Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Este escrito busca captar al P. Kentenich en su humanidad. Nos encontramos en José Kentenich con un hombre que luchó y se desarrolló. Trabajó toda una vida en su formación interior. Dios lo condujo de una manera única, pero así y todo no le fue fácil dejarse formar por él en todos los aspectos. Esta publicación quiere transmitir una imagen del P. Kentenich que lo muestre como un hombre frágil, y precisamente por ello, cercano a nosotros, hombres de este tiempo; que represente un mensaje para nosotros…El ideal de santidad que el P. Kentenich propuso, fue siempre un ideal de santidad muy humano y accesible. Desde los comienzos de su actividad hizo notar que debemos fijarnos más en las luchas de los santos. Los santos no fueron santos desde el seno materno, como suelen ser presentados; si bien es verdad que fueron ya allí elegidos. ¿No habrá llegado el momento, dada la distancia temporal con su presencia, en que una nueva generación mire en forma diferente su vida interior, no para empequeñecerlo, sino con la consciencia de que así será engrandecido? Es justamente esto lo que me ha ocurrido a medida que avanzaba en escribir este ensayo.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 58
Veröffentlichungsjahr: 2021
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
José Kentenich,
auténticamente humano
Herbert King
©Editorial Nueva Patris SpA
Vicente Valdés 644, La Florida
Teléfono: (562) 2328 2777
Santiago - Chile
E-mail: [email protected]
www.patris.cl
ISBN: 978-956-246-945-6
Diseño y diagramación:
Alejandra Urzúa I.
Segunda edición
Enero 2022
Chile
Índice
Introducción
I. primera parte
La crisis durante el tiempo
de noviciado y del seminario
1. Idealismo y escepticismo
2. Sobrenaturalismo
3. Individualismo
4. “Desvinculación de lo terreno,
de lo auténticamente humano,
de lo terrenal”
5. Desarrollo sicosomático
6. Carencia de paternidad
7. Dolores de parto del “hombre
nuevo en la nueva comunidad,
con el sello del apostolado universal”
II. segunda parte
Superación de la crisis y
descubrimiento de su sentido
1. Entrega filial
2. Importancia de la Santísima Virgen
3. Despertar del alma
4. Cercanía espiritual
5. Un nuevo paradigma
Introducción
Este breve escrito busca captar al P. Kentenich en su parte humana.
El P. Kentenich señala en algunas oportunidades que José Engling, quien es muy venerado, admirado e imitado en el Movimiento de Schoenstatt, no es completamente modelo de la eficacia de nuestra pedagogía, ya que era un joven muy especial y original. Algo muy distinto es la vida de la Hermana Emilie. Ella, en cuanto una persona muy sufrida sicológicamente, es sanada por nuestra espiritualidad y pedagogía, llegando a ser una de las más estrechas colaboradoras del P. Kentenich en la fundación de las Hermanas Marianas de Schoenstatt.
¿No es también el P. Kentenich un hombre complejo como la Hermana Emilie? A diferencia de ella, él desarrolló efectivamente por sí mismo la doctrina y los comportamientos adecuados, que pueden ayudar a sanar y a desarrollar de manera plena la propia personalidad a partir de la crisis. En este sentido, él llevó a cabo en sí mismo una labor pionera. Ayudándose a sí mismo ayudó a otros.
El adentrarse en este proceso interior del P. José Kentenich, puede hacérnoslo más cercano. No necesitamos un fundador alejado e idealizado, que fue perfecto desde un comienzo. Es necesario bajarlo del cielo, colocarlo con los pies en la tierra, para que, de este modo, a través de él, el cielo esté un poco más cerca. Así fue, según la experiencia de muchos de los que lo conocieron. Piénsese que, para un hombre como el P. Fischer, aun el campo de concentración de Dachau pudo tener atisbos del cielo por y a causa de la presencia de este hombre.
Nos encontramos en José Kentenich con un hombre que luchó y se desarrolló. Trabajó toda una vida en su formación interior. Dios lo condujo de una manera única, pero así y todo no le fue fácil dejarse formar por él en todos los aspectos.
Por tanto, esta publicación quiere transmitir una imagen del P. Kentenich que lo muestre como un hombre frágil, y precisamente por ello, cercano a nosotros, hombres de este tiempo; que represente un mensaje para nosotros y en quien podamos confiar. Con alguien así podemos empatizar: es uno de nosotros. El ideal de santidad que el P. Kentenich propuso, fue siempre un ideal de santidad muy humano y accesible. Desde los comienzos de su actividad hizo notar que debemos fijarnos más en las luchas de los santos. Los santos no fueron santos desde el seno materno, como suelen ser presentados; si bien es verdad que fueron ya allí elegidos. Cuando el antiguo guardia de los presos en Coblenza escuchó que su prisionero José Kentenich sería beatificado, dijo espontáneamente: “¡Qué cosa! Era un hombre tan bueno”. Ser humano y ser santo, eran para el P. Kentenich la meta de su vida. El hombre más sobrenatural debería ser el más natural. Y en lo humanitario y en el amor a los demás, debería apreciarse lo divino.
Dado que en esta publicación se presenta en primer plano el alma del P. Kentenich, con sus problemas y su multifacético desarrollo, se puede llegar a las más diversas valoraciones con respecto a su salud espiritual y mental. Pero se debe tener en cuenta que tenemos ante nosotros a un hombre que, en las situaciones extremas, como el campo de concentración y sus catorce años de exilio, exigido al máximo, se mostró equilibrado y sin temores. Además tenemos la grandeza de alma y de paz interior, la gran fuerza de amor mostrada en la gran “afluencia diaria” de personas que reclamaban, sin consideración, que su alma fuese moldeada por él. Y esto les permitió experimentar la presencia liberadora y salvadora de Dios.
Sócrates demostró, en último término, su nueva doctrina a los siglos venideros del occidente –también y precisamente a los cristianos que tenían una doctrina incomparablemente mejor– yendo a la muerte, que pudo haber evitado, lleno de felicidad. De manera semejante, el P. Kentenich pudo comprobar su carisma en la unión de lo humano (enfermos, pecadores, sanados, que se desarrollaban, luchaban) con lo divino, lo espiritual con lo sicológico, viviendo esto en situaciones extremas. Y murió en medio de personas con quienes estaba tan fuertemente unido con un amor espiritual, fruto de la gracia, que nunca se les cruzó por la mente que él pudiera dejarlos.
Personalmente, tengo muy presentes vivamente ante mí y en mí los encuentros con él en los años 1964 y 1965. Cualquier crítica sobre el P. Kentenich en lo que respecta a su personalidad, tiene como contrapartida que solo una persona plenamente sanada de sus heridas más profundas puede llegar a tener la humanidad que descubrí en él. Una humanidad, un equilibrio y sobre todo una libertad interior, que se proyectaba casi inmediatamente al interlocutor, así como la ausencia de toda amargura. Eso fue lo que más me admiró y cautivó de su personalidad.
Muchas personas –y no solo quienes se hubieran confiado desde un principio a él– testimonian sobre ese tiempo, que, en el encuentro con él, nunca en su vida se habían sentido tan valorados y acogidos. Eso no puede hacerse artificialmente ni se puede simular. Para eso no hay métodos que puedan aprenderse. Eso brota simplemente de la fuerza de una personalidad muy rica, que reposa en sí misma y en Dios. Constantemente, y cada vez más, hubo personas que le llamaban simplemente “padre” (Vater)1. Y con este título empezó a adentrarse en la historia.
Él llegó a ser cada vez más humano, hombre muy humano y tocado por Dios. De esto tratamos en esta publicación.
Las personas que tuvieron una experiencia con él no hicieron una reflexión sicológica acerca del P. Kentenich. Esos encuentros ocurrían en un tiempo en que no era tan natural ese tipo de relación, a diferencia de hoy. Era una relación marcada, sobre todo, por la actitud del acompañante espiritual, que experimentaba una respuesta acrítica ante cualquier reflexión propia, generándose un vínculo simplemente “filial” con él, lo que es típico al surgir fundadores de obras y santos en tiempos de fundación. Algo ejemplar e ilustrativo de esto puede ser la impresión que causó en una Hermana de María cuando el P. Kentenich le comentó que al Niño Jesús le faltaba hacer en él todavía un trabajo de cincelado. Ella no podía imaginarse que algo así fuese necesario.
