Jacob, el otro antepasado - Corinne Lanoir - E-Book

Jacob, el otro antepasado E-Book

Corinne Lanoir

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Beschreibung

Él tiene otro nombre, "Israel", el mismo de un país y de un pueblo. Su historia, llena de giros, se cuenta en el libro del Génesis, después de la de Abrahán, el primero de los patriarcas. Todos recordamos sus altercados con su hermano Esaú o su tío Labán, sus matrimonios con Lía y Raquel. Pero, al verlo más de cerca, nos preguntamos: ¿por qué está vinculado a Siquén y a Betel? ¿A qué se deben tantas andanzas, artimañas, temores y luchas? ¿Qué modelo puede encontrar un lector actual en él? Este cuaderno aborda estas cuestiones desde una perspectiva histórica y literaria.

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Seitenzahl: 111

Veröffentlichungsjahr: 2016

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Contenido

Portada

Prólogo

Portadilla

Introducción

I – El ciclo del antepasado del Norte, una memoria de resistencia

Jacob y Esaú

Jacob y Labán el arameo

Raquel y Lía

Jacob, un héroe autóctono

II – Ida-vuelta de Betel a Penuel

Betel

Penuel

Un itinerario de identidad

III – Una tradición releída y reexaminada

Jacob releído por Oseas

Jacob rehabilitado como patriarca

Conclusión

Glosario

Para saber más

Lista de recuadros

Créditos

CB171

CORINNE LANOIR

JACOB, el otro antepasado

La lucha de Jacob con el ángel es un episodio bíblico tan célebre como el sacrificio de Isaac. Delacroix nos dejó un fresco de gran fuerza (1861) y Gauguin un cuadro naíf (1888). Los Padres de la Iglesia vieron en ella una síntesis del combate espiritual. Sin embargo, se trata solamente de una peripecia en una historia llena de sorpresas.

Mientras que la trayectoria de Abrahán parece lineal, la de Jacob resulta caótica. Va y viene de una parte a otra del Jordán, pasa veinte años en Padán Aram, regresa a Canaán y muere en Egipto. Tiene el don de crear conflictos con su hermano Esaú y, después, con su tío y suegro Labán. Sus numerosos hijos no le van a la zaga. Al mismo tiempo, en torno a él, ¿cómo no sentirse conmovidos por el amor que tiene a Raquel y por las reacciones de esta y de Lía o de su madre Rebeca?

En dos ocasiones, primero en Betel y después en Penuel, se le aparece Dios durante la noche: la primera vez en un sueño y la segunda en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo; unos acontecimientos que lo dejarán marcado para siempre. Es el último de los patriarcas, aquel con quien concluye la primera revelación del «Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob» (Ex 3,6).

Honrado antes del Exilio en las regiones del norte, mientras que Abrahán lo es más bien en las del sur, lleva el nombre mismo del reino y del pueblo: «Israel». El profeta Oseas no lo ve con benevolencia pero, después del exilio, los últimos redactores del libro del Génesis vinculan su historia a la del Éxodo para definir la identidad del pueblo elegido, bendecido por Dios. La persona real cuenta menos que el personaje construido por la Sagradas Escrituras.

El Cuaderno que presentamos no esquiva las cuestiones históricas, tanto sobre Jacob como sobre los relatos que se fueron elaborando progresivamente. Muestra incluso su importancia para que nos comprendamos a nosotros mismos al relacionarlos con los textos fundacionales.

GÉRARDBILLON

Corinne Lanoir es profesora de Antiguo Testamento y de hebreo en la Facultad de Teología Protestante de París. Ha trabajado como animadora bíblica al servicio de la Iglesia Evangélica luterana y posteriormente en la Iglesia Reformada de Francia. Ha enseñado habitualmente disciplinas bíblicas en la Facultad Evangélica de Estudios Teológicos de Managua (Nicaragua) y en el Instituto Intercultural de Estudios e Investigaciones de la región de Chiapas (México). Sus investigaciones se centran en las lecturas feministas y poscoloniales de la Biblia.

Jacob, el otro antepasado

Mientras que Abrahán está completamente anclado en el sur del país, Jacob se desplaza por las regiones del norte, de un lado a otro del Jordán, y llega incluso hasta Mesopotamia. La mayoría de los grandes santuarios del reino de Israel están vinculados a él. Desde Génesis 25,19 hasta 35,15 se nos cuenta su extraordinaria trayectoria de joven tramposo, de esposo amante, de padre herido. Parte de su casa sin nada y regresa después de muchos años con riqueza de bienes y de hijos. Sus aventuras, transmitidas inicialmente como memoria local de un grupo particular, se amplían posteriormente uniéndose a las de Abrahán, el primer patriarca, depositario de la promesa divina.

Corinne LANOIR

Introducción

¿De dónde procede el antepasado Jacob? ¿Qué función desarrolla en la familia de los patriarcas? Entre los relatos sobre Abrahán e Isaac, por una parte, y los de José, por otra, ¿qué parte de herencia aporta su historia a la identidad de Israel?

Él es el que recibe el nombre de Israel (Gn 32,29 y 35,10), que designará su pueblo, y es presentado como el padre de las doce tribus que lo compondrán.

Mientras que Abrahán está totalmente anclado en el sur del país, con Hebrón como lugar de referencia, y José desarrollará su carrera en Egipto, Jacob se mueve en las regiones del norte, donde funda la mayoría de los grandes santuarios; pasa de un lado al otro del Jordán y después estará numerosos años en Jarán, que está mucho más al norte, con Labán el arameo.

El ciclo de Jacob cuenta la extraordinaria «trayectoria de un peleador» en la que al protagonista no le preo­cupa justificar su moralidad en los conflictos que le oponen a su hermano Esaú o a su tío y suegro Labán. Su objetivo es asegurar la supervivencia y la autonomía de su clan. En un primer momento, sus aventuras se transmiten como memoria local de un grupo que se identifica con un antepasado que descubre al dios El y su promesa.

Esta trayectoria es después leída y reinterpretada en nuevos contextos y con nuevas cuestiones a lo largo de la historia de Israel: ¿qué sitio cabe darle a este antepasado del norte cuando las tradiciones del sur son las que ocupan un lugar preponderante? ¿Cómo integrar a este antepasado tramposo y ladrón pero que acaba teniendo éxito? ¿No sería mejor elegir otros modelos de antepasado? ¿Es necesario integrar la historia de Jacob en la gran saga de los patriarcas que precede al relato de la salida de Egipto y del nacimiento del pueblo de Israel? En este caso, ¿no hubiera sido más apropiado eliminar los conflictos y presentarlo más bien como un modelo de obediencia?

Vemos aquí un ejemplo típico de un debate permanente, interior a los textos bíblicos, que se le presenta a quien quiere estar atento para escuchar las voces diferentes que enriquecen nuestra comprensión del mundo de los redactores y de los primeros lectores de estos relatos. Estos redactores eligieron no elegir y dejar estas cuestiones en suspense. Han conservado la historia de Jacob, el antepasado tramposo, como también las relecturas de su historia. El debate llega hasta nosotros, que releemos aún e intentamos de nuevo entrar en diálogo con esta herencia a partir de nuestro contexto, de nuestras dudas y de nuestra historia.

Referencias históricas y literarias

Entre los siglos XII y IX antes de nuestra era se producen movimientos de sedentarización que dan origen a lo que llegarán a ser las tribus de Israel en la zona de las colinas centrales de Samaría y de Judea. No tenemos ninguna documentación histórica textual sobre esta época salvo la estela de Merneptah, hijo de Ramsés II, que hizo erigir una estela para conmemorar su campaña victoriosa contra Libia y el país de Canaán en torno a 1210 a.C., en la que afirma «Israel ha sido devastado» (véase Supplément aux Cahiers Évangile n. 69, pp. 36-37).

En el siglo XI se constituye el reino del Norte.

933-911: fundación del reino por Jeroboán.

886-841: Omrí (886-875) y la dinastía de los omridas (Ajab: 875-853; Ocozías: 853-852; Jorán: 852-841).

841-747: Jehú (841-814) y su dinastía (Joacaz: 814-803; Joás: 803-787; Jeroboán II: 787-747; Zacarías: 747).

El reino del Norte (o Israel) es por aquel entonces mucho más importante que el del Sur (o Judá): su monarquía es más estable, su radio de acción más importante, su población más numerosa y su economía más próspera; el reino de Judá es en cierto modo su vasallo y su capital, Jerusalén, es solo una ciudad pequeña.

A partir del reinado de Menajén (746-737), Israel, el reino del Norte, tiene que pagar tributo al rey asirio Tiglat-piléser III (737).

En esta época habría que situar el comienzo de la predicación de Oseas (¿Os 4–9?).

734-733: después de la guerra siro-eframita, Tiglat-piléser III avanza contra estos países y los asirios se adueñan de los primeros territorios del reino del Norte.

721: exilio y deportación. Tras un intento de rebelión contra Asiria, cae Samaría en la segunda expedición militar de Tiglat-piléser III. Fin del reino del Israel, que se convierte en una provincia asiria. El santuario de Betel no es destruido.

Una parte de la población del reino del Norte se refugia en el reino del Sur, en Jerusalén, y otra baja, sin duda, a Egipto. Betel, en el territorio de Benjamín*, sirve como lugar de memoria y de redacción de las tradiciones del Norte.

Es la ocasión para que se desarrolle el reino del Sur (Judá).

701: campaña de Senaquerib, comandante asirio. Asedia varios pueblos de Judá y llega hasta Jerusalén, que no será atacada.

640-609: reino de Josías. Un momento importante para la elaboración de la teología deuteronomista*, que seguirá desarrollándose durante y después del exilio.

597: primera expedición de Nabucodonosor, rey de Babilonia, contra Jerusalén; primeras deportaciones.

587: exilio. Segunda expedición de Nabucodonosor contra Jerusalén; segundas deportaciones y destrucción del Templo.

Una élite del pueblo (25%) es exiliada a Babilonia y otros huyen a Egipto. Una parte importante, esencialmente campesina, permanece en su territorio entre las ruinas de Jerusalén. Betel, relativamente respetada por las destrucciones de los babilonios, sirve de lugar de relectura y de combinación de las tradiciones del Norte y del Sur.

537: primeros retornados tras el edicto de Ciro.

520-515: reconstrucción del Templo de Jerusalén. Diversos conflictos.

Inicios de siglo III: primera edición de la Torá.

Las tradiciones judeas del Sur dominan la redacción, pero se afirma la legitimidad de un lugar propio para las de Samaría como también con respecto a las de la Golah* egipcia.

El Próximo Oriente antiguo

Según la geografía simbólica del Génesis, el padre Abrahán partió de Ur (Gn 11,28), y, subiendo el valle del Éufrates, llegó a Jarán (entre el Éufrates y el Tigris; Gn 11,31). Abrahán baja a Canaán (en torno a Siquén, Gn 12,5-8) y llega incluso hasta Egipto (Gn 12,10s). Jacob, «arameo errante» (Dt 26,5), baja también a Egipto (Gn 46). Anteriormente, pasa veinte años con Labán en Jarán (Gn 28,10), en la «llanura de Aram» (Gn 28,5-7), llamada también «Aram de los dos ríos» (Gn 24,10), que en este caso no se refiere solamente a la región de Damasco, sino a la zona del noroeste de Mesopotamia, entre los ríos Éufrates y Tigris. La trayectoria así trazada por el antepasado Abrahán prefigura y legitima la de los exiliados que regresan de Babilonia a Judea a partir del 537 a.C. La de Jacob evocaría más bien las relaciones entre Asiria y Canaán un siglo antes.

I – El ciclo del antepasado del Norte, una memoria de resistencia

Con numerosos especialistas (Claus Westermann, Albert de Pury, etc.), consideramos que las tradiciones relativas a Jacob fueron organizadas muy pronto como un ciclo formado por tres secuencias y un epílogo:

Los conflictos con Esaú y la partida para Jarán;Las relaciones con Labán el arameo;El reencuentro con Esaú tras el retorno;Epílogo: desde Siquén hasta Betel, un itinerario para reconocer el origen del pueblo de Israel y su Dios.

Se trata, por consiguiente, de una construcción literaria que permite diseñar un itinerario relatando una compleja historia familiar. En este capítulo recorreremos este itinerario y exploraremos el mundo del personaje Jacob, en relación con sus vecinos, para descubrir la lógica que propone.

La construcción del personaje Jacob como héroe procede de una sucesión de conflictos incrustados unos en otros: conflicto entre Jacob y su hermano Esaú (Gn 25; 27; 32–33) que solo desemboca en una reconciliación tras pasar por el conflicto entre Jacob y Labán el arameo (Gn 29–31), en cuyo centro se introduce el conflicto entre Raquel y Lía (Gn 29,31–30,24).

Jacob y Esaú

El relato comienza en Gn 25,19 y se abre con una frase característica que aparece como un estribillo en el Génesis: «Esta es la familia de Isaac, hijo de Abrahán». La trayectoria de Jacob se inscribe así en una historia familiar. El uso que de nuevo se hace de esta fórmula en Gn 36,1 («Esta es la familia de Esaú, que es Edom») permite delimitar la historia de Jacob entre la familia de Isaac, su padre, en Gn 24 y 26, y la de Esaú, su hermano, en Gn 36. Pero, entre estas dos fórmulas, la historia se complica desde el nacimiento.

Los nombres de Esaú y de Jacob

En el relato de su nacimiento encontramos la siguiente interpretación de los nombres de Esaú y Jacob:

Gn 25 24 Cuando se cumplió el tiempo en el que tenía que dar a luz, unos gemelos se encontraban en su seno. 25 El primero que salió era pelirrojo, totalmente velludo, como una piel de animal: se le llamó Esaú. 26 Su hermano salió después, la mano agarrada al talón de Esaú: se le llamó Jacob.

Fig. 1: Sello escarabajo de los hicsos de los siglos XVII-XVI a.C. encontrado en Šiqmona (Haifa) en el que se evoca a un «hijo de Ra [sol]» calificado como «Ya‘qab haddu» [dotado de vida].

Desconocemos la etimología del nombre Esaú. En efecto, la explicación mediante sus características físicas («pelirrojo» y «velludo») hace referencia a otros dos nombres que están asociados con él: Edom y Seír. «Pelirrojo» (‘admônî, utilizado en 1 Sm 16,12 y 17,42 referido a David), remite a «Edom» (Gn 25,29; 36,1.8), la región al este del Jordán, al sur del territorio de Judá, caracterizada por el color rojizo de sus montañas. «Velludo» (se’îr)