo, empleaba elementos de la naturaleza, como la sal y la luz (Mat. 5:13-16), como analogías para expresar nuestro propósito y función en el mundo. Recurría a sucesos contemporáneos, como el asesinato de unos galileos y la caída de una torre en Siloé (Luc. 13:1-5), para llamar a las personas al arrepentimiento, así como a relatos antiguos, como la historia de Jonás y la reina del Sur (Mat. 2:39-43), para demostrar su papel como Salvador.

Jesús demostraba maestría al adaptarse a las tendencias de su época para guiar a las personas hacia Dios. No solo citaba las Escrituras (Juan 10:34), sino también refranes populares (Luc. 4:23 y Mat. 11:17). Utilizaba tanto historias verídicas, como la del Buen Samaritano (Luc. 10:30-37), como ficticias, como la del rico y Lázaro (Luc. 16:19-31). No vacilaba en presentar como protagonistas de sus relatos a personajes cuestionables (Luc. 11:5-8), criminales (Luc. 16:1-8), o incluso a aquellos completamente alejados de Dios y del prójimo (Luc. 18:1-7).

Nos encontramos inmersos en un mundo dominado por las tendencias. Ya sea revisando el correo electrónico o navegando en Instagram o TikTok cada mañana, nos topamos con la tendencia del día: el último contrato millonario de Messi, las declaraciones de un político, el estreno reciente de una película de Marvel, o el nuevo romance de Taylor Swift. A través de las páginas de Hoy es tendencia, descubriremos cómo los temas de actualidad pueden servir como punto de partida para reflexionar sobre la Palabra de Dios y extraer lecciones prácticas para vivir vidas plenas y encontrar a Jesús en nuestro día a día. Lo familiar nos conducirá hacia lo desconocido, y las tendencias contemporáneas ilustrarán las verdades eternas de la Biblia. Mediante el encuentro diario con Cristo, seremos transformados cada vez más a su imagen y semejanza.

Jorge L. Rodríguez

1º de enero

Una barra en blanco

“Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo, llámenlo mientras está cerca.” (Isa. 55:6)

Todo comenzó un día como hoy, el 1 de enero de 1990, cuando Tim Berners-Lee transformó el mundo de manera irreversible al presentar la World Wide Web, comúnmente abreviada como www. Este sistema es el que nos permite acceder a la información alojada en internet.

Hoy en día, internet se ha vuelto indispensable para la mayoría de nosotros, facilitándonos el acceso a noticias, estudios, comunicación, compras, ventas e incluso el enamoramiento. Cuando Tim Berners-Lee creó el primer “buscador”, era imperativo agregar el prefijo “www” antes del nombre de la página. En la actualidad, esta práctica ha quedado obsoleta, pero al ingresar a Internet, aún debemos especificar el tipo de contenido que buscamos.

No importa si utilizas Chrome, Firefox o Safari; al abrir tu navegador, te enfrentas a una barra en blanco cuyos resultados dependen de lo que ingreses en ella. Con solo unas pocas palabras, puedes acceder a un portal de noticias, a una universidad en línea, a una plataforma de videos o incluso a sitios de entretenimiento adulto o juegos de azar. Lo que escribas en esa “barra en blanco” marcará la diferencia y determinará si decides dedicarte a una carrera universitaria o pasas cinco horas viendo memes o reels, si optas por aprender un nuevo idioma o si te involucras en actividades cibernéticas ilegales.

El comienzo de un nuevo año es equiparable a iniciar una nueva búsqueda en Internet. Hoy, como si Dios te proporcionara un “navegador” nuevo con 365 “pestañas”, cada una de ellas presenta una “barra de búsqueda” completamente en blanco. ¿Qué escribirás en ellas? ¿Qué contenido buscarás? Tu éxito o fracaso este año dependerá de lo que vayas ingresando en cada barra a medida que avance el tiempo.

Al iniciar cada nuevo año, se nos brinda la oportunidad de decidir qué es lo que buscaremos: una profesión, empleo, pareja, salud, éxito, riquezas, poder, influencia, fama... Las opciones son variadas, pero la primera frase que deberíamos ingresar en esta nueva barra de nuestra vida es aquella que repiten los antiguos profetas hebreos: “Busquen al Señor” (Isa. 55:6). ¿Y qué pasará si buscamos a Dios cada día de este año que hoy comienza? Dios dice: “Los que me buscan, me encontrarán” (Prov. 8:17). Hoy te puedo asegurar que cuando lo encontramos a él, encontramos la vida (Amós 5:6).

2 de enero

Nuevo año, mismo yo

“Luego Samuel tomó una piedra grande y la colocó entre las ciudades de Mizpa y Jesana. La llamó Ebenezer (que significa ‘la piedra de ayuda’) porque dijo: ‘¡Hasta aquí el Señor nos ha ayudado!’ ” (1 Sam. 7:12, NTV)

Los primeros días de cada año suelen venir acompañados de las resoluciones de año nuevo. Nos planteamos nuevas metas, descargamos aplicaciones para evaluar nuestro progreso y, además, compartimos extensas publicaciones en redes sociales anunciando a todos nuestros planes para escalar la enorme montaña que nos proponemos conquistar en los siguientes 364 días.

Al finalizar la redacción de nuestras metas, muchas de las cuales suelen ser recicladas del año anterior, nos damos una palmada en la espalda y nos decimos con entusiasmo: “¡Este es mi año!” o “nuevo año, nuevo yo”. Sin embargo, con frecuencia estas palabras encierran inseguridad y descontento con el estado actual de nuestras vidas. Creemos que alcanzar lo que nos hemos propuesto nos convertirá en la persona que siempre hemos deseado ser. Pero, ¿qué hay de lo que somos hoy? ¿Y si lo que este nuevo año necesita no es un nuevo tú, sino comenzar a disfrutar de lo que ya eres?

No malinterpretes mi mensaje; estoy seguro de que tus metas para este año son nobles y buenas. Mi sugerencia es que no subestimes lo que ya eres ni los logros que has alcanzado hasta ahora. Tengo la firme convicción de que ya eres capaz, inteligente, fuerte y de gran valía. ¿Cómo lo sé? La Biblia afirma que, tal como eres hoy, “eres muy precioso” para Dios (Isa. 43:4), eres su “tesoro especial” (Éxo. 19:5), y el Padre celestial te ama tanto que te llama su hijo (1 Juan 3:1). ¿No es eso maravilloso? ¡Independientemente de lo que alcances este año, ya eres especial!

Los psicólogos han acuñado una palabra para referirse a la creencia de una persona en su propio potencial y capacidades: autoeficacia. Según los especialistas en psicología, las personas con autoeficacia tienen más probabilidades de alcanzar el éxito que aquellas que no confían en sus habilidades. Por lo tanto, comienza este nuevo día con la expectativa de que no solo lograrás las metas que te has propuesto, sino que estas serán la cereza del pastel de quien ya eres hoy: “la obra maestra de Dios” (Efe. 2:10).

3 de enero

Mi iPhone, Dios y yo

“Tengo sed de Dios, del Dios de la vida” (Sal. 42:2)

Todavía puedo recordar la emoción que experimenté al sostener mi primer iPhone. En un principio, era simplemente un teléfono, pero con el paso del tiempo se ganó un lugar especial en mi corazón y desde entonces me considero parte de la familia Apple. Ahora bien, debo confesar que lo que empezó como una experiencia emocionante ahora se ha vuelto agridulce. Cada vez que adquiero un nuevo iPhone, quedo fascinado con las nuevas características: mayor velocidad, Touch ID, Face ID, tres cámaras (siempre quise tener tres cámaras a la vez), entre otras. Sin embargo, esa emoción solo perdura hasta que se presenta al público el próximo modelo.

Cada vez que Apple lanza al mercado un nuevo iPhone, observo cómo la gente disfruta felizmente con sus nuevos dispositivos. Luego, miro mi modelo “antiguo” y me siento insatisfecho, lo que me lleva a trazar un plan de ahorros para adquirir el teléfono más reciente. Cuando finalmente lo consigo, me digo a mí mismo: “¡Este sí que me hará feliz!”; no obstante, unos días después, la emoción se desvanece y se inicia un nuevo ciclo.

¿Has notado cómo a menudo buscamos la felicidad en objetos que no nos satisfacen? En mi caso, se trató de un teléfono; otros la buscan en el dinero, en el sexo ilícito o en una vida llena de likes. Son como cajas vacías que al principio nos brindan satisfacción al abrirlas, pero cuyo efecto se desvanece en cuestión de instantes. Blaise Pascal tenía razón al escribir: “En el corazón de toda persona existe un vacío que tiene la forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada. Solo puede ser llenado por Dios”.

La experiencia de David nos ayuda a comprender lo que estamos diciendo. David empezó como un simple pastor de ovejas, luego se convirtió en héroe nacional al derrotar a Goliat (1 Sam. 17), en yerno del rey (1 Sam. 18:27), en oficial de la corte y, después de un tiempo, se convirtió en rey de Israel (2 Sam. 5). Sin embargo, al escribir el Salmo 42, aquel que aparentemente lo tenía todo declaró que en su alma había una sed tan intensa que nada ni nadie podía satisfacerla. El vacío existencial de David era tan grande que solo Dios podía llenarlo.

No sé con qué estás intentando llenar tus vacíos, pero hoy es un buen día para reconocer que el vacío del corazón no tiene forma de iPhone, tiene forma de Dios.

4 de enero

Bienvenido al sábado

“Si llamas al sábado ‘delicia’ […], entonces hallarás tu gozo en el Señor” (Isa. 58:13, 14, NVI)

En su libro Anécdotas talmúdicas y de rabinos famosos, Simón Moguilevsky cuenta que un rico comerciante fue a pasar el sábado con el rabino de Lublin. El viernes, al caer la noche, cada uno pasaba para saludar al rabí por el sábado. Cuando le tocó el turno al rico que estaba allí de visita, el rabí le estrechó la mano y le dijo: “Bienvenido”. El caballero se sorprendió por el saludo y le dijo: “Pero rabí, usted ya me dio la bienvenida cuando llegué”. “Sí, tiene razón —reconoció el líder religioso— sin embargo, noté durante las oraciones que usted parecía muy preocupado, puesto que sus negocios tienen que ver con el envío de mercadería a distintos lugares, su mente se hallaba en el puerto, controlando los envíos, pero su cuerpo permanecía aquí, en la sinagoga de Lublin. Ahora que su mente volvió, corresponde que le dé la bienvenida”.

Al dar la bienvenida al primer sábado del año conviene que recordemos que este día es más que reposo y adoración, es un día de comunión con el Creador en el que nos desconectamos de nuestras actividades cotidianas para conectarnos con Dios y con nuestro prójimo.

El teólogo adventista Sakae Kubo señala que “cuando llega el sábado, entramos, como huéspedes ante la presencia del gran Rey. Y cuando entramos en la casa de Dios, lo hacemos como huéspedes. El sábado encuentra su cumplimiento únicamente cuando alcanzamos la verdadera comunión con Dios y con su pueblo. Y, como todas las comuniones, ello nos debería llevar a una amistad y a una unidad de mente cada vez más profundas” (Vivir el futuro hoy [IADPA, 2016], p. 23).

Te invito a reflexionar sobre este y cada sábado del año como una cariñosa invitación del Soberano del universo a conectar con él y con nuestros semejantes. Dios, a través de Isaías, nos asegura que al apartarnos de las rutinas diarias y entrar en comunión con él cada sábado, no solo nos convertiremos en sus huéspedes distinguidos, sino que también experimentaremos alegría y bendición. ¿Te gustaría ser el huésped de honor en la presencia de Dios en este día?

5 de enero

“Grandes cosas”

“Con la ayuda de Dios haremos grandes cosas” (Sal. 60:12)

Ben Hopper escribió que el 2022 fue uno de los años más extraños en lo que respecta a los Récords Mundiales Guinness. Algunos de los récords más raros que se impusieron ese año fueron:

El menor tiempo para colocar en orden alfabético todas las letras en una lata de sopa: dos minutos y 8,6 segundos.La máxima distancia recorrida sobre la cuerda floja en zapatos de tacón alto: 639 pies de distancia en tacones de cuatro pulgadas.La reunión más grande de personas con el mismo nombre y apellido: 178 “Hirokazu Tanakas” en Japón, superando el récord establecido en 2005 por 164 “Martha Stewart”.El menor tiempo en engullir diez pimientos “Carolina Reaper”: 33.5 segundos.

Indudablemente, estas “hazañas” logran arrancar una sonrisa a cualquiera. ¿Y en tu caso? ¿Cuáles son las “hazañas” que te has propuesto? Algunos se conforman con comer pimientos “Carolina Reaper”, lo cual no es tarea fácil, pero creo que tanto tú como yo tenemos la capacidad de lograr mucho más que eso.

En el Salmo 60, David menciona que “con la ayuda de Dios haremos grandes cosas”. ¿A qué se refería David con “grandes cosas”? A primera vista, podría parecer que hablaba de victorias militares, pero resulta llamativo que jaíl, el término hebreo traducido como “grandes cosas”, también pueda traducirse como “capacidad” o “virtud”. En Éxodo 18:25 se usa la palabra jaíl para hablar de los hombres “capaces” que Moisés puso como jefes. De Rut se dice que era una mujer “virtuosa” [jaíl] (ver Rut 3:11). Así las cosas, no tienes que romper un récord mundial para llevar a cabo una “gran cosa”. Cada día tienes la oportunidad de hacer algo grande con la ayuda de Dios. ¿Cómo? Haciendo lo mejor con tus “capacidades”, dando lo mejor de ti en cualquier situación que te encuentres y desarrollando la virtud.

Bajo la dirección de Dios, la combinación de tus capacidades con la virtud constituye la “cosa más grande” posible. ¿Te animas a alcanzar ese tipo de grandeza?

6 de enero

El hombre que no descubrió América

“Siembra tu semilla por la mañana, y por la tarde siémbrala también, porque nunca se sabe qué va a resultar mejor, si la primera siembra o la segunda, o si las dos prosperarán” (Ecl. 11:6)

¿Has oído hablar de Bjarni Herjólfsson? Este explorador nórdico del siglo X d.C., cuyo nombre puede resultar complicado de pronunciar, tiene una historia fascinante. Nacido en Islandia, cuando creció Bjarni se trasladó a Noruega y se estableció allí como comerciante. A pesar de vivir en Noruega, cada año hacía una visita a su padre en Islandia.

En el verano de 986, Bjarni decidió visitar a su padre, solo para descubrir que este se había mudado a Groenlandia. Sin saber exactamente dónde se encontraba Groenlandia, Bjarni zarpó hacia el oeste, consciente solo de que la tierra de su padre estaba cubierta de nieve y glaciares.

Pocos días después de zarpar, un fuerte viento del norte y la niebla llevaron la embarcación a la deriva durante varios días. Cuando el tiempo mejoró, la tripulación avistó tierra, pero no parecía ser Groenlandia; en lugar de nieve y glaciares, se veían árboles y colinas. A pesar de la intención de la tripulación de atracar para buscar madera y provisiones, Bjarni decidió bordear la costa y continuar hacia Groenlandia. Después de varios días, finalmente llegaron a su destino y se reunieron con el padre de Bjarni.

¿Sabías que la costa que Bjarni y su tripulación avistaron fue la costa este de lo que hoy conocemos como Canadá? Bjarni Herjólfsson estuvo a punto de descubrir “América” en ese momento, cinco siglos antes que Colón. Si hubiera sido un poco más curioso y aventurero, tal vez el nombre de nuestro continente sería llamado Herjólfsson.

Este año, te embarcarás en diversos proyectos y, al igual que los vikingos de la historia, te expondrás al riesgo de llegar a costas misteriosas, lugares que no tenías previstos. Cuando te encuentres en esa situación, ¿serás curioso como Cristóbal Colón o temeroso como Bjarni? En el versículo de hoy, Salomón te dice: ¡Lánzate! ¡Explora! No temas sembrar una semilla diferente cuando se presente la oportunidad. El miedo puede detenerte, al igual que le sucedió a Bjarni, mientras que la audacia puede convertirte en el próximo Cristóbal Colón.

7 de enero

“Yo soy tu padre”

“Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos” (1 Juan 3:1, NTV)

—No, ¡yo soy tu padre!

—No, no es cierto, ¡eso es imposible!

—Busca en tu interior y verás que es cierto.

Con estas palabras inolvidables, Darth Vader, el icónico villano creado por George Lucas, reveló su identidad al protagonista de la primera trilogía de Star Wars. ¡Imagina la sorpresa de los espectadores! ¡Imagina la sorpresa de Luke! De hecho, conmocionado por la noticia de que el temido villano es su propio padre, Luke optó por lanzarse al vacío en lugar de unirse al “lado oscuro”. Aunque te cuento que logró sobrevivir para protagonizar más películas.

En realidad, no puedo culpar a Luke Skywalker, ya que su padre optó por el lado oscuro y la opresión de la galaxia en lugar de pasar tiempo con su hijo. Aunque al final lograron reconciliarse, debió ser traumático para el joven jedi descubrir que su propio padre había sido la fuente de mucho de su dolor.

Quizás George Lucas creó a Darth Vader como un reflejo de lo que observamos en nuestra sociedad: padres que roban, maltratan a sus hijos, se convierten en depredadores sexuales, abandonan a sus familias o, en primer lugar, nunca están presentes. No es de extrañar que a muchas personas les resulte difícil creer en la idea de Dios como un Padre amoroso. De hecho, Sigmund Freud expresó que Dios no es más que una ilusión basada en nuestra infantil necesidad de tener una figura paterna fuerte.

En mi caso, no me resultó difícil aceptar la idea de que Dios es un Padre amoroso, ya que, a pesar de los defectos de mi padre, siempre he sentido su amor y cuidado. Sin embargo, comprendo que cada persona tiene experiencias diferentes. La vida a veces es dura e injusta, y nuestras vivencias personales pueden distorsionar nuestra percepción de Dios.

Hoy las Sagradas Escrituras tienen para ti una buena noticia: no necesitas depender de tu imaginación ni basarte únicamente en tus experiencias personales para descubrir cómo es tu Padre celestial. Lo mejor es que no te decepcionaras como le sucedió a Luke. La Biblia revela que Dios es misericordioso y paciente (Éxo. 34:6), provee para nuestras necesidades (Fil. 4:19), es la fuente de todo lo bueno (Sant. 1:17) y te asegura su protección (Sal. 91). Hoy tienes una maravillosa oportunidad para descubrir que Dios es tu Padre y te ama.

8 de enero

Semillas y frutos

“No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra” (Gál. 6:7, NTV)

Su vida se hallaba sumida en el caos. Quien alguna vez fue el heredero de una próspera hacienda, se encontraba ahora cuidando cerdos en una tierra extraña. ¿Cómo había llegado a este punto? La respuesta es simple: estaba recogiendo los frutos de lo que había sembrado.

En Gálatas 6:7, Pablo expone la cruda realidad de nuestro mundo: nuestros hábitos dan forma a nuestra vida. Aunque Pablo no utilizó la palabra “hábitos”, prefirió una metáfora agrícola que sus lectores pudieran entender: sembrar y cosechar. Pero la idea está ahí: “Tus resultados estarán determinados por tus aportes. Los frutos de tu vida se basarán en las decisiones que tomes, los hábitos que comiences y los hábitos que abandones” (Craig Groeschel, El poder para cambiar [Zondervan, 2023], p. 190).

El principio de la cosecha se presenta como una ley del universo, similar a la gravedad. Aunque pueda no gustarte, aunque no estés de acuerdo con ella, “lo que sube, baja”. Lo mismo ocurre con tus hábitos. Un joven que siembra pornografía no debería sorprenderse cuando coseche problemas matrimoniales. Una chica que siembra semillas de crítica y negatividad no debería sorprenderse cuando coseche una vida solitaria. Un empleado que siembra la semilla de la irresponsabilidad no debería sorprenderse cuando otro compañero reciba el ascenso.

Cuando a las personas les va mal en sus matrimonios, amistades o carreras, a menudo culpan a Dios y piensan que están siendo castigados, sin darse cuenta de que lo que les sucede es el resultado de sus propias acciones y decisiones. Si siembras malos hábitos, no te sorprendas al obtener resultados proporcionales. Sin embargo, el principio de la cosecha también tiene una contraparte positiva. Craig Groeschel escribe que “si no te gusta lo que recoges, cambia lo que siembras. Si no te gusta la cosecha, cambia la semilla” (El poder para cambiar, p. 192). Siempre tenemos la oportunidad de cambiar los resultados que obtenemos. Como el hijo pródigo, siempre podemos regresar y comenzar de nuevo.

Es un excelente momento para reflexionar sobre lo que has estado cosechando en tu vida hasta este punto. Si no estás satisfecho, hoy tienes la oportunidad de comenzar a sembrar una semilla diferente. Analiza con sinceridad los aspectos de tu vida que te decepcionan y, a través de la oración, identifica los hábitos que han llevado a esos resultados. Asume la responsabilidad y decide qué tipo de semilla vas a plantar a partir de hoy para obtener una cosecha más positiva.

9 de enero

Cien por uno

“Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio buena cosecha; algunas espigas dieron cien granos por semilla, otras sesenta granos, y otras treinta” (Mat. 13:8, NTV)

Ayer compartí contigo el principio bíblico de la cosecha: cosecharás lo que has sembrado, ni más ni menos. ¿Te sorprendería saber que eso es solo una parte de la verdad? En Mateo 13, Jesús contó la parábola del sembrador y, utilizando una metáfora agraria, el Maestro destacó que no solo cosechamos lo que sembramos, sino que también cosechamos más de lo que sembramos. El versículo de hoy indica que cada grano tiene la capacidad de producir treinta, sesenta o incluso cien granos más. ¿Cómo es posible esto?

La respuesta se encuentra en un principio matemático conocido como “el efecto compuesto”, que es simplemente el resultado de una acción que, aunque pequeña, se repite una y otra vez durante un largo periodo de tiempo. Por ejemplo, si consumes cien calorías adicionales cada día, al final del año habrás ganado unos cinco kilos más; pero si consumes cien calorías menos cada día, al final del año habrás perdido cinco kilogramos.

La repetición y el tiempo aumentan exponencialmente nuestras acciones. James Clear afirma que “el tiempo amplía el margen entre el éxito y el fracaso. Multiplicará todo lo que le des. Los buenos hábitos hacen que el tiempo sea tu aliado. Los malos hábitos hacen que el tiempo sea tu enemigo” (Hábitos atómicos [Paidós, 2018], p. 26).

En el plano espiritual se puede aplicar el mismo principio. C. S. Lewis escribió que “el mal y el bien aumentan los dos a un interés compuesto. Por eso, las pequeñas decisiones que tomamos todos los días son de una importancia infinita. La más pequeña buena acción de hoy es la conquista de un punto estratégico desde el cual, unos meses más tarde, podremos avanzar hacia victorias con las que nunca soñamos. Ceder hoy a nuestra ira o nuestra lujuria, por trivial que sea esa concesión, es la pérdida de un camino, una vía férrea o un puente desde los que el enemigo puede lanzar un ataque de otro modo imposible” (C. S. Lewis, Mero cristianismo [HarperOne, 2006], p. 91.

Hoy te invito a hacer del efecto compuesto tu aliado y no tu enemigo. Tomar una decisión sabia o hacer algo bueno para Dios puede parecer insignificante, pero sigue haciéndolo. No tienes ni idea de la importancia que puede llegar a tener en el futuro.

10 de enero

No te canses de sembrar

“Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos” (Gál. 6:9)

Imagina por un momento que un agricultor decide plantar un árbol de mango. Prepara la tierra, siembra la semilla, la riega y se queda esperando a que el árbol brote. Después de cinco minutos sin ver resultados, se enoja, abre la tierra y saca la semilla “inútil”. Por supuesto, lo que acabo de describir es producto de mi imaginación. Ningún agricultor actuaría de esa manera.

Durante los últimos dos días, he compartido contigo dos principios importantes de la vida: 1) cosechamos lo que sembramos y 2) cosecharás más de lo que sembraste. Hoy quiero finalizar con un último principio: la cosecha se produce después de haber sembrado, en algunos casos, incluso años más tarde.

Lamentablemente, vivimos en un mundo acostumbrado a la gratificación instantánea, donde esperamos resultados inmediatos. Esta mentalidad nos lleva a rendirnos y abandonar metas, como dejar el gimnasio después de solo dos meses sin ver resultados, o desistir de la lectura y la oración después de dos semanas sin sentirnos más cerca de Dios. Espero que no haya jóvenes por ahí que hayan dejado de leer este libro, ¡pues ni siquiera han pasado dos semanas del año!

Los agricultores comprenden que se siembra en una estación del año y se cosecha en otra. Lo que siembras en la juventud será lo que coseches en la vejez. Pablo entendía esto y nos aconseja no cansarnos de hacer el bien, de no desanimarnos en la siembra, porque siempre cosecharemos, pero lo haremos “a su debido tiempo” (Gál. 6:9).

Como la cosecha viene después, hoy debes decidir no cansarte, no rendirte, no abandonar la lucha de sembrar el bien. “No te vuelves exitoso cuando logras la meta en el futuro. Eres exitoso cuando practicas tu hábito estratégico hoy. El éxito es hacerlo constantemente en lugar de ocasionalmente. No verás hoy los resultados que quieres. Sé paciente. Sembraste las semillas adecuadas. La cosecha llegará” (Craig Groeschel, El poder para cambiar, p. 210).

Decide hoy sembrar amor en el mundo. Decide hoy sembrar buenos hábitos en tu vida y una vez comiences, no te canses de sembrar. Siembra constantemente y deja que el tiempo haga su trabajo. Pronto cosecharás los resultados.

11 de enero

¿Como Jesús o como Juan?

“Háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31)

La mejor manera de vivir el cristianismo puede variar según la interpretación y enfoque de cada individuo. Sin embargo, quiero presentarte a dos personajes bíblicos con misiones divinas contemporáneas y que eran hasta parientes: Jesús de Nazaret y Juan el Bautista.

Lucas presenta un marcado contraste entre ambos personajes: Juan, un hombre rústico que vivía en el desierto, vestía con pieles de camello y tenía hábitos alimenticios peculiares (Mat. 3:4). No hay registros de que Juan saliera del desierto para interactuar con la gente. Podríamos comparar a Juan con aquellos hermanos que destacan por su vestimenta peculiar y que, si dependiera de ellos, todos viviríamos en el “desierto” comiendo plantas y esperando la gran tribulación.

Por otro lado, Jesús se presentaba como una persona común y aceptaba invitaciones a comer tanto con dirigentes religiosos como con recaudadores de impuestos y prostitutas (Luc. 15:1-2). Enseñaba al aire libre, como Juan, pero también participaba en sinagogas y en el Templo. Podríamos decir que Jesús se asemeja a los cristianos que se mezclan con el mundo, conmemoran eventos importantes, viven en grandes ciudades, visten de manera informal y consumen “de todo” lo que la Biblia permite.

Jesús se integraba a la sociedad y procuraba cambiarla desde adentro. Juan se apartaba de ella y procuraba cambiarla desde afuera. ¿Podría el mismo Dios estar detrás de estilos de vida y métodos tan diferentes? Las Escrituras contestan con un rotundo “sí”.

Jesús es el Mesías y Juan fue considerado como el hombre más grande nacido en este planeta (Luc. 7:28). El quid del asunto es que, como dijo Jesús en Lucas 7:31-35, no importa si “tocamos la flauta o cantamos canciones tristes”, la gente nunca estará satisfecha; no “bailarán” a nuestro compás, pero tampoco “llorarán” con nosotros.

Nunca podrás complacer a todos. La gente de la época decía que Juan tenía un demonio y que Jesús era glotón y bebedor (ver Mat. 11:18, 19). Por eso, el mismo Jesús concluyó: “La sabiduría de Dios se demuestra por todos sus resultados”. Entonces, ¿cuál es el estilo de vida que Dios aprueba? En el versículo de hoy Pablo contestó esta pregunta sabiamente: el que glorifica a Dios. Después de todo, “cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios” (Rom. 14:12).

12 de enero

Juego de tronos

“Después hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. El dragón y sus ángeles pelearon” (Apoc. 12:7)

Un imponente trono, emblema de poder y autoridad, plantea la incógnita: ¿Quién ocupará tan majestuoso asiento? Entre los aspirantes se encuentran el lobo, símbolo de la casa Stark, el ciervo representativo de los Baratheon, el león que personifica a los Lannister y el dragón, emblema de los Targaryen.

Desde 2011 hasta 2019, la serie Juego de Tronos, basada en la obra literaria Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin, cautivó a la audiencia a nivel mundial. Durante la emisión de la serie, la televisión e Internet se vieron saturados de memes y spoilers relacionados con este relato épico que narra las intrigas y maquinaciones políticas entre los nobles de Poniente.

Esta serie mantuvo a los fanáticos en vilo durante casi una década. Con o sin dragones, la trama de luchas por el poder, donde al final el ganador se lleva todo, es algo con lo que todos podemos identificarnos fácilmente. Lamentablemente, la elección de los directores para el desenlace decepcionó enormemente a la gran mayoría de los seguidores de la serie de HBO.

En realidad, Juego de Tronos no es más que una parodia mediocre del verdadero conflicto: la lucha entre Cristo y Satanás, donde la elección que hagamos determinará quién será el amo y señor de nuestra mente, tiempo e influencia.

Según la Biblia, esta gran controversia inició en el cielo y luego se trasladó a nuestro planeta. Según Apocalipsis 12, en cada enfrentamiento, el bien ha salido victorioso: Cristo venció al diablo en el cielo, lo derrotó en la tierra al morir en la cruz y lo ha vencido una y otra vez a través de su pueblo. Pero ¿cuál será el desenlace final de este conflicto cósmico? La Biblia no guarda silencio al respecto: Cristo triunfará. De hecho, el gran trono es referido en la Biblia como “el trono de Dios y del Cordero” (Apoc. 22:1). ¡El trono ya tiene dueño!

Aunque conocemos quién gobernará el universo por los siglos sin fin, hoy queda por decidir quién liderará tu vida, quién ocupará el trono de tu corazón. ¿Será el León de la tribu de Judá o el dragón? La decisión está en tus manos.

13 de enero

El don del silencio

“Después del fuego se oyó un sonido suave y delicado” (1 Rey. 19:12)

En 1801, a la temprana edad de treinta años, el compositor y pianista alemán Ludwig von Beethoven comenzó a quejarse de que su capacidad auditiva estaba empezando a menguar. Inicialmente, señaló que desde lejos no podía percibir las notas más agudas de los instrumentos ni las voces de los solistas.

¿Cómo te sentirías si comenzaras a perder uno de tus sentidos? ¿Cuál sería tu reacción ante la pérdida de una habilidad directamente vinculada con tu mayor don? Beethoven respondió con rabia. Se dice que, para poder escuchar su propia música, golpeaba el piano con tal fuerza que frecuentemente dejaba los instrumentos inutilizables. A los 45 años, Beethoven había quedado completamente sordo. Aunque pensó en suicidarse, optó por no hacerlo debido a consideraciones morales.

A pesar de su sordera, Beethoven produjo su mejor música durante estos años, destacando su obra maestra: la novena sinfonía, considerada uno de los mayores logros musicales de la humanidad. Aunque paradójico, mientras más profunda era su sordera, más original y brillante se volvía este músico. La pérdida de la audición parecía liberarlo del ruido de las críticas y distracciones sociales, permitiéndole escuchar su propia voz interior y la música que llevaba consigo. El silencio le brindó la oportunidad de descubrir algo nuevo y transmitirlo como su legado.

El mundo se ha vuelto cada vez más bullicioso, con innumerables voces compitiendo por captar tu atención. Entre esas voces, algunas te criticarán y sembrarán dudas en ti, mientras que otras intentarán moldear tu personalidad según sus propios criterios y esquemas de pensamiento. Sin embargo, la historia de Beethoven nos enseña que, en ocasiones, lo más beneficioso es “silenciar” el ruido del mundo para escucharnos a nosotros mismos, descubrir quiénes somos realmente y qué legado deseamos dejar. Pero, aún más crucial, el silencio a menudo brinda la oportunidad de escuchar la voz de Dios.

Beethoven no tuvo alternativa, pero hoy tú sí la tienes. Puedes desconectarte por un momento, dirigir tu mirada hacia adentro y hacia el cielo, y junto al Señor decidir qué tipo de persona serás y cómo te recordarán los demás.

14 de enero

El “Hulk” que todos llevamos dentro

“El pago que da el pecado es la muerte, pero el don de Dios es vida eterna en unión con Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rom. 6:23)

En mayo de 1962, Stan Lee y Jack Kirby presentaron al mundo a uno de los superhéroes más fascinantes: Hulk. Si estás familiarizado con esta imponente bestia verde que irracionalmente aplasta todo a su paso, sabrás que no siempre se comporta así. Bajo circunstancias normales, Bruce Banner es uno de los científicos más brillantes del planeta, además de ser una persona culta, decente, calmada y educada. Sin embargo, como resultado de un accidente con radiación gamma, cada vez que Bruce se enoja o pierde el control emocional, se transforma en Hulk y arrasa con todo a su paso.

¿Te has percatado de lo acertadamente que este personaje ficticio refleja nuestra realidad espiritual? En más de una ocasión nos proponemos hacer el bien y, por lo general, empezamos a llevarlo a cabo; pero cuando perdemos el control o nos someten a presión, surge en nosotros una fuerza que se rebela contra todo lo bueno y nos impulsa a cometer actos de los cuales luego nos avergonzamos.

Quizás la mejor descripción del “Hulk” que todos llevamos dentro es la que presenta Pablo en Romanos 7:15 y 20:“Realmente no me entiendo a mí mismo, porque quiero hacer lo que es correcto, pero no lo hago. En cambio, hago lo que odio […]. Ahora, si hago lo que no quiero hacer, realmente no soy yo el que hace lo que está mal, sino el pecado que vive en mí” (NTV).

Lamentablemente, dejarnos dominar por el pecado solo conduce a la muerte (Rom. 6:23). Cuando reflexiono sobre el daño que he causado a mis seres queridos, considero el dolor que mi pecado inflige en el corazón de Dios y recuerdo que el resultado del pecado es la muerte, no puedo evitar repetir las palabras de Pablo cuando escribió: “¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará del poder de la muerte que está en mi cuerpo?” (Rom. 7:24). ¿Te has sentido así alguna vez? ¿La lucha interna entre el bien y el mal te ha llevado al borde de la desesperación? Entonces, el resto de la cita te ofrecerá un rayo de esperanza: “¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor” (Rom. 7:25, NTV). Cristo tiene el poder de dominar el Hulk que todos llevamos dentro.

15 de enero

El efecto Dunning-Kruger

“Tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada; y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Apoc. 3:17)

¿Qué tan bueno eres evaluando a otros? Evaluar nuestra competencia en áreas como la administración del dinero, la comprensión de las emociones de los demás o el cuidado de nuestra salud es esencial para tomar decisiones informadas y saber cuándo buscar ayuda externa. Sin embargo, los psicólogos han descubierto que somos propensos a no ser muy precisos ni imparciales al evaluarnos a nosotros mismos, un fenómeno conocido como el efecto Dunning-Kruger.

Lamentablemente, este fenómeno revela que tendemos a sobreestimar nuestras habilidades. Por ejemplo, el 88 % de los conductores en Estados Unidos cree que está por encima del promedio en destreza al manejar. Este patrón se repite en áreas como el cuidado de la salud, habilidades de liderazgo, gramática, ética y varios aspectos de la vida. Lo intrigante es que se ha observado que cuanto menos competente es una persona, más tiende a sobrevalorar sus habilidades.

Este fenómeno ocurre porque, cuando carecemos de conocimiento o destreza en alguna área, enfrentamos una especie de “doble maldición”. En primer lugar, cometemos errores debido a nuestra falta de conocimiento; en segundo lugar, esa misma falta de conocimiento nos impide percatarnos de nuestros errores y corregirlos. De ahí que muchas personas transitan por la vida creyendo ser expertos cuando, en realidad, solo hacen el ridículo ante los demás.

Lo cierto es que todos somos susceptibles a este efecto, ya que hay áreas del conocimiento en las que no somos competentes. Sin embargo, hay un ámbito donde el efecto Dunning-Kruger puede ser especialmente perjudicial: la vida espiritual. En Apocalipsis 3:17, Jesús describe a una comunidad de creyentes que tiene una autoimagen muy elevada: se considera rica, próspera y sin necesidades. Sin embargo, la percepción del Maestro experto trasciende esta ilusión y logra discernir la cruda realidad: “No te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo”.

Demos un pequeño giro a la pregunta inicial: ¿Cómo evalúas tu vida espiritual? Además, ¿cómo crees que Jesús la evaluaría? Si buscamos mejorar el cuidado de nuestra salud, la administración del dinero y otros aspectos de nuestra vida, lo ideal es adquirir conocimiento. En el ámbito espiritual, simplemente debemos acudir a Cristo. Él nos brindará una evaluación precisa de nuestra situación y nos ofrecerá la solución.

16 de enero

La mejor versión de ti

“Todo lo que hagas, hazlo bien” (Ecl. 9:10, NTV)

Todavía recuerdo la primera vez que recibí en mi teléfono una notificación de “hay una actualización disponible”. Leí con sumo cuidado todas las mejoras que el fabricante me ofrecía: “Mejor rendimiento de la batería, se han corregido algunos errores, el sistema operativo es más estable, etcétera”, y entonces le di a “actualizar”. Con el tiempo, las actualizaciones se han vuelto rutinarias, a veces hasta molestas, pero lo cierto es que con cada una de ellas, mi teléfono se renueva y se siente “como nuevo”. Es el mismo dispositivo, pero ahora ha quedado mejorado.

Aunque no somos máquinas, tú y yo procuramos cada día ser mejores versiones de nosotros mismos: mejores cristianos, mejores cónyuges, mejores empleados, mejores vecinos y miembros de la comunidad. ¿Cómo puedo llegar a ser la mejor versión, la versión definitiva de mí mismo? Me gusta mucho lo que señala la psiquiatra y escritora Marián Rojas-Estapé; ella dice que la mejor versión de ti es una suma de cuatro componentes: 1) tus conocimientos, 2) tu proyecto de vida, es decir, saber adónde te diriges, 3) tu voluntad, 4) multiplicado por tu pasión, que es poner el corazón en lo que haces.

Como seguramente has notado, tu mejor versión es la suma de varios factores. Acumular conocimiento es importante, tener un proyecto de vida es indispensable, y sin voluntad no lograríamos nada. Estos primeros tres componentes requieren meditación y reflexión. No podemos saber adónde vamos en la vida si cada mañana salimos corriendo para hacer solo lo necesario por esa jornada. Necesitamos hacer una pausa y preguntarnos cuáles son nuestras metas reales, cuál es nuestro propósito en el mundo.

Una vez hayamos definido lo primero, toca añadir el último componente, la pasión, que es lo que multiplica todo lo demás. No importa si eres estudiante, empleado o emprendedor, tienes la oportunidad de transformarte en la mejor versión de ti y de transformar a los demás si le pones corazón. Esa parece ser la idea que Salomón tenía en mente cuando escribió el versículo de hoy, poner el corazón en lo que hacemos, sea esto grande o pequeño. Estoy seguro de que hoy se te presentarán múltiples oportunidades que te permitirán ser la mejor versión de ti.

17 de enero

Tetriminos

“Cuando me siento agobiado, solo tú sabes qué camino debo tomar” (Sal. 142:3, NTV)

Me encanta preparar las maletas para un viaje. Disfruto del proceso de organizar la ropa, los zapatos y los artículos personales de manera “eficiente”, para que todo quepa en la menor cantidad de espacio posible. Probablemente me gusta esta actividad porque siempre disfruté jugar Tetris.

Tetris es un videojuego que consiste en organizar seis tipos de tetriminos, figuras geométricas formadas por cuatro cuadrados, que caen por la pantalla para formar líneas completas. Puedes usar los controles para mover y girar cada tetrimino, haciendo que encaje en la parte inferior de la pantalla. Cada vez que formas una línea, esta se elimina; de lo contrario, se acumulan y si llegan hasta arriba, pierdes.

Al principio, el juego es bastante sencillo, pero a medida que avanzas, los tetriminos caen más rápido, lo que te da menos tiempo para organizarlos. Entonces, te empiezas a desesperar, tomas malas decisiones y colocas las piezas en lugares incorrectos. Más temprano que tarde, te sientes abrumado, la pantalla se llena rápidamente y... game over.

A menudo, la vida se asemeja a un juego de Tetris. Tenemos que organizar las diversas “piezas” que nos van cayendo, poner cada una en su preciso lugar. Pero a medida que crecemos, el juego de la vida se acelera y se vuelve cada vez más difícil organizarlo todo: estudios, vida sentimental, relación con Dios, trabajo, hijos, vida social, entretenimientos, finanzas... Además, no siempre recibimos las piezas que necesitamos y, a menudo, nos sentimos abrumados y desesperados, sin saber qué camino tomar, con la sensación de que pronto veremos un gran letrero en el cielo que diga game over.

Es una bendición para nosotros saber que no estamos solos en el “Tetris” de la vida. Cuando las presiones nos agobian, nuestra mejor opción es acudir a Dios. El salmista reconoció en el versículo de hoy que el Señor conoce el mejor camino a seguir. Cuando te sientas sobrecargado, recuerda que puedes llevarle tu vida al Señor en oración; él te indicará qué “giro” puedes darle a la situación para que todo encaje en su debido lugar. Si hoy te sientes abrumado, coloca toda tu ansiedad en las manos de Dios (ver 1 Ped. 5:7). Después de todo, Isaías tenía razón cuando escribió que Dios guarda en perfecta paz a todos los que confían en él (Isa. 26:3).

18 de enero

¿A quién te gustaría tener en tu sofá?

“Los que honran a Dios hablaron entonces entre sí, y el Señor escuchó con atención lo que decían” (Mal. 3:16)

¿Alguna vez has hecho un comentario “inocente” para luego sentir que Dios te ha escuchado y se lo ha tomado en serio? Justo eso le pasó a Joe, según cuenta Peter Greig en su libro: How to Pray: A simple Guide for Normal People [Cómo orar: Una guía simple para personas normales] Peter se encontraba varado en Chicago. Su vuelo a Inglaterra, donde vivía, había sido cancelado como resultado de la erupción de un volcán en Islandia, así que Peter le pidió a Dios en oración que le mostrara la mejor manera de usar el tiempo que estaría allí varado. Varios de sus amigos le habían ofrecido hospedaje, pero después de haber orado, Peter recordó a Joe, un amigo que vivía a unos 240 kilómetros de distancia, concretamente en Madison, Wisconsin. Así que le escribió un correo: “Hey, Joe, estoy en Chicago. ¿Puedo dormir en tu sofá?”.

Lo que Peter no sabía era que justo aquel día Joe había recibido unas noticias devastadoras y al llegar a su casa su esposa, preocupada, le había preguntado: “¿A quién te gustaría tener en el sofá en estos momentos?”. ¡Sí, justo esas habían sido sus palabras! A lo que Joe había respondido: “Me gustaría que Peter estuviera en mi sofá, pero sé que eso es imposible, pues él vive en Inglaterra. Además, Peter nunca ha estado en nuestro hogar”. Parece que Dios escuchó el comentario “inocente” de Joe y lo tomó como una oración, una oración que contestó de inmediato. Pocas horas después, Peter estaba sentado en el sofá de Joe.

Yo mismo tuve una experiencia similar a la de Joe y Peter. A principios de 2012 suspiré frente a mis libros: “Ah, si mi trabajo fuese leer…”. Menos de un año después ya estaba trabajando como editor. Me llena de paz y seguridad saber que no hay una petición tan pequeña que pase desapercibida ante el Dios del universo. No hay suspiro tan leve que él no lo escuche. El Señor está tan cerca de nosotros que presta atención a nuestras conversaciones informales y nos ama tanto que a veces contesta incluso aquellas oraciones que no llegamos a realizar.

19 de enero

La casa del enemigo

“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8)

En su libro Hidden in Plain Sight [Escondido en plena vista], Mark Buchman narra la experiencia de una mujer cristiana que perdió a su único hijo durante el genocidio que asoló Ruanda en 1994. Consumida por el odio, buscó al Señor y le suplicó en repetidas ocasiones que le revelara la identidad del asesino de su hijo. Una noche, la mujer soñó con un camino hacia el cielo que pasaba por una casa. Al consultarle al Señor en el sueño, este le dijo: “Esa es la casa del asesino de tu hijo”.

Pasaron algunos días, y una noche la señora escuchó que golpeaban su puerta. Cuando abrió se encontró con un joven desconocido, pero de aproximadamente la misma edad que su difunto hijo. El joven pareció vacilar, pero finalmente reunió valor y le confesó: “Yo fui el que mató a su hijo, señora. Desde entonces no he tenido paz en mi corazón, así que aquí estoy. Vine a poner mi vida en sus manos. ¿Quiere matarme? Ya estoy muerto por dentro. ¿Quiere torturarme? Ya llevo el infierno mismo en mi mente. No sé qué hacer, haga usted conmigo lo que desee”.

¿Qué harías tú en semejante situación? Ante una situación tan excepcional, es difícil prever cómo reaccionaríamos. A veces, lo que solicitamos en nuestras oraciones toma una dimensión diferente cuando se materializa ante nuestros ojos. La mujer, que había suplicado por ese momento, se encontró en una encrucijada. En ese instante, comprendió que su verdadera necesidad era un hijo. Entonces le expresó al joven: “Solo te pediré una cosa: ven a vivir a mi casa, come la comida que le hubiera cocinado a mi hijo, vístete con las ropas que yo le hubiera confeccionado. Conviértete en el hijo que perdí”.

El mismo amor que Dios demostró en la cruz del Calvario, aquel que nos reconcilió con él a pesar de ser sus enemigos, tiene el poder de reconciliarnos unos a otros incluso en las situaciones más complicadas. Cultivar diariamente este amor en nuestros corazones es fundamental, pues no sabemos cuándo nos tocará estar frente a la casa de nuestro enemigo. Y si ese día fuese hoy, ¿tendrás tú el valor de entrar y perdonarlo?

20 de enero

Oración de dos palabras

“Respóndeme cuando clamo a ti, oh Dios, tú que me declaras inocente. Libérame de mis problemas; ten misericordia de mí y escucha mi oración” (Sal. 4:1, NTV)

¿Cuál es la oración más breve que has elevado? Durante la hora de la comida, he escuchado muchas oraciones cortas. En momentos de desesperación, simplemente decimos: “Señor, tú lo sabes todo. Amén”. Sin embargo, hoy quiero compartir la oración más breve que he encontrado en las Escrituras. Es tan concisa que consta solo de dos palabras.

El Evangelio de Mateo presenta cuatro relatos que contienen esta breve oración. En Mateo 9:27, dos ciegos siguen a Jesús gritando: “¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David!”. Varios capítulos más adelante, una mujer cananea le suplicó al Maestro: “¡¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! ¡Mi hija tiene un demonio que la hace sufrir mucho!” (Mat. 15:22). Después de la transfiguración, un hombre se arrodilló ante el Maestro y, entre lágrimas, expresó: “Señor, ten compasión de mi hijo, porque le dan ataques y sufre terriblemente” (Mat. 17:15). Finalmente, en Mateo 20:30, dos ciegos diferentes a los del primer relato le gritaron a Jesús: “¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!”

¿Notaste cuál es el pedido que se repite en los cuatro relatos? “Ten compasión”. En los cuatro relatos este pedido movió el corazón de Jesús y produjo sanidad, liberación y perdón.

En más de una ocasión he caído en el error de elevar extensas plegarias, creyendo erróneamente que la cantidad de palabras podría incrementar mis posibilidades de ser escuchado por Dios. No obstante, qué maravilla descubrir que, según Mateo, bastan tan solo dos palabras: “Ten compasión”. La eficacia de este pedido radica en su capacidad para apelar a la esencia misma de Dios.

En Éxodo 34, cuando Dios se manifestó ante Moisés, proclamó su nombre describiéndose así: “¡El Señor! ¡Dios tierno y compasivo, paciente y grande en amor y verdad!” (Éxo. 34:6). Por ende, en cualquier momento de tu jornada de hoy en que necesites sentir la presencia divina, simplemente eleva al cielo esas dos palabras capaces de conmover el corazón de Dios: “Ten compasión”.

21 de enero

La oración de Al Capone

“Busca a Dios, al Todopoderoso, y pídele que tenga compasión de ti” (Job 8:5)