Libro libre de emisiones de CO
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gracias al acuerdo establecido con
la Fundación Plant-for-the-Planet.
Texto © Susanna Isern, 2023
Ilustraciones © Laura Proietti, 2023
Dirección editorial: Patricia Martín
Edición: Clara Jubete Baseiria
Dirección de arte: Noelia Murillo
© Editorial Flamboyant, S. L., 2023
Gran Via de les Corts Catalanes, 669 bis, 4.º 2.ª, Barcelona
www.editorialflamboyant.com
Corrección de Raúl Alonso Alemany
Revisión de texto: Eida del Risco
Todos los derechos reservados.
Primera edición: noviembre de 2023
Primera edición digital: noviembre de 2023
eISBN: 978-84-19401-89-2
Producción del ’ebook: booqlab.com
@flamboyanteditorial edflamboyant @EdFlamboyant
·La cascada embrujada·
Susanna Isern · Laura Proietti
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LAS BRUJAS
MALÉFICAS
MIS AMIGOS
Cuando regresé a Villagrís después de derrotar a
las tres brujas malvadas del Castillo Prohibido,
la lie como nunca en el pueblo con mis hechizos
de principiante, menos mal que finalmente pude
demostrar mi talento y los vecinos me nombraron
Bruja de Villagrís
. Pronto comencé a ejercer y recibí
la visita de Teodora, que se ofreció como mi nueva
ayudante. Eso sí, venía con sorpresa, ¡y menuda
sorpresa! Casi nos asamos en el caldero de las brujas.
Por suerte, todo acabó bien y desde entonces teníamos
una vida tranquila (de acuerdo, a ratos) en el pueblo.
Pero, como todo lo bueno se acaba, un día recibimos
un inquietante mensaje y, claro, no nos quedó más
remedio que adentrarnos en el
terrorífico
Bosque Encantado
. Lee, lee…
¿POR DÓNDE ÍBAMOS?
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¿Puede una bruja aburrirse? Ya era medio-
día y aún no había llamado ningún veci-
no al timbre de la consulta brujil. Y eso era
muy raro. O tal vez no tanto, pues la no-
che pasada habíamos sufrido una serenata
de ladridos a cargo de los perros del pue-
blo y nadie había podido pegar ojo. ¿Y por
qué habían ladrado así toda la noche? Vale,
me has pillado. Fui a darles unas albóndi-
gas para cenar y, por error, les había echa-
do esencia de caca de cotorra. Pero no se
lo digas a nadie, o acabarás con mi buena
reputación en Villagrís.
SEÑALES DE HUMO
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El caso es que aquella mañana deci-
dí matar el tiempo tratando de domar a
Dévora. Ya sabes, la flor carnívora y can
-
tarina de mi jardín. Ella tenía la mala cos-
tumbre de zamparse todo lo que caía a su
alcance y, claro, los vecinos que venían a
visitarme estaban cada vez más atemori-
zados.
Dévora se había zampado balones, pren-
das de vestir, bolsos y hasta una sillita de
bebé que por fortuna estaba vacía. Luego
por la noche venían las lamentaciones, le
daba un dolor de tripa terrible y tenía que
correr a su auxilio para desatascarla.
Tenía que encontrar una solución y,
como con ella la magia no funcionaba, se
me ocurrió probar la técnica de los doma-
dores de leones. Al fin y al cabo, Dévora
era una fiera.
CABEZA DE
MALVARINA
HASTA EL FONDO
RATONCITOS
MIRANDO EL
ESPECTÁCULO
FLORES
CANTARINAS
ENTONANDO UNA
CANCIÓN DE TERROR
Yo seguía metida en aquella cueva os-
cura y maloliente, cuando, de pronto, me
pareció oír un grito.
Me deshice como pude de las fauces de
Dévora y vi que se acercaba Tristán, dando
la voz de alarma.
¡Fuegooo!
¡Fuegooo!
Desde hacía algún tiempo, y por peti-
ción suya, Tristán se había convertido en el
guardián del pueblo. Su función era vigilar
que no acechara ningún peligro a Villagrís.
El problema era que, entre que visitaba la
cocina a todas horas y que se echaba una
siesta cada vez que se comía aunque fue-
ra solo un cacahuete, más que guardián lo
que parecía era el huésped de un hotel.
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Veloces como rayos, Lila, Teodora y yo
subimos al observatorio de estrellas para
ver qué era lo que había dejado a Tristán
tan alterado.
—¡Mirad! Se ha incendiado el Bosque
Encantado —gritó mientras señalaba con
su uña larga y roñosa.
—Déjame ver —dije.