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Con motivo del XX Aniversario del Centre Cultural La Nau y del 520 de la Universitat de València, este libro recoge la historia de su actividad cultural entre 1985 y 2019. Toma como punto de partida la aprobación de sus Estatutos, que supusieron el inicio de su andadura democrática y autónoma, y que ya la definían como una institución difusora de cultura en el seno de la sociedad. Para cumplir con esta misión, la Universitat de València ha desarrollado innumerables iniciativas y programas en el terreno de las artes escénicas, la literatura, el cine, la música, las exposiciones, la cultura científica, el debate público o el patrimonio cultural. Esta obra recoge, por primera vez en un único volumen, el camino recorrido en cumplimiento de la que constituye una de sus principales funciones: el desarrollo de una cultura crítica transformadora de la realidad social y favorecedora de la convivencia democrática, plural y en igualdad.
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Seitenzahl: 967
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Col·lecció Cinc Segles
Edita:Publicacions de la Universitat de València
© Irene Liberia Vayá, 2020© de esta edición: Universitat de València, 2020
Publicacions de la Universitat de Valènciahttp://[email protected]
Coordinación editorial: Maite Simón
Maquetación: Inmaculada MesaCorrección: David Lluch
ISBN: 978-84-9134-732-3Edición digital
Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, foto químico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el per miso previo de la editorial.
¿Qué valor tiene toda la cultura cuando la experiencia no nos conecta con ella?
WALTER BENJAMIN,«Experiencia y pobreza», en Obras II, 1
Es preciso dar a la educación dos metas de igual importancia: por un lado, la formación de la razón y la capacidad de acción racional; por el otro, el desarrollo de la creatividad personal y del reconocimiento del otro como sujeto.
ALAIN TOURAINE, ¿Qué es la democracia?
ÍNDICE
Prólogo, por Antonio Ariño
Nota preliminar
Listado de siglas y acrónimos
CAPÍTULO I.INTRODUCCIÓN: LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA UNIVERSIDAD Y SU MISIÓN CULTURAL
CAPÍTULO II.LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA, UNA HISTORIA DE 500 + 20 AÑOS
1. El camino hacia la autonomía universitaria
CAPÍTULO III.LA ACCIÓN CULTURAL EN LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA (I):LOS VICERRECTORADOS DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Y DE CULTURA
1. Introducción
2. La extensión universitaria de 1985 a 1994: entre la efervescencia y la institucionalización
2.1 Vicerectorat d’Extensió Universitària: primera década
2.2 La iniciativa estudiantil a través de la Comissió Gestora d’Estudiants
2.3 El Servei d’Extensió Universitària: pasado y presente
2.3.1Principales programas culturales del Servei d’Extensió Universitària
2.3.1.1 Cursos d’Extensió Universitària
2.3.1.2 Universitat als Pobles
2.3.1.3 Ajudes a la Creativitat i a les Iniciatives Culturals
2.3.1.4 Otras iniciativas en los primeros tiempos
2.3.1.5 La Nau Gran
2.3.1.6 Propuestas recientes
3. De la extensión universitaria a los vicerrectorados de Cultura y del Estudi General al Centre Cultural La Nau (1994-2019)
3.1 Aulas culturales
3.1.1Aula d’Arts Escèniques
3.1.1.1 Aula de Teatre (I): nacimiento y primer impulso (1985-1990)
3.1.1.2 Aula de Teatre (II): de la creación de l’Eina Teatre a la explosión de Cinc Segles (1990-2002)
3.1.1.3 Aula de Teatre (III): creación del área «Arts Escèniques» de la FGUV, crecimiento de la actividad y nuevos retos (2002-2019)
3.1.1.4 El grupo de teatro de la Universitat de València: de l’Eina Teatre a ASSAIG pasando por el GTUV. Un camí plaent de 29 años (1990-2019)
3.1.1.5 Escena Erasmus: diez años creando Europa a través del teatro (2009-2019)
3.1.2Aula de Música y Àrea d’Activitats Musicals de laFGUV
3.1.2.1 Primera década de programación musical universitaria (1985-1995) . 3.1.2.2 De la creación de la Orquestra Filharmònica a la celebración de Cinc Segles: una etapa dorada (1995-2002)
3.1.2.3 Consolidación de la gestión musical universitaria, aumento de las actividades y nuevas agrupaciones propias (2002-2019)
3.1.2.4 Festival de Serenates (1985-2019)
3.1.3Aula de Cinema
3.1.3.1 Primera etapa: creación y consolidación (1985-1990)
3.1.3.2 Segunda etapa: de la continuidad a la desaparición (1990-2002)
3.1.3.3 Tercera etapa: renacimiento y reconversión (2007-2019)
3.1.3.4 La Cabina: Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia (2008-2019)
3.1.4Aulas de letras
3.1.4.1 Aula de Poesia
3.1.4.2 Aula de Lectura i Escriptura
3.1.4.3 Aula de Literatura
3.1.5Aula d’Història i Memòria Democràtica
3.1.6Aula de Còmic
3.2 Àrea d’Exposicions
3.2.1De producciones puntuales a una programación expositiva permanente (1985-1994)
3.2.2De la consolidación de la Sala d’Exposicions a Cinc Segles (1994-1997)
3.2.3Celebrando «Cinc segles i un dia» y mucho más (1997-2002)
3.2.4Después de Cinc Segles: nuevo ciclo, nuevos espacios y multiplicación de la oferta (2002-2019)
3.3 La Universitat de València, espacio de debate público y circulación libre de ideas
3.3.1Del Aula al Fòrum de Debats
3.3.2Claustre Obert y Debats a La Nau
3.3.3Clàssics a La Nau
3.3.4Escola Europea de Pensament Lluís Vives
3.3.5Otros debates y ciclos de conferencias
3.4 Àrea de Patrimoni Cultural
3.4.1El patrimonio cultural de la Universitat de València: testimonio de 520 años de historia
3.4.2Cinc Segles de la Universitat de València: impulso y difusión de su patrimonio cultural
3.4.2.1 Del Estudi General al Centre Cultural La Nau
3.4.3Arquitectura universitaria y colecciones patrimoniales: una aproximación a los principales bienes muebles e inmuebles de la Universitat de València
3.4.3.1 El patrimonio arquitectónico
3.4.3.2 Las colecciones patrimoniales
3.5 Nau social, Nau inclusiva, Nau igualitaria
3.5.1Por una cultura de la inclusión y la justicia social
3.5.1.1 Emergents
3.5.1.2 Experiència Estètica: Art i Ment
3.5.2Por una cultura de la igualdad
CAPÍTULO IV.LA ACCIÓN CULTURAL EN LAUNIVERSITAT DEVALÈNCIA(II):LA CULTURA A TRAVÉS DE OTROS ÓRGANOS Y SERVICIOS
1. Fundació General de la Universitat de València
1.1 Col·lecció Martínez Guerricabeitia
1.2 Amics i Antics Alumnes de la Universitat de València
1.3 Escola d’Estiu de la Universitat de València: la Nau dels Xiquets i de les Xiquetes y la Nau Jove
1.4 Voluntariat Cultural y visitas guiadas
2. Los colegios mayores propios: «el Vives» y «el Rector Peset»
2.1 Col·legi Major Lluís Vives
2.2 Col·legi Major Rector Peset
3. Los servicios para estudiantes (1987-2019):DISE,CADE,SEDI
3.1 Información, asesoramiento y dinamización: inicios, consolidación y reestructuración (1987-2011)
3.2 De la bifurcación a un servicio único: SEDI (2011-2019)
4. Centre Internacional de Gandia de la Universitat de València
4.1 Universitat d’Estiu de Gandia
4.2 La Universitat en Gandia más allá de la UEG: formación, investigación, transferencia y cultura durante todo el año
5. Palau de Cerveró
5.1 Colección Histórico-Médica y exposiciones permanentes
5.2 Exposiciones temporales y otras actividades culturales y divulgativas
6. Jardí Botànic
6.1 De hort de simples a centro puntero de investigación y cultura científica: una breve historia
6.2 Más allá de la investigación: el patrimonio, la educación y la cultura, pilares fundamentales del nuevo Jardí Botànic
7. Unitat de Cultura Científica i de la Innovació - Càtedra de Divulgació de la Ciència
7.1 Antecedentes y creación de la Càtedra de Divulgació de la Ciència
7.2 La ciencia como cultura: formación, divulgación, investigación y comunicación
8. Servei d’Educació Física i Esports
8.1 Inicios y consolidación del deporte en la Universitat democrática
8.2 El Pavelló Poliesportiu: punto de inflexión de una actividad deportiva en constante crecimiento
CAPÍTULO V.A MODO DE EPÍLOGO: ECHANDO LA VISTA ATRÁS: 20 AÑOS DE CINC SEGLES Y DEL CENTRE CULTURAL LA NAU
ANEXOS
1. Decisiones de estilo y notas aclaratorias
2. Entrevistas realizadas
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS CITADAS
ÍNDICE ONOMÁSTICO
PRÓLOGO
La Universidad ha sido históricamente un agente cultural fundamental y, durante siglos de vida, ha contribuido, también desde ese lugar, al progreso de la sociedad. Con todo, la dimensión cultural de las universidades, representada en su tercera misión (después de la docente y la investigadora), comenzó a fraguarse más recientemente, y lo hizo en forma de «extensión universitaria», entendida como la divulgación del conocimiento universitario hacia la ciudadanía.
En el año 2019, la Universitat de València conmemora un doble aniversario: por un lado, los 520 años desde su creación por los jurados de la ciudad y, por otro, el 20 aniversario de la restauración integral de su edificio histórico, La Nau, y su inauguración como centro cultural. Con este motivo, desde la Universitat de València hemos acometido dos investigaciones para hacer un balance de la dimensión cultural de la institución en sentido amplio. El primer libro, realizado por José Garcelán, aborda las manifestaciones y actividades culturales que estuvieron presentes en la Universitat de València desde el siglo XIX hasta el comienzo de la universidad democrática. Por su parte, el presente volumen es fruto de una investigación llevada a cabo por Irene Liberia Vayá, que toma el relevo precisamente en el momento en el que la Universitat de València aprueba sus Estatuts de 1985 e inicia su andadura democrática hasta la actualidad.
A diferencia de la función docente e investigadora, en la que sí existe una regulación normativa clara y una implementación organizativa en facultades, centros de postgrado e institutos, la misión cultural se halla históricamente en una situación muy distinta, ya que no hay legislación específica, ni estatal ni autonómica, y cada universidad ha regulado la organización de esta según sus propios criterios. No obstante, en la mayoría existe un órgano superior (vicerrectorado) que aglutina las diversas dimensiones culturales, que se encuentran dispersas entre servicios, centros singulares, colegios mayores, unidades y demás programas.
Este libro recoge por primera vez en un único volumen la labor que una universidad histórica, como la Universitat de València, viene desarrollando en las últimas décadas en materia de cultura. En concreto, el primer capítulo habla de la función social y misión cultural de la Universidad; el segundo traza un breve recorrido histórico sobre la Universitat de València, especialmente centrado en el proceso de democratización hasta llegar a la aprobación de los Estatuts; los siguientes, tercero y cuarto, recogen la acción cultural desarrollada por la Universitat de València a través de los distintos vicerrectorados de extensión universitaria y cultura, así como de los centros y estructuras universitarias que también implementan iniciativas y programas culturales de distinta índole. Para acabar, y a modo de epílogo, se dedica un capítulo a la conmemoración del quinto centenario de la Universitat, la efeméride de Cinc Segles.
De este modo, esta investigación pretende hacer una contribución pionera sobre la necesaria función cultural de la Universidad mediante una perspectiva histórica de las acciones acometidas por la Universitat de València, poner en valor el compromiso que la institución universitaria adquiere con la sociedad a través de esta misión cultural y, en última instancia, reconocer el trabajo de las personas que realizan tareas culturales en el seno de las universidades, tan a menudo infravalorado.
Antes de iniciar este largo y apasionante viaje por la cultura en la Universitat de València, resulta pertinente rescatar las inspiradoras palabras de Rafael Altamira, introductor de la extensión cultural en la Universidad española, en su ya clásico texto Cuestiones obreras:1
El cielo estrellado es sin duda cosa magnífica y que a todos más o menos admira y seduce; pero está más henchido de bellezas, ofrece más goces y distracciones para el espíritu culto que para el ignorante. Así como nuestros ojos ven más cuanta más luz tienen en su horizonte, así la inteligencia iluminada ve más, ve materialmente más cosas que la cerrada a toda cultura.
Con el deseo de que esta investigación contribuya a difundir esta labor que las universidades acometemos para democratizar la iluminación de la mirada de todo ser humano.
ANTONIO ARIÑO VILLARROYA
Vicerector de Cultura i Esport de la Universitat de València
1. Rafael Altamira: Cuestiones obreras, Valencia, Universitat de València, 2012, p. 18.
NOTA PRELIMINAR
Este libro es el resultado de una investigación sobre la historia cultural de la Universitat de València realizada con motivo de un doble aniversario: los 520 años transcurridos desde su fundación por parte de los jurats de la ciudad en 1499 y los 20 años que han pasado desde que su sede histórica fuese rehabilitada y convertida en el Centre Cultural La Nau. Pero este estudio no es, ni mucho menos, un hecho aislado, sino que se enmarca en un amplio conjunto de actividades especiales desarrolladas a lo largo de 2019 bajo el lema Universitat de València, 500+20 anys, que pretende celebrar la dimensión cultural de una institución férreamente comprometida con la sociedad y cada vez más abierta a la ciudadanía.
Entre las acciones implementadas en este contexto, particularmente en lo que aquí concierne, por parte del Vicerectorat de Cultura i Esport destaca la apertura de un nuevo espacio en el edificio histórico de la Universitat: la Sala de Bigues. Esta albergará próximamente una exposición permanente sobre la historia de la institución a partir de piezas provenientes de varias de sus ricas colecciones patrimoniales, ofreciendo así una nueva y poderosa razón para visitar La Nau. A la puesta en valor del patrimonio cultural universitario mediante esta y otras iniciativas, se añade una amplia programación de debates, ponencias y mesas redondas con grandes figuras de la actualidad política, económica, cultural y social como protagonistas, además de diversos proyectos que buscan promover la cultura científica y que van desde exposiciones hasta ciclos de conferencias, pasando por la celebración de «bares de ciencia».
Asimismo, las históricas aulas culturales han ofrecido durante el 2019 una programación especial y han sumado a sus filas dos nuevas incorporaciones: el Aula de Còmic y el Aula de Literatura. También el Àrea d’Exposicions ha planteado una serie de muestras extraordinarias que se hacen eco de las conmemoraciones de otras instituciones públicas artísticas y educativas de prestigio. Mientras que, por otro lado, se han puesto en marcha interesantes acciones de innovación sociocultural, como la creación de laboratorios para fomentar la colaboración entre las distintas áreas culturales de la Universitat y la participación activa del estudiantado y de la ciudadanía, así como programas para el seguimiento, análisis y ampliación de los públicos.
Por último, entre los proyectos lanzados con motivo de estos 500+20 anys, hay que destacar la organización de jornadas y congresos y la publicación de más de una decena de libros e investigaciones para visibilizar y valorizar el patrimonio y la misión cultural de la Universitat de València. Precisamente en este marco se desarrolla el estudio que ahora se presenta y que revisa la amplia trayectoria de la institución en materia de cultura desde la aprobación de los Estatuts de 1985 –punto de arranque de la Universitat democrática y autónoma tras cuarenta años de dictadura, represión y oscuridad– hasta la actualidad. Cabe advertir a este respecto que se trata de la segunda entrega de una investigación más amplia, cuyo primer volumen, firmado por José Garcelán, repasa la proyección cultural universitaria desde finales del siglo XIX hasta 1985.
En el caso que nos ocupa, el presente libro se estructura en cinco capítulos que trazan un relato posible de la trayectoria cultural de la Universitat de València en el periodo señalado. En primer lugar, la introducción reflexiona sobre el concepto de función social que define a la institución universitaria (a la nuestra y a todas las demás) en tanto que servicio público, y aborda la tercera de sus tres misiones, tras la docencia y la investigación: la misión cultural. Posteriormente se dedica un breve capítulo a rememorar los principales pasos dados concretamente por la Universitat de València hacia la conquista de su autonomía y su progresiva democratización. A continuación, se abre el primero de los dos capítulos que dan cuenta del reflejo práctico de esa función cultural –los capítulos III y IV, que funcionan a modo de dos grandes bloques–, en otras palabras, que describen algunos de los principales programas, iniciativas y actividades desarrollados por la Universitat de València en este ámbito durante casi 35 años.
Más específicamente, el capítulo III se encarga de la acción cultural llevada a cabo por los distintos vicerrectorados que desde 1985 han asumido las principales competencias en esta materia: el Vicerectorat d’Extensió Universitària y el Vicerectorat de Cultura (con sus diversas denominaciones, responsables y servicios a su cargo según las épocas). No obstante, dado que la producción y proyección cultural en la Universidad –en todas ellas– se halla dispersa por centros, institutos, unidades, departamentos, colegios mayores y otras estructuras, el capítulo IV trata de recoger los programas, actividades y proyectos más destacados implementados fuera de los vicerrectorados que han ejercido la función de representación cultural en la Universitat de València.1 Entre otras secciones, se abordan aquí los servicios de deportes, de divulgación científica, de estudiantes, etc., la Universitat d’Estiu de Gandia, los colegios mayores propios y otros centros singulares como son el Jardí Botànic o el Palau de Cerveró. Asimismo, en este bloque se describe el importante papel que juega la Fundació General de la Universitat de València como instrumento de cooperación para el cumplimiento de los fines de la Universitat, siendo uno de los principales, según los propios estatutos de la Fundació, la difusión de la cultura.
Por último, tras los dos bloques que conforman el grueso de la investigación, esta se cierra con un capítulo a modo de epílogo dedicado a la efeméride Cinc Segles de la Universitat de València. Celebrada entre los años 1999 y 2002, la conmemoración del quinto centenario supuso para la institución un antes y un después en muchos sentidos, pero ante todo lo fue en términos de visibilidad y presencia social. En otras palabras, a través de Cinc Segles hubo una apertura real de la Universitat hacia la ciudadanía, al tiempo que se dieron pasos muy importantes en cuanto a la participación de la comunidad universitaria en el quehacer de la propia institución. Así, continuando un camino iniciado en 1985 por el primer rectorado de Ramon Lapiedra, la Universitat de València consiguió ocupar un espacio específico y relevante en la sociedad valenciana como entidad pública de ciencia, educación y cultura, comprometida con su entorno y capaz de conectar con los problemas y necesidades de su tiempo.
Para llevar a cabo este estudio cualitativo-descriptivo se han utilizado básicamente dos técnicas de recogida de datos, siendo la primera de ellas una revisión bibliográfica y documental que ha incluido, por un lado, las principales publicaciones relativas a la historia de la Universitat de València (y, en especial, a su dimensión cultural); y por otro, la búsqueda y recolección manual de información en los distintos archivos de la institución. A través de estos se ha tenido acceso a memorias de actividades, correspondencia oficial, proyectos e informes, folletos, documentos gráficos y de otra índole, que, sumados a los contenidos digitales –notablemente a partir de los años 2000–, han permitido trazar un relato de la acción de la Universitat en materia de cultura desde 1985 hasta la actualidad. No obstante, para el correcto análisis e interpretación de los datos recabados, y también para completar las ausencias existentes, ha sido imprescindible contar con el testimonio de algunas de las personas protagonistas de la historia cultural reciente de la institución (que, además, a menudo han aportado material al que, de otro modo, no se hubiese tenido acceso). Con este fin se han realizado un total de 44 entrevistas semiestructuradas o semidirigidas,2 además de llevarse a cabo numerosas conversaciones abiertas3 con responsables, gestores y técnicos de varias de las áreas objeto de estudio.
Aprovecho esta presentación para agradecer públicamente a todas las personas entrevistadas4 su buena disposición y colaboración (entusiasta la mayor parte de veces) en todo aquello que se les ha requerido, y sobre todo pido disculpas a tantas y tantos protagonistas del pasado y del presente cultural de la Universitat de València que se han quedado fuera. En este sentido, dadas las limitaciones de tiempo y espacio que toda investigación ha de afrontar, a la hora de escoger a los entrevistados se ha optado –entre otros criterios– por dar prioridad a aquellos cuyo testimonio solo podía obtenerse de este modo, y también a personas que han trabajado en áreas sobre las que existen menos publicaciones y documentación. Por lo demás, en otras ocasiones han sido problemas logísticos o de agenda los que han impedido la participación de otros posibles colaboradores. En cualquier caso, reitero mi agradecimiento y lo hago extensible a quienes han contribuido de otras muchas formas a que esta investigación haya llegado a buen término, ya sea mediante la cesión de materiales, la revisión de contenidos o la rememoración de anécdotas reveladoras. También hay que reconocer aquí el papel del personal del Arxiu Històric y del Arxiu Intermedi de la Universitat de València, que han proporcionado todas las facilidades de consulta posibles y simplificado enormemente el trabajo de localización de documentos.
Por lo que respecta a las secciones, departamentos, servicios, etc., que han focalizado la atención de este estudio, resulta materialmente imposible incluir todas aquellas áreas que juegan (o lo han hecho en el pasado) algún papel en la producción y difusión cultural de la Universitat en sentido amplio. Como ya se ha apuntado con anterioridad, existen estructuras específicas que giran alrededor de la cultura –como el Servei d’Extensió Universitària–, así como órganos superiores de coordinación y representación en este terreno –como el Vicerectorat d’Extensió en su momento y hoy el de Cultura–. Sin embargo, ni las leyes estatales, ni las normativas autonómicas, ni siquiera los Estatuts de la Universitat regulan estrictamente la misión cultural, por lo que esta se ha ejercido hasta hoy en mayor o menor medida en todos los campus y edificios de la institución a través de centros y unidades muy heterogéneos que funcionan con un alto grado de autonomía (y que, además, en ocasiones prestan también servicios de docencia e investigación). Ante una realidad con tantas aristas, un trabajo como el que aquí se presenta no puede más que tratar de recoger, sin vocación de exhaustividad, las líneas programáticas generales que definen la trayectoria cultural de la Universitat de València desde 1985. Nuevamente hay que pedir disculpas por las ausencias,5 esperando que el resultado final sirva al menos para dar pistas sobre la envergadura, complejidad y riqueza de la historia cultural de la institución, así como sobre sus principales debilidades y áreas que se deberían reforzar de cara al futuro.
De igual modo, además de las limitaciones señaladas, se excusan de antemano los errores en los que se haya podido incurrir, y se recuerda que la intención que ha guiado desde el comienzo el trabajo realizado ha sido la de construir un relato lo más pegado posible a la realidad. De ahí la importancia otorgada a los testimonios, tanto escritos como orales –al fin y al cabo, ¿qué es la Universitat si no las personas que la conforman?–, que han servido para estructurar y dar un sentido concreto a la enorme cantidad de información disponible (no siempre libre de contradicciones, por cierto). Con otras voces y otros documentos, este sería, sin duda, un libro distinto.
Antes de finalizar, quiero agradecer también a la rectora de la Universitat de València, M.ª Vicenta Mestre, y al vicerrector de Cultura i Esport, Antonio Ariño, la oportunidad que me han brindado de participar en la celebración de los 500+20 anys de la Universitat a través de estas páginas, lo que me ha permitido profundizar en la historia de la institución y conocer detalles fascinantes sobre ella. Por último, una mención especial al equipo del Centre Cultural La Nau, que ha colaborado con entusiasmo y rigurosidad en todo aquello que se les ha solicitado (y en mucho más). Mi más sincero agradecimiento.
Logo La Nau / Universitat de València, 500 + 20 anys, diseñado por Boke Bazán para la conmemoración del 20 aniversario del Centre Cultural La Nau y 520 de la Universitat de València.
El recorrido que ahora se inicia, como señalara el rector Pedro Ruiz Torres a propósito de Cinc Segles en 1999, no trata de transformar el pasado «en refugi contemplatiu per fugir dels problemes del present, ni menys encara de convertir el passat en espill de vanitats». Lo que se pretende al echar la vista atrás cuando se cumplen 20 años de la reapertura del Estudi General como Centre Cultural La Nau es dar a conocer y poner en valor el camino andado hasta aquí, sin ocultar los puntos débiles ni la necesidad de revisiones y cuestionamientos que conducirán, sin duda, a una mejor versión de la institución en el futuro. Pero hoy, 520 años después de su creación y transcurridas dos décadas desde aquel centenario que la abrió de forma irreversible a la sociedad, puede afirmarse que la Universitat de València no es solo un centro referente de producción y transmisión del saber y de la ciencia, sino también, y cada vez más, un espacio de innovación sociocultural y de acción participativa. Y es que, en tanto que servicio público, su misión principal y constitutiva pasa por el cultivo y fomento del pensamiento crítico y del debate ciudadano, siendo la cultura un valor estratégico clave para el cumplimiento de su responsabilidad como agente de transformación y cohesión social.
LISTADO DE SIGLAS Y ACRÓNIMOS
ACNUR
Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados
ADEIT
Fundació Universitat-Empresa de la Universitat de València
AELC
Associació d’Escriptors en Llengua Catalana
AEPUM
Asociación Estatal de Programas Universitarios para Mayores
AIMJB
Asociación Ibero-Macaronésica de Jardines Botánicos
ANCLA
Curs d’Alts Estudis en Pensament i Cultura de l’Antiguitat Clàssica
APA
American Psychological Association
APRJUV
Associació de Professors Jubilats de la Universitat de València
AUJE
Associació Universitària Jurídic-Ecològica
AVETID
Associació d’Empreses d’Arts Escèniques del País Valencià
AVL
Acadèmia Valenciana de la Llengua
BIC
Bien de Interés Cultural
Biennal MG
Biennal Martínez Guerricabeitia
BRL
Bien de Relevancia Local
CADE
Centre d’Assessorament i Dinamització dels Estudiants
CAM
Caja de Ahorros del Mediterráneo
CCCC
Centre del Carme Cultura Contemporània
CEAR
Comisión Española de Ayuda al Refugiado / CEAR-PV Comisión Española de Ayuda al Refugiado - País Valencià
CEFIRE
Centre de Formació, Innovació i Recursos Educatius
CEIP
Colegio de Educación Infantil y Primaria
CEM de SIPE
Centro Escolar y Mercantil de Servicio de Información de Prensa y Espectáculos
CESE
Comité Económico y Social Europeo
CEV
Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana
CGE
Comissió Gestora d’Estudiants
CIG-UV
Centre Internacional de Gandia de la Universitat de València
CMG
Col·lecció Martínez Guerricabeitia
ComCiRed
Comunicar Ciencia en Red
CRE
Conferencia de Rectores Europeos
CRUE
Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas
CSIC
Consejo Superior de Investigaciones Científicas
CUDAP
Centre Universitari de Diagnòstic i Atenció Primerenca (Universitat de València)
CUM
Comunidad de Universidades Mediterráneas
CVONGD
Coordinadora Valenciana d’ONGD (organitzacions no governamentals per a desenvolupament)
DELE
Diploma de Español como Lengua Extranjera
DISE
Difusió, Informació i Servei a l’Estudiant
DOGV
Diari Oficial de la Generalitat Valenciana
E+SCN
Erasmus+ Scene Network
ENAS
European Network Academic Sports Services
EUSA
Asociación Europea de Deporte Universitario
FAO
Food and Agriculture Organization (en español Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura)
FECyT
Fundación Española de Ciencia y Tecnología
FGUV
Fundació General de la Universitat de València
FICU
Festival Internacional de Coros Universitarios
FIMU
Festival Internacional de Música Universitaria
FISU
Federación Internacional de Deporte Universitario
FIU
Festival Internacional de l’Oralitat
FUE
Federación Universitaria Escolar
FULL
Fundació pel Llibre i la Lectura
GEHTID
Grup d’Estudis Històrics sobre les Transicions i la Democràcia
GTUV
Grup de Teatre de la Universitat de València
IES
Instituto de Educación Secundaria
IHCD
Institut d’Història de la Ciència i Documentació «López Piñero»
IILP
Institut Interuniversitari «López Piñero»
ISEACV
Institut Superior d’Ensenyaments Artístics Comunitat Valenciana
IVAC
Institut Valencià de l’Audiovisual i de la Cinematografia «Ricardo Muñoz
Suay»
IVAECM
Institut Valencià d’Arts Escèniques, Cinematografia i Música
IVAJ
Institut Valencià de la Joventut
IVAM
Institut Valencià d’Art Modern
LGTBIQ+
Lesbianas, gais, personas transgénero, bisexuales e intersexuales, queer (y colectivos no representados en las siglas anteriores)
MOC
Moviment d’Objecció de Consciència
MUA
Museu de la Universitat d’Alacant
MuseuHN
Museu de la Universitat de València d’Història Natural
MuVIM
Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat
NTIC
Nuevas tecnologías de la información y la comunicación
Octubre CCC
Octubre Centre de Cultura Contemporània
OFUV
Orquestra Filharmònica de la Universitat de València
OIUDSMA
Organización Internacional de Universidades para el Desarrollo Sostenible y el Medio Ambiente
OPAL
Observatori d’Inserció Professional i Assessorament Laboral (Universitat de València)
OTRI
Oficina de Transparència de Resultats d’Investigació
PAM
Patronat d’Activitats Musicals
PAS
Personal de Administración y Servicios
PAU
Proves d’Accés a la Universitat
PDI
Personal Docente e Investigador
PMG
Patronat Martínez Guerricabeitia
PNN
Profesores/as no numerarios/as
PUV
Publicacions de la Universitat de València
RSC
Responsabilidad social corporativa
RSU
Responsabilidad social universitaria
SAP
Servei d’Anàlisi i Planificació (UV)
SECC
Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales
SEDI
Servei d’Informació i Dinamització d’Estudiants
SENA
Sistema de Evaluación de Niños y Adolescentes
SEU
Sindicato Español Universitario
SGAE
Sociedad General de Autores y Editores
TIC
Tecnologías de la información y la comunicación
TICO
Tecnologías de la información, comunicación y organización
UCC+i UV
Unitat de Cultura Científica i de la Innovació de la Universitat de Valènci
UE
Unión Europea
UEG
Universitat d’Estiu de Gandia
UIMP
Universidad Internacional Menéndez Pelayo
UV
Universitat de València
UVEG
Universitat de València - Estudi General
1. Muchos de estos programas e iniciativas se desarrollan / han desarrollado en colaboración con el Vicerectorat de Cultura / Extensió Universitària, pero no dependen principal o exclusivamente de este. En casos como el de las actividades culturales del Jardí Botànic o del Palau de Cerveró, por ejemplo, aunque en parte competen al Vicerectorat de Cultura (hoy de Cultura i Esport), se llevan a cabo en coordinación con los propios centros, que tienen su identidad y autonomía propias y que, por esta razón, se ha decidido incluirlos en el capítulo IV.
2. Las entrevistas semiestructuradas (Corbetta, 2007) constituyen una herramienta ampliamente validada en la investigación social cualitativa, ya que proveen de información relevante no disponible por otros medios, además de ayudar a contrastar y clarificar datos confusos o no verificados. En el presente estudio se ha hecho de ellas tanto un «uso exploratorio preparatorio» como «de contraste, ilustración o profundización», según las dos funciones principales que les atribuye Valles Martínez (1999). De manera sintética, se ha procedido del siguiente modo: a medida que se trabajaba con la documentación y se realizaban las lecturas bibliográficas, algunas de las entrevistas y conversaciones con personas implicadas de primera mano en la política y gestión cultural de la Universitat servían para orientar el trabajo documental e ir trazando un recorrido concreto por la historia cultural de la institución. Asimismo, conforme dicho recorrido iba tomando forma y llenándose de contenido, nuevas entrevistas servían para matizar, corregir o confirmar los datos disponibles. En este sentido, cabe apuntar también que para la preparación de todas ellas se ha tenido muy presente el modelo de «entrevista de investigación social» (research interview) y de «entrevista especializada y a élites» (elite specialized interviewing), entendidas respectivamente como técnicas de obtención de información relevante para los objetivos de un estudio y entrevistas realizadas a personas «expertas» o «bien informadas» respecto al tema central de la investigación (Valles Martínez, 1999: 181-189).
3. Las conversaciones abiertas constituyen una de las principales técnicas utilizadas en la investigación biográfica en el marco de la sociología y la antropología social. En este caso han servido para realizar las primeras aproximaciones al objeto de estudio en contextos menos formales y también para plantear dudas o solicitar aclaraciones ante informaciones contradictorias o poco concretas.
4. El listado completo se puede consultar en el anexo 2.
5. Hay que precisar que, dado el gran volumen tanto de los órganos universitarios creadores y difusores de cultura, como de la propia agenda cultural (entendida en sentido amplio) que estos desarrollan en el periodo estudiado, el presente libro no se ocupa de la cultura generada desde abajo, esto es, desde el estudiantado. Salvo en algunos casos puntuales, como el del papel crucial que tienen las y los estudiantes durante el proceso constituyente y en los años inmediatamente posteriores, ciertas iniciativas escolares en los colegios mayores o la participación del alumnado en programas concretos (especialmente del DISE/CADE/SEDI), esta «historia cultural desde abajo» queda pendiente para futuras investigaciones. Pueden consultarse al respecto trabajos ya publicados como Ramírez Comeig (2013b) y Quixal Alejos y Ramírez Comeig (2002).
CAPÍTULO I
INTRODUCCIÓN: LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA UNIVERSIDAD Y SU MISIÓN CULTURAL
Las universidades son organizaciones nacidas en la Edad Media como centros de saber, con el objetivo principal de transmitir los conocimientos propios de la época, es decir, que la conservación del saber dominante y no la búsqueda de nuevos conocimientos es lo que define a la educación superior durante los primeros tiempos. No obstante, a medida que pasan los años y la sociedad se desacraliza y se transforma, la Universidad va cambiando con ella y asumiendo nuevas funciones. Así, con el método científico surge la segunda generación de universidades, que añaden la investigación a la misión docente (en lo que se conoce como el modelo humboldtiano), siendo la función cultural la más recientemente incorporada. Esta se oficializa en la Europa de finales del siglo XIX siguiendo la fórmula de «extensión universitaria», lo cual no significa que no existiese espacio para la cultura en la educación superior en épocas anteriores, pero en ningún caso puede hablarse de esta como una competencia institucionalizada (Ariño, 2017; Cantero, 2006).1
En la actualidad, la Universidad se concibe como servicio público orientado a los intereses de toda la sociedad, de manera que, además de cumplir con su tradicional doble misión de investigación y enseñanza, busca la formación de ciudadanas y ciudadanos críticos y comprometidos con las necesidades y los desafíos propios de su tiempo. Además, especialmente en la segunda mitad del siglo XX –y en lo que concierne al Estado español, desde los últimos años de la dictadura franquista, durante la Transición política y sobre todo a lo largo de los ochenta–, la Universidad se constituye en un agente esencial de transformación social y de consolidación del modelo democrático. A lo que hay que añadir en las décadas más recientes su destacado papel en el complejo proceso de innovación, así como «… sus demás aportaciones a la competitividad de la economía y a la cohesión social, por ejemplo, su función en la vida ciudadana y en materia de desarrollo regional» (Comisión de las Comunidades Europeas, 2003: 3).
Por lo que respecta al tema medular de la presente investigación, existen experiencias muy lejanas en el tiempo que dan cuenta de la convergencia Universidad-sociedad a través de la acción cultural: es el caso, por ejemplo, de las célebres sabatinas que tenían lugar en la Universitat de València ya en el siglo XVI. Sin embargo, no será hasta finales del XIX y durante el siglo XX cuando, con la finalidad de abrir el conocimiento a los sectores sociales con menos recursos, las universidades participan activamente en la vida cultural moderna, contribuyendo así a explicar y buscar soluciones a los problemas y necesidades que atañen a la calidad de vida de la ciudadanía.
Acaba de señalarse que la primera forma oficial que toma la cultura promovida y difundida por la Universidad es la de la «extensión universitaria», que, como su propio nombre indica, trata de llevar los conocimientos que genera más allá de los límites de la institución, adaptándolos para ello a un público no culto. Aunque existen experiencias anteriores como las de Sir Thomas Gresham o William Dill en el siglo XVII, que organizaban conferencias para los comerciantes y pequeños artesanos de Londres y Cambridge, la idea de la extensión universitaria como tal surge en el último tercio del siglo XIX para tratar de corregir la profunda fractura socioeducativa. En concreto, esta incipiente democratización del conocimiento empieza en Cambridge en 1871 y se extenderá luego a Oxford y a otros centros de educación superior, ejerciéndose en Francia, con gran éxito, a través de las universidades populares. Grosso modo, este movimiento de proyección cultural desarrollaba prácticas y actividades filosóficas, artísticas, científicas, etc., en clave divulgativa para explorar y recoger los problemas y valores culturales de todos los grupos de población, procurando «estimular el desarrollo social, elevar el nivel espiritual, intelectual y técnico de la nación, proponiendo […] ante la opinión pública las soluciones fundamentales a los problemas de interés general» (Fresán Orozco, 2004: 49).
En España, la implantación oficial de la extensión universitaria llegará en 1898 a través de la Universidad de Oviedo, de la mano del humanista y pedagogo Rafael Altamira. De raíz krausista, este movimiento se practicará de manera activa durante tres décadas, traduciéndose fundamentalmente en la organización de conferencias de divulgación del conocimiento científico, excursiones artísticas y arqueológicas, y cursos y ponencias fuera de Oviedo.2 Será adoptado también por otras universidades españolas, siendo su objetivo primordial el acercamiento de la institución a los núcleos obreros y campesinos, si bien es cierto que desde el comienzo incluía iniciativas de puertas adentro (Ariño y González, 2012). En otros términos, no se trataba únicamente de salir al encuentro de quienes no eran los destinatarios originales de la acción universitaria, sino de ampliar la actividad docente dirigida a los propios estudiantes desde una perspectiva integral. Esta entendía que la educación superior no sirve solo para formar profesionales, sino que busca transmitir conocimientos y contenidos culturales regidos por una serie de normas, principios y estructuras que responden al escenario social, económico y político en el que la misma Universidad se inserta y desarrolla. Así, más allá de formar a ingenieros, médicos, juristas, historiadores, etc., esta institución social inculca valores, una determinada ética y el sentido de pertenencia a la comunidad (Malagón, 2006).
Treinta años después de los inicios de este fenómeno, en un contexto de fuertes protestas contra la reforma educativa de Primo de Rivera, que restringía la libertad y autonomía de la Universidad, Ortega y Gasset impartirá varias conferencias en Madrid y Granada invitado por la Federación Universitaria Escolar (FUE). En ellas y en su ensayo Misión de la Universidad (1930), el filósofo y ensayista focaliza su discurso en la función cultural como elemento imprescindible para compensar el excesivo profesionalismo y cientificismo que en los últimos tiempos había caracterizado al quehacer universitario. A este respecto, Ortega se refiere a la cultura como «el sistema vital de ideas sobre el mundo y el hombre correspondientes al tiempo», y como lo único que puede evitar que el profesional se convierta en el nuevo bárbaro, «más sabio que nunca, pero más inculto también». De ahí que la Universidad haya de encargarse «ante todo de enseñar la cultura» (pp. 4-6), y, por ende, que sus tres misiones fundamentales sean, por este orden: «transmisión de la cultura, enseñanza de las profesiones, e investigación científica y educación de nuevos hombres de ciencia» (Vicente y González, 2002: 141).
En resumen, Ortega reclama la vuelta a la función primigenia de la Universidad, la cultural, que en su época (años treinta) se ha convertido en mero «ornamento» –no en vano se presenta como «cultura general», expresión que tacha de absurda y filistea–. Cuando en la Edad Media se crea la enseñanza superior, la cultura representaba «el sistema de ideas sobre el mundo y la humanidad que el hombre de entonces poseía. Era, pues, el repertorio de convicciones que había de dirigir efectivamente su existencia» (Ortega y Gasset, 1930: 4). Y ese es precisamente el lugar que debería ocupar de nuevo, puesto que solo ella permite comprender y afrontar los problemas del contexto propio de cada época. Se trata nada menos que de aquello «que salva del naufragio vital» (p. 4), y en tanto que necesidad ineludible para la vida humana, ha de constituir la misión central de la Universidad.
Sin embargo, la extensión universitaria desarrollada hasta el momento había fracasado, según este planteamiento, ya que la educación superior continuaba siendo en los años treinta un «privilegio difícilmente justificable y sostenible» (p. 3). Pero por encima de no haber conseguido universalizar la Universidad, el mayor error consistía, como se ha visto, en el abandono de su función primordial en favor de la formación en exclusiva de profesionales y científicos. A todo ello hay que sumar, además, el hecho de que la cultura tiene que estar «abierta a la plena actualidad; más aún: tiene que estar en medio de ella, sumergida en ella» (p. 21); sin embargo, «la vida pública se ha entregado a la única fuerza espiritual que por oficio se ocupa de la actualidad: la Prensa». Frente al tratamiento frívolo e instantáneo que de los sucesos realizan los periodistas, para Ortega es esencial y urgente que también aquí, esto es, de puertas afuera, la Universidad desempeñe la función que le corresponde, abordando los grandes temas de su tiempo con profundidad y rigor desde su propio punto de vista (cultural, profesional o científico), imponiéndose «como un “poder espiritual” superior frente a la prensa» (pp. 21-22).
De vuelta a lo histórico, después de tres décadas de práctica continuada de extensión universitaria, las expectativas generadas por el triunfo de la Segunda República tras la deriva autoritaria que había supuesto la dictadura de Primo de Rivera quedan truncadas en 1936. Durante los cuarenta años de franquismo, la extensión universitaria permanece «guardada en el baúl como muchas otras esperanzas […] y no es hasta el retorno de la democracia cuando se recupera el nombre y la idea adaptadas a las circunstancias de ese tiempo reciente» (Ariño y González, 2012: 118). En 1983 se aprueba la Ley de Reforma Universitaria (LRU), después de las fuertes movilizaciones y debates que durante la Transición reclamaban la reforma y democratización urgente de la Universidad. La nueva norma reconocía la autonomía de una institución que era considerada un servicio público, que renovaba el procedimiento de elección de los equipos rectorales y racionalizaba las figuras del profesorado, menguando significativamente el poder de los catedráticos, entre otros cambios importantes. En cuanto a la cultura, la entrada en vigor de la LRU implicó en la mayoría de universidades la creación de vicerrectorados para ocuparse en exclusiva de esta materia.3
Casi dos décadas más tarde, en 2001, la LRU será sustituida por la Ley Orgánica de Universidades (LOU), que en 2007 experimentará una importante reforma (LOMLOU).4 En todas ellas la cultura queda claramente constituida como tercera misión o función de la Universidad, tras la docencia y la investigación, como señala de forma explícita en sus párrafos iniciales la primera de estas leyes: «el desarrollo científico, la formación profesional y la extensión de la cultura son las tres funciones básicas que de cara al siglo XXI debe cumplir esa vieja y hoy renovada institución social que es la Universidad española» (Ley Orgánica 11/1983, de 25 de agosto, de Reforma Universitaria, Exposición de Motivos).
Pero, además, entre 1983 y 2001 también se dan pasos importantes en materia de cultura y educación superior a nivel europeo, siendo buena muestra de ello la firma de declaraciones al respecto por parte de distintas universidades o la aprobación de documentos muy relevantes de la mano de la UNESCO y otros estamentos internacionales. Por orden cronológico, destaca en primer lugar la Magna Charta Universitatum de Bolonia (1988), en cuyo preámbulo se afirma que «el porvenir de la humanidad, al finalizar este milenio, depende en gran medida del desarrollo cultural, científico y técnico, que se forja en los centros de cultura, de conocimiento y de investigación en que se han convertido las auténticas universidades» (s. p.). El primer principio fundamental que debe sustentar la vocación de la Universidad queda expresado en esta Magna Charta firmada por los rectores de 388 universidades europeas –incluidos representantes españoles– como sigue: «… la universidad […] es una institución autónoma que, de manera crítica, produce y transmite la cultura por medio de la investigación y de la enseñanza» (s. p.).
Posteriormente, en la Declaración de la Sorbona (1998) y la Declaración de Bolonia (1999), entre otras cuestiones, se pondrá de relieve el papel central de las universidades en el desarrollo de la dimensión cultural europea. Y en ese mismo momento la UNESCOorganiza la Primera Conferencia Mundial de Educación Superior (1998), en la que se firma la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el SigloXXI: Visión y Acción (publicada en 1999), que deja constancia de la capacidad de esta para el progreso de la sociedad. En su segundo artículo (dedicado a la «función ética, autonomía, responsabilidad y prospectiva»), esta declaración señala que «los establecimientos de enseñanza superior, el personal y los estudiantes universitarios deberán […] reforzar sus funciones críticas y progresistas mediante un análisis constante de las nuevas tendencias sociales, económicas, culturales y políticas», así como «aportar su contribución a la definición y tratamiento de los problemas que afectan al bienestar de las comunidades, las naciones y la sociedad mundial» (UNESCO, 1999: 22). Unos años más tarde, la Comisión de las Comunidades Europeas presenta la comunicación titulada El papel de las universidades en la Europa del conocimiento (2003), en la que se afirma que las actividades desarrolladas por las universidades, presentes en todas las regiones de la Unión, «tienen un impacto local económico, social y cultural a menudo importante, lo cual las convierte en un instrumento de desarrollo regional y de consolidación de la cohesión europea» (p. 24).
Dos años antes de esta comunicación –de vuelta a la legislación española y como se ha señalado con anterioridad– se aprobaba la LOU. En ella, las funciones de la Universidad se concretan en:
a) La creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia, de la técnica y de la cultura.
b) La preparación para el ejercicio de actividades profesionales que exijan la aplicación de conocimientos y métodos científicos y para la creación artística.
c) La difusión, la valorización y la transferencia del conocimiento al servicio de la cultura, de la calidad de la vida y del desarrollo económico.
d) La difusión del conocimiento y la cultura a través de la extensión universitaria y la formación a lo largo de toda la vida.
(Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades,Título Preliminar, Artículo 1).
Como puede comprobarse, se introduce aquí un aspecto novedoso que tendrá un amplio recorrido: el de la formación a lo largo de la vida. Más concretamente, en la exposición de motivos se afirma al respecto que la sociedad exige una formación permanente «no sólo en el orden macroeconómico y estructural sino también como modo de autorrealización personal. Una sociedad que persigue conseguir el acceso masivo a la información necesita personas capaces de convertirla en conocimiento mediante su ordenación, elaboración e interpretación». Y es que, como señala Mayordomo Pérez (2015), la educación a lo largo de la vida es fundamental porque contribuye a «consolidar una cultura de los valores democráticos, a fundamentar bien una cultura política, a articular efectivamente competencias para una cultura del ejercicio cívico» (p. 197); en otras palabras, a cumplir con las obligaciones de la Universidad en tanto que servicio público.
Otro artículo importante en relación con la cultura es el número 33, dentro del Título VI de la LOU, en el que, entre las funciones docentes de la Universidad, se incluyen «las enseñanzas para el ejercicio de profesiones que requieren conocimientos científicos, técnicos o artísticos, y la transmisión de la cultura», todas ellas «misiones esenciales de la Universidad». Asimismo, en el Título IV, modificado por la reforma de la ley de 2007, dentro del artículo 42 se añade el apartado 4, que aborda los procedimientos para el acceso a la Universidad por parte de quienes no disponen de la titulación requerida, y se especifica al respecto que dicho sistema de acceso alternativo tiene como fin «facilitar la actualización de la formación y la readaptación profesionales y la plena y efectiva participación en la vida cultural, económica y social». De igual forma, el artículo 46, sobre derechos y deberes de los estudiantes, también añade un apartado que admite el derecho a «obtener reconocimiento académico por su participación en actividades universitarias culturales, deportivas, de representación estudiantil, solidarias y de cooperación».
Pero el más explícito en el terreno que aquí nos ocupa es el artículo 93,5 que lleva por título «De la cultura universitaria» y especifica que:
Es responsabilidad de la universidad conectar al universitario con el sistema de ideas vivas de su tiempo. A tal fin, las universidades arbitrarán los medios necesarios para potenciar su compromiso con la reflexión intelectual, la creación y la difusión de la cultura. Específicamente las universidades promoverán el acercamiento de las culturas humanística y científica y se esforzarán por transmitir el conocimiento a la sociedad mediante la divulgación de la ciencia (Ley Orgánica 4/2007, del 12 de abril, por la cual se Modifica la Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades, Título XIV, Artículo 93).
Llegados a este punto, puede afirmarse que el articulado de la LOU/LOMLOU reseñado en estas páginas no deja lugar a dudas sobre la voluntad de reflejar la enorme trascendencia de la cultura en la Universidad actual. No obstante, algunas críticas apuntan a la falta de rigor y concreción en la definición de esta dimensión sociocultural, «resultado de un planteamiento inmaduro, precipitado y heredero de las inercias del pasado» (Ariño, 2007: 18); a lo que se suma la falta de consistencia en la depuración léxica. A este respecto, se habla de cultura como «misión», «función» y «responsabilidad», pero además, en términos generales, los textos revisados adolecen de una escasa claridad en el contenido de dicha misión/función, limitándose a recoger distintos tipos de actividades e iniciativas que la Universidad viene desarrollando en este marco desde hace décadas.6 Otro de los aspectos negativos de la ley estatal actual deriva de su perspectiva jerárquica y unilateral acerca de la cultura, ya que únicamente identifica como tal las acciones de divulgación –es decir, de la Universidad hacia la sociedad–, ignorando las múltiples y diversas propuestas que, cada vez con mayor frecuencia, parten de la ciudadanía y enriquecen y dinamizan la vida universitaria (Ariño y González, 2012).7
Además de las leyes estatales y de las declaraciones y comunicaciones de carácter internacional abordadas en los párrafos precedentes, la cultura universitaria en el ámbito nacional también se ve afectada por la Ley del Patrimonio Histórico Español (1985), así como por las legislaciones autonómicas en esta materia. Como se tratará con mayor detalle en el capítulo dedicado específicamente al Àrea de Patrimoni Cultural de la Universitat de València, las universidades, sobre todo las históricas, son poseedoras de edificios y de bienes muebles que conforman colecciones histórico-artísticas, científicas, bibliográficas, técnicas, etc., de gran valor. Pero, además, por su propia naturaleza, tienen la particularidad de que la inmensa mayoría de uno de estos patrimonios, el científico –así como una parte muy importante del bibliográfico y documental–, les pertenece. A la obligación de desarrollar herramientas y programas para conocer, conservar, restaurar, poner en valor y difundir este diverso y abundante patrimonio, se suma la capacidad de interlocución que las leyes les reconocen en tanto que instituciones consultivas, y también el hecho de que en sus centros de investigación se estudien e investigen todos los campos de los que se ocupa el patrimonio (Ariño, 2018, 2017).
Otra fuente normativa importante en términos de Universidad y cultura son los estatutos por los que se rigen estos organismos, donde el término cultura aparece en distintos títulos y apartados, generalmente coincidentes. De acuerdo con la ley española, la función cultural suele figurar en los primeros artículos dedicados a la naturaleza, fines, principios, misión y objetivos de la Universidad, y pese a que existe diversidad en los enfoques, esta se muestra en todas las normas estatutarias como punto nuclear de la misión universitaria. En el caso de la Universitat de València, como se verá con mayor profundidad a lo largo de esta investigación, el artículo 3 alude a su compromiso en el fomento de la acción intelectual y cultural del siguiente modo:
… amb les garanties de racionalitat i universalitat que li són pròpies, és una institució difusora de cultura en el si de la societat. La Universitat de València facilita, estimula i acull les activitats intel·lectuals i crítiques en tots els camps de la cultura i del coneixement (Decret 45/2013, de 28 de març, del Consell de la Generalitat Valenciana, pel qual es modifiquen els Estatuts de la Universitat de València-Estudi General, Títol Preliminar, Article 3).
Además, en el apartado «e» del artículo 10, se reconoce el derecho de la comunidad universitaria a participar, entre otras iniciativas, en «la promoció i realització d’activitats culturals, esportives i recreatives». A lo que se suma la responsabilidad de la Universitat en materia de patrimonio, plasmada en el artículo 12:
El patrimoni cultural de la Universitat de València està constituït pels béns mobles i immobles de valor històric, artístic, arquitectònic, arqueològic, paleontològic, etnològic, documental, bibliogràfic, científic, tècnic o de qualsevol altra naturalesa cultural existent a la Universitat de València.
La Universitat es compromet a conservar i difondre els diferents valors d’aquest patrimoni i, en particular, la seua biblioteca històrica (Decret 45/2013, de 28 de març, del Consell de la Generalitat Valenciana, pel qual es modifiquen els Estatuts de la Universitat de València-Estudi General, Títol Preliminar, Article 12).
En resumen y como señala Ruiz Brox (2014: 26), según el marco normativo propio de la Universitat, la cultura se desarrolla en tres ámbitos diferenciados en función de los destinatarios a los que se dirige y de las actividades que promueve: «1. Ámbito orientado hacia fuera: extensión/difusión cultural a la sociedad. 2. Ámbito interior de innovación/creación cultural para su comunidad universitaria. 3. Ámbito patrimonial de conservación y difusión de sus bienes».
Más allá de sus Estatuts, los distintos planes estratégicos son también documentos clave en la definición y concreción de la misión cultural de la Universitat de València. Así, el Pla Estratègic 2012-2015 recogía como líneas de trabajo prioritarias «millorar el coneixement de les demandes de la comunitat universitària i de la societat valenciana en el camp de la cultura» (p. 31), «desenvolupar una programació integrada del conjunt de l’oferta cultural de la Universitat» (p. 32) y «dissenyar un pla de participació cultural a la UV» (p. 33) (Universitat de València, 2015). Por su parte, en el Pla Estratègic 2016-2019 se concibe la cultura en sentido amplio como todas aquellas actividades culturales, editoriales, deportivas, de bibliotecas o del Pla d’Igualtat que se desarrollan en el seno de la institución, y se propone entre sus objetivos estratégicos, orientar la acción cultural a la promoción de los valores de responsabilidad social y desarrollar actividades culturales que potencien la inclusión social de colectivos desprotegidos, además de incrementar la dimensión internacional de todas estas iniciativas. A ello hay que añadir el objetivo institucional de «reorientar l’activitat cultural de la UV, d’acord amb les potencialitats de les TIC,8 per adaptar-les a les missions de la Universitat» (Universitat de València, 2016: 41).
En este sentido, al hablar hoy en día de cultura universitaria se ha de tener muy presente –y parece que la Universitat de València lo está haciendo–9 la transformación profunda que está afectando en los últimos años a los procesos de producción y transmisión de conocimiento y a la propia cultura –auténtico fenómeno multimodal–,10 especialmente debido a las inmensas posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC). Malagón Plata (2006) afirma a este respecto que dichos procesos son cada vez menos jerárquicos y dependientes, y más colaborativos e interactuantes. Por ello y de forma creciente, los saberes serán recibidos y apropiados de diferentes maneras –ya lo están siendo–, tanto dentro como fuera de la Universidad: «la creatividad, la imaginación, la reflexión y el trabajo colectivo constituyen estrategias para el trabajo cognoscitivo. El campus universitario no tendrá límites y el aprendizaje será durante toda la vida, sin restricciones de tiempo y lugar» (p. 88).
En otro orden de cosas, cabe apuntar que, además de las universidades, instancias como la administración pública, el tercer sector o el mercado poseen competencias en materia de cultura, por lo que desde la política y la gestión universitaria se debe colaborar con estos sectores, siempre y cuando compartan sus valores y se enmarquen o subordinen a su misión y objetivos (Ariño, 2017). No obstante, hay que tener en cuenta que, nuevamente en gran medida por los cambios profundos en el paradigma comunicativo, la Universidad está experimentando en este sentido una pérdida de protagonismo debido a la proliferación de otros centros de saber, que además son muy heterogéneos; a lo que se añade el hecho de que dicho saber adopta cada vez más una lógica de tipo cooperativo (la lógica de la Web 2.0). Ante esta realidad, la institución universitaria solo puede abrirse al cambio y trabajar para ser más universal y al mismo tiempo más diversa, y en este contexto, «las posibilidades para la tercera función de la universidad son inconmensurables» (Ariño, 2007: 32-33).
Si históricamente las universidades han sido organizaciones dedicadas a la producción y transmisión del saber, posteriormente convertidas también en espacios para la investigación científica y técnica –sin olvidar su misión de liderazgo y representación social, a la que ya apuntaba Ortega y Gasset–, en los últimos tiempos han aparecido nuevos ámbitos de acción que redefinen el modelo universitario tal y como era concebido hasta hace solo unas décadas. Entre ellos destaca el creciente peso de la innovación tecnológica y la transferencia del conocimiento, por un lado, y el discurso de la responsabilidad social universitaria, por otro. Respecto al primero, especialmente desde los años ochenta del siglo XX se produce un auge de la investigación que tiene su reflejo en la proliferación de institutos y parques tecnológicos y científicos, empresas emergentes, etc. Una de sus derivadas será el surgimiento de las «universidades-empresa», centradas en esta supuesta «tercera misión» (transferencia económica de conocimiento) y orientadas a la productividad, que reducen el compromiso social de la Universidad a su capacidad como agente de desarrollo de las economías locales (Ariño, 2017). En este contexto en el que innovación se entiende exclusivamente como innovación tecnológica, obviando su dimensión sociocultural, es importante recordar lo que apunta el Dictamen del Comité Económico y Social Europeo (CESE) sobre La enseñanza superior europea en el mundo (2014): las universidades deberían estar «no solo en el centro de las políticas de investigación científica y de innovación tecnológica, sino también en el centro de la investigación capaz de contribuir a la producción de políticas sociales innovadoras y de cohesión social» (p. 72).
Por otro lado, el segundo discurso más en auge sobre el compromiso social de la Universidad con su entorno es el de la responsabilidad social universitaria (RSU),11 que en España surge para compensar el énfasis de la transferencia empresarial como tercera misión. En términos generales, ha habido una proliferación de actuaciones en este sentido, especialmente en Latinoamérica,12 pero no existe un marco normativo claro, aunque ha sido incorporada en ciertas áreas de conocimiento, equipos de gobierno universitarios y en la «Estrategia Universidad 2015» del Ministerio de Educación (Ariño, 2017: 92).13 En este último caso, en el documento La Responsabilidad Social de la Universidad y el Desarrollo Sostenible (2011: 10), el Ministerio apunta lo siguiente:
La simplificación de una Tercera Misión que se limitaría a un enfoque de transferencia, comercialización y participación en procesos de innovación ha sido analizada ampliamente, y, en algunos casos, contestada, por olvidar aspectos fundamentales de la nueva Universidad.
En el contexto, la Estrategia Universidad 2015 propugna una Universidad que equilibre esta Tercera Misión en dos direcciones. Por un lado, en el sentido clásico […] y, por otro, en relación con la «Responsabilidad social de la Universidad y el desarrollo sostenible». Esta perspectiva permite reconocer el papel de la Tercera Misión en el caso de aquellas actividades universitarias que, sin conllevar una actividad económica en el proceso de relación con la sociedad o la empresa (transferencia), suponen una contribución social respecto de ámbitos como la cooperación al desarrollo, la sostenibilidad ambiental, la integración y accesibilidad, u otras.
Una vez más, las definiciones y funciones que se engloban bajo el concepto de RSU son poco claras, pero, en cualquier caso, entre ellas se encuentra la capacidad de la Universidad de intervenir en la sociedad que la acoge, y a la vez, su responsabilidad a la hora de rendir cuentas sobre la actividad que desempeña, y todo ello a través de estrategias orientadas a un desarrollo sostenible. En este sentido, François Vallaeys (2008: 203-205) destaca tres puntos esenciales que se han de tener en cuenta: 1) La responsabilidad social como acatamiento de normas éticas universales de gestión para el desarrollo humano sostenible (buenas prácticas organizacionales reconocidas internacionalmente); 2) La gestión de los impactos y efectos colaterales que genera la organización, y 3) La responsabilidad social como participación de las partes interesadas (los stakeholders) en el quehacer de la organización.
No obstante, ante los riesgos que supone aplicar a la Universidad baremos provenientes del mundo empresarial –la RSU como adaptación de la responsabilidad social corporativa (RSC) al ámbito universitario–, cabe recordar que el mayor ejercicio de responsabilidad social que le corresponde a la institución universitaria no es otro que el del desarrollo de su condición de servicio público (Ariño, 2017). En otras palabras, el papel prioritario de la Universidad en este sentido es realizar «una gestión social del conocimiento para todos los actores sociales, que tenga como finalidad la construcción de una ciudadanía informada, responsable y participativa» (Gasca-Pliego y Olvera-García, 2011: 49). En definitiva, «repensar la función social de la universidad pública requiere defender los valores propios de la educación pública» (p. 55).
Tras el recorrido realizado hasta aquí sobre la función social de la Universidad y su misión cultural, puede concluirse que, desde el proceso iniciado en la Transición a la democracia con la aprobación de la LRU, hasta la actualidad, se ha logrado la consagración de la extensión universitaria mediante su institucionalización y la creación de las estructuras organizativas necesarias para su implementación. Además, también se ha producido una formidable ampliación de las acciones que se incluyen bajo este enunciado (cuyo significado, por esta y otras razones, se ha transformado significativamente), motivada en buena medida por la generalización de las TICO (tecnologías de la información, comunicación y organización) (Ariño y González, 2012). No obstante, respecto a estas –y las tecnologías de uso general (TUG