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«Sus labios se acercaron a la oreja de Henrik. Este sintió unos escalofríos que le bajaron por la espalda. Asintió. Giró la cabeza hacia ella cuando oyó a Gustaf tocar a Vanessa, que respondió en voz baja. Una pausa. Los labios de hielo de Jennifer se toparon con los suyos. Jennifer emanaba un dulce aroma». Vanessa y Henrik continúan su estancia en el hotel de hielo, aunque apenas tendrán tiempo para descansar. Jennifer y Gustaf, los anfitriones, les acompañarán en un recorrido por las salas más emblemáticas del hotel. Y las más picantes.
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Seitenzahl: 35
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Vanessa Salt
LUST
Ice Hotel 2: Lenguas de hielo
Original title:
Ishotellet 2: Tungor av is
Translated by Raquel Luque Benítez
Copyright © 2018 Vanessa Salt, 2020 LUST, Copenhagen.
All rights reserved ISBN 9788726386592
1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0
No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.
Una mano rozó con cuidado el hombro de Henrik. La luz de las velas parpadeaba. Primero, el cabello inquebrantable de Jennifer. Luego, sus ojos. Bailaban bajo la luz. Sus labios estaban separados. Brillaban. Y sonreían.
Henrik y Vanessa estaban a medio camino de su habitación y barajaban la idea de irse a dormir. Pero veinte minutos más tarde, aparecieron.
Jennifer respiraba intensamente. «Debe de haberse quedado satisfecha rápido…».
—Despertaos, es hora de la visita.
Sus labios se acercaron a la oreja de Henrik. Este sintió unos escalofríos que le bajaron por la espalda. Asintió. Giró la cabeza hacia ella cuando oyó a Gustaf tocar a Vanessa, que respondió en voz baja. Una pausa. Los labios de hielo de Jennifer se toparon con los suyos. Jennifer emanaba un dulce aroma.
Se pusieron en silencio los monos alquilados. Jennifer y Gustaf esperaban junto a las cortinas, cada uno con un brazo alrededor de la cintura del otro. Jennifer levantó un poco la vela para que la luz se expandiera en la pequeña habitación de hielo. Gustaf llevaba puesto un suéter con capucha y unos vaqueros holgados. Jennifer llevaba unos vaqueros azules ajustados y una chaqueta corta de plumas.
Henrik miró a Vanessa. Su mono era un poco grande e insinuaba su esbelta figura en vez de realzarla. Su trenza larga y rubia descansaba sobre sus pechos, como una serpiente deslizándose sobre las suaves olas, subiendo y bajando. Sus altos pómulos acentuaban sus ojos, que parecían brillar debajo de su frente arqueada. Henrik pensó que parecía estar viéndola bajo una nueva luz. La veía más excitada.
Jennifer les saludó con la mano. Movió los labios, como invitándoles a que la siguieran. Pasaron a hurtadillas varias filas de cortinas hasta que llegaron a la sala de exposición y a las suites.
—Mucha gente tiene libre este fin de semana —susurró Jennifer—. Así que comencemos con el Salón de Columnas. Luego, podremos ver la iglesia y las salas de arte. Y terminaremos con una… habitación especial.
Jennifer tomó la iniciativa. Había agarrado la mano de Henrik con total naturalidad. Gustaf le ofreció a Vanessa su brazo. Como un auténtico caballero. No dijo nada, pero parecía que Vanessa estaba de acuerdo. Le lanzó un beso a Henrik.
***
Las lámparas de araña estaban hechas de hielo. Enormes arcos de gotas heladas. Hermoso… sensual. Jennifer apretó la mano de Henrik. Señaló unos asientos de altos respaldos que estaban colocados en un semicírculo debajo de la lámpara de araña. Henrik pensó en las esculturas de Giger, de La Casa Harkonnen. Era extraño.
Gustaf y Vanessa se sentaron en dos de los asientos que estaban en fila. Parecían tronos. La mente de Henrik se trasladó a la sala de la torre en Angkor. Allí Anastasia les había follado a los dos. Allí el humo del incienso hizo que la serpiente de siete cabezas danzara en las sombras provenientes del atardecer.
—Encantador… ¿verdad?
Jennifer apoyó la cabeza en el hombro de Henrik y miró hacia la lámpara de araña. Las pequeñas gotas también estaban bailando, pero por la luz parpadeante de las velas. Se bajó la cremallera de su chaqueta de plumas. Solamente un poco. Hasta la mitad. Daba la impresión de que estaba desnuda debajo.
—Os vi en la entrada. Cuando Gustaf y yo estábamos ocupados. No dije nada, pero fue muy excitante. Especialmente cuando ella te tocó. Me dejasteis empapada —Jennifer dijo esto con la misma naturalidad con la que agarraba la mano de Henrik.
