Koke - Juan E. Rodríguez Garrido - E-Book

Beschreibung

La escalada de un niño de Vallecas, segundo hijo del matrimonio de Ana y Eugenio, hasta lo más alto del fútbol

Pocas cosas explican mejor quiénes somos que el sentido de pertenencia a algo. Este sentido de pertenencia nos define ante el mundo y ante nosotros mismos. Los atléticos no tenemos dudas: somos, ante todo, del Atlético de Madrid. Koke lo tiene igual de claro: es uno de los nuestros. Siempre supo cuál era su equipo y dónde quería triunfar. Este libro nos cuenta ese camino.

A través de diversas entrevistas con todos los que le han acompañado en ese camino: sus padres, sus entrenadores de la cantera, su hermano, Amorrortu, su novia, Abel, Quique Sánchez Flores, Manzano… Todos ellos aparecen para aportar su visión personal de un excelente futbolista que está donde siempre quiso estar: ganando títulos con el equipo de su vida. Triunfando en el Atlético de Madrid.

Una biografía completa, acompañada de testimonios, que describe en detalles la ascensión espectacular de Koke

SOBRE EL AUTOR

Madrileño del 82. Profesor en la Facultad de Educación de la UCM. Ha publicado cuatro libros: Koke. Uno de los nuestros (Al Poste, 2015); Arda Turan, el genio de Bayrampasa (Al Poste, 2014); Leyendas de la Premier. Veinte años de la liga que ha enamorado al mundo a través de sus mejores futbolistas, escrito junto a Alberto Fernández (Seronda, 2013); y Trato y maltrato de la historia de España en los libros de texto (EAE, 2012). Es un habitual de las webs deportivas, donde muestra una visión diferente del fútbol porque, como él mismo dice, “al margen del resultado, el fútbol es una excusa para recuperar la infancia y ser feliz”.

EXTRACTO

Ser un atlético genuino es lo que tiene, que no hay alternativa que valga. Que basta con ejercer para vivir en la perenne complacencia que otorga la plenitud. Esa seguridad de decisión es la que caracteriza a Jorge Resurrección Merodio (Koke para todos). Y sigue como rojiblanco, cuando el dinero, que todo lo mancha, revolotea alrededor para cobrarse otra víctima. Eso es lo que le está convirtiendo en héroe antes de tiempo. Porque el presente es suyo y su fútbol desde la medular, de todo el mundo. Es una ONG con botas, un solidario con medias, un cuentakilómetros humano, un tipo sensato en el campo de su juego, un personaje Mahou porque a la cerveza le llama por su nombre: birra. Koke es lo que ves, no lo que dicen que es.

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Seitenzahl: 258

Veröffentlichungsjahr: 2015

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juan e. rodríguez garrido

Madrileño del 82. Licenciado en Historia y doctor en Ciencias Sociales. Profesor desde 2008 en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid e investigador del Centro de Investigação Transdisciplinar “Cultura, Espaço e Memória” vinculado a la Universidade do Porto. Ha publicado tres libros:Arda Turan, el genio de Bayrampasa(Al Poste, 2014),Leyendas de la Premier. Veinte años de la liga que ha enamorado al mundo a través de sus mejores futbolistas, escrito junto a Alberto Fernández (Seronda, 2013), yTrato y maltratode la historia de España en los libros de texto(EAE, 2012). Colabora ha­­bitualmente con webs como www.kaisermagazine.com o www.ctxt.es en donde muestra una visión diferente del fútbol y sus historias porque, como él mismo dice, “al margen del resultado, el fútbol es una excusa para recuperar la infancia y ser feliz”. Le puedes seguir en Twitter en @JuanesPREMIER

Koke. Uno de los nuestros

© Juan E. Rodríguez Garrido, 2015

© Diseño de cubierta: Adrián López Viamonte

© Fotografías: Cordon Press y agencias y archivo personal familia Resurrección

© Al Poste, 2015

Fuencarral, 70

28004 Madrid (España)

Tel.: 91 532 05 04

www.alposte.es

Twitter: @al_poste

Primera edición: febrero de 2015

IBIC: WSJA

ISBN: 978-84-15726-42-5

e-ISBN: 978-84-15726-55-5

Depósito legal: M-2.688-2015

Impreso en España -Printed in Spain

Reservados todos los derechos. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización escrita de los titulares delcopyright. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento

de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 - 93 272 04 47).

A los atléticos, con los que me une uno

de los hilos más fuertes que existen: la certeza

Prólogo

Borja Resurrección

Recuerdo que cuando mi hermano tenía unos catorce o quince años siempre nos decía “sé que pondré en pie al Calderón”. Yo pensaba “ojalá lo consiga pero es tan complicado llegar”. Yo mismo no pude por una inoportuna lesión en el peor momento. Sin embargo, Koke sí llegó y, de esa manera, no cumplió solo su sueño, sino el de los dos. También el de mis padres, que tantos esfuerzos nos dedicaron a ambos para que, durante toda nuestra infancia, pudiéramos cumplir nuestro deseo de entrenar y jugar al fútbol. Pero todo ha merecido la pena.

Este libro de Juanes cuenta ese camino, esos esfuerzos, todos esos momentos. Es el libro de un atlético para otro atlético y para todos nosotros será una gran alegría verlo publicado. En sus páginas se recogen testimonios de varias de las personas más importantes en la vida de mi hermano. Podemos leer a Armando de la Morena, que tanto confió en él cuando tenía catorce años. A Abraham García, un entrenador fundamental que supo guiarlo en el Atlético B. A Abel Resino, con el que debutó en Primera. A Quique, con quien empezó a consolidarse y a sumar varios minutos en el primer equipo. También a Amorrortu, Goyo Manzano, Keko… y, desde luego, a su novia Beatriz, a mis padres y a mí mismo, su entorno personal más inmediato, la gente que más le queremos y mejor le conocemos. Creo, por lo tanto, que es un libro ideal para quien quiera repasar la vida de mi hermano y su ascenso progresivo hasta el primer equipo y la selección.

Para mí y mi familia supuso una gran alegría cuando Juan nos llamó para contarnos su proyecto. Ver un libro sobre alguien a quien quieres tanto, sobre tu hermano, es una sensación muy especial. Así que quiero aprovechar estas líneas para dar las gracias a Juan por su esfuerzo y por el cariño que sus páginas desprenden hacia Koke.

Seguro que ustedes, los lectores, disfrutarán de él.

PRÓLOGO

Ke Orgulloso Ke Está (KOKE)

Iván Castelló

Ser un atlético genuino es lo que tiene, que no hay alternativa que valga. Que basta con ejercer para vivir en la perenne complacencia que otorga la plenitud. Esa seguridad de decisión es la que caracteriza a Jorge Resurrección Merodio (Koke para todos). Y sigue como rojiblanco, cuando el dinero, que todo lo mancha, revolotea alrededor para cobrarse otra víctima. Eso es lo que le está convirtiendo en héroe antes de tiempo. Porque el presente es suyo y su fútbol desde la medular, de todo el mundo. Es una ONG con botas, un solidario con medias, un cuentakilómetros humano, un tipo sensato en el campo de su juego, un personaje Mahou porque a la cerveza le llama por su nombre: birra. Koke es lo que ves, no lo que dicen que es.

Es por ello que Koke ha subido al atlas de las nubes donde basta con chascar los dedos (plon) para cambiar de escudo (plin). Sin hacer prisioneros bajo la dictadura del utilitarismo imperante. Así que Koke, un chaval de la Colonia de Taxistas (esa que huele a esfuerzo) en Vallecas, se mantiene fiel al Atleti porque los asuntos de su corazón los lleva con la entereza de quien se sabe acertado, en el camino correcto, visionario colchonero.

Está muy seguro Koke de su elección (aunque a la prensa y a otros muchos les gustaría desmentirlo) desde que se enfundó igualmente por fuera la rojiblanca que portaba por dentro. Y es que cuando uno se calza las zapatillas en casa solo puede haber espacio para el descanso del alma, para esa impagable sensación de que está todo bien. Es su caso, su palmario deseo, los pilares de su tierra.

Koke entró en la vida secreta de las personas del fútbol llamando educadamente a la puerta y sin rechistar cuando no contaba tanto para un entrenador mandado a las naranjas de la China pese a llamarse Manzano. Entonces fue rescatado Koke por el más listo de la clase de las pizarras, Diego Pablo Simeone, el gran arquitecto del actual, y de nuevo rezumante de éxito, Atlético de Madrid. Como su historia exige.

El olfato del Cholo para el balompié, tras una vida entre potreros, sudores, lágrimas y ardores, con olor a chimichurri de riquísimo asado pampero, le permitió elegir a KOKE. Y Ke Orgulloso Ke Está Simeone por darle galones de comandante a quien es un regimiento entero en sí mismo. Soldado vivo vale para otra guerra, decían los italianos que huían del frente en la Segunda Guerra Mundial. Soldado vivo es Koke para todas y cada una de las batallas/partidos de cada temporada: 299 + 1 (300) de haber aparecido en el desfiladero de las Termópilas.

En el FIFA 11 (que los videojuegos forman parte de la cultura de este siglo) acumulaba Koke solo 65 puntos de media en la valoración y ahora ya la rompe con 83 (que, en realidad, señores del FIFA 15 ¡es poco puntaje!). Seguirá creciendo como la espuma en los baremos de un juego, el del balompié, hecho a su medida gracias a un portentoso toque a balón parado y la máxima delfar westpor lema para poner la pelota (gracias, colega) donde ponga el ojo.

Así que del “kokismo”, que ha entrado por derecho propio en la actualidad del deporte más rey que nunca, trata esta imprescindible obra de un escritor como Juan Esteban Rodríguez Garrido, quien lleva al Atleti tan a flor de piel como el protagonista.

A lo largo de estas páginas se abrirá el refugio antiblanco nuclear donde poder deleitarse con la vida dentro y fuera de los terrenos de juego del mejor centrocampista en años, de quien ya marca los tiempos y con el que España volverá a ser un imperio de lo futbolís­­tico. Ya sabes: sé Koke.

Introducción

Hay dos maneras de llevar un escudo. Por fuera, luciendo en el pecho el emblema del club que te paga y para el que quieres ganar partidos. Pretendes levantar copas, jugar bien y hacer lo más feliz posible a la afición que te apoya y a la que, al fin y al cabo, entre cánticos y partidos, vas cogiendo simpatía. Ahí está el escudo, sobre ti, a veces lo miras y te preguntas por qué será así y no de otra manera. Pero en seguida piensas en otra cosa. Quizá te has parado a contar que son siete estrellas y ocho rayas, cuatro rojas y cuatro blancas, aunque no sabes muy bien por qué y tampoco te interesa demasiado. Tú quieres entrenar bien, ganar partidos, dinero y fama y ahora te toca hacerlo con ese escudo del oso y elmadroño en la camiseta. Perfecto. Te ha traído hasta aquí su dinero y su prestigio, quizá algún representante o intermediario, o un directivo al que le entraste por el ojo, no tu corazón.

Puede que hasta le tomes cariño. Seguramente en algún momento vistas otros. Otros que para ti estarána niveles parecidos porque también intentarás pelear yganar partidos para ellos, también les tendrás afecto ytambién aparecerán, cuando las voces de los estadios se callen, en tu particular expediente. Perfecto y respetable.

Pero hay otra manera de portarlo: por dentro. No en el pecho, sino en la sangre. No lo defiendes, lo sientes. No quieres hacer feliz a una afición que te paga, sino que tú eres parte de ella. Compartes esos sentimientos. Los entiendes, siempre los entendiste. Te importa, y mucho, que haya ocho rayas y no siete o diez. O que la de arriba sea roja y no blanca. Es más, seguramente sabes porqué vestimos de rojiblanco. Y el once del Doblete. Y quién era Escudero.

No has llegado al Atleti porque pague más, sino porque es tu sueño. Esa manera de lucir el escudo te hace doblemente responsable, doblemente comprometido. Corres y entrenas como el profesional. Sufres y celebras como el aficionado. Porque sabes que eres el gran privilegiado que ha conseguido lo que millones desean: estar ahí abajo defendiendo al Atlético de Madrid. Lucir por fuera lo que sientes muy dentro. Oler de cerca el césped cuya fresca fragancia los demás solo imaginamos. Mirar hacia una grada que siempre fue la tuya. Y sentir una emoción distinta.

Ese es el sueño que cumple Koke. El de Javier, el de Alberto, el de Marta, el de Jesús, el de María y el de Fran; también el que tuvo mi padre, el mío, y el que tendrán mis hijos. El de todos nosotros, a los que nos galoparía la sangre, desbocada, si nos encontráramos cinco minutos en su lugar.

Por eso queremos más al vallecano, como queremos más a Torres, porque la afición sabe ver perfectamente cuando el que está ahí es uno de los suyos. Porque Koke nos representaba a todos cuando puso aquella bandera rojiblanca en el Bernabéu. A todos y a sí mismo. Porque Koke, ante todo, es del Atleti.

Y eso es mucho.

Eso es todo.

Un niño pegado a la pelota

Acababa de estrenarse 1992, un año que habría de ser importante en la historia de España pues Barcelona ofreció los mejores Juegos Olímpicos de la edad moderna, Sevilla acogió la Expo y el país entero celebró el V Centenario del Descubrimiento de América. En el Atlético de Madrid lucíamos con orgullo la condición de campeones de la última Copa del Rey, sin saber aún que el destino nos reservaba la enorme alegría de renovar el título unos meses después ganándoles la final, una vez más, como tantas otras, a nuestros rivales ciudadanos. Schuster y Futre lo harían posible.

Pero aún no había llegado ninguno de estos acontecimientos, pues apenas habíamos cumplido la primera semana del nuevo año cuando, el 8 de enero, llegó al mundo el segundo de los hijos del matrimonio formado por Ana y Eugenio. Su nombre: Jorge, Jorge Resurrección. Curiosamente, Koke vio la luz, tal y como tres años y medio antes había hecho su hermano Borja, muy cerca del Santiago Bernabéu, en la Clínica Virgen del Mar, situada al lado de la calle Alberto Alcocer. Sería lo más cerca del Bernabéu que llegó a estar Koke en su vida pues el pequeño Jorge, como su hermano Borja, como sus padres y abuelos, siempre fue aficionado del Atlético de Madrid, el equipo de la familia. “En casa siempre hemos sido muy del Atleti”, me contaba su padre, Eugenio, en una entrevista.

Una familia de gran tradición futbolera pues el propio padre del hoy jugador del Atlético llegó a jugar en las categorías inferiores del Rayo Vallecano y tenía un prometedor futuro que secortó cuando, debido a la obligación de cumplir con el servicio militar (no están tan lejos los tiempos en que era obligatorio), tuvo que dejar los entrenamientos con el equipo. A pesar de ello, Eugenio siempre siguió practicando al fútbol e inyectó en sus hijos el amor por este deporte. Ambos iban desde muy pequeños a disputar partidos de fútbol sala (“Nosotros hemos crecido viéndole jugar al fútbol sala en la Ermita del Santo. Allí empezamos a coger afición”, me comentaba Borja, hermano de Koke), pero, como nos ha pasado a todos, pronto dejaban de fijarse en el padre, para ser ellos mismos los que tomaban un balón con el fin de imitar lo que veían en los mayores. Así empiezan casi siempre las grandes historias, con comienzos sencillos y cotidianos, con humildad. Con un balón que te llega por las rodillas pero al que quieres domar a toda costa.

“Koke amaba el fútbol, desde niño le obsesionaba”, me comentaba Ana, su madre, mientras tomamos un agradable aperitivo durante una vallecana mañana de julio. El propio Koke lo confirmaba en una entrevista para un reportaje de Adidas: “Yo de pequeñito siempre estaba jugando, por la mañana, por la tarde… Hasta después de cenar bajaba otro rato con los amigos”. Su madre recuerda muy bien que “muchas veces hasta dormía con un balón, especialmente cuando era nuevo. Incluso, tiene una pequeña tradición personal que te puede dar una idea de lo que es el fútbol y el balón para él: todas las Nocheviejas, a la hora de las uvas, tiene que entrar en el nuevo año con un balón en los pies. Así lo ha hecho desde siempre. Realmente él no toma las uvas, a veces toma aceitunas y otras veces nada, según. Pero el balón tiene que estar ahí para inaugurar el año”. Sin duda, un niño predestinado.

Como también lo estaba su hermano Borja, gran jugador de las categorías inferiores del Atleti que suponía una referencia permanente para Koke, a quien saca tres años y medio. “Mi hermano fue una inspiración. A mí me ha ayudado a estar donde estoy ahora mismo”, contesta nuestro protagonista siempre que le preguntan por la figura de su hermano. Borja es una persona fundamental en la vida de Koke, en lo personal y también en lo profesional. Dos hermanos unidos que siempre han ido de la mano. El ejemplo del mayor sirvió de motivación al pequeño: “Ha tenido mucha importancia porque hemos crecido juntos y me ha dado muchos consejos. Él era un jugador que prometía mucho fue internacional sub-16 y sub-17 con España pero una lesión le impidió llegar a la élite, y acabó dejando el fútbol. Aquello me marcó mucho a mí también, y me ha hecho trabajar mucho más desde entonces. Sé que no puedo bajar la guardia ni un momento”, contaba el jugador en una entrevista para futuroscracks.com.

Un Koke que merodeaba siempre por los míticos campos de Cotorruelo, semillero de jugadores para el Atlético de Madrid, situado en la Vía Lusitana (barrio de Abrantes, aroma carabanchelero), cuando iba con sus padres a ver cómo su único hermano daba sus primeros pasos en el fútbol. Así lo recuerda el jugador: “Borja estuvo jugando en el Atlético de Madrid hasta los juveniles y, cuando él iba a entrenar, yo iba con mis padres y me ponían ahí a jugar”. Sin Borja, por lo tanto, no se entiende la trayectoria, ni deportiva ni vital, de Koke. Era indispensable hablar con él.

El hermano, el amigo, el referente

Borja Resurrección era bueno, muy bueno. Una de las mayores promesas del Atlético de Madrid en su momento. Poseedor de una zurda finísima y de una inmejorable lectura del juego, asombraba a los técnicos de las categorías inferiores (doy fe, me lo han dicho todos los que le vieron). Tan bueno era que llegó a ser internacional con España sub-15 y sub-16. Centrocampista como él, Borja era la referencia permanente de su hermano, que empezó a mamar el fútbol cuando acompañaba a sus padres a ver cómo se entrenaba. Pero una lesión, una maldita lesión en el quinto metatarsiano, le provocó para siempre una herida en el alma y otras circunstancias echaron vinagre en ella. Hoy es feliz viendo cómo su hermano cumple el sueño de ambos. Contento y orgulloso atiende mi llamada y me recibe como a un amigo de toda la vida. Borja, se le ve en la cara, es un buen tipo.

Juan: Los dos hermanos habéis sido grandes futbolistas, ¿cómo empezó vuestra afición por el fútbol?

Borja: Mi padre tenía mucha afición. Llegó a jugar en la cantera del Rayo pero lo tuvo que dejar porque le llegó la citación para hacer la mili. Cuando volvió, la plantilla de ese año ya estaba cerrada y no pudo reincorporarse pero siempre siguió jugando. Nosotros hemos crecido viéndole jugar al fútbol sala en la Ermita del Santo. Allí empezó a crecer nuestra afición.

J.: Cuando jugabais juntos de pequeños, ¿os picabais mucho?

B.: No, no te creas. Apenas. Nos hemos picado mucho más luego, jugando a la Play (risas).

J.: ¿Erais jugadores muy distintos? ¿Quién era más competitivo?

B.: Sí que éramos distintos. Yo soy fuerte de mentalidad pero él lo es más aún. Él maneja mejor los tiempos de los partidos. Quizá en esa época yo tenía más toque. Koke es mucho más competitivo, no aguanta perder. Si iba perdiendo, incluso jugando en el parque, se dejaba todo para remontar y ganar. Además yo creo que ver algunas cosas que me pasaron a mí le hizo hacerse más fuerte mentalmente.

J.: ¿Pensabais que alguno de los dos hermanos podría llegar a jugar de forma profesional?

B.: Bueno, verás Juan, nosotros no sabemos vivir sin fútbol. En esa época no jugábamos para dedicarnos a eso, sino por diversión. De pequeños no pensábamos que pudiésemos llegar. Yo empecé a pensarlo cuando llegué a cadetes y veía que iba también con la selección. Luego vino la lesión y se acabó todo eso. Es cierto que él a los 14 años nos dijo una vez que, en el futuro, iba a poner en pie el Vicente Calderón.

J.: ¿En qué momento de la carrera de Koke pensasteis que podría definitivamente llegar a ser jugador profesional? ¿Qué instante recuerdas como el más difícil en ese proceso de formación?

B.: Koke tuvo un momento muy difícil en su segundo año de alevín (12 años) cuando, debido a su crecimiento, sufrió una rotura fibrilar en la pierna derecha que le tuvo un mes y medio de baja. Entonces, apenas tres semanas después de volver, se repitió la rotura pero en la otra pierna así que al final, entre unas cosas y otras, estuvo fuera media temporada. Cuando volvió no estaba tan claro que fuese a seguir en el club. Le dijeron que hiciese la pretemporada y que habría que ver qué opinaba su nuevo entrenador para confirmar si se quedaba o no. Así que llegó la pretemporada y el nuevo entrenador, Nova, tras verle en el primer entrenamiento, le dijo: “tú no te preocupes que de aquí no te vas”. A partir de ahí todo fue sobre ruedas hasta su último año de cadete, cuando Amorrortu apostó ya muy fuerte por él. Ahí empezamos a pensar que podría ser profesional porque sabíamos que tenía cualidades muy importantes.

J.: ¿Crees que el fútbol de Koke tiene mucho que ver con Vallecas, vuestro barrio?

B.: Sí, desde luego. Koke es un tío que nunca se conforma con lo que tiene, que es tremendamente luchador. Cuando se propone algo, no para hasta que lo consigue. Vallecas es un barrio obrero en el que la gente lucha mucho en el día a día para salir adelante. Creo que todo eso está en su fútbol. Koke entra al campo con humildad y desarrolla un fútbol de trabajo constante, obrero, luchador. Aparte de eso, por supuesto, tiene una inmensa calidad.

J.: ¿Qué referentes infantiles teníais tu hermano y tú? ¿Quiénes eran vuestros ídolos?

B.: El mío siempre fue Simeone, te prometo que no es oportunismo (Borja tiene tatuado el “14”, número habitual del Cholo mientras fue futbolista, en números romanos sobre su brazo izquierdo). Me gustaban muchos jugadores de la época del Doblete. Kiko, Pantic, Penev… pero mi referencia era el Cholo. En cuanto a Koke, su primer ídolo fue el brasileño Juninho, aquel mediapunta brasileño pequeñito que vino en la temporada 1997/1998. Le llamaba la atención porque era un futbolista muy distinto.

J.: ¿Cómo recuerda Koke su llegada al primer equipo del Atleti? ¿Cuál de sus nuevos compañeros le impresionó más al principio? ¿De quién hablaba al llegar a casa?

B.: Él es tan tranquilo que muchas veces entrenaba con el primer equipo y ni nos lo decía. Te tenías que enterar por los informativos. Tengo una anécdota buenísima con él: un día, hace años, cuando Koke estaba empezando a entrenar con el primer equipo, estábamos hablando antes de dormir (dormíamos en la misma habitación) y le digo “Oye, Koke, ¿quién te está sorprendiendo más?” y me dijo: “Raúl García y Diego Costa”. Yo me quedé alucinado porque, en ese momento no eran, ni mucho menos de los jugadores más importantes de la plantilla (en esa época estaban Forlán, el Kun, Simao…) y se lo dije, entonces me contestó: “Mira, Borja, a Diego no hay quien le pare y Raúl le pega bien con la izquierda, con la derecha, va fenomenal de cabeza, es dificilísimo quitársela…”. Bien, pues ahí quedó la conversación. Una semana después, mi padre fue a verles entrenar y, al volver, sin saber nada de esa conversación, me dijo lo mismo de Raúl García que me había comentado mi hermano aquella noche. Curioso ¿verdad?

J.: ¿Cuál crees que ha sido el entrenador más importante en la carrera de Koke, el que más ha aportado a su juego?

B.: Ha habido muchos. Nova fue muy importante porque confió mucho en él en un momento complicado. También Armando de la Morena, para el que Koke era su mano derecha. Abel también fue, evidentemente, muy importante, ya que debutó con él. Y Quique, quien le dio mucha confianza, algo que en su caso tiene especial mérito pues se la dio en unos tiempos muy difíciles para el míster. Pero creo que, sin duda, el más importante ha sido el Cholo. Simeone ha influido muchísimo en que esté donde está.

J.: Desde que Koke debutó en el primer equipo, ¿dirías que hubo algún momento, especialmente complicado, en el que pensase en dejar el Atlético?

B.: Sus momentos más complicados se dieron con Gre­­gorio Manzano. Yo en ese momento iba mucho a los entrenamientos y, sinceramente, no le veía por debajo de nadie. Pero Goyo no contaba con él, ya que tenía un mediocampo muy asentado con Mario, Gabi, Diego y Arda jugando en rombo. Entonces aparecen el Málaga (que tenía a Fernando Hierro de director deportivo, quien siempre ha tenido en gran estima a Koke porque lo conocía de las selecciones inferiores) y el Mallorca (que tenía entonces a Lorenzo Serra Ferrer de director deportivo y a Laudrup de entrenador). Nosotros lo teníamos casi hecho con el Mallorca pero mi hermano entonces dijo “Yo lo que quiero es triunfar aquí y, si este entrenador sale, yo me voy a quedar venga quien venga”. Y así pasó.

J.: ¿Cómo vivió Koke la llegada de Simeone y la salida de Manzano?

B.: Bueno, no es que se alegrase de la salida de Manzano, desde luego, porque además, si eso se dio es porque el equipo no iba como tenía que ir. Pero la llegada de Simeone le hizo una gran ilusión. No solo como integrante de la plantilla, sino también como atlético. Además, fue el míster el que se acercó a hablar con él y le dijo: “Koke, yo no te puedo asegurar la titularidad pero creo que, si te quedas, vas a ser una pieza muy importante en el primer equipo”. Y ahí tuvo claro que se quedaría.

J.: ¿Cuál dirías que ha sido el mejor y el peor momento de Koke como jugador?

B.: El peor, sin duda, la derrota en la final de Lisboa. En casa estábamos tristísimos, desolados. Y fue peor aún por el rival y, sobre todo, por la forma en que se perdió, cuando quedaba tan poco tiempo. Felices, desde luego, hay muchos: la Liga de este año ha sido maravillosa, el gol al Barcelona que nos metió en semis de la Champions, la Copa del Rey en el Bernabéu, por supuesto, la final de Bucarest, que fue el primer título de mi hermano… Pero si hay que quedarse con un instante, con un momento especialmente icónico, me quedaría con aquel en que pone la bandera del Atleti en el centro del Bernabéu, tras ganarles la Copa. Por cierto, que esa es una historia bonita ya que esa bandera la tuvimos mi hermano y yo en la habitación durante años y era lo primero que veíamos al despertarnos; cuando iba a jugar la final de Bucarest, concretamente la noche de antes, me escribió un mensaje que decía “tráete la bandera para cuando ganemos”, yo le contesté “¿tan seguro estás?” y me dijo que sí, así que llevé la bandera y una bufanda que había comprado nuestro amigo Jesús, a quien le hacía mucha ilusión que Koke la sacara. Cuando acabó el partido, se acercó a la grada en plena celebración y le tiré la bandera y la bufanda. Fue un momento muy bonito y Koke se quedó la bandera definitivamente. Un año después, antes de la final del Bernabéu, me dijo “si ganamos voy a hacer algo” pero ninguno sabíamos a qué se refería. Fue increíble ver aquella bandera de nuestra habitación en el centro del Bernabéu.

J.: ¿Cómo vivisteis en casa la primera convocatoria de Koke con la selección?

B.: Pues como un momento maravilloso, espectacular. ¿Sabes qué? Yo tenía la corazonada de que le iban a convocar. Recuerdo que estaba en la playa y fue un amigo el que me lo dijo, se acababa de enterar por un mensaje de su móvil. Entonces llamé corriendo a mis padres y nos dimos la enhorabuena mutuamente. Llamé a Koke varias veces pero no logré hablar con él hasta por la noche, te puedes imaginar cómo estaba su teléfono.

J.: ¿A qué jugador te recuerda Koke?

B.: Tiene cosas de varios. Yo le veo detalles de Xavi, también de Xabi Alonso en la manera de leer los partidos. Pienso que también tiene varias similitudes con Steven Gerrard en el despliegue, la llegada, el pase…

J.: ¿Piensas que Koke vive más intensamente los resultados del Atlético al ser su equipo desde pequeño o ya lo vive solo más fríamente, estrictamente como un profesional?

B.: Totalmente. Lo siente mucho. Muchísimo más incluso de lo que la gente piensa. Lo siente el doble, como aficionado de toda la vida y como integrante de la plantilla.

J.: ¿En qué crees que ha evolucionado más el juego de Koke durante estos años?

B.: Creo que ha crecido mucho físicamente. También mide cada vez mejor los momentos de los partidos, cuando hay que ir, cuando hay que quedarse… Mentalmente también ha crecido mucho, ha ido ganando en autoconfianza. Y por último, aunque la técnica la ha tenido siempre, creo que también ha mejorado su golpeo a balón parado.

J.: Muchas gracias por tu tiempo, Borja.

B.: No hay de qué, Juan.

Dos hermanos y un mismo destino: jugar en el Atlético de Madrid. Me los imagino tocando una pelota entre ellos en cualquier calle de la Colonia de Taxistas. Zurda (Borja), diestra (Koke), zurda, diestra, zurda, diestra… tac, tac, tac… Y unos padres embelesados viendo cómo el hilo invisible de un pase bien trazado unía a sus dos hijos. Tac, tac, tac… En el fondo, no ha llegado solo uno, han llegado los dos. Porque con Koke, ha llegado también Borja, que contribuyó a forjar lo que hoy es el número “6” del Atlético de Madrid. Tac, tac, tac…, zurda, diestra, zurda, diestra. Y Vallecas, siempre Vallecas, sus vecinos, sus bares y calles, un paisaje de casas bajas y gentes buenas. La infancia de Koke.

La infancia: Vallecas

Muchas veces he pensado si el origen geográfico o social determina ciertas características del fútbol de un jugador. Si haber nacido en tal o cual país, ciudad o barrio influye, de una manera importante, en el desarrollo de su juego. Ya no tengo dudas: sí. Definitivamente, sí.

No podríamos comprender a Arda sin las calles de Bayrampasa, la estrechez de sus primeros partidos en las calles le facultó definitivamente para salir de cualquier dificultad espacial en la que le pusieran los rivales. Tampoco se entiende a Maradona sin Fiorito, sin esos picaditos con sabor a potrero y coca colas apostadas. La picardía, el control de balón al que te obligaban esos terrenos irregulares, el ansia por marcar un gol más antes de que cayera el sol y se acabara el partido por imposición natural… Me gusta pensar que existen esos componentes. Que un jugador refleja, no solo lo que ha aprendido en las academias y consus distintos entrenadores, sino también algo propio, intransferible, que tiene que ver son sus circunstancias más personales.

Y sé que es así. Me niego a pensar que todo en el fútbol es civilizado, controlado. El componente indomesticable del fútbol es el más atractivo y nos gusta reconocer eso en un jugador. Koke, se nota, es de Vallecas. Dos “k” en las cuatro letras de su nombre ya nos dan una pista importante. En Madrid, la “k” es “vallekana”. Pero, coincidencias grafológicas (algo forzadas, es cierto) al margen, en el juego de Koke está su barrio. Y en su personalidad. Él mismo lo ha comentado siempre: “Vallecas es un barrio muy humilde. Con gente muy luchadora que no llega a fin de mes. Gente que tiene que luchar para ganarse la vida. Eso te enseña que hay que luchar siempre”. Ese espíritu luchador, ese afán de superación, la humildad que transmiten él y los suyos, encuentran su arraigo en la Colonia de Taxistas de Vallecas.