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Coripo, uno de los últimos poetas de la Antigüedad clásica, nos ha legado una epopeya sobre la conquista del norte de África en el siglo VI y una elegante descripción de la fastuosa corte bizantina. El poeta Flavio Cresconcio Coripo, del siglo VI d.C., compuso hacia el año 550 en lengua latina la épica Juánide, que relata la conquista del norte de África por los bizantinos bajo la dirección de Juan Troglita en 546. Poco sabemos de él salvo lo que aparece en sus poemas. Parece que, a raíz de su obra épica, fue invitado a Constantinopla, donde se le concedió un cargo oficial en la Corte y residió el resto de su vida. En Constantinopla escribió, también en latín, el Panegírico de Justino II, que refiere la muerte de Justino I y la coronación de su sucesor, Justino II (quien reinó entre 565 y 567), con los primeros hechos de su periodo. Cabe destacar de la Juánide las descripciones de los pueblos (bereberes y mauri) y de la geografía del África romana, que Coripo conocía bien. Los aspectos etnográficos se describen con una precisión superior a la de Procopio, la otra fuente para los acontecimientos bélicos del norte de África en el siglo VI. En el estilo toma como modelos a los clásicos de la epopeya latina: Virgilio, y Lucano, y aunque Coripo no era nativo de Italia, escribe en un latín elegante. En cuanto al Panegírico, interesa la descripción de las ceremonias y la vida cotidiana dela corte bizantina, la capital del Imperio Romano de Oriente, con su lujo desmedido, el fasto, el ritual litúrgico de Santa Sofía, las intrigas. Un testimonio histórico de gran valor.
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Seitenzahl: 488
Veröffentlichungsjahr: 2016
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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 243
Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ANTONIO RAMÍREZ DE VERGER .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1997.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO337
ISBN 9788424932664.
JUÁNIDE
INTRODUCCIÓN
1. El autor
Poco sabemos de la vida y personalidad de Flavio Cresconio Coripo, cuyos datos biográficos proceden casi exclusivamente de sus obras 1 . Los manuscritos nos han transmitido su nombre completo, Flavius Cresconius Corippus , que no debe ser confundido con el de Cresconio, obispo de finales del siglo VII d. C. 2 . El praenomen Flavius está difundido por varias regiones del imperio desde Constantino. El nomen Cresconius , derivado del verbo crescere y relacionado con la idea de «crecimiento», es bien conocido y lo encontramos en África en época tardía; mientras que el cognomen Corippus , del que no existe ningún otro ejemplo y es probablemente no latino, quizá pueda tratarse de un nombre beréber; la etimología propuesta por Mazzucchelli, primer editor de La Juánide , que hace derivar dicho cognomen del griego «kóros» (puer o niger) y «híppos» (equus) , no parece tener seguro fundamento 3 .
Se ignora el lugar exacto de su nacimiento y la región en que pasó los primeros años de su vida, aunque debió de haber nacido en África a comienzos del siglo VI d. C., pues en el Panegírico de Justino II —la segunda de sus obras que ha llegado hasta nosotros y que escribió tras la muerte del emperador Justiniano en el 565— el autor hace alusión a su avanzada edad: fessae miserere senectae (Pan. Anas . 48); senio dextram, pie, porrige fesso (Praef . 37). Por el Matritensis 10029 , códice en el que se conserva el Panegírico , se sabe que debió de haber ejercido la profesión de grammaticus en África y en la Praefatio de La Juánide , su primera obra conservada, se nos informa sobre la lectura de la misma ante los próceres de Cartago. Es el mismo prefacio el que nos revela el gusto de Coripo por la Musa rustica (v. 28), con lo que suponemos que el autor había escrito con anterioridad poemas de tipo bucólico que no han llegado hasta nosotros 4 .
La lectura de La Juánide nos revela no sólo su dominio de los clásicos latinos y de la poesía cristiana, sino su profundo conocimiento de la geografía y etnología africanas. Es probable, por otra parte, que Coripo fuera testigo de los hechos que cuenta en sus versos, como la guerra de los vándalos y la revuelta de los moros 5 y que incluso sufriera las consecuencias de las mismas, como parecen afirmar las palabras del propio poeta en el prefacio del Panegírico de Justino II (v. 43): nudatus propriis et plurima vulnera passus («privado de mis bienes y con el sufrimiento de muchas heridas»).
De África, Coripo se traslada más tarde a Constantinopla donde debió de haber estado al servicio del cuestor Anastasio 6 , al que dedica un pequeño panegírico que introduce su obra dedicada al emperador Justino II. Es probable que su muerte se produjera poco tiempo después de la composición del Panegírico , que debió de escribir en tomo a los setenta años.
2. Presentación y clasificación como género literario de «La Juánide»
La Iohannis seu de bellis Libycis es un poema épico de carácter celebrativo, basado en hechos históricos, que canta las campañas en el norte de África a mediados del siglo VI d. C. de Juan Troglita, general al servicio del emperador Justiniano. El poema, al que precede un prefacio en dísticos elegíacos de cuarenta versos, se compone de 4.671 hexámetros desarrollados en ocho libros.
La temática de la obra se dispone del modo siguiente: el primer libro narra el desembarco de la flota bizantina en CaputVadorum y la marcha del ejército hacia Cartago y Antonia Castra ; en este lugar una embajada enemiga es recibida por el general. El libro segundo comienza con un catálogo de las tribus moras. Se produce a continuación una emboscada de los moros a un grupo de exploradores romanos que son finalmente liberados por Juan y el resto del ejército. Durante la noche Juan envía un mensaje al jefe moro. El libro tercero (desde el v. 52) y cuarto (hasta el v. 246) comprenden el discurso, in medias res , del tribuno Liberato en el que narra, a petición de Juan, las causas de la guerra de África y los últimos acontecimientos del reino vándalo (años 530-543). El relato termina con el regreso del mensajero enviado por Juan y la noticia de la resistencia mora frente a los romanos. El resto del libro cuarto y la totalidad del quinto describen la batalla que se desata a continuación entre romanos y moros. El libro termina con la descripción de la toma del campamento enemigo y la huida de los moros. En el libro sexto se describe la entrada triunfal de Juan y su ejército en Cartago y la persecución posterior de los moros, que se adentran en el desierto y son finalmente derrotados por los romanos. Los libros séptimo y octavo narran el reagrupamiento de tropas romanas y su victoria frente a los últimos ataques de los moros. Aunque el final del poema está perdido, el último fragmento parece ser una descripción del ejército romano que persigue al último de los fugitivos moros 7 .
La datación del poema suele establecerse en torno al decenio del 550, tras el cese de las hostilidades en el norte de África con la victoria de Juan Troglita sobre los moros en el 548 y cuando aún permanecía vivo el recuerdo de las campañas del general 8 .
La clasificación como género literario de las obras de Coripo ha sido en ocasiones objeto de discusión por parte de algunos estudiosos 9 . La diversidad y complejidad de elementos que las constituyen, así como la consideración de su contexto histórico y literario, nos impiden aplicar los mismos criterios de clasificación válidos para las obras clásicas, siendo por otra parte obligado considerar la evolución sufrida por los géneros literarios y las influencias mutuas que puedan existir entre ellos mismos. En lo que concierne a la Juánide , no he dudado en llamarla «poema épico», compartiendo la opinión de otros autores 10 , pues considero que es éste el carácter fundamental del poema, debido no sólo a la abundancia de elementos de dicho género literario que en él se manifiestan, sino a su intencionalidad, pues Coripo se siente continuador de Virgilio y con la creación de su Juánide pretende ofrecer un nuevo poema nacional romano que ensalce y apoye la nueva era de prosperidad para el Imperio representada por Justiniano. Así, son propios del género épico los siguientes elementos que encontramos en el poema de Coripo: tópicos como el de la falta de palabras para describir tan grandes empresas (I 23-25), el de las aristeíai o descripciones de batallas en las que además destaca el carácter realista y preciso de la narración (IV 173-76; V 421-92 o el final del libro VIII, entre otros), la topozesía o descripción de lugares (IV 191-92), el tópico de la salida del sol para anunciar un nuevo día (III 225-26; IV 256-59; VI 21-22, 459; VIII 227-28, 279, 318); los epítetos heroicos (I 397; IV 505, 610); símiles (II 216-23, 255-58; IV 462-64; VII 446-51, entre otros); catálogos de tropas (libro II), descripción de batallas, discursos pronunciados por distintos personajes (arengas, plegarias, increpaciones...); elementos maravillosos como la aparición infernal y celestial ante Juan (I 243-58; 258-69) o la consulta de Güenfan al oráculo de Amón y el éxtasis de la sacerdotisa (III 81-105); además de numerosos paralelos homéricos y virgilianos.
Pero si es indudable el carácter épico de la Juánide , también es indiscutible su particularidad, dado la intervención de elementos pertenecientes a otros géneros literarios que en ella se observan. Por lo que bien puede decirse que es además un poema de inspiración histórica, y en este sentido, no puede ser considerado como la Farsalia de Lucano, en cuanto a su fidelidad a la historia, ni del carácter de la Eneida , pues no se basa, como ésta, en hechos míticos, sino reales. Coripo es, ante todo, un poeta y no un historiador; su fin es escribir poesía, pero para ello se sirve de una base histórica y de personajes reales, tomando episodios como la dominación de los vándalos en África y las revueltas de los moros contra el imperio bizantino, temas tratados al mismo tiempo por el historiador Procopio. Su gusto por «las normas solemnizantes y artísticas de la narración épica tradicional» 11 y una clara intención celebrativa explican su particular veracidad y la personal interpretación de los hechos que a veces nos ofrece y en la que manifiestamente se aleja de Procopio. Aunque no olvidemos que Coripo es en otras ocasiones una buena fuente de información de la que se han servido historiadores contemporáneos como Diehl, Bury, Stein y otros; y, si bien, los hechos históricos que narra no siempre merecen credibilidad por las razones aducidas, sus datos geográficos o etnológicos no admiten duda 12 .
En el poema de Coripo se observan también toda una serie de características propias de la composición de panegíricos: el prefacio en dísticos elegíacos, al igual que en muchos panegíricos de Claudiano; la superioridad del héroe, Juan Troglita, sobre los héroes del pasado (Praef . 15); la disculpa de impericia por parte del autor (Praef . 22-28); las alabanzas al general Juan o al emperador 13 . Pero no me parecen datos suficientes para clasificar el poema como panegírico, pues dichas características son simplemente fruto de una época en que la poesía histórica manifiesta una orientación hacia el panegírico 14 .
Por lo tanto, creo que en la Juánide se dan los requisitos necesarios para que pueda ser calificada de epopeya con base histórica y de carácter celebrativo.
3. Fuentes literarias
La obra que Coripo toma como base para la composición de su Juánide es la Eneida ; en ella se inspira, no sólo en cuanto a la forma, sino en cuanto a la intencionalidad, ya que la epopeya virgiliana respondía a la perfección a su necesidad de exaltación del poder bizantino como heredero y continuador del imperio romano, pues no en vano fue para el Occidente latino, hasta el Medievo, el poema nacional romano que había expresado la eternidad del Imperio y de su poder 15 . La influencia de Virgilio, cuyo nombre cita Coripo en su prefacio (vv. 12, 16), se manifiesta de modo evidente a lo largo de todo el poema. Así, los títulos de ambas obras, Aeneis, Iohannis , reflejan el nombre de los héroes cuyas hazañas se cantan. El protagonista, Juan Troglita, el héroe que encarna los valores típicamente romanos, resulta ser una reproducción de Eneas; su mismo hijo, Pedro, se siente identificado con Ascanio, hijo del héroe virgiliano (I 201-203). Y observamos, por otra parte, reminiscencias virgilianas en la narración de Coripo, como la salida de la flota desde Bizancio (I 159-170), que recuerda la marcha de Eneas de Cartago (Eneida IV 581 y ss.); o el paso de las naves de Juan junto a la costa de Troya (I 170-207) y el recuerdo de los sucesos allí acaecidos, en especial la huida de Eneas, que es considerado como antepasado de los bizantinos. O la primera escala de la armada bizantina en Sicilia (I 210) y la alusión a los monstruos Escila y Caribdis que aparece en Virgilio en la misma situación (Eneida III 420-32); los catálogos de beréberes en los libros II y IV, tomados de los catálogos virgilianos 16 .
Coripo se aleja, no obstante, de Virgilio, y de su predecesor, Homero, en algunas ocasiones, mostrando rasgos que le son propios. El elemento divino, por ejemplo, está menos presente en la Juánide que en la Ilíada o en la Eneida , y presenta además un carácter diferente. El aparato divino de la Juánide está constituido por un solo Dios, el Dios cristiano que no interviene de modo directo en el desarrollo de los acontecimientos (aunque en el libro III la peste es considerada como un castigo divino), como los dioses homéricos y virgilianos, pero concede su protección a los romanos, sus seguidores, frente a los moros infieles. Se trata de un Dios más propio del Antiguo Testamento, que ejerce su poder sobre el universo y, de acuerdo con la concepción bizantina del poder, desata su cólera contra los enemigos del Imperio. Este Dios posee además ciertas reminiscencias de Zeus-Júpiter, de modo que Coripo llega a describirlo lanzando rayos (IV 280); por otra parte, la combinación de elementos pertenecientes a la tradición clásica con otros propios del cristianismo constituye una de las características más sobresalientes del estilo del poeta africano.
Es curiosa, al mismo tiempo, y paralela a la función de la divinidad, la intervención en el poema, del Destino que Coripo designa con los nombres de fatum, stamina, Fortuna y cuya actuación en la Juánide como responsable en el desarrollo de los acontecimientos resulta más evidente que la intervención divina; característica que hace a Coripo más próximo de un autor como Lucano.
Por lo que respecta a los personajes, los de la Juánide , carecen de la humanidad que se observa en los de Homero o Virgilio y si en ocasiones —como en el largo discurso del tribuno Liberato que abarca parte de los libros III y IV— Coripo llega a mostrar los sentimientos del personaje, se trata más bien de un recurso formal que de una verdadera intención de expresar la psicología humana. Los personajes de Coripo, por otra parte, están trazados según una concepción maniquea, pues el poema se basa de modo evidente en la oposición romanos (buenos)-moros (malos). El enemigo no es considerado con respeto o admiración, como en la épica homérica o virgiliana, sino con claro desprecio, como un pueblo bárbaro que nada tiene en común con los civilizados bizantinos y cuyo sometimiento está ampliamente justificado por su infidelidad al emperador y, por consiguiente, a Dios. En este sentido, y ante la clara toma de posición de Coripo, el poema carece del dramatismo existente en los enfrentamientos entre personajes de la Ilíada o la Eneida . El mismo Juan Troglita, en su papel de héroe al servicio de la causa, dibujado según el modelo de Eneas, resulta más un estereotipo que un personaje con vida propia.
Pero también se observa en el poema de Coripo una clara influencia de otros autores: Ovidio (Metamorfosis) , Lucano (algunos pasajes de la Farsalia tienen como escenario África); Lucrecio, del que Coripo toma algunos préstamos, Ennio, Catulo y Horacio constituyen fuentes ocasionales. Se encuentran algunos ecos de Valerio Flaco, Silio Itálico y Estacio y, entre los escritores tardíos, Claudiano es el modelo más frecuente 17 . Y no es menos importante la influencia de la literatura cristiana en la obra de Coripo y las frecuentes analogías con el lenguaje poético de Draconcio o Sedulio 18 . De todos los autores citados Coripo copia términos, sintagmas y tópicos literarios. No obstante, nuestro poeta no debe ser juzgado por su originalidad —la Antigüedad daba a este concepto un significado muy distinto al que se le otorga en nuestros días—, sino más bien como un autor que poseía, dada su condición de grammaticus , un profundo conocimiento de la preceptiva clásica y cuya labor consistió en aplicarla a su obra. De hecho, cabe pensar si muchas de sus imitaciones no se habrían producido de modo espontáneo y como fruto de su buen conocimiento de la literatura. No es, pues, en la originalidad de Coripo donde reside su importancia, sino en su labor como continuador y último representante de la épica latina, así como en la fusión de la tradición clásica con los elementos y nuevos esquemas narrativos de la literatura cristiana que supone su poema la Juánide19 .
4. Funcionalidad y valoración de la «Juánide»
El renacimiento del epos histórico en el siglo VI d. C. no es fruto de la casualidad, sino el resultado de un determinado ambiente político y cultural. La creación de la Juánide tiene, pues, su origen en un clima de sentimiento nacional y romano, de inflamado patriotismo y no debe ser considerada exclusivamente como el poema que exalta a Juan Troglita, vencedor de los moros, sino, sobre todo, como el carmen Romanum y el nuevo poema nacional que canta, como la Eneida virgiliana, el retorno a la pax romana20 y los nuevos destinos del Imperio 21 .
En este sentido, el poema tiene un carácter político, de afirmación de los valores morales, religiosos y estatales vigentes en la época de Justiniano. Así, la victoria de Juan sobre los moros recreaba el espíritu triunfador de las hazañas del general Belisario, que en los años 533 y 534 reconquistó la provincia de África, dominada por los vándalos, restableciendo la autoridad imperial y dando comienzo con ello a una nueva era; pues Justiniano no había sido solamente el vencedor de los bárbaros, sino también el elegido por la Providencia para liberar a los pueblos 22 .
La importancia de una obra como la Juánide reside no sólo en el aspecto textual o literario, sino también en el histórico, pues los acontecimientos reales constituyen la base en la que Coripo se apoya para la construcción de su poema. Sobre los hechos que en la obra se tratan, sólo Procopio (Guerra contra los Vándalos II 28, 45-52) y algunos otros autores como Marcelino Comes (Chronicon , en Patrologiae Latinae Cursus , ed. Migne, v. 57, pág. 945), Paulo Diácono (Historia Langobardorum , pág. 62) y Jordanes (Romana , ed. Mommsen, en M. G. H. Auct. Antiquis V, pars prior , págs. 51-52) hacen una breve mención, pero ninguno de ellos ofrece mayores detalles. Coripo es además el único autor que nos proporciona una información detallada sobre las campañas de Juan Troglita 23 . A este respecto, el poeta africano se convierte en una fuente importante de información al ofrecernos una serie de datos históricos, geográficos y etnológicos indispensables para el conocimiento de la situación en el norte de África en época bizantina; y su poema, la Juánide , ocupa su puesto en la historia del epos histórico romano como último producto de una larga tradición literaria que había tenido ya en Nevio, Ennio, Lucano y Claudiano sus representantes más ilustres 24 .
5. La tradición manuscrita
La Juánide se transmitió en los siguientes códices: Casinensis, Budensis —ambos desaparecidos—, Excerpta Veronensia , de los que sólo se ha conservado un fragmento, y Trivultianus 686 (T), único que ha llegado hasta nosotros 25 .
Del Casinensis , el más antiguo, de mediados del siglo XI , y que hizo transcribir Desiderio, abad de Montecasino, sólo se conoce la palabra que introduce la praefatio del poema, Victoris ; sabemos, además, que este códice llevaba como título de la obra de bellis libycis . El Budensis , de datación incierta, fue descubierto por Cuspiniano en la célebre biblioteca de Buda, al comienzo del siglo XVI , y presentaba como título Iohannidos26 .
La confrontación entre el Casinensis y el Budensis planteó un problema, ya que éste último no comenzaba, como el Casinensis , con la palabra Victoris ; el descubrimiento del tercer manuscrito, el Trivultianus , resolvió el misterio: el Casinensis incluía el prefacio del poema, mientras que el Budensis o bien no lo incluía o, en el caso contrario, Cuspiniano prefirió comenzar por los primeros versos del primer libro 27 .
Veintidós versos del poema han sobrevivido en los Excerpta Veronensia , manuscrito del inicio del siglo XIV . Este manuscrito resuelve el problema del número de libros del poema. El Trivultianus está dividido en siete y parece ser que el Budensis comprendía ocho libros. Gracias a los Excerpta Veronensia sabemos que el cuarto libro del Trivultianus fue dividido en dos libros a partir del verso 644 28 .
El Trivultianus , códice del siglo XIV , toma su nombre del marqués Trivulzio, en cuya biblioteca, en Milán, fue descubierto por Pietro Mazzucchelli a principios del siglo XIX . Allí se conserva en la actualidad. La ignorancia de la existencia de este manuscrito hasta fecha tan tardía es debida al hecho de que fue erróneamente atribuido a un autor italiano del siglo XIV , Giovanni De Bonis di Arezzo 29 , copista del poema de Coripo, que se encontraba agrupado con el resto de sus obras 30 .
Los libros que componen la Juánide no están separados por ninguna numeración en el Trivultianus , sino sólo por un espacio en la escritura que indica el final de un libro y el inicio del siguiente. El texto presenta algunas anotaciones marginales de De Bonis de tipo retórico o descriptivo 31 . El códice carece de título, aunque aparece el nombre Crestonius en letras borrosas, y se han perdido el final del libro octavo al igual que algunos fragmentos, como IV 200; VI 585-591; VIII 369, 622-626, 650-656 32 . En época más reciente ha podido determinarse la caída del segundo y séptimo folio que corresponden a dos amplias lagunas sucesivas en Juánide I 22 y 270 33 .
En el Trivultianus preceden a la Juánide las periochae — llamadas de este modo por Mazzucchelli— del poema, escritas por la misma mano del códice y que comprenden las anotaciones relativas a hechos históricos del siglo XIV y tienen un paralelo con los acontecimientos de la Juánide34 .
El códice, escrito en minúscula, con caracteres semigóticos presenta numerosos errores ortográficos, debidos a la negligencia del copista por una parte 35 , y al influjo de la pronunciación vulgar por otra 36 . Son frecuentes y aún más graves las faltas de comprensión del texto antiguo, especialmente las que hacen alusión a lugares o nombres de personajes, problemas que sólo en parte la filología moderna ha podido resolver valiéndose de investigaciones histórico-topográficas. Pero es probable que ya el antígrafo de T estuviese deteriorado en este sentido y a esto habría que imputar la existencia de las numerosas lagunas del poema 37 . Su condición de codex unicus no ha hecho más que añadir dificultades a la labor de los editores en su interpretación del texto latino.
6. Ediciones críticas
La primera edición de la Juánide fue publicada en Milán, en 1820, a cargo de Pietro Mazzucchelli, personaje de sólida cultura e intereses variados, desde Dante a la literatura del 700, y que desempeñó el cargo de director de la biblioteca Ambrosiana de Milán 38 . En un largo prefacio de setenta y dos páginas Mazzucchelli nos habla de la personalidad de Coripo, de los distintos códices de la Juánide , de su argumento y su utilidad para ilustrar y llenar las lagunas de la historia de África en el siglo VI , y realiza finalmente una serie de consideraciones sobre su edición. El texto de la Juánide comprende el poema en siete libros, ya que el cuarto y el quinto aparecen unidos en uno solo. Son interesantes las anotaciones al texto que aparecen al final del mismo, y que incluyen comentarios históricos y geográficos —en los que Mazzucchelli toma como fuente a Procopio, utilizando sus propias palabras—, paralelos de Coripo con otros autores clásicos como Lucano, Claudiano y, sobre todo, Virgilio, autores que Mazzucchelli toma como punto de referencia para realizar sus correcciones. Mazzucchelli alude, por otra parte, a los versos de De Bonis cuando éstos se basan en la obra de Coripo. Termina con un índice de algunas palabras y de todos los nombres propios que aparecen en la Juánide y con las Periochae donde establece la estructura del poema según su contenido. El valor de esta edición reside en haber hecho legible un texto corrupto y haberlo enmendado, especialmente en el aspecto toponímico y onomástico, recurriendo para ello a una escrupulosa confrontación con las fuentes historiográficas, especialmente Procopio 39 . Pero el mismo Mazzucchelli reconoce en su prefacio que no pudo «sanar todas las úlceras» del Trivultianus y deja esa labor para los editores posteriores 40 .
En 1836 Immanuel Bekker, editor infatigable, publica en Bonn las obras de Coripo y Merobaudes en el Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae . Aunque no manejó el códice, se sirvió sin embargo del texto de Mazzucchelli para la Juánide . 41 La edición de Bekker comienza con un breve prefacio del autor seguido del largo prefacio de Mazzucchelli. El poema, al igual que en Mazzucchelli, aparece dividido en siete libros. La edición termina con las notas de Mazzucchelli y un índice de nombres propios y de algunas palabras y expresiones particulares a las obras de Coripo. Dotado de gran experiencia editorial, Bekker supo mejorar en ciertos casos la distinctio del texto y proporcionar algunas conjeturas acertadas como Nabedes (nec habet T) en I 62; Abydenis en I 172 o e primis en I 417, aunque las intervenciones de mayor relieve, como el mismo Bekker reconoce, son debidas al auxilio de K. Lachmann 42 .
La edición de las obras de Coripo en 1879, en los Monumento Germaniae Historica , a cargo de Joseph Partsch, representa un gran paso adelante. Partsch introduce su edición con un extenso proemium en el que además de tratar sobre la tradición manuscrita y ediciones de las obras de Coripo realiza un importante estudio histórico-geográfico de África desde el período vándalo a la dominación bizantina, fruto de sus confrontaciones con las fuentes contemporáneas de Coripo y de testimonios geográficos antiguos y recientes. Es útil destacar en su introducción la lista de errores en la escritura del Trivultianus , resultado de sus estudios del códice 43 . La Juánide aparece dividida en ocho libros y al final de la edición Partsch incluye tres índices: uno geográfico; otro histórico y mitológico; y un tercero de palabras y expresiones. Partsch investigó con mayor rigor científico que el empleado por Mazzucchelli, dando una reconstrucción válida del período y lugares históricos. Restableció en el texto buena parte de la toponimia exacta y los nombres reales de las tribus y guerreros beréberes. Coripo se convertía así en una fuente de primera importancia para los usos y costumbres de los pueblos indígenas de la provincia de África en el período comprendido entre el reino vándalo y la reconquista bizantina 44 .
Algunos años más tarde, en 1886, Michael Petschenig edita en Berlín las obras de Coripo. Esta edición estuvo precedida de una serie de estudios y aportaciones textuales que revelan un interés por el aspecto lingüístico y sintáctico del poema 45 .
Petschenig, siguiendo a Gustav Lowe, dividió el libro cuarto de la Juánide , a partir del verso 644, en dos, «pues el Budensis testimonia que Coripo dividió las hazañas de Juan en ocho libros» 46 . No manejó el códice de la Juánide pero, buen conocedor del latín tardío, intenta interpretar el texto antes que enmendarlo. En muchos casos restablece la lectura del manuscrito contra las intervenciones normalizantes de los editores precedentes, basándose en analogías expresivas con la lengua latina de la época, especialmente con autores del mismo ambiente de Coripo. Concluye su edición crítica con un índice de particularidades léxicas, sintácticas y prosódicas de gran ayuda para el conocimiento de la lengua del latín épico tardío. A este respecto, el mismo Petschenig especifica que en su índice sólo se preocupó de las palabras y expresiones más excepcionales, particularidades propias de Coripo o de los africanos que Partsch y los editores anteriores habían olvidado 47 .
En Cambridge vio la luz en 1970 la edición de la Juánide de J. Diggle —libros impares— y F. R. D. Goodyear —libros pares— que supuso un considerable progreso en la constitución del texto 48 . Una breve praefatio introduce esta edición en la que se mencionan las diferentes ediciones de la Juánide y se exponen una serie de consideraciones sobre la edición. Es digno de mencionar el denso aparato crítico donde se demuestra al lector la dificultad de lectura y de interpretación. Se concluye la edición con un índice histórico y geográfico. La lectura del códice, que los editores han manejado en microfilm, se ve mejorada, aunque se nota una excesiva tendencia a la conjetura brillante y parece tenerse más en cuenta la tradición clásica que el latín tardío de Coripo. Pero la importancia de esta edición reside en haber proporcionado una puntuación más moderna y racional, además de haber reavivado el interés por el último poeta épico latino 49 .
Más reciente es la edición del libro primero de la Juánide a cargo de María Assunta Vinchesi, publicada en Nápoles, en 1983. Aunque no abarque el poema completo de Coripo, la riqueza de esta edición crítica reside en su extensa y completa introducción, la traducción del libro primero y su comentario. En la introducción se nos hace un detallado recorrido a través de la tradición manuscrita y distintas ediciones del poema de Coripo, datos biográficos del autor y el contenido y forma narrativa del primer libro de la Juánide . La edición dispone igualmente de un extenso aparato crítico. Vinchesi intenta completar las lagunas del manuscrito, al que tuvo acceso directo, a partir del verso 22 y 270, mediante la confrontación de las obras de Giovanni De Bonis, copista de la Juánide , cuyos poemas recibieron el influjo de Coripo. En el comentario no sólo se tratan los aspectos lingüísticos, sintácticos o estilísticos, sino también todos aquellos detalles relativos a la historia o geografía, con objeto de facilitar la comprensión del texto, proporcionándosenos de este modo una información importante sobre el contexto histórico-político del momento. Al final de la edición se incluye un índice de nombres propios y de particularidades lingüísticas.
7. Traducciones españolas de la «Juánide»
Hasta el momento no existía ninguna traducción al español de la epopeya de Coripo. En nuestra Memoria de Licenciatura, Estudio literario sobre la «Iohannis» de Coripo (los discursos) , adelantamos la traducción y el comentario de los siguientes discursos de la Juánide: I 390-410 (discurso fúnebre); VII 167-194 (lamentatio) ; VII 88-103 (plegaria); VI 30-52 (arenga del caudillo romano); VI 107-126 (arenga del jefe moro); VIII 115-126 (increpaciones del caudillo romano); V 166-182 (increpaciones del jefe moro). Posteriormente, en nuestra Tesis Doctoral La «Iohannis» de Coripo (libro IV): introducción, edición crítica, traducción y comentario realizamos un estudio parcial de la Juánide en el que incluimos la traducción del libro IV. Tanto los primeros fragmentos traducidos, como la traducción del libro IV han sido revisados y corregidos en esta traducción completa de la Juánide que hemos realizado.
8. Nota textual
Hemos tomado como base para nuestra traducción española la edición crítica de J. Diggle y F. R. D. Goodyear. No obstante, nos apartamos de ella y aceptamos otra en los siguientes pasajes:
BIBLIOGRAFÍA
a) Ediciones
Citaremos únicamente las dos últimas ediciones de la Juánide —a las ediciones antiguas ya aludimos en la introducción, págs. 23-27— por parecemos las más interesantes y asequibles para el lector:
J. DIGGLE - F. R. D. GOODYEAR , Flavii Cresconii Corippi lohannidos seu de bellis Libycis libri VIII , Cambridge Univ. Press, Cambridge, 1970.
M. A. VINCHESI , Flavii Cresconii Corippi lohannidos Liber primus. Introduzione, testo critico, traduzione e commento , M. D’Auria Editore, Nápoles, 1983.
b) Traducciones
Existe sólo una traducción completa de la Juánide en inglés que, a nuestro juicio, podría ser ampliamente mejorada, pues hemos observado en ella numerosos errores en la interpretación del texto:
G. W. SHEA , The Iohannis of Flavius Cresconius Corippus; Prolegomena and Translation , Nueva York, Columbia University, 1980 (= 1966).
c) Historia bizantina
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A. A. VASILIEV , Histoire de L’Empire Byzantin , París, 1932.
d) Estudios de conjunto
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2 SHEA , The Iohannis ..., pág. 10; S. ANTÈS , Éloge ..., pág. XVI, nota 2; VINCHESI , Liber primus ..., pág. 24; RAMÍREZ DE VERGER , El Panegírico ..., pág. 11.
3 Cf. P. MAZZUCCHELLI , Flavii Cresconii Corippi Iohannidos seu de bellis Libycis libri VII. Editi ex codice Mediolanensi musei Trivultii opera et studio Petri Mazzucchelli , Milán, 1820. pág. X; VINCHESI . Liber primus ..., pág. 24, nota 55; J. M. LASSÈRE , «La Byzacène méridionale au milieu du VIe S. p. C. d’après la Iohannide de Corippus», Pallas 31 (1984), 171.
4 VINCHESI , Liber primus ..., págs. 23-24; RAMÍREZ DE VERGER , El Panegírico ..., pág. 11. Para S. ANTÈS (Éloge ..., pág. XII. nota 2), Coripo haría alusión a su vida en el campo en el prefacio de la Juánide (v. 25, quondam per rura locutus) , y dada su proximidad, considera la expresión Rustica... Musa , como «poesía campesina», lo que no significa que fuera de inspiración bucólica.
5 VINCHESI , Liber primus ..., pág. 25; J. M. LASSÈRE , «La Bizacène...», pág. 164; RAMÍREZ DE VERGER , El Panegírico ..., pág. 11.
6 Sobre la naturaleza de esta función, cf. VINCHESI , Liber primus ..., págs. 25-26; RAMÍREZ DE VERGER , El Panegírico ..., pág. 12.
7 SHEA , The Iohannis .... págs. 35-42; RAMÍREZ DE VERGER , El Panegírico .... págs. 11-12.
8 VINCHESI , Liber primus .... pág. 24, nota 56; J. M. LASSÈRE , «La Byzacène...». pág. 164; RAMÍREZ DE VERGER , El Panegírico .... pág. 11.
9 M. D. N. ESTEFANÍA ÁLVAREZ , Los Panegíricos de Flavio Cresconio Coripo , Santiago de Compostela, 1972; «Epopeya heroica, poema histórico, panegírico poético: un intento de definición», Actes del VII simposi d’estudis Clàssics 21-24 de Març de 1983 , 55-72; «Precisiones a Iohannidos seu de Bellis Libycis libri VIII de Coripo», Bivium (Homenaje al Profesor Manuel C. Díaz y Díaz) , Madrid, Gredos, 1983, págs. 63-66.
10 SHEA , The Iohannis ..., pág. 1; D. KNECHT , «Remarques critiques sur la Iohannis de Corippe», L’Ant. Class . 40 (1971), 675; VINCHESI , «Note testuali all’epos di Corippo», Stud. Class. Orient . 30 (1980), 143-158; W. EHLERS , «Epische Kunst in Coripps Iohannis», Philologus 124 (1980), 109-135; S. ANTÈS , Éloge ..., pág. XIII; Av. CAMERON , «Corippus’s Iohannis; epic of Byzantine Africa», Papers of the Liverpool Latin Seminar 4 (1983), 167-180; J. M. LASSÈRE , «La Byzacène...», pág. 163; V. TANDOI , «Corippo», EV 1 (1984), pág. 890; RAMÍREZ DE VERGER , El Panegírico ..., pág. 12.
11 Cf. VINCHESI , Liber primus ..., pág. 27, nota 64.
12 SHEA , The Iohannis ..., pág. 43.
13 ESTEFANÍA ÁLVAREZ , «Epopeya histórica...», pág. 68.
15 VINCHESI , Liber primus ..., pág. 28.
16 VINCHESI , Liber primus ..., págs. 28-31; A. CAMERON , «Corippus’s Iohannis...», pág. 175.
17 SHEA , The Iohannis ..., pág. 152.
18 VINCHESI , Liber Primus ..., págs. 31, 33.
19 VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 31.
20 J. L. VIDAL , Introducción General , págs. 78-79, en P. VIRGILIO MARÓN , Bucólicas. Geórgicas. Apéndice Virgiliano [trad. T. A. RECIO GARCÍA , A. SOLER RUIZ ], B. C. G. 141, Madrid, Gredos, 1990.
21 D. ROMANO , «L’ultimo epos latino. Interpretazione della Iohannis», Letteratura e Storia nell’età tardorromana , Palermo, 1968, págs. 258-259.
22 VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 27.
23 SHEA , The Iohannis ..., pág. 42.
24 ROMANO , «L’ultimo epos...», pág. 272.
25 PARTSCH , Corippi Africani ..., pág. XLVII.
26 SHEA , The Iohannis ..., págs. 11-12; VINCHESI , Liber primus ..., pág. 9.
27 SHEA , The Iohannis ..., pág. 12.
28 SHEA , The Iohannis ..., pág. 13.
29 Sobre su vida y obras, cf. VINCHESI , Liber Primus ..., págs. 12-18.
30 SHEA , The Iohannis ..., pág. 13; VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 10.
31 VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 11.
32 PARTSCH , Corippi Africani ..., págs. XLVII-XLVIII.
33 VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 11.
34 VINCHESI , Liber Primus ..., págs. 10, 12.
35 PARTSCH , Corippi Africani ..., págs. XLVIII-L, nos ofrece numerosos ejemplos.
36 TANDOI , «Note alla Iohannis di Corippo», Slud. It. di Fil. Class . 52 (1980), 52, 79.
37 VINCHESI . Liber Primus ..., págs. 10-11.
38 VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 20.
39 VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 20.
40 Cf. MAZZUCCHELLI , Flavii Creseonii ..., pág. LIII.
41 I. BEKKER , Merobaudes el Corippus. Recognovit Immanuel Bekker («Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae») , Bonn. 1836; cf. VINCHESI , Liber Primus ..., págs. 20-21.
42 VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 21.
43 VINCHESI , Liber Primus ..., págs. 21-22.
44 VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 22.
45 M. PETSCHENIG , Flavii Cresconii Corippi Africani grammatici quae supersunt. Recensuit Michael Petschenig («Berliner Studien», IV) , Berlín, 1886; cf. VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 22.
46 Cf. PETSCHENIG , Flavii Cresconii ..., págs. XI-XII.
47 Cf. PETSCHENIG , Flavii Cresconii ..., pág. XII; VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 22.
48 VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 23.
49 VINCHESI , Liber Primus ..., pág. 23.
PREFACIO A LOS NOBLES DE CARTAGO 1
Presentación del tema e importancia de la poesía
Me he atrevido, nobles, a cantar los triunfos de un vencedor: entonaré cantos de alegría en tiempo de paz. He querido escribir sobre la grandeza de Juan 2 en la guerra, las empresas del héroe que leerán las generaciones venideras. La poesía da a conocer [5] a todo el longevo mundo, al recordar todas las batallas de los antiguos dirigentes.
Homero y Virgilio nos dieron a conocer a los héroes antiguos. Juan Troglita les supera en sus empresas
¿Quién al gran Eneas, quién al feroz Aquiles hubiera conocido, quién al valeroso Héctor, quién los caballos de Diomedes, quién los ejércitos de Palamedes, quién a Ulises hubiera conocido si la poesía no evocara sus antiguas hazañas? El poeta de [10] Esmirna 3 describió al valiente Aquiles, Virgilio, versado en la composición de poemas, a Eneas: pero las hazañas de Juan me instruyeron para describir sus campañas y referir todos sus hechos [15] a los hombres del futuro. Juan es superior a Eneas, es más grande su valor, mi verso sin embargo no es digno de Virgilio. Las ilustres hazañas del general, las cualidades del hombre y las batallas ganadas están gritando a voces mi atrevimiento. La suerte incierta del poeta vacila en una situación crítica: por una [20] parte, el reconocimiento victorioso, por otra, el temor que hace palidecer.
Actitud humilde del poeta ante su auditorio. Petición del favor del público
Me estimula a cantar el argumento fidelísimo de los hechos: siendo frío de talento, me enardecí con estas hazañas. Canto en un verso tosco a un general ilustre y la torpeza retiene la lengua en [25] mi boca. ¡Y decir 〈que yo〉, ignorante, que en otro tiempo canté por lo campos, voy a enviar públicamente mis poemas a la población de la ciudad! Tal vez, lo confieso, ponga una sílaba en verso cojo: pues mi musa es campesina 4 . [30] Sin duda, la gloria de cantar las alabanzas debe ser reconocida: ¿voy a ser yo solo engañado al escribir sin recompensa alguna? El miedo expulsado de mi pecho me estimula más que mi boca: que sea mi boca reconocida por las alabanzas que ha pronunciado. La victoria concede los versos que niega [35] la erudición y me reconforta una gran satisfacción, cansado de escribir poemas. Si Cartago así se alegra en sus triunfos, tenga yo el reconocimiento merecido, que tenga, os lo ruego, vuestro afecto.
El poeta se dispone a recitar su obra
Mientras mi musa campestre rivaliza con las camenas 5 romanas, la fama eleva a nuestro general hasta las estrellas. Si os agrada que recite mis palabras [40] del libro primero, entonces cantaré la primera parte de mi poema, obedeciendo vuestras órdenes.
1 Debemos suponer, según el título del prefacio y las propias palabras del poeta, que Coripo llevó a cabo una lectura de su poema ante la nobleza de Cartago.
2 El general en jefe (magister militum) Juan Troglita, héroe del poema, era un antiguo oficial del ejército de África que había tomado parte en la expedición del 533 y bajo las órdenes de Belisario, se encargó del mando de una parte de las tropas. Más tarde, durante el primer gobierno de Solomón, defendió la frontera de Tripolitania.
3 Homero.
4 El término tiene diversas interpretaciones: bien se refiere a la composición, por parte de Coripo, de poemas bucólicos que no han llegado hasta nosotros, bien alude al origen campesino del poeta o bien, podíamos pensar, con TANDOI («Corippo», pág. 890), en una captatio benevolentiae y en este caso rustica equivaldría a «rudimentaria».
5 Son, en Roma, las ninfas de las fuentes que no tardaron en ser asimiladas a las Musas.
LIBRO PRIMERO
Presentación del tema: guerra en África, empresas de Juan Troglita y restauración de los valores romanos
Canto las enseñas, los caudillos, los pueblos feroces y las destrucciones de la guerra, las insidias y matanzas de hombres y las duras empresas, los desastres de Libia y los enemigos doblegados en sus fuerzas, el hambre impuesta a los hombres y la escasez de agua que golpeaban ambos ejércitos con mortífera confusión; canto a los pueblos [5] amotinados, abatidos y sometidos, canto al general que marcó su empresa con un gran triunfo: las musas desean volver a cantar a los descendientes de Eneas. La paz se devuelve a Libia [10] tras el cese de la guerra. Más segura resplandece la Victoria con sus dos alas; ya la Piedad mira atenta a la tierra desde el alto cielo; junto con la Justicia, también la Concordia, favorable y propicia, restablece el universo rodeándolo con sus dos brazos. Grandioso en medio de éstas, Justiniano, levántate de tu [15] alto trono complacido en tus triunfos, emperador, y como vencedor, proporciona leyes a los tiranos que no han sido abatidos: pues tus nobles plantas pisan a todos los reyes sin excepción y la púrpura 6 se dispone ya a servir al imperio romano. Bajo tus [20] pies se prosterna el enemigo vencido, duras cadenas atan a los pueblos y con fuerte nudo aprietan las manos atadas a la espalda, los cuellos soberbios se doblan con el peso de las cadenas [25] 〈***〉 7 aunque mi pecho hiciera salir mi canto por cien bocas, no me bastaría a mí, poeta, la inteligencia ni el talento 8 que despliega su vuelo por los solitarios senderos del ancho mundo. A grandes rasgos cantaría aquello: esto 9 es digno de las mayores alabanzas.
Situación de África antes de la llegada del ejército
África vacilaba, agotada, bajo un gran peligro. Pues se había inflamado en las armas bárbaras una fiera locura, soberbia por sus insidias, espadas, incendios y hombres, que prendía fuego [30] a todas las ciudades de la tierra saqueada y se llevaba, arrastrados de todas partes, prisioneros a los africanos. Ya no se hacía distinción alguna: a nadie fue posible respetar a los sacerdotes ni proporcionar a los viejos cansados la honra, cualquiera que fuese, de la pira. Quedó entonces tirado en el suelo todo cadáver, [35] atravesado de puñaladas. A ningún hijo fue lícito poner bajo un túmulo de tierra los cuerpos asesinados de sus padres ni fue permitido derramar sobre las heridas las debidas lágrimas: mientras el padre es aniquilado, se arrastra a los hijos y a la esposa y se saquean las riquezas, todo lo aplasta la malvada fuerza de la guerra y se abandonan los debidos funerales a la tierra desierta. El noble y el pobre mueren con un mismo destino 10 , [40] por todas partes se deja oír el llanto y a todos inunda el terror y el funesto miedo y todo se trastorna con horribles peligros. ¿Quién podría describir las lágrimas, las matanzas, los botines, [45] los incendios, las muertes, las insidias, los llantos, las torturas, las cadenas, los pillajes, quién enumerar los desgraciados sufrimientos? África, la tercera parte del mundo 11 , perece humeante en llamas.
Justiniano elige a Juan Troglita como salvador de África, recuerda sus campañas anteriores y le ordena venir
Y entonces el misericordioso emperador [50] examinaba una y otra vez las preocupaciones en su corazón, sopesándolas y meditando qué general en jefe y caudillo supremo del ejército 12 debía enviar a nuestras tierras, con la intención de reparar tanto destrozo. Y al reflexionar sobre todo esto, sólo le agrada Juan por su valor e inteligencia [55] y le parece digno por su valentía y su capacidad de decisión. Sólo él es capaz de atacar a los pueblos feroces y abatir, enérgico, a las tropas enemigas. Es más, la gloria del héroe y las pruebas de una empresa insigne y las durísimas guerras vencidas a un reino soberbio le son gratas: cómo expulsó a los [60] persas, con qué golpe abatió a los partos, confiados en hacer frente con una multitud de hombres y apiñadas flechas; en la época en que los anchos campos de Nísibe 13 manaron sangre de los persas, Nabedes, el primero después del rey parto, entablando [65] el combate, confiado en su fiero valor, perdió las tropas aliadas, sobreviviendo él mismo, y al huir, llevado por su temor, apenas pudo cerrar las puertas y ya irrumpía en la ciudadela de Nísibe el jinete romano y Juan victorioso golpeaba con su venablo las altas puertas de los persas.
Ante los ojos del emperador desfilan una tras otra todas las [70] valerosas hazañas del fiel varón. Sopesa y examina sus empresas: cómo una concentración de enemigos había cercado Teodosiópolis 14 con un difícil asedio; cómo él, atravesando veloz las sombras de la noche, vino a socorrer las murallas de la ciudad vacilante, entrando en las puertas amigas a través de los [75] enemigos; cómo, aterrorizado, el poderoso Merméroes 15 se alejó de aquellas murallas y cómo, más fiero por sus armas numerosas, se atrevió después a invadir Daras 16 —cuya escarpada ciudadela rodea una muralla que se eleva hasta las estrellas y que gobernaba el general Juan con sus enseñas— y atacar las falanges latinas. Pero después que el general, vigilante, arrebató [80] al enemigo la primera ciudad, persiguiendo a continuación a los que huían, toma primero posesión de los caminos y defiende todos los campos, para que el atroz enemigo no los devastara o dañara a alguien, y ocupa el primero la fortificación de elevada muralla. No soportó esperar más: pues inmediatamente, [85] osando, más fuerte, atacar al enemigo en campo abierto, abatió en afortunado combate innumerables batallones, ilustres jefes y pueblos aliados. Puso en fuga a Merméroes, señor de los partos, que huía, vencido, por los campos. Entonces cada persa, temiendo [90] al romano que le perseguía, arrojó de su mano en mitad de los campos sus espadas y adornos resplandecientes. La espada oriental brilla sobre el campo de batalla y las ligeras vainas y las lanzas y escudos y penachos y los caballos yacen confundidos con los cuerpos y los escuderos del general persa, soberbios con sus armas. Y también él hubiera estado postrado en el [95] campo de batalla si el magnánimo general no hubiera querido cogerlo vivo. Así pues, vencido, Merméroes vio la escarpada ciudadela cuando entró en ella en compañía de unos pocos hombres. Entonces de pie en medio del campo, bendijo al Señor el sabio Urbicio 17 , al que la corona imperial más poderosa [100] del orbe tuvo entonces como primer súbdito y leal al imperio y que había enviado, elegido, a muchos territorios para conocer cuáles habían sido las causas de la cruel guerra. Éste, al ver a [105] los vencedores romanos excitados y a los enemigos temerosos huir por los anchos campos, extendiendo las manos y levantando sus ojos al cielo, así dice complacido: «Gloria a ti siempre, Dios poderoso, porque finalmente merecí, después de tanto tiempo, ver a los persas vencidos por el valor de nuestro Juan». [110] Mientras reflexionaba entonces el emperador en su ánimo una y otra vez sobre estas hazañas, juzga que sólo éste, por su probada lealtad, puede defender a la oprimida Libia. Y sin más demora ordenó hacer venir al general desde los confines del mundo. [115] Éste, sereno, abandona las tierras enemigas para dirigirse a las aguas occidentales y en el breve espacio de un día obedeció las órdenes de su señor y volviendo al instante victorioso pisó inmediatamente los umbrales de la dorada puerta romana 18 . Complacido, permaneció ante los pies del emperador. Él con rostro sereno se volvió a mirar a su súbdito que se apresuró [120] a dar besos solícitos a los bondadosos pies 19 . Le ordena referir en pocas palabras los hechos de Oriente. Como se le ha ordenado, notifica a los inalterables oídos las guerras que ha llevado a cabo. La corona imperial, complacida en su pupilo, desea que así venza siempre. Al instante lo envía a socorrer a Libia.
Preparativos para la flota
[125] Por orden del emperador se cargan las naves de soldados, bagajes y armas y se envía al recluta inexperto que debe aprender a luchar bajo las órdenes del gran general que ganará la guerra. Ya un viento leve que soplaba sobre las velas hacía navegables las [130] aguas en una época segura y Tetis 20 , propicia para los marineros, aconsejaba la navegación.
Instrucciones del emperador a Juan antes de partir y despedida de ambos
Entonces el egregio emperador instruyó con inmensa benevolencia a su general, dirigiéndole estas palabras: «Nuestro estado recompensa con premios dignos del esfuerzo demostrado 21 , mientras sea yo el emperador, y ayuda [135] a todos sin excepción y hace subir de puesto a cualquier hombre que siente acudir presuroso en defensa de sus tierras y sus pueblos. Ahora escucha mis palabras y conoce los asuntos de buen grado, reteniéndolos en tu mente. Llegó a nuestros oídos bajo cuántos peligros yace África, digna de compasión. La misericordia [140] empuja a socorrerla, en su agotamiento. Decidimos, y así pareció a nuestro ánimo, que tú, valerosísimo, podías velar por Libia. Pon en marcha tus enseñas y sube veloz a las altas naves; alivia a los desgraciados africanos con tu acostumbrada valentía y abate con tus armas los ejércitos rebeldes de [145] los laguantan y doblega el cuello colocado bajo nuestros pies 22 , oprimido por tu valor. Conserva las antiguas leyes de los padres, levanta a quienes están agobiados, derriba a los rebeldes. Éste es el afán de nuestra clemencia: perdonar a los que se someten; ésta la honra de nuestro valor: dominar a los pueblos [150] soberbios. Estos preceptos míos, consérvalos en tu mente, fidelísimo general. Que el resto esté en manos de Cristo, Señor y Dios nuestro, que todo restablece mejorándolo y que te guíe en todo con su favor. Que nosotros veamos tu honor aumentado justamente por tus méritos con mejores títulos».
[155] Cae ante sus pies y cubre de besos afectuosos las divinas plantas, regándolas con lágrimas. Paternal, el mismo emperador se entristeció al ver partir al general y el afecto conmovió el ánimo imperial.
Últimos preparativos de los marineros y partida de la flota
[160] A continuación, dirigiéndose a la flota, el noble general exhorta a los marineros que dan gritos de alegría. Traen las naves de la playa; el primer tramo de mar es barrido por los remos que golpean una y otra vez las aguas; levan anclas rápidamente; se apresuran en medio de grandes gritos; aflojan las pesadas [165] amarras con terrible rechinamiento y despliegan las velas. Y el aire mueve las naves, impulsándolas con soplo suave. Los barcos cubren el profundo mar y la superficie se oculta, ceñida por cientos de naves. Se intensifican los soplos favorables del coro 23 propicio que empujan las naves: veloces, rasgan las aguas [170] con sus broncíneas proas, surcan la superficie los espolones, el agua espumosa murmura bajo las largas quillas.
Paso por Troya y recuerdo de los héroes homéricos
La flota atraviesa el estrecho de Tracia por una costa estrecha, allí por donde el mar separa Sesto de las llanuras de Abidos; vuela segura empujada por los vientos sobre las aguas del Sigeo y recorre la costa de la antigua y deplorable Troya. Entonces [175] recitan los famosos versos del poeta de Esmirna 24 y reconocen desde la alta nave los lugares de sus antepasados: aquí el palacio de Príamo, allí la casa de Eneas, que está retirada y rodeada de árboles. Aquí el cruel Aquiles arrastró el cadáver de [180] Héctor en su carro veloz. En esta playa al gran Demóleo abatió, vencedor, nuestro antepasado Eneas con el que resplandecen las altas murallas de Roma y el excelso nombre del imperio y mantiene al ancho universo bajo el dominio del emperador. Y cantan todas las batallas de la guerra de Argos: cómo cayó Patroclo [185] atravesado por la lanza de Héctor y el negro Memnón fue vencido por el golpe del Pelida 25 y cómo lloró la Aurora la digna muerte de su poderoso hijo; cómo se desplomó la virgen guerrera Pentesilea 26 en medio de sus tropas y en qué noche pereció Reso 27 ; cómo el joven Troilo se enfrentó con el fuerte [190] Aquiles; conforme a qué ley cayó el vencedor herido por la flecha de Apolo y con qué herida murió atravesado el raptor Paris. Y evocan después el último incendio de la exhausta Troya y la huida de Eneas: cómo entonces, tras perder a su esposa, se llevó [195] con él en su barco, surcando veloz tantos mares azules, a su hijo, llamado con el ilustre nombre de Julo, y a su padre.
El hijo de Juan, se identifica con Julo, hijo de Eneas
Escucha el noble Pedro 28 a los que narran las batallas. Al oír el ilustre [200] nombre del niño Julo, su pecho infantil arde en un nuevo deseo de leer con la intención de conocer las guerras. Un profundo respeto le conmueve: se considera Ascanio, cree que su madre es Creúsa 29 . Ésta era hija de rey: también su madre es hija de rey; entonces Eneas era el padre: y ahora es su padre el [205] mismo Juan. Esto medita lleno de gozo, la alegría inunda su corazón; esto decía él mismo a su padre, esto decía a sus esclavos, esto a todos por el mar cubierto de velas, Pedro, única satisfacción de su ilustre progenitor, la otra esperanza para el Imperio romano.
La falta de viento obliga a la flota a atracar en la costa de Sicilia
Se desliza la flota segura por el mar Egeo así como por las aguas del Adriático y gracias a los vientos favorables [210] surca más rápida alta mar. Apenas toca las costas sicilianas, el aire abandona las naves, el viento permanece callado y todo el mar se extiende con aguas inmóviles; ni la más leve ola golpea la orilla. Se calló entonces la biforme Escila 30 , se callaron los ladridos de [215] los perros, el agua no obligó a las rocas a devolver, con un estremecimiento, los aullidos de los lobos. Aunque se unan aquí los extremos de una y otra tierra y ambas costas se agiten en un angosto estrecho, Caribdis, que nunca se aplaca, retuvo, inmóviles, sus olas y no sorbió las claras aguas para volver a escupirlas. [220] Caen las velas aflojadas y sin viento alguno que las hinche, se ataron a sus palos. Entonces, ordenando soltar los cables a sus aliados, les dice el general: «Entrad en el puerto tranquilo». Ante tales órdenes, rápidamente acuden volando los [225] marineros sobre todos los aparejos: éste corre a soltar las velas, aquél recoge los pliegues; otro exhorta con agradables cantos a sus compañeros, alentándolos con su aguda voz. Los hombres se dan ánimos con sus gritos: la voz misma ayuda al esfuerzo, dando fuerzas y alegría a los marineros.
Se levanta el viento y la flota se pone en marcha de nuevo
Junto a las llanuras del siciliano Paquino se extiende Caucana 31 , de curvada [230] costa, cuyo puerto hirió el ancla de la flota romana con corvo mordisco. Y ya el Héspero 32 encrespa las aguas del mar llenas de estrellas, llevando a la tierra la noche negra de sombras. Dormía entonces en su barco el noble general Juan, libre de preocupación, cuando el mismo timonel de su nave, vigilante, [235] siente levantarse un suave viento. Corren aquí y allí los jóvenes veloces por todas las naves preparando los aparejos y desatan los cables que los unían a la costa, sin esperar las órdenes del general. Los marineros alzan todas las velas, desplegándolas [240] al viento.
Juan tiene dos apariciones
