Ice Hotel 3: Llaves de hielo - Vanessa Salt - E-Book

Ice Hotel 3: Llaves de hielo E-Book

Vanessa Salt

0,0

Beschreibung

«Se enjabonaron la una a la otra mientras reían. Henrik las observaba. Parecía que se estuvieran exhibiendo. La chica de piel clara se giró hacia ellos y dejó que su compañera la masajeara. Sus manos de color marrón intenso le frotaron los pechos y el estómago. Y descendieron. Hacia los muslos. Hacia los gemelos. Al mismo tiempo, olas de vapor salían de la cabina. Se elevaban y las envolvían como una niebla matutina envuelve un humedal». La estancia de Vanessa y Henrik en Riverside Lounge continúa. Por si su primer encuentro con Jennifer y Gustaf fuera poco, en este capítulo conocerán a Minna y a Aaliyah y jugarán al póker con una anfitriona sorpresa, pero en absoluto desconocida.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 47

Veröffentlichungsjahr: 2021

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Vanessa Salt

Ice Hotel 3: Llaves de hielo

LUST

Ice Hotel 3: Llaves de hielo

Original title:

Ishotellet 3: Nycklar av is

 

Translated by Raquel Luque Benítez

Copyright © 2018 Vanessa Salt, 2020 LUST, Copenhagen.

All rights reserved ISBN 9788726386608

 

1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0

 

No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

Ice Hotel 3: Llaves de hielo

 

A la mañana siguiente, Jennifer y Gustaf se encontraban de pie junto a la cama de Henrik y Vanessa. Henrik buscaba su teléfono. Estaba cansado. Exhausto. Vanessa estaba apoyada sobre su brazo. Justo a su lado. Sus cuerpos habían caldeado el saco de dormir y todo lo que él deseaba era seguir descansando. Vanessa se acurrucó junto a él y susurró algo inaudible. Jennifer y Gustaf habían traído en una bandeja bebidas calientes de arándanos.

—Esto es un servicio que ofrecemos a todos nuestros huéspedes —dijo Jennifer, apartando su melena dorada.

En su rostro no quedaba ni rastro de la aventura de la noche anterior. No tenía ojeras ni los ojos rojos. Henrik no podía evitar mirarla, plantada a su lado y entregándole el vaso. Tenía los vaqueros azules adheridos a sus muslos. Y la chaqueta de plumas medio abierta.

«¿Cómo diablos lo hace? Parece tan despierta…».

—Ejem, gracias —siseó Vanessa desde el interior del saco de dormir.

Gustaf, por su parte, parecía algo agotado. No estaba tan bien arreglado y su cabello no parecía tan suave. Un rastro de incipiente barba le ensombrecía el mentón y el labio superior, haciéndolos un poco más oscuros de lo habitual. Miró a Vanessa. Sin decir una palabra, le entregó la bebida de arándanos. Llevaba un jersey de cuello alto. Vanessa de repente recordó que le había estado chupando y mordiendo por todas partes. Luego se sentó.

—Mmm… gracias. ¡En serio! —dijo con voz ronca, acariciándole la mejilla con torpeza. Gustaf sostenía la bandeja con una mano, y se pasó la otra por el cabello. Un atisbo de Dorian en su rostro. Vanessa se sonrojó.

—No podemos estar aquí —dijo Jennifer—. Tenemos que atender a los demás huéspedes. Pero nos vemos a las tres en punto en la entrada del Riverside e iremos juntos hasta el trineo tirado por los perros. Han pronosticado aurora boreal para esta noche.

Todos la miraron.

—¿Qué? —dijo bajando la mirada.

Vanessa se aclaró la garganta.

—Seguro que sabes lo que vas a hacer pero… ¿Con quién nos reuniremos en la cabaña? —Vanessa se introdujo más adentro en el saco de dormir. Le hacía ojitos a Gustaf.

—Será… una experiencia. Es alguien que gestiona el lugar y podremos quedarnos durante la noche. Ya lo veréis… —Jennifer dirigía las palabras al suelo. Echó una mirada a Henrik. Sus mejillas se sonrojaron.

—Estaremos fuera del Riverside a las tres más o menos —Henrik se giró hacia Vanessa—. ¿No?

—Por supuesto, H. Apuesto que será interesante —deslizó la mano sobre su pene medio erecto.

—Allí estaremos.

Vanessa lo llamó H. Henrik no sabía por qué. ¿Cómo debería llamarla él? ¿Es que ahora quería tener un apodo?.

 

***

 

Vanessa usaba el cincel con cuidado. Esculpió pequeñas líneas con un punzón y alisó con una pequeña sierra que sostenía en la otra mano. No fue necesario utilizar la pala de nuevo. Tenía dos bloques de hielo, uno de ellos a su lado. Henrik la observaba. Sabía exactamente lo que deseaba hacer. Admiraba a su especial compañera de viajes. No sabía que Vanessa tenía otro talento más. El de la escultura. Tendría que preguntarle por en algún momento al respecto.

«¿Cómo diablos te atreves a preguntar algo así? Ey, Vanessa, ¿también eres artista?».

Henrik era demasiado patoso para hacer algo más complejo que un obelisco en el que tallar patrones abstractos. Miraba la pieza de Vanessa e intentaba imitar el capullo de la flor de loto, además de la escamosa piel de la cobra de siete cabezas. En un obelisco… Patético.

Dos horas después, Vanessa había terminado. Frente a ella, en la nieve, había un trono en miniatura, una réplica exacta del que había dentro de la Torre de los Cincos Lotos. Las serpientes estaban minuciosamente decoradas. Incluso tenían bifurcaciones en las puntas de las lenguas. Una llave yacía junto al trono —la que Anastasia había usado para abrir la vieja puerta de madera—. Todo estaba presente: la flor de loto, las serpientes arrastrándose del tallo al capullo… La llave de hielo era unas tres veces más grande de lo que era en realidad y se parecía más al bastón que Anastasia les regaló. Él lo agarró y sintió su peso.

—Es hermosa —acarició el patrón. Pensó en Jennifer. En el dildo de hielo. En Anastasia—. ¿Crees que…?

—Sí, lo creo —Vanessa sonrió juguetonamente y miró los ojos azules de Henrik. Ahora se conocían lo bastante bien como para no tener que decirlo todo—. Me lo llevaré.

 

***

 

El aseo estaba empañado. Los radiantes azulejos brillaban por la humedad y el agua condensada se derramaba por las paredes abajo. Había cabinas de ducha a ambos lados, a izquierda y derecha. Dos ventiladores daban vueltas lentamente en el techo, haciendo que el vapor rodara. Parecía un baño turco sacado de alguna antigua película en blanco y negro.