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Descubran la vida de uno de los mejores futbolistas de nuestra época
James David Rodríguez Rubio nació el 12 de julio de 1991 en Cúcuta, Colombia. Como casi todos los niños, no concebía su tiempo libre sin un balón. La diferencia con el resto radicaba en lo que él hacía con la pelota en los pies. Allá donde iba destacaba por su talento innato y su precisa zurda.
Sin la madurez impropia para un chico de su edad, las exigencias de su madre y el buen asesoramiento de su círculo más cercano no habría sido posible hablar hoy de su trayectoria. Envigado, Banfield, Porto, AS Monaco, Real Madrid y Selección Colombiana han sido testigos de excepción de su virtuosismo, asistencias y goles. Tímido y humilde, continúa en contacto con aquellos que estuvieron a su lado mientras crecía.
Nos adentramos en su vida gracias al testimonio de aquellos que mejor le conocieron. El profe Kiko Barrios le descubrió en la Pony Fútbol de 2004. Llegó a Banfield donde compartió vestuario con Sebastián ‘Gallego’ Méndez, confidencias con Julián Guillermo y creció con las enseñanzas de Julio Falcioni. En la selección de Colombia encontró en David Ospina un amigo además de ser su cuñado. De pequeño pasaba horas delante de la televisión viendo su serie preferida, ‘Súper Campeones’. Oliver Atom era su ídolo, de la misma forma que ahora él es ejemplo real de superación y éxito para una nueva generación de colombianos que asisten a un resurgir de su fútbol de la mano de Radamel Falcao, David Ospina, Jackson Martínez y, por supuesto, James.
Una biografía completa sobre un futbolista prodigio del Real Madrid CF
SOBRE LA AUTORA
Montserrat García Bea (Jerez de la Frontera, 1981) es licenciada en Ingeniería Informática por la Universidad de Sevilla. Desde 2009 ha centrado su carrera profesional en el márketing digital y el periodismo deportivo. Ha sido directora de Márketing de la marca Hummel en España y Portugal. La emisora esRadio cuenta con ella como comentarista y tertuliana en los principales carruseles y programas deportivos desde 2010, teniendo secciones propias dedicadas al fútbol internacional y apuestas. Además, colabora en el programa PlayFútbol de la Cadena Ser y Ventana Deportiva de LibertadFM, entre otros. Plasma su pasión por el fútbol en revistas especializadas como Élite Sport, Kaiser Magazine o Panenka. Para el Mundial de Sudáfrica fue fichada por la casa de apuestas Betfair donde continúa realizando análisis de las principales competiciones internacionales y asesorando sobre sus mercados.
EXTRACTO
12 de julio de 1991
Veinte dedos, dos brazos y dos piernas. A las perseverantes patadas le sobrevinieron las contracciones y, por fin, el parto. Solo esta vez empujaría hacia atrás, el resto de su vida siempre miraría hacia delante. La portería como meta. Pero entonces, la única preocupación de Pilar Rubio era saber si su primogénito había nacido con todas sus extremidades, si venía fuerte y con buena salud. No tardaría en descubrir que su pequeño James no solo estaba sano sino que además le sobraría talento para ser futbolista.
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Seitenzahl: 213
Veröffentlichungsjahr: 2015
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Montserrat García Bea
Montserrat García Bea (Jerez de la Frontera, 1981) desde 2009 ha centrado su carrera profesional en el márketing digital y del periodismo deportivo. Ha sido directora de Márketing de la marca Hummel en España y Portugal. La emisora esRadio cuenta con ella como comentarista y tertuliana en los principales carruseles y programas deportivos desde 2010, teniendo secciones propias dedicadas al fútbol internacional y apuestas. Además, colabora en el programaPlayFútbolde la Cadena Ser yVentana Deportivade LibertadFM, entre otros. Plasma su pasión por el fútbol en revistas especializadas comoÉlite Sport, Kaiser Magazine o Panenka. Para el Mundial de Sudáfrica fue fichada por la casa de apuestas Betfair donde continúa realizando análisis de las principales competiciones internacionales y asesorando sobre sus mercados. La puedes seguir en Twitter en @montse_garcia
James Rodríguez. El vals de Colombia
© Montse García, 2015
© Diseño de cubierta: Adrián López Viamonte
© Fotografías: Adidas y Cordon Press, y agencias
© Al Poste, 2015
Fuencarral, 70
28004 Madrid (España)
Tel.: 91 532 05 04
www.alposte.es
Primera edición: septiembre 2015
IBIC: WSJA
ISBN: 978-84-15726-48-7
e- ISBN: 978-84-15726-50-0
Depósito legal: M-23.759-2015
Impreso en España -Printed in Spain
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Gracias papá, por todos los partidos que hemos visto juntos, por todas las historias que me has contado y por enseñarme algo nuevo cada día. Te admiro.
Gracias Carmelo y Mati, hermanos, guías, amigos y ejemplos continuos en mi vida. Os adoro.
Gracias mamá, por estar ahí, aunque ya no estés.
Os quiero.
PRÓLOGO
Gaby Ruiz
Convencido de haberlo visto en su día en directo, en esas que luego bauticé en Twitter comonoches golfas de fútbol argentino, me fui a la videoteca a revisar el día que Yeims marcó su primer gol en Banfield, con 17 años. “Se viene el chicoYeimsRodríguez, 17 años, colombiano, viene del Envigado”, dijo el comentarista, Damián Trillini, en el minuto 64 de aquel partido, cuando Yeims iba a entrar por Ariel Broggi. “Rodríguez, me dijiste ¿no?”, replicó el relator, mientras en imagen teníamos a un adolescente imberbe, con cara de susto, que entraba al campo con la verdiblanca de Banfield. Trillini respondió que sí, que Rodríguez se llamaba, y añadió un gran dato: “Yeims debutó en el fútbol profesional con 14 años, en Colombia, y es además el debutante extranjero más joven de la historia del fútbol argentino…”.
Sorpresa general ante semejante dato, que sin duda presentaba a un chico superdotado y precoz. Nadie parecía conocer realmente a Yeims en aquella retransmisión de un Banfield-Central de febrero de 2009. De hecho a Trillini, excelente comentarista, le costó ubicarle en el campo. Contó que estaba por la izquierda, cuando en realidad por la izquierda quedó Raimonda, con Yeims moviéndose ya, con 17 años, por donde más le gusta, por dentro. Y con nada menos que el Tanque Silva delante de él, por cierto. Yo estaba en mi casa viendo el partido, lo juraría. Y tampoco le conocía, pero sí estoy seguro de recordar ahora lo que vi 11 minutos más tarde de su salida al campo.
“Choy González que la pierde, Rodríguez que buscaaaa..., qué golazo, ¡gooool, ¡goooolazo de Banfield, a los 30 minutos sí, el pibe, el colombiano Rodríguez hizo este golazo, para no olvidar nunca más, pibe! Banfield 3, Central 0. ¡Pero qué manera de pegarle a la pelota por favor!”. Este fue el relato de un zurdazo brutal desde 25 metros que casi se lleva la red por delante. Y faltaba Trillini: “YeimsRodríguez, un puñado de partidos en Primera y este golazo, inatajable, qué golazo, deYeims... que le pega bien parece una de sus cartas de presentación, ¿no?”.
Eso resultó ser exactamente aquel segundo rato con la camiseta del “Taladro”: la carta de presentación de James Rodríguez. Muchos pensábamos entonces que aquel pibe se llamaba Yeims por pura ignorancia, pero pronto supimos la verdad: se llamaba James. En el sur de Buenos Aires se enteraron ese mismo día, 27 de febrero de 2009. Pinto da Costa lo supo muy poco después y fue quizá el primer europeo en saberlo. Luego se enteraron en Mónaco y desde el verano de 2014 lo sabe el mundo entero. Se llama James, es una de las mejores zurdas del fútbol mundial y su historia es sencillamente fascinante. Disfrúntela.
12de julio de1991
Veinte dedos, dos brazos y dos piernas. A las perseverantes patadas le sobrevinieron las contracciones y, por fin, el parto. Solo esta vez empujaría hacia atrás, el resto de su vida siempre miraría hacia delante. La portería como meta. Pero entonces, la única preocupación de Pilar Rubio era saber si su primogénito había nacido con todas sus extremidades, si venía fuerte y con buena salud. No tardaría en descubrir que su pequeño James no solo estaba sano sino que además le sobraría talento para ser futbolista.
Desdeel preciso momento de su nacimiento, el destino quiso que el fútbol fuera el motor de su vida. Nació al norte de Colombia, cerca de la frontera con Venezuela, en Cúcuta. Su progenitor, Wilson James Rodríguez, jugaba para los Motilones. No pasaría demasiado tiempo hasta que su madre decidiera emprender rumbo hacia la que siempre ha sido su casa, Ibagué. Pilar había abandonado su ciudad siendo muy joven. Acompañó a su esposo mientras él pertenecía al Cútuca Deportivo pero la ruptura de la relación matrimonial supuso el regreso a sus raíces antes de que su “Monito” cumpliera los dos años.
En paralelo, Colombia atravesaba un momento complejo en su historia. Justo en el año en que James nació, cinco días antes de aquella fecha, se había promulgado una nueva Constitución llamada “Constitución de los Derechos Humanos” y que reemplazaba a la obsoleta de 1886. En dicho documento se reconocía a Colombia como un Estado social de derecho organizado como república unitaria descentralizada, para dar valor a las diferentes autonomías. Mientras que en su predecesora el español era el idioma oficial y el catolicismo su única religión, ahora se reconocía la diversidad étnica y cultural basándose en la heterogeneidad lingüística y religiosa del país. De estado de sitio a estado de emergencia y un sistema judicial acusatorio basado en la Fiscalía General.
Colombia necesitaba la estabilidad y una forma de conseguirlo fue proclamando esta nueva Constitución. Durante casi tres décadas, el país había estado en vilo como consecuencia de la proliferación de grupos revolucionarios. La violencia era una realidad que no podían pasar por alto. Surgieron las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación (EPL), entre otros. Con ellos se extendió una nueva versión del bandolerismo, originario de los años sesenta. El narcotráfico iba implícito ante tanta crispación. Fue el factor desestabilizador definitivo. Hicieron uso de la violencia por medio de los cárteles de la droga y, de esta forma, comenzaron a controlar el comercio de la cocaína y la política.
Uno de los principales focos que estuvieron afectados por el conflicto armado durante los noventa y principios del siglo XXI fue Cúcuta. Las guerrillas comunistas perseguían su propósito por la ciudad. Como suele ocurrir, los barrios más desfavorecidos fueron los que acusaron de forma directa el vandalismo. El punto álgido se produjo precisamente entre los años 1990 y 1991. La criminalidad, por parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) que luchaban por el control territorial con las guerrillas, y la cruzada contra las mafias confluyeron en aquel momento.
Mientras tanto, Wilson James Rodríguez jugaba para Cúcuta Deportivo. Aquellas temporadas fueron muy irregulares para el equipo. Su estrella era Juan Carlos “el Nene” Díaz quien se encontraba lejos de su mejor rendimiento. La campaña en 1991 terminó con ellos en la zona baja de la tabla. Con el paso de los años la carrera de “el Cachetes”, como era conocido entonces, fue a menos y se vio obligado a ceder el protagonismo a su hijo. Había tenido un halagüeño futuro como futbolista pero fue superado con precocidad. Nació el 16 de agosto de 1965 en Armenia, Quindío. A principios de los ochenta jugó para Bicicletas Osito y Mesa y Maya. En 1985 fue uno más en la selección colombiana sub-20 que participó en el Mundial de la Unión Soviética. No estaba solo. Integraba la generación más ilusionante, que recordaban los cafeteros en aquellos años, encabezada por René Higuita y compuesta por otros nombres de relevancia en Colombia como Eduardo Niño o John Trellez. Con el dorsal 18 a la espalda, como volante mixto y con una precisa pierna derecha, levantó a todo un país con un disparo inigualable ante Bulgaria. Fue subcampeón de los Juegos Odesur que se celebraron en Chile en 1986. Se presuponía un futuro repleto de éxitos pero su carrera se esfumó y no supo aprovechar el estrellato de Colombia en Italia 90, torneo para el que ya no sería convocado.
Las causas que llevaron a su temprano apagamiento fueron diversas. El protagonista asegura que las lesiones hicieron mella en su trayectoria y acabó en el olvido previo paso por Cali, Tolima, Santa Fe y Cúcuta Deportivo, siempre sin salir del territorio nacional. Otros, consideran que algunos excesos con la bebida mermaron su progresión. Jorge Bernal, técnico que ha podido entrenar a padre e hijo, asegura que su indisciplina le condenó. Precisamente en el extremo opuesto, entre las virtudes a destacar de James, tienen un lugar especial la perseverancia, obediencia y orden. Han sido la base para construir el camino hasta su éxito personal y profesional.
Jesús Alberto Barrios Álvarez, exfutbolista y entrenador colombiano, es considerado como uno de los descubridores de James Rodríguez y tiene su particular visión del duelo paterno-filial. “Conozco sus carreras profesionales y ambos tienen una particularidad. Los dos hacían goles de tiro libre, con la pelota quieta. La única diferencia es que uno era derecho y el otro es zurdo. En aquel tiempo, en 1985, Colombia no era tan influyente futbolísticamente a nivel internacional, eran otras épocas y no había las oportunidades de hoy”.
Es indudable que James posee los genes futbolísticos de su padre pero quien ha sido la auténtica impulsora de su éxito ha sido su madre, Pilar Rubio. Es la persona más importante e influyente en su vida y la que más le ha exigido. “Soy de Ibagué, de familia cien por cien ibaguereña, con cuatro hermanos”, afirma en una entrevista en Colombia. Creció en el barrio Jordán de Ibagué y realizó el bachiller del Liceo Nacional. Desde los cuatro años acudía al estadio Manuel Murillo Toro como fiel seguidora de Deportes Tolima. Tras regresar de Cúcuta, comenzó a llevar a su hijo a los partidos. Fue entonces cuando conoció a Juan Carlos Restrepo, el hombre con quien reharía su vida e impulsaría la de James. Desde los tres años el niño dominaba el balón, lo controlaba y lo hacía suyo en cualquier superficie. No era como el resto. Presentaba cualidades adelantadas para su edad y él las mostraba con soltura. Siempre quiso jugar al fútbol, quería ser grande. Su principal sueño consistía en no despegarse de la pelota, siempre estaría a su lado.
A pesar de su corta edad, tanto Pilar Rubio como Juan Carlos Restrepo comprendieron que James no solo había nacido para jugar al fútbol sino que ya era futbolista. Así que decidieron darle la formación necesaria como antesala a un futuro ambicioso pero alcanzable. Con tan solo cinco años armaron un equipo de trabajo a su alrededor. Todo lo que necesitaba lo tenía. Su familia y el entorno fueron claves en su formación. Desde el primer instante le inculcaron que no solo se trataba de un deporte sino que debía gestionarse con el respeto que merece la profesión, aunque solo era un niño. Su madre siempre fue tajante: “Si te dedicas al fútbol lo harás con la máxima profesionalidad”.
En Ibagué dio sus primeros toques de balón. Concretamente en la cancha del barrio El Jordán, en el polideportivo 14 de Octubre. Ha cambiado. Han remodelado el terreno pero, a mediados de los noventa, cuando James comenzaba a destacar sobre el resto de niños había arena donde ahora hay césped sintético. Han tenido que pasar dos décadas hasta poner fin a los inconvenientes que ocasionaba el polvo de las instalaciones. Los problemas respiratorios afectaban a niños y adultos que acudían a entrenar. La intención es mantener un entorno profesional en el que se puedan celebrar eventos deportivos de índole nacional como las rondas clasificatorias del Pony Fútbol, campeonato que marcó un punto de inflexión en la trayectoria profesional de James Rodríguez.
La mente de James solo tenía sitio para el fútbol pero debía recibir la educación como cualquier otro chico de su edad. Estudió en el colegio Tolimense. No era lo suyo. Las cualidades deportivas tapaban sus carencias estudiantiles. De hecho, aprobó sexto grado gracias al fútbol. Los profesores aceptaron que pudiera faltar a las clases y exámenes con motivo de los diferentes partidos y torneos pero, a cambio, debía entregar trabajos de recuperación que le permitieron ir superando los diferentes cursos. Sin embargo, la educación recibida en casa se mimetizaba a la perfección con los valores estandarte de la escuela: tolerancia, justicia y amor, sustentados en la disciplina y el rigor.
James era inteligente y su sagacidad le permitió desmarcarse del resto. Jugaba igual de bien en corto que profundizando a espaldas de defensas o en largo. Antes de recibir el balón ya sabía dónde y cómo lo iba a poner. Fue precoz, lo que supuso verle con frecuencia jugando con niños de categorías superiores a la suya sin que la diferencia de edad se notase. Había llegado el momento de tomar la primera decisión. James Rodríguez fichó por la Academia Tolimense. La estrella comenzó a brillar.
Pilar Rubio decidió regresar a Ibagué tras la ruptura matrimonial con Wilson James Rodríguez. Volvía a la que siempre había sido su casa donde les esperaban Rosa Emilia y Alcides, los abuelos maternos, pero no lo hacía sola. Le acompañaba su hijo, con quien recuperaría la costumbre de ir al estadio Manuel Murillo Toro para animar a Deportes Tolima. Fue entonces cuando conoció a Juan Carlos Restrepo y formarían una nueva familia. Ambos supieron llenar el hueco que su padre biológico había dejado en James. El profesor Kiko Barrios es tajante al respecto. “No creo que le haya afectado la ausencia de su padre. Él tenía el mejor amor que era el de su mamá, donde encontró un punto de apoyo. Además, apareció un hombre como su padrastro. Siempre ha sido un muchacho feliz al que no le ha faltado nada”.
Juan Carlos Restrepo era un futbolista aficionado que conoció a Pilar cuando ambos trabajaban en Cementos Diamante de Tolima. Ella decidió renunciar a su cargo para poder cuidar plenamente de James. De su unión nacería Juanita, la hermana pequeña del zurdo. Entonces ya estaban viviendo en Bogotá y con cinco años decidieron matricularle en la Academia de Fútbol Sporting Cristal, una escuela de fútbol en el Salitre.
A Juan Carlos le absorbía el trabajo y Pilar tenía problemas con la altura. Así que tomaron la decisión de regresar a Ibagué, de nuevo, con la condición de que el padrastro les visitara cada quince días. El poco tiempo que pasaba con James servía para afianzar sus impresiones sobre el talento innato del que consideraba su hijo. Así le trataba y así pensaba por él. Con tres años ya había demostrado que su zurda era privilegiada. Era más que precisión. La forma en la que pegaba con el pie al balón, cómo se desenvolvía en las diferentes superficies, cómo pateaba con el borde externo e interno sin distinción o cómo lo pisaba eran algunas de las características que James había desarrollado.
Juan Carlos le transmitió todos los conceptos que había aprendido tras su paso por las categorías inferiores de Deportes Tolima. Lo había entrenado cada día llevándolo al parque donde ponían en práctica la técnica y perfeccionaba su destreza. Apenas había empezado a andar y ya controlaba mejor el balón que sus propios pies. Ahora solo lo veía cada dos semanas pero, consciente de que debía recibir la formación adecuada, lo inscribió en una nueva escuela de fútbol. La elegida fue la Academia Tolimense. Su adaptación fue tan efectiva que en apenas unas semanas y con seis años de edad ya estaba disputando la liga.
No tenía miedo. A pesar de su aspecto frágil y su delgadez, se crecía cuando tenía el balón consigo. No le importaba medirse a los más grandes. Jugando ante chicos de nueve y diez años quien destacaba era James. A Juan Carlos le preocupaba su complexión física. Estudió su herencia genética y esta habló por sí sola. Sus padres no eran altos, por lo que para evitar que el problema de la altura mermase su brillantez técnica leimpuso un tratamiento que combinaba alimentación yejercicio.
En la cancha del barrio Jordán y del Parque Deportivo, corría, saltaba y jugaba como cualquier niño de su edad, ajeno al futuro que le esperaba. Pilar le observaba con detenimiento. Consideró que se trataba de una oportunidad para formarle pero sin obsesionarse. Sabía de su talento y debían explotarlo. Lo formaron siendo conscientes en todo momento de su potencial. Debían ser serios y profesionales, así que confeccionaron un equipo de trabajo a medida para James. Apenas tenía seis años y ya despertaba el interés de entrenadores y compañeros. Por sus venas corría sangre de futbolista, por los genes de su padre, pero el aspecto más relevante fue la determinación y las decisiones llevadas a cabo por Pilar.
Desde su llegada a la academia hasta su salida con 13 años, James se sintió tolimense. Durante aquel decisivo periodo en su formación, no cesó de sacar a relucir sus virtudes mientras se forjaba un futuro a fuego lento. Sin prisas pero sin cometer errores por aspirar a más de lo que podía ofrecer en cada escalón que subía.Las ideas estaban claras por parte del ámbito familiar ytambién lo estaban en lo deportivo.
James nunca jugó en otra demarcación que no fuera la de volante. En Academia Tolimense fue pasando por cada una de las categorías estipuladas: prebaby, baby, preinfantil, infantil…, hasta llegar a Medellín en 2004, donde tendría lugar una nueva edición del campeonato Pony Fútbol, el punto de inflexión en la carrera del colombiano. Hasta entonces, fueron muchos los entrenadores que le tuvieron en sus respectivas disciplinas. Todos coinciden en la inteligencia que mostraba en los entrenamientos y durante los partidos. Era bueno con los pies pero su grandeza se situaba sobre los hombros. Tenía cabeza, un aspecto fundamental en edades tempranas cuando los sueños se confunden con la realidad. Otra de las virtudes que poseía y que ha ido alimentando con el transcurso de los años ha sido su capacidad para asimilar los consejos que los expertos le brindaban. Escuchaba y ponía en práctica. Era metódico, perfeccionista y, ante todo, humilde.
Cada tarde, después de asistir al colegio, almorzaba en casa, acudía a la Academia Tolimense a entrenar y, finalmente, recibía clases particulares. Era un chico inquieto pero centrado. No importaba dónde jugase, siempre era el principal foco de interés entre sus compañeros y los padres de los otros chicos. El sentimiento era unánime: James no tardaría en ser jugador profesional. Él lo sabía y disputaba cada encuentro como si fuera el último. En cada jugada en la que participaba, antes de entregar el balón, ya sabía dónde lo iba a poner y cómo finalizaría. No se ponía límites y no distinguía entre jugar en corto, profundizando a la espalda de los defensas o en largo. No importaba, el grado de acierto era elevado. Su categoría se le quedaba pequeña y no se amedrentaba cuando le ponían a jugar con chicos mayores. La diferencia brillaba por su ausencia y seguía siendo el mejor. Quizá no tenía el físico de los chicos de doce o trece años con los que se medía pero lo compensaba con su habilidad y virtuosismo.
James era exigente. Esa severidad se traducía en carácter y temperamento en el terreno de juego. Lejos de ser un chico conflictivo, canalizaba dicho sentimiento en obedecer para mejorar. Los entrenadores tuvieron que idear trabajos personalizados acordes con su talento y proyección, entrenamientos específicos para potenciar su maestría y fortalecer sus debilidades. Además del talento innato pertenecía a una academia que tiene en el manejo del balón uno de sus pilares. El punto de partida era el trabajo técnico. A partir de ahí se desarrollaban las diferentes cualidades de los distintos miembros de la plantilla. Completaron su formación con la ayuda de un psicólogo que trabajaba con él para fortalecer su confianza, autoestima y le ayudaba a controlar las emociones. Hasta entonces podía decirse que era un chico pasivo, al que le costaba exteriorizar sus sentimientos. Tan importante era para sus entrenadores que fortaleciera su inteligencia táctica como su capacidad psíquica. Su físico, su técnica y su mente debían ir en paralelo y equilibrándose.
Le sobraba el talento y generaba expectación pero nunca alardeó de sus virtudes. Tenía buen corazón. Él se veía como uno más. Cuenta Álvaro Guzmán, entrenador de Academia Tolimense y que tuvo a James en su equipo, que por aquel entonces la mayoría de balones con los que entrenaban era de dudosa calidad. Tan solo había uno que se salvaba. Al inicio de la sesión corrieron a por la bolsa donde los guardaban. Un chico que no poseía el nivel futbolístico de James llegó el primero y cogió el mejor balón. Álvaro le indicó que se lo diera a James, por su talento. La mejor pelota para el mejor jugador. Sin embargo, James, con naturalidad, le indicó que no lo quería. Debía usarlo el compañero que lo cogió primero. Se lo entregó y siguieron con el entrenamiento. Nunca se vio por encima de nadie, él se igualaba al resto.
Tras el periodo de formación llegaron los primeros torneos y con ellos afloró su capacidad para ser decisivo, ya fuera a través de goles o mediante precisas asistencias. Nunca pasaba desapercibido y era el jugador más complejo de marcar por sus rivales. Juan Carlos Restrepo describe uno de ellos en una entrevista concedida a la revistaCromos. “Había un torneo prejuvenil llamado Tutti Frutti. James, con diez años, estaba en una categoría mayor. Comenzamos a salir mucho y su mamá lo acompañaba en los viajes. Así fuimos a Barranquilla, ciudad en la que Jamesito fue distinguido en tres ocasiones como el mejor del torneo. En esta etapa adquirió madurez, supo que el proyecto de vida que nos habíamos trazado se estaba volviendo realidad. Para no abrumarlo, yo le decía: ‘Papito, yo lo quiero mucho, vamos a desarrollar lo que usted tiene, pero en beneficio suyo, para que sea lo que quiere ser’. A él le gustaba el fútbol y jugarlo en la play; se podía encerrar todo el día con su máquina. Nosotros le censuramos sus videojuegos, primero el que venía de gris y luego el negro. Hicimos un pacto, le dije: ‘Yo no te voy a pedir que seas el mejor estudiante, solo te pido que apruebes las materias. Sí te voy a exigir que seas el mejor en el fútbol’. Hicimos ese pacto entre la mamá, él y su hermanita. Pilar y Juanita se sacrificaron, agarraban avión o bus, buscaban hotel y estaban atentas”.
Viajó a Pasto para disputar un torneo infantil con la selección de Tolima donde fueron encuadrados en un grupo difícil que estaba compuesto por Valle, Huila y Caquetá. Debutaron precisamente frente a estos últimos y James se llevó todos los aplausos en la victoria. Ante Huila no pudieron pasar del empate. A pocos minutos del final, tuvo en sus botas la oportunidad de decidir el encuentro gracias a un penalti pitado a favor. Pero lo falló mientras su principal rival, Valle, ganaba su partido. Estaba destrozado. Lloró y necesitó el consuelo de su madre quien le pidió que al día siguiente jugara como él sabía hacer. Le hizo caso y vencieron. La recompensa estaría por venir. Aquel torneo le abrió las puertas del Pony Fútbol de Medellín, donde cambiaría su vida.
Hace más de treinta años que el torneo Pony Fútbol sirve como sustento de lo que será en el futuro la selección colombiana. Desde 1985 se celebra el campeonato más importante del país para niños menores de trece años en Medellín. Allí dejan volar su imaginación y ponen al servicio del fútbol su talento sazonado con esfuerzo, disciplina y pasión por ese deporte al que quieren dedicarse de manera profesional. Aunque está en juego su futuro, el compañerismo, juego limpio, competitividad y diversión son los ingredientes principales que se combinarán mientras se dispute.
