La comunicación de la Palabra - Manuel Simó Tarragó - E-Book

La comunicación de la Palabra E-Book

Manuel Simó Tarragó

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Beschreibung

La comunicación se ha convertido en una gran protagonista de nuestro mundo: por el poder de los grandes medios corporativos, por la irrupción de las nuevas tecnologías, por los cambios que ello comporta en la relación entre las personas, etc. Una situación que también afecta a la Iglesia como transmisora del gran mensaje: la Buena Noticia de Jesús. Manuel Simó, sacerdote y periodista, nos aporta las claves básicas para una comunicación de calidad que cumpla su misión en un mundo complejo, muy diverso y en constante mutación, incidiendo especialmente en la pastoral, la catequesis y la liturgia al servicio de la evangelización. La expresión oral, la escrita, la comunicación no verbal, la participación en las redes sociales y las actitudes básicas para transmitir el Evangelio, al estilo del papa Francisco, se expresan en una propuesta de libro de estilo al alcance de todos.

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Veröffentlichungsjahr: 2018

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La colección Emaús ofrece libros de lectura

asequible para ayudar a vivir el camino cristiano

en el momento actual.

Por eso lleva el nombre de aquella aldea hacia

la que se dirigían dos discípulos desesperanzados

cuando se encontraron con Jesús,

que se puso a caminar junto a ellos,

y les hizo entender y vivir

la novedad de su Evangelio.

Manuel Simó

La comunicación de la Palabra

Saber transmitir el mensaje

Colección Emaús 150

Centre de Pastoral Litúrgica

Director de la colección Emaús: Josep Lligadas

Diseño de la cubierta: Mercè Solé

Fotografía de la cubierta: Pixabay

© Edita: CENTRE DE PASTORAL LITÚRGICA

Nàpols 346, 1 – 08025 Barcelona

Tel. (+34) 933 022 235

[email protected] – www.cpl.es

Edición digital: mayo de 2018

ISBN: 978-84-9165-141-3

Printed in UE

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).

Introducción

San Pablo, en la carta a los Romanos (10,14), se pregunta: «¿cómo van a creer, si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír, si nadie les anuncia el mensaje?».

Estas palabras interpelan de tal modo a todos los cristianos y cristianas, que nuestra fe debe convertirse, necesariamente, en comunicativa.

¿Sin embargo, cómo hay que hacer este anuncio?

Preocupado por el mundo de la comunicación en el ámbito de la Iglesia, publiqué, en octubre de 1998, un librillo con el título de La comunicación al servicio de la evangelización, que ahora reviso y amplio aquí, porque pienso que su contenido, en gran parte, sigue siendo hoy vigente y actual.

La incorporación, no obstante, del mundo de la informática, de internet y de las tecnologías avanzadas, y el hecho de comprobar que la tarea comunicativa de la Palabra y del mensaje de Dios sigue sufriendo hoy importantes carencias, sobre todo de cariz técnico y de preparación pastoral, son situaciones que me motivan a reflexionar y a incidir de nuevo sobre el tema.

Al mismo tiempo, quería subrayar también cómo el papa Francisco se ha interesado globalmente y de manera muy significativa sobre este tema y, a parte de sus recomendaciones, se puede afirmar, como así mismo pondré de manifiesto, que ha instaurado un interesante modelo de comunicación que llega, sin duda, al corazón de la gente, y es digno de imitación.

Está claro que en la difusión de la Palabra lo esencial es conocerla y vivirla. No nos convertimos solo en informadores, sino en opinadores y comunicadores, es decir, somos difusores y transmisores de mensajes que tienen que ser valorados en nuestra propia vivencia y en nuestra experiencia. También es cierto que somos comunicadores muy peculiares, porque ni somos propiamente autores del contenido del mensaje, ni dependemos solo de él y de los medios técnicos usados. Somos, en definitiva, instrumentos al servicio del Espíritu que«sopla donde quiere» (Jn 3,8).

El cardenal Martini recordaba a menudo a sus sacerdotes de la diócesis de Milán el texto de san Pablo en la segunda carta a los Corintios (2Cor 4,1-2):

Por esto, encargados de este ministerio por la misericordia obtenida, no nos acobardamos; al contrario, hemos renunciado a la clandestinidad vergonzante, no actuando con intrigas ni falseando la palabra de Dios; sino que, manifestando la verdad… según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos.

Todo eso, sin embargo, no nos dispensa de ser buenos instrumentos ni de estar muy capacitados para saber comunicar lo que conocemos y vivimos y que el Espíritu nos inspira.

La difusión de mensajes exige una preparación y una cualificación técnica propia y específica que no puede ser desconocida sobre todo por personas que tienen como identidad y misión hacerlos llegar a los demás (como es el caso, en concreto, de los presbíteros, catequistas, agentes de pastoral, etc.).

¿Por qué no se estudian, por ejemplo, técnicas de comunicación en los Seminarios y en los institutos de Ciencias Religiosas? ¿Por qué no están formados los catequistas y los diferentes agentes de pastoral en estas técnicas? ¿Por qué se margina el dominio de la técnica comunicativa, que es una parte importante en la difusión de la Palabra? Son preguntas que me he formulado muchas veces sin encontrar respuestas satisfactorias.

Comunicar y comunicarse es un arte, es un oficio, y las artes y los oficios se aprenden con técnicas y con estrategias de intervención. Si es importante tener algo que decir (saber), no lo es menos saber cómo decirlo (saber hacer).

Todo lo que se encuentra en estas páginas es fruto de muchas lecturas, de muchas horas de clase, de estudio y de práctica. Por eso, en el capítulo de los agradecimientos, tengo que mencionar, en primer lugar, a todas las personas que han asistido a mis clases a lo largo de muchos años, de quienes he aprendido mucho más de lo que yo les he podido enseñar.

Gracias a todas, con la confianza y el deseo de que este trabajo pueda ser útil a todos los miembros del Pueblo de Dios llamados a evangelizar, y que podamos alcanzar todos juntos ese hito tan acertadamente expresado por san Agustín: «Explica siempre las cosas de tal manera que aquellos a los que te diriges, al escucharte, crean; creyendo, esperen; y esperando, amen».

1. Jesús de Nazaret, un gran comunicador

Jesús de Nazaret –«el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14)– fue el gran y supremo comunicador que nos reveló el rostro y el estilo de Dios. Él fue, a la vez, evangelizador y evangelio; maestro y modelo, y punto de referencia de todos los comunicadores y evangelizadores cristianos.

Jesús «recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda violencia» (Mt 9,35); y la gente quedaba admirada de sus enseñanzas y de su doctrina, «porque les enseñaba con autoridad y no como sus escribas» (Mt 7,28).

Por otro lado, Jesús tenía total conciencia de que la doctrina que enseñaba no era suya, «sino del que me ha enviado; el que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios podrá apreciar si mi doctrina viene de Dios o si hablo en mi nombre. Quien habla en su propio nombre busca su propia gloria; en cambio, el que busca la gloria del que lo ha enviado, ese es veraz y en él no hay injusticia» (Jn 7,16-18).

Él fue –como también deberemos ser los evangelizadores y evangelizadoras– un instrumento que con su tarea vino a iluminar y no a condenar:

El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en las tinieblas. Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre (Jn 12,44-50).

a) Evangelizar es sembrar

La conocida parábola del sembrador (Mt 13,1-9; Mc 4,3-9; Lc 8,4-8), en la que Jesús compara el hecho de evangelizar con el hecho de sembrar, sugiere unas cuantas consideraciones.

Porque si es cierto, como escribe Pablo a la comunidad de Corinto (2Cor 9,10), que el que proporciona semilla al que siembra y pan para comer proporcionará y multiplicará vuestra semilla…, eso no es excusa de que si el sembrador es un buen campesino (¡y aún más si es un cualificado ingeniero agrónomo!) deberá tener mucho cuidado de que las semillas sean adecuadas para la tierra, ya que hay semillas que dan ciento; otras, sesenta; otras, treinta; del mismo modo hay terrenos pedregosos y estériles, de poco grosor, con muchos abrojos, o terrenos de tierra buena; como también, aquí mismo, hay, a la vez, «semillas muy pequeñas, como el grano de mostaza, que cuando se siembran, crecen y son muy grandes…» (cf. Mt 13,8).

Los comunicadores y evangelizadores, pues, tienen que estar muy atentos a la siembra, a la semilla y a la tierra; y en su tarea deberán ser conscientes de que «el que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará» (2Cor 9,6), aunque también es cierto que, a veces, uno siembra y otro siega (Jn 4,37).

Jesús sabía muy bien, como cualquier buen comunicador, que los mensajes se consolidan, a la vez, entre emisor y receptor. La semilla buena y el terreno bueno dan buena cosecha…

b) Les hablaba con parábolas (Mc 4,33)

Otra característica muy importante a destacar en la pedagogía comunicativa de Jesús es lo que indica el evangelio de san Marcos (Mc 4,33-35): «con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas…».

Las parábolas son una invitación a la atención y, a la vez, un velo que esconde la profundidad del misterio a los que no quieren ver ni escuchar, pero lo descubre a los que ven y oyen (Mt 13,16).

Jesús habló con imágenes («os he hablado de esto en imágenes», Jn 16,25) y narraba hechos; no proclamaba verdades frías y abstractas, sino noticias arraigadas en las vivencias y expectativas de la gente de su tiempo. Daba respuestas después de provocar preguntas y, sobre todo, apelaba a la eterna e inquietante pregunta del ser humano como es la pregunta sobre su destino y sobre su razón de ser en la vida.

La utilización del llamado lenguaje narrativo es una de las formas más significativas para anunciar el mensaje. El gran lingüista Umberto Eco lo proclamaba frecuentemente: allí donde no se puede teorizar, hay que narrar, y el lenguaje narrativo es una de las formas más significativas de anunciar la salvación. La parábola, como lenguaje simbólico, no es solo descriptiva, sino que implica al receptor y le interpela y cuestiona.

Por otro lado, Jesús, con sus palabras, provocaba esperanza. Los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35) se dicen el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las escrituras?» (v. 32).

Más allá de terminologías eruditas y científicas, o de argumentaciones e interpretaciones opinables, la palabra de Jesús era una palabra para provocar amistad y alegría: «A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15); y «os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a la plenitud» (Jn 15,11).

c) Con palabras y con hechos

Y finalmente, una última característica del comunicador Jesús de Nazaret fue, sin duda, la conexión y coherencia entre sus palabras y sus hechos.