La aventura del noble italiano - Agatha Christie - E-Book

La aventura del noble italiano E-Book

Agatha Christie

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Beschreibung

Poirot y Hastings están reunidos con su vecino, el doctor Hawker, cuando reciben un mensaje urgente: el conde Foscatini, paciente del médico, ha implorado por ayuda. "Me han asesinado”, ha atinado a decir a quien lo atendió telefónicamente. Los tres se dirigen de inmediato a verlo y descubren efectivamente que Foscatini ha muerto. Una puerta cerrada, una cena compartida y un cadáver son los primeros indicios de una investigación que resultará realmente interesante.

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Poirot y yo teníamos muchos amigos y conocidos. Entre ellos estaba al doctor Hawker, un vecino nuestro, que vivía relativamente cerca y pertenecía a la profesión médica. El doctor Hawker tenía la costumbre de pasar a veces, por la noche, para charlar con Poirot, de cuyo genio era un ferviente admirador. El médico, franco y confiado hasta el último grado, apreciaba en el detective los talentos que a él mismo le faltaban.

Una noche, a principios de junio, llegó a eso de las ocho y media y entabló una discusión sobre el alegre tema de la frecuencia del envenenamiento con arsénico en los crímenes. Más o menos una hora más tarde, la puerta de nuestra sala se abrió, dando paso a una mujer desencajada que se precipitó hacia nosotros.

—¡Oh, doctor, qué voz tan terrible! ¡Lo necesitan! ¡Qué susto me he llevado!

Reconocí en nuestra nueva visitante al ama de llaves del doctor Hawker, la señorita Rider. El doctor era un solterón que vivía en una lúgubre casa antigua unas calles más abajo. La señorita Rider, tan apacible por lo general, estaba ahora en un estado que rayaba la incoherencia.

—¿Qué voz terrible? ¿De quién es y qué ocurre?

—Fue por teléfono, señor. Yo contesté… y me habló una voz. Ayuda, dijo. Doctor… ¡ayuda! ¡Me han matado! ¿Quién habla?, pregunté. ¿Quién habla? Entonces percibí una respuesta… apagada, un simple susurro. Me pareció que decía: Foscatini… o algo por el estilo… Regent’s Court.

El doctor lanzó una exclamación.

—El conde Foscatini. Tiene un piso en Regent’s Court. Debo ir en seguida. ¿Qué puede haber ocurrido?

—¿Es un paciente suyo? —preguntó Poirot.

—Hace algunas semanas lo atendí por una ligera indisposición. Es italiano, pero habla el inglés a la perfección. Bueno, debo despedirme ya, Monsieur Poirot, a menos… —vaciló.

—Creo adivinar lo que está pensando —dijo Poirot con una sonrisa—. Lo acompañaré encantado. Hastings, baje a pedir un taxi.

Los taxis siempre desaparecen en cuanto uno está particularmente apurado, pero al fin conseguí capturar uno y no tardamos en dirigirnos a Regent’s Court. Se trataba de un nuevo edificio situado junto a la carretera de St. John Wood. Había sido recientemente construido con todo tipo de servicios.

No había nadie en el portal. El doctor presionó el botón del ascensor con impaciencia y cuando éste descendió ordenó al botones uniformado:

—Apartamento 11. Conde Foscatini. Tengo entendido que acaba de ocurrir un accidente.

El hombre lo miró extrañado.

—Es la primera noticia que tengo. El señor Graves, el criado del conde Foscatini, salió hace una media hora y no dijo nada.

—¿El conde está solo en el piso?

—No, señor; dos caballeros están cenando con él.