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La atención a los enfermos fue una misión llevada a cabo, fundamentalmente, por Jesús. Muchos otros han seguido sus pasos. La Iglesia y las personas que la conforman tienen la oportunidad de acercarse a este hermoso sector de la hospitalidad para continuar siendo parte activa en la atención de enfermos como manifestación de la misericordia del Señor. Este recorrido histórico de la Pastoral de la Salud ofrece una profunda reflexión sobre el servicio a los enfermos. Una panorámica repleta de experiencias, testimonios y vivencias que conforman un rico mosaico sobre la necesidad del cuidado y el servicio integral al enfermo en el mundo de hoy.
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Seitenzahl: 559
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Introducción
Entrevista
Evangelización en la salud: del ayer al hoy. Retos para el futuro
El proyecto pastoral en el campo sanitario
La persona enferma en el centro de la actividad sanitaria y pastoral.
Enfermedad, sufrimiento y cruz como lugares de encuentro y evangelización
Los hospitales: lugares de misión y de ejercicio de la esperanza
Hacerse prójimo del que sufre
El servicio de asistencia espiritual y religiosa hospitalario
Saber envejecer. Busco ancianos felices
Los rostros del sufrimiento y de la muerte. La muerte, cátedra de vida. (Aproximación Pastoral)
Sacramento de la Unción de enfermos
Humanización de la salud
Hno. Pierluigi Marchesi, OH (1929-2002). Profeta y maestro en humanización y Pastoral de la Salud
La misión de la Iglesia en el mundo de la bioética y de la salud
Importancia de la pastoral a favor de las personas con discapacidad en el ministerio de la Iglesia
Claves para una presencia cristiana en las tareas pastorales a la luz de la Exhortación apostólica Evangelii gaudium del papa Francisco
Señor, enséñanos a orar (Lc 11,1-4)
Bibliografía
Anexo 1
Anexo 2
Anexo 3
Anexo 4
Anexo 5
© SAN PABLO 2022 (Protasio Gómez, 11-15. 28027 Madrid)
Tel. 917 425 113 - Fax 917 425 723
E-mail: [email protected] - www.sanpablo.es
© José Luis Redrado Marchite, OH 2022
Distribución: SAN PABLO. División Comercial
Resina, 1. 28021 Madrid
Tel. 917 987 375 - Fax 915 052 050
E-mail: [email protected]
ISBN: 9788428563420
Depósito legal: M. 11.753-2022
Impreso en LiberDigital.
Printed in Spain. Impreso en España
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio sin permiso previo y por escrito del editor, salvo excepción prevista por la ley. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la Ley de propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). Si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos – www.conlicencia.com).
Muchas personas del ámbito sanitario me han animado a publicar estos temas, que parten de la experiencia.
Un gracias muy particular a mi hermano en religión, Ramón Castejón, que completó mi texto con mano técnica y con sus buenos consejos.
A mi Orden Hospitalaria, lugar de tanto espacio y aprendizaje, ¡muchas gracias!
La finalidad del presente libro es poner en las manos de los agentes de Pastoral de la Salud unos textos que han servido de base al autor en infinidad de ocasiones para animar la Pastoral al servicio de los enfermos. Son fruto de una reflexión que puede servir también para varias circunstancias: como animador pastoral, como persona que trabaja entre enfermos y en centros de salud y como creyente que desea acercarse a este hermoso sector de la hospitalidad.
Son textos que, por otra parte, se han ido publicando particularmente en las revistas Labor Hospitalaria y Dolentium Hominum. Se trata, por tanto, de una selección de textos con los que el autor desea animar a los animadores, poniéndoles delante, como si fuera en una «partitura musical», diversos textos que pueden sonar hasta de forma diversa, según sea el agente o lector quien lea esos textos. Suele suceder así que una misma partitura de Beethoven o de Mozart suena con diverso brillo según sea el director de la orquesta; igual puede suceder con estos textos. Requieren una lectura reflexiva, entusiasmo por estas materias, saber captar los mejores mensajes y proponerlos de nuevo a un gran público. El autor se daría por satisfecho si esto se llevara a cabo, porque vería cumplida su finalidad.
El autor comienza este libro con una entrevista que ya fue publicada en uno de sus libros anteriores: 25 años en el Vaticano al servicio de los enfermos. El porqué de esta entrevista aquí es sencillamente porque en ella hay un iter, un recorrido histórico de la Pastoral de la Salud en la que entran lugares y personas que se han subido a esta hermosa barca; es decir, la Pastoral de la Salud es fruto de muchas personas y se ha necesitado tiempo de «conquista». Nos toca ahora no perder de vista la meta y, ¡ojalá!, este libro ayude a ver más allá; ayude a entusiasmar y preparar nuevas vocaciones al servicio de la Pastoral de la Salud.
Que cada uno haga su parte, que no se guarde lo conquistado, que lo comunique, lo ofrezca a los demás y, en esta ayuda mutua, salgan beneficiados los enfermos. Esto es lo que desea el autor.
José L. Redrado, OH
«No son los organigramas los que dan fuerza y valor..., son las personas».
Como hermano de San Juan de Dios que ya eras en aquellos tiempos, la atención espiritual al enfermo «ya la llevabas puesta». ¿Dónde nace tu inclinación por esa «nueva» Pastoral de la Salud con lo que significa de una nueva forma de expresar, vivir, reflexionar la misma?
Yo creo que no fue una cosa premeditada: premeditada estaba otra cosa. El P. Matías Mina, Provincial, ya desde los estudios al sacerdocio, me inclinaba un poco a descubrir la figura de Juan de Dios, tanto que en algún momento me dijo que «le había fallado, que le había traicionado»; y me dijo que le había fallado porque entonces yo empezaba a descubrir, como joven religioso y recién ordenado sacerdote, un filón de la Pastoral de la Salud que yo no había ni tan siquiera soñado, y puedo decir que nace en este momento concreto en el cual yo soy Consejero Provincial, entre 1968 y 1971.
Ya antes de ser Consejero Provincial la institución me invita a ser formador, y lo soy de la Escuela Apostólica de Pamplona, en la que se me nombra Director, entre 1965 y 1967.
Como Consejero Provincial, intentamos en la Provincia hacer algo «nuevo». El Hno. Ciriaco Nuin asumió el cargo de Provincial por segunda vez. El Hno. Ramón Ferreró y yo éramos los dos jóvenes consejeros junto a otros dos hermanos más mayores. En definitiva, a mí, en el Consejo, se me habían dado dos áreas para animar: los centros de formación y la Pastoral. Y es aquí donde, quizá, doy respuesta más en concreto a la pregunta que me haces: para animar la pastoral presenté un programa. Y empezamos a hacer dos cosas importantes en el ámbito de la pastoral: por una parte, cambiar la revista Labor Hospitalaria, que pasó de ser un órgano interno de información a ser un medio externo que incluía temas de humanización, bioética y Pastoral de la Salud. Y en segundo lugar, diseñamos un plan para la Provincia: iniciar una reflexión, pero no solo dentro de la misma, sino abierto también exterior, hacia otros grupos; es así como empezamos por un encuentro que llamamos «Semana de Pastoral en el Hospital», que hicimos en Zaragoza. Era el mes de septiembre de 1969. Fue la primera Semana de Pastoral Sanitaria; y de ahí nace un flujo de semanas, reuniones, etc.; todo esto ha quedado documentado, tanto en fotografías como en relaciones escritas en la revista Labor Hospitalaria. Yo siempre he bautizado este paso como «el inicio de un nuevo camino en la Pastoral de la Salud».
Tú eras el responsable, pero tenías un equipo de personas...
Naturalmente. Como responsable que era de la Pastoral en la Provincia escogí para formar equipo de animación a tres personas clave: el Hno. Ramón Ferreró, el P. José Manuel Arenal y el Dr. Ignacio Aragó. Con este grupo iniciamos, como digo, un nuevo camino de animación pastoral en los hospitales. Comenzamos en Zaragoza (1969), después en Sant Boi (1970), en Pamplona (1970). De este encuentro de Pamplona partió una petición a la Conferencia Episcopal Española: pedimos que se nombrara a un obispo responsable de Pastoral de la Salud y a también un coordinador de la misma a nivel nacional. Dichos nombramientos se hicieron efectivos el año 1971: Mons. Damián Iguacén, obispo de Barbastro, primer obispo responsable de la Pastoral Sanitaria, y Don Luis María Esparza, coordinador nacional. Desde 1971 hasta 1975 seguimos con nuestro equipo por varias ciudades de la Península, y se subieron a la barca de la Pastoral otros nombres –Dionisio Manso, Fidel Delgado, Jesús Conde, Pepe Buj, Francisco Sola, Adolfo Mecerreyes...–. También otros lugares: La Granja (1972), Majadahonda (1972), Alacuás (1972), Aguadulce (1975). Son años de entusiasmo. Cambio de Director Nacional, es nombrado don Rudesindo Delgado (1975). Y se inicia en España una nueva etapa y un lugar para no olvidar, Aguadulce (Almería) (1975); será este el lugar del segundo bautismo para la Pastoral de la Salud. A partir de ahora comienza a organizarse de una forma más oficial, particularmente con la coordinación nacional y la animación del trabajo llevada a cabo por los coordinadores regionales, nombrados por el obispo responsable en 1976, Mons. Manuel Casares, obispo de Almería. Yo fui nombrado coordinador de Cataluña y Baleares, y aquí nos batimos de nuevo animando este sector.
El año 1978 don Javier Osés, obispo de Huesca, es nombrado obispo responsable de la Pastoral de la Salud, en sustitución de don Manuel Casares. La actividad de todos estos años, de 1969 a 1988, ha sido recogida –como he indicado anteriormente– por la revista Labor Hospitalaria.
Al margen de este recorrido que supone el inicio en España de esta nueva Pastoral de la Salud, de su nuevo planteamiento, ¿podríamos decir que tu bautismo como agente de Pastoral de la Salud fue en Sant Boi?
No, fue en Zaragoza, con la primera Semana de Pastoral, en septiembre de 1969.
Me refiero como agente de Pastoral «a pie de cama», cuando asumes la responsabilidad directa de la misma en un centro; yo te conocí como responsable de Pastoral y capellán en Sant Boi. Antes de Sant Boi, ¿dónde habías estado?
Estuve de director en la Escuela Apostólica de Pamplona: la primera misión que tuve fue la de formador, no estuve en ningún hospital; y después, como consejero, fui coordinador de Pastoral y de centros de formación. Cuando cesé como Consejero, en 1971, seguía como responsable de la pastoral de la Provincia, estuve un año en el hospital de Pamplona y me incardiné como capellán en Sant Boi, hospital psiquiátrico, de 1972 a 1977.
Estuve cinco años, pero tuve que combinar la animación pastoral de toda la Provincia con la formación, pues me hice cargo del Escolasticado desde 1975 a 1977.
Es aquí donde te ayudas de un nuevo sacerdote para la pastoral del centro, Mariano Galve.
Sí, porque estaba trabajando en varios frentes y necesitaba a alguien que estuviera más presente en el hospital.
¿Te acuerdas de que coloquialmente te llamábamos dentro de la Provincia «el capellán de la RENFE», precisamente porque estabas siempre en el tren?
Claro. Eran años de gran actividad y entusiasmo. Estábamos en muchos frentes. Creíamos en lo que hacíamos. No era fácil, había que romper muchos esquemas, eran los años del posconcilio, años de nuestra juventud. No buscábamos éxitos, nos comía el cambio y luchábamos por él...
Y en ese intervalo es cuando se crea el Departamento de Pastoral Sanitaria en la Conferencia Episcopal, ¿no?
Así es. Lo he indicado anteriormente; fue a petición nuestra, en el año 1971.
Y a ti se te nombra responsable de la zona noroeste, Cataluña y Baleares, tal y como nos has dicho...
Sí, de 1976 a 1986; fueron años de gran actividad, con un grupo maravilloso de delegados diocesanos, muy activos y entusiastas.
Pero yo creo que hay un momento muy especial en la acción pastoral en tu vida, que es Esplugues, el hospital materno-infantil San Juan de Dios: ¿qué guardas tú de Esplugues?
Yo estoy de capellán en Sant Boi. De capellán en Esplugues está el Hno. Gabino Gorostieta. Al Hno. Gabino Gorostieta se le nombra Provincial en 1977, y él me dice: «¿Tienes inconveniente en pasar a Esplugues, de capellán?». Y yo le dije: «No tengo ningún inconveniente». Y pasé allí, llevando al mismo tiempo la animación pastoral de la Provincia, donde teníamos un equipo, con programa de encuentros y animación.
Bien, paso a Barcelona, y ahí me encuentro un campo muy distinto al que había tenido en Sant Boi. Si quieres que te diga la verdad, de Sant Boi guardo un rico recuerdo, pero no tuvimos una ocasión propicia para hacer una pastoral como después hemos tenido en el Hospital de Esplugues. Aquí empecé solo, con una habitación «limpia», con una mesa, dos sillas y un letrero que ponía: «capellán». Lo primero que hicimos fue quitar el letrero y poner: «Servicio de Pastoral». Diseñé un plan pastoral, invité a la Dirección del hospital a que se integrara en ese plan, diciendo que los responsables de la Pastoral eran la Dirección del hospital; lo aprobaron, y adelante. Entonces, para no estar solo, al año siguiente pedí un sacerdote para la Pastoral; se integró Miquel Pesarrodona, y aunque éramos dos polos diferentes, sin embargo nos uníamos en muchos criterios, y esto hizo que realmente el proyecto que nosotros queríamos para el Hospital de Esplugues fuera adelante.
Pasado un año, invitamos a una religiosa a cambiar de misión: de ser enfermera en Maternidad, a formar parte del equipo de Pastoral. Incluso animándola a que, si no estaba a gusto (estas eran las palabras), podía volver a su trabajo primitivo. Con el tiempo vio que su nueva misión en el hospital multiplicaba su presencia como mujer, como cristiana y como religiosa, mucho más que si fuera solo enfermera en Maternidad. Y entonces, con el equipo de tres, reelaboramos el plan pastoral, en el que integramos y preparamos un grupo de voluntarios, para visitar las plantas, dos veces a la semana, dos tardes; todos tenían que venir los mismos días, no queríamos ninguna persona suelta, sino que queríamos que fuera un grupo que realmente sintiera esto. No solamente los visitadores, sino también otro pequeño grupo, dos o tres personas, para la animación de la liturgia dominical en el hospital. También integramos dos o tres personas como catequistas –llamémoslos así–, sobre todo porque iban una vez por semana a visitar a un pequeño grupo de niños que tenían que escolarizar en el hospital. Todo esto lo coordinábamos nosotros desde el Servicio de Pastoral. Para nosotros eran tres frentes importantes; fue una ocasión muy propicia para llegar a mucha gente, no solamente desde la técnica, desde lo social o desde la humanización, sino también en el ámbito pastoral.
Para ti a nivel pastoral constituyó una experiencia fuerte...
Sí, mucho, muchísimo. Además, por ser un hospital al que nosotros apellidábamos «nuevo», por ser un hospital infantil, por ser un hospital que veíamos nuevo y en el que las relaciones eran muy buenas. Naturalmente, estamos hablando de pastoral, y la relación con los niños era mínima, ya que el 80% no pasaban de los cinco o seis años, pero la relación con las familias era muy grande. Era tan grande el entusiasmo y la presencia que, como solíamos decir, «cada día podíamos escribir un libro».
Y estando en Esplugues te llama el Papa, para integrarte en el equipo que se crea para la Pastoral de la Salud en el Vaticano...
Sí... Así es. Y yo sin saber nada de nada.
Tú no eras un hombre «para Roma». Me refiero a que eras un hombre un poco «ajeno» a lo «vaticanista». Eras más bien, en tu vestimenta y tu imagen, pero sobre todo en tus esquemas, en tus criterios, un hombre «poco pro-vaticanista», insisto. No eras esa persona de la que se dice «este va a acabar en Roma»; y sin embargo aceptas, vas, te integras... Mi pregunta es: ¿cómo te integras en otro idioma, en otra realidad, en otra cultura? Y, sobre todo, ¿cómo te integras en otro esquema mental? Porque no creo que el esquema que tuviera en un primer momento Mons. Angelini fuera el que tú tenías... ¿Cómo es tu integración en Roma, cuando te llaman y tienes que irte para allá..., hace ya treinta años, y son tiempos muy distintos?
Yo diría que el salto no era un salto en el vacío. Fíjate que hay un dato muy importante, muy interesante, que para mí es la base: este inicio, al que hemos hecho alusión al principio, en España y dentro de la orden, da unas bases. Es decir, hay un clima de siembra importante, también dentro de la orden. Al trabajo pastoral realizado en España he de añadir el realizado al mismo tiempo a nivel internacional, pues fui presidente del Secretariado Internacional de la Orden de 1977 a 1988. Habíamos reflexionado mucho, habíamos recorrido mucho camino con el P. Marchesi en la orden; teníamos un gran fervor pastoral muy interesante, y ahora viene a escala internacional.
A escala internacional ya estaba con la orden, ahora viene a escala universal...
El nacimiento del Pontificio Consejo se viene anunciando en varios acontecimientos: en Roma se celebra el Congreso Internacional de Médicos Católicos (1982) y el papa Juan Pablo II indica ya en su discurso la necesidad de una mayor coordinación del tema sanitario. Otra fecha será el Sínodo de la Reconciliación de 1983. El P. Pierluigi Marchesi, general de la orden, es nombrado auditore del Sínodo y en su intervención, en presencia del papa Juan Pablo II, resalta la idea de la necesidad de animación y coordinación en este sector pastoral.
Estamos a muy pocos años, a dos años de distancia de la institución del Pontificio Consejo, y el Papa, seguramente viendo que hay mucha gente, que hay mucha acción dispersa, quiere unir fuerzas, y se dice: vamos a instituir un Ministerio, un Dicasterio, una mediación. Seguramente hay dos personas que influyen en el Papa en ese momento: son Mons. Angelini y el padre Pierluigi Marchesi. El Papa instituye el 11 de febrero de 1985 la Comisión para la Pastoral de los agentes sanitarios, vinculada al Dicasterio de los laicos, cuyo presidente es el Cardenal Eduardo Pironio. De momento, la comisión tiene como presidente al Cardenal Pironio y como pro-presidente a Mons. Fiorenzo Angelini. Durante un año no hubo en la comisión más personas.
Nombrado Mons. Angelini, hace un viaje a Barcelona. ¿Vino a verte a ti, te insinuó algo? Porque parece que el Hno. Marchesi ya le había hablado de ti...
No lo sé. Yo estaba muy bien en mi trabajo, muy al margen de todo esto; sé que se entrevistó con algunas personas, conversamos, pasó un día con nosotros en comunidad, pero nada más.
¿En qué medida crees que el hecho del atentado de Juan Pablo II pudo influir en la promulgación de la Salvifici doloris y la consecuente creación del Dicasterio?
Estamos ante un Papa que viene de lejos, viene del sufrimiento, de una Polonia especial; viene del ejercicio pastoral con médicos, con el personal del hospital, etc., y el mundo de los enfermos no le es extraño. Primero como sacerdote y después como pastor en Cracovia, no le es ajeno el mundo sanitario: mantiene reuniones con médicos, enfermeros, etc., de apoyo y ayuda espiritual al personal sanitario. Entonces un Papa que viene de esta experiencia de atención al mundo de los enfermos, toca enfermos pastoralmente hablando, trae todo esto a Roma como Papa; más tarde sufre el atentado (1981), que supone un sufrimiento largo, intenso, creo que es importante tenerlo también en cuenta. Hemos dicho que el Congreso fue una experiencia importante: ver tantos sanitarios juntos, con tanto fervor, con tanto ahínco, con Mons. Angelini, además, que era el obispo responsable de la Pastoral de la diócesis del Papa..., todo esto es un preludio importante que está diseñando la fecha de la institución del Dicasterio.
Pero volvamos a nuestra pregunta: ¿te cuesta mucho integrarte en Roma a ti: idioma distinto, ambiente nuevo...?
Bueno, tengo que decir que yo nunca había soñado con ir a Roma. A Roma había ido, naturalmente, debido a la orden, para reuniones del Secretariado Internacional durante el generalato del P. Marchesi y luego a algunos capítulos generales y demás reuniones; pero nunca había soñado yo que tendría que ir a Roma para quedarme. El día que me dicen que tengo que ir a Roma yo lo sé a través de una llamada telefónica del mismo General: era un domingo, estaba yo de capellán en Barcelona, antes de celebrar la Eucaristía, tengo una llamada del General y me dice: «El Papa te ha nombrado Secretario de la Pontificia Comisión». Yo respondo: «¡Si a mí no me han consultado!». «Al Papa no se le puede decir que no», esta fue la respuesta al otro lado del teléfono y, además, «que vengas enseguida, etc.». Sin darle más importancia como tal, si no sabía yo de qué iba... Antes de empezar la misa de ese domingo me viene un hermano de la comunidad y me dice: «¡Oye, que te han nombrado secretario de esta Comisión..., sale en el periódico ABC!». Le digo: «Acaba de decírmelo el General».
Yo no lo tomé con énfasis, pensaba «esto será, no será», y como yo estaba muy centrado en lo que estaba haciendo, no suspiraba por nada del otro mundo, lo hacía y estaba saliendo con resultados, lo hacía con amor y me gustaba, llevaba la Pastoral de la Provincia, estaba en un hospital que era una joya, como es el Hospital Infantil, llevaba la Pastoral de la orden con unas dimensiones amplias, con nuestras correrías y nuestras animaciones, también en la Escuela de Enfermería dando clases de ética, luego seguíamos con el equipo, ya más o menos en manos de la Comisión Nacional, más estructurada, pues estábamos en un clima de gran animación, con resultados muy positivos... como para pensar en otras lides que uno no había imaginado.
Bueno, en realidad no me has respondido a la pregunta, pero no importa: resulta evidente que no te costó demasiado. Vayamos adelante: ¿qué le ha aportado el Dicasterio a la Iglesia?
Yo creo que un descubrimiento del filón está ahí, queda a veces oculto. El autor, el iniciador de la Pastoral de la Salud, es Jesús de Nazaret; tomad Lucas 4, en la sinagoga de Nazaret, y ahí tenemos toda la descripción del programa de Jesús, que después desarrollará con los milagros que hace, la cantidad de enfermos que cura, etc. Si después repasamos la historia, vemos desarrollada en los primeros siglos de la Iglesia una pastoral práctica, gestos y palabras que tocan el campo sanitario, la curación de los enfermos. Más adelante viviremos los siglos XVI-XVII, siglos gloriosos, con tres campeones al cuidado de los enfermos: Juan de Dios, Camilo de Lelis y Vicente de Paúl. Y en el siglo XIX, el siglo de las grandes mujeres fundadoras, tanto para la Escuela como para la Pastoral de la Salud. El concilio Vaticano II será otro de los momentos fuertes para la Pastoral. Todo ello es un enorme campo abierto a la evangelización, pero si no hay nadie que los anime, puede quedar un poco en vía muerta, como los trenes: no corren...
O sea, tú crees que la mayor aportación ha sido sensibilizar
Reflexionar, sensibilizar, animar y estar presentes: estas son las funciones que el Papa señaló en el Decreto de institución del Dicasterio, y estas son las funciones que hemos querido poner en acción todos estos años.
¿Y qué otros objetivos crees que podría haber tenido el Dicasterio y que, o no los ha puesto, o los ha puesto y no ha podido llevarlos a cabo? Habéis animado, sensibilizado, pero también podrías haber pensado en..., haber estructurado..., llevado a cabo... ¿consideras que hay algún marco que te haya dejado mal sabor de boca por no haberlo realizado o no haberlo desarrollado suficientemente?
Yo puedo decir que, naturalmente, todos los programas, todos los esquemas, todas las personas tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles, pero creo que nuestros años han sido años de intenso trabajo; yo estoy contento porque se ha realizado una labor no soñada.
Cuando se realizó el nombramiento de las personas del Dicasterio no teníamos ni un lugar propio para trabajar, nos cedieron un despacho y allí empezamos. Pero las personas que iniciamos lo hicimos con mucho calor, con mucho entusiasmo; y como teníamos un esquema para poder trabajar, que era impulsar, animar, etc., hubo un momento muy creativo. Creativa fue, en primer lugar, la revista Dolentium Hominum, en cuatro lenguas; creativos fueron los innumerables viajes que hicimos; creador fue el decir que necesitábamos conectar con las conferencias episcopales, pero ¿con quién conectamos? ¿Por qué no hacer que cada conferencia nombre un obispo responsable? En esto tengo que decir una cosa: que yo salté de España al Vaticano, digámoslo así, pero salté con una experiencia, con un bagaje de ideas y de vida realizada en España.
Por ejemplo, en España ya teníamos obispo responsable en la Conferencia Episcopal. En España ya teníamos la Jornada del Enfermo, en España ya teníamos el Director nacional; por lo tanto, eran actividades importantes que yo llevé hasta allí y, naturalmente, las propuse, y teniendo de presidente a uno como Mons. Angelini, que captaba al vuelo las iniciativas y las adoptaba en pro del Pontificio Consejo... Yo creo que esto fue un arma importante, importantísima.
¿Qué dibujo harías de la Pastoral de la Salud hoy en el mundo?
Yo haría una fotografía donde cada nación tiene una figura distinta, pero «es una fotografía que hoy puede ser presentada»; quiero decir: si antes teníamos una Pastoral que no tenía un rostro bien definido, que «estaba ahí», «el coche parado», «el vagón parado», hoy tenemos una Pastoral que tiene figuras, tiene rostros, y rostros animados. Yo creo que esta sería la fotografía de la Pastoral de la Salud.
Imagino que muy variada...
¡Claro!, como la fotografía que tú haces después de un cursillo: no son todos iguales, ¿no? Hay rostros de mujer, rostros sonrientes, rostros muy fijos, hay quien está sentado, quien está... Y esto es la Pastoral: hay naciones que tienen una experiencia muy rica, y entre ellas yo he de poner a España, que ha sido muy vanguardista.
Ritmos que no tienen por qué coincidir...
Exactamente. No tienen por qué coincidir. Es que además no tienen que ser copia de...
¡Adecuada! La figura que tienen en la foto es la adecuada... Lo que sí quisiéramos es que nadie quedara fuera de la fotografía, como diciendo «esto no es para mí».
En el momento en que tú finalizas tu trabajo en el Pontificio Consejo, ¿todas las conferencias episcopales tienen nombrado el obispo responsable...?
Quiero decir que sí, y al decir que sí, como en todas las obras, no puedes decir que al cien por cien, pero sí hemos llegado al 90-95%. Y esto es un exitazo.
Cada cinco años los obispos de todo el mundo están llamados a realizar la visita ad limina a la Santa Sede. Y deben pasar por las diferentes congregaciones, pontificios consejos... ¿Pasaban realmente por el vuestro? ¿Cuál era vuestro feeling con las diversas conferencias episcopales?
Partamos del hecho de que nuestro Dicasterio era un Dicasterio nuevo; después, que la Pastoral de la Salud se dejó, o mejor confió, a infinidad de religiosos y religiosas que, naturalmente, en la Iglesia han estado muy presentes, y por tanto no era un tema muy directamente llevado por los obispos como tales. Estos ya tienen su brazo derecho en estas instituciones religiosas... y, ya está: parece que con eso estaban satisfechos.
Naturalmente, la experiencia que tengo de esto es que, a veces, en las visitas ad limina, fundamentalmente los obispos, si pasaban por todos los Dicasterios, privilegiaban aquellos en los que necesitaban clarificar situaciones. Por ejemplo, el de la Fe, el del Clero, el de la Vida Consagrada. Pero nosotros hicimos una campaña enorme. Naturalmente a favor de que pasaran por todos, porque estaba prescrito que pasaran por todos, pero, como todas las cosas, si yo hago una visita ad limina en una semana y el tiempo es limitado, en vez de hacer catorce hago diez, o doce, ¿no?, y por lo tanto ¿qué es lo que dejo? Aquello que creo que para mí, para mi diócesis, no es importante. Entonces, el estimular fue una función muy incisiva y muy provechosa.
Habéis hecho, como bien nos indicabas anteriormente, multitud de viajes por todo el mundo. Le habéis dado varias veces la vuelta, como Phileas Fogg... ¿resulta rentable, pastoralmente hablando, tanto viaje?
Sí: doscientos cincuenta y tres en veinticinco años. Están documentados todos ellos.
Insisto: ¿son rentables?
Creo que sí, y esta es la pregunta que podríamos hacerle también al Papa, si esas salidas que hacían Juan Pablo II, o Ratzinger, o el actual papa Francisco son rentables pastoralmente, ¿no? A nosotros, en una comida con Juan Pablo II, el mismo Papa nos comentó: «Viajáis mucho, viajáis mucho», y nosotros le dijimos: «Santo Padre, usted viaja igual o más que nosotros. Usted nos enseña».
Yo creo que sí son rentables; los frutos no se recogen inmediatamente. Yo he recorrido todo el mundo; pero eran viajes preparados, eran viajes que tenían una intención bien clara.
¿Qué objetivos buscabais con ellos...?
Conocer in situ cómo estaba el tema de la Pastoral de la Salud y el mundo de los enfermos en las Iglesias locales. Muchas veces el apoyo de nuestros viajes lo teníamos en las propias nunciaturas, conferencias episcopales e instituciones sanitarias católicas. Por tanto, ¿por qué hacíamos el viaje? Primero, repito, para conocer in situ. Segundo, para poder animar a los diversos grupos y, conociendo las personas, poder serles más útiles.
¿Y las Jornadas Mundiales del Enfermo (JME)?
Ya he indicado que en España se celebraba anualmente el Día del Enfermo, al igual que en alguna otra nación. Y pensamos que esto podía realizarse mundialmente. Aprovechamos la oportunidad de estar invitados un día a comer con el papa Juan Pablo II; y entre las cosas que habíamos preparado para hablar con él, le presentamos nuestro deseo de que el Papa instituyera la Jornada Mundial del Enfermo. Se lo propusimos y él rápidamente accedió. Nos dijo que preparásemos cuanto era necesario para que él lo firmara. Estamos en el año 1992. El 13 de mayo el Papa dirigió una carta al Cardenal Angelini, como Presidente del Pontificio Consejo. La carta señalaba la institución de la Jornada Mundial y la fecha para celebrarla, el 11 de febrero, fiesta de Ntra. Sra. de Lourdes. La primera Jornada se celebró en Lourdes el 11 de febrero de 1993.
¿Y tú crees que ha respondido esta Jornada a vuestras expectativas...?
Por supuesto. Diría que es el brazo derecho de la Pastoral de la Salud, no solamente para el Pontificio Consejo, sino también para las conferencias episcopales, para las diócesis, para las parroquias, para los institutos de vida consagrada. La Jornada ha creado un gran movimiento de preparación y celebración.
Jornadas mundiales que se han ido celebrando de diversa forma...
Al principio las JME las celebrábamos cada año en un continente, nación, etc., hasta que en el pontificado de Benedicto XVI, después de la celebrada en Seúl, en el año 2007, se nos pidió el celebrarlas cada tres años de forma solemne. En el 2016 se celebró en Nazaret, y en 2019 en Calcuta1. Han sido una ocasión propicia, un elemento importante de animación. Naturalmente, no son jornadas como las de la juventud: tienen un formato muy diferente.
Pasemos a otro tema: las conferencias internacionales organizadas por el Dicasterio. Confieso que personalmente siempre me han resultado atípicas: un gran tema, con una gran diversidad de ponentes, que van desde el gran científico con premio Nobel incluido hasta un religioso, como fue mi caso, que no era conocido ideológicamente hablando para nadie... pero disponíamos del mismo tiempo de intervención, con unos horarios muy sobrecargados, con un foro muy amplio y disperso de oyentes... no sé... ¿qué valoración haces de las Jornadas? ¿Por qué nacen? ¿A qué pretenden responder? ¿Qué habéis conseguido con ellas?
¿Por qué nacen?, ¿por qué hacemos los viajes?, ¿a qué responden?... Pues a una idea de animación. ¿A qué responde la revista Dolentium Hominum? A una idea de animación. ¿A qué responden las conferencias internacionales, siempre en el mes de noviembre, tres días, clausuradas con un discurso del Papa? Responden a ofrecer una plataforma de reflexión, donde intervienen personalidades, gente de estudio, expertos en la materia, personas que están a diario en la práctica... y esta era la finalidad: dar a conocer las diversas materias, siempre en temas de la salud, de la enfermedad, los enfermos, pastoral, bioética, social, etc.
La conferencia internacional ha sido un foro importante, importantísimo, de llamada a gente experta en el tema, repito, en las ideas o en la práctica; era tratar el argumento de forma integral, desde lo científico y social hasta lo teológico y pastoral. Y ello en el sitio, en el lugar donde el Papa habla; allí se han sentado grandes expertos de la medicina y de la salud. Pongamos un tema...
El SIDA...
El SIDA... el fármaco al servicio de la vida... el tema de la longevidad, el tema de... Cada año ha habido un tema muy concreto, que se ha desarrollado desde distintos ángulos y culturas.
De escuchar muchas voces...
Sí, se han escuchado muchas voces...
Aportar muchas experiencias...
Traer muchas experiencias y dar a conocer que la Iglesia ¡está ahí, presente!, tocando los grandes temas de salud. La Iglesia está presente en el mundo de los enfermos.
Los textos de todas las conferencias internacionales se han publicado cada año en el primer número de la revista Dolentium Hominum, una biblioteca de materias.
Pasemos a otro tema. Existe un gran número de hospitales católicos y centros diversos de atención sanitaria por todo el mundo. De hecho realizasteis una recopilación de los mismos. Pero yo supongo que este es un mundo muy difícil de conocer, por supuesto, y muy difícil de estructurar, de interrelacionar... ya no digo nada de coordinación de todas estas estructuras, que van desde los grandísimos hospitales que pueda haber, hasta un pequeño centro asistencial en África. Quiero creer que esto es algo que desborda la misión y la posibilidad del Dicasterio, ¿no?
El Anuario Pontificio señala una cifra altísima de hospitales y estructuras socio-sanitarias, propiedad de la Iglesia, cuya finalidad es la «evangelización»: 120.000 estructuras sanitarias católicas. Obras de Iglesia: iglesias locales, obispados (sobre todo en África), órdenes religiosas, etc. Por ejemplo, los Hermanos de San Juan de Dios tenemos en propiedad unas 400 estructuras sanitarias.
Se habla tanto de que estamos en una sociedad secularizada, laica... y se pregunta si tienen cabida los hospitales católicos. Una sociedad pluralista y democrática debe dar cabida al derecho a la libertad de conciencia y de asociación. Mater et Magistra 53 y Quadragesimo anno 78-80 enuncian el principio de subsidiariedad, la prioridad de la persona sobre el Estado que «fomenta, estimula, ordena, suple y completa»; principio de subsidiariedad que está unido a las libertades democráticas y a las exigencias de libertad y de participación.
Enunciado el principio y viendo la riqueza que puede aportar el hospital católico –dignidad de la persona, sentido de universalidad, acogida, solidaridad, atención a las personas pobres–, optamos por su necesidad.
Después hay que ver la oportunidad. No es función del Dicasterio ver la oportunidad o no, eso es tarea de los diversos entes. El Pontificio Consejo tiene, más bien, un rol de animación, de coordinación, de hacer que esta riqueza de la Iglesia no se pierda, sea eficaz y, en todo caso, debe prestar ayuda, consejo, allí donde sea necesario.
En el año 2002 el Pontificio Consejo dedicó una conferencia internacional al tema «La identidad de las instituciones sanitarias católicas». Las conferencias están publicadas en la revista Dolentium Hominum, número 52. Asimismo, la revista Labor Hospitalaria, número 188/1983, con el título «Configuración del hospital católico», dedicó un monográfico sobre los hospitales católicos con abundante doctrina sobre los mismos.
Uno de los ámbitos en el mundo de la Pastoral de la Salud es el asociacionismo cristiano en este campo: médicos católicos, enfermeros católicos, farmacéuticos católicos... En este mundo tan distinto, y en esta sanidad que está cambiando tanto, ¿tienen sentido hoy estos asociacionismos? ¿Tiene fuerza el asociacionismo católico en el ámbito de la salud, en el mundo? Y la apuesta española, que ya sabes tú que es por un asociacionismo interprofesional, transversal (Profesionales Sanitarios Cristianos), ¿cómo la ves?
Asociarse también es un derecho reconocido por todas las sociedades democráticas. Sabemos de su finalidad y de su riqueza, pero nos cuesta, nos falta mentalidad. ¿Creemos en su necesidad?
En el tema sanitario disponemos de federaciones internacionales, asociaciones nacionales de médicos, enfermeros, farmacéuticos. En las asociaciones de personas quizá sea más fácil, no así en las de estructuras, hospitales... Reuniones y tentativas no faltan; los resultados son escasos. Seguramente falta un conocimiento de que existen estas estructuras de asociados y de que quienes están se benefician de la riqueza que contienen.
Dentro de toda pastoral, y también en esta, los sacerdotes tienen un papel significativo. ¿Crees que se da hoy en la formación de los sacerdotes una buena formación teológica pastoral sobre el mundo de la salud y la atención a los enfermos, o es una asignatura pendiente todavía?
Lo dices muy bien, es una asignatura pendiente; de ahí la necesidad de estimular. ¿Cómo? Habría que potenciar esta formación desde la misma preparación al sacerdocio. Primero cuando se da la parte de sacramentos, donde hay que señalar, desde el sacramento de la Unción de enfermos, algunos temas de Pastoral de la Salud; segundo, invitando a los seminaristas a realizar algún curso sobre el tema de enfermos, en el que existen muchas opciones; tercero, realizar algunas prácticas pastorales en los hospitales. Todo ello ayudará al futuro sacerdote a descubrir la riqueza de la Pastoral con los enfermos.
La atención a los enfermos fue una misión llevada a cabo, fundamentalmente, por Jesús. La inició en la Sinagoga de Nazaret (Lucas 4) y la realizó durante tres años de vida pública. Basta coger los evangelios para darse cuenta. Además, la Iglesia ha sido enviada a «predicar y a curar enfermos». Si es fiel al mensaje, será creíble. Un pastor, un sacerdote, en su parroquia tiene siempre una realidad evangélica si sabe cuidar el mundo de los enfermos.
Por tanto crees que los sacerdotes todavía tienen esta asignatura pendiente...
Sí, desgraciadamente.
Pero existen medios para formarse.
Después del concilio Vaticano II ha habido un gran movimiento en orden a la formación de sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos (hombres y mujeres) para la atención a la pastoral de enfermos. Son muchos los encuentros, cursos, masters o escuelas de pastoral sanitaria. Una particular atención merece el Camillianum, un instituto que ofrece los grados académicos de licenciatura y doctorado en Teología pastoral sanitaria. Es un centro de los padres Camilos en Roma.
Mucho se ha hecho y se está haciendo, repito, en la formación, en la preparación de sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos (hombres y mujeres), como «personas idóneas»... Pero la formación sigue siendo una asignatura pendiente.
Ahora va de bioética... Da la sensación de que el Pontificio Consejo no ha desempeñado en este ámbito un papel relevante, siendo así que parece que debería ser la voz de los profesionales de la salud, que están directamente implicados en la atención... ¿Es una sensación correcta, debe ser así...?
La bioética no es un tema propio del Pontificio Consejo. Esto no quiere decir que no lo deba tocar. La carta de los agentes sanitarios da fe de lo que estoy diciendo. Esta carta es un texto de bioética, preparado por el Dicasterio y traducido a 20 lenguas, todo un éxito. También en todas las conferencias internacionales de las que antes hablábamos hemos tocado el tema bioético; en muchos congresos a los que hemos sido llamados se ha hablado de bioética, y hemos sido los que hemos dado a la luz la Academia para la Vida... ¿Qué más?
Vamos a ir ahora con preguntas más concretas: te pido que me pongas tres adjetivos: Cardenal Angelini.
Un profeta en este sector de la Pastoral Sanitaria.
Profeta. ¿Otro más?
Un gran inventor, creador, generoso. Amaba lo que hacía y confiaba en las personas.
¿Cardenal Lozano?
Organizador. Insistente. Evaluador... ¡¡y con una gran afición al ordenador!!
¿Mons. Zimowski?
Lo conozco menos. Persona amable, acogedora y cercana.
¿Cuál es tu valoración de la Curia romana? La profesionalidad o no que hay en ella, la agilidad o no que hay en ella, el mundo de la honestidad o el «carrerismo», la eficacia, la lentitud... ¿qué opinas sobre la Curia romana, de la cual tú has formado parte durante veinticinco años?
He estado al margen de todo lo que se decía y me ha ido bien. ¡Bastante teníamos con nuestro trabajo! En la Curia he encontrado personas de gran valor, muy preparadas y muy entregadas. Y como en todo grupo, está la «parte imperfecta», los «díscolos» que quizá hacen más ruido, pero son menos. Y el «carrerismo», como en todos los ambientes; posiblemente en la Curia resalte más.
El Dr. Diego Gracia, eminente profesor y buen amigo vuestro –fue Consultor del propio Dicasterio– una vez os definió a ti y a Angelini como el paradigma de Quijote y Sancho: don Quijote parece que sería Angelini, y tú, Sancho, ¿asumirías ese paradigma?
Yo creo que todos tenemos algo de Quijote y también de Sancho. En nuestro Dicasterio hemos combinado las dos cosas. Hemos soñado mucho, pero hemos realizado más. O mejor, los sueños los hemos convertido en realidad.
¿Qué te sugiere la personalidad de Juan Pablo II?
Un Papa providencial. Hay quien discute algunos temas de su pontificado, pero el resultado final es que ha sido un Papa capaz de dar un testimonio de santidad a través de lugares muy diversos; un Papa de gran preparación, un místico, de mucha oración; que sabía concentrarse, alejarse y distanciarse.
¿Qué supone para la Pastoral de la Salud Juan Pablo?
Un líder providencial. Pone la Pastoral de la Salud en el raíl justo; la pone en acción.
¿Sigues defendiendo tu afirmación de que «la gran cátedra de Juan Pablo fue la cama de enfermo»?
Sigo. Y también lo he escrito. Creo que no solamente ha dado testimonio con las ideas, que han sido muchas, sino que también su experiencia de sufrimiento es un icono viviente. El Gemelli ha sido su tercera residencia: la primera el Vaticano, la segunda Castelgandolfo y la tercera un hospital, el Policlínico Gemelli. Nos ha dejado frases y gestos bellísimos: se sentía llamado por el Señor a no bajar de la cruz, que es una forma de ser y de hacer; un estilo de ser de una persona. Otro, como Ratzinger, dirá «que no se siente», y hace otro camino y da pie a una apertura; son llamadas diversas, ver el Evangelio y la cruz desde diversos ángulos.
¿Benedicto XVI?
Benedicto XVI es un intelectual y, naturalmente, es mucho más parco en los gestos. De Benedicto XVI tenemos las tres encíclicas, donde encontramos muchos pasos que hacen referencia al tema de la caridad y al mundo del enfermo, son toda una obra de arte: Deus caritas est (DCe), Spe salvi (SS), Caritas in veritate (CV).
Francisco... a este Papa no lo has tenido en el Pontificio, pero lo has saludado varias veces...
Francisco tiene unos frentes grandes: un filón privilegiado para él es el mundo de la marginación, el mundo de los enfermos, que es el que le caracteriza a él. De la misma manera que de Ratzinger podemos decir que lo que le caracterizaba era el mundo de las ideas y de la iluminación, el papa Francisco es de «tocar», como dice él mismo, la carne viva de Cristo en el enfermo. Esta imagen yo creo que es una imagen muy atractiva y, sobre todo, al pueblo cristiano le llama más la atención.
Te he oído decir alguna vez que hay en tu vida tres personas que han influido en ella de modo muy particular...
Sí. En mi vida religiosa y sacerdotal he tenido el privilegio de tener algunos maestros y modelos que me han ayudado a crecer humana y espiritualmente; señalo tres: Fr. Matías Mina, que me acogió al inicio de mi ingreso en la Escuela Apostólica de Barcelona y me enseñó a conocer y vivir la figura de Juan de Dios, y Fr. Pierluigi Marchesi, General de la orden, que inyectó en mi vida un gran entusiasmo e inquietud apostólica. La tercera persona ha sido el Cardenal Angelini, que abrió en mi vida religiosa y sacerdotal una gran ventana, universal, mundial, al servicio de los enfermos. Con él he vivido el nacimiento y los primeros años del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud. Y, como en todo nacimiento, el entusiasmo, el coraje, las dudas y las esperanzas, los sacrificios y las alegrías, forman parte de una historia rica de experiencia.
¿De qué forma crees que ha influido tu carisma juandediano en tu misión pastoral dentro de la Iglesia?
En todo. Si yo no hubiera sido Hermano de San Juan de Dios, habría dado otro estilo a mi vida personal y a la misión. Mis años jóvenes se empaparon de la figura de Juan de Dios, de la historia de la orden, de su misión pastoral. Muchas reflexiones y también escritos..., todo ayuda para conocer, entusiasmar y actuar. Mi experiencia como secretario del Pontificio Consejo ha estado siempre inspirada en nuestro carisma de servicio a los enfermos. No es el Pontificio Consejo el que me ha dado a mí ese input, diría que es lo contrario: yo he tenido la ocasión de subrayar el carisma de la orden en esta nueva actividad y finalidad del Dicasterio. Naturalmente, la plataforma del Dicasterio te da esa amplitud de universalidad que no tiene una orden religiosa.
José Luis, ¿alguna vez pasó por tu cabeza la posibilidad de ser ordenado obispo?
Nunca.
¿Ni tan siquiera ya ubicado en plena Curia de Roma...?
Nunca. El clima que vives dentro de nuestra orden no te da pie para ello.
¿Nunca pensaste que el ser secretario de un Pontificio Consejo podía acarrear consigo el episcopado?
Te llaman a Roma, al Vaticano, con un puesto de trabajo, nuevo, importante, de responsabilidad, cuando no estás pensando en «subir». No me distraje pensando en si me nombrarían obispo o no. No tuve el pecado del «carrerismo», he tenido otros pecados que quizá me han ayudado más. Pero ante la tentación de «escalar», cuando el ambiente es fuerte, tienes que estar atento. Yo me he dejado llevar de las «mediaciones»: Dios te habla y te conduce; si has de ser esto o aquello, ya sucederá y, si no sucede, es que no te conviene. Esta ha sido siempre mi lectura y me ha ido muy bien.
Además, el hecho de ser secretario de un Pontificio Consejo no hace «automático» que te nombren obispo. Cuando yo me enteré de esa propuesta para mí, recuerdo que mi respuesta fue serena –«sea lo que Dios quiera»– y no le di mayor importancia. Estaba de presidente en ese momento el Cardenal Angelini, pero mi nombramiento se hizo efectivo más tarde, con el Cardenal Lozano como presidente, el 5 de diciembre de 1998, para ser consagrado por el papa Juan Pablo II el 6 enero de 1999.
¿Te cambió mucho la vida el ser obispo?
No, no, porque yo era el mismo secretario, y hacía las cosas igual, y a mí no se me cayeron los anillos por seguir actuando de la misma manera, ni nada de eso.
Pero quizá sí notaste otro tipo de relación en la recepción que te pudieran hacer otras personas...
Me molestaba, y me sigue molestando, el que, por ser obispo, tengan tantas deferencias, tanto que te «secuestran»; y yo no quiero ser un obispo «secuestrado». Gracias a Dios he vivido siempre en comunidad con la libertad que la misma comunidad y el trabajo me daban. Desde el principio me dije: «Déjate de palacios» y de servirte de otras personas, por ser obispo. Al final, te inutilizan para toda la vida. «Yo quiero ser libre, no estar secuestrado».
Y finalizamos ya nuestra entrevista con unas preguntas muy personales que nos ayuden a conocerte un poco más... ¿Cuál fue el mejor día de tu vida?
No te podría decir, porque...
¿Tu ordenación?
No... no...
Pero ¿tu día más feliz? ¿El día de la Primera Comunión?
¿Quién se acuerda? Cosas de niños...
¿La profesión religiosa...?
La profesión tampoco representó demasiado entusiasmo en aquel momento para mí, era como un seguir adelante. Después, cuando me comentaron si quería ser sacerdote dentro de la orden, tampoco me lo había preguntado a mí mismo, no dije que no, dije que sí..., bueno, empezamos y vas tomando más conciencia y responsabilidad, vas tomando «gusto» por las cosas, por lo que haces.
¿La ordenación episcopal por el Papa?
La ordenación por el Papa fue un momento de gran emoción, lo tengo que decir, pero no por el rol como tal, sino por lo que significaba para mí. Me emocionó, pero enseguida caí en la cuenta de que eres el que eres, un religioso, sacerdote de San Juan de Dios y, además, eres un obispo, el primero en una orden laical, después de 500 años. Y esto te señala en la historia y te «obliga» a dar ejemplo; va con la misma consagración.
¿Y el día peor de tu vida? ¿Tienes algún día malo en tu vida?
Uf... ¡muchos!...
¿El peor?
Siempre recordaré, siendo estudiante en Salamanca, un periodo de desánimo por tanto estudio, filosofía, cosas abstractas; yo no valía para eso. Un día, me decido, bajo al despacho del superior con la intención de decirle que se había acabado... que yo eso de estudiar, nada, que me volvía a la Provincia. Cuando estaba con la mano para llamar a la puerta, sentí que alguien me retuvo... No llamé, y proseguí los estudios. ¿Día malo? ¡Días...!, pero vi que el Señor me llamaba a seguir.
Estuviste a punto de irte al otro barrio...
Bueno, eso es otro cantar. He vivido dos momentos de dificultad, de enfermedad grave, gravísima, de muerte las dos. Una de ellas de vuelta de la India (1995) con una úlcera de estómago; otra diez años después (2005), volviendo de Camerún, una malaria como un caballo. Eran los últimos momentos del papa Juan Pablo II. Recuerdo que mi primera salida del hospital fue para visitar la capilla ardiente donde estaba el cuerpo inerte de Juan Pablo II.
Estas dos enfermedades fueron para mí dos momentos importantes: sientes la fragilidad, ser dependiente, aprendes a ser humilde, notas que es más importante la salud que el rol. Salí más fortalecido, humana y espiritualmente. Recuerdo haber publicado estas dos experiencias en las revistas Dolentium Hominum y Camillianum y también en mi libro 50 años de sacerdocio a título de hospitalidad.
¿Una ciudad para vivir, cuál te gustaría?
De momento la que he escogido...
¿Zaragoza?
Zaragoza.
¿Tu plato preferido?
Hmmm...
¿Calderetes...?
Calderetes... sí; y una buena menestra de verduras de mi tierra, la ribera de Navarra.
¿Qué te llevarías a una isla desierta, José Luis? ¿La televisión, una radio, unos libros...?
Yo mismo..., yo mismo, para reflexionar.
¿Con qué libros te quedarías, de los cientos que has leído?
Tengo dos ilusiones que me gustaría poder realizar: la Biblia y algún tema histórico que me enamore al descubrir personas, personajes, sobre todo de Iglesia, de mi tierra Navarra, de mi Fustiñana, y cosas y acontecimientos de mi Orden Hospitalaria...
¿Una película que volverías a ver muchas veces más? Una...
Sí, Ocho apellidos vascos, para reírme.
¿Qué hobbies tienes?
La lectura. Me gusta leer, mucho. Otro hobby es la música, sin definirla, pues me gusta sobre todo la que levanta el ánimo: Vivaldi, Beethoven, Mozart. Las misas de Perosi... y mis jotas navarras, me emocionan.
Y, al final, la última: ¿qué lectura haces del proceso de identidad canónica de tu Dicasterio...? Se inicia como Pontificia Comisión, pasáis a ser Pontificio Consejo, que parecía que esto os daba una mayor vigencia, y ahora se os incluye dentro de un nuevo Dicasterio... ¿Qué lectura haces tú de esta peregrinación de identidad?
Hago una lectura positiva. Naturalmente, como hemos dicho tantas veces, el Pontificio Consejo nace 2.000 años tarde, en frase acuñada por el Cardenal Angelini. Y cuando nace, se desarrolla a pasos de gigante, alcanza la mayoría de edad muy pronto. El trabajo realizado es la mejor fotografía. Nacimos insertados en el Dicasterio de los laicos, recibimos la autonomía al publicarse la Pastor bonus (1988) con la reforma de la Curia. Ahora, con la nueva reforma iniciada por el papa Francisco, el Dicasterio de la Pastoral de la Salud adquiere otra configuración. ¿Mejor, peor? Dependerá de las personas.
No son los organigramas los que dan fuerza y valor, son las personas. Si quienes formen parte de la nueva estructura son personas animadas, entusiastas, seguro que el Pontificio Consejo llevará a cabo su finalidad; tendrá conciencia de que está al servicio de los enfermos, manifestando la misericordia del Señor a través de los agentes sanitarios bien preparados y comprometidos.
Hno. Miguel Martín, OH
1En el momento de publicar este libro está pendiente la celebración XXXVII Jornada, que tendría que haberse celebrado en el 2022 pero que se ha trasladado a 2023 y tendrá lugar en Lisboa (N. de E.).
«Y los envió a anunciar el reino de Dios y a curar a los enfermos» (Lc 9,1-6)
¿Qué es la evangelización?2
«Evangelizar es llevar la Buena Nueva», el Evangelio, el Buen anuncio (Evangelii nuntiandi [EN] 18).
Evangelizar es proclamar con la vida (proclamación silenciosa), con el testimonio, esta presencia salvífica de Dios (EN 21).
La palabra viva de Cristo debe encarnarse en la vida de los testigos.
Evangelizar es revelar lo que está escondido, anunciar por medio de la palabra, dar razón de nuestra esperanza (EN 22).
No hay verdadera evangelización si no se anuncia el nombre, la enseñanza, la vida y el misterio de Cristo.
El anuncio provoca en quien lo escucha una conversión, una adhesión (EN 23 y 24).
Evangelizar es hacer concreto el testimonio, comprometerse con la vida. Celebrar la palabra de Dios, participarla a los demás (la fe es compromiso y misión: se vive, se celebra y se participa).
Aquel que ha sido evangelizado, se vuelve a su vez evangelizador: es apóstol, testigo.
Se evangeliza de muchos modos3
Evangelizar por proclamación: «El reino de Dios está cercano, convertíos» (Mc 1,14-15); Jesús con la Samaritana (Jn 4) y con los discípulos de Emaús (Lc 24).
Evangelizar por convocación: «Invitadlos (a todos) a la boda» (Mt 22,9).
Evangelizar por atracción: sin enviar misioneros, «acudía incluso mucha gente» (He 5,16).
Evangelizar por irradiación: «Lámpara que arde» (Jn 5,35); «a la vista de vuestras buenas obras den gloria a Dios» (1Pe 3,1-2).
Evangelizar por contagio: «He venido a traer fuego» (Lc 12,49). «Sean ganados no por las palabras sino al considerar vuestra conducta» (1Pe 3,1-2).
Que todos se salven: esta es la Buena Nueva del Evangelio
La Buena Nueva viene de Jesús cuando en la Sinagoga de Nazaret proclama: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19).
Viene de Jesús cuando, para acreditar su misión evangelizadora, su presencia mesiánica, salvífica, dice a los discípulos de Juan: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no se escandalice de mí!» (Mt 11,4-6).
Viene de Jesús como nos lo testimonian los evangelios: «A la caída del sol todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba» (Lc 4,40). «¡El que tenga oídos que oiga!» (Mt 11,15). «Pero ellos decían entre sí: “No tenemos panes”. Pero Jesús, al darse cuenta, les dice: “¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada?”» (Mc 8,16-17).
El anuncio del Evangelio está unido a los gestos y a la presencia de Jesús entre los enfermos, una lista casi interminable: ciegos, sordos, mudos, leprosos... (Mt 14,34-36; 15,29-31; Mc 6,53-56).
Una Buena Nueva para la salvación de todos:
En el Prefacio de la Oración Eucarística Vc leemos: «Él manifiesta su amor para con los pobres y los enfermos, para con los pequeños y los pecadores. Él nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano. Su vida y su palabra son para nosotros la prueba de su amor. Como un padre siente ternura por sus hijos, así Tú sientes ternura por tus fieles».
Y en la consagración del vino, la Iglesia recuerda las palabras de Jesús: «Este es el cáliz de mi Sangre para la nueva y eterna alianza, derramada por vosotros y por todos en remisión de los pecados».
¿Qué es la Pastoral?
La Pastoral es, por tanto, un servicio propio de la Iglesia a personas de un lugar y tiempo. La finalidad es «que todos se salven».
La Pastoral de la Salud será, pues, un servicio de evangelización, reflexión y vitalización de todo lo que concierne a los enfermos y su entorno.
La Pastoral debe ser una tarea creadora y dinámica. La Pastoral debe ser fiel al lenguaje de Dios y al lenguaje de los hombres. Dos aspectos que la Iglesia –los agentes– descubrirán en el estudio del contenido y de los destinatarios.
Su proyecto evangelizador lo proclama en la Sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19).
Esta proclamación la acredita con las obras que realiza cuando dice a los discípulos de Juan: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva, y ¡dichoso aquel que no se escandalice de mí!» (Mt 11,4-6).
Jesús empleó en su evangelización sobre todo los gestos: la solidaridad con los marginados, la acogida, el perdón y la curación de los enfermos. Los enfermos, los marginados, son los destinatarios privilegiados de la pastoral de Jesús. En este sector, sobre todo, su palabra es abundante y sus gestos provocativos:
El Evangelio nos dice que Jesús recorría la Galilea, enseñando y curando; su fama se extendía, le traían los enfermos y los curaba (Mt 4).
La gente «quedaba admirada y exclamaba: todo lo ha hecho bien; a los sordos hace oír y a los mudos hablar» (Mc 7,37).
Seguro que Jesús no curó a todos, pero a todos cuantos encontró les comunicó la salvación; entre ellos a muchos paralíticos, sordos, ciegos, leprosos (Mt 8; 9; 11; Mc 5; Jn 5).
Sorprenden en Jesús sus palabras: «Quiero, queda limpio» (Mt 8,3); «no temas, ten fe y basta» (Mc 5,36); pero sobre todo sus gestos y sus silencios: cómo ve, atiende, respeta, se detiene (Jn 8,1-11; 9,1-40; Mt 9,18-26). Estas palabras y estos signos provocaban estupor y admiración.
Jesús no realiza la misión evangelizadora él solo, sino que integra discípulos; esto es, instituye el equipo pastoral:
Llama a los apóstoles (Lc 6,12-16; Mt 10,1-4).
Los forma (Lc 11,1-3; Mc 4,1-20; Lc 9,28-36).
Los envía (Mt 28,16-20; Lc 9,6; Mc 6,13).
El mandato de Cristo toma cuerpo en el campo sanitario en estos términos:
Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia (Mt 10,1).
Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades (Lc 9,1).
Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes (Lc 9,6).
Expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban (Mc 6,13).
Este es el espíritu que debe animar a la comunidad eclesial, especialmente en los que están en contacto con el hombre que sufre.
La Iglesia existe para evangelizar, anunciar, comunicar la Buena Noticia, como continuadora que es de la palabra y gestos de Jesús (Mt 28; EN 13 y 14).
