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¿Es incompatible la Teoría del Big Bang con la idea de Dios Creador? ¿La ciencia moderna, ya dijo todo respecto al origen del universo? ¿Es posible hablar de Dios con respecto al origen del Universo en pleno siglo XXI? Este libro nació de un curso de extensión ofrecido en la Universidad Gabriela Mistral el año 2019. Se trata de un tema en el que el autor, el profesor John Brungardt PhD en filosofía de la ciencia, ha trabajado desde hace algunos años. Profesor Asistente de Filosofía en el School of Catholic Studies de la Newman University en Wichita, Kansas, Estados Unidos. Especializado en filosofía de la naturaleza y filosofía de la ciencia. Su tesis doctoral en la Catholic University of America versó sobre The Primum Mobile in the Thomistic Aristotelianism of Charles De Koninck: On Natural Philosophy as Architectonic. El profesor Brungardt es miembro de la American Catholic Philosophical Association y de la Society of Catholic Scientists de Estados Unidos, y forma parte activa del proyecto internacional The Sacra Doctrina Proyect y es editor de The Charles De Koninck Project. El año 2017 el profesor Brungardt realizó una pasantía de investigación posdoctoral en Chile durante dos años, cuyo proyecto Aristotelian Causes in Modern Cosmology? Charles de Koninck's Philosophy of Science (Proyecto N° 3170446) en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Dicho proyecto lo llevó a conocer a filósofos y científicos chilenos interesados en temas afines al él. La Universidad Gabriela Mistral se interesó por su trabajo, y de ambos nació la idea de difundir estas investigaciones a un público general, llevando el lenguaje técnico y científico a un lenguaje accesible. Trabajo que no es fácil de hacer, especialmente considerando los límites idiomáticos. Al curso asistieron abogados, un agrónomo, un cientista político, un dentista, un profesor escolar, entre otros alumnos, confirmando así la necesidad de proseguir con la difusión de la relación ciencia y fe o fe y razón, la Universidad ha realizado el esfuerzo de editar dicho curso y llevarlo a la mayor cantidad de personas posibles interesadas en las preguntas fundamentales sobre el origen del Cosmos. En este libro se encuentra un diálogo filosófico entre la cosmología moderna, la rama de la física y la astronomía que estudia el Universo y su origen, y la filosofía tomista, pues, para el autor, Santo Tomás de Aquino representa la mente más luminosa capaz de entrar en dicho diálogo con autores como Stephen Hawking, y otros teóricos que han intentado comprender el Universo y su origen .
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Seitenzahl: 251
Veröffentlichungsjahr: 2022
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LA EXISTENCIA DE DIOS: UN DIÁLOGO ENTRE LA COSMOLOGÍA Y LA FILOSOFÍA TOMISTA
Colección Cuestiones Perennes
Edición Digital: Enero 2023
© John G. Brungardt, 2019
© Universidad Gabriela Mistral, 2021
eISBN: 978-956-7407-39-2
Editor: Pablo G. Maillet Aránguiz
Ediciones Universidad Gabriela Mistral: Av. Andrés Bello 1337, Providencia
Región Metropolitana. Santiago de Chile.
Código Postal 7500533
Imagen Portada: Fotografía de Tomás Widow A.
Maquetación y Diseño: UGM - Daniel Álvarez de Toledo – Eduardo Lagrèze
Todos los Derechos Reservados
Diagramación digital: ebooks [email protected]
PRESENTACIÓN EDICIÓN DIGITAL
La Universidad Gabriela Mistral, la primera universidad privada de Chile, ha querido ofrecer una edición digital del libro “LA EXISTENCIA DE DIOS: UN DIÁLOGO ENTRE LA COSMOLOGÍA Y LA FILOSOFÍA TOMISTA” del profesor John G. Brungardt, profesor asistente de filosofía en la Escuela de Estudios Católicos de la Newman University, Wichita, Kansas, Estados Unidos. Este libro nace de un curso que el año 2019 ofreció el profesor Brungardt en la Universidad Gabriela Mistral con el mismo nombre. Un curso dirigido a personas de diversas profesiones, no especialistas en filosofía. Con ese mismo espíritu de divulgación del conocimiento, hemos querido realizar este trabajo en la versión digital. En primer lugar para lograr mayor alcance, con el fin de sumarnos a la democratización del saber científico. En segundo lugar, por el compromiso que la UGM tiene con la tecnología y las diversas formas que ofrece el mundo digital.
Nuestra Universidad es la única en Chile en ofrecer licenciaturas de pregrado 100% on line, lo que nos permite llegar a lugares donde la oferta en educación superior, especialmente en filosofía, no logra llegar.
El compromiso permanente de la UGM por estar presente en todos los espacios de la difusión de la cultura nos obliga a ofrecer este excelente trabajo que agrupa investigación científica, vinculación con el medio, difusión/divulgación del saber y compromiso con la sociedad. El curso del cual nace esta obra, es el resultado de las investigaciones doctorales y de un proyecto Fondecyt de Posdoctorado que el profesor Brungardt realizó en nuestro país cobre ciencia, cosmología, filosofía de la naturaleza y filosofía tomista. Desde dicha investigación se ofrece a profesionales no expertos un saber erudito.
Agradecemos a las gestiones que permitieron a esta obra digital ver la luz y esperamos pueda llegar a todos los rincones del orbe. Agradecemos a la Universidad Gabriela Mistral, en la persona de su rector, el Sr. Sergio Mena Jara, quien ha promovido los saberes humanistas y la difusión de ellos. A la Directora de Investigación, Sra. María Jesús Muñoz por su permanente esfuerzo por el desarrollo de una investigación que apunte hacia una mayor complejidad con un compromiso constante con la divulgación del conocimiento. A la Escuela de Humanidades, en la persona de su director actual Sr. Doctor Sebastián Buzeta U., por las gestiones logísticas y operativas, tanto para dictar el curso, como para elaborar la 1a edición en papel y ahora esta edición digital. Por último a la Directora de Bibliotecas UGM, Sra. Carolina Córdova, por la ayuda técnica en los aspectos que exige la ley y las normas de edición digital.
Que el presente libro permita a los estudiantes y profesionales saborear el interesante diálogo que se puede establecer entre la ciencia astronómica, la física, la cosmología moderna, con la filosofía tomista y la existencia de Dios. Lejos de lo que comúnmente se cree, hay muchos elementos en común entre las teorías del Big Bang y la Existencia de un Dios que ordena.
Pablo G. Maillet A. Editor.
ÍNDICE
Presentación
Prefacio del autor
Introducción
Capítulo 1:
La presunción del ateísmo: Desafíos contra la existencia de Dios
1A. Objeciones contra la existencia de Dios por parte de los científicos y filósofos
1B. Santo Tomás y la racionalidad del proyecto de demostrar la existencia de Dios
Intermezzo 1: Niveles de dificultad
Capítulo 2:
Dios y la cosmología moderna
2A. Dios y el Big Bang, ¿el momento de la creación?
2B. Dios y el universo finamente sintonizado: el principio antrópico
Intermezzo 2: El conocimiento humano, las esencias de las cosas y sus causas
Capítulo 3:
Pruebas de la existencia de Dios
3A. La prueba cosmológica y sus consecuencias.
3B. La prueba teleológica y sus consecuencias
Intermezzo 3: Si Dios existe
Capítulo 4:
Dios y un universo que contiene el bien y el mal
4A. Dios, su naturaleza y el universo: ¿puede crear Dios un universo mejor?
4B. El ser humano y el lugar del mal en el orden del universo
Conclusión
Bibliografía
PRESENTACIÓN
Un libro, siempre es una épica. Un nosotros.
En mi calidad de editor, también me complace agradecer a quienes hicieron que este libro, que se originó con un curso dictado en nuestra universidad, pudiera ver la luz algún día.
En primer lugar, al autor, el profesor John G. Brungardt, actualmente Profesor asistente de filosofía en la escuela de Estudios católicos en la Newman University, en Wichita, Kansas, Estados Unidos. Doctor en Filosofía por la Universidad Católica de América (Catholic University of America), con una tesis sobre el Primer Motor en la filosofía aristotélico-tomista del profesor Charles De Koninck. Su acercamiento a Chile fue por medio de un proyecto de Postdoctorado en la Pontificia Universidad Católica de Chile, un proyecto Conicyt-Fondecyt 2017-2019, precisamente sobre filosofía de la ciencia, la causalidad aristotélica en la cosmología moderna.
También agradecer en aquella época, cuando se realizó el curso que inspiró el presente libro, al rector de entonces, don Hipólito Zañartu, quien no sólo confió en el proyecto, sino que asistió como alumno a las clases, lo cual lo retrata en su totalidad, una persona humilde, abierta al aprendizaje, consciente de la diferencia entre lo importante y lo necesario y por sobre todo, un cristiano consecuente, donde dice la fe que no hay que claudicar, y donde dice que no hay que bajar los brazos, don Hipólito ha cumplido.
Agradecer también a los alumnos que asistieron a este curso el año 2019, que pese a toda dificultad institucional asistieron y aprendieron según ellos mismos relatan.
A Marina, esposa de John, que con su generosidad nos entregó a su esposo para que pudiera entregarnos aquello que había adquirido, posponiendo tiempo familiar importante, en aquél entonces, ella esperaba a su primera hija, Lucy. Un testimonio de familia católica que se entrega unida a servir al prójimo.
Por último, quisiera agradecer a Sebastián Buzeta, Director de la Escuela de Humanidades, por la perseverancia y el celo para continuar después de dos años con el proyecto inicial de publicar la obra del profesor Brungardt, y por encomendarme a mí nuevamente su edición y publicación, fue como volver a reencontrarme con ese precioso curso que le oí en vivo y en directo al profesor Brundgardt.
El siguiente libro nació de un curso que el profesor Brungardt ofreció y dictó en la Universidad Gabriela Mistral (UGM), en Santiago de Chile, en la sede de Ricardo Lyon. Conocí al profesor Brungardt en un congreso de Filosofía y mientras él realizaba su posdoctorado en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Durante nuestras conversaciones en torno a la filosofía, la cultura cristiana, la crisis social, moral e intelectual que azota a Occidente, surgió la idea de que dictara un curso con nosotros, en un momento en que la UGM estaba pasando por problemas financieros y ajustes institucionales serios. La calidad del profesor y del curso mismo, contrastaba con la realidad institucional que se vivía. El escenario era como mientras Roma caía, filósofos como San Agustín proclamaban la verdad, firme, permanente, serena y profunda. Y no es una exageración la analogía. ¿Cómo se puede hacer filosofía en ambientes donde el pensamiento está excluido, rechazado, negado, prohibido, menospreciado o simplemente cuando no parece el momento para ello? Chesterton decía que en los momentos de crisis es cuando más se necesita al filósofo. Lo mismo ocurre a nivel doméstico. Si tengo un problema en casa, no funciona el agua, ni el gas, ni las puertas cierran bien, debo sentarme a pensar. Primero a quién llamo que pueda resolver problemas tan disímiles. Segundo, a pensar cuál o qué puede generar un problema tan diverso. Pero lo primero es pensar. Si me convierto en un activista, y llamo al fontanero, sin pensar mucho más, veré en seguida que sólo pudo –si es que pudo- resolver el problema de la grifería y el gas. Pero quedarán otros problemas sin resolver. Cuando el mundo, occidente, o una entidad en particular se encuentran en problemas, cuando todo parece indicar que no es el momento de reflexionar, de filosofar, quizás lo es precisamente por eso.
El curso del profesor Brungardt ofreció un respiro. Fue un oasis en medio de la crisis institucional que vivíamos, y significó fortalecer la esperanza en que las Humanidades, con una sólida tradición histórica en la UGM, podrían ser una luz en la oscuridad. Y así parece haber sido. Cuando la institución logró estabilizar su gestión directiva, uno de los elementos más llamativos por su calidad, según señalaron algunos de sus nuevos directivos, era, precisamente, el valor de las humanidades, su calidad y su prestigio.
Cuando escribo al fin esta presentación, como editor del libro, me doy cuenta que esto fue así, y que las humanidades están llamadas a reflexionar, aún en momentos de crisis, a entregar esperanza, por el sosiego que las mueve, y a entregar certezas en momentos de incertidumbre. No fue fácil. Como este libro se gestó en su origen a partir de un curso de extensión, la organización y planificación de ese mismo curso en medio de las diversas crisis institucionales que vivía Chile fue muy difícil. Tuvimos que pensar bien el tema y la audiencia con el profesor Brungardt: qué era necesario enseñar, que fuera atractivo para todo público, y formativo al mismo tiempo, en un país y en una universidad carcomidos por el activismo y la falta de costumbre de vida contemplativa, es decir, rescatar el valor de las humanidades. Teníamos que considerar también la experiencia y conocimientos filosóficos de quienes asistirían, y delimitar el tema según ello. También teníamos que organizar lo administrativo con una institución atravesando una crisis, donde era difícil conseguir fondos para financiar al profesor, incluso disponer de espacios, debido a falta de personal. Se logró. Y meses después vino la idea de publicar el curso. Pero en Chile, precisamente ese mismo año, estalló una crisis social de proporciones históricas, conocidas ya por todo el mundo. En su momento fue difícil explicarle al autor, ya en ese momento de regreso en su tierra natal, Estados Unidos, que las empresas editoriales e imprentas estaban cerradas por el peligro de saqueos y robos. Tuvimos que esperar un tiempo. Tiempo que se alargó demasiado, pues aún hoy, cuando firmo esta presentación, la crisis social y política, continúa. Sumado a esto, vino la Pandemia, que no sólo retrasó toda industria, incluída la editorial, sino que modificó las prioridades de toda institución, a nivel global. Sin embargo, la gestión de la nueva Dirección Institucional de la Universidad, encabezada por don Sergio Mena, Rector, Rossana Fiorentino, Vicerrectora, María Jesús Muñoz, Directora de Investigación y Doctorados y don Sebastián Buzeta, Director de Humanidades, han permitido sacar adelante, y pese a todo obstáculo aquí descrito, este antiguo y valioso proyecto humanista. Valoramos la infinita paciencia del autor, su confianza con todos nosotros, pero también la de las autoridades de aquél entonces y las actuales, quienes pese a todo permiten que, desde el curso, este libro pueda ver la luz al fin.
Dios, fe y el Big Bang
Dentro de la filosofía de la ciencia, uno de los temas más característicos es la discusión en torno al origen del universo. Enfrentar el creacionismo con la teoría del Big Bang parece obvio para quienes incursionan en la filosofía de la ciencia. De modo masivo, se tiene la idea de esta contradicción. Sin embargo, cuando uno se acerca con seriedad y profundidad al tema, encuentra matices.
La supuesta oposición entre ciencia y fe, tiene su fundamento histórico en la Ilustración y en ciertos autores virulentos hacia la fe, que estamparon aquellos prejuicios de la religión como persecutora de la fe, y en particular, de la fe negando todo aspecto de la teoría del Big Bang. En esto, el profesor William Lane Craig de la Universidad de Biola, en Estados Unidos, ha hecho un trabajo formidable de difusión, esclareciendo la verdad sobre este prejuicio, y reivindicando pensadores cristianos, y explicando de forma erudita pero entretenida, la verdad de la fe cristiana en la Creación y los puntos compatibles con la ciencia moderna y contemporánea sobre el Big Bang, especialmente en su libro Theism, Atheism and Big Bang cosmology1. Esa era en cierta medida la pretensión final del curso que el profesor Brungard ofreció en nuestra universidad: difundir la verdad de la relación veritativa entre ciencia moderna y fe.
El científico Georges Lemaitre, conocido investigador y científico de la universidad de Cambridge, Inglaterra, fue ordenado sacerdote en 1923, el mismo año que ingresó a dicha universidad. Sus cursos de relatividad general y cosmología, aplicados en la Universidad Católica de Lovaina, fueron los mismos que ofreció en universidades seculares como Harvard y en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) donde interactuó nada menos que con Albert Einstein y Robert A. Millikan profesor del Instituto Tecnológico de California (CALTECH). Si bien las tesis de Lemaitre no fueron bien recibidas entre aquellos científicos, al menos fueron consideradas. Con el paso de los años y el intercambio académico entre Lamaitre y la comunidad científica de Europa y Estados Unidos, las teorías de la expansión de Lamaitre ostentaron serias consideraciones. James Peebles, profesor de la Universidad de Princeton en la cátedra Albert Einstein, ha sostenido “creo que en los años 30 Lamaitre comprendió la teoría de la relatividad general de Einstein mejor que nadie”2, palabras del Premio Nobel de física 2019, otorgado el mismo año en que el profesor Brungardt ofrecía este curso. Algo tardío para quien el papa Pio XII nombró miembro de la academia Pontificia de Ciencias el año 19363.
El propio Papa Francisco se ha pronunciado sobre el tema diciendo: “El Big Bang no contradice la intervención creadora divina, sino que la exige”4 siguiendo las enseñanzas de su predecesor, Benedicto XVI, quien rebatiendo al científico Stephen Hawking, en cuyo libro El gran diseño, sostenía que no era necesario acudir a Dios para explicar el origen del universo. Benedicto XVI decía: “no debemos dejar que nos limiten la mente con teorías que siempre llegan sólo hasta cierto punto y que, si nos fijamos bien, no están en competencia con la fe, pero que tampoco pueden explicar todo, ni el sentido último de la realidad”5.
A este respecto apuntó el curso del profesor Brungardt con su curso, ¿qué significa explicar algo? Es la primera pregunta que nos hizo el profesor aquél 2019. La explicación causal, considerada sólo como causa material de algún fenómeno es satisfactoria para funcionar u operar en materia de teoría científica. Sin embargo, ¿es realmente la explicación definitiva, última, dirá la terminología escolástica? Esa explicación causal que considera también lo que los pontífices llaman, satisfacer al corazón. No basta simplemente con explicar el cómo funciona algo –su causalidad material- sino que para el ser humano, que es un ser racional, contemplativo y capaz de encontrar sentido, exige un conocimiento de la causa final siguiendo con la misma terminología escolástica. Ahí entra la importancia de hacer entrar en diálogo la cosmología moderna, de corte hawkiniano o einsteniano con la reflexión metafísica escolástica, cuyo mejor representante es, sin duda, santo Tomás de Aquino.
La bendita intromisión de la filosofía tomista
La esencia de la filosofía tomista, como sostienen grandes intérpretes6 de la filosofía del Aquinate, es la profundización de la doctrina aristotélica del acto y la potencia, doctrina que, por lo demás, le sirvió al estagirita para elaborar sus propias teorías sobre el origen del cosmos. Sin embargo, estas tesis del genio griego, han sido profundizadas, no superadas como tienden a vociferar los discípulos, conscientes o inconscientes de Khun, pues sabemos que en la verdad no existe superación sino profundización, corrección o interpretación. Lo otro, aquello de la superación, no es más que la totalización de la parte experimental de la ciencia a toda rama del conocimiento humano, incluso se puede oír el vocablo ese de superación para referirse al arte. Cosas de la vida, dirían por ahí. La teoría aristotélica del acto y la potencia, que le sirviera a Aristóteles para formular su propia teoría del origen del mundo físico, encuentra en santo Tomás de Aquino su plenitud. En el opúsculo De Ente et Essentia, presenta el grado de profundización en la contemplación de estos principios explicativos que Aristóteles utilizara para la física, aplicados a la metafísica, configurando así, a muy temprana edad, el núcleo de su filosofía.
Por cierto que ha habido trabajos notables de diversos tomistas y en diversas épocas sobre estos temas, dejando afuera decenas de filósofos y obras geniales y clásicas, pero sólo por nombrar lo más reciente, podemos destacar los trabajos del profesor William E. Carroll7 de la universidad de Oxford, quien también visitó nuestra universidad para el Simposio de Estudios Medievales del año 20188. También destacan los trabajos recientes del profesor Juan José Sanguineti9, y el reciente libro publicado en español, escrito por el profesor Edward Feser10 de Pasadena City College, Cinco pruebas de la existencia de Dios, no sólo confirman la vigencia y actualidad del tema de unir la filosofía tomista con la ciencia o cosmología moderna, específicamente en la discusión sobre la Creación y el Big Bang.
La intromisión del tomismo en la discusión sobre el origen del universo, o para explicar aquello a lo que el Papa Benedicto apuntaba: para explicar el sentido y la causa última que otorga ese sentido al universo, no basta la teoría del Big Bang, que explica sólo su origen material, diríamos. Sino que se hace necesario explicar el sentido, el para qué. Esto último no es incompatible con lo que sabemos de la teoría del Big Bang, como explicaba el profesor Brungardt en su curso y como se explicará a lo largo de este libro. Puesto que el Big Bang, como lo conocemos, explica, como decía Platón salvando el fenómeno, pero Tomás de Aquino, apoyado en la reflexión física de Aristóteles, logra explicar la necesidad de una ignición inicial que ponga en acto la pura potencia, como se le denomina a la materia. En esto, el profesor Brungardt, con impecable lucidez, logró encantar a una audiencia compuesta por abogados, un dentista, cientistas políticos, entre otras profesiones, todas provenientes de ámbitos ajenos a la ciencia, la cosmología o la metafísica tomista. Bendito sea Dios, que con un excelente profesor, un gran tema, y unos maestros como los que cita el profesor Brungardt a lo largo de su obra, pueden acercar sin hacer burdo un conocimiento de la más alta exquisitez intelectual, como es la discusión del origen del universo, donde científicos y filósofos han desgastado sus mentes y vidas por siglos.
Este libro que presentamos, ha sido fruto de un trabajo fino, desde la selección del tema, por supuesto el profesor, la misma audiencia, y posteriormente la decisión de editar el curso. Nada ha sido fácil, como dijimos al inicio, todo estuvo afectado por situaciones absolutamente ajenas tanto al autor como a su editor, crisis sociales en Chile, crisis institucionales de la universidad, crisis mundiales que condujeron a una pandemia inusitada en la historia humana. Pero del mismo modo en que el Universo se ordena pues responde a un orden otorgado desde antes de su existencia, al cual los creyentes le llamamos Providencia. Del mismo modo, y esa misma Providencia, ha querido que a pesar de todo lo descrito, este libro pudiera salir a la luz, con el único propósito de iluminar las mentes de quienes, en la Providencia, se encuentren con este libro.
Pablo G. Maillet Aránguiz
Editor
Coordinador Académico
Centro de Cultura y Vida Cristiana
Universidad Gabriela Mistral
3 de diciembre de 2021
PREFACIO DEL AUTOR
Faciendi plures libros nullus est finis;
frequensque meditatio, carnis afflictio est
Eccl. 12:12
Sin pretensión de originalidad, este libro breve quiere acercar al lector el problema de la existencia de Dios. Originado en un curso dictado en la Universidad Gabriela Mistral (Santiago, Chile), se trata en gran medida de un florilegium de textos escogidos de santo Tomás de Aquino, ilustrados con comentarios tomados de obras de varios autores contemporáneos. Por otro lado, es fruto de un proyecto postdoctoral de mi autoría dedicado a la filosofía cosmológica moderna. En efecto, a dichos textos y comentarios he ido añadiendo varios tópicos hallados durante mi tiempo de estudio, con el propósito de iluminar algunas de las ideas fundamentales de la teología natural, de preparar estudiantes para un estudio más profundo o un curso más largo y, por último, de evitar las confusiones más frecuentes encontradas en discusiones sobre el asunto de la existencia de Dios, especialmente aquellas relacionadas con los conocimientos de la naturaleza que nos proponen las ciencias modernas.
El proyecto postdoctoral en cuestión (FONDECYT Postdoctorado, Proy. Nº 3170446), del cual la escritura de este libro formó parte, se llevó a cabo en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Quiero agradecer, en primer lugar, a los organismos participantes del mismo por el indispensable apoyo financiero e institucional. Además, agradezco especialmente tanto a quien fuera Rector de la Universidad Gabriela Mistral en aquél momento José Hipólito Zañartu, al profesor Pablo Maillet Aránguiz por la posibilidad que me brindaron de dictar el curso que formó la base de esta obra. Además de extender mi gratitud a todos aquellos que ayudaron a la edición de este libro, quiero dar las gracias, finalmente, a mis alumnos por haber asistido pacientemente al dictado de la asignatura y, en especial, por sus preguntas y discusiones. Por último, quiero dedicar las siguientes páginas a mis amigos chilenos Gonzalo, José Tomás, Carlos, Juan Eduardo, Pablo y Marco.
INTRODUCCIÓN
No es posible dar inicio a la exposición del tema de Dios, de su existencia y su relación con la filosofía, sin antes decir algunas palabras acerca de la importancia de esta cuestión. En un segundo momento nos aplicaremos a su discusión, intentando responder a las dificultades que son inherentes a ella.
– La importancia de nuestro tema
Conviene comenzar nuestro itinerario exponiendo un pasaje de la obra de Aristóteles, más precisamente de su Ética a Nicómaco, correspondiente al capítulo octavo de su último libro: “Aquel que actúa conforme al intelecto y lo cuida, parece que tiene la mejor disposición y es más amado por los dioses [θεοφιλέστατος]”11. Este personaje, “él que actúa conforme al intelecto y lo cuida”, sirve como modelo o ejemplo de la vida humana feliz. La pregunta que surge es la siguiente: ¿por qué piensa Aristóteles que la felicidad del hombre consiste en una actividad contemplativa? La cuestión no es baladí y, de hecho, Aristóteles acaba de argumentar, en un pasaje anterior, que “en fin, la felicidad sería una cierta actividad contemplativa”12. Y, anteriormente, había dicho que “la actividad del dios [ἡ τοῦ θεοῦ ἐνέργεια]” –nótese el singular– “que sobresale en felicidad, estaría unida a la contemplación. Luego también entre los humanos, la más apta para la felicidad será la más emparentada con aquélla”13. Dicho de otro modo, la felicidad humana para el Estagirita consiste en la actividad de la contemplación, porque en esa actividad el ser humano se asemejaría máximamente a Dios.
Ahora bien, ¿en qué consiste la contemplación? Y, más aún, para realizar dicha actividad de manera más perfecta, ¿qué se debe contemplar? En un célebre pasaje de su Metafísica dice Aristóteles que la actividad de Dios es una contemplación de Dios mismo, porque Él es el objeto más noble de contemplación posible.14 De este modo, parece razonable que, si la felicidad humana, según Aristóteles, consiste en aquella actividad que resulta más semejante a la actividad de Dios, esa misma actividad debe consistir en la contemplación de Dios.
Santo Tomás de Aquino, en su gran obra Suma Teología, llega a una conclusión similar. Allí, en efecto, expresa: “El hombre no es perfectamente bienaventurado mientras le quede algo que desear y buscar”15. No obstante, en relación a nuestra capacidad intelectual, “la perfección del entendimiento progresa en la medida que conoce la esencia de una cosa”16. Dicho de otro modo, nuestra capacidad intelectual, nuestros deseos intelectuales de buscar la causa, solamente estarían satisfechos cuando conocemos la causa última de una cosa, esto es, cuando no es posible ya preguntar ¿por qué?. De esta suerte, si realizamos o descubrimos cosas que son efectos, pretendemos siempre saber de qué o de quién son esos efectos. Al respecto expresa el Aquinate:
Si, pues, el entendimiento humano, conocedor de la esencia de algún efecto creado, sólo llega a conocer acerca de Dios si existe, su perfección aún no llega realmente a la causa primera, sino que le queda todavía un deseo natural de buscar la causa. Por eso todavía no puede ser perfectamente bienaventurado. Así, pues, se requiere, para una bienaventuranza perfecta, que el entendimiento alcance la esencia misma de la causa primera.17
Es decir, para una bienaventuranza perfecta –esto es, más allá de la felicidad tematizada por Aristóteles– necesitamos un entendimiento de la esencia misma de Dios. Santo Tomás entiende la contemplación como amistad del hombre con Dios, algo acerca de lo cual Aristóteles acaso sólo podría haber soñado. Por un lado, tenemos la esperanza filosófica de Aristóteles de que la felicidad humana consiste en la contemplación de Dios. Por otro lado –pero no por oposición–, tenemos la idea tomasiana de que la bienaventuranza excede la felicidad terrenal. Ahora bien, en nuestra opinión que la primera sea una semejanza lejana de la segunda se sigue del hecho de que ambas comparten el mismo tipo de actividad, a saber, la contemplación de Dios.
La importancia de nuestro tema, de acuerdo con lo dicho, se pone de manifiesto por el hecho de que considerar filosóficamente el tema de Dios —de su existencia y de naturaleza— implica la más alta de las actividades contemplativas humanas. A pesar de cualquier apelación a la autoridad intelectual de Aristóteles y Santo Tomás, con todo, cabe preguntarse si es esto creíble. ¿Podemos tomar tal posición sobre el papel de la filosofía en la vida humana contemporánea con sinceridad? Tanto Aristóteles como Santo Tomás no saben nada de nuestras ciencias modernas. Para el Estagirita el universo era eterno; para el Aquinate, las especies no evolucionan. Ambos pensaban que el geocentrismo era cierto. Además, hay otro problema: ¿no vivimos hoy en día en una época de ateísmo?
– Vivimos en una época atravesada por el ateísmo
En nuestra opinión, en comparación con los siglos pasados, vivimos hoy en día en una “burbuja” de ateísmo, es decir, en una época reducida por los límites que impone el ateísmo. En los siglos pasados los pensadores teístas conformaron una gran mayoría; ellos no tenían “un cósmico problema de autoridad”, como expresa Thomas Nagel en el siguiente pasaje:
Hablo desde la experiencia, ya que yo mismo padezco fuertemente este temor: quiero que el ateísmo sea verdadero y me incomoda que algunas de las personas más inteligentes y bien informadas que conozco sean creyentes religiosos. No es sólo que no creo en Dios y, que, naturalmente, espero estar en lo correcto en mi creencia. ¡Es que ansío que no exista ningún Dios! No quiero que exista un Dios; no quiero que el universo sea así. Mi conjetura es que este cósmico problema de autoridad no es una condición extraña y es responsable de mucho del cientificismo y del reduccionismo de nuestra época.18
El mismo Nagel en un libro másreciente –titulado La mente y el cosmos: por qué la concepción neo-darwinista materialista de la naturaleza es, casi con certeza, falsa– abandonó su materialismo, pero no su ateísmo. Otro ateo, el señor Anthony Flew, fue mucho más lejos. Este pensador sufrió una “conversión” del ateísmo al teísmo, pero únicamente movido por argumentos puramente filosóficos. Este solo hecho nos permite afirmar que el proyecto de descubrir evidencia de la existencia de Dios parece una empresa posible. En efecto, incluso los ateos pueden acometer esta tarea.
La meta de este libro es introducir al lector a la filosofía clásica, llamada con otro nombre Teología natural, y, a partir de ella, intentar dar respuestas a los desafíos propios de nuestra época. Tomaremos como nuestra guía a la sabiduría filosófica de santo Tomás de Aquino, y la pondremos en diálogo con los descubrimientos y teorías de las ciencias modernas. Esperamos que al final de este libro hayamos podido alcanzar una mayor claridad acerca de la relevancia y fortaleza del pensamiento del Aquinate sobre el tema de Dios y la filosofía.
– La dificultad de nuestro tema
Tratar de la existencia y la naturaleza de Dios, que es el objetivo que nos trazamos, con todo, no será tarea sencilla. Se hace necesario recordar las palabras de santo Tomás en su Summa contra los Gentiles:
Es preciso saber de antemano otras cosas, para apoderarse de lo que la razón puede inquirir de Dios; porque casi la totalidad del estudio de la filosofía [fere totius philosophiae consideratio] se ordena al conocimiento de Dios; por eso la metafísica, que se ocupa de lo divino, es la última parte que se enseña de la filosofía. Así, pues, no se puede llegar al conocimiento de dicha verdad sino a fuerza de intensa labor investigadora, y ciertamente son muy pocos los que quieren sufrir este trabajo por amor de la ciencia, a pesar de que Dios ha insertado en el alma de los hombres el deseo de esta verdad.19
Nos topamos aquí con la cuestión del deseo natural de conocer la existencia de Dios. “Casi la totalidad del estudio de la filosofía se ordena al conocimiento de Dios”, dice santo Tomás. La dificultad de nuestro tema, de hecho, surge de esa totalidad; se trata, en efecto, de una cuestión cuyo esclarecimiento requiere una preparación que incluya cada área de la filosofía. En otras palabras, cada área de la filosofía tiene una conexión o relación con el sujeto que es Dios.
Ahora bien, el caso es que no tenemos tiempo para revisar cada área
