Kenya - Campbell - E-Book

Kenya E-Book

Campbell

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Beschreibung

Esta novela cuenta, de un modo muy particular, el viaje de dos hermanos a Kenya, al este de África, en un safari. El narrador se detiene paso a paso en reflexiones a partir de las experiencias que va viviendo, y a medida que pasan los días y atraviesan distintos parques nacionales, pone luz sobre cuestiones culturales, de la naturaleza, de su historia familiar y de la relación con su hermana. Dios ayude a quien lea estas páginas. Aquel que las penetre sólo podrá hablar consigo mismo.

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Seitenzahl: 87

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Corrección: Tinta Libre no se responsabiliza por la corrección textual de la obra, ni por los errores ortotipográficos y gramaticales que pudieran leerse. El presente libro se publica fiel al manuscrito original entregado por el autor, bajo el pedido explícito del mismo de respetar la obra textualmente como fue escrita.El autor se responsabiliza por la corrección del texto de manera independiente y ajena a la editorial.

Serigós, B.

Kenya / B. Serigós. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2020.

91 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-987-708-727-7

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Experiencias Personales. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución

por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad

de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2020. Serigós, B.

© 2020. Tinta Libre Ediciones

Kenya

Prólogo

Kenya fue hostil; él, más. Mi adorado hermanito. Uno nunca sabe dónde estar parado con él; en general uno está mal parado. ¿O será él, que se va cayendo?

Allá fuimos nosotros dos. Es todo tan grande y tan tremendo en África. El señorito dejó de hablarme al segundo día del safari, ni idea de la razón. No lo supe antes, ni lo sé ahora. A la altura más o menos del capítulo 9. Creo que es que yo le caía mal en ese momento, como tanta otra gente (que no había, claro). Lloré muchísimo y estaba muy desconcertada. Pensé en volverme, furiosa ante tal violencia. Teníamos por delante 10 días. Todavía me pregunto qué hubiera pasado si lo hacía. Ni me importaban África, ni los elefantes, ni los lions. Pero qué se yo… a África vas una vez (iría más, juro; y digo más: volvería con él). Tengo que estar agradecida… Y claramente tenía la certeza de que todo se iba a resolver en breve, cosa que no sucedió. Bellísimo, rarísimo y cruel todo.

Las lágrimas se me secaban con la tierra y gasté mil carilinas en la van, entre las jirafas, las cebras, andando mil horas por día. George, nuestro guía, que me decía mirándome por el espejo retrovisor que don’t cry porque it’s holidays.

Él miraba por la ventana. Nada. Está mal de la cabeza este pibe. Se le ocurre el viaje, soñado. Y ahora esto. Obvio que le pregunté mil veces. Te está castigando por algo. Te ignora porque te está odiando.Lo mismo hizo mil veces con mamá (suya y mía; no me voy a extender sobre esto; él ya lo explica). No me deja aplicar la psicología con él, él (no es que me sorprenda esto, es de siempre, como que cree que está por fuera).

Me forzó a hacer ese viaje sola, sin hablarlo. Como en una película muda. Fue claro, cuando leí esta novela, que estaba lo más pancho que puede estar -poquito-, viviendo todo lo que escribió, con esa poesía suya tan particular, en su mundo desmarcado. Y asomándose a verme cada tanto y pensando cosas de mí, de él, de la familia -qué familia! Es un poco impresionante notar que mi viaje y este prólogo no pueden despegarse de la parte de estar pasándola mal en la relación con él. Él siempre pudo prestar atención a las cosas de la realidad a la vez que a las otras.

Pasa que el enano te obliga a hacer punto y aparte, o nada. Me hace reír y me sorprende tanto y me genera tanta admiración y ternura. Todavía lo veo con su enterito bordó, tan chiquito, con esa mirada dulce, como todavía. Brilla muchísimo él, desde siempre.

Es cierto que hay que esforzarse para seguirlo, es agotador, complicado, cruel, pero te premia en algunas esquinas y querés seguir. He leído otras novelas suyas. No sé si yo aprendí a leerlo o si ésta es la mejor. La leés despacio, palabra por palabra y es infinita, interesante y bellísima. Varias partes no entendí porque están en otros idiomas. Es así la cosa.

Y desde que volvimos me dice que le debo un viaje, a la India quizás… Jodeme.

Rosi

I

Hablo tres lenguas, leo cinco a diario; esto ya complica las cosas —lo sé— pero quiero contarlas ahora, quiero liarlas ahora para que en el mejor de los casos se resuelvan de mí en un lío y me las saque, así, de encima.

Porque mi hermanita —así ella me llama respectivamente— se había vuelto algo, un algo, das anstand; no tenía que ocuparme de ella, cual ella podría formular sobre mi madre, a quien cuidaba, a quien le había tocado cuidar en los últimos años de su vida: una tal desgraciada, implosionada deterring herself from the hell she had unfold during her life and that even by now she couldn’t stand longer. Ella se ocupaba de mi madre, yo me ocupaba de ella, pero distinto, mi madre no era su madre, era una madre distinta para ella, y yo que entonces no era su hermano, me ocupaba distinto de ella, y además distinto del modo en que ella se ocupaba de mi madre; una diáspora de verbos y carnes, de sentidos y cercanías que no dejaba entretejer una trama que pudiera sujetarnos a los tres; y la idea de la madre trabajaba las deshilachurías del accidente sublunar sobre los tres, que ya sonábamos a millones más las sombras de papá muerto, el hilo que en tanto mero Garn quizás al menos habría merecido el destino de serlo de esa trama; millones más las sombras de millones, papá generando sombras con su propia vida antes de conocer a mamá, y trayendo desde el túnel a mi hermana, hija de su pasado de papá, y no de otra madre; la única madre en la escena era la mía, la que también había fungido la de mi hermana, hija de la segunda mujer de él aunque sólo concebida en el momento dirimente cual partícula de la tormenta del pasado de aquel, tormento al que ya con tormenta o con tiempo de descampe había que celarle su disolución; en esa tarea de borrar el pasado, rabiosa industria, había también vivido mi madre y lo seguía haciendo en su último tiempo precisamente en manos de un auténtico testigo del no tiempo, del tiempo pasado, der Unzeit, mi hermanita.

De esa confusión productiva nació Kenya, otra enorme confusión ctónica, un atributo que muestra más claro quizás –porque todo fue más claro ciertamente en Kenya, porque más cercano— esa fuerza virulenta, ese virus ctónico, esa tierra revolcada, ese plough trabajando el giro para hallar ordo y de ahí obtener por el propio cuidado, cuita, una cultura. Pero in medias res es el estado precisamente de la natura, el de la confusión, el de los factores que operan sin dejarse factorizar, sin serlo para otros, según diría el poeta; son factores del lado de la natura, pero cuando desde otro lado pretendemos factorizarlos se escapan y adentran en la máscara de caos que, siempre desde nuestro lado, es la natura; la amenaza de lo que está por ser y no dejará que lo den vuelta, que lo aplanen y le quiten su virus, que es él mismo; in medias res solo veíamos cómo tras decenios dos medio hermanos de cincuenta años aún se ahogaban según el ritmo de las olas en el griterío de la sangre contra las rocas del dañado, horadado concepto de familia; cómo, si bien ya habíamos decidido tirar a un costado el plough, no nos habíamos podido ir de la escena y quedábamos mirando la tierra dura, cascotes de tontería, agrisada por la sequedad y la radioactividad de divanes de horas de ciencia de psyche y horizontes de esperanza pagada mes a mes, sesión a sesión como se paga un billete de lotería, fortuna tentada, y así corrompida; ya no intentábamos nada, la incapacidad auctoral!, y cada tanto debía emerger alguna razón, o persona, que interpretara el cuadro de las manos colgando, los hombros culpables, y la tierra destrozada, entrozada, tonta, seca, riéndose sin ya el espíritu del plough yaciendo, cual piedra, en el último rincón del bastidor. De esa confusión un cuadro nació entonces la subsecuente, Kenya.

Y el lugar común, esta vez puesto zum Dienst der Wharheit, que rezaba, la invito para que se despabile un poco de la dolorosa soñolencia de tener que cuidar a mamá todo el santo día, elijo el safari más largo, doce días, para que se despeje, ese modo tan feo de pensar y mentir dio a luz que en verdad sólo estaba repujando en el dolor del cual presuntamente quería salvarla un período no más, como si Ifigenia de Táuride sólo trabajara los martes, pongamos; con el rehén teórico según el cual la distancia le hará bien, un shock, mirar los animales en Kenya, ir a Marte, es una cachetada psicológica que sólo puede devolverla aliviada y con nuevas fuerzas, un galeote, en definitiva; sólo que al final esa nueva confusión y repuje en el dolor que traería —trajo!— Kenya, sumida bajo el hule de las agencias de viaje o las enciclopedias según su entrada: ya una provincia inglesa, ya la cuna de la humanidad, aportó precisamente el bien pero por el otro lado, según la geografía de Dante; porque todo iba a quedar tan claro, tan mostrosamente claro, la confusión iba a abrirse tan hondo que inesperadamente desaparecería; inmiscuirse, adentrarse en el dolor y las olas carcomiendo desde lo profundo las construcciones europeas de las costas, cada vez más cerca de mamá y la no mamá, del tiempo pasado visitando un presente no merecido, ¡tanto pero tanto que ya no tanto sino cuál! Todo camino empieza por el lugar común para perderse hacia dentro, privatización del sentido, idiotismo operante, idios topos, factor independizado de su obrar, rizomático, unvernetzt. No hubo distancia respecto del núcleo del dolor, sino cercanía nunca hollada, no hubo shock sino einshlaefendes Verschwimmen, fades Fadingaway, no hubo animales sino sentidos, sentimientos cual bestias por dentro. Siempre el mismo gesto, y la misma resolución, die List der Natur: hacemos un algo A para conseguir un algo B, y resulta que ese A sólo conducía a B porque precisamente no era A, sino B; hacíamos B pensando hacer A, y nos sorprendíamos con B en las manos pensado que era producto de A.

Recuerdo que por entonces fue además otro elemento de la superficie, un recuerdo como si éste no fuera por definición ajeno al plano, a la visión: de chicos mirábamos juntos los documentales de animales; otro día despierta a los pies del Kilimanyaro...