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Conocida bajo el alias de George Sand, Amantine Aurore Dupin fue una escritora de espíritu rebelde y libertario, una de las voces que más influyeron en la literatura de su tiempo. «Estábamos, como tantas veces, reunidos bajo el emparrado. Era una noche de tormenta, el aire era denso y el cielo rebosaba de nubes negras surcadas por continuos relámpagos. Guardábamos un melancólico silencio. Se diría que la tristeza del ambiente había invadido nuestros corazones y que nos sentíamos dispuestos al llanto sin quererlo. Beppa, más que nadie, parecía entregarse a pensamientos dolorosos».
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Seitenzahl: 37
Veröffentlichungsjahr: 2023
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George Sand
L’Orco
Estábamos, como tantas veces, reunidos bajo el emparrado. Era una noche de tormenta, el aire era denso y el cielo rebosaba de nubes negras surcadas por continuos relámpagos. Guardábamos un melancólico silencio. Se diría que la tristeza del ambiente había invadido nuestros corazones y que nos sentíamos dispuestos al llanto sin quererlo. Beppa, más que nadie, parecía entregarse a pensamientos dolorosos. Preocupado por el carácter que tomaba la velada, en vano el abate Panorio había intentado, varias veces y de todas las maneras posibles, reavivar la alegría de nuestra amiga, por lo común tan animada. Ni las preguntas ni las bromas ni los ruegos lograron sacarla de sus ensoñaciones; con la mirada fija en el cielo, paseando sin rumbo los dedos por las temblorosas cuerdas de su guitarra, daba la impresión de haber perdido la noción de lo que había a su alrededor, de no preocuparse ya más que por los sonidos lastimeros que extraía del instrumento y por el trayecto caprichoso de las nubes. El bueno de Panorio, desalentado por el escaso éxito de sus tentativas, resolvió dirigirse a mí.
—¡Venga, Zorzi, querido mío! —me dijo—. Es tu turno, pon a prueba el poder de tu amistad sobre nuestra linda consentida. Entre vosotros hay una suerte de inclinación magnética más fuerte que todos mis razonamientos, el sonido de tu voz es capaz de arrancarla de las más profundas abstracciones.
—Esa inclinación magnética de la que me hablas, querido abate, procede de la conformidad de nuestros sentimientos —le respondí—. Hemos sufrido del mismo modo, hemos pensado las mismas cosas, nos conocemos lo bastante el uno al otro como para saber la clase de ideas que las circunstancias exteriores despiertan en nosotros. Apuesto a que puedo adivinar, si no el asunto, al menos la naturaleza de sus ensoñaciones.
Y, volviéndome hacia Beppa, le dije en voz baja:
—Carissima, ¿en cuál de nuestras hermanas estás pensando?
—En la más hermosa, en la más altiva, en la más desgraciada —me respondió sin darse la vuelta.
—Ha muerto ya, ¿verdad? —insistí, interesándome al momento por aquella que aún vivía en la memoria de mi noble amiga y deseando compartir la tristeza de un destino que en adelante no podría serme ajeno.
