La distancia del tiempo - Ale Pastore - E-Book

La distancia del tiempo E-Book

Ale Pastore

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Beschreibung

A través de La distancia del tiempo, Ale Pastore nos conduce por su evolución poética, aquella que encuentra su origen en la calidez de la infancia, abrigada por el amor familiar y las referencias emotivas que toman forma en el poemario con el que inicia esta obra, "La mujer del árbol". Asistimos, quizás, a la versión primigenia de la autora, de mirada pura y febril, pero a la vez amplia y universal. El segundo grupo de poemas, "Sin prisa, sin pausa", nos presenta a una autora de voz potente, que transita por los terrenos de la prosa con libertad y eficacia, a la vez que cimenta el terreno para lo que continúa. "Antes de morir por costumbre" es un elogio al verso breve, al discurso austero, pero intenso, poemas que se afianzan entre sí para dar forma una pieza total que nos acerca a la voz más íntima de Ale Pastore. Pero no es hasta "La claridad de tus formas", poemario de cierre, que la autora se muestra descomunal, emotiva y sensible a un nivel superlativo. Vemos en estos poemas una madurez de la que el lector bien puede sentirse partícipe gracias al tránsito poético al cual fue sumergido. Punto final épico para este compendio notable en el que Pastore reúne lo más significativo de su creación.

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Seitenzahl: 54

Veröffentlichungsjahr: 2021

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La distancia del tiempo

La distancia del tiempo

ale pastore

—poesía—

La distancia del tiempo

Primera edición digital, publicada en Lima en marzo de 2021.

Primera edición impresa, publicada en Lima en diciembre de 2020

por Gambirazio Ediciones.

© 2021, Ale Pastore

© 2021, Mal Menor E.I.R.L.

Para su sello editorial Gambirazio Ediciones

Av. Ayacucho S/N Mz. G, Lt. 38, Urb. La Capullana-Santiago de Surco, Lima33

Telf.: (51) 986 732 950

[email protected]

[email protected]

Dirección editorial: Juan Carlos Gambirazio Vásquez

Diseño de portada: Úrsula San Miguel

Ilustraciones de portada e interiores: Franca Tagliabue

ISBN: 978-612-48257-9-8

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni en su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 a 272 del Código Penal).

Contenido

Prólogo

La dama del árbol

De polvo de estrellas en mi piel delicada

Sin embargo

Memoria

Nube que agua traes

Olvido

Golondrina

La piel de mi deseo

Entera y de pie

Pluma rota

Capullo de miel

Podría ser

Falsa noche

Efímera es la belleza

Soy bosque

Pudiendo hacerte verano

Te entrego mis ojos

La dama del árbol

Arena y mar

A que te has dado cuenta

Manos vacías

Musa de la noche

Vendrá la noche

Sin nombre vas floreciendo

Playa villana

Donde nace la herida

Como símbolo de la vida

Los artistas

En ese respiro

Mientras simulo la vida

Sin prisa, sin pausa

Recuerdos de un piano

Después de años

Sin prisa, sin pausa

Alas de gaviota

Los años me enseñaron

Como gorriones al trigo

Aroma a jardín

Noche de grandes amapolas

Hasta convertirlos en verso

Como torpe arrebato de intriga

Querido octubre

Porque tú ya no estás

El tiempo

Abracé mis letras

Antes de morir por costumbre

Volver a encontrarme

Casi te olvido

Así como las aves

Llega el otoño

Vuelvo y regreso

Puedo estar distante, pero nunca ausente

Ser en mí

No soy quien

Mis manos, son palas de hierro

En mis venas

Nada soy

Contra el olvido

Víbrame en la distancia

Llegará el día que te acerques a mi boca

Me descubrí abrazando mi sombra

Fugaz

Entre mis sábanas

La mañana como noche

Solo veo bajo la comisura de tus labios

Yo te doy todo aquello

Nos dispersamos en la palabra

Amar el alma

Si pudiera lograr que tu alma

Cae el alma partida en dos

Tomando mis manos

Hoy me encuentro otra vez

Tengo vértigo

Suena tu voz

Inocente y libre me trazas

No fuiste tú

Esta noche habla el mar

Hoy pude renacer entre los escombros

Con paciencia me arrullo en el silencio

Con miedo enmudezco

Pintaré de colores los días

Escuché mil palabras

Me tatuaré tu olvido

Siento que estaría bien

Una canción

En la claridad de tus formas

Soy

Flora Florentina

En la claridad de tus formas

Padre

Cuánto me amabas

Decidí

Buenas noches, mi cielo

Rosa hermosa

Hoja alzada por el viento

Ser todo siendo nada

Oscuridad

Carta para el mañana

Pude tanto

La condena de tu delirio

Caricia tú

A pesar de ello

Mi jardín

Ventana abierta

A tus coordenadas

Entre flores amarillas

Distante luz

Como siempre, como nunca

Antes de ser

Dejándome mojar

Por ser

Te quiero

Ojos que ven

El mar

Si tan solo pudiera

Eres más que un beso

Donde la vida fluye

¿De qué sirven las palabras?

Vulnerable inspiración

Mientras me alcanza la niebla

Un domingo bonito

Te quiero

Sin contar los días

Intacto en mi tinta

No contemplo el amor desde fuera

Tu piel en mi universo

Interminable lamento

Nada

Donde nadie me ha besado

Donde la nada embruja

A nuestra tierna manera

Quiero ser

Reflejo

Gracias, Vida.

Beso la ternura en los brazos de mis padres,

la complicidad en mis hermanas.

El Amor más grande de ver crecer mis semillas en la tierra,

que me enseñaron la ternura y la pureza del amor.

A mi compañero del destino.

A mis ángeles, de manos finas, tibias y besos de niñez.

Amor, mi gran desconocido, mi yo, mi vida.

Y a ti, por creer en mí, te ofrezco mis versos,

desde mi cielo para volar en mi universo.

Prólogo

—Marco Martos—

Con este libro, La distancia del tiempo, Ale Pastore irrumpe en el panorama de la poesía peruana con un manojo de versos que traen el testimonio lírico de su presencia en el mundo. «Apenas si somos, pero estamos y queremos. Lo que apenas es, será lo suficientemente todo», dice en unos versos centrales de su discurrir poético que nos hablan de la pequeñez del ser humano en el espacio cósmico, y al mismo tiempo de su grandeza y proyección metafísica. Y ese es el meollo de su escritura: el mundo de los afectos. El ser humano, nos explican sus versos, no es nada en su infinita soledad, necesita proyectarse a los otros.

La naturaleza humana es la comunicación, realizarse en los otros y para los otros, que nos devuelven el afecto en diálogos intensos. Northrop Frye se preguntaba por la naturaleza del fenómeno poético, y sin caer en la generalización de que todos pueden ser poetas, concluía que todos los seres humanos están preparados para serlo, pues, a diferencia de un escultor o un pintor, que tienen que adquirir ciertas técnicas en su adolescencia o en su joven adultez, todos los niños, apenas nacen, empiezan a entrenarse en el lenguaje que es la materia básica en la comunicación; aprender a hablar, expresarse con soltura, es un paso previo, indispensable para poder escribir con precisión. Las técnicas de la poesía son básicamente las mismas de la comunicación oral, principalmente el ritmo que tanto gusta a los niños. Ale Pastore, viviendo distintas experiencias, la del matrimonio y la de maternidad, de un modo inconsciente al principio, y de modo muy racional, con esa conciencia del «sí mismo», fenómeno del que hablaba Carl Jung, posteriormente, se venía preparando para ser escritora. La fluidez del verso, la naturalidad de sus expresiones, el temblor vital que nos trasmite, son testimonios claros de que el camino escogido de la poesía es suyo, y es largo y ancho, y abarcará tal vez toda su vida.

Situándome en alguna cocina añeja,

observando sentada, piel suave de seda,

niña encaprichada, curiosa, ilusionada,

evocador aroma que el aire aqueja.

Un recuerdo, tras él, manos laboriosas,

peras en almíbar, ollas cocinando,

como alma mía, una tetera silbando,

absorbiendo rosas, todas ellas frondosas.

Bailando en el verano niña lisonjera,

son tus derroches de inocencia los que atesoras

dedos al piano, donde las palabras no contemplan

lo que en mis oídos golpeó la primavera.