La bendición de la Navidad - Papa Benedicto XVI - E-Book

La bendición de la Navidad E-Book

Papa Benedicto XVI

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Beschreibung

Este pequeño libro, profusamente ilustrado con imágenes en color, contiene las meditaciones escritas por el Papa Benedicto XVI durante la época en que fue arzobispo de Múnich. Los textos fueron redactados como sermones, artículos de prensa o intervenciones radiofónicas para un amplio público lector y oyente. Las láminas recorren el tema de la Navidad a lo largo de la historia de la pintura europea. En palabras del autor, la Navidad es la fiesta más humana de la fe, puesto que nos hace sentir de la manera más profunda la humanidad de Dios. En ningún otro lugar se puede percibir como en el pesebre lo que significa que Dios ha querido ser Dios con nosotros, un Dios con el que nos tuteamos porque nos sale al encuentro como un niño. Así, la Navidad es también de manera especial una fiesta que invita a la meditación, a la contemplación interior de la palabra. Estas meditaciones muestran una vez más a Joseph Ratzinger como un hombre espiritual que sabe llegar con su mensaje tanto a la inteligencia como al corazón.

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Seitenzahl: 73

Veröffentlichungsjahr: 2013

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Joseph Ratzinger Benedicto XVI

LA BENDICIÓN DE LA NAVIDAD

Meditaciones

Traducción deRoberto H. Bernet

Herder

www.herdereditorial.com

Portada

Título original: Der Segen der Weihnacht

Diseño de la cubierta: Claudio Bado

Imágenes: Archivo de la editorial Herder, Friburgo de Brisgovia

Maquetación electrónica: Manuel Rodríguez

© 2005, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano

© 2005, Verlag Herder, Friburgo de Brisgovia

© 2007, Herder Editorial, S. L., Barcelona

© 2012, de la presente edición, Herder Editorial, S. L., Barcelona

ISBN DIGITAL: 978-84-254-2969-9

La reproducción total o parcial de esta obra sin el consentimiento expreso de los titulares del Copyright está prohibida al amparo de la legislación vigente.

Herder

www.herdereditorial.com

Créditos

Índice

Prefacio

Al comienzo del Adviento Una conversación de Adviento con enfermos

La genealogía de Jesús

El árbol de la vida

El buey y el asno en el pesebre

La nueva estrella

«La luz brilla en las tinieblas»

«Y la Palabra se hizo carne»

Apéndice

Notas

Relación de fuentes

«Cristo, centro de la Historia» (alrededor de 1320). Estambul, mosaico en la cúpula de San Salvador de Chora

Prefacio

Este volumen reúne dos libros anteriores de Joseph Ratzinger que se complementan adecuadamente: Licht, das uns leuchtet (1978) y Lob der Weihnacht (1982, en común con Heinrich Schlier). Ambos contienen meditaciones escritas por el autor sobre todo en la época de su arzobispado en Múnich. Los textos fueron redactados para un público lector y oyente de amplitud más bien general y con carácter de sermones, artículos para periódicos o contribuciones radiales.

Ambos libros, que han gozado de gran aceptación pero ya se encuentran agotados, se publican ahora de nuevo reunidos en un único volumen. Estas meditaciones muestran una vez más a Joseph Ratzinger, ahora papa Benedicto XVI, como un hombre de espiritualidad que sabe llegar con su mensaje tanto al entendimiento como al corazón.

Editorial Herder

Del prólogo del autor al libroLicht, das uns leuchtet

Los artículos que presentamos compilados en este opúsculo surgieron con diferentes ocasiones durante el Adviento y el tiempo de Navidad de 1977. La iniciativa de reunirlos de esta manera para su publicación provino de la editorial Herder, a la que agradezco por ello. La única intención de estos escritos es suscitar aquella mirada interior a la que se desvela la verdad contenida en el versículo bíblico que dice: «Apareció la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres» (Tit 3,4).

Del prólogo del autor al libroLob der Weihnacht

Si la Pascua representa desde la perspectiva teológica el centro del año litúrgico, Navidad es la fiesta más humana de la fe, puesto que nos hace sentir de la manera más profunda la humanidad de Dios. En ningún otro lugar se puede percibir como en el pesebre lo que significa que Dios ha querido ser Emanuel, «Dios con nosotros», un Dios con el que nos tratamos de tú porque nos sale al encuentro como niño. Así, la Navidad es también de manera especial una fiesta que invita a la meditación, a la contemplación interior de la palabra (véase Lc 1,29; 2,19; 2,51).

Melozzo da Forli (1438-1494): Anunciación. Florencia, Galería Uffizi

Al comienzo del Adviento

Una conversación de Adviento con enfermos

Cuando ya se percibe por todas partes la silenciosa alegría del tiempo prenavideño, en cierto sentido puede resultar especialmente difícil tener que estar enfermo y no poder compartir del todo la alegría, pues las fatigas de la enfermedad se le oponen. Pero, tal vez, el Adviento pueda tornarse también y de manera especial una medicina para el alma, una medicina que haga más llevadera la forzada inactividad y el dolor de la enfermedad y que hasta sea capaz de ayudar a descubrir la gracia que puede anidar silenciosamente en la condición de enfermo.

Un adviento muy personal

Consideremos qué significa propiamente «Adviento». Es una palabra latina que traducimos al español como «presencia, llegada».1 En el lenguaje del mundo antiguo, «Adviento» era un término técnico que servía para designar la llegada de un funcionario, en especial de reyes o emperadores, a alguna zona de provincia. También podía designar la venida de la divinidad, que sale de su ocultamiento y demuestra poderosamente su presencia o cuya presencia es celebrada solemnemente en el culto.

Los cristianos asumieron esa palabra para expresar su relación especial con Jesucristo. Para ellos, Cristo es el rey que ha venido a la pobre zona de provincia de la tierra y que regala a la tierra la fiesta de su visita. Él es Aquel cuya presencia en la asamblea litúrgica es objeto de su fe. Con la palabra «Adviento», los cristianos querían decir, en sentido muy general: Dios está presente. Él no se ha retirado del mundo. No nos ha dejado solos. Aun cuando no lo veamos ni podamos tocarlo físicamente como se tocan las cosas, está presente y viene a nosotros de múltiples maneras.

Por eso, dentro del contexto de sentido de la palabra «Adviento» se encuentra también la palabra visitatio, «visitación», que significa simplemente «visita». [...] La enfermedad y el sufrimiento pueden ser, al igual que una gran alegría, algo así como un adviento muy personal, una visita de Dios que entra en mi vida y quiere acercárseme. Aun cuando nos resulte difícil, deberíamos intentar comprender los días de enfermedad de la siguiente manera: el Señor ha interrumpido por un tiempo mi actividad a fin de conducirme a la quietud.

En mi vida cotidiana tengo poco tiempo para él y poco tiempo para mí mismo. Estoy ocupado en mis negocios de la mañana a la noche y hasta escapo de mí mismo porque no sé que hacer conmigo. La profesión, la sociedad, la diversión me tienen en su poder, pero yo no me tengo a mí mismo en mis manos. De ese modo me voy asilvestrando también en mi interior. Las cosas me empujan y arrastran, soy sólo un momento en el funcionamiento de su gran mecanismo.

Pero, ahora, Dios me ha sacado de ahí. Tengo que estarme quieto. Tengo que esperar. Tengo que tomar consciencia de mí mismo, soportar la soledad. Tengo que sobrellevar el dolor, aceptarme a mí mismo. Y todo eso es difícil.

Pero ¿no será que Dios realmente me espera en esa quietud? ¿No será que lo que está haciendo es lo que relata la parábola de la vid y los sarmientos, donde dice: «Todo sarmiento mío que no da fruto lo corta; y todo el que da fruto lo poda, para que dé más todavía» (Jn 15,2)?

Si aprendo a aceptarme en estos días de quietud, si tolero el sufrimiento porque, a través de él, el Señor me poda, ¿no me estoy haciendo más rico que si hubiese ganado mucho dinero? ¿No ha sucedido en mí algo más constante y fructífero que las cosas que se pueden contar y calcular?

Visita del Señor. Tal vez, la enfermedad podría adquirir otro rostro si la viésemos como una realidad de Adviento. No sólo nos rebelamos contra ella porque duele, porque el estar quieto y la soledad son difíciles. Nos rebelamos contra ella porque tendríamos muchas cosas muy importantes que hacer, porque parece no tener sentido. Pero en absoluto carece de él. En el entramado de la vida humana, la enfermedad tiene una gran importancia. Ella puede constituir el momento de Dios en nuestra vida, el tiempo en que estamos abiertos a él y en que, con ello, aprendemos también a encontrarnos nuevamente a nosotros mismos.

Tal vez deberíamos hacer alguna vez el experimento de comprender los distintos sucesos que se producen durante el día como señas que nos hace Dios. Tal vez podríamos registrar alguna vez no sólo lo enojoso y desagradable, sino esforzarnos por descubrir cuán a menudo me hace sentir Dios algo de su amor. Sería una tarea hermosa y terapéutica llevar, por decirlo así, un diario interior de las cosas buenas.

El Señor está presente: esta certeza cristiana debería ayudarnos a mirar el mundo con otros ojos y a aprender a entender las cosas dolorosas que nos suceden como visita, como un modo en el que él viene a nosotros, como un modo en el que puede acercársenos.

Caminos y modos de la espera

Un segundo elemento fundamental del Adviento es la espera, que es al mismo tiempo esperanza. Con ello, el Adviento representa lo que constituye el contenido del tiempo cristiano y de la historia en general. Jesús lo ha mostrado en muchas de sus parábolas: en la historia de los siervos que esperan el regreso de su señor o, por el contrario, lo olvidan y se comportan como si fuesen propietarios; en el relato de las vírgenes que pueden esperar o no al esposo, y en las parábolas de la siembra y la cosecha.

El hombre es en su vida un ser que espera. Como niño quiere llegar a ser adulto, como adulto quiere progresar y tener éxito; por fin, anhela el descanso y, finalmente, llega el tiempo en que descubre que ha puesto sus esperanzas en demasiado poca cosa si, más allá de la profesión y de la posición social, no le queda nada más que esperar.