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"Al escuchar el nombre de Richard Steel su corazón comenzó a latir intensamente: claro que le iba a encantar conocerlo. De hecho, ya lo conocía. Él era mayor que ella. Para ser exactos, quince años y dos meses mayor. Josefina todavía vivía con sus padres cuando se hizo famoso. En aquella época, se vestía con blusas, enormes pendientes plateados en las orejas y sombra de ojos azul. Tenía las paredes de su habitación cubiertas con pósteres de sus ídolos y Richard Steel era uno de ellos." Josefina es una joven editora que trabaja para una de las editoriales más prestigiosas de toda Suecia. Durante la Feria del Libro de Gotemburgo, Josefina tiene la oportunidad de conocer a Richard Steel, un conocido escritor que recientemente ha firmado un contrato con la editorial de Josefina. Aunque oficialmente todavía no se conocen, Josefina lleva años fantaseando con el autor. Lo que ella no sabe ni se espera, es que la admiración sea mútua…
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Seitenzahl: 52
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Vanessa Salt
LUST
La editora
Original title:
Förläggaren
Translated by Adrián Vico
Copyright © 2019 Vanessa Salt, 2020 LUST, Copenhagen.
All rights reserved ISBN 9788726320251
1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0
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Josefina mostró su pase de acceso, asintió con la cabeza al portero y cruzó las puertas de la Feria del Libro de Gotemburgo. Había gente de todo tipo por aquel lugar; una mezcla entre gente de la industria, constructores y organizadores. Un hombre con la corbata suelta alrededor de su cuello se topó con ella y murmuró algo acerca de tener prisa mientras apenas la miraba, pero a Josefina no le importó para nada.
Estaba muy emocionada. Tenía treinta y tres años y, aunque no había asistido a tantas ferias como Ruth, quien siempre alardeaba de haber conocido a Astrid Lindgren, era su segunda vez en una feria como editora profesional. Se sentía una de ellos. Era editora de Gabriel’s, lo que hacía que fuera respetada y conocida. Además, esta vez no había cometido el mismo error que la última vez cuando se puso unos pantalones tan ajustados que apenas podía sentarse sin desmayarse. Esta vez estaba ansiosa por mostrar su nueva falda de lápiz de Just Cavalli con la hebilla dorada en forma de herradura. Se trataba de una falda negra y extremadamente cara. No quería pensar en todas las veces que había tenido que comer arroz solo para tratar de arreglar el agujero que su cartera había hecho en la falda. Fue muy doloroso.
Los tacones de Josefina resonaban mientras caminaba hacia la sala de exposiciones después de haber dejado su abrigo en el guardaropa. La sala de exposiciones estaba llena de libros, escenarios, puestos, autores, editores y personas con grandes sueños que hacían todo lo posible para llamar la atención. Hizo una mueca cuando recordó el año anterior. No tenía nada que hacer, ya que la autora a la que había entrevistado estaba ocupada firmando libros. De repente, cinco o seis personas del público se levantaron y se abalanzaron sobre ella como una manada de hienas hambrientas. En un instante, se vio envuelta en apretones de manos, sonrisas, mochilas de lona con logotipos caseros y manos hurgando en los bolsillos.
—Aquí tienes mi tarjeta de negocios.
—Hola, Josefina. ¿Te acuerdas de mí? Soy Beata. Te envié algunas páginas de mi biografía por correo electrónico, pero no me has respondido. Puede que igual había acabado en la carpeta de correo no deseado, ¿no?
—Hola, Josefina.
—Hola. He impreso mi guion para ver si podrías echarle un vistazo. Lo tengo en mi mochila.
Josefina sintió escalofríos por la columna vertebral al llenar su mente de recuerdos, pero intentó pensar en otra cosa mientras se abría paso por los puestos. El olor a aserrín permanecía en el aire y en algún lugar se podía escuchar un martillo ultimando los detalles. Ella asentía y sonreía a todas las personas con las que se encontraba mientras se ajustaba su coleta rubia. Estaba emocionada. En tan solo treinta minutos, las puertas se abrían al público. Aquel jueves era el primer día de la Feria, y estaba exclusivamente reservado a aquellos que tuvieran alguna relación con la industria. Al día siguiente, después del mediodía, estaría abierta para cualquier persona. Josefina tenía una relación de amor-odio con la Feria del Libro. Por un lado, era increíble poder conocer a lectores, autores y colegas de la industria. Se lo pasaba bien hablando con ellos, asistiendo a cenas sofisticadas y bebiendo cócteles caros. No importaba si eras autor o si trabajabas para una de las editoriales, durante cuatro días, todos formaban una gran familia feliz. Sin embargo, también era agotador. No había tiempo para descansar.
Además, no era fácil encontrar a algunos de los autores. Gabriel’s solo se codeaba con la élite. Representaban muchos nombres importantes, lo que hacía la tarea aún más difícil. Además, cada uno tenía su propia forma de trabajar: algunos se negaban a firmar sus libros y otros prometían que lo harían, pero no se presentaban. Uno de ellos se desmayó en la habitación del hotel y otro llegó media hora tarde. Era una tarea frustrante. Con la mejor de sus sonrisas, Josefina y sus compañeras tenían que hacer de editoras y maestras de preescolar. Al menos ella se sentía así. Era un trabajo un poco confuso cuando se acercaba la Feria del Libro. Tenían que apagar incendios o prevenirlos, en caso de que fuera posible.
—Hola, Josefina. —Su compañera Sahar Arain la abrazó y señaló el puesto gigante que el equipo de Gabriel’s había construido.
—Es increíble, ¿verdad? He elegido los colores. Mira, hay un rincón de lectura con cojines, un espacio reservado para firmar libros y un estante repleto de novelas románticas. ¡Ven conmigo!
—Sí, es precioso, pero tranquilízate.
Josefina siguió a Sahar hasta el puesto. El suelo estaba cubierto de alfombras persas y había un pequeño camino entre estanterías bajas y anticuadas hechas con madera oscura. Había sillones por todas partes con lámparas de lectura. Las telas que colgaban del techo suavizaban la fuerte luz fluorescente; era como entrar en una sala de estar. Se habían vuelto a coronar. Josefina sonrió cuando se imaginó lo complacidos que estarían sus autores. El año pasado, habían decorado su puesto como un palacio árabe, ya que habían lanzado Arabian Love de Cecilia Rives ese mismo mes. Fue un gran éxito. Gabriel’s era conocida por publicar traducciones de poesías árabes y persas, así como hermosos libros sobre arquitectura árabe, por lo que fue una buena elección. La mayoría de los puestos tenían paredes blancas, estanterías aburridas y alguna que otra alfombra, por lo tanto, se sentía orgullosa de que Gabriel’s apostara tan fuerte por aquel evento.
—¿Qué tal fue el viaje? —Sahar siguió mostrándole el resto del puesto. Se movía tan rápidamente que su trenza negra rebotaba contra su espalda.
—Te perdiste el encuentro de ayer con Richard Steel. Preguntó por ti. No has llegado a conocerlo todavía, ¿no?
Se inclinó y prosiguió:
—Madre mía, es un bombón. ¡Te va a encantar!
Los ojos de Sahar se luminaron por un instante.
