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La claridad velada, una obra en la que el autor da rienda suelta a sus obsesiones y deseos más profundos, utilizando para ello un tono ciertamente confesional. La insolencia del tiempo, el sinsentido de la vida o la dualidad del yo son solo algunos de los temas tratados en La claridad velada , una obra en la que el autor da rienda suelta a sus obsesiones y deseos más profundos, utilizando para ello un tono ciertamente confesional.
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Seitenzahl: 49
Veröffentlichungsjahr: 2019
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LA CLARIDAD VELADA
SERAFÍN MAZA CANTO
LA CLARIDAD VELADA
EXLIBRIC
ANTEQUERA 2019
LA CLARIDAD VELADA
© Serafín Maza Canto
Diseño de portada: Dpto. de Diseño Gráfico Exlibric
Iª edición
© ExLibric, 2019.
Editado por: ExLibric
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ISBN: 978-84-17845-49-0
Nota de la editorial: ExLibric pertenece a Innovación y Cualificación S. L.
SERAFÍN MAZA CANTO
LA CLARIDAD VELADA
A mis nietos Valentina, Juan y Ana, que vinieron a poner luz en el camino.
Decía Ezra Pound con su habitual sarcasmo doliente, con su proverbial aflicción irónica: «Déjese de hacer versos, amiguito; con eso no se saca nada». O sea, que, ya de entrada, todo poeta se encuentra con una cuestión peliaguda: ¿Para qué escribir?
Gabriel García Márquez dejó dicho que él escribía para que lo quisiesen más sus amigos. Y aquí cabe preguntarse si la poesía tiene una función terapéutica para quien la escribe; si supone, de alguna manera, una cierta catarsis para su autor.
Y pienso que ese es el caso del poeta que hoy se presenta con su ópera prima al público lector. Porque Serafín Maza Canto —lo irán comprobando sus lectores, a medida que se vayan adentrando en su obra— es un poeta que escribe para sí mismo, acaso para conocerse, acaso para redimirse de sus cuitas.
La claridad velada es un libro sesudo y enjundioso, un libro que, como el oxímoron de su título indica, compendia fielmente el íntimo, conturbado universo de su creador.
Sus poemas poseen un eco juanramoniano, donde planea todo el tiempo una estela de tristeza y de nostalgia, de pesadumbre y melancolía, tal si el poeta anduviese inmerso, a cada poco, en el jardín umbrío de Juan Ramón, en el vergel de la pena que muestran sus versos.
Nuestro estrenado poeta ha reunido el valor suficiente para dar a conocer su obra en letra impresa, sabiendo, como sabe, que la obra hecha pública deja de pertenecer al autor desde el momento en que la tinta, aún fresca de la imprenta, se orea, inexorablemente, en los tendederos de quienes se aventuran a adentrarse en las páginas del libro. Y, como quiera que el público es soberano, opiniones habrá tantas como lectores y lectoras tenga la obra.
Si hay algo que destaque en la concepción que de la poesía manifiesta este poeta, es su búsqueda constante de la excelencia. A él no le basta con que un poema sea aseado; busca algo más, es una cuestión de principios. Ahí está para corroborarlo su poema Mediocridad, poema de corte reflexivo, que es un anatema contra la pasividad, contra la incuria, contra la rutina y el conformismo. Quizá sin saberlo, se estaba haciendo eco de las palabras del humanista Andrés Bello, cuando afirma que «no se tolera la mediocridad en los poetas».
En lo formal, Serafín no se adscribe a ninguna corriente poética. Huye, eso sí, de la rima: con la excepción de Habitando la lluvia, soneto clásico en endecasílabos, con rima consonante, y de Resignación, una silva compuesta en estrofas de cuatro versos con rima asonante en los pares. El resto de poemas del libro no poseen rima alguna.
A Serafín le gusta la métrica clásica, y se ha suscrito, de momento, al heptasílabo, al endecasílabo y al alejandrino, tan caro para él. Es decir, que, aun obviando la rima, utiliza en sus composiciones el verso blanco, consciente del ritmo y la musicalidad que aporta la métrica a la eufonía del poema.
Aquí convendría apuntar que este autor ha ejercido hasta hace bien poco el magisterio, y que posee amplios conocimientos musicales. Véanse, como ejemplos, los poemas que llevan por títuloDa capo a fine y En tu jardín me paro, este último dedicado a Chopin.
En cuanto a la estructura estrófica, el poeta se encuentra cómodo en la silva y el soneto, especialmente resuelto en alejandrinos, del que encontramos abundantes muestras en el libro.
Pero la cuestión medular del poemario no es su presentación externa, el envoltorio, más o menos atractivo, de la forma, sino el contenido de lo que nos cuenta. Y aquí es donde encontramos una de las singularidades del poeta: su intimismo.
En la obra de Serafín no encontraremos poemas amorosos al estilo de Pedro Salinas o de Vicente Aleixandre, ni poemas de corte social, entendiendo este término en su más vasta extensión. El amor en este autor, cuando aparece, casi siempre es cuitado y sus versos son deudores de la pena, cuando no de la amargura, aunque ya se sabe que el amor y el desamor son dos caras de una misma moneda, que los polos opuestos se atraen entre sí, etcétera.
