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"Con todo, Jesús de Nazareth: La biografía prohibida, resulta un libro bastante interesante en líneas generales. Las Heras expone sus argumentos con bastante rotundidad y apasionamiento y en algunas cuestiones ya mencionadas anteriormente la verdad es que consigue grandes dosis de convicción."(Web Anika entre libros) La historia del Mesías presenta numerosos lugares oscuros y otros muchos que han sido sombreados por la doctrina oficial: una historia que ilumina, desde fuentes históricas, la vida de Jesús de Nazareth. El Concilio de Trento fija las Sagradas Escrituras y, con ellas, se fija el dogma cristiano. Existen, no obstante, numerosos escritos sobre la figura de Jesús, sobre su vida, sobre sus enseñanzas, sobre su martirio y sobre su muerte. Muchos de ellos no concordaban con la doctrina oficial y han sido silenciados, perseguidos, quemados y olvidados y otros han sido admitidos como dogma pero sin embargo, se debe admitir que ningún historiador romano del S. I habla de Jesús de Nazareth ni del cristianismo, pese a que luego se convertiría en religión oficial de Roma, también se debe admitir que ninguno de los evangelios han sido escritos por testigos presenciales, se deduce esto que la imagen canónica de Jesús es una interpretación de textos arcanos: Jesús de Nazareth. La biografía prohibida investiga estos textos y los coteja con los canónicos para transmitirnos una imagen de Jesús más rigurosa y más humana. Antonio Las Heras mezcla en esta obra el retrato autobiográfico del nazareno con un relato final, en el capítulo XIII titulado "Máximus", que nos descubre los distintos pasos de una iniciación espiritual. El objetivo es hacernos llegar la figura de Jesús como un iniciado en una serie de misterios y saberes que difunde a todos los que le quieran seguir, esta escuela esotérica egipcia, la escuela esenia, mostraría no pocos puntos en común con las doctrinas cristianas.
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Seitenzahl: 349
Veröffentlichungsjahr: 2010
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JESÚS
DE NAZARETH
LA BIOGRAFÍA PROHIBIDA
Toda la verdad sobre la figura más polémica de la Historia
ANTONIO LAS HERAS
Colección: Historia Incógnitawww.historiaincognita.com
Título: Jesús de Nazareth, la biografía prohibidaSubtítulo: Toda la verdad sobre la figura más polémica de la HistoriaAutor: Antonio Las Heras
Copyright de la presente edición: © 2008 Ediciones Nowtilus, S.L.Doña Juana I de Castilla 44, 3º C, 28027 Madridwww.nowtilus.com
Editor: Santos RodríguezResponsable editorial: Teresa EscarpenterProyecto editorial: Contenidos editoriales s.r.l.
Diseño y realización de cubiertas: MurrayMaquetación: Ana Laura Oliveira
Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece pena de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.
ISBN-13: 978-84-9763-457-1
Libro electrónico: primera edición
Índice
A MODO DE PRÓLOGO
¿QUÉ GRADO DE CONFIANZA TIENEN LOS EVANGELIOS?
LOS EVANGELIOS OCULTOS
ACERCA DE LO INICIÁTICO
¿QUÉ ES LA INICIACIÓN?
LA HISTORIA DE JESÚS ANTES DE JESÚS
LAS ESCUELAS DE SABIDURÍA DE EGIPTO
EL ENIGMA DE LOS MANUSCRITOS DEL MAR MUERTO Y DE LOS CÓDICES DE NAG HAMMADI
¿CÓMO FUE TORTURADO REALMENTE JESÚS?
LA HISTORIA DESCONOCIDA DE JOSÉ DE ARIMATEA
JUDAS ISCARIOTE: EL HERMANO TERRIBLE
JESÚS NO MURIÓ EN LA CRUZ
LA ORDEN DE JESÚS
MAXIMUS
APÉNDICE: DECLARACIÓN DE JOSÉ DE ARIMATEA TOMADA DE LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS
BIBLIOGRAFÍA
El historiador miente hasta cuando dice la verdad. Pero si lo es y convierte en legendario lo que pasa, entonces dice la verdad aunque mienta.
JOSÉ BERGAMÍN
Este libro está basado en hechos reales.
A modo de prólogo
Era una mañana fría, y en un bar de la Avenida Corrientes, en el pleno centro de Buenos Aires, los dos hombres conversaban frente a una taza de café, junto a la ventana. –Ud., hermano mío, necesita pensar con extrema serenidad lo que se propone hacer. Nosotros le prestaremos ayuda, como lo hemos hecho siempre. Pero aparecerán enemigos. Hay muchos que se resisten a que la verdad trascienda. Hay grupos muy influyentes que se encuentran convencidos de que el vulgo, la gente común, normal, debe ignorar las cosas de los iniciados. Y no estoy seguro de que nos sea posible brindarle la protección que pueda requerir –no solo Ud., habría que pensar también en su familia– después de la publicación del libro.
–Disiento. Disiento totalmente. Una vez publicado este libro, yo seré lo menos importante. Las cosas estarán dichas y el libro en manos de sus lectores. ¿Quién va a molestarse por mí, entonces? O por mi familia. Lo hecho, hecho estará. Tendrán que pensar en otra cosa. Ya se me han ocurrido varias: aparecerán libros contradiciéndome, negando los sucesos; habrá programas de radio, televisión y, hasta mesas redondas en las ferias del libro diciendo que soy un charlatán, que no tengo pruebas académicas. Esas cosas; mucho más no conseguirán.
–Vea, Las Heras, no será la primera ni la última vez que digan que Ud. es un charlatán, mentiroso, inventor de patrañas. Y mientras siga tratando y difundiendo cosas como estas, más agresiones de esa índole recibirá. Y hemos olvidado a los autodesignados “escépticos.” Esos querrán que Ud. presente la prueba ta quigráfica del diálogo entre Jesús y José de Arimatea mientras Él se recuperaba aquella noche en la tumba.
–El libro será publicado. Es mi decisión. Tengo editor, un español que no se amilana.
–Querido hermano Las Heras, me gustaría que antes de proseguir con tu plan te retires a la Sala de Reflexiones y pienses si no sería lógico limitarte, por ahora, a un folleto o un libro breve para su difusión solamente entre nosotros. Estoy de acuerdo que El Código Da Vinci abrió muchas puertas. Pero una cosa es una novela –además llena de contradicciones y datos equivocados, que para eso es una novela– y muy otra revelar secretos que tie nen dos mil años. Fíjese que hasta James Cameron y Simca Jacovici, que me parece que tienen un poco más de acceso y pro tección de lo que llamamos “el poder” que Ud., han sido prudentísimos al confeccionar el largometraje –más o menos documental– que intitularon El Sepulcro Olvidado de Jesús y presentaron, muy curiosamente, casi en coincidencia con el equinoccio que anuncia la pri mavera en el hemisferio norte. En un momento el relator afirma que se puede hablar de todos, hasta de Caifás y afirmar que fue hallada su tumba (aunque ya hayan “aparecido” dos o tres tumbas de Caifás), pero que del Crucificado y su seguidores no puede hablarse.
–En el libro no revelo ninguno de los secretos que hemos jurado no difundir. No soy perjuro, jamás lo haría. Me limito a mostrar las historias tal como ocurrieron; y nosotros –ni Ud., ni yo, ni ningún hermano de la orden iniciática que sea, pasada o presente– hemos jurado no transmitir las historias que nos fueron reveladas. Y en cuanto a la película de Cameron y Jacovici, a la que seguí con detenimiento, me queda muy a la vista todo lo que evitaron expresar. El hecho de que se sorprendan y afirmen que no entienden qué pueden ser esas dos figuras grabadas sobre la piedra a la entrada de la tumba supuesta de la familia de Jesús, es más que significativo. Hasta el estudioso de simbología elemental nota de inmediato el compás por un lado y el círculo –el ouroboros– que denota la totalidad, por el otro.
–Es verdad, es verdad… Pero tenga presente Las Heras que por alguna razón hasta los “bendecidos” del séptimo arte proceden de ese modo. No se trata aquí de que Ud. viole juramentos o disciplinas. Eso se encuentra fuera de discusión. Mire que si apenas nos abrimos un poco con el Evangelio de Judas –que se hizo de manera medida, a través de una cadena seria de televisión documental– y ya eso generó una reacción mundial cuyo final estamos muy lejos de imaginar… ¡A Ud. se le ocurre escribir un libro contando las historias reales –las secretas, las que solo conocemos los miembros de las ordenes– de la vida de un Jesús de carne y hueso que, por añadidura, es un iniciado! Además, vea, somos muchos los que tenemos certeza de que hasta los detalles más conocidos de la vida de Jesús fueron tergiversados a voluntad por los interesados. Tome el ejemplo de la cruz: Ud., yo y tantos otros conocemos que Jesús fue prendido a una cruz que tenía dos maderos horizontales y no uno.
–Pero, claro, si hasta en el báculo de San Ignacio de Loyola, nada menos que el fundador de la Compañía de Jesús, puede verse la cruz de dos listones horizontales. La cruz que se conoce desde hace siglos no es en la que fue crucificado Jesús, sino que se adoptó una forma más conveniente –de los tiempos de Constantino– que podía ser comprendida por todos: claramente, la forma de una espada clavada en el suelo. Una forma geométrica que cualquiera podía entender, que tenía relación con lo cotidiano de aquellas culturas.
–Ocurre que, como los jesuitas son, digamos, el brazo científico y racional de la Iglesia, entonces, con esa señal, que solo quienes estamos embebidos en el tema comprendemos, lanzan un aviso. Algo así como un cartel anunciando que no admiten engaños.
–Pues entonces Ud., hermano mío, comprende la necesidad de informar sobre estas cosas, de abrirlas a todos, de que se encuentren accesibles a quienes pueda interesar.
–En modo alguno es lo que yo le estoy diciendo. Por el contrario, lo que busco hacerle entender es que hay que elegir muy bien quién está capacitado para tener El Conocimiento y a quiénes hay que permitirles vivir en estado de infancia hasta el final de sus vidas. Por eso le invito a que posponga la publicación de este libro. Está Ud., Las Heras, derrumbando siglos de historias tergiversadas, creencias impuestas y, lo que es más grave, está derrumbando negocios extraordinarios que tienen que ver con el poder, con el manejo de naciones y, a veces pienso de acuerdo a mis conocimientos, el manejo de la humanidad misma.
–Entiendo, entiendo. Estoy consciente de todo cuanto con tanto afecto me dice. Soy un hombre grande, tengo una misión en esta vida que fuera dispuesta por la arquitectura universal. De manera que el libro se publica y los lectores deciden.
–Puede Ud. estar metiéndose en graves problemas.
–Es una ley universal. Anunciar verdades suele ser sinónimo de futuras dificultades.
Capítulo I
¿Qué grado de confiabilidad tienen los Evangelios?
Las Sagradas Escrituras están constituidas por lo que se denomina el Antiguo Testamento, conformado de acuerdo a lo que ha sido aprobado por los sabios judíos, y el Nuevo Testamento o Evangelios.
La Biblia, tal como ha llegado a nuestros días, excluye una numerosa cantidad de textos donde se encuentran versiones sobra la vida de Jesús, sus padres, discípulos y realizaciones, muchas de las cuales difieren de los cuatro Evangelios aceptados como de inspiración divina. A tales obras se las conoce como Evangelios Apócrifos.
Llegado a este punto es menester detenerse para aclarar de inmediato que “apócrifo” no es sinónimo de “falso” ni cosa que se le parezca o aproxime. El término “apócrifo” procede del griego: apokryphos, que significa, secreto, oculto; siendo su origen apokrypto: ocultar.
Sencillamente, los fundadores de la Iglesia decidieron, por medio de un arbitrio, que había cuatro escritos cuya fuente era la “inspiración divina”; estaban inspirados por Dios.
Así se eligieron los cuatro Evangelios que conforman el Nuevo Testamento.
Todos los demás, por lo tanto, dejaron de considerarse aún cuando no se afirmara que fueran falsos o carente de veracidad lo que en ellos se lee. Esto implica que aunque pudiere tratarse de un relato ciertamente histórico, al quitársele la condición de inspirado por Dios no tenía las condiciones necesarias para incluirlo en la Biblia.
En verdad, la primera ocasión –al menos que haya quedado registrada en la historia– por reunir un grupo de textos evangélicos y darle cierta unidad data de finales del siglo II. Es lo que se conoce como “fragmento de Muratori”. Lo más probable es que la compilación haya sido realizada entre 170 a.C. y 180 d.C. Está integrada por cuatro Evangelios que hoy incluye el Nuevo Testamento, el Apocalipsis de Juan, trece cartas de Pablo y Sabiduría. La Epístola a los Hebreos y las Epístolas de Pedro no figuran.
Mas la conformación que ha llegado a nuestros días de lo que conocemos por Nuevo Testamento, y en particular los dogmas que persisten en la Iglesia, tiene su origen en los acuerdos logrados en el Concilio de Nicea. Acto que por deseo del emperador romano Constantino se reunió en la ciudad de Nicea, (Asia Menor, próxima a Constantinopla), en el 20 de mayo de 325 por la mañana a efectos de que coincidiera con las festividades en conmemoración de la victoria de Constantino sobre su rival Licinio. De manera que ya vamos viendo la calidad y características de este encuentro.
Concilio de Nicea realizado el 20 de mayo de 325 d.C. en el que se establecieron los parámetros de cargos eclesiásticos. Fresco del siglo XVI, Roma, iglesia de san Martino.
Véase, además, que hasta las crónicas oficiales de la Iglesia expresan que cuando fue menester decidir qué textos pertenecían al canon y cuáles no, se utilizó un método más que sorprendente.
Fue el siguiente: todos los manuscritos que aún quedaban –téngase en cuenta que ya había algunos destruidos y perdidos para siempre y otros tantos cuidadosamente ocultados– fueron colocados uno al lado del otro sobre largas mesas dejando suficiente espacio entre uno y otro texto. Una vez hecho esto, los casi trescientos obispos integrantes del Concilio oraron invocando la inmediata ayuda del Espíritu Santo para discernir, sin error, cuáles quitar, cuáles dejar. Sucedió entonces, según afirman las crónicas, que el Espíritu Santo se hizo presente en su reconocida forma de paloma y posándose sobre unos textos sí y otros no, pudieron los clérigos determinar qué había que mantener y qué erradicar.
Aclarada la manera en que fue tomada la decisión sobre cuáles escritos tenían inspiración divina y los que debían ser considerados apócrifos, hagamos, ahora, algunas otras consideraciones poco recordadas sobre lo que sucedió aquella vez en Nicea.
El obispo Eusebio de Nicomedia (seguidor de Arrio, de corte gnóstico) pidió la palabra para exponer su doctrina según la cual el Hijo o Verbo no era sino una criatura humana y por muy exaltada que fuese esa criatura humana no por ello perdía tal condición.
Fue solo escuchar las primeras frases para que gran cantidad de obispos comenzaran a proferir gritos de “¡blasfemia!”, “¡mentira!” y “¡herejía!” Eusebio no solo encontró frustrada su exposición sino que algunos de los presentes le arrancaron el papiro con su discurso, lo hicieron pedazos y lo pisotearon.
Cabe recordar aquí que en este Concilio de Nicea se ordenó destruir todo manuscrito que no fuese sinóptico (esto es, que no tuviera un mensaje similar al aceptado como de inspiración divina) por lo que desapareció la casi totalidad de los manuscritos que hablan de un Jesús humano, incluyendo su relación marital con María Magdalena.
Comienza de esta forma, o tal vez sería más correcto decir, continúa de esta forma, la tan remanida técnica de censurar y ocultar (porque la Iglesia se cuidó de guardar mucho material y mantenerlo en secreto antes que destruirlo) todo aquello que se encuentre en controversia con las conveniencias coyunturales establecidas de acuerdo a los intereses políticos y los proyectos materiales de las jerarquías de turno.
Para nuestro trabajo este dato es importante, puesto que demues tra que ya en el mismo Concilio de Nicea había al menos un grupo pequeño de obispos a quienes resultaba comprensible que Jesús hubiese sido un hombre extraordinario, con capacidades humanas muy especiales; pero un hombre al fin y al cabo. Esto, co mo se ha señalado, no solo no se quiso debatir, ni siquiera se per mitió escuchar.
Lo que este encuentro de obispos hizo, entre otras cosas que se mantuvieron con los siglos, fue mantener la tesis enunciada por una de las principales figuras del siglo III para el cristianismo, que fue Tertuliano (Quinto Septimio Florencio Tertuliano) nacido en Cartago (Túnez, África) entre 150-160 d.C. y fallecido en 223.
Tertuliano es quien formula que hay un Dios Único, una sola sustancia y tres personas diferentes: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
A él pertenece la idea de que Cristo es una sola persona pero de dos naturalezas distintas: la humana y la divina.
Además, otros padres de la Iglesia sostuvieron la legitimidad exclusiva de los cuatro Evangelios sobre los otros y dieron prueba de ello. Así tenemos a San Ireneo, Orígenes y Clemente Alejandrino como ejemplos puros.
Veamos:
San Ireneo (170), obispo de Lyon, era discípulo de Policarpo, quien a su vez era discípulo de Juan el Evangelista. San Ireneo escribe:
Ma teo escribe cuando Pedro y Pablo evangelizaban Roma, hacia el 50, en lengua hebrea; Marcos transmite la predicación de Pedro, hacia el 65; Lucas, colaborador de Pablo, escribe el Evangelio enseñado por este a los gentiles entre los años 67 y 70; Juan escribe en Efeso hacia fines del siglo I.
Orígenes (Egipto; 185-255) habló de los cuatro evangelistas y el orden en el que escribieron.
Clemente Alejandrino (Circa 200), sobre los cuatro Evangelios, relata una tradición que señala que Cristo está vivo. Además apunta que desde el primer siglo hasta el día de hoy, todos los que abren su corazón y creen en Él reciben la gracia de conocerle de una manera real y poderosa de tal manera que transforma radicalmente sus vidas haciéndoles posible participar en la vida divina.
Una buena cantidad de actos, actitudes, escenarios y situaciones comunes a la Iglesia proceden de aquellos días y no tienen ninguna fuente cristiana sino que son de origen totalmente pagano.
La masa del Imperio romano –escribe Schaff– fue bautizada solamente con agua, no con el Espíritu y el fuego del Evangelio, y trajo así las costumbres y las prácticas paganas al santuario cristiano bajo nombres diferentes.
Sabemos por Eusebio –explica el cardenal de la Iglesia Católica Apostólica Romana J. H. Newman– que Constantino, para atraer a los paganos a la nueva religión, traspuso a esta los ornamentos externos a los cuales estaban acostumbrados (…) El uso de templos dedicados a santos particulares, ornamentados en ocasiones con ramas de árboles; incienso, lámparas y velas; ofrendas votivas para recobrar la salud; agua bendita; fiestas y estaciones, procesiones, bendiciones a los campos; vestidos sacerdotales, la tonsura, el anillo de bodas, las imágenes en fecha más tardía, quizá el canto eclesiástico, el Kyrie Eleison, todo esto tiene un origen pagano y fue santificado mediante su adaptación en la Iglesia.
Empero, la forma definitiva de la Biblia – Antiguo y Nuevo Testamento– aceptada por la Iglesia solo surgiría en la cuarta sesión del Concilio de Trento (8 de abril de 1546) en que se fijaron, definitivamente, cuáles serían los libros canónicos y cuáles los apócrifos. Se declararon la Tradición y las Sagradas Escrituras como las dos fuentes de la revelación. La Vulgata se consideró la traducción aceptada de la Biblia. Se excluyeron de la Biblia Vulgata tres de los diez que se había agregado: el tercero y el cuarto de Esdras y la Oración de Manasés.
Los llamados Libros Canónicos son, en consecuencia, los que la Iglesia acepta como revelados por Dios. El papa Benedicto XV (Giacomo Della Chiesa, Santo Padre desde 3/9/1914 a 22/1/1922) en su encíclica Spiritus Paraclitus, afirma:
Los Libros de la Sagrada Escritura (…) fueron compuestos bajo la inspiración, o la sugestión, o la insinuación, y aún el dictado del Espíritu Santo; más todavía, el mismo Espíritu fue quien los redactó y publicó.
En esta misma encíclica, se dice que Jesús afirma la iluminación divina en el escritor, donde Dios mueve su voluntad a escribir lo que ha de transmitirse a la humanidad.
En el Segundo Concilio Vaticano, en la Constitución Dogmática “Dei Verbum” sobre la Divina Revelación, la Iglesia afirma que por un acto de bondad, Dios decdió revelarse a sí mismo y a su voluntad. Por eso, Dios se ha manifestado a los Padres de la Iglesia para prometer la salvación.
Antes de continuar, quizás convenga recordar que la palabra Vaticano proviene del término vates, que significa “adivinador del futuro”, y a su vez era ese el nombre que se le daba en la antigua Roma a las colinas del oeste del río Tiber donde se juntaban todos los adivinadores y astrólogos de aquella época para atender a sus consultantes. Sobre ese lugar geográfico fue construido el Estado pontificio manteniendo el nombre de Vaticano.
Refiriéndose explícitamente al Nuevo Testamento el Segundo Concilio Vaticano sostiene que sus libros principales son los Cuatro Evangelios y que su origen es indudablemente apostólico, predicado por mandato de Cristo, inspirado por el Espíritu Santo y trasmitido por escrito por los cuatro apóstoles. (Esto, aunque es evidente que ninguno de los apóstoles vivía para el tiempo en que fueron redactados. En todo caso podrá sostenerse que las obras son el resultado de la compilación de dichos transmitidos verbalmente por los apóstoles en su tiempo).
A la vez, el Segundo Concilio Vaticano acepta la historicidad de los Evangelios, afirmando que son fieles a la vida de Cristo y que obedecen a una tradición oral. Lo reitera la encíclica Divino Afflante Spiritu, del papa Pío XII, escrita en 1943.
En relación a los Evangelios Apócrifos el papa Pío IX, en la encíclica Noscitis et nobiscum (1849) los denomina lecturas emponzoñadas y privilegia la difusión de libros escritos por hombres de sana y reconocida doctrina.
El primero en designarlos “apócrifos” fue San Jerónimo, que lo hizo para referirse a los libros que llegaron a ser los deuterocanónicos cuando tradujo la Vulgata latina.
Cuando algunos apócrifos se incorporaron a la Septuaginta, los rabinos acordaron aceptar los que tuvieran concordancia con la ley mosaica, haber sido escritos en Palestina y en idioma hebreo. A su vez debían estar redactados antes de la muerte del escriba Esdras, a quien los sabios hebreos atribuyen haber fijado, bajo mandato divino, la lista de libros que integran el Antiguo Testamento.
Pero como lo más probable es que los escritos originales de estos textos procedan de entre 150 a.C. y 100 d.C. y Esdras murió unos dos siglos antes, no reunieron tal condición y fueron separados de los aceptados.
Los padres de la Iglesia descartaron a algunos autores, censuraron a otros y eliminaron a algunos por ser de origen griego, egipcio, copto o armenio entre tantos otros argumentos, todos ellos carentes de fundamento.
Hay que recordar que a partir del hallazgo, durante 1945 en Nag Hammadi (Alto Egipto), de los manuscritos conocidos como Evangelios Apócrifos, por ejemplo el de Felipe, Tomás o de la propia María Magdalena, podemos encontrar a un Jesús humano, mucho más cercano a cualquiera de nosotros, sin que por ello deje de manifestarse su elevada condición, tanto humana como espiritual.
Desde los tiempos de los apóstoles y de quienes fueron considerados padres o doctores de la Iglesia hasta el presente inclusive, siempre existieron diversas corrientes de pensamiento. Por lo tanto, hay que “interpretar” lo que se dice que escribió cada uno y no tomarlo literalmente.
Los apócrifos conforman, verdaderamente, una voluminosa cantidad de historias, unas más apasionantes que otras. Así, la edición de Los Evangelios Apócrifos de Luigi Moraldi, cuenta con más de 2.000 páginas.
Hay dentro de ellos elementos muy valiosos, tal vez con datos y anécdotas históricas de Jesús que han pervivido en la tradición, pero mezclados con información que la Iglesia ha decidido que es falsa, como errores geográficos, falta de fidelidad histórica, relatos de milagros ocurridos durante la infancia de Jesús que más hacen pensar en el deseo del escriba por agigantar la imagen de Jesús que en la posibilidad de que en verdad hayan ocurrido.
En este punto, tanto la historia como la tradición hermética y la Iglesia coinciden: se trata de fantasías debidas a una pluma entusiasta; si era el Mesías no se habría dedicado a realizar tales actos, si era una persona común menos, y si se trataba de un joven preparándose para el futuro camino iniciático tampoco produciría “milagros” al estilo de cualquier taumaturgo (como ejemplo, digamos que en el Evangelio de Tomás aparece Jesús haciendo pajaritos de arcilla y dándoles vida con un soplo) o milagros punitivos (Jesús hace milagros para castigar a quienes no quieren aceptarlo) como se lee en el Evangelio de Pedro.
Los Evangelios Apócrifos de los dos primeros siglos cristianos siguen sustancialmente dos secuencias: por un lado copian géneros y datos ya ofrecidos por aquellos textos que pasaron a conformar el Nuevo Testamento. Por otro lado, se detienen en suplir la sobriedad y los silencios de los Evangelios canónicos con una frondosa cantidad de creaciones fantasiosas; aunque admitimos que entre todo ese material el investigador exhaustivo suele encontrar valiosos detalles constituidos por narraciones históricas.
LA EXISTENCIA HISTÓRICA DE JESÚS
Jesús, siempre manifestó su condición de Hijo de Dios, pero esto debe entenderse como hijo de un Plan Divino; algo que le cabe a toda criatura del Universo. Es más, insistía en llamarse Hijo del Hombre.
Después, los intérpretes religiosos de sus dichos dieron a esta expresión: Hijo de Dios, un valor que excedía lo pretendido por el Maestro a efectos de convertirlo en el Mesías, cosa que dicho sea de paso Jesús nunca expresó.
De manera tal que si nos estamos refiriendo a una persona humana, de carne y hueso sí, un rabí con familia, hijos, amigos y enemigos, pero que llevó una vida pública activa y destacada, es razonable que existan testimonios diversos sobre su vida, procedentes de fuentes distintas.
Pero antes que esto, detengámonos un instante en la fecha de nacimiento del Maestro.
Si algo es seguro es que no nació un 25 de diciembre. Hace dos mil años aquella región era de fríos intensos para comienzos de invierno. Aún hoy lo es, como pudimos percibirlo quienes hemos estado en Belén hacia fin de año. Imposible que hubiera pastores cuidando sus rebaños en la noche. Habrían muerto de frío. La verdad es que la fecha cristiana de Navidad fue elegida teniendo en cuenta el Solsticio de Invierno del hemisferio norte, la fecha del Sol Invicto y de las celebraciones de los misterios de Eleusis. El cristianismo no hizo sino tomar como propia la fecha de nacimiento del dios solar.
El día de su nacimiento fue señalado oficialmente por el papa Liberio el año 354 y, como se encuentra ampliamente de mos trado, corresponde al inicio de las tradicionales celebraciones paganas del Solsticio de Invierno.
Tampoco Jesús nació en el año cero (tema de tratamiento recurrente cuando nos aproximábamos al 31 de diciembre de 1999) sino que su nacimiento debió producirse entre cinco y siete años antes.
El error comienza con Dionisio el Pequeño, un monje del siglo VI quien en realidad es el padre de nuestro calendario y que falló por unos años, según algunos especialistas. De manera que para el momento de la crucifixión Jesús habría tenido cerca de cuarenta años de edad.
La cifra 33 tiene relación con la simbología del número tres y no cuenta para los aspectos históricos. Simboliza que al momento de su transmutación (“resurrección” para los creyentes) Jesús había alcanzado el máximo de sus posibilidades de desarrollo trascendente.
Existen indiscutibles fuentes paganas que permiten constatar la existencia de un Jesús histórico.
Cornelio Tácito, historiador latino, escribió sobre el Maestro en sus “Anales” (116 d.C.) En el libro XV, 44 leemos:
El papa Liberio colocando la piedra fundamental de la basílica Liberiana. Pintura de Massolino, Museo Nacional de Capodimonte.
El fundador de esta secta (se refiere al cristianismo) de nombre Cristo, fue condenado a muerte por el Procurador Poncio Pilato bajo el imperio de Tiberio. Reprimida de momento esta superstición nociva, brotó de nuevo no solo en Judea, punto de origen de tal calamidad, sino en la misma Roma donde convergen y hallan buena acogida las cosas más groseras y vergonzosas.
Suetonio, en su obra Vida de Claudio (120 d.C.) dice que este emperador:
…expulsó de Roma a los judíos en continua agitación a causa de Cretos (Cretos es una manera de escribir Cristo).
Plinio el Joven, gobernador de Bitinia (circa 112 d.C.), en carta a Trajano escribe que los cristianos:
…tienen por costumbre reunirse un día determinado, al amanecer, para alabar a Cristo a quien consideran su Dios.
Flavio Josefo escribió en sus Antigüedades Judías, XVIII:
Apareció en este tiempo un hombre prudente llamado Jesús, si es que se le puede llamar hombre. Porque realizó obras maravillosas y se hizo maestro de los hombres que reciben con alegría la verdad.
Capítulo II
Los Evangelios ocultos
Después de haber desaparecido durante unos 1.700 años, la única copia conocida del Evangelio según Judas, autentificada, fue presentada por primera vez al público en forma masiva durante 2006.
Un escrito conocido por los expertos que muestra la verdadera faceta del apóstol que –a ojos profanos, miradas superficiales y pensamientos dogmáticos o interesados– supuestamente traicionó a Jesús vendiéndolo a los romanos.
El manuscrito de 26 páginas en papiro, escrito en dialecto copto, fue en 2006 motivo de una extensa nota en la prestigiosa revista estadounidense “National Geographic”. El documento, llamado Códice de Tchacos, está ahora conservado en el museo copto de El Cairo.
Es necesario tener en cuenta que si bien la antigüedad del documento es mucha, solo se trata de una copia correspondiente a una versión más antigua que fuera redactada en griego, y que los especialistas admiten como procedente del siglo III o IV.
De cualquier modo, la existencia de este Evangelio es antiquísima. Fue comprobada por San Ireneo, primer obispo de Lyon, la capital de la Galia (actual Francia), quien lo denunció en un texto contra las herejías a mediados del siglo II.
El manuscrito, encuadernado en cuero, que se cree fue copiado cerca del año 300 después de Cristo, se descubrió en la década de 1970 en el desierto egipcio de El Minya.
Luego circuló entre los comerciantes de antigüedades para arri bar primero a Europa y luego a Estados Unidos, donde permaneció en el cofre de un banco de Long Island (Nueva York), durante 16 años antes de ser nuevamente comprado en 2.000 por el anticuario suizo Frieda Nussberger-Tchacos.
Preocupado por su deterioro, Nussberger-Tchacos entregó el manuscrito a la fundación suiza Maecenas, en febrero de 2001, con el fin de preservarlo y traducirlo.
Luego de restaurado el documento, el trabajo de análisis y de traducción estuvo a cargo de un equipo de coptólogos (cristianos de Egipto) dirigido por el profesor Rudolf Kasser, quien por entonces ya se había jubilado de la Universidad de Ginebra. Kasser destacó que ja más vio un manuscrito en tan mal estado. Le faltaban dos páginas, la parte superior de las hojas donde figuran los números estaban rotas y había cerca de un millar de fragmentos.
Para reconstruir el puzle más complejo jamás creado por la Historia, el profesor fue apoyado por el conservador de papiros Florence Darbre, y el experto en dialecto copto Gregor Wurst, de la Universidad de Augsburg (Alemania).
Contrariamente a la versión que se deduce de los cuatro Evangelios oficiales, este texto, al que puede sin dificultad definirse como uno de los Evangelios Apócrifos, indica que Judas Isca riote era un iniciado que traicionó a Jesús a solicitud de él, en medio de un plan urdido personalmente por el Maestro y que estaba en conocimiento de un reducido círculo conformado por quienes eran de su real confianza; entre ellos María Magdalena y, probablemente, también su madre.
El pasaje clave del documento es aquel donde Jesús dice a Judas: Tú los sobrepasarás a todos. Tú sacrificarás al hombre que me recubrió.
De acuerdo a los exégetas, esta frase significa que Judas ayudará a liberar el espíritu de Jesús de su envoltorio carnal. Obviamente ese es el punto de vista que se desentiende de lo iniciático –esto es, del proceso necesario para que la Transmutación tenga lugar hasta completar la Obra– y pone énfasis exclusivamente en lo dogmático, creencial, para sostener que Jesús es el Mesías.
Empero, la interpretación que cabe es diferente.
Lo que el Maestro está señalando es que Judas Iscariote resulta una presencia imprescindible en el proceso que le quitará todo lo que de “hombre común” hay en Él permitiendo la aparición del Hombre Nuevo, pleno y activo en todas sus posibilidades.
Este descubrimiento espectacular de un texto antiguo, no bíblico, es considerado por algunos expertos como una de las más importantes actualizaciones desde los últimos 60 años en lo que refiere a nuestro conocimiento de la Historia y de diferentes opiniones teológicas al comienzo de la era cristiana, señaló Terry Garcia, uno de los responsables de la revista estadounidense.
Los especialistas no han tardado en manifestarse al respecto. Así Elaine Pagels, profesora de religión en la Universidad de Princeton (Este) y una de las grandes conocedoras mundiales de los Evangélicos Gnósticos manifiesta:
El descubrimiento sorprendente del Evangelio de Judas, como aquellos de María Magdalena y de varios otros de estos documentos ocultados durante cerca de 2.000 años, trastoca nuestra comprensión sobre los inicios del cristianismo.
Agregando que:
Estos descubrimientos hacen estallar el mito de una religión monolítica y muestran cuán diverso y fascinante era realmente el movimiento cristiano en sus comienzos.
EL EVANGELIO OCULTO DE JOSÉ DE ARIMATEA (FRAGMENTO)
José de Arimatea, hermano carnal de Jesús, empresario y miembro del Sanedrín, escribe su Evangelio que fuera prolijamente negado al conocimiento público. Es claro que el mismo José no lo ha redactado para que fuera de conocimiento público; lo que sí hizo con su “carta” a veces mal designada “Evangelio.”
Lo que el hermano de Jesús relata es todo cuanto hace a los verdaderos hechos ocurridos con el Maestro, un iniciado de los más notables que ha tenido la humanidad desde los albores de nuestra especie; pero, al fin y al cabo, sencillamente un hombre; nada menos que un hombre.
José de Arimatea deja aquí constancia de todo cuanto es menester para que se comprenda qué ocurrió con su hermano una vez descolgado de la cruz. Un legado que solo quienes pueden leer la vida de Jesús en clave iniciática conseguirán entender.
No obstante lo cual, las más insignes figuras de la Contrainiciación –esto es, los personeros de las Fuerzas de la Oscuridad (que por lo general se presentan como Caballeros de la Luz…)– persiguieron a los poseedores de este documento, lo ocultaron siempre que les fue posible, en todo momento temerosos de que se conozca lo realmente sucedido y las causas que lo motivaron.
Empero, siempre hubo copistas para difundirlo con estricta reserva y quienes lo tuvieron en cuenta para discernir.
Los fragmentos que transcribo a continuación tienen un estilo literario en absoluto despersonalizado del original. Mantengo el sentido. Pero, de esta forma, me aseguro de despistar a quie nes intenten descubrir datos que, por el momento, han de seguir vedados.
Tal como habíamos convenido siendo media noche en punto nos dirigimos a la tumba y corriendo la piedra de acceso encontramos al Maestro que aún yacía en un descanso profundo.
Ninguna dificultad tuve con quienes custodiaban la tumba. Simples soldados que enseguida cedieron ante la autoridad que yo envestía y el dinero que sin escatimar hube de darles.
También cuidé darles instrucciones sobre lo que debían manifestar ante las autoridades y cuanto bajo ningún motivo tenían que revelar. El Sanedrín ya se ocuparía de enriquecerlos más aún y confirmar las mentiras que tenían que difundir para que nunca oídos indispuestos supieran lo decidido por el Maestro, ni lo que nosotros habíamos hecho o de lo que teníamos decidido ocuparnos.
Una vez en el interior de aquella tumba que yo adquiriera con suficiente antelación, pues nuestros planes nunca fueron producto de improvisación alguna, sino todo minuciosamente previsto desde años, desde los días en que a nosotros, junto al Maestro, nos fueron revelados los más trascendentes misterios en las arenas de Egipto, María Magdalena con su ternura y disposición que le fueron por lo permanente características y la firmeza de su carácter, se ocupó junto a otras dos de las mujeres elegidas de comenzar a curar las terribles heridas que había en Su cuerpo.
El Maestro mantenía una lucidez implacable. Tal como había hecho en ocasiones menos privilegiadas, otra vez usó su capacidad para aislar la mente del lacerado cuerpo.
El poder de Su Espíritu que hubo alcanzado era tal que con eso se ayudaba en la curación del cuerpo.
María Magdalena junto con las otras dos designadas atendieron las heridas e hicieron las curaciones necesarias. Para eso usaron las sustancias vegetales enseñadas en la hermandad.
Jesús pudo erguirse un poco. Y dijo: José todo fue perfecto porque todo fue hecho tal como lo dispuso el Padre.
Le respondí: Aun faltan cosas. Debemos sacarte de aquí. Disponer cambios en tu aspecto, trasladarte lejos.
Eso ahora –dijo Él– es asunto menor. Será hecho. Mas lo esencial es lo que ha de cumplir en la mañana esta mujer que ahora está a Mi lado atendiendo mi afligido cuerpo.
Jesús se refería a que en la mañana próxima María debería mostrarse tan sorprendida como todos al hallar la tumba abierta y sin cadáver.
Apenas aquellos que Él había elegido conocían lo que ocurría. A los otros les esperaba una misión diferente.
El Maestro se interesó por cómo se encontraba Judas. Dijimos de su fortaleza espiritual, de su decisión y entendimiento. Mas Jesús dijo: “Temo por él”.
Yo entendí que la tarea ordenada a Judas era terrible. Sería aborrecido por todos quienes fueron sus afectos de tanto tiempo. Solo quienes pertenecemos al círculo íntimo del Maestro y hemos planeado junto con Él la tarea para alcanzar la concreción de la Gran Obra mediante el uso de Su cuerpo mortal tenemos certeza de la entrega, obediencia e iluminación del Iscariote. Mas los seguidores de Jesús lo aborrecerán. Quienes sepan de su conducta verán de perseguirlo para calmar sus afectadas pasiones de hombres mediocres, mezquinos y frustrados. Hay entre nosotros quienes mostraron demasiada debilidad y cobardía, otros que van a exhibirla en las jornadas venideras, y lo hecho por Judas les servirá para endilgarle culpas que pertenecen a ellos y sus almas.
Hemos comprobado que Judas es fuerte en Espíritu. Pero él debe quedarse en esta tierra y, tal vez, he pensado, hemos pensado, el Maestro se ocupa por eso, que aún teniendo certeza del bien realizado, de las pruebas iniciáticas que Judas atravesó sin parpadeo siquiera, aún con todo esto, no consiga mantenerse con fuerza suficiente y destruya su vida. María Magdalena, cuyo pensamiento tanta atención pone el Maestro, besó al Iscariote en el momento sagrado de su designación como muestra de coincidencia. Besó su frente, el entrecejo y mantuvo unos instantes sus manos ente los cabellos de Judas y este mirándola con una mirada que a todos nos pareció venida de otro sitio, lloró con lágrimas muy lentas y todo su cuerpo inmóvil. Permanecimos en silencio por un lapso imprecisable hasta que ella expresó que era aquel un momento de gran regocijo y no cabía la tristeza ni el dolor puesto que lo realizado permitiría la transmutación del hombre en Hombre.
Una vez que el Maestro se sintió restablecido como para ser trasladado por nosotros, siempre ayudado por las mujeres colocó sus ropas sin calzado pues las heridas no permitían que lo usara y fue retirado de la tumba.
Quedaron esparcidos lienzos y vendajes. Provocaría mayor impresión para completar el propósito, cuando en pocas horas hallaran el lugar vacío.
Conozcamos, antes de seguir, algunos datos sobre José de Ari matea, propietario de la amplia tumba excavada en roca viva donde es sepultado el cuerpo –no el cadáver– de Jesús con ayuda del sacerdote fariseo Nicodemo y que es depositado cuidadosamente envuelto en lino fino y aromáticas especias que, de inmediato, le ayudaron a comenzar a reestablecerse de las numerosas y algunas muy profundas heridas.
El Nuevo Testamento aporta pocos datos sobre José de Arimatea. Era rico y un discípulo secreto de Jesús (Juan 19: 38). Ya aquí surge un tema para el análisis, ¿por qué discípulo secreto? Lucas nos permite saber que era miembro del Gran Consejo del Sanedrín, lo que hace que gozara de reconocida autoridad.
Apóstol Lucas. Su evangelio tiene una finalidad pastoral: su intención es la profundización de la fe. Muestra a Cristo como el salvador de los hombres y mujeres, resaltando su espíritu de misericordia.
Hombre recto y bueno (Lucas 23:50) Mateo (27:57-60) y Marcos (15: 43-5) coinciden en que fue él quien, personalmente, se presentó ante Poncio Pilato para reclamar el cuerpo de Jesús. Es innecesario resaltar, pero igual lo haremos, que había que ser suficientemente poderoso para conseguir una repentina audiencia con el gobernador romano de Judea.
Ahora bien, aún de este modo, no cualquiera podía solicitar el cuerpo de un muerto. Las costumbres judías indicaban que era deber del pariente masculino más cercano encargarse del entierro. Este hecho ha fortalecido la idea de que se trataba de uno de los hermanos carnales de Jesús, seguramente el de mayor edad y prestigio en la comunidad.
Discípulo secreto, miembro del Sanedrín, hombre poderoso económicamente, hermano, seguidor y compañero iniciático del Maestro… todo lo necesario para convertirlo en persona de confianza capaz de mantener todos los secretos que hubiere necesidad de guardar.
Otros autores ya han llamado la atención sobre las peculiares características de este hombre.
Así Louis Monloubou escribe:
José de Arimatea, hasta entonces desconocido, se enfrenta a Pilato y coloca a Jesús en una tumba digna de él.
Por otro lado D. Roure analiza:
Lucas insiste en que el sepulcro, excavado en la roca, aún no había sido usado. Quizá José de Arimatea no creía en que Jesús fuera el Mesías, pero esto no era obstáculo para que trate su cuerpo con el máximo respeto. Sin duda, José se había abierto a la predicación de Jesús sobre el reino de Dios.
Interesante la reflexión de Monlobou en el sentido de que la persona a que nos referimos era hasta entonces desconocida. O sea, no se lo menciona en las Escrituras. Sin embargo, irrumpe sin mayor explicación y con una tarea por demás delicada. A la vez, Roure hace hincapié en dos cuestiones valiosas para entender lo que realmente estaba sucediendo.
La primera es que el sepulcro no había sido usado, a decir de Lucas. Fundamental para un lugar, excavado en la roca, esto es, puro de toda pureza, sin impregnaciones de desarmonías humanas, que habrá de servir de templo singular donde deberá acontecer una de las ceremonias más sagradas en las que pueda par ticipar un hombre, como lo son los rituales que permiten lograr la Gran Obra sobre uno mismo.
El otro detalle a consignar es que Roure comprende también que seguramente José no creía que Jesús fuera el Mesías. Y esto es así pues José tenía conocimiento cabal respecto de lo que le estaba sucediendo a Jesús.
Llegado a este punto conviene explicar al lector por qué nos interesa tanto trabajar con textos fuera de los Evangelios.
Ocurre que las piezas menos conocidas son, a su vez, las que resultaron menos modificadas por copistas y afectadas por intereses político–sociales de cada momento. Obsérvese que el Nuevo Testamento ha sido interpolado y adulterado innumerables veces por los más diversos motivos. En ocasiones meros y no intencionados errores de los copistas o traductores.
Un reciente estudio computarizado hecho en los Estados Unidos sobre textos evangélicos que databan del año 100 al 600 de nuestra era evidenció que, como mínimo, había huellas de seten ta y cinco personas distintas interviniendo en la redacción.
Si nuestras lecturas avanzan sobre los textos no canónicos encontremos revelaciones igualmente interesantes. El Evangelio de Pedro expresa que José de Arimatea era –además de todo lo antes dicho– nada menos que amigo personal de Poncio Pilato.
EL EVANGELIO DE NICODEMO
El Evangelio de Nicodemo es el que incluye relatos que parecen surgidos de la más fértil imaginación; pero que analizados adecuadamente arrojan mucha luz para entender qué estuvo pasando en aquellos tiempos fundadores, hace unos dos mil años.
