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Todos queremos ser felices aquí y ahora. ¿Quieres probar a enraizarte en una alegría en la que, junto a ti, los protagonistas sean Dios y los demás, siguiendo los ejercicios espirituales propuestos por Ignacio de Loyola? Jesús Rojano y Alicia Ruiz López de Soria ofrecen una completa guía destinada a jóvenes, jóvenes adultos y acompañantes, para hacer ejercicios espirituales durante ocho días, organizándolos como se desee. Para orar, pasar por el corazón y profundizar en los temas que permitan a Jesús modelar sus corazones y hacerles partícipes de su alegría.
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Seitenzahl: 208
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Índice
Portada
Portadilla
Créditos
Siglas
Parte I. Los jóvenes y la experiencia de vivir la fe cristiana
1. Esto dicen de vosotros
2. Consecuencias para la pastoral juvenil y la espiritualidad de los jóvenes cristianos
Parte II. Guía para ocho días de ejercicios espirituales
Presentación
Carta para los jóvenes
Carta para quien acompaña
Primer día
Segundo día
Tercer día
Cuarto día
Quinto día
Sexto día
Séptimo día
Octavo día
Parte III. Anexos
Anexo I. Espíritus
Anexo II. Examen del ejercicio espiritual
Anexo III. Examen del día El llamado «examen de conciencia» permitirá recoger el
Anexo IV. Cántico de alabanza a Dios
© SAN PABLO 2021 (Protasio Gómez, 11-15. 28027 Madrid)
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© Jesús Rojano Martínez y Alicia Ruiz López de Soria 2021
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ISBN: 978-84-285-6443-4
Depósito legal: M. 30.892-2021
Composición digital: Newcomlab S.L.L.
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Documentos magisteriales
LS Carta encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común.
LF Carta encíclica Lumen fidei a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a todos los fieles laicos sobre la fe.
FT Carta encíclica Fratelli tutti sobre la fraternidad y la amistad social.
GS Constitución pastoral Gaudium et spes en la Iglesia sobre el mundo actual.
ChV Exhortación apostólica Christus vivit a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios.
EG Exhortación apostólica Evangelii gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual.
GE Exhortación apostólica Gaudete et exsultate sobre la llamada a la santidad en el mundo actual. Documentos del Sínodo de los Jóvenes
QoL Cuestionario on line previo.
RP Reunión presinodal (19-24 de marzo de 2018). IL Instrumentum laboris (8 de mayo de 2018).
DF Documento final (27 de octubre de 2018).
Espiritualidad Ignaciana
EE Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola. Otras
JMJ Jornada Mundial de la Juventud.
Como sabéis, la preocupación por la juventud ha sido una constante en la Iglesia postconciliar. Ya en el mensaje a los jóvenes1 del concilio Vaticano II, con fecha de 7 de diciembre de 1965, se decía: «Es a vosotros, jóvenes de uno y otro sexo del mundo entero, a quienes el Concilio quiere dirigir su último mensaje. Porque sois vosotros los que vais a recibir la antorcha de manos de vuestros mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia. Sois vosotros los que, recogiendo lo mejor del ejemplo y de las enseñanzas de vuestros padres y de vuestros maestros vais a formar la sociedad de mañana; os salvaréis o pereceréis con ella»2.
En 1985 llegaría la institución de las Jornada Mundiales de la Juventud por san Juan Pablo II, a las que Benedicto XVI y Francisco, cada uno con su estilo e impronta personal, han dado continuidad. Este último dedicó unos números (105, 106 y 108) de su gran documento programático, la exhortación Evangelii gaudium (noviembre de 2013), a la pastoral juvenil. Ahí dice que la Iglesia no quiere ni puede prescindir de «los jóvenes, que llevan en sí las nuevas tendencias de la humanidad y nos abren al futuro, de manera que no nos quedemos anclados en la nostalgia de estructuras y costumbres que ya no son cauces de vida en el mundo actual» (EG 108).
Luego vendría el Sínodo de 2018, que trató sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. En su Documento final (aprobado el 28 de octubre de 2018 por la asamblea sinodal) se recoge y profundiza la idea de EG 108 que acabamos de citar:
El Sínodo ha tratado de mirar a los jóvenes con la actitud de Jesús, para discernir en su vida los signos de la acción del Espíritu. En efecto, creemos que también hoy Dios habla a la Iglesia y al mundo mediante los jóvenes, su creatividad y su compromiso, así como con sus sufrimientos y sus solicitudes de ayuda. Con ellos podemos leer más proféticamente nuestra época y reconocer los signos de los tiempos; por esto los jóvenes son uno de los «lugares teológicos» en los que el Señor nos da a conocer algunas de sus expectativas y desafíos para construir el mañana (DF 64).
Más tarde, en marzo de 2019, Francisco publicó la exhortación postsinodal Christus vivit. En ella se dice que los jóvenes son nada menos que un «lugar teológico donde habla Dios». ¿Os sentís así vosotros? ¿Qué pasos os gustaría dar para comprender y captar mejor lo que Dios os pide? ¿Y qué os pide en estos momentos de los coletazos finales de una terrible pandemia que ha cambiado tantas cosas y nos ha metido en una crisis de la que tardaremos mucho en salir, y que complica especialmente el futuro de las generaciones jóvenes?3.
En esta introducción, queremos poner en contexto vuestra realidad ante la fe en Jesús, aunque sabemos que no se debería hablar de así, de «los jóvenes en general», pues cada persona es muy distinta y las posturas acerca de la fe son muy variadas y plurales.
¿Podemos describir algunos rasgos juveniles que permanecen constantes a través de las últimas generaciones y los que han variado más significativamente en la generación actual? En los medios y publicaciones se multiplican las encuestas sobre jóvenes. Te recomendamos las de la Fundación Santa María4. Nosotros hemos preferido presentar el resumen que hace sobre la situación de la juventud en el mundo la exhortación postsinodal Christus vivit, que parte de unos datos más globales y marca las líneas de la pastoral con jóvenes de los próximos años.
Descripción de la juventud en Christus vivit y en los documentos del proceso sinoda
Como acabamos de mencionar, a la hora de presentar lo que permanece constante respecto a generaciones anteriores y lo que es novedoso en la actual generación juvenil, he preferido resumir lo expuesto en ChV y en otros documentos del Sínodo. Por una razón muy sencilla: porque los documentos sinodales parten de una visión mucho más universal que otros estudios sociológicos, pues se han basado en un resumen minucioso (más de 20.000 folios) de más de medio millón de cuestionarios respondidos por jóvenes de todo el mundo5.
En ChV 3, Vosotros sois el ahora de Dios, Francisco escribe que «los tiempos cambian, y resuena la pregunta: ¿cómo son los jóvenes hoy, qué les pasa ahora?» (ChV 64). Los subtítulos que utilizo a continuación son los mismos de dicho capítulo.
En positivo
Ante todo, Francisco pide que en la Iglesia se hable «en positivo» de los jóvenes. No sois solo «el futuro del mundo», sino «ya el presente» (ChV 64), y hay que escucharos sin prejuicios, pues «cuando la Iglesia abandona esquemas rígidos y se abre a la escucha disponible y atenta de los jóvenes, esta empatía la enriquece, porque “permite que los jóvenes den su aportación a la comunidad, ayudándola a abrirse a nuevas sensibilidades y a plantearse preguntas inéditas” (DF 8)» (ChV 65). Francisco denuncia que muchos adultos, al describir a los jóvenes de hoy, suelen «hacer un listado de calamidades y defectos de la juventud actual» (ChV 66). Es mejor «encontrar caminos donde otros ven solo murallas», ya que «el corazón de cada joven debe ser considerado “tierra sagrada”, portador de semillas de vida divina, ante quien debemos descalzarnos para poder acercarnos y profundizar en el Misterio» (ChV 67).
Muchas juventudes
Tras advertir que «“la juventud” no existe, existen los jóvenes con sus vidas concretas» (ChV 71), Francisco afirma que hoy en día existe una gran «pluralidad de mundos juveniles» (ChV 68), como quedó reflejado en las intervenciones de la asamblea sinodal. Hay países con muchos jóvenes y otros con tasas demográficas ínfimas, jóvenes con medios suficientes y otros en la pobreza, jóvenes que pueden practicar su religión y otros que son perseguidos a causa de su fe.
En su discurso a 300 jóvenes en la Reunión presinodal (RP)6, Francisco se refería así a las descripciones habituales sobre los jóvenes:
Demasiado a menudo se habla de jóvenes sin dejarse interpelar por ellos. Cuando alguno quiere hacer una campaña o algo, ah, ¡alabanza a los jóvenes! ¿No es así?, pero no permite que los jóvenes le interpelen. Alabar es una forma de contentar a la gente. Pero la gente no es tonta o estúpida. No, no lo es. La gente entiende. Solamente los tontos no entienden. En español hay un dicho bellísimo que dice: «Alaba al tonto y lo verás trabajar». Dale palmadas en la espalda y él estará contento, porque es tonto, no se da cuenta. ¡Pero vosotros no sois tontos! También los mejores análisis sobre el mundo juvenil, incluso siendo útiles –son útiles–, no sustituyen la necesidad del encuentro cara a cara. Hablan de la juventud de hoy. Buscad por curiosidad en cuántos artículos, cuántas conferencias, se habla de la juventud de hoy. Quisiera deciros una cosa: ¡la juventud no existe! Existen los jóvenes, historias, rostros, miradas, ilusiones. Existen los jóvenes. Hablar de la juventud es fácil. Se hacen abstracciones, porcentajes... No. Tu rostro, tu corazón, ¿qué dice? Intervenir, sentir a los jóvenes. A veces, evidentemente, vosotros no sois, los jóvenes no son el premio Nobel de la prudencia. No. A veces hablan «con la bofetada». La vida es así, pero es necesario escucharlos.
Y describía así la ambigüedad actual con que los medios hablan de los jóvenes: «¡A los jóvenes hay que tomárselos en serio! Pero parece que están rodeados de una cultura que, si por una parte idolatra la juventud tratando de no dejarla pasar nunca, por la otra excluye a muchos jóvenes de ser protagonistas. Es la filosofía del maquillaje. Las personas crecen y tratan de maquillarse para parecer más jóvenes, pero a los jóvenes no se les deja crecer».
Algunas cosas que les pasan a los jóvenes en un mundo en crisis
Los números 71-85 describen cómo, por vivir en un mundo en crisis, «muchas vidas de jóvenes están expuestas al sufrimiento y a la manipulación» (ChV 71).
Así, «los padres sinodales evidenciaron con dolor que muchos jóvenes viven en contextos de guerra y padecen la violencia en una innumerable variedad de formas: secuestros, extorsiones, crimen organizado, trata de seres humanos, esclavitud y explotación sexual, estupros de guerra, etc. A otros jóvenes, a causa de su fe, les cuesta encontrar un lugar en sus sociedades y son víctimas de diversos tipos de persecuciones, e incluso la muerte» (ChV 72). Además, «muchos jóvenes son ideologizados, utilizados y aprovechados como carne de cañón o como fuerza de choque para destruir» (ChV 73), de modo que se deshumanizan. En el número 74 se describen los diversos tipos de marginación que sufren muchos jóvenes, especialmente las mujeres.
Por eso pide Francisco que «no seamos una Iglesia que no llora frente a estos dramas de sus hijos jóvenes. Nunca nos acostumbremos, porque quien no sabe llorar no es madre» (ChV 75). Y cita textualmente las palabras que improvisó en enero de 2015, en Manila (Filipinas), respondiendo al impresionante testimonio de una niña que fue secuestrada y abusada en su primera infancia: «Quizás aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar. Ciertas realidades de la vida solamente se ven con los ojos limpios por las lágrimas... ¿Yo aprendí a llorar cuando vi un niño con hambre, un niño drogado en la calle, un niño que no tiene casa, un niño abandonado, un niño abusado, un niño usado por una sociedad como esclavo? ¿O mi llanto es el llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más? Cuando sepas llorar, entonces sí serás capaz de hacer algo de corazón por los demás (ChV 76)»7. Francisco denuncia que «a veces el dolor de algunos jóvenes es muy lacerante; es un dolor que no se puede expresar con palabras... Ojalá siempre haya cerca de un joven sufriente una comunidad cristiana que pueda hacer resonar esas palabras con gestos, abrazos y ayudas concretas» (ChV 77).
También critica que «los poderosos prestan algunas ayudas, pero frecuentemente a un alto coste» (ChV 78), con una especie de «colonización ideológica que daña en especial a los jóvenes».
Otra denuncia del texto es que la cultura actual presenta a la juventud como modelo de belleza y salud: «Los cuerpos jóvenes son constantemente usados en la publicidad, para vender...; pero no es un elogio para los jóvenes. Solo significa que los adultos quieren robar la juventud para ellos» (ChV 79). Recuerdo que a comienzos del siglo XXI el sociólogo francés Jean Baudrillard criticaba que hoy todos los adultos quieren tener una apariencia juvenil, pero a los jóvenes reales se les dificulta mucho el acceso al trabajo y a la vivienda. Para él, los jóvenes eran uno de los «chivos expiatorios» de la profunda crisis de la sociedad francesa (y de la sociedad occidental en general, añadiría yo). Además «se corre el riesgo de que la relación entre jóvenes y adultos permanezca en el plano afectivo, sin tocar la dimensión educativa y cultural» (ChV 80).
En su discurso en la Vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá, en enero de 2019, Francisco describió cómo la exclusión social lesiona la autoestima de muchos jóvenes y, debido a ello, la fe en Dios:
Recuerdo una vez charlando con unos jóvenes que uno me pregunta: ¿por qué hoy muchos jóvenes no se preguntan sobre si Dios existe o les cuesta creer en Él y les falta tanto compromiso con la vida? Les contesté: Y vosotros, ¿qué pensáis sobre esto? Entre las respuestas que surgieron en la conversación me acuerdo de una que me tocó el corazón y tiene que ver con la experiencia que Alfredo compartía: «Padre, es que muchos de ellos sienten que, poco a poco, dejaron de existir para otros, se sienten muchas veces invisibles». Muchos jóvenes sienten que dejaron de existir para otros, para la familia, para la sociedad para la comunidad..., y entonces muchas veces se sienten invisibles. Es la cultura del abandono y de la falta de consideración. No digo todos, pero muchos sienten que no tienen mucho o nada para aportar porque no cuentan con espacios reales desde donde sentirse convocados. ¿Cómo van a pensar que Dios existe si ellos, estos jóvenes, hace tiempo dejaron de existir para sus hermanos y para la sociedad? Así los estamos empujando a no mirar el futuro. Y a caer en las garras de cualquier droga, de cualquier cosa que los destruye. Podemos preguntarnos: ¿Qué hago yo con los jóvenes que veo? ¿Los critico, o no me interesan? ¿Los ayudo, o no me interesan? ¿Es verdad que para mí dejaron de existir hace tiempo?8.
Deseos, heridas y búsquedas
En ChV 81-84, Francisco pasa revista a varios temas que ofrecen peligros y, a la vez, oportunidades. En primer lugar, reconoce la distancia entre los jóvenes y la Iglesia en los planteamientos morales acerca de la sexualidad (cf ChV 81). A continuación, recuerda las cuestiones bioéticas que el avance tecnológico plantea (cf ChV 82). Posteriormente, «muchos jóvenes llevan dentro de sí los golpes, los fracasos, los recuerdos tristes clavados en el alma. Muchas veces son las heridas de las derrotas de su propia historia, de los deseos frustrados, de las discriminaciones e injusticias sufridas, del no haberse sentido amados o reconocidos» (ChV 83). Los jóvenes necesitan ayuda y alivio.
Especialmente sugerente es el siguiente párrafo, dedicado a los jóvenes que buscan:
En algunos jóvenes reconocemos un deseo de Dios, aunque no tenga todos los contornos del Dios revelado. En otros podremos vislumbrar un sueño de fraternidad, que no es poco. En muchos habrá un deseo real de desarrollar las capacidades que hay en ellos para aportarle algo al mundo. En algunos vemos una sensibilidad artística especial, o una búsqueda de armonía con la naturaleza. En otros habrá quizás una gran necesidad de comunicación. En muchos de ellos encontraremos un profundo deseo de una vida diferente. Se trata de verdaderos puntos de partida, fibras interiores que esperan con apertura una palabra de estímulo, de luz y de aliento (ChV 84).
He aquí un importante punto de «enganche educativo y pastoral», ese «deseo de algo diferente» y de autenticidad.
De pronto, Francisco interrumpe aquí (al menos en parte) el retrato de los jóvenes que estaba desarrollando para recoger «tres temas de suma importancia que el Sínodo ha tratado especialmente» (ChV 85):
■El ambiente digital (números 86-90). «La web y las redes sociales han creado una nueva manera de comunicarse y de vincularse, y son una plaza en la que los jóvenes pasan mucho tiempo» (ChV 87). Me parece interesante el último párrafo de este apartado: «La vida nueva y desbordante de los jóvenes, que empuja y busca autoafirmar la propia personalidad, se enfrenta hoy a un desafío nuevo: interactuar con un mundo real y virtual en el que se adentran solos como en un continente global desconocido. Los jóvenes de hoy son los primeros en hacer esta síntesis entre lo personal, lo propio de cada cultura y lo global. Pero esto requiere que logren pasar del contacto virtual a una buena y sana comunicación» (ChV 90).
■Los migrantes como paradigma de nuestro tiempo (números 91-94). Muchísimos son jóvenes y merecen ayuda y acogida. Les pide a los jóvenes de los países receptores que «no caigan en las redes de quienes quieren enfrentarlos a otros jóvenes que llegan a sus países, haciéndolos ver como seres peligrosos, como si no tuvieran la misma inalienable dignidad de todo ser humano» (ChV 94).
■Poner fin a los abusos en la Iglesia (números 95-102). En estos números Francisco subraya la urgencia de solucionar esta grave lacra, que deja una profunda herida en la credibilidad eclesial, y por eso lastra seriamente la acción pastoral con jóvenes.
Algunas constantes en las sucesivas generaciones de jóvenes
Como escribe José Antonio López-Ruiz en un estudio de 2017 sobre los jóvenes españoles de la Fundación Santa María, «el concepto de cultura juvenil se encuentra asociado a la forma en que los jóvenes hacen suya o reinterpretan la cultura en la que viven, para definir ciertos estilos de vida y rasgos de identidad característicos –muchos de ellos, relacionados con su tiempo libre y su ocio–, un cierto lenguaje y estéticas con sus códigos propios, así como otras de formas de expresión e incluso de creatividad artística o científica propias»9.
Entre los rasgos que han sido constantes en los jóvenes las últimas décadas, señalaría los siguientes:
Tener sueños, estar abiertos al futuro
La esperanza es una cualidad que normalmente caracteriza a los jóvenes, ya que, como afirma el papa Francisco, «la juventud es un tiempo de sueños, inquietudes y elecciones» (cf ChV 137-143). «En este periodo de la vida, los jóvenes están llamados a proyectarse hacia delante sin cortar con sus raíces, a construir autonomía, pero no en solitario » (ChV 137). Coincido con lo que dice el Papa cuando destaca esta apertura al futuro de los jóvenes de todas las épocas: «Tiempo atrás un amigo me preguntó qué veo yo cuando pienso en un joven. Mi respuesta fue que “veo un chico o una chica que busca su propio camino, que quiere volar con los pies, que se asoma al mundo y mira el horizonte con ojos llenos de esperanza, llenos de futuro y también de ilusiones. El joven camina con dos pies como los adultos, pero a diferencia de los adultos, que los tienen paralelos, pone uno delante del otro, dispuesto a irse, a partir. Siempre mirando hacia delante. Hablar de jóvenes significa hablar de promesas, y signifi- ca hablar de alegría. Los jóvenes tienen tanta fuerza, son capaces de mirar con tanta esperanza. Un joven es una promesa de vida que lleva incorporado un cierto grado de tenacidad; tiene la suficiente locura para poder autoengañarse y la suficiente capacidad para poder curarse de la desilusión que pueda derivar de ello”» (ChV 139).
Lo expresó muy bien en estas palabras de mayo de 2019, dirigidas a jóvenes de Macedonia del Norte:
Quisiera deciros: nunca se sueña demasiado. Uno de los principales problemas de la actualidad y de tantos jóvenes es que han perdido la capacidad de soñar. Ni mucho ni poco, no sueñan; y cuando una persona no sueña, cuando un joven no sueña, ese espacio es ocupado por el lamento y la resignación o la tristeza... Por eso, nunca, pero nunca, se sueña mucho. Tratad de pensar en vuestros sueños más grandes, como el de dar esperanza a un mundo cansado, junto con los demás, cristianos y musulmanes. Sin lugar a dudas un sueño muy hermoso. Ella no pensó en cosas pequeñas, en cosas «rastreras» sino que soñó en grande [se refiere a una chica que había formulado una pregunta y expresado su sueño de un mundo mejor]. Y vosotros, jóvenes, debéis de soñar a lo grande... Los sueños nos ayudan a mantener viva la certeza de saber que otro mundo es posible y que estamos invitados a involucrarnos y formar parte de él con nuestro trabajo, con nuestro compromiso y acción... Cada uno de vosotros, al igual que la Madre Teresa, está llamado a trabajar con sus propias manos, a tomar la vida en serio, para hacer algo hermoso con ella. No permitamos que nos roben los sueños10.
Ahora bien, ocurre que el consejo de «no dejarse robar los sueños» no siempre es fácil llevarlo a la práctica, porque los acontecimientos históricos mundiales y nacionales hacen que unas generaciones lo tengan más difícil que otras... La actual pandemia de COVID-19 no facilita nada las cosas, como sabéis. Pero coincido con el Papa en que, de entrada, la gran mayoría de jóvenes tiene esperanza y concibe grandes sueños para su futuro.
Cuestión de sentido
Hay que escuchar (y a veces ayudar a formular) las preguntas de los jóvenes. Si hay que escuchar mucho vuestras preguntas es precisamente porque los jóvenes de todas las épocas «son grandes buscadores de sentido» (IL 7). A veces los adultos decimos (reconozco que yo a veces también lo he pensado) que los jóvenes no se preguntan por nada. Pero no es cierto. Lo que sucede es que no formulan las preguntas por el sentido como lo hacíamos nosotros a su edad, sino a su manera.
Es interesante rastrear la música que componen y escuchan o las series que ven para encontrar estas preguntas. Presento un ejemplo, esta canción del grupo madrileño Vetusta Morla (en ella, no sale la expresión sentido de la vida, pero la letra entera trata sobre él):
Deséame suerte11
Se apaga el carrusel, se marcha de la ciudad.
¿Y qué viene después?
No sé adónde regresar.
La aurora me dejó a los pies de mí mismo,
sin cima que ascender, sin nota en las páginas.
Soy lo que ves, soy un indicio.
No reconozco mi propio carnet.
Soy lo que ves, solo el principio,
busco las riendas de un nuevo corcel.
Ha sido mágico haber llegado aquí
sin un solo talismán,
perdido el tenedor me queda el mordisco.
Soy lo que ves, soy un indicio.
Todos necesitamos alguien que nos cubra,
a veces un aplauso, a veces un juez.
Todos necesitamos luz en la penumbra
y un villano honrado en quien creer...
Los jóvenes de todas las épocas tienen, tenéis, «sed de sentido», como aquella mujer samaritana del capítulo 4 de san Juan, y el anuncio del Evangelio «responde al anhelo de infinito que hay en todo corazón humano» (EG 165). Recientemente, el filósofo canadiense Charles Taylor ha defendido, en su monumental obra La era secular12, que en una época de pluralismo y competencia de ofertas de sentido, tienen futuro las cosmovisiones y religiones que ofrezcan sentido y plenitud de vida. Los cristianos sí tenemos plenitud que ofrecer, tenemos a Jesús y su Evangelio. Eso sí: la fe cristiana debe buscar nuevos imaginarios y nuevas formas de vivencia y expresión.
¿Cómo presentamos el Evangelio, con qué lenguaje y atractivo? ¿Ofrecemos la «vida en abundancia» (Jn 10,10) de Jesús? Eso preguntó Francisco a los jóvenes en el primer discurso de la JMJ de Cracovia en 2016: «Jesús nos pregunta si queremos una vida plena. En su nombre os pregunto: Vosotros, ¿queréis una vida plena?» (Y a continuación proponía como camino descubrir la misericordia).
Deseo de autoafirmación
Los jóvenes de todas las épocas, sobre todo de un par de siglos para acá, suelen buscar apasionadamente una identidad propia: «Quiero ser yo y no vivir la vida de otros» es una idea que suele centrar sus intereses desde la adolescencia. He escrito «de un par de siglos para acá» porque, como cuenta muy bien Charles Taylor en Las fuentes del yo13 y en La era secular, la idea del «yo interior independiente del exterior (familia y sociedad)» apenas existía antes de la modernidad.
El deseo de autenticidad, de ser «uno mismo», explica muchas actitudes radicales de los jóvenes, tanto buenas (voluntariado, generosidad) como menos buenas. En este segundo caso, Jon Savage narra ejemplarmente en su libro Teenage: La invención de la juventud
